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Cómo explicar a los niños los desastres naturales

Tras el sismo ocurrido en México,  muchos niños podrían no entender y asustarse mucho. Como padres, podemos explicarles y procurar su tranquilidad.

El 19 de septiembre de 2017 los mexicanos vivieron uno de los sismos más fuertes y con mayor magnitud registrados, exactamente 32 años después del sismo ocurrido en 1985. Los niños estuvieron en contacto con muchas emociones fuertes, imágenes impactantes y caos.

Como padres, quisiéramos que ellos estuvieran exentos de este tipo de tragedias. Por lo menos, quisiéramos que estuvieran con nosotros en el momento en que estos desastres ocurrieran. Pero como lo vivieron ayer, muchos de los niños se encontraban todavía en la escuela, y sus padres se encontraban trabajando o en el hogar. Esto nos pone a reflexionar y a pensar que no siempre vamos a estar con ellos, incluso en fenómenos naturales tan fuertes como un sismo o un terremoto.

Nuestros niños nos han hecho muchas preguntas, unos con curiosidad y otros con miedo, pues es normal que los niños se contagien el temor y pánico entre sí. Por ello, es importante procurar permanecer con ellos después de estos siniestros.

Para explicarles a tus hijos qué ha ocurrido sin que pierdan la calma, te damos las siguientes recomendaciones:

  1. Que tus peques queden al margen de la situación: con las nuevas tecnologías, es normal que los niños tomen una tablet o celular y entren en contacto con los videos e imágenes que están circulando en las redes. Por el momento, procura que no miren los testigos de todo lo acontecido.
  2. Háblales con calma de lo acontecido: explícales con palabras sencillas qué es lo que provoca un sismo o temblor, y que los movimientos terrestres son normales (como si fuera un cuento, explícales cómo las placas tectónicas de la Tierra se mueven. La Tierra es un ser vivo que, al igual que nosotros, se mueve por dentro y necesita cambiar de posición).
  3. El pánico es normal: diles que la gente se asusta por naturaleza, pues no está acostumbrada a este tipo de acontecimientos.
  4. Deja que tu peque te haga las preguntas: evita explicaciones de más y deja que él se exprese y te haga las preguntas que le surjan, y respóndele siempre con actitud afable, y nunca muestres desesperación si te insiste.
  5. Cuéntale sobre la ayuda humanitaria: dile sobre cómo la gente se une para ayudar a otros a levantarse de esta situación. De ser posible, sé un ejemplo de ello.

Fuente: Revista Padres e Hijos

¿Cómo explicar a un alumno que lo que hace en la escuela es importante?

“Todos lo sabemos: una hora de clase puede cambiar una vida, dar al destino otra dimensión, consagrar para siempre lo que sólo estaba débilmente esbozado.” Massimo Recalcati

Nadie sabe con certeza cómo será la educación del futuro, pero reflexionar sobre ello nos ayuda a mejorar la educación del presente. Esta es la que, en realidad, debe importarnos.

El presente de la educación está en plena convulsión, entre otros motivos, por la irrupción de tecnologías que ofrecen un abanico de posibilidades impensables hasta hace muy poco. El mundo digital está cambiando la educación del mismo modo que, en el siglo XIX, la aparición de la fotografía cambió el mundo de la pintura.

El paso del tiempo ha demostrado que la fotografía no acabó con la pintura sino que le abrió un nuevo campo de posibilidades, transformándola hasta convertirla en algo muy distinto de lo que había sido hasta ese momento. Y es que los avances tecnológicos transforman lo más profundo de las comunidades humanas: sus valores.

En este momento de profundos cambios, los que nos dedicamos a la apasionante y compleja tarea de educar sabemos que “una hora de clase” puede cambiar una vida. Pero, ¿lo saben nuestros alumnos? ¿Qué percepción tienen sobre lo que deben aprender en la escuela?

Creo que todos estamos de acuerdo en aceptar que los alumnos que piensan que lo que aprenden en la escuela les es útil para su vida, están más motivados y desempeñan mejor su labor académica. El problema surge cuando esa percepción de utilidad se identifica con aprobar, más allá de la calidad del aprendizaje. Esta situación queda perfectamente reflejada en el conocido refrán: Pan para hoy, y hambre para mañana.

Los educadores tenemos la obligación (más allá de que también es labor de la familia) de transmitir a los estudiantes el deseo de aprender, de generar en ellos curiosidad por el conocimiento. Esto se consigue desafiándolos, retándolos, no poniéndoles las cosas demasiado fáciles, permitiendo que experimenten sin que penalicemos el error. También se consigue facilitando que trabajen colaborativamente, educando sus emociones, potenciando sus capacidades comunicativas…

Lo que los alumnos aprenden en la escuela deben ser cosas realmente significativas para ellos e imprescindibles para cualquier persona. El problema es que los actuales currículos educativos ya no cumplen con esa función pero siguen siendo el referente de los aprendizajes escolares.

Para que los alumnos valores la utilidad de la educación que reciben en la escuela, hay que mostrarles el sentido y el valor personal de lo que aprenden: eso es personalizar el aprendizaje.

Fuente: salvarojeducacion.com