Entradas

Por qué hay niños que no quieren estudiar

Cuando los niños comienzan educación infantil, sus ganas por aprender son innegables. Cada alabanza de ‘su profe’, les impulsa a querer ir al colegio y esforzarse más. No obstante, cuando van creciendo y las exigencias aumentan, no todos siguen queriendo aprender y están interesados en estudiar.

Seguramente habrás oído ‘mi hijo no quiere estudiar, siempre pone excusas’, ‘no se esfuerza, no tiene ganas’ y siempre se llega a la misma conclusión ‘es un vago’. Sin embargo, más allá de lo que se puede pensar, las causas de que un niño no quiera estudiar pueden ser variadas.

4 causas de que el niño no quiera estudiar

1. Problemas emocionales: En este caso, puede ser desde estar tristes o tener miedo porque están viviendo una situación de acoso escolar o tener conflictos que no pueden solucionar con un determinado profesor o sus amigos hace que sea una causa probable de que lo último en lo que piense sea en centrarse en sus estudios.

2. Baja autoestima: No todas las asignaturas nos gustan tanto ni obtenemos los mismos resultados con el mismo esfuerzo. En esos momentos, la frustración y nuestras limitaciones aparecen y con ello las inseguridades de tu hijo. ¿Quién quiere hacer asignaturas que le recuerdan que no es bueno?

3. Falta de autonomía y organización: El estudio es el área que se va a ver más afectada si eres un padre sobreprotector y tu hijo está acostumbrado a hacer las cosas contigo y que tú le digas cómo y cuando debe ponerse a estudiar. Puesto que estudiar es una actividad que requiere de una gran planificación, esfuerzo e independencia. Por ello, si está acostumbrado a que tú hagas esas funciones, cuando vaya creciendo no querrá estudiar si no es contigo.

4. Dificultades de aprendizaje: Algunos estudiantes pueden tener más problemas que el resto de sus compañeros en aprender o retener cierta información con rapidez y seguir el ritmo de la clase. Se pueden producir por ejemplo porque no tiene una atención adecuada durante períodos prolongados de tiempo y en ese caso, conforme más información tenga que retener, más le va a costar concentrarse o puede tener problemas en comprender la información… Hay muchas dificultades y la única forma en la que vas a ser capaz de resolver tus dudas, será que vayas a un especialista dónde pueda evaluarlo.

4 consejos para padres con hijos que no quieren estudiar

A pesar de que es tu hijo quién deba dar el paso de estudiar, tú como padre puedes conseguir tener ciertos comportamientos que van a ser fundamentales para ayudarle en esa difícil tarea:

1. Averigua la causa concreta por la que no quiere estudiar hablando con él y escuchándole sin enfadarte o juzgarle. No es el momento para tratar de convencerle de nada.

2. Ser más flexibles. En ocasiones, no es que no quiera estudiar sino que siente que las metas que les pones son demasiado altas. Tú eres el que quiere que saque esas notas o que dedique más tiempo a una asignatura, quizás él es más conformista o siente que tiene otras necesidades o intereses que le motivan más y le hacen feliz.

3. Plantéale plazos cortos, es inútil hablar de los planes del verano o incluso de un trimestre. Viven el día a día, así que lo mejor es acompañarles en ese proceso y  que sean conscientes de objetivos diarios, de lo contrario se frustraran antes de tan siquiera intentarlo.

4. Cree en sus posibilidades. Si valoras sus capacidades , el también acabará creyendo en las suyas. Tienes que demostrarle que valoras cada esfuerzo que consiga y reconocérselo con muestras de afecto, así que olvida los reproches porque no conseguirán que estudien más .

Recuerda tener unas expectativas adecuadas a las capacidades de tu hijo. Muchas veces, nos centramos en los sueños que hemos tenido con ellos, en el potencial que siempre hemos visto. No obstante, es importante no exigirles más de lo que están dispuestos a dar.

Cómo prepararse a la hora de tomar un examen

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

La temporada de exámenes es la que más tensión le podría causar a los estudiantes dentro de su año escolar. Debido a que tienen que prepararse para obtener buenas calificaciones y así no reprobar el nivel que estén cursando.

Existen factores que provocan ansiedad en los estudiantes, como por ejemplo, saber cuáles preguntas o temas saldrán en el examen. La maestra Elizahenna Del Jesús, plantea que la inseguridad es el primer factor que afecta: “El sentirse incapaz de demostrar haber aprendido. El saber que lo conocido se etiquetará con un número genera en el alumno cierta incertidumbre”.

Un segundo factor que señala la maestra es que la reacción de los padres, compañeros y sus propios maestros les hacen crear escenarios de cuál será la consecuencia, castigo o compensación en caso de aprobar los exámenes. 

En el libro “Enseñar a estudiar, aprender a estudiar”, los autores exponen que la preparación para los exámenes atraviesa tres fases:

1- Pre-examen: En esta fase, es importante que los alumnos adquieran confianza en sí mismos y desarrollen unas expectativas positivas con respecto a su capacidad de hacer satisfactoriamente el examen y a los resultados que vayan a obtener. Se recomienda que el alumno aplique a su estudio, técnicas adecuadas a las asignaturas y a los campos implicados, como por ejemplo, la lectura.

2- Examen: Aquí el maestro pone en práctica con el alumno lo positivo frente a lo negativo. Le incita a descubrir las áreas en las que el aprendizaje haya sido deficiente y formas de cómo afrontar el estrés como preparación para el futuro. Plantea técnicas de repaso y estrategias para los exámenes.

3- Post-examen: La comprensión de las razones que llevan al fracaso en un examen puede ayudar a crear una actitud positiva, al permitir el descubrimiento de vías alternativas.

Consejos sobre cómo estudiar para los exámenes

El autor Miguel Macieira, expone en su libro “Estrategias de estudio” los siguientes métodos que pueden ayudar a los estudiantes a aprobar sus exámenes:

Ejercitar el cuerpo y el cerebro: De acuerdo a una investigación realizada en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, el ejercicio mejora la memoria y la concentración. Por lo que, se recomienda a los estudiantes que al prepararse para sus exámenes hagan ejercicios físicos suficientes, esto mejorará su concentración y hará que comprendan mejor lo que leen.

Limitar las distracciones: Para aumentar la concentración se necesita limitar el número de cosas que los distraen, como los móviles, medios sociales y videojuegos

Desarrollar una rutina: Es recomendable que el estudiante defina un tiempo de estudio y establecerlo para cada día, ya sea en la mañana o en la tarde.

Evitar las multitareas: El hacer tantas cosas a la vez, reduce la capacidad de concentración a largo plazo. Por ejemplo, no se puede leer un libro mientras se está viendo la televisión.

La importancia de los repasos

Existen los llamados espacios de repaso, donde el maestro debe aclarar las dudas de sus alumnos antes de tomar la prueba.

Del Jesús recomienda hacer uso de recursos gráficos que puedan ayudar al estudiante a elaborar conceptos propios. Realizar mapas conceptuales, rompecabezas, crucigramas, sopas de letras (ejercicios que desbloqueen la memoria).

 

Aprende cómo estudiar geografía

¿Cómo estudiar Geografía? Lo fundamental, la necesidad, el problema es: asimilar con rapidez y eficacia los contenidos. Cómo hacerlos propios y utilizarlos con provecho.

La técnica de estudio

No estudiar sólo con el libro, esto supondría caer en una actitud pasiva. Necesitamos tener una actitud dinámica y creativa. La lectura no basta para aprender.

Hay que proveerse de papel, bolígrafo, regla y atlas, diccionario geográfico y ordenador. Interrogarse uno mismo, realizar esquemas. Todo esto debe llegar a realizarse como un hábito, algo espontáneo.
Etapas en el estudio: 
  1. Lectura de información general: Examinar con cuidado los títulos y subtítulos del tema a estudiar. Es muy útil echar un vistazo al índice del libro. La lectura rápida del tema es como encender la luz de una habitación para saber lo que hay (Pedro Plans y Manuel Ferrer).
  2. Lectura comprensiva: Comprender el sentido de cada párrafo. No saltarse frases y preguntarse por ejemplo ¿Por qué es así? ¿Podría ser de otra manera? ¿Por qué en este lugar de la Tierra y no en otro? ¿Puedo decirlo con otras palabras? Usaremos el atlas o acudiremos al ordenador. Prestaremos atención a los mapas y gráficos Subrayar lo más importante. Debemos poder leer solo lo subrayado y que tenga sentido, que se pueda entender.
  3. Elaboración de un guión o esquema: Cerrar el libro o los apuntes y escribir en un papel con claridad y orden las ideas básicas. Cuando observemos que se nos han olvidado algunas volveremos al libro para poder completar el esquema. No hacer el esquema con el libro abierto en esta etapa. Es imprescindible que los alumnos sepan cuáles son las principales cuestiones de la asignatura para situar los conceptos en el epígrafe que corresponda. Cuáles son las ramas y los grandes apartados y qué significan Deben ser breves, con pocas palabras, utilizando abreviaturas y signos. No escatimar el espacio apelmazando la escritura. En las clasificaciones (por ejemplo los climas) lo mejor es utilizar el sistema de llaves (como en C. Naturales) Si lo que estudiamos puede ser descrito mediante mapas mentales o croquis, debe hacerse así.
  4. Exposición oral ante el guión o esquema: Se trata de, mental u oralmente, expresar lo asimilado. Al hablar delante del guión se ejercita la memoria visual.
  5. Exposición oral sin nada: Diremos la lección en alto prescindiendo de apoyos. Si en algún momento no podemos seguir, debemos consultar el guión, mejor que el libro, recordando lo olvidado de una ojeada. Si hay algo que no hemos entendido es el momento de apuntarlo para preguntarlo al profesor.

Cuando no hay hábito de estudio puede parecer trabajoso. No es así. El estudiante consigue asimilar unos ejes, una estructura donde las ideas secundarias quedan jerarquizadas con las principales, reteniéndose con facilidad. En realidad es una economía de tiempo y esfuerzo y acostumbra al alumno a conocer lo que en realidad sabe. No hay que engañarse, nada se gana con la ilusión de dominar lo que se ignora.

Aspectos específicos de la geografía
  • Localizar: es imprescindible utilizar un buen atlas y/o fuentes cartográficas en Internet. Hay que acostumbrarse a localizar siempre cualquier hecho o fenómeno y preguntarse después ¿por qué allí?
  • Comparar: la comparación es el alma de la Geografía dijo Blanchard. En la lectura comprensiva (etapa 2) el alumno debe comparar los datos sabidos con los recientemente conocidos. Entre climas y regiones, por ejemplo, así podrá ver la originalidad de cada fenómeno ayudando a su retención.
  • Relacionar: relación y síntesis define a la Geografía. El clima no es solo calor o frío, se relacionan fuertemente varios fenómenos (presiones, lluvias, vientos, temperaturas) y el relieve, el roquedo, vegetación… Los hechos geográficos no son simples, sino complejos.
  • Memorización: estudiar no es saberse libros de memoria. Lo que educa es entroncar las ideas significativas. Es útil el manejo de reglas nemotécnicas, etimologías de palabras…
  • Datos numéricos: Lo fundamental es ver la realidad que expresan. Qué significa la amplitud térmica, dónde se localiza el observatorio que nos da el dato, en qué estación del año se da un fenómeno en particular, etcétera. El dato en sí no es importante si no se sabe decir lo que significa.
  • Terminología, vocabulario: como toda disciplina, la geografía tiene su propio léxico. Es básico que el estudiante sepa usar los tecnicismos con precisión.
La base imprescindible
  • Movimientos principales de la Tierra y sus consecuencias geográficas.
  • Latitud y longitud.
  • Qué agentes modifican el relieve terrestre.
  • Zonas de la tierra; qué las caracteriza.
  • Tiempo atmosférico y clima.
  • Influencia del medio sobre la vida de las plantas.
  • Principales tipos de paisaje vegetal; cómo se definen y qué superficie terrestre ocupan.

Fuente: geopaideia.blogspot.com

 

9 estrategias para motivar a los estudiantes en Matemáticas

Formular estrategias para motivar a los estudiantes, mantenerlos receptivos y entusiasmados es uno de los aspectos más importantes en la enseñanza de las matemáticas y un aspecto crítico de los estándares estatales comunes. Los profesores eficaces deberían centrar la atención en los estudiantes menos interesados así como en los más motivados.

En este post presentaremos 9 técnicas basadas en la motivación intrínseca y extrínseca que puede ser utilizado para motivar a los alumnos de secundaria en la asignatura de matemáticas.

Estrategias para incrementar la motivación en los estudiantes de matemáticas:
  1. Llamar la atención sobre un vacío en el conocimiento de los estudiantes. Esta técnica de motivación consiste en hacer conocer a los estudiantes un vacío en su conocimiento y saca provecho de su deseo de aprender más. Por ejemplo, puede presentar algunos ejercicios sencillos que implican situaciones familiares, seguidos de ejercicios que implican situaciones desconocidas sobre el mismo tema. La forma más dramática que hace esto, más efectiva es la motivación.
  2. Mostrar un logro secuencial. En estrecha relación con la técnica anterior es el de hacer que los estudiantes aprecien una secuencia lógica de los conceptos. Esto difiere del método anterior en el que depende de deseo de los estudiantes a aumentar, pero no completa, de su conocimiento. Un ejemplo de un proceso secuencial es cómo cuadriláteros especiales llevan de uno a otro, desde el punto de vista de sus propiedades.
  3. El descubrimiento de un patrón. Esta técnica consiste en la creación de una situación artificial que lleva a los estudiantes a “descubrir” un patrón a menudo puede ser muy motivador, ya que tomar placer en la búsqueda y luego “poseer” una idea. Un ejemplo podría ser la adición de los números del 1 al 100. En lugar de añadir de forma secuencial, los estudiantes se suman la primera y la última (1 + 100 = 101), y luego el segundo y penúltimo (2 + 99 = 101), y así. A continuación, todo lo que uno tiene que hacer para conseguir la suma requerida es multiplicar 50 x 101 = 5.050. El ejercicio dará a los estudiantes una experiencia iluminadora.
  4. Presentar un desafío. Cuando los estudiantes son desafiados intelectualmente, reaccionan con entusiasmo. Pero se debe tener gran cuidado en la selección del desafío. El problema estar al alcance de las capacidades de los estudiantes.
  5. Atraer a la clase con una “Gee-Whiz” resultado matemático. Esta técnica consiste en provocar una gran motivación con una discusión de clase de la famosa “Cumpleaños Problema”, que da la inesperadamente alta probabilidad de cumpleaños partidos en grupos relativamente pequeños.
  6. Indicar la utilidad de un tema. Introducir una aplicación práctica de verdadero interés a la clase en el comienzo de la lección. Por ejemplo, en el curso de geometría de la escuela secundaria, un estudiante se le puede pedir para encontrar el diámetro de una placa donde está toda la información que él o ella tiene una sección menor que un semicírculo. Las aplicaciones elegidas deben ser breves y sin complicaciones para motivar la lección en lugar de restarle valor.
  7. Uso matemáticas recreativas. La motivación recreativa consta de rompecabezas, juegos, paradojas, etc. Además de ser seleccionado para su aumento de motivación específica, estos dispositivos deben ser breves y sencillos. Una ejecución efectiva de esta técnica permitirá a los estudiantes para completar la “reconstrucción” sin mucho esfuerzo.
  8. Contar una historia pertinente. Una historia de un acontecimiento histórico (por ejemplo, matemáticas involucradas en la construcción del puente de Brooklyn) o una situación artificial puede motivar a los estudiantes. Los profesores no deben precipitarse mientras cuenta la historia. Una presentación apresurada minimiza la motivación potencial de la estrategia.
  9. Pedir a los alumnos que participan activamente en la justificación de curiosidades matemáticas. Una de las técnicas más eficaces para motivar a los estudiantes les pide justificar una de las muchas curiosidades matemáticas existentes. Los estudiantes deben estar familiarizados y cómodos con la curiosidad matemática antes de “desafío” en la defensa de la misma.

Los docentes de matemáticas deben entender los motivos básicos que ya están presentes en sus alumnos. El maestro entonces puede jugar con estas motivaciones para maximizar la participación y aumentar la eficacia del proceso de enseñanza. La explotación de las motivaciones y las afinidades de los estudiantes puede conducir a la aparición de problemas matemáticos artificiales y situaciones. Pero si tales métodos generan interés genuino en un tema, las técnicas son eminentemente justas y deseables.

Fuente: comunidaddocente.org

¿Es bueno que tus hijos estudien en vacaciones?

Llegaron las vacaciones de Navidad, y éstas son las dos semanas en donde los niños solo quieren disfrutar y olvidarse del colegio. Pero son muchos los padres que se encuentran en la duda si es bueno o no reforzar las materias débiles, y estudiar en vacaciones de invierno.

 Investigando sobre si es bueno o no estudiar en vacaciones de invierno, recopilamos a través de la red las distintas visiones de un grupo de profesionales, y sus opiniones sobre el tema.

Amanda Céspedes, neurosiquiatra infanto-juvenil, es una férrea defensora de que las vacaciones de invierno son un derecho de los niños y están destinadas a darles un descanso intelectual. “En esa perspectiva, yo soy contraria a que sigan trabajando en repasar materias. El actual currículo es extraordinariamente extenso, recargado y  exigente, de modo que los alumnos han desarrollado  anticuerpos y sólo desean descansar de tanto contenido”, afirma.

Pero esto no significa, aclara Amanda Céspedes, que no sea saludable que los alumnos, especialmente en enseñanza básica, ejerciten habilidades olvidadas en lo que ella llama “maraña de contenidos”. Destaca que “es preciso que los niños lean durante las vacaciones, siempre lectura por placer. Las matemáticas también pueden ejercitarse a través de juegos de mesa que invitan a razonar, como naipes o Metrópoli, entre muchos otros”.

La psicopedagoga María Eliana Yrarrázaval coincide con Amanda Céspedes en la necesidad de ejercitar estas habilidades y hace un llamado a los docentes para que se preocupen de enviar una pauta o minuta a los padres en la que se incluyan sugerencias de libros atractivos para que sus hijos lean en las vacaciones de invierno.

Señala, además, que “hay que considerar que todo aprendizaje deja una huella en el cerebro y, por lo tanto, es bueno seguir con este hilo de aprendizaje, ejercitando la memoria, repitiendo algo que se ha enseñado… Los niños estarán dos semanas sin ir al colegio y ésta es una excelente oportunidad para estimular sus cerebros a través de otras vías más recreacionales, por ejemplo, iniciándolos en la práctica de algún instrumento que les gusta y al que no han podido dedicarle tiempo durante el primer semestre del año”. Estas recomendaciones, simples y concretas, pueden ser incorporadas a la pauta o minuta que se entrega a los padres.

Sin embargo, María Eliana Yrarrázaval considera que este tiempo de descanso también es una oportunidad para reforzar contenidos del programa de estudios, siempre y cuando se haga con prudencia pues “no se puede pretender ejercitar todos los ramos en vacaciones de invierno”. Propone a los docentes de enseñanza básica diseñar un breve cuadernillo de actividades, que incluya dos o más asignaturas, y cuya realización por parte de los alumnos sea voluntaria. “Se puede informar a los niños que al regresar de vacaciones los mejores trabajos recibirán un premio, que puede consistir en una buena nota para quienes lo hayan hecho y diplomas al trabajo más completo, al más creativo, al más ordenado, etc”.

La psicóloga de la Clínica Cordillera, Jessica Sosa, explica que “las vacaciones son un período en que los niños y jóvenes deben recargar las pilas, porque ellos también se estresan en el año por las clases, pruebas, trabajos, entre otros deberes”.

“Lo importante es que exista un espacio para que los niños y adolescentes descansen y no es conveniente recargarlos con estudios, reforzamientos o repasando materias”, sostiene Sosa. La experta subraya que “los escolares tienen derecho a desconectarse de los estudios y si han tenido un mal rendimiento, lo que conviene es que los padres reflexionen con ellos y vean en que fallaron y por qué a fin de remediarlo para la segunda parte del año”.

En el blog InformED, publicaron este listado de 20 razones por las cuales esto puede no ser una buena idea:

  1. Los estudiantes aprenden todo el tiempo en el siglo XXI. Gracias a las computadoras, el aprendizaje ocurre todos los días y a toda hora. El acceso a programas, conexiones internacionales y sitios de aprendizaje permiten que los estudiantes puedan aprender en cualquier momento. Según un artículo publicado en Mindshift, en los próximos diez años veremos cómo las fronteras que separan la escuela y el hogar desaparecen. Intenta tender un puente entre la escuela y el hogar, haciendo que tus estudiantes investiguen por sí mismos durante las vacaciones. En lugar de asignar tareas, crea un interés genuino por aprender. Ellos buscarán aprender sobre temas que les gustan.
  2. Más tareas no implican necesariamente mayores logros. Según un estudio realizado en Estados Unidos, por la Universidad de Duke, se encontró poca relación entre los logros y las tareas en los primeros años de la primaria y solo beneficios moderados en los últimos años de la primaria. Otro estudio, realizado por la misma universidad, concluyó en que las tareas son beneficiosas, pero asignar cantidades excesivas de tareas resultaba contraproducente. Otra de las conclusiones fue que había más beneficios para los estudiantes más grandes que para los jóvenes. Harris Cooper, autor del libro “La batalla por las tareas: área común entre administradores, docentes y padres” (The Battle over Homework: Common Ground for Administrators, Teachers, and Parents), agrega que para los estudiantes más jóvenes, las tareas deberían estar enfocadas en mejorar sus habilidades para estudiar. En general, Cooper sugiere que las tareas deberían ser sencillas y breves, involucrar familias, y ser acordes con los intereses de los estudiantes.
  3. Los países que asignan mayor cantidad de tareas no se desempeñan mejor que aquellos que asignan menor cantidad de tareas. Un estudio de la Universidad de Stanford encontró que los estudiantes de países como Japón, Dinamarca y la República Checa, a quienes les asignaban pocas tareas, se desempeñaron mejor que los estudiantes de Grecia, Tailandia e Irán, que solían tener grandes cantidades de tareas. Los de Estados Unidos e Inglaterra también suelen tener muchas tareas y aún así se mantienen en el promedio de las estadísticas internacionales. De hecho, Japón ha establecido políticas de no asignar tareas a los estudiantes más jóvenes, permitiendo un mayor tiempo para la familia y los intereses personales. Finlandia, líder en exámenes internacionales, limita las tareas a media hora por noche. Por supuesto, existen otros factores que no son tenidos en cuenta en el estudio, pero en general, es interesante ver este tema desde una perspectiva global.
  4. En lugar de asignarles tareas, sugiéreles que lean por diversión. Existen historias y libros ideales para que recomiendes a los padres y estudiantes. Puedes comenzar por leer el primer capítulo en clase, para generarles intriga y que luego continúen durante las vacaciones.
  5. No asignes gran cantidad de trabajo. Es mejor no asignar grandes cantidades de actividades fotocopiables que no aporten demasiado al aprendizaje. Además, no querrás perder gran parte de tu valioso tiempo corrigiendo papeles sin sentido.
  6. Haz que los estudiantes concurran a algún evento cultural local. Puedes comentarles a los padres que, en lugar de asignarles tareas, les sugerirás a tus estudiantes que asistan a algún evento en particular que se relacione con los temas vistos en clase.
  7. El tiempo en familia es más importante durante las vacaciones. Si los niños tienen menos tareas, será más fácil que la familia pase más tiempo junta. Y es innegable que este tiempo es muy importante para el desarrollo de cualquier niño.
  8. Para aquellos estudiantes que viajan durante las vacaciones, las tareas podrían impedir que aprendan durante su viaje. Viajar ya es, en sí misma, una actividad de aprendizaje. Pero hacerlo viajando con una tonelada de libros y obligaciones por cumplir, puede impedir aprovechar al máximo esta experiencia.
  9. Los niños necesitan tiempo para ser niños. Necesitan tiempo para jugar. Sugiéreles que realicen alguna actividad física, ya que muchos no realizan la suficiente.
  10. Algunos expertos en educación recomiendan acabar con cualquier tipo de tareas. Los autores Etta Kralovec y John Buell, sugieren que las tareas pueden ser una forma de intrusión en la vida familiar.
  11. Envía una carta a los padres explicando por qué no asignarás trabajo. Puedes aprovechar para comprometer a los padres para que jueguen juntos un juego educativo o realicen algún tipo de arte con sus niños. Si las familias saben que no asignarás trabajos, podrán dedicar más tiempo a sus hijos.
  12. Puedes hacer que las vacaciones sean un tiempo para un proyecto abierto que brinde créditos extra. Los estudiantes pueden tomarse el tiempo para hacer algo que les gustaría bajo sus propias condiciones. Aprender por diversión e interés puede producir un compromiso más significativo que las tareas asignadas.
  13. En lugar de darles tareas, sugiere que visiten un museo. Con las familias en casa, las vacaciones son el momento ideal para que los estudiantes visiten una exhibición que sea de su interés o realicen alguna actividad en algún museo cercano. A veces, alentar este tipo de visitas puede ser más beneficioso que asignarles tareas.
  14. Aliéntalos a realizar algún voluntariado durante las vacaciones. Las vacaciones son también un buen momento para que los estudiantes contribuyan con la comunidad. Los estudiantes pueden aprender mucho del servicio comunitario.
  15. Desarrolla un juego en clase. Pueden jugar algún juego didáctico la última semana de clases y hacer que lo continúen en casa con sus familias.
  16. Los estudiantes pueden aprender más al observar el mundo real. Aprender no se trata solo de actividades en papel. Los docentes deberían inspirar a los estudiantes a encontrar formas de aprender de las experiencias del mundo real. Puedes pedirles que observen algún trabajo en la casa o que pregunten a sus padres por sus trabajos durante las vacaciones. De esta forma, podrán entender mejor el mundo real y los diferentes trabajos que podrán realizar en el futuro. Tal vez algunos estudiantes puedan acompañar a sus padres al trabajo en lugar de realizar tareas.
  17. Organiza una caminata. Los estudiantes aprenden mucho de la naturaleza. Diles a los estudiantes que salgan y compartan sus experiencias al volver. Será muy enriquecedor.
  18. Diles a tus estudiantes que visiten un parque de atracciones. Si enseñas física o matemáticas, los parques de atracciones brindan excelentes ejemplos sobre las leyes de la física y las probabilidades matemáticas. También puedes planificar una clase sobre el tema para que luego terminen de entenderla en el parque.
  19. ¡Los niños necesitan descansar! Todos necesitan un respiro y las vacaciones son para que los estudiantes jueguen y se tomen un descanso de la escuela. Los niños necesitan dormir y descansar al menos 10 horas. Con las salidas familiares y los viajes, tienen menos tiempo para hacer tareas durante las vacaciones.
  20. A muchos padres y estudiantes no les gustan las tareas para las vacaciones. Siempre necesitarás el apoyo de los padres. Asignar tareas no suele ser bien recibido por ellos porque las vacaciones suelen ser el único momento que tienen para dedicarles su atención. En lugar de esto, puedes hacer una encuesta entre los padres, para saber qué les parece y así tomar en cuenta sus opiniones. Los estudiantes también prefieren tener un poco de tiempo libre. Si no les das tareas durante las vacaciones, es posible que trabajen más duro cuando regresen.

Con música se estudia mejor

En las bibliotecas el silencio es el don más preciado. Dentro de nuestras casas son los padres los que intentan que sigamos esta ‘norma social’ establecida: si vas a estudiar, apaga la música.

Desde un desconocimiento podría parecer evidente que escuchar música somete a nuestro cerebro a la multitarea y que hacer dos cosas a la vez dificulta que podamos concentrarnos bien en una de ellas. Pero en esta ocasión los jóvenes tienen razón: la música les ayuda a concentrarse.

Otro de los estudios que subrayan esta teoría es el de la investigadora Teresa Lesiuk, de la Universidad de Windsor en Canadá, tras estudiar el efecto de la música en los trabajadores de una pequeña empresa. Estos terminaban sus tareas más rápido y, además, generaban ideas más originales que los que trabajaban en silencio.

La ciencia está de su lado pero con salvedades: no vale cualquier tipo de música. Según los estudios, los ritmos muy repetitivos no ayudan porque nos adormecen. Tampoco funcionan los ritmos que son muy complejos o sin un ritmo definido. La clave, como en todo es encontrar el punto medio.

El estudio del profesor Morten Kringelbach de la Universidad de Oxford, por ejemplo, no sugiere los ritmos del funk como los de James Brown. Nuestro cerebro se inclina por este estilo musical ya que el ritmo tiene la cadencia perfecta para nuestra concentración: no es muy predecible ni muy caótico.

Ya sabemos qué estilo es el más adecuado pero… ¿por qué nos ayuda a concentrarnos mientras estudiamos?

Al aumentar nuestra felicidad, mejora nuestra concentración y, por tanto, nuestro rendimiento mental. Para poder estudiar hay que estar motivados en la acción que se está realizando. Motivado y feliz. Y ahí está la clave pues al escuchar música nuestro cerebro segrega dopamina y mejora de forma automática e inconsciente nuestra motivación hacia el estudio.

Fuente: Muhimu