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Los 7 hábitos de las escuelas altamente creativas

ltimamente parece que la actual educación tiene la culpa de todo, incluso de “matar a la creatividad”. Y no es que no la tenga, es que no es la única culpable. José Manuel Picó,humanista y arquitecto, explica en este artículo cuáles son los 7 hábitos que pueden contribuir a transformar la escuela.

La actual sociedad, las propias familias, muchos grupos sociales, ciertos valores de moda o la ausencia de otros imprescindibles ya en desuso… Todo ello está matando, o más bien coartando, muchas de las habilidades imprescindibles para desenvolvernos con fluidez, comodidad y éxito en esta nueva era del conocimiento compartido. Destrezas tales como el espíritu crítico, la capacidad emprendedora, trabajar en equipo, comunicarnos o entender lo que nos comunican, la empatía, etc., están viéndose claramente olvidadas.

Tras analizar la entrevista entre Steve Wozniak y Tony Wagner “¿Qué educación necesitan nuestros hijos para afrontar el futuro?”, así como su imprescindible TEDxNYED “Juego, Pasión y Propósito”,he decidido compartir mis reflexiones en este artículo, analizando las principales causas por las que el actual sistema educativo es absolutamente contrario a los procesos de aprendizaje que favorecen y alimentan la capacidad creativa de niños y jóvenes, siendo esta la habilidad más demandada en una sociedad hiperconectada que avanza, cambia y crece de manera exponencial. Y en la que sólo aquellos que estén preparados y sean lo suficientemente flexibles, creativos y proactivos para adaptarse (o incluso anticiparse) a los procesos de “cambio constante”, podrán sobrevivir y triunfar.

Estos son los 7 hábitos que caracterizan a las escuelas altamente innovadoras, y que gran parte de nuestras escuelas no cumplen:

1.- Celebran y recompensan los logros colectivos

Lamentablemente, la gran mayoría de las escuelas recompensan y celebran los logros individuales, esos que son más fácilmente evaluables. Pero los procesos creativos son un “deporte” de equipo, en los que la colaboración y la cooperación entre las personas son básicas. Como bien dice Walter Isaacson en su libro Los Innovadores, “el s. XXI ya no va tanto de solistas, como de coristas”.

Y como muestra, esta imagen extraída de una conferencia del gran neurocientífico David A. Sousa, donde muestra la diferencia entre la actividad cerebral de un joven aprendiendo de un profesor, o el cerebro del mismo joven aprendiendo en equipo con otros compañeros.

cerebro maestro

2.- El objetivo de su formación no está en la especialización

En muchos de nuestros colegios siguen educando dentro de la especialización en líneas académicas estancas: lengua, tecnología, matemáticas…  Pero la creatividad y la innovación se basa en la interdisciplinaridad y en el aprendizaje basado en proyectos que ya han ido incorporando algunas escuelas.

creatividad

3.- Favorecen la asunción de riesgos y valoran el fracaso como parte del aprendizaje y de la autoestima

El sistema educativo promueve que los estudiantes se dediquen a averiguar y responder aquello que desea el maestro, y a que los maestros eviten los problemas y conflictos. Tanto educadores como alumnos deben intentar eludir fallos y riesgos.

Sin embargo, el mundo de la creatividad está directamente relacionado con la toma de riesgos y la posibilidad de cometer errores y aprender de ellos. Sin ensayo, prueba, error e iteración no existe ni creatividad ni innovación. Aquellas escuelas que han aceptado e incorporado esta premisa como base de todo aprendizaje, están favoreciendo enormemente las capacidades creativas de alumnos y profesores.

En educación, como en ciencia, no cabe duda de que el principal medio para el aprendizaje es el fallo y no el acierto (solo aprendemos cuando necesitamos que mejorar, por tanto, del éxito disfrutamos y del fracaso aprendemos).

Pero evidentemente, los fallos o fracasos son dolorosos, e intentamos constantemente proteger del dolor a niños y jóvenes, tanto en la escuela como en casa. Vivimos en una sociedad hiperprotectora llena de padres superprotectores que quieren hijos perfectos que no cometan errores, que no saquen malas notas que puedan, en definitiva, afectar a su futuro “laboral”. Y no estamos teniendo en cuenta que superar un fallo o recuperarnos de un fracaso es la base de la propia autoestima y del aprendizaje.

Si a los alumnos les damos la confianza para poder equivocarse o fallar sin penalizarlo, les estamos empoderando para no tener miedo a probar nuevas ideas y experiencias, fuente de toda originalidad, creatividad y principio básico de la innovación. Solo si probamos y arriesgamos, podremos innovar y avanzar.

4.- Evitan el consumo pasivo y promueven la creación de conocimiento y el espíritu crítico

En la actual sociedad de consumo, muchas de nuestras escuelas se han convertido en la principal fuente de buenos y leales consumidores. En ellas se imparte una educación directamente ligada al consumo pasivo. Los alumnos se sientan diariamente en ellas y reciben un constante e intenso bombardeo de productos ya pensados y organizados para facilitarles y acelerar su aprendizaje.

Sin embargo, encontramos algunas escuelas donde no se consume conocimiento de forma pasiva, sino que se crea conocimiento de forma proactiva y participativa. Escuelas donde los alumnos crean productos reales para personas reales que no se conforman con lo que les dan ya digerido. Escuelas que basan su aprendizaje en el “learning by doing (aprender haciendo o creando)”, en el “aprendizaje basado en proyectos (ABP)” o el “problem based learning (PBL)”.

Es en estas escuelas donde realmente se estimula, junto con la creatividad, otra de las habilidades necesarias para trabajar, aprender y ser ciudadano del siglo XXI: la capacidad crítica. Los estudiantes, es este proceso de creación y “learning by doing”, aprenden a hacer buenas preguntas.

5.- Cuentan con incentivos intrínsecos para el aprendizaje

La educación que hemos heredado basada en el método lancasteriano de aprendizaje, creado en la revolución industrial y aún vigente en muchas escuelas, dos siglos después, promociona los incentivos explícitos, las “zanahorias y palos”, los premios o becas para las mejores notas o calificaciones.

Pero las escuelas que fomentan una formación creativa, basan su educación en la motivación intrínseca, aquella que verdaderamente no impulsa a crear e innovar. Intrínseca es la motivación que nos hace perseguir un propósito, la que nos impulsa a ser mejores, a crecer, a ayudar a los demás y, en definitiva, a imaginar o querer crear un mundo mejor.

6.- Potencian las disciplinas relacionadas con el arte y las humanidades

Resulta sorprendente como mientras en el sistema educativo español se están reduciendo drásticamente las horas de clases de arte y humanidades (filosofía, música, plástica), en la innovadora y tecnológica universidad americana del MIT (Massachusetts Institute of Technology) los alumnos están obligados a dedicar al menos el 25% de sus horas lectivas a asignaturas tales como música, literatura, plástica o historia. Como Beborah K. Fitzgerald del MIT explicaba en una entrevista del Boston Globe, “los retos que debe resolver la ingeniería… están ligados a realidades humanas”.

Distintas investigaciones científicas como la desarrollada por el profesor Elliot W. Eisner de la Universidad de Stanford o las teorías de las inteligencias múltiples de Howard Gardner demuestran que el estudio de las artes potencia en niños y jóvenes una sensibilidad que les permite desarrollar una ética muy sólida, a la vez que les estimula y potencia otras series de destrezas y habilidades básicas para la fluir con éxito en esta sociedad del conocimiento compartido:

  • Permite concentrar la atención, profundizando en su interioridad.
  • Fomenta la perseverancia y capacita para afrontar lo inesperado
  • Muestra múltiples perspectivas para tener diferentes aproximaciones del mundo que les rodea.
  • Evidencia que las ideas se pueden convertir en realidad a través del emprendimiento.
  • Aprenden a expresarse y a comunicar sin necesidad de palabras.
  • Enseña a tener buen juicio sobre las relaciones cualitativas.
  • Demuestra que no hay una sola solución para los problemas y que las preguntas pueden tener más de una respuesta.
  • Facilita el aprendizaje de las habilidades individuales y las cooperativas, aumentando la confianza en sí mismo y favoreciendo el trabajo en equipo.
  • Desarrolla las habilidades creativas.
  • Fomenta la tolerancia y la apertura de miras.
7.- Poseen espacios flexibles, alegres y creativos que estimulan la imaginación

Loris Malaguzzi, el gran pedagogo italiano de los años 50 del pasado siglo, hablaba de los tres maestros que todo niño y joven tiene: el primero, los adultos, sus profesores, padres y familiares; el segundo, los otros niños, sus compañeros y amigos; y el tercero, el entorno construido, su colegio, su casa, su ciudad. Es evidente que el espacio es un elemento más de la actividad docente, el llamado tercer profesor. El ambiente del centro y del aula constituye un instrumento imprescindible para el aprendizaje de las habilidades creativas.

Uno de los grandes neurocientíficos de este país, Francisco Mora, en su fantástico libro “Neuroeducación”, se pregunta: “¿Por qué enseñar a los estudiantes en clases amplias, con grandes ventanales y luz natural produce más rendimiento en ellos que la enseñanza en clases angostas y pobremente iluminadas?… ¿Es posible que la arquitectura de los colegios no responda hoy a lo que de verdad requiere el proceso cognitivo y emocional para aprender y memorizar acorde a los códigos del cerebro humano, y sean, además, potenciadores de agresión, insatisfacción y depresión?”.

Necesitamos configurar ámbitos versátiles, dinámicos, divertidos, alegres y frescos que estimulen nuestra imaginación y creatividad, y que nos permitan desarrollar adecuadamente las nuevas dinámicas de aprendizaje tales como las inteligencias múltiples, flipped classroom, trabajo cooperativo, actividades maker o de networking-coworking con padres.

Y una última reflexión: no deberíamos olvidar que, si nos lo proponemos, cualquier espacio puede llegar a ser un lugar óptimo para la creatividad y la innovación abierta.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

Existen 6 sonrisas de auténtica felicidad. ¿Las conoces?

Jennifer Delgado

Los recordatorios de “sonreír” están por todas partes, desde los imanes que colocamos en la nevera hasta los anuncios publicitarios y, por supuesto, en los libros de autoayuda. De hecho, consideramos que las personas que sonríen a menudo son más simpáticas, competentes, accesibles, amistosas y atractivas. Sin embargo, la sonrisa es una expresión mucho más compleja que no siempre refleja alegría y felicidad.

Un estudio muy interesante llevado a cabo en la Universidad Estatal de Michigan analizó el impacto de una sonrisa falsa en nuestro estado de ánimo a través del seguimiento de un grupo de 58 personas durante dos semanas. Descubrieron que mientras más sonrisas fingían, peor era su estado de ánimo al regresar a casa. Estas personas no solo se sentían más tristes, sino también más enfadadas e irritables.

El experimento que cambió para siempre nuestra manera de comprender la sonrisa

Corría el año 1924 cuando Carney Landis sometió a un grupo de personas, incluyendo a un niño de 13 años, a una serie de experiencias que jamás olvidarían. Este psicólogo de la Universidad de Minnesota quería saber si reaccionamos emocionalmente de la misma manera ante estímulos idénticos.

Para ello, dibujó líneas en los rostros de los participantes que le permitieron ver mejor sus expresiones faciales y tomó una serie de fotografías instantáneas mientras las personas se expusieron a lo largo de tres horas a experiencias de todo tipo, desde situaciones agradables y placenteras hasta descargas eléctricas e, incluso, les pidió que le cortaran la cabeza a una rata con un cuchillo de carnicero.

Sin duda, los métodos de Landis eran muy poco éticos, pero descubrió algo muy interesante: incluso durante los estímulos más violentos, la reacción más común no era llorar ni enfurecerse, sino sonreír. El investigador apuntó: “En lo que respecta a este experimento, no he encontrado más expresión que una sonrisa, la cual está presente en suficientes fotografías como para ser considerada típica en cualquier situación”.

¿Cómo es posible?

Existen 19 diferentes tipos de sonrisa, pero solo 6 indican felicidad, alegría, diversión o satisfacción. El resto es un reflejo de otras emociones y sentimientos, desde dolor e incomodidad hasta vergüenza, horror o profunda tristeza. Una sonrisa también puede indicar desprecio, ira o incredulidad.

Existen muchos tipos de sonrisa que expresan diferentes emociones y sentimientos
La sonrisa de Duchenne

Fue descubierta por el neurólogo francés Duchenne de Boulogne en el siglo XIX y se produce debido a una contracción de los músculos cigomático mayor y menor cerca de la boca, los cuales elevan las comisuras de los labios. No obstante, lo característico de esta sonrisa es que se acompaña de una contracción del músculo orbicular cerca de los ojos, que eleva las mejillas y causa esas típicas arrugas de felicidad alrededor de los ojos. Se afirma que es una sonrisa genuina, no fingida, porque la mayoría de las personas no son capaces de contraer voluntariamente el músculo orbicular, si bien en los últimos tiempos esta habilidad se ha puesto en tela de juicio.

La sonrisa falsa

Es la típica sonrisa por cortesía en la que no participan los ojos. Es la que esbozamos para las fotos o cuando reímos de una broma que no nos hace gracia. Esta sonrisa se descubre porque las comisuras de la boca se elevan pero los ojos no siguen ese movimiento. Otras pistas que denotan su falsedad es que suele durar demasiado tiempo o aparece demasiado temprano, por lo que da la sensación de que es una sonrisa artificial fuera de tempo.

La sonrisa de miedo

Es común en nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, quienes sonríen de manera silenciosa para indicar sumisión, nerviosismo y miedo. De hecho, aunque no solemos asociar la sonrisa con el miedo, se ha apreciado que los bebés también sonríen cuando se sienten angustiados. De la misma forma, un experimento realizado en la Universidad de Yale descubrió que solemos sonreír más cuando estamos delante de personas que consideramos de un estatus superior.

La sonrisa atenuada

Es particularmente difícil de comprender pero lo cierto es que la sonrisa genuina y feliz no siempre ha sido bien vista. En la Europa del siglo XVII expresar abiertamente las emociones se consideraba inadecuado y un proverbio ruso alerta de que “sonreír sin razón es un signo de estupidez”. En Japón, por ejemplo, se sonríe más con los ojos que con la boca. Por eso, la sonrisa amortiguada es un intento de controlar una sonrisa automática y feliz. En este caso, las mejillas se elevan pero apretamos los labios o presionamos las comisuras de la boca hacia abajo para intentar ocultar la sonrisa.

La sonrisa miserable

Es una forma socialmente aceptable de mostrar nuestra tristeza o dolor. Se trata de una sonrisa ligeramente asimétrica que muestra una profunda tristeza en los ojos. Un estudio realizado en la Universidad de San Francisco analizó más de 4.800 fotografías de atletas que compitieron en los Juegos Olímpicos de Atenas y descubrió que los medallistas de plata que perdieron sus partidos finales solían mostrar estas sonrisas.

La sonrisa calificativa

Suele ser la que más nos molesta. Es la sonrisa de la persona que sabe algo que no sabemos y que está a punto de darnos una mala noticia, como la recepcionista que nos informa que no hay cita hasta dentro de un año. Se trata de una sonrisa en la que se levanta ligeramente el labio inferior y suele acompañarse de una inclinación ligeramente hacia abajo de la cabeza. Esta sonrisa denota una mezcla de diferentes emociones y sentimientos que abarcan desde la alegría hasta la vergüenza.

La sonrisa de desprecio

Es otra expresión difícil de digerir. Se trata de una mezcla de disgusto y resentimiento y es asombrosamente similar a una sonrisa de auténtica delicia, excepto por las esquinas de los labios, que parecen apretadas. La sonrisa de desprecio es más común en Asia, donde la etiqueta manda que las personas oculten sus sentimientos, por lo que tienden a sonreír mucho cuando están enojadas.

La sonrisa de alegría maliciosa

Se produce cuando alguien se alegra por la desgracia de otro. Por razones obvias, hemos aprendido a ocultar esta emoción mejor de los demás, aunque no siempre es fácil esconderla. Lo más usual es plasmar una expresión de enojo en la parte superior de los labios que produce una sonrisa fija, casi espeluznante, la cual se ha convertido en un elemento básico de los personajes malvados en las películas de terror.

Por supuesto, existen otros tipos de sonrisas, como la sonrisa sarcástica, que denota superioridad, ironía e incluso crueldad. También podemos encontrar la sonrisa de vergüenza o incomodidad; la sonrisa coqueta que se usa para flirtear, y la sonrisa soñolienta, esa que se nos dibuja en el rostro cuando nos acabamos de levantar y se caracteriza por ser extremadamente relajada. Muy parecida es la sonrisa del recuerdo, que esbozamos cuando recordamos algo con nostalgia.

Más triste es la sonrisa de soledad, esa que realizamos cuando nadie nos mira y estamos solos con nuestros problemas, miedos y preocupaciones. En el extremo opuesto hallamos la sonrisa de la victoria, que no solo denota alegría y felicidad sino también una gran satisfacción. Por supuesto, también está la sonrisa del amor, una sonrisa muy especial de complicidad; así como la sonrisa a los extraños, que no es una sonrisa falsa, pero tampoco llega a ser una sonrisa de total felicidad y alegría, aunque es sincera, comedida y cálida.

Muy interesante es la sonrisa de Sísifo, el héroe del absurdo en la mitología griega, la cual surge de las situaciones incongruentes y sin sentido, como cuando alguien intenta hacernos reír para animarnos y recurre al absurdo. Por último, podemos encontrar la sonrisa de coordinación, una de las que más usamos cuando conversamos con alguien para ratificar que le estamos escuchando y que estamos de acuerdo con su mensaje. No llega a ser una sonrisa de alegría pero tampoco es falsa, simplemente es una respuesta automática durante la conversación.

Fuente: muhimu.es