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La tartamudez afecta más a los adultos que a los niños en lo emocional

Los adultos sufren más que los niños el peso emocional de la tartamudez, según ha informado el Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid (CPLCM). Este problema afecta al 2 por ciento de los adultos españoles y al 5 por ciento de los niños menores de cuatro años.

Se trata de una dificultad del habla que comienza en la infancia y que si no se detecta y se trata puede tener importantes repercusiones en el plano relacional y laboral en la edad adulta. De hecho, muchos pacientes reconocen tener baja autoestima miedo a hablar con los demás, lo que influye negativamente en muchos ámbitos de su vida cotidiana.

“El tratamiento de la tartamudez en los adultos se complica debido a factores emocionales, ya que los adultos sufren más el peso emocional de la tartamudez, pero con una intervención adecuada también se puede lograr un dominio de la expresión oral lo más funcional, relajada y fluida posible”, ha comentado logopeda especialista en tartamudez y colabora activa con la Fundación Española de la Tartamudez, Raquel Escobar.

Tratamiento combinado de Logopedia y Psicología

En concreto, prosigue, el abordaje de la tartamudez en los adultos debe combinar logopedia y psicología, ya que, en la edad adulta, la tartamudez se caracteriza por la presencia de comportamientos primarios, que tienen que ver con las disfluencias del habla, pero también con otros comportamientos secundarios que se pueden clasificar en tres grupos: fisiológicos (tics, fuerza), verbales (evitaciones, sustituciones y muletillas) y emocionales (ansiedad, miedo y baja autoestima).

Ahora bien, la experta ha comentado que antes de comenzar a trabajar el patrón del habla, hay que extinguir los comportamientos secundarios existentes, para lo cual los logopedas se centrarán en los de tipo fisiológico y verbales. Sin embargo, los de tipo emocional, si existieran, tendrían que ser tratados por un psicólogo.

“Desde el punto de vista de la logopedia, el tratamiento se basará en modificar la velocidad, el volumen y los impactos articulatorio, poniendo interés en suavizar los inicios del hablar (que es cuando se presentan sobre todo las disfluencias)”, ha enfatizado.

En este punto, y una vez adquirido el patrón del habla, hay que ayudarle y acompañarle en la generalización del mismo. Es decir, será necesario realizar una correcta programación en base a situaciones, personas o temas, de tal forma que aprenderán a comunicarse de forma más suave y cómoda y ganarán en seguridad y calidad de vida.

No obstante, esta logopeda ha aconsejado hablar del problema para normalizar el trastorno y “decir lo que desea, cuando lo desea y sin limitaciones”.

Fuente: www.catalunyapress.e

¿Por qué es importante el autocontrol en el docente?

La enseñanza es un proceso emocional tanto para los profesores como para los estudiantes. No se trata solo de impartir conocimiento y ayudar a los estudiantes a mejorar y aprender, sino también de potenciar las emociones positivas que conducen al aprendizaje.

El profesional de la educación conoce con determinación el rol que cumple dentro del proceso enseñanza-aprendizaje, sin embargo, el sistema educativo aún no está preparado para identificar las necesidades emocionales de los docentes que son ocasionadas por diversos factores internos y externos durante la jornada de trabajo, en este sentido, la ausencia de programas y empatía humana genera la pérdida del autocontrol en el maestro. Las complicaciones laborales del docente que se presentan durante el transitar educativo generan una pérdida en la habilidad anímica.

Como docentes, también enfrentamos situaciones que pueden hacernos sentir enojados, frustrados, disgustados, tristes o incluso emocionados.

Para crear una atmósfera de aprendizaje de apoyo, necesitamos poder regular nuestras emociones mediante el uso de estrategias efectivas. ¿Qué es entonces la autorregulación emocional? ¿Y qué estrategias de autorregulación emocional necesitamos para prosperar en la enseñanza?

Autorregulación emocional:

Las emociones forman parte de nuestra vida diaria. Abarcan sentimientos, estados mentales y comportamientos frente a personas, circunstancias o eventos.

La enseñanza impone diferentes exigencias a nuestras emociones. Se espera que estemos tranquilos y controlados, incluso en situaciones estresantes. Esto es mediante la regulación de nuestras emociones o ajustándolas a un nivel óptimo en cada situación.

Por ejemplo, cuando nuestro entusiasmo por usar una nueva actividad en clase es intenso, puede terminar sobrecargando a nuestros estudiantes con mucho contenido y confundiéndose.

Estrategias para la autorregulación emocional

Aquí te presentamos estrategias de autorregulación emocional que pueden ayudarte a regular tus emociones, para así evitar desperdiciar mucha energía y que podamos mantener una atmósfera de aprendizaje saludable:

1. Establecer un “código de conducta” profesional:

Regular las emociones implica monitorear los sentimientos y poder establecer una relación profesional con los estudiantes. Para lograr este objetivo, los docentes pueden establecer un código de conducta para ellos mismos que subraye lo que se debe y no se debe hacer de la siguiente manera:

– Intentar controlar lo que se está sintiendo: Cuando se despiertan sentimientos intensos positivos o negativos (feliz, enojado, ansioso, etc.) es importante no intentar reprimirlos. La investigación ha demostrado que la supresión consume recursos cognitivos, lo que hace que el docente no pueda llevar a cabo la clase de la mejor manera, ya que no es probable que la emoción desagradable desaparezca (Gross, 2002; Kimura, 2010).

Pero esto no significa dejar que tus emociones te dominen. Trata de mostrarlos de manera adecuada y coherente con la situación. No grites, llores o digas palabras que no se deben decir a tus alumnos y que arruinarían tu identidad profesional . En su lugar, evalúa esa situación para averiguar el “por qué”.

Por ejemplo, si los estudiantes están teniendo comportamientos que nos corresponden , muéstrales que esto es inaceptable hablándoles con un tono de voz enojado sin perder el respeto o ser violento (muestre sentimientos de enojo, no acciones de enojo).

Luego, intenta comprender por qué se comportan de esa manera. Habla con ellos en voz baja y escúchalos principalmente (en clase, haciendo contacto visual directo con ellos o individualmente después de la clase).
Es posible que no estén interesados en la actividad que se esté realizando o que no hayan entendido sus instrucciones, etc. Por lo tanto, concéntrate en el problema real, cómo enfrentarlo con más éxito y dirija las acciones para evitarlo en el futuro.

2. Equípate con herramientas que te hagan sentir seguro:

Es necesario tener las herramientas que te ayuden a lidiar con diferentes situaciones. Esto te ayuda a sentirte seguro y capaz de regular tus emociones de forma eficaz.

– Conoce más sobre tus estudiantes: Invierte tiempo y energía para conocer las necesidades emocionales, físicas y cognitivas de sus estudiantes.
– Hacer frente de forma proactiva: Estar bien preparado es esencial para sentirse seguro y cómodo, pero también debes estar consciente de que ocurrirán situaciones inesperadas y tener nociones de cómo reaccionar frente a estos hechos. A pesar , no puede anticipar todas las posibilidades, pero puede prepararse para más alternativas.

Mientras prepara sus lecciones , piense en ‘lo que podría suceder’. Por lo tanto, intente prever los desafíos de la relación y luego decida ‘qué se debe hacer en este caso’ mediante la elaboración de su plan y la creación de recursos para los próximos riesgos y demandas.

Por lo tanto, no espere hasta que ocurran los problemas (afrontarlos de forma reactiva), pero piense en sus alumnos, cómo podrían comportarse y prepárese para afrontar esas situaciones.
– Aprenda a lidiar con situaciones embarazosas: Si sus estudiantes hacen preguntas para las que no tiene respuesta o no está seguro de ellas; si comete un error y los estudiantes lo notan … entonces, ¿qué haría en tales situaciones? Lea libros, artículos y publicaciones de blogs sobre estrategias de gestión del aula, pregunte a expertos y establezca contactos con otros profesores para aprender más sobre ellos.

3. Levanta tu espíritu en momentos difíciles

Cuando estamos experimentando un problema o una pérdida personal profunda en el hogar, es muy probable que nuestro estado emocional se exaspere aún más por la mala conducta de cualquier estudiante.
Podemos perder los estribos, gritar, gritar, maldecir, compartir nuestros problemas con nuestros estudiantes, llorar, etc., y así permitir que otros sean testigos de nuestro despliegue emocional solo para buscar alivio de lo que estamos enfrentando. En estos momentos, no es fácil regular nuestras emociones.

Pero, el aula no es el contexto para derramar nuestras emociones, ya que esto no nos llevará a ninguna parte aparte de perder el respeto y la participación de nuestros estudiantes en el aprendizaje . Entonces, para minimizar el impacto de estos momentos difíciles en los estudiantes:

– De camino al trabajo, escuche su música, canción favorita o lea un libro, una revista o cualquier escritura que le interese. También puede leer su horario de la semana y planificar actividades adicionales.

– Antes de comenzar tu primera clase, intenta venir un poco antes, habla con tus compañeros (los que están alegres y con los que te gusta charlar) sobre viajes, compras, moda, trabajo, etc. (pero no sobre tus problemas). O hable con sus alumnos sobre lo que han estado haciendo en su tiempo libre, lo que planean hacer, etc.

– Siempre que se sienta abrumado por sentimientos negativos, trate de recordar momentos felices (también divertidos) o eventos que puedan ayudarlo a sentirse bien.

– Pida la ayuda de un colega para sacar fotocopias adicionales, reunir materiales de la lección, etc. Puede devolver el favor cuando se sienta mejor.

Fuentes: redib.org

                  www.tuclase.cl

El manejo emocional en el regreso a clases

Los Directores deben crear un espacio virtual para que su comunidad escolar exprese sus emociones

El inicio del nuevo ciclo escolar a distancia y en confinamiento ha generado incertidumbre en docentes, estudiantes y padres de familia, por lo que una de las tareas vitales de los directivos y líderes educativos es lograr un adecuado manejo emocional para el regreso a clases, mediante procedimientos de contención que tranquilicen a la comunidad y estimulen su confianza.

La crisis

La maestra Vicencio partió definiendo en general una crisis, como la reacción conductual, emocional, biológica y cognitiva de una persona, ante un evento desencadenante que genera un estado temporal de desorganización y de trastorno, con manifestaciones de malestar y tensión.

Ante una crisis, nuestros objetivos se ven amenazados, lo que pensamos que íbamos a hacer, o que ya habíamos logrado, se altera, y ya no es posible que sigamos con nuestros planes. Tenemos incertidumbre, angustia, nos sentimos desorganizados e inseguros.

Enfrentar una crisis de salud como la actual no ha sido cosa fácil, nos hemos sentido mal, angustiados y preocupados, pero podríamos enfrentar esta situación de dos maneras: por un lado, quedándonos parados y quizá hasta retrocediendo: “Me siento tan mal, tan impotente, tan frustrado que ya no sé para dónde ir”.

Pero, por otro lado, la situación también nos planteó la posibilidad de ir hacia adelante y salir mucho más fortalecido. Lo que yo quiero que entendamos en esta charla, insistió la Maestra Vicencio, es por qué a veces somos capaces de salir adelante, empoderarnos y avanzar, y en otras ocasiones nos quedamos estáticos o quizá también retrocedemos.

El manejo emocional en el regreso a clases

La crisis fue repentina: aunque nos dijeron que íbamos a tener que cerrar las escuelas y nos preparamos como pudimos, la verdad es que nadie se imaginó que íbamos a permanecer tantas semanas confinados en nuestras casas, con las escuelas cerradas y los docentes a distancia.

En el ámbito de la educación, hemos vivido situaciones muy inesperadas que hemos tenido que resolver de manera urgente. Muchos logramos terminar bien el año escolar, pero cuando nos dimos cuenta que iniciaríamos las clases otra vez en línea, muchos docentes, estudiantes y padres de familia se sintieron frustrados y hasta desesperados.

Algunas de las emociones que sentimos en este proceso son angustia, ansiedad, irritabilidad, enojo e incomodidad sin saber bien por qué. Hay gente que reacciona de manera agresiva y otra que puede quedarse muy pasiva, sin participar, sin querer comunicarse porque está saturada de cosas. Al final, todos, de una u otra manera, sentimos miedo, y esto tiene que ver con nuestra salud mental y emocional.

¿Qué puedo hacer yo como Director, como guía de mi comunidad educativa para ayudar a manejar esas emociones? ¿Cómo podemos ser líderes efectivos y cercanos en una situación así? ¿Cómo podemos contener la emocionalidad de nuestros colaboradores, de los padres de familia y muchas veces también de los alumnos?, se preguntó la maestra Ma. Cecilia Vicencio.

 La contención emocional

Contención emocional es todo lo que hagamos, los procedimientos y acercamientos, para que la persona que se siente preocupada o inquieta se tranquilice. Para que vuelva a adquirir la confianza en sí misma y que pueda ir retomando su capacidad de resolver la situación que enfrenta.

La maestra Vicencio habló de algunos procedimientos para tranquilizar y estimular la confianza de la persona afectada por una crisis emocional, el apoyo primario para reestablecer su estabilidad, así como las alternativas para la expresión de sus sentimientos y las rutas para solucionar problemas.

Pero algo muy importante es que como directores, continuó, no vamos a resolver los problemas que las personas de nuestra comunidad educativa tienen que resolver, sino que vamos a ayudar a que tomen su centro para que sean capaces de resolver lo que necesitan enfrentar. Vamos a sostener a las personas a través del acompañamiento para que sean capaces de enfrentar esta crisis.

 ¿Cómo ser una autoridad cercana?

Como directores tenemos ahora el doble reto de que no podemos estar físicamente cerca de nuestra comunidad escolar, ¿cómo haremos entonces para mantenernos cercanos de los otros a través de una pantalla?

Una herramienta comunicativa para acercarnos virtualmente es la escucha activa, donde yo tengo que ser un muy buen oyente, pero también debo saber hacer las preguntas adecuadas para tener una relación cercana con mis colaboradores.

Por otro lado, está la empatía, esta gran capacidad de ponerse en los zapatos del otro, de poder sentir lo que el otro está sintiendo, sin juzgarlo, sin criticarlo, poder entender desde dónde está y ayudarlo a salir adelante. La pedagoga del IIDEAC propuso algunas otras estrategias para los directores escolares.

1. Promover la expresión de emociones

Recordemos que es responsabilidad del director trabajar con todo el personal escolar: intendentes, administrativos, docentes, estudiantes y, además, con los padres de familia.

El reto es ser una autoridad cercana, aunque a distancia. Si no podemos ir a nuestra escuela, si no podemos tener una junta presencial con los maestros ni los papás, ¿qué podemos hacer para que nos perciban de una manera cercana?

Como directores, podemos crear un espacio seguro para la expresión de emociones. Ante la imposibilidad del acercamiento físico, lo primero es crear un espacio virtual y de tiempo, donde quede claro a la comunidad docente que se puede hablar de sentimientos, que tanto colaboradores como papás sepan que se pueden acercar al director y podemos hablar en ese nivel de comunicación:

“Oye ¿cómo te sientes?, ¿cómo estás?, ¿cómo están tus hijos?, ¿cómo sigue tu cuñada?”. Ese tipo de cosas que nos hacen ser cercanos y que deja claro que podemos hablar en una cercanía más estrecha.

2. Sé una presencia efectiva

La distancia social profundiza el sentimiento de soledad. Hablamos con pocas personas, estamos lejos y eso profundiza ese sentimiento. Como director puedes promover el sentido de pertenencia en la escuela: a pesar de estar a distancia, todos somos de este colegio y, por lo tanto, todos queremos esto, tenemos este lema, metas comunes.

Amalgamar a la comunidad con elementos de unión que los hagan sentir orgullo de pertenecer a esa escuela, es una acción práctica de gran utilidad para el acompañamiento.

3. Haz preguntas significativas

Conecta con empatía y comprensión, sabiendo que estamos en un momento difícil para todos por el trabajo y con los hijos en casa. Si hacemos preguntas significativas que nos acerquen a la gente con la que trabajamos, se establecerá un vínculo real más profundo.

¿Cómo está tu familia? De lo que has logrado, ¿qué te hace sentir orgulloso? ¿Qué has aprendido en esta pandemia? (Tejer, hornear, usar Zoom, etcétera).

4. Escucha activamente

Estamos viendo una pantalla, pero detrás hay personas que debemos escuchar y con las que debemos tratar de tener un contacto visual, si bien indirecto, siempre emocional. Debemos también estar atentos al lenguaje corporal de los demás (está nervioso, distraído, concentrado), e identificar ese lenguaje en canales a distancia y videollamadas.

Hazte presente para escuchar, conversar y parafrasear los comentarios de los demás, utiliza un lenguaje no verbal que demuestre tu genuino interés y evita juicios y consejos (no criticar, dar oportunidad a la gente de expresarse sin juicios e incluso cambiando prejuicios, ideas y conceptos propios).

 Con los estudiantes

Es de fundamental importancia implementar programas de aprendizaje socioemocional. Crear espacios para manifestar emociones, donde los chicos puedan hablar del manejo de éstas y de cómo las están gestionando. Pero debe ser un espacio pensado, bien planeado, con un programa, horario definido, un objetivo concreto, metas y contenidos claros.

Debemos tener en cuenta que ya habrá la nueva materia de bienestar y salud, y que esto es muy importante, pues será un espacio en la currícula oficial donde se podrá trabajar en cuestiones emocionales y de salud importantes para los niños, niñas y jóvenes estudiantes.

Hay que caminar en el autoconocimiento, reconocer sus propias emociones, identificar los valores personales e institucionales, practicar actitudes positivas como la empatía, la compasión y la inclusión. Esto es un reto, sobre todo en las clases virtuales, donde tenemos que generar un espacio de ayuda mutua, empatía, comprensión y compasión.

También es importante nombrar las emociones: “esto que hacemos es ser compasivos con el otro. Veo que tiene una necesidad y se preocupa, y yo voy a ayudarlo”. Nombrar las emociones para que los niños sepan que lo que están haciendo es valioso e importante y queremos que lo sigan haciendo.

Que los chicos amplíen su vocabulario y enriquezcan su lenguaje emocional, que reconozcan sus emociones y puedan nombrarlas: “me siento triste, frustrado, apartado de mis amigos, preocupado, impotente, cansado”, será ya un gran paso en la tarea de contención emocional para los meses de clases a distancia que vienen.

Fuente: pinion.education

Cómo criar niños emocionalmente sanos

Si algo le hace falta al mundo es gente emocionalmente sana: líderes de todo tipo, maestros, padres de familia, etc.

Por eso es importante darles las herramientas necesarias para que puedan desarrollar su inteligencia emocional, y en ese sentido, lo primero que tienen que hacer es identificar sus propias emociones. ¿Cómo esperamos que un niño controle su enojo y deje de hacer berrinches si no sabe que la emoción que está sintiendo es algo que experimentamos todos y, sobre todo, que se puede controlar?

Cuando los niños entienden sus propias emociones empiezan a entender las de los demás, empiezan a ser empáticos y a desarrollar sus habilidades sociales.

Para Sonja Lyubomirsky, doctora en Psicología Social y de la Personalidad, el nivel de felicidad de una persona está determinado por tres factores: la genética, que influye aproximadamente en un 50%; los aspectos circunstanciales de la vida (salud, capacidad económica o estatus social) que influyen en un 10%, y las decisiones personales, que representan el 40%.

¿Qué nos dice eso? Que aún cuando la felicidad no depende por completo de nuestra actitud o de las habilidades emocionales que logremos desarrollar, sí tenemos mucho por hacer, y es justo en ese terreno en el que los papás deben trabajar a favor de la salud emocional de sus hijos, pero no sólo de ellos, sino de la suya como papás, ya que es muy importante entender esto: las emociones se contagian.

Para ayudarlo a desarrollar su inteligencia emocional:

  1. Ayúdalo a entender lo que siente. Puedes decirle: “Veo que estás enojado. Algunas veces, cuando estamos enojados, no queremos hablar. Nos dan ganas de romper cosas o de pegar, nuestra respiración se acelera. Entiendo que te sientas enojado. A todos nos pasa”.
  2. Ayúdalo a expresar lo que siente. Dale la confianza que necesita para poder expresarse sin que lo juzgues. Escúchalo, hazle saber que lo entiendes y no le pongas etiquetas.
  3. Sé empática con sus emociones y ayúdalo a encontrar soluciones.
  4. Ayúdalo a manejar lo que siente. Para ello, puedes utilizar la técnica del semáforo. Dibuja un semáforo en una cartulina y explícale su funcionamiento, que es similar al de los de la calle. El rojo significa que debemos detenernos a pensar. El amarillo representa la duda: no sabes qué hacer ni qué podría ocurrir según lo que decidas, así que es mejor andarse con cuidado. En cambio, cuando estamos en verde es porque tenemos claro qué hacer y estamos listos para avanzar. Cuando te des cuenta de que una emoción está rebasando a tu hijo, llévalo al semáforo y pídele que él mismo se ubique en un color según cómo se sienta. Esto es muy útil para que aprenda a controlar sus impulsos.
  5. Aprovecha cualquier situación para hacerle entender sus emociones y las de los demás.Pregúntale cómo se siente, cómo cree que se siente su amigo, su maestra, incluso el personaje de un libro o de una película.
  6. No intentes evitar que se sienta frustrado de vez en cuando, mejor deja que aprenda de su ella. Velo como una oportunidad para que aprenda a manejar las dificultades que se le presenten.

Fuente: bbmundo.com

6 señales de ansiedad que la mayoría de los padres ignoran

Emma E. Sánchez

Hasta hace unos años muchos creían que la ansiedad era solamente cosas de adultos y nunca se podría pensar que los niños podían padecerla. El mundo, la sociedad, los medios de comunicación, la tecnología y la transformación de la familia han sido grandes detonadores de problemáticas sociales que han generado epidemias de problemas emocionales en los más pequeños.

Si tú crees que tu divorcio, el desempleo, la guerra, la devaluación o la enfermedad de los abuelos no son cosas en que los niños piensen porque “son solo niños y se dedican a jugar” o porque tú has decidido ocultárselos, estás equivocada. Los niños escuchan y ponen atención en más cosas de las que te imaginas. No son tontos, ellos entienden que algo malo está ocurriendo en su entorno, perciben y sienten que los adultos que ama están pasándola mal o que su mundo se está constantemente transformando y nadie se detiene a explicarles lo que sucede y entonces se estresan o generan cuadros de ansiedad.

¿Por qué debe preocuparnos la ansiedad en los niños?

¡Porque altera su vida! Su crecimiento, su desarrollo y daña dejando terribles secuelas en su espíritu y emociones.

Los adolescentes y jóvenes que tiene episodios de ira incontrolable, los que hieren a otros o  terminan suicidándose, pasaron previamente por estrés, angustia, ansiedad y depresión y ¿sabes qué? Nadie lo detectó hasta que fue demasiado tarde. Que esto no te pase por favor.

Los 6 síntomas
  • Sueños inquietos hasta pesadillas

Habla dormido, no descansa, no quiere ir a la cama, sueña feo, quiere dormir contigo todas las noches.

  • No quiere comer

O cualquier otro trastorno alimenticio, inclusive comenzar la temida “pica” esto es: comer cosas no comestibles como gises, plástico, cabello, las uñas, tierra etc.

  • Dolores en diversas partes del cuerpo

Especialmente en cabeza y estómago, luego en brazos y rodillas.

  • Miedos

A quedarse solo, a los desconocidos, a ir a la escuela, un animal, cualquier cosa ue repentinamente les causa miedo o hasta terror.

  • Regresión a conductas ya superadas

Mojar la cama, hacer berrinches, buscar la mamila, cambiar la forma de hablar, cosas que hacía de pequeño y que ya había dejado atrás.

  • Estados de ánimos variados

Llora, se enoja, está triste, tiene mucho sueño, ese tipo de cambios tan constantes que pueden ir desde la alegría extrema hasta llorar y no poder contenerse.

Lo que tú puedes hacer para ayudarlo

Hacer del hogar un lugar tranquilo

Cero gritos, música estridente, demasiado movimiento, muchas luces o demasiada gente, poca privacidad.

  • Verifica qué está sucediendo en tu hogar

Hay que ser honestos: si estás pasando por un problema, hay que reconocerlo, hablarlo al nivel de los hijos, trabajar en soluciones y no perder el ánimo ni la fe. Los niños deben aprender que los problemas se asumen, se enfrentan y se conquistan con esfuerzo y sacrificios de ser necesario.

  • Hablar y hablar

“Los huecos de información se llenan con rumores” y los rumores solo generan miedo. No o olvides. Habla con tus hijos de todo lo posible, de la vida y de las cosas que te gustan, de tu infancia y de los problemas, de las cosas alegres y de la última noticia ¡de lo que quieras! Pero nunca por favor, les dejes de hablar por muy enojada que estés, el silencio es una forma de violencia y abandono.

  • No le grites ni lo castigues

Eso solo hace más grande el problema.

  • Mucho afecto y atención

Cuanto más grande el problema, más necesidad e abrazos que fortalezcan, más necesidad de muestras de amor y de palabras tiernas y de comprensión.

  • Alimentación y ejercicio

El ocio también puede ser un generador de estrés y ansiedad en niños muy activos o que no pueden relajarse y descansar con facilidad. Cambiar o mejorar su dieta y aumentar la actividad física les puede ayudar a procesar la energía negativa acumulada.

  • Los especialistas

Visitar al psicólogo, a un terapeuta o hasta un guía espiritual también pueden de gran ayuda si observas conductas preocupantes en tus hijos. No los descartes, úsalos a tu favor.

Muchos dolores en la vida futura de tus hijos pueden ser solucionados hoy si te mantiene s atenta a lo que les pasa, a lo que te dicen y sobre todo, a lo que callan.

Familias.com

Pautas para crear un rincón de las emociones en tu aula

El rincón de las emociones es un espacio en el aula en el que el niño puede vivir sus emociones sin reprimirlas y sin interrumpir la dinámica de la clase. Les damos las pautas necesarias para que se animen a crearlo en su aula y disfrutar de los resultados.

El cerebro da prioridad a la emoción y no puede focalizar su atención en otro asunto hasta haber resuelto ese tema. Así, por mucho que se esfuerce, el alumno tendrá serias dificultades para concentrarse llegando incluso a sentirse culpable y frustrado.

Pero la realidad es que no puede luchar contra su organismo. De ahí la importancia de crear un espacio en el que pueda atender esta urgencia. Un espacio para atravesar su emoción sin reprimirla. Un espacio en el que recuperar la tranquilidad. Un espacio en el que volver a estar disponible mientras los compañeros continúan con sus tareas sin interrupciones.

Crea tu propio rincón de las emociones

Para niños a partir de 6 años: no confundir con el “rincón de pensar”, pues se trata de sentir.

Búsqueda de un lugar íntimo. Elige un lugar apartado e íntimo en tu aula.

Crea conciencia de respeto. Éste es un lugar sagrado donde nadie debe ser molestado. Cualquier burla o interrupción puede estropear el proceso.

Diseña y construye una casita. Hazlo con la ayuda de tus alumnos. De madera, de cartón o de tela. También puedes delimitar una esquina con un mueble. Lo más importante es que el niño no se sienta observado.

Introduce un cojín. Para abrazar, golpear o acurrucarse. La forma de expresión de los niños puede provocar rechazo en muchos adultos, pero debemos respetarlas como son y cambiar nosotros nuestra manera de verlas en vez de intentar cambiarlos a ellos. Al ir creciendo se regula sólo si pudieron ser expresadas. Lo ideal sería que estuvieran acompañados por una persona cualificada en emociones, pero al menos este lugar supone un primer paso para no reprimir.

Pautas para actuar

Entramos cuando nos sentimos inquietos, sin paz ; salimos cuando recuperamos la calma. Puedes ayudar al niño si lo notas alterado y él no identifica qué le pasa reflejándole gestos y comportamientos: “te noto agitado”, “tu cara ha cambiado”, “pareces triste…” A muchos niños les cuesta identificar porque ya están desconectados de sus emociones, con lo cual ármate de paciencia e insiste en reflejar con cariño. El ejemplo de otros compañeros más conectados puede servirles de gran ayuda.

Identificación de la emoción: antes de entrar, el niño ha de identificar la emoción y situarla en su cuerpo: dónde la siente en su cuerpo y cómo la siente. Por ejemplo; si siente un dolor en el pecho, o un calor en el estómago… ¿Qué es ese dolor?, ¿Estoy triste?…

Observación de la emoción: sensaciones físicas y pensamientos, de qué tengo ganas en estos momentos: gritar, llorar, abrazar…

Identificación del conflicto: Ponemos palabras a todas esas sensaciones y pensamientos: “Estoy enfadado porque mi mamá olvidó meter mi bocadillo en la mochila…”

Expresión y búsqueda de soluciones: comparto con el profesor o con el grupo.

Busco mi parte de responsabilidad en el problema: ¿Qué puedo hacer yo para calmar mi enfado?

Expreso: “Por favor mamá, no olvides meterme hoy el bocadillo, pues ayer me puse muy triste y enfadado, cuando lo olvidaste”, por ejemplo.

Emociones en los hijos 

Begoña Ibarriola

Existen centenares de emociones y muchas mezclas y variaciones, pero ya desde el nacimiento, y aún antes de nacer, el ser humano experimenta sentimientos intensos, como rabia, disgusto, afecto y responde a la cara y al tono de voz del adulto. El bebé es muy sensible al estado emocional de quien lo cuida, por eso todas las interacciones modelan al niño, -no hay ninguna interacción que sea neutra emocionalmente-, y este muy pronto percibe cómo siente el mundo que le rodea.

Los niños, al igual que los adultos, van a experimentar diversos sentimientos como consecuencia de los acontecimientos que se suceden diariamente en su vida.

Sin embargo, a diferencia de éstos, la búsqueda de referentes y soportes seguros sobre los que apoyarse, coloca al niño, en sus diferentes etapas evolutivas, en una situación de mayor vulnerabilidad y desprotección frente a los sucesos adversos o cambiantes de su entorno.

Lo que sucede es que normalmente los niños no hablan de las emociones si en su casa no se habla de ellas. A veces lo o que falta es el lenguaje, hablar de lo que cada uno siente ante las cosas que le pasan en la familia.

Desde bebés, el modo en que la madre reacciona cuando el niño sonríe o llora constituye todo un ejemplo de acompañamiento emocional, de respuesta a las emociones del otro en ambos sentidos.

Este vínculo que se forja ya desde tan pequeños proporciona también el vehículo más sencillo a través del cual los padres podéis enseñar a vuestros hijos cómo relacionarse, comprender y conectar con las emociones de otra persona y encauzar los propios sentimientos, lecciones fundamentales que marcarán su futuro.

La sensación de seguridad, la confianza en el adulto, que es una de las necesidades emocionales según Erikson, el verse comprendido en estos primeros momentos de nuestra vida, es ya un primer paso para más adelante encarar sucesivos encuentros con compañeros, amigos y parejas.

Desde los 2 a los 5 años maduran las emociones sociales, sentimientos como inseguridad, celos, envidia, orgullo, confianza, pues requieren la capacidad de compararse con los demás. Más adelante y acercándose a la adolescencia, aparecen otras como la soledad, el amor, la angustia, la esperanza, la ilusión, hasta completar una gama inmensa de sentimientos y emociones.

A medida que pasan los años, el modo en que el niño afronta una situación de crisis, por ejemplo una pelea en el colegio o un problema en la clase, va a ser reflejo en buena medida del modo en que la familia afronta las crisis.

Si ese entorno es sano emocionalmente, el niño se sentirá protegido aún en medio de los acontecimientos más desfavorables, aumentando y haciendo valer su capacidad de afrontar y sobreponerse a acontecimientos. 4

Un ataque de enfado y rabia de un niño, por ejemplo, puede ser una oportunidad única. Lo ideal sería que el padre o la madre no se enfaden igual que el niño, aumentando la gravedad de la situación, pero que al mismo tiempo no muestre una actitud pasiva, abandonando al niño a su suerte por no querer dar mayor importancia a los hechos.

Si en lugar de quedarse en estos extremos, los padres lográis contener su propio enfado, no dejándose arrastrar por él y conseguís contactar con vuestro hijo ayudándole a contener y encauzar su propia rabia, habréis dado un gran paso.

Esto no quiere decir que viváis en un permanente estado de tranquilidad sino que el entorno sea lo suficientemente flexible como para poder recuperarse de una situación difícil con cierta rapidez y con las menores consecuencias posibles.

DOS FORMAS DE ORIENTAR EL MUNDO EMOCIONAL DE LOS HIJOS

Antes de nada, los niños deben entender que la emotividad no es algo sorprendente e incontrolable, sino un medio de expresión de su personalidad, y como todo medio de expresión, puede ser educado. Por este motivo, enseñarles a identificar, reconocer, y controlar sus emociones debería ser un objetivo prioritario en la educación de los hijos y los padres deberían servir de modelos.

Pero la disposición de los padres hacia los sentimientos, el control y la expresión de las emociones es muy diversa y se puede clasificar en dos orientaciones fundamentales: acompañamiento de las emociones o eliminación de las emociones.

En el primer caso, los padres consideran las emociones como algo válido e importante, y enseñan a sus hijos las características de cada una, las posibles causas y sus diferentes formas de expresión mientras les ayudan a regularlas y sobre todo a manejar aquellas que resultan más difíciles como el enfado, la tristeza o el miedo.

Sin embargo los otros padres intentan eliminarlas al considerar que su expresión es poco importante o incluso puede resultar peligrosa o inconveniente, por eso censuran la expresión de algunas de ellas o intentan cambiarlas.

Las dos orientaciones tienen sus consecuencias: si vuestros hijos comprenden que las emociones son algo fundamental del ser humano y las valoran, las comprenden y regulan, recurrirían a ellas para ofreceros información sobre su mundo interior a la vez que transmitirán a sus hijos este aprendizaje.

Si por el contrario, consideran su expresión algo inadecuada o vergonzosa, reprimirán su expresión con las consecuencias que esto supone no solo para su bienestar psicológico sino incluso físico. Crearan una coraza emocional que bloqueará sus emociones intensas pero que a la vez les puede distanciar de las emociones de los demás y pueden tener dificultades para sentir empatía.

Pero el bloqueo emocional conlleva un efecto de acumulación que va creciendo dentro de nosotros. Cada emoción que nos negamos a sentir, cada emoción que frenamos, va dejando un poso negativo sobre nosotros, aunque no seamos conscientes del mismo.

Muchas personas son capaces de estar meses acumulando emociones negativas sin expresarlas de ningún modo. Las emociones, tarde o temprano, necesitan una forma de expresión; solo necesitamos llegar a nuestro límite para comprobarlo. La explosión de una de las emociones negativas suele ser la consecuencia más habitual del proceso de bloqueo emocional: explosión de ira, explosión de tristeza (a través del llanto), etc.

Cada familia posee también su propia atmósfera emocional que afecta a todos los miembros, dado su componente de interdependencia y el contagio que se observa en el funcionamiento cotidiano. Las emociones de los padres afectan a los hijos y a su vez las emociones de los hijos afectan al comportamiento de los padres creándose una tela de araña emocional en las que muchas personas se ven atrapadas.

En algunas familias se pueden encontrar altos niveles de expresión emocional negativa que incluyen la crítica, la hostilidad y la intromisión. Otros tipos de clima emocional son: el de frialdad y desvinculación emocional o el que se genera cuando un miembro de la familia ejerce un alto grado de control sobre el resto, a los que controla mediante el miedo.

Pero también existen familias cuyo atmósfera emocional es muy positiva, caracterizada por altos niveles de confianza mutua, de afecto y de calidez, los cuales promueven la empatía en los niños, una de las competencias emocionales más importantes para su desarrollo social.

El funcionamiento adaptativo de la familia debe caracterizarse por el intercambio abierto de información sobre los sentimientos y las emociones. La expresión emocional facilita entonces, el conocimiento de la topografía de la vida interior de los hijos y de la pareja, permitiendo que cada miembro se pueda desarrollar como individuo, que se le permita ser uno mismo, que desarrolle su individualidad, pero manteniendo a la vez un sano equilibrio entre su mundo emocional intrapersonal y el interpersonal.

El reto consiste en que los padres comuniquen con la mayor claridad posible su manera de pensar y sentir para abrir un canal de enlace, -de corazón a corazón- que pueda estarse actualizando toda la vida y permita un crecimiento conjunto. Y para ello nada mejor que hablar y escuchar a los hijos.