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Educar la espiritualidad para formar niños seguros

En la inocencia de los niños está la espiritualidad. Con sus simples, pero difíciles preguntas reflejan lo más intrínseco de las personas: ¿quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué es morir? Es esta curiosidad innata la que los docentes deben potenciar.

Se viene un fin de semana largo a nivel nacional y, aunque sólo los católicos celebran Semana Santa como un tiempo de recogimiento y oración, es una oportunidad para todos de vivir la espiritualidad. ¿Qué está pasando con la educación de nuestros niños en este sentido?

Religión y espiritualidad no son sinónimos. Mientras que el primero es un conjunto de creencias o dogmas acerca de una divinidad; la espiritualidad -como su nombre lo dice- es lo referente al espíritu, a lo más esencial del ser humano.

“Independiente del credo, al educar el “espíritu” estamos ayudando a los niños a que se conecten con ellos mismos y con su entorno. Con esto, estamos a la vez criando personas que respeten a todos y todo lo que los rodea”, explica Ignacia González, psicóloga.

Vivimos en un mundo que cambia constantemente, marcado por el materialismo, la tecnología, el consumismo y muchas veces también violencia. “Entonces es hoy cuando más que nunca necesitamos potenciar la espiritualidad de los niños y fomentar valores”.

Los docentes deben aprender a incentivar en los alumnos una inquietud espiritual, explica. “Al cuestionarse quiénes son, hacia dónde van, qué es lo que quieren de ellos mismos, estaremos educando personas más seguras, por lo mismo más comprensivas con su entorno y más optimistas y respetuosas”, dice. Y agrega que además se fortalecen los valores internos de cada niño y así descubren de qué son capaces.

“Como profesores es necesario promover instancias y experiencias de espiritualidad, que los ayuden a resolver problemas por sí mismos, superar crisis y sobrellevar la presión que implica la adolescencia”. Formar personas con valores e inteligencia emocional para que puedan conectarse de manera adecuada con el entorno, es una importante herramienta, asegura.

En un sentido más práctico, esto no sólo los ayudará a tener mejores relaciones sociales, sino también a evitar malas influencias como el alcohol y las drogas. “Sólo teniendo en cuenta esta dimensión espiritual estaremos efectivamente entregando una educación integral a los niños”.

Fuente: https://www.grupoeducar.cl/

Cómo educar a un estudiante exitoso desde casa

Consolidar las redes de aprendizaje y participar activamente en las plataformas académicas son algunas de las sugerencias

Laura Vita Mesa – [email protected]

Las medidas de aislamiento para contener el covid-19 han planteado enormes retos al sistema de educación, que se ha visto obligado a migrar de forma acelerada a la virtualidad.

La coyuntura también ha traído consecuencias para los estudiantes, que se enfrentan al reto de mantener su rendimiento académico en esta modalidad, muchas veces sin contar con la preparación y las herramientas necesarias para estudiar desde sus casas.

Por eso, Xiomara Garay, coordinadora de éxito estudiantil de la Universidad El Bosque, indicó que uno de los puntos fundamentales para que los estudiantes logren cumplir con los objetivos de aprendizaje esperados durante el periodo de aislamiento es la consolidación de las redes de aprendizaje. “Estudio online no significa trabajo en soledad; por el contrario, es una oportunidad para acudir a los apoyos académicos y psicosociales que brinda la universidad”, explicó.

Especialmente en estos momentos de aislamiento, en los que no están disponibles los espacios de socialización presenciales, la comunicación se vuelve una herramienta indispensable, no solo para la apropiación de contenidos académicos, sino también para el intercambio de opiniones.
En esa línea, Garay recalcó que “el estudio desde casa no significa que se deba permanecer en silencio, por el contrario, es el momento para realizar preguntas y expresar opiniones. Conectarse a las plataformas de trabajo colaborativo no basta, la voz y una nutrida participación determinan la calidad de los aprendizajes”.

Una tercera recomendación para que el proceso de estudio en casa sea exitoso en lugar de abrumador tiene que ver con el manejo del tiempo. Por eso, es fundamental planificar con antelación el momento que se destinará a las actividades académicas de cada materia más allá del espacio de clases, para lo que puede resultar de utilidad el uso de agendas o herramientas como organizadores digitales, que permiten establecer recordatorios y hacer seguimiento al cumplimiento de las metas.

Adicionalmente, es importante establecer un límite en el uso de dispositivos tecnológicos para dar espacio a momentos de desconexión digital, así como escoger espacios específicos para estudiar, diferentes a la cama o el sofá, que cuenten con la iluminación adecuada y permitan una postura ergonómica adecuada.

“Se ha demostrado que establecer un espacio definido para llevar a cabo los compromisos académicos, ayuda a que nuestro cerebro potencie la concentración y mejore la memoria”, concluyó Garay.

Fuente: www.larepublica.com

 

Cómo educar bien a tu hijo

La mayoría de los padres nos preguntamos qué es la educación, para qué sirve y cómo se lleva a cabo. Encontrar el punto medio parece tan difícil como caminar en la cuerda floja… Pero es más fácil de lo que creemos.

Incluso los que creen tener las cosas claras atraviesan momentos en los que dudan sobre si lo han hecho bien o mal. La mayoría de los padres queremos que nuestros hijos sean adultos maduros, felices, independientes y creativos. Pero, ¿cómo podemos hacerlo?

Seguridad ante todo

En casa

El niño necesita sentir que su familia es estable, sólida e incondicional. El pequeño tiene que sentir que su casa es el lugar al que pertenece de forma incondicional y donde tiene los mismos derechos y obligaciones que los demás.

El hogar tiene que ser un lugar seguro para poder expresarse libremente sin temor a las represalias. Esto incluye tanto las expresiones positivas (juegos, gritos, risas, etc.), como las negativas (pataletas, malos humores, llanto, etc.). Respuestas como: ‘En mi casa te comportarás como yo mande’ son indicaciones de que realmente aquella no es su casa y es un lugar inseguro porque está condicionado a que se comporte ‘bien’.

Una personalidad segura

La estrecha relación del bebé con su madre es vital, pues la única forma que tiene de saber que existe es a través de ella. Mamá, junto a las demás personas de su entorno, le dicen al niño quién es y qué es.

Los cimientos de la personalidad se forman desde el nacimiento del bebé. Cuando el recién nacido necesita comida o mimos, lo manifiesta, y si no quiere algo, también lo hace saber. Esta capacidad es la base de la autoestima del niño. Conviene respetar su ritmo y sus demandas porque cuando comunica una necesidad y ésta queda satisfecha, el bebé se siente poderoso e independiente.

Si sus padres no le hacen caso, el bebé nunca sabrá si sus sensaciones son reales. Se convertirá en un ser pasivo e indeciso que esperará a que le den lo que necesita en lugar de ir a buscarlo él.

Cariño y apoyo

Los niños necesitan cariño y apoyo incondicional. Debemos apoyar las decisiones positivas de nuestro hijo y comentar y discutir las negativas (las que no gustan a los padres). Así, el pequeño puede aprender a negociar o a convencer a los demás, y a reconocer sus errores. El ‘No, porque lo digo yo’, no es una forma constructiva de educar.

Dos grandes errores

1. Ser demasiado permisivos

Satisfacer las necesidades de los hijos no implica satisfacer todos sus deseos. Ellos no conocen los límites y nosotros debemos discernir entre una necesidad y un capricho. Esto no siempre es fácil ya que la satisfacción de un capricho puede ser una necesidad real para un niño.

El niño al que se le da todo lo que quiere se puede hacer una idea equivocada del mundo. Pensar que tiene un derecho innato le puede causar problemas graves de enfrentamiento con la realidad cuando sea adulto.

Otra consecuencia puede ser que el niño no aprenda a resolver conflictos. Si los padres siempre dicen que sí a todo, no sabrá negociar y se encontrará en desventaja cuando sea mayor.

La excesiva permisividad surge cuando los padres no dedican suficiente tiempo a sus hijos y les compensan dándoles lo que quieren. Es evidente que los regalos y las chucherías son pobres sustitutos de los padres y solo empeoran las cosas.

2. Ser demasiado rígidos

  • La rigidez exagerada es tan dañina como la permisividad excesiva.
  • Lo que es válido un día puede no serlo al siguiente. Las necesidades de los hijos son complejas y requieren que los padres se den cuenta de sus pormenores.
  • Si explicamos a los niños el porqué de nuestras decisiones, verán su lógica (aunque no estén de acuerdo), y las acatarán con más facilidad.
  • Los hijos educados con flexibilidad tienden a transformarse en adultos más seguros y abiertos que los que han sido sometidos a reglas arbitrarias y rígidas.

Hacerlo bien es sencillo

  • Por un lado hay que tener cuidado de no ser rígido; por otro no debemos pasarnos de permisivos. Hay que imponer un orden, sin ser autoritarios. Debemos tener buena relación con ellos, pero no llegar a ser un amigo más. Hay que respetarles, sin tener miedo a echarles una bronca si hace falta.
  • Parece una tarea imposible de realizar, pero la educación, más que una serie de acciones, consiste en estar con los niños día a día. Si nosotros estamos tranquilos y contentos, ellos también lo estarán.
  • No conviene dramatizar. Si nos equivocamos hoy, lo compensamos mañana. Si estamos de mal humor y los tratamos injustamente, con pedir perdón y explicarlo queda todo arreglado.
  • El secreto está en tener un contacto profundo y verdadero con los hijos. No basta con estar simplemente en la misma habitación. Hay que escucharles, mirarles sin prejuicios y aceptarles tal y como son. Cuando existe este contacto profundo, los padres no tienen problemas para discernir qué hacer en cada situación, pues sienten las necesidades de sus hijos como si fuesen las suyas propias.

Fuente: serpadres.es

Educar a los niños ‘desconectados’ de la tecnología sí es posible

Verónica Pérez Arango, docente en un colegio de secundaria y mamá de Ulises, de 8 años, ha visto esta escena muchas veces: en casas de hijos de amigos que pasan horas hipnotizados delante de una tableta o un teléfono, Uli –como llama cariñosamente a su hijo– tiende a escabullirse con su hermanita menor a alguna otra habitación y descubrir juguetes nuevos que quizá su dueño no toca hace siglos.

“La verdad es que me llama poderosamente la atención que niños y niñas de 6 o 10 años no se diviertan con otra cosa que no sean las redes y la tecnología”, dice Verónica. Esa es una de las razones por las cuales Ulises forma parte de una tendencia que crece: niños criados con acceso nulo o muy restringido a teléfonos celulares y, especialmente, redes sociales.

En un mundo hiperconectado, en el que las empresas de tecnología apuntan a públicos cada vez más jóvenes, muchos padres en Argentina y en el mundo eligen educar a sus hijos en ambientes ‘tech-free’.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de una niñez sin apps? ¿Es muy difícil sostener la apuesta por una infancia analógica? ¿Un chico desenchufado es un chico aislado, excluido? ¿Cuáles son las recomendaciones de los especialistas?

En el caso de Ulises, por ejemplo, él no tiene redes sociales ni celular: a veces le pide prestado el teléfono a su mamá para poner algo de música. “No tiene redes, pero la verdad es que tampoco las pidió”, explica Verónica, que regula también las horas de pantalla en su casa, incluyendo Netflix y YouTube. “Lo que sí me pregunta es por qué no puede ver todo el día Netflix, a lo cual le respondo que está genial ver pelis, pero que está bueno aburrirse porque cada vez que se aburren descubren un juego nuevo o inventan algo o salen al aire libre –dice Verónica–. A mí, como madre, me da más trabajo esto, pero amo tanto que juegue cuando conozco niños y niñas de esa edad que si no tienen tecnología adelante, no saben qué hacer”.

En el grado de Ulises, que va a una escuela pública, la mayoría de los papás están en la misma sintonía; y para Verónica eso es un factor clave: “Me parece que cuando el entorno de padres prioriza más el juego, el cuerpo, la conversación y el compartir, es más fácil que los niños no se sientan sapos de otro pozo –explica–. Si justo tu hijo o hija son los únicos que no usan tanta tecnología, es más difícil”.

Único de su curso sin celu

Ese es un poco el caso de Sebastián, de 11 años, hijo de Laura Castillo, actriz, que asegura a todo aquel que quiera escucharlo ser el único de su grado que no tiene celular ni redes.

Sebastián también estudia en una escuela pública (en las que, muchos papás aseguran, la iniciación de los niños en la vida digital es más tardía e irregular que en las privadas), pero los años que lo separan de Ulises pueden explicar la diferencia: es común que a los 11 o 12 años muchos niños tengan su primer celular o una cuenta de Instagram. Sin embargo, los papás de Sebastián se mantienen firmes: “Creemos que no lo necesita y no está aún preparado. No se mueve solo en la calle más allá de algún mandado o compra cercana a nuestra casa. Además privilegiamos el contacto real con sus amigos y compañeros”, explica Laura, y agrega: “Ya va a tener, cuando vaya a la secundaria y se mueva más solo, pero por ahora aunque se queje y lo discutamos mucho nos mantenemos firmes. No creemos que sea decisión de él”.

La historia de Sebastián es la que a los adultos nos aparece como más típica: sin embargo, no todos los niños que no tienen acceso a celulares o a redes lo viven como un problema. En parte, como comentaba Verónica, el entorno juega un papel importantísimo: una red social solo tiene gracia si tus amigos están en ella, pero también depende de la personalidad de cada niño. Muchos niños huyen de las redes sociales clásicas y eligen otro tipo de ‘apps’, más relacionadas con el juego y la creatividad que con la exposición de sus vidas personales.

A pesar de que sus padres no le prohíben el acceso a ninguna red (“sí leo todo lo que puedo y hablo mucho con ella, además de proponer mil cosas para que no esté todo el día en el teléfono”, dice Tomás Linch, editor y papá), Catalina, de 12, usa solamente WhatsApp y una red social llamada Amino, que no usa ninguno de sus compañeros de colegio: “Arranqué en sexto grado. Pero mis amigos solían usar mucho antes Instagram, que yo nunca usé”, cuenta. Amino es una ‘app’ que conecta comunidades de fans de distintos temas, desde animé hasta series de TV, videojuegos o superhéroes: Catalina dibuja y la usa para trabajar en proyectos colaborativos. “Es extraordinario lo que los niños generan solos”, se maravilla Tomás, que nunca había escuchado hablar de Amino antes. “No creo que alguien de mi edad se pierda de nada por no tener redes, celular o WhatsApp –dice Catalina–. A veces usamos WhatsApp para hacer la tarea, pero el que no tiene usa el WhatsApp del padre y se arregla”.

Algo parecido dice Lucas, de 11, hijo de Laura González, maquilladora y esteticista, que no tiene redes sociales, pero sí un celular muy básico y sin chip para jugar algún juego: “Yo diría que sin Skype, sin WhatsApp, sin Facebook, sin Instagram. ¡Estoy muy bien! No me interesa mucho hablar en redes sociales. A mí lo que me gustaría es tener un celu para jugar jueguitos, pero tranqui, no tengo ningún problema. Mis amigos siguen a famosos en Instagram, pero yo no, yo solo quiero un celu para jugar y que no se me quede varado como el que tengo ahora”, dice Lucas, sin rastros de mal humor. Eso no significa que su vida sea 100 % libre de tecnología: es un fanático de la PlayStation y juega en red con sus amigos del colegio.

Fuente: abcdelbebe.com

Definición de Resiliencia

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que el individuo desconocía hasta el momento.

El análisis de la psicología respecto a la resiliencia ha cambiado con los años. Durante mucho tiempo, este tipo de respuestas eran consideradas como inusuales o patológicas. Sin embargo, los psicólogos actuales reconocen que se trata de una respuesta común como forma de ajuste frente a la adversidad.

La resiliencia para la psicología positiva

La psicología positiva considera a los problemas como desafíos, que son enfrentados y superados por las personas gracias a la resiliencia. Existen distintas circunstancias que favorecerán o no el desarrollo de la resiliencia en cada hombre, como la educación, las relaciones familiares y el contexto social.

Los especialistas afirman que la resiliencia está vinculada a la autoestima, por lo que es importante trabajar con los niños desde pequeños para que puedan desarrollar sanamente esta capacidad.

Según Michel Manciaux, conocedor de la materia, existen personas que al enfrentarse a un trauma o una desgracia permiten que éstas los superen, pero hay otras que no lo permiten y que consiguen continuar con su vida sin problemas. Incluso, dice, muchas llevan esta actitud a un nivel superior y transforman ese trauma en algo positivo; es decir que ese problema los ayuda a desarrollar recursos para sobrevivir que creían no poseían.

Cabe destacar que la psicología ha tomado el concepto de resiliencia de la ingeniería, donde refiere a la magnitud que cuantifica la cantidad de energía que absorbe un material al momento de romperse por un impacto. El cálculo se realiza en base a la unidad de superficie de rotura.

Educar en la resiliencia

Se sabe que un niño con buena autoestima se transformará en un adulto con buena capacidad de resiliencia, por lo que estará preparado para superar los obstáculos que encuentre a lo largo de su vida.

Es importante que a los niños se les guíe durante su primera etapa de vida de forma eficiente, a fin de que desarrollen una forma constructiva de enfrentarse a la vida; que se los motive positivamente para que puedan enfrentarse a las diversas situaciones que pudieran anteponerse en su camino y consigan sobrellevarlas sin sufrir un daño profundo.

Todos los padres deberían ser conscientes de que la felicidad de sus hijos no será algo provocado por la casualidad o la buena suerte; nada más lejos de la realidad. Una de las mayores responsabilidades de los padres es poner a disposición de sus hijos una serie de herramientas positivas que ayuden a la formación de un nivel alto de resiliencia frente a los problemas; para ello es ideal brindarles comprensión, optimismo, buen humor, afecto y ayudarlos a aceptarse y confiar en ellos mismos. Por el contrario, aquellos niños que son maltratados, humillados o incomprendidos son menos propensos a conseguir enfrentarse sanamente a los conflictos.

El concepto en la ecología

Por último cabe mencionar que el concepto también se utiliza en ecología para hacer referencia a aquellas comunidades que pueden superar los cambios momentáneos en el medio sin modificar su forma de interactuar con él. Un ecosistema con buena resiliencia es aquel que contiene una gran cantidad de especies y esa diversidad es lo que le permite sobrellevar las diversas perturbaciones que pudieran surgir en el entorno.

Dentro de esta misma idea de supervivencia, otras variantes del concepto en la ecología son la capacidad que tiene un sistema para autogestionarse y organizarse, lo cual estaría ligado firmemente al punto anterior (el sistema reuniría las herramientas que necesita para enfrentarse a los cambios sin que estos generen una transformación en las bases de dicho espacio).

El sentido de educar

¿Cómo piensa usted el papel del maestro en el siglo XXI?

Fernando Savater: El maestro es el soporte básico del cultivo de la humanidad y su labor está ligada al sentido humanista de la civilización, porque él pone las bases de todo el desarrollo intelectual futuro, de la persona plenamente humana, civilizadamente decente en compañía de los demás. Es decir, sin una buena educación dada por el maestro, no hay posibilidad de que luego aparezcan el científico, el político, el creador artístico. Toda labor educativa tiene una cierta ilusión artística, es decir, no es una artesanía. Llamo arte a todo aquello que se puede enseñar en sus fundamentos, pero no en su excelencia.

El maestro tiene a veces un papel socialmente humilde, pero fundamental desde el punto de vista de la civilización y de la humanidad.

A.T.: ¿Qué les diría a los maestros que pasaron el umbral del siglo y no fueron preparados para todas las transformaciones que vivimos?

F.S.: Todos sabemos que hay cosas que nos enseñaron y que no podemos enseñar y la paradoja es que tenemos que educar a otros para un mundo que no vamos a conocer. Algunos hemos crecido y sido educados en una dictadura y hemos tenido que preparar a otros para la democracia y las libertades. Los maestros deben gozar de períodos para reciclar sus conocimientos y sus modos pedagógicos, de tal modo que puedan volver a reciclar y a ponerse al día en sus conocimientos. Es algo obligatorio para todos nosotros.

A. T.: Los maestros necesitan aprender nuevas habilidades y convertirse en aprendices toda la vida…

F. S.: Cualquier persona que entre en relación con la enseñanza sabe que su tarea, de transmitir y de asimilar, es inacabable. Una persona que vive de enseñar tiene que estar constantemente abierta a todos los conocimientos, las enseñanzas y lo que pueda mejorarlo como profesor. Cuanto más sabemos enseñar, más nos convencemos de lo que nos falta por aprender.

A.T.: ¿Cuál es la función del maestro para que la sociedad sea más equitativa y más productiva?

F.S.: El maestro puede contribuir a formar personas más inclinadas hacia la justicia, la curiosidad y la laboriosidad, pero hay muchas otras claves que están en la sociedad: económicas, laborales, etc. El maestro intenta preparar las personas para que sean un poco mejores que el promedio de la sociedad a la que van destinadas; ahí es donde se da, en cada caso a su modo, la interacción entre lo social y lo personal. Una cosa es que la enseñanza sea muy importante y otra suponer que es omnipotente.

A.T.: ¿Qué se debería plantear un maestro en su actividad pedagógica para rendirle cuentas a la sociedad? ¿Cómo podría definir un docente del siglo XXI los elementos para decir: “Yo le rindo cuentas a una sociedad que me hace unas exigencias y tiene unos parámetros para medirme”?

F.S.: La pura labor educativa es lo contrario del autismo y no puede ser algo que se separa y que se convierte en una especie de reino aparte, que no da cuentas de información. Lo primero que tendría que haber es una relación fluida de comunicación entre la administración, la sociedad y los maestros para que no vaya la sociedad por un lado y los maestros por otro. El maestro no es el inventor de la educación, sino un educador de la gente que la ejercita, de acuerdo con la orientación que la sociedad decida darle en cada momento. No se educa en abstracto, se educa para intentar mejorar la sociedad y crear personas capaces de vivir en ella. Los objetivos de la educación deben ser una preocupación pública, que esté en los ministerios y en sectores influyentes. El maestro debe ser el agente que pone en práctica lo que los demás han propuesto o teorizado y, de alguna forma, su responsabilidad es entrar en contacto, comprender, aceptar y colaborar en el perfil de ese contenido que se trata de transmitir.

Debe haber algún mecanismo de inspección, de interacción, de coloquio con los padres, con las autoridades docentes, etc., para saber que la tarea se está realizando con normalidad, aunque los resultados, del maestro y de la educación, se ven a largo plazo. No se puede de un día para otro determinar qué éxito ha tenido la enseñanza, aparte de que los maestros enseñan. El maestro no es un hipnotizador, sino alguien que hace el esfuerzo por facilitar el aprendizaje; pero quienes aprenden son los alumnos.

A.T.: Usted ha señalado que “lo importante es que mantengamos la convicción de que hay que ser ultramodernos en los contenidos tecnológicos, en los contenidos científicos, en la utilización de aparatos que puedan ayudar a la transmisión de conocimientos; y clásicos en la defensa de los valores esenciales, porque esos valores no se han transformado”…

F.S.: Sí, por ejemplo, hay quienes miran con desconfianza y horror los ordenadores y la internet; lo ven como una obra del demonio que los va a desplazar; es un planteamiento completamente erróneo. Y lo otro es la mitificación de los medios que dice: “Vamos a mejorar la educación, vamos a poner un ordenador a cada niño en cada lugar”. Es estupendo que el niño tenga un buen ordenador, un buen bolígrafo e instrumentos adecuados. Los maestros tienen que saber que el ordenador forma parte del paisaje y que se deben mover en ese paisaje. Pero, además está la educación y, sobre todo, los valores, la idea de que sólo aprendemos a vivir del contacto con nuestros semejantes; no sólo de la perfección de un programa de ordenador, sino de la imperfección de un ser humano. Por eso el maestro es insustituible pues sólo las personas pueden enseñar a vivir a las personas. Ahora, efectivamente hoy tiene unos apoyos mediáticos que pueden en ocasiones aliviar su tarea y ayudarle a explicar, a mantener la atención de los alumnos. Pero también es conveniente siempre decirles a los estudiantes que aprender es una responsabilidad suya.

A.T.: Hay otros que sostienen que el espacio escolar tiende a desaparecer y que hay que pensar en una relación distinta con los estudiantes…

F.S.: Hay que procurar extender lo más posible el espacio escolar. El aula educa y enseña tanto como el profesor. El hecho de que el niño, el adolescente, salga por primera vez de su mundo familiar afectivo, y se encuentre con el mundo de lo público, en el que se exigen el respeto y la convivencia dentro de un aula con otros que no son sus parientes y que han llegado por el azar de la organización de la enseñanza, es algo pedagógicamente insustituible. Si el niño se queda en su casa y desde allí le llegan las noticias, eso no es una enseñanza educativa en el sentido pleno del término.

A.T.: La concepción del papel del maestro ha cambiado con el tiempo… Y el maestro se ve en ese dilema de tener que ser autoritario o ser amigo…

F. S.: El maestro no es un tirano sino una autoridad. El tirano quiere conservar a todo el mundo convertido en niño, mientras que la autoridad ayuda a crecer e implica un acompañamiento. El niño está en un mundo que ya tiene unas exigencias; de alguna manera el mundo no se ha inventado para complacerlo, sino que tiene que conocerlo y comprenderlo para entrar en él. Los compañeros dan un sentido de pluralidad generacional y el maestro representa las generaciones anteriores. Es decir, de alguna manera, se encarga de representar la realidad por la vía del conocimiento.

A.T.: Lo que está unido a la responsabilidad, a la ética de la labor educativa y a la vocación…

F.S.: La tarea del maestro es la verdadera preocupación por el otro, que es el más alto nivel de moralidad. El hombre moral es el que se da a la persona. La educación es uno de los símbolos de la preocupación por los demás. Es importante que el maestro tenga vocación y gusto por lo que hace, como también lo es el que sea tratado de acuerdo con el esfuerzo y la dificultad de su tarea. Si comprendemos el término maestro en un sentido más amplio, como el de la persona que enseña a otros, entonces en nuestras sociedades democráticas todos somos maestros, unos de otros, para ayudarnos a comprender y a vivir en lo real. Y no es lo mismo ejercer esa función desde la paternidad, desde un papel público, o desde la persona que académicamente tiene que afrontar una clase.

A.T.: El maestro debe entender el mundo del niño, del educando de hoy…

F.S.: Hablamos de un ser humano y por lo tanto de un ser histórico; los niños del siglo XIX no son iguales a los de ahora, que nacen con la televisión puesta, en un mundo de libertades que no teníamos en otras épocas. Los niños no son seres al margen de sus condiciones sociales, culturales y familiares. El maestro debe buscar un lenguaje común con los niños.

A.T.: Usted ha expresado que “vivimos en un mundo apresurado, de urgencias e inmediatez” y eso afecta a la educación…

F.S.: Son los elementos que conspiran contra la importancia pública de la educación, cuya necesidad es inmediata, pero no sus resultados. La sociedad lo que quiere es un rendimiento inmediato y como eso no pasa, hay una sensación de frustración e inutilidad. El desarrollo de la cultura y el conocimiento aparecen como un lujo frente a la urgencia.

A.T.: ¿Qué queremos de la educación hoy?

F.S.: Esa pregunta sólo la podemos responder juntos como sociedad y está sujeta a debate. La educación es el cultivo de la humanidad. Entonces, ¿cómo cultivarla en las condiciones presentes? ¿En qué vamos a insistir? ¿A qué le damos prioridad? Hay muchas cosas interesantes que enseñar, pero debemos distinguir entre lo interesante y lo imprescindible. Esto último, es ser capaz de comprender y de expresarse, dos capacidades básicas para moverse en una democracia. De ahí que sea fundamental la enseñanza de todo lo referido a la comprensión y utilización argumental de los lenguajes, ya sean simbólicos o formales, así como la de los conocimientos científicos elementales: humanística, historia, física, etc. Y luego, poco a poco, la formación ética, ciudadana, en aquellos valores que son compartidos por todos.

A.T.: Hay una frase de su libro `El valor de educar´, que dice: “Me parecía sorprendente que por un lado la educación fuera el remedio universal de todos los males, y por otra parte la gente no se preocupaba fundamentalmente de la educación”. ¿Qué ocurre hoy, ocho años después de publicado el libro?

F.S.: Se trataba de concederle cada vez más importancia al papel de la educación y de los maestros en la sociedad. La educación ha pasado de ser algo accesorio y que entretenía a los niños y los hacía crecer, a convertirse en algo radical y decisivo en la vida de cada uno. Hay que potenciar en quienes aprenden la capacidad de preguntar y preguntarse. Es parte de esa vocación de aprender. Las verdaderas preguntas están movidas por el interés y la curiosidad por las cosas y no simplemente por el deseo de causar efecto o de exhibirse. Esas preguntas son las que orientan al educador respecto a qué es lo que tiene que ofrecer a su educando y saber dónde debe insistir, dónde están los problemas y dónde hay menos conocimiento.

8 errores de educación que puedes cambiar por completo con el método Montessori

Cómo cambiar la forma de educación de los hijos hacia un método de educación positiva.

De los errores se aprende. Y es cierto que nunca es tarde para cambiar y transformar los errores en algo positivo. Así que si tú también cometes algún error de educación con tu hijo, estás a tiempo de transformarlos por completo con un simple cambio de actitud.

Para ello nos fijamos en los consejos de una famosa escritora norteamericana sobre la educación y métodos de enseñanza, L.R Knost, cuya filosofía se basa en los  métodos de la escuela Montessori. Aquí tienes los 8 errores de educación que puedes cambiar por completo con el método Montessori.

Si hay algo que L.R Knost sepa, es reflexionar sobre la educación de los niños. Está claro que ayuda bastante el haber tenido 6 hijos. La experiencia es un grado, que decía mi abuela, así que cuando alguien con tanta experiencia habla sobre educación, suelo prestar atención.

Laura R. Knost es defensora del método de aprendizaje positivo, a la filosofía de la escuela María Montessori, y a la educación de los hijos desde el afecto. Muchos de nuestros errores como padres, asegura, están relacionados con la forma ‘clásica’ de educación, basada en la autoridad y el castigo. Pero nunca es tarde para cambiar.

En este caso, Laura R. Knost nos habla de cómo podemos cambiar 8 errores de educación con los niños, los más frecuentes. Solo tenemos que cambiar nosotros, como padres, nuestra forma de educar:

1. En lugar de manipular, da ejemplo. Uno de los errores más extendidos entre los padres es la manipulación. ¿Cómo se manipula a un hijo? Por ejemplo, cuando usamos el chantaje afectivo: ‘Si no recoges los juguetes, estaré muy triste’. O bien la amenaza: ‘Si no recoges tus juguetes, te quedarás sin salir’. La propuesta de la escritora es transformar la manipulación en ejemplo. Recoger con los niños los juguetes para que aprendan a hacerlo en una buena opción. Si ellos ven que nosotros también recogemos nuestras cosas, entenderán que es algo que también ellos deben hacer.

2. En lugar de intimidar, invita. Muchos padres hacen un excesivo uso de su autoridad y llegan a intimidar a sus hijos. Para un niño, es como un muro que no se atreve a cruzar. Si en lugar de intimidar, invitas a tu hijo a hacer algo, le estarás tendiendo un puente y además generarás en él mucha más confianza. La confianza genera ese maravilloso efecto de ilusión, autoestima y recompensa. Normalmente, quien da confianza, la recibe. Si invitas a tu hijo a hacer algo en lugar de ordenárselo por la fuerza, responderá de forma positiva.

3. En lugar de avergonzar, dile todo lo que hace bien. No hay nada peor que avergonzar y humillar a un niño. Es como si lanzaras una losa sobre su autoestima y sobre la confianza que siente hacia ti. Luego no te quejes si apenas te cuenta nada y la comunicación con él empeora… Lo mejor, frente a resaltar una y otra vez todo lo que hace mal, confía en él y resalta lo que hace bien. Conseguirás que él cada vez quiera hacer más cosas bien para ganar más alabanzas.

4. En lugar de enfurecerte, alienta. Si en algún momento tu hijo no consigue hacer algo o comete un error, que no sienta tu furia. No le regañes, que no no note que estás frustrado o triste. Lo que debes hacer es mantener la calma y animarle para que vuelva a intentarlo. Genera en él ese sentimiento de superación y perseverancia tan necesarios para aprender y conseguir alcanzar los sueños.

5. En lugar de amenazar, enseña. Está demostrado que los gritos y las amenazas no sirven para nada bueno. Es más, generan en los niños una especie de bloqueo e impiden que aprendan. Enseñar implica todo lo contrario: en lugar de decirle ‘Como no hagas los deberes, te quedarás sin jugar toda la tarde’, enséñale qué ocurre si no hace los deberes: ‘No has hecho los deberes porque preferías ver la televisión, así que no puedes jugar. Tendrás que hacer los deberes’.

6. En lugar de suponer, escucha. A menudo cometemos el error de sacar nuestras propias conclusiones sin ni siquiera escuchar lo que tiene que decirnos nuestro hijo. Para valorar algo que hizo o no hizo, antes hay que escuchar su versión. Así que si un día te encuentras ese jarrón que tanto te gusta hecho añicos, antes de gritarle o castigarle sin más, deja primero que te cuente qué ha ocurrido.

7. En lugar de herir, ayuda. Las palabras pueden ser crueles y agresivas. También los silencios. A veces no medimos la fuerza de lo que decimos a nuestro hijo y terminamos diciendo cosas de las que luego nos arrepentimos. Las palabras pueden herir, y las heridas no enseñan grandes cosas a los niños. Lo que debemos hacer es respirar muy hondo cuando sintamos ganas de decir a nuestro hijo algo que sabemos que puede herirle, y transformar esas palabras en otras que le sirvan de ayuda. Así, en lugar de decir ese horrible: ‘¿Eres tonto, o qué?’, cambia la frase por un ‘¿Pero por qué hiciste eso? ¿Quieres que te ayude a hacerlo de forma correcta?’.

8. En lugar de castigar, educa. Los castigos en la mayoría de los casos no funcionan. Los niños, a la larga, aprenden a mentir para librarse de ellos. La educación puede funcionar perfectamente sin castigos. Si le das a tu hijo responsabilidades, le enseñas mediante rutinas a respetar una serie de normas, le enseñas mediante el ejemplo y le enseñas a ‘remendar’ sus errores, le estarás educando sin necesidad de castigar.

Cómo es el método de educación basado en la filosofía Montessori

Desde luego, los consejos de esta mamá y abuela no tienen desperdicio. ¿Su filosofía? Se mantiene fiel a los principios básicos de la escuela Montessori:

– Conseguir que el niño sea capaz de ver desde pequeño que es independiente, autónomo, y capaz de lograr por sus propios medios muchísimas cosas.

– Darle responsabilidades a los niños para que se involucren más en todo lo que hacen y sean capaces de entender las consecuencias del acto y efecto de todo lo que hacen.

– Educar desde el cariño y la comprensión.

– Darles libertad a cada niños para seguir su propio ritmo de aprendizaje.

– Potenciar las habilidades individuales de cada niño.

Fuente: guiainfantil.com

Ciara Molina: «La mejor manera de aprender algo es… Enseñándolo»

«Enseñar, educar, transmitir, como lo queramos llamar, parte de un principio de responsabilidad, complementación, cooperación y amor que debe estar en equilibrio», asegura la psicóloga Ciara Molina, experta en inteligencia emocional. Desde esa premisa, ha creado el proyecto @EducoEmocion, con el que pretende ayudar a padres y profesores que quieran educar emocionalmente a sus hijos o alumnos. Para ella, la actitud con la que nos enfrentemos a tal proceso determinará los resultados, tanto en nosotros mismos como en nuestros hijos y/o alumnos. «Si mientras nos formamos como educadores nos vemos como maestros activos y no como estudiantes pasivos, aumentarán notablemente nuestras ganas de aprender», asegura.

La enseñanza, prosigue Molina, «es una cadena, la primera persona enseña, la segunda captura, entiende, evalúa para encontrar sentido a lo expuesto, piensa en su aplicación práctica y, del valor que obtiene, enseña a una tercera persona. Tras la tercera persona se inicia de nuevo el proceso. Resulta altamente, interesante, entonces, pararnos a observar cómo estamos transmitiendo la información a nuestros menores y valorar si realmente están adquiriendo los conocimientos y habilidades necesarios para que, con su propia actitud proactiva, creen la vida que desean. Encontrar el sentido a sus vidas es lo que les hará crecer y desarrollarse sintiéndose felices y realizados».

Cuando enseñamos, continua esta psicóloga, «aumenta significativamente la probabilidad de aplicación, es decir llevar a cabo aquello que he aprendido. Por tanto, en el aprendizaje lo más importante viene del hacer. La comprensión de lo que aprendemos nos puede aportar una mayor capacidad intelectual, pero lo que realmente concretará lo aprendido será la aplicación práctica de esas ideas adquiridas». A su juicio, «debemos dejar que nuestros hijos/as y/o alumnos/as experimenten, creen, prueben, hagan, deshagan.. no hay nada mejor para forjarse una idea concreta de sí mismos y de los demás. Ésta será la base sobre la que se formará su confianza y confiabilidad».

No escuchar, el principal obstáculo

El principal obstáculo, advierte, lo encontramos en el campo de la comunicación, «y es que no escuchamos. Tenemos la mala costumbre de empezar a evaluar el discurso del otro sin escuchar lo que nos está queriendo decir. Escuchamos para contestar, pero no para entender». Una enseñanza basada en una actitud positiva, asegura, «va acompañada de acción, y en la aplicación práctica de lo que hemos aprendido, favorece enormemente la comunicación empática con los chicos. Si les capacitamos para capturar el aprendizaje que se les está dando antes de juzgarlo, conseguiremos que escuchen el propósito, los puntos principales del discurso, cómo validar cada uno de esos puntos, para poder así aplicarlos y luego valorar lo que les aporta a ellos mismos y a los demás».

Cuando todas estas cosas suceden, concluye Molina, «la relación que conseguimos con ellos es mucho más profunda y sólida, ya que parte de principios como la autenticidad, el concepto de uno mismo, la emotividad, la empatía, la expresión de los sentimientos y la creatividad: clave de la “Educación Emocional” que este proyecto quieren transmitir».

Fuente: abc.es

Cómo educar alumnos con un comportamiento agresivo

Todos los maestros se han encontrado alguna vez alumnos agresivos en clase y el profesor tiene un papel fundamental por lo que debe conocer estrategias de manejo del conflicto en las aulas.

Un alumno agresivo puede serlo por muchos motivos, pero lo que hay que intentar es sobre todo manejar su conducta y su comportamiento dentro del aula, aunque el refuerzo externo con trabajo desde casa y la ayuda de profesionales de las emociones también resulta de gran ayuda, aunque no siempre es posible.

Qué hacer cuando un alumno tiene comportamiento agresivo

El entorno del aula debe ser muy estructurado con unas reglas claras que si se rompen tienen las mismas consecuencias para todo aquel que las incumpla. Cuando un alumno agresivo agrede deberá ser parado inmediatamente con estrategias no agresivas.

Cuando hay un alumno agresivo en clase no hay que ignorar la conducta, porque si no se le hace caso es como decirle al niño que estamos de acuerdo con lo que está haciendo, y puede aumentar la probabilidad de nuevas agresiones, de inadaptación y de fracaso escolar y social.

8 consejos para los maestros con alumnos con comportamiento agresivo

Cuando se da una agresión en clase, ¿qué es lo que debe hacer un profesor para responder a la provocación de un alumno agresivo? ¿Qué debe hacer cuando este alumno está agrediendo a otros? Las respuestas del maestro a la agresión siempre deberán ser instructivas y no agresivas. Las consecuencias no agresivas adecuadas para el uso en el aula incluyen el corte de respuesta con por ejemplo: la privación de actividades deseadas, eliminación de puntos, eliminación de recompensas, aumentar el nivel de tiempo fuera.

Pero esto no es todo: los maestros también pueden tener en cuenta otro tipo de respuestas ante un alumno agresivo. Por ejemplo, cuando existe un alumno de estas características en el aula habrá que tener en cuenta:

  1. Tener unas normas claras, bien establecidas y que se vean claramente en el aula.
  2. Si se trabaja con un cuadro de comportamiento, darle prioridad incluso antes que al contenido académico.
  3. Tener unas expectativas reales y razonables en el alumno.
  4. Evitar las competiciones para evitar las confrontaciones.
  5. Reducir la posibilidad de contacto con posibles víctimas de agresión por parte del alumno.
  6. Estar siempre atento al comportamiento del alumno sin que se dé cuenta pero darle señales y recordatorios verbales siempre que sea necesario.
  7. Igual que puede tener consecuencias negativas por un mal comportamiento, se deben dejar claros los refuerzos positivos y las recompensas por un buen comportamiento  (como realizar una actividad deseada).
  8. Mantener una entrevista con los padres y los profesionales necesarios de forma periódica para buscar soluciones también en los demás contextos.

Es necesario que un alumno agresivo esté en plena supervisión constante, por lo que todos los miembros del centro educativo deberán tener en cuenta el perfil de este alumno y vigilar su comportamiento para poder reducir la conducta indeseada y reforzar el buen hacer.

Fuente: Guía Infantil

10 Errores que todo docente debería evitar en el aula

Ser docente en estos tiempos se ha convertido en una profesión de riesgo. Sin duda, el factor vocacional es determinante a la hora de elegir una profesión exigente y que supone una enorme responsabilidad.

¿Qué errores podemos evitar como docentes?

1. Falta de visibilidad. La presencia y visibilidad en el aula es un aspecto muy a tener en cuenta a la hora de impartir una sesión lectiva. Ya me he referido en otros artículos a la importancia de que los alumnos siempre tengan una referencia visual del profesor en el aula.

Para ello es fundamental que estemos preferentemente de pie y en constante movimiento, para que los alumnos fijen su atención hacia nosotros. Ello nos permitirá tener un mayor control del grupo clase.

2. Oír sin escuchar. 

La diferencia entre oír a una persona y escucharla es enorme, ya que cuando la escuchamos lo estamos haciendo de forma activa y les transmitimos a nuestros alumnos que aquello que nos está diciendo es importante tanto para ellos como para nosotros.

Los alumnos de una clase demandan atención en todo momento. De ahí que en la medida que nos sea posible, debemos esforzarnos para escuchar con atención aquello que nos quieran decir. Con ello aumentaremos la empatía y mejoraremos nuestra relación con ellos.

Aquellos docentes que sólo oyen a sus alumnos pero no interactúan, corren el riesgo de tener una relación distante y ello repercute negativamente en la relación del docente con el grupo.

3. No mantener el contacto visual. La comunicación no verbal de un docente, aquella que se transmite a través de los sentidos, resulta fundamental en el desarrollo de una sesión lectiva.

Bien es cierto que los docentes enseñamos a través de la palabra oral y escrita, pero también comunicamos a través de nuestro cuerpo y, por supuesto, con la mirada. Referente a la mirada hay un aspecto que es importante corregir y es el hecho de hablar a nuestros alumnos sin mirarlos directamente a los ojos.

No mantener un contacto visual con nuestros alumnos repercute negativamente en la relación y en el aprovechamiento de nuestras sesiones lectivas. No mirar a nuestros alumnos transmite inseguridad, duda, incomodidad, falta de empatía… No mirar a nuestros alumnos hace que exista un distanciamiento con ellos que luego repercute negativamente en nuestra relación con el propio grupo.

4. No cumplir con lo prometido. Lo prometido es deuda. Todos sabéis el sentido de la justicia que tienen, por lo general, los alumnos. Incluso añadiría que además de sentido de la justicia tienen muy buena memoria para aquello que les conviene.

De ahí la importancia de ser muy escrupulosos con aquello que les prometemos, porque si ya de antemano sabemos que no vamos a cumplirlo, esta promesa no cumplida se volverá en nuestra contra. Esto sirve tanto para las promesas como para con las amenazas en caso de no cumplir con las normas del centro.

Un docente que no mantiene su palabra o que no cumple con sus palabra es un docente que poco a poco va debilitándose frente al grupo y puede afectarle muy negativamente en el caso de que quiera ganarse su respeto.

5. Prolongar el tiempo de corrección. Profesor, ¿tienes los exámenes corregidos? Seguro que se trata de una pregunta que si no a todos, a casi todos os habrán hecho en algún momento.

Todos somos conscientes del esfuerzo que implica la corrección de ejercicios, trabajos exámenes… Pero creo que es importante hacer un esfuerzo por entregar dicha corrección en la mayor brevedad posible. La rapidez en la corrección es algo que los alumnos valoran muy positivamente y hace que te ganes el respeto de tus alumnos, porque consciente o inconscientemente te conciben como un profesional implicado y eficaz.

6. No utilizar el mismo código. Para que exista una correcta comunicación entre dos personas, estas deben conocer y compartir el mismo código. En muchas ocasiones se producen problemas de relación entre alumno y docente porque la fractura que existe del código de cada parte es insalvable.

Los docentes tenemos la facultad de dominar todos los registros de una lengua, desde el culto hasta el vulgar, pasando por el coloquial. El error que cometemos es pensar que también nuestros alumnos dominan todos estos registros. En la medida que seamos capaces de compartir al máximo el mismo código, más fluida será la relación entre alumno y docente y mayor será el grado de comprensión.

7. No dejarnos influir por nuestro estado de ánimo. Siempre he admirado a los presentadores de noticias de la televisión porque siempre tienen el mismo semblante, pese a que seguramente tendrán como todos nosotros sus días buenos y sus días malos. A esto se le llama profesionalidad.

9. Enseñar sin educar. Los docentes solemos cometer el error de pensar que nuestra profesión consiste en la transmisión pasiva de conocimientos, en la transmisión unidireccional de contenidos a través de lo que podríamos llamar una clase magistral.

10. Mezclar lo profesional con lo privado. Redes sociales. En la sociedad actual la privacidad se está convirtiendo en un lujo. El ámbito privado de los docentes es algo que debemos tener muy en cuenta, porque un mal uso de nuestra privacidad puede afectarnos muy negativamente.

Me parece importante que en nuestras sesiones lectivas nos centremos en lo educativo y no en lo personal. Se trata de mantener una distancia con nuestros alumnos, en especial, por lo que a las redes sociales se refiere. De ahí que sea necesario mantener unas pautas de actuación muy estrictas.

Fuente: justificaturespuesta.com/