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Dominicana en el top de los 50 mejores docentes del mundo

La docente Rosaliz Calderón, quien  compitió con más de 8 mil candidatos de 121 países, siendo seleccionada dentro del top 50 de los mejores docentes del mundo, es la primera dominicana en ser nominada al Global Teacher Prize, cuyo ganador recibirá un millón de dólares y será dado a conocer en noviembre.

La directora de la fundación infantil Zancadas, es la primera y única maestra en República Dominicana que se especializa en educación dentro del ámbito hospitalario.

En 2016, mientras trabajaba en la asistencia social para pacientes con cáncer, descubrió que los estudiantes con enfermedades graves a menudo no tienen un buen acceso a la educación mientras están en el hospital y no pueden continuar sus estudios. Como resultado, decidió dedicarse a la educación hospitalaria y, después de una gira de investigación por España, regresó a República Dominicana, recaudó fondos y lanzó el proyecto ZANCADAS de Pedagogía Hospitalaria.

Esta iniciativa promueve la educación de los niños hospitalizados para que no se retrasen en su aprendizaje o desarrollo personal, al mismo tiempo que trata de satisfacer las necesidades afectivas y sociales generadas como consecuencia de la hospitalización y la enfermedad que padecen.

A través de la pedagogía hospitalaria, Rosaliz ha logrado mucho para los jóvenes a su cargo. 10 estudiantes han finalizado sus estudios de grado con excelentes notas, a pesar de que se considere difícil o imposible.

Se ha educado a 230 padres sobre cómo sus hijos pueden continuar su educación mientras reciben atención médica, y se ha informado a más de 600 estudiantes sobre la detección temprana de enfermedades como el cáncer. Al mismo tiempo, se ha proporcionado formación y educación sobre la docencia hospitalaria a unos 250 profesores y directivos en todo el país. Durante COVID, Rosaliz también continuó brindando asesoría a través de medios digitales a maestros y padres para que pudieran seguir apoyando a los niños con estrategias adaptadas a sus necesidades.

Como resultado, Calderón recibió el premio “Princesas del Siglo 21” a Mujeres y Emprendedoras Excepcionales de América Latina y el Caribe en 2017. En 2019, recibió membresía de La Asociación de Voluntarios de la Fundación Oncológica del Este, por sus logros. Como la primera Maestra de Hospital en República Dominicana. El Consejo Nacional de Educación también ha comenzado recientemente a incluir hospitales en sus Ordenanzas sobre entornos escolares.

Ahora la docente quiere inspirar a otros maestros para que tengan un impacto más allá de sus propias escuelas y ayudarla a crear aulas en cada hospital de la República Dominicana. Actualmente está trabajando en un proyecto para la creación de la primera aula de un hospital en el país, además de continuar brindando consejos a los maestros sobre cómo usar sus talentos únicos para ayudar a otros.

Fuente: telesistema

Sobre las cualidades de un buen docente

“Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.”
Paulo Freire
Por: Paulo Freire 
 
Me gustaría dejar bien claro que las cualidades de las que voy a hablar y que me parecen indispensables para las educadoras y para los educadores progresistas son predicados que se van generando con la práctica. Más aún, son generados de manera coherente con la opción política de naturaleza crítica del educador. Por esto mismo, las cualidades de las que hablaré no son algo con lo que nacemos o que encarnamos por decreto o recibimos de regalo. Por otro lado, al ser alineadas en este texto no quiero atribuirles ningún juicio de valor por el orden en el que aparecen. Todas ellas son necesarias para la práctica educativa progresista.
Comenzaré por la humildad, que de ningún modo significa falta de respeto hacia nosotros mismos, ánimo acomodaticio o cobardía. Al contrario, la humildad exige valentía, confianza en nosotros mismos, respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás.
La humildad nos ayuda a reconocer esta sentencia obvia: nadie lo sabe todo, nadie lo ignora todo. Todos sabemos algo, todos ignoramos algo. Sin humildad, difícilmente escucharemos a alguien al que consideramos demasiado alejado de nuestro nivel de competencia. Pero la humildad que nos hace escuchar a aquel considerado como menos competente que nosotros no es un acto de condescendencia de nuestra parte o un comportamiento de quien paga una promesa hecha con fervor: «Prometo a Santa Lucía que si el problema de mis ojos no es algo serio voy a escuchar con atención a los rudos e ignorantes padres de mis alumnos». No, no se trata de eso. Escuchar con atención a quien nos busca, sin importar su nivel intelectual, es un deber humano y un gusto democrático nada elitista.
De hecho, no veo cómo es posible conciliar la adhesión al sueño democrático, la superación de los preconceptos, con la postura no humilde, arrogante, en que nos sentimos llenos de nosotros mismos. Cómo escuchar al otro, cómo dialogar, si sólo me oigo a mí mismo, si sólo me veo a mí mismo, si nadie que no sea yo mismo me mueve o me conmueve. Por otro lado, si siendo humilde no me minimizo ni acepto que me humillen, estoy siempre abierto a aprender y a enseñar. La humildad me ayuda a no dejarme encerrar jamás en el circuito de mi verdad. Uno de los auxiliares fundamentales de la humildad es el sentido común que nos advierte que con ciertas actitudes estamos cerca de superar el límite a partir del cual nos perdemos.
La arrogancia del «¿sabe con quién está hablando?», la soberbia del sabelotodo incontenido en el gusto de hacer conocido y reconocido su saber, todo esto no tiene nada que ver con la mansedumbre, ni con la apatía del humilde. Es que la humildad no florece en la inseguridad de las personas sino en la seguridad insegura de los cautos. Por eso es que una de las expresiones de la humildad es la seguridad insegura, la certeza incierta y no la certeza demasiado segura de sí misma. La postura del autoritario, en cambio, es sectaria. La suya es la única verdad que necesariamente debe ser impuesta a los demás. Es en su verdad donde radica la salvación de los demás. Su saber es «iluminador» de la «oscuridad» o de la ignorancia de los otros, que por lo mismo deben estar sometidos al saber y a la arrogancia del autoritario o de la autoritaria.
Ahora retomo el análisis del autoritarismo, no importa si de los padres o de las madres, si de los maestros o de las maestras. Autoritarismo frente al cual podremos esperar de los hijos o de los alumnos posiciones a veces rebeldes, refractarias a cualquier límite como disciplina o autoridad, pero a veces también apatía, obediencia exagerada, anuencia sin crítica o resistencia al discurso autoritario, renuncia a sí mismo, miedo a la libertad.
Al decir que del autoritarismo se pueden esperar varios tipos de reacciones entiendo que en el dominio de lo humano, por suerte, las cosas no se dan mecánicamente. De esta manera es posible que ciertos niños sobrevivan casi ilesos al rigor del arbitrio, lo que no nos autoriza a manejar esa posibilidad y a no esforzarnos por ser menos autoritarios, si no en nombre del sueño democrático por lo menos en nombre del respeto al ser en formación de nuestros hijos e hijas, de nuestros alumnos y alumnas.
Pero es preciso sumar otra cualidad a la humildad con que la maestra actúa y se relaciona con sus alumnos, y esta cualidad es la amorosidad sin la cual su trabajo pierde el significado. Y amorosidad no sólo para los alumnos sino para el propio proceso de enseñar. Debo confesar, sin ninguna duda, que no creo que sin una especie de «amor armado», como diría el poeta Tiago de Melo, la educadora o el educador puedan sobrevivir a las negatividades de su quehacer. Las injusticias, la indiferencia del poder público, expresadas en la desvergüenza de los salarios, en el arbitrio con que son castigadas las maestras y no tías que se rebelan y participan en manifestaciones de protesta a través de su sindicato —pero a pesar de esto continúan entregándose a su trabajo con los alumnos—.
 Sin embargo, es preciso que ese amor sea en realidad un «amor armado», un amor luchador de quien se afirma en el derecho o en el deber de tener el derecho de luchar, de denunciar, de anunciar. Es ésta la forma de amar indispensable para el educador progresista y que es preciso que todos nosotros aprendamos y vivamos.
Pero sucede que la amorosidad de la que hablo, el sueño por el que peleo y para cuya realización me preparo permanentemente, exigen que yo invente en mí, en mi experiencia social, otra cualidad: la valentía de luchar al lado de la valentía de amar.
La valentía como virtud no es algo que se encuentre fuera de mí mismo. Como superación de mi miedo, ella lo implica.
En primer lugar, cuando hablamos del miedo debemos estar absolutamente seguros de que estamos hablando sobre algo muy concreto. Es decir que el miedo no es una abstracción. En segundo lugar, creo que debemos saber que estamos hablando de una cosa muy normal. Otro punto que me viene a la mente es que, cuando pensamos en el miedo, llegamos a reflexionar sobre la necesidad de ser muy claros respecto a nuestras opciones, lo cual exige ciertos procedimientos y prácticas concretas que son las propias experiencias que provocan el miedo.
A medida que tengo más y más claridad sobre mi opción, sobre mis sueños, que son sustantivamente políticos y adjetivamente pedagógicos, en la medida en que reconozco que como educador soy un político, también entiendo mejor las razones por las cuales tengo miedo y percibo cuánto tenemos aún por andar para mejorar nuestra democracia. Es que al poner en práctica un tipo de educación que provoca de manera crítica la conciencia del educando, necesariamente trabajamos contra algunos mitos que nos deforman. Al cuestionar esos mitos también enfrentamos al poder dominante, puesto que ellos son expresiones de ese poder, de su ideología.
Cuando comenzamos a ser asaltados por miedos concretos, tales como el miedo a perder el empleo o a no alcanzar cierta promoción, sentimos la necesidad de poner ciertos límites a nuestro miedo. Antes que nada reconocemos que sentir miedo es manifestación de que estamos vivos. No tengo que esconder mis temores. Pero lo que no puedo permitir es que mi miedo me paralice. Si estoy seguro de mi sueño político, debo continuar mi lucha con tácticas que disminuyan el riesgo que corro. Por eso es tan importante gobernar mi miedo, educar mi miedo, de donde nace finalmente mi valentía. Por eso es que no puedo por un lado negar mi miedo y por el otro abandonarme a él, sino que preciso controlarlo, y es en el ejercicio de esta práctica donde se va construyendo mi valentía necesaria.
Es por esta razón que hay miedo sin valentía, que es el miedo que nos avasalla, que nos paraliza, pero no hay valentía sin miedo, que es el miedo que, «hablando» de nosotros como gente, va siendo limitado, sometido y controlado.
Otra virtud es la tolerancia. Sin ella es imposible realizar un trabajo pedagógico serio, sin ella es inviable una experiencia democrática auténtica; sin ella, la práctica educativa progresista se desdice. La tolerancia, sin embargo, no es una posición irresponsable de quien juega el juego del «hagamos de cuenta».
Ser tolerante no significa ponerse en connivencia con lo intolerable, no es encubrir lo intolerable, no es amansar al agresor ni disfrazarlo. La tolerancia es la virtud que nos enseña a convivir con lo que es diferente, a aprender con lo diferente, a respetar lo diferente.
En un primer momento parece que hablar de tolerancia es casi como hablar de favor. Es como si ser tolerante fuese una forma cortés, delicada, de aceptar o tolerar la presencia no muy deseada de mi contrario. Una manera civilizada de consentir en una convivencia que de hecho me repugna. Eso es hipocresía, no tolerancia. Y la hipocresía es un defecto, un desvalor. La tolerancia es una virtud. Por eso mismo si la vivo, debo vivirla como algo que asumo. Como algo que me hace coherente como ser histórico, inconcluso, que estoy siendo en una primera instancia, y en segundo lugar, con mi opción político-democrática. No veo cómo podremos ser democráticos sin experimentar, como principio fundamental, la tolerancia y la convivencia con lo que nos es diferente.
Nadie aprende tolerancia en un clima de irresponsabilidad en el cual no se hace democracia. El acto de tolerar implica el clima de establecer límites, de principios que deben ser respetados. Es por esto por lo que la tolerancia no es la simple connivencia con lo intolerable. Bajo el régimen autoritario, en el cual se exacerba la autoridad, o bajo el régimen licencioso, en el que la libertad no se limita, difícilmente aprenderemos la tolerancia. La tolerancia requiere respeto, disciplina, ética. El autoritario, empapado de prejuicios sobre el sexo, las clases, las razas, jamás podrá ser tolerante si antes no vence sus prejuicios. Por esta razón el discurso progresista del prejuiciado, en contraste con su práctica, es un discurso falso. Es por esto también que el cientificista es igualmente intolerante, porque toma o entiende la ciencia como la verdad última y nada vale fuera de ella, pues es ella la que nos da la seguridad de la que no se puede dudar. No hay cómo ser tolerantes si estamos inmersos en el cientificismo, cosa que no debe llevarnos a la negación de la ciencia.
Me gustaría ahora agrupar la decisión, la seguridad, la tensión entre la paciencia y la impaciencia y la alegría de vivir como cualidades que deben ser cultivadas por nosotros si somos educadores y educadoras progresistas.
La capacidad de decisión de la educadora o del educador es absolutamente necesaria en su trabajo formador. Es probando su habilitación para decidir como la educadora enseña la difícil virtud de la decisión. Difícil en la medida en que decidir significa romper para optar. Ninguno decide a no ser por una cosa contra la otra, por un punto contra otro, por una persona contra otra. De ahí que toda opción que sigue a una decisión exija una meditada evaluación en el acto de comparar para optar por uno de los posibles polos, personas o posiciones. Y es la evaluación, con todas las implicaciones que ella genera, la que finalmente me ayuda a optar.
Decisión es ruptura no siempre fácil de ser vivida. Pero no es posible existir sin romper, por más difícil que nos resulte romper. Una de las deficiencias de una educadora es la incapacidad de decidir. Su indecisión, que los educandos interpretan como debilidad moral o como incompetencia profesional. La educadora democrática, sólo por ser democrática, no puede anularse; al contrario, si no puede asumir sola la vida de su clase tampoco puede, en nombre de la democracia, huir de su responsabilidad de tomar decisiones. Lo que no puede hacer es ser arbitraria en las decisiones que toma. El testimonio de no asumir su deber como autoridad, dejándose caer en la licencia, es sin duda más funesto que el de extrapolar los límites de su autoridad.
Hay muchas ocasiones en las que el buen ejemplo pedagógico, en la dirección de la democracia, es tomar la decisión junto con los alumnos después de analizar el problema. En otros momentos en los que la decisión a tomar debe ser de la esfera de la educadora, no hay por qué no asumirla, no hay razón para omitirla.
La indecisión delata falta de seguridad, una cualidad indispensable a quien sea que tenga la responsabilidad del gobierno, no importa si de una clase, de una familia, de una institución, de una empresa o del Estado.
Por su parte, la seguridad requiere competencia científica, claridad política e integridad ética. No puedo estar seguro de lo que hago si no sé cómo fundamentar científicamente mi acción o si no tengo por lo menos algunas ideas de lo que hago, de por qué lo hago y para qué lo hago, si sé poco o nada en favor de qué o de quién, en contra de qué o de quién, hago lo que estoy haciendo o haré. Si esto no me conmueve para nada, si lo que hago hiere la dignidad de las personas con las que trabajo, si las expongo a situaciones bochornosas que puedo y debo evitar, mi insensibilidad ética, mi cinismo me contraindican para encarnar la tarea del educador, tarea que exige una forma críticamente disciplinada de actuar con la que la educadora desafía a sus educandos. Forma disciplinada que tiene que ver, por un lado, con la competencia que la maestra va revelando a sus alumnos, discreta y humildemente, sin alharacas arrogantes, y por otro lado con el equilibrio con el que la educadora ejerce su autoridad —segura, lúcida, determinada—.
Nada de eso, sin embargo, puede concretarse si a la educadora le falta el gusto por la búsqueda permanente de la justicia. Nadie puede prohibirle que le guste más un alumno que otro por x razones. Es un derecho que tiene. Lo que ella no puede es emitir el derecho de los otros a favor de su preferido.
Existe otra cualidad fundamental que no puede faltarle a la educadora progresista y que exige de ella la sabiduría con la que debe entregarse a la experiencia de vivir la tensión entre la paciencia y la impaciencia. Ni la paciencia por sí sola ni la impaciencia solitaria. La paciencia por sí sola puede llevar a la educadora a posiciones de acomodación, de espontaneísmo, con lo que niega su sueño democrático. La paciencia desacompañada puede conducir a la inmovilidad, a la inacción. La impaciencia por sí sola, por otro lado, puede llevar a la maestra a un activismo ciego, a la acción por sí misma, a la práctica en que no se respetan las relaciones necesarias entre la táctica y la estrategia. La paciencia aislada tiende a obstaculizar la consecución de los objetivos de la práctica haciéndola «tierna», «blanda» e inoperante. En la impaciencia aislada, amenazamos el éxito de la práctica que se pierde en la arrogancia de quien se juzga dueño de la historia. La paciencia sola se agota en el puro blablá; la impaciencia a solas, en el activismo irresponsable.
La virtud no está, pues, en ninguna de ellas sin la otra sino en vivir la permanente tensión entre ellas. Está en vivir y actuar impacientemente paciente, sin que jamás se dé la una aislada de la otra.
Junto con esa forma de ser y de actuar equilibrada, armoniosa, se impone otra cualidad que vengo llamando parsimonia verbal. La parsimonia verbal está implicada en el acto de asumir la tensión entre paciencia e impaciencia. Quien vive la impaciente paciencia difícilmente pierde, salvo casos excepcionales, el control de lo que habla, raramente extrapola los límites del discurso ponderado pero enérgico. Quien vive con preponderancia la paciencia, apenas ahoga su legítima rabia, que expresa en un discurso flojo y acomodado. Quien por el contrario es sólo impaciencia tiende a la exacerbación en su discurso. El discurso del paciente siempre es bien comportado, mientras que el discurso del impaciente en general va más allá de lo que la realidad misma soportaría.
Ambos discursos, tanto el muy controlado como el carente de toda disciplina, contribuyen a la preservación del statu quo. El primero por estar mucho más acá de la realidad; el segundo por ir más allá del límite de lo soportable.
El discurso y la práctica benevolentes del que es sólo paciente en la clase hace pensar a los educandos que todo o casi todo es posible. Existe una paciencia casi inagotable en el aire. El discurso nervioso, arrogante, incontrolado, irrealista, sin límite, está empapado de inconsecuencia, de irresponsabilidad.
Estos discursos no ayudan en nada a la formación de los educandos. Existen además los que son excesivamente equilibrados en sus discursos pero de vez en cuando se desequilibran. De la pura paciencia pasan inesperadamente a la impaciencia incontenida, creando en los demás un clima de inseguridad con resultados indiscutiblemente pésimos.
Existe un sinnúmero de madres y padres que se comportan así. De una licencia en la que el habla y la acción son coherentes pasan, al día siguiente, a un universo de desatinos y órdenes autoritarias que dejan a sus hijos e hijas estupefactos, pero principalmente inseguros. La ondulación del comportamiento de los padres limita en los hijos el equilibrio emocional que precisan para crecer. Amar no es suficiente, precisamos saber amar.
Me parece importante, reconociendo que las reflexiones sobre las cualidades son incompletas, discutir un poco sobre la alegría de vivir, como una virtud fundamental para la práctica educativa democrática.
Es dándome por completo a la vida y no a la muerte —lo que ciertamente no significa, por un lado, negar la muerte, ni por el otro mitificar la vida— como me entrego, con libertad, a la alegría de vivir. Y es mi entrega a la alegría de vivir, sin esconder la existencia de razones para la tristeza en esta vida, lo que me prepara para estimular y luchar por la alegría en la escuela.
Es viviendo —no importa si con deslices o incoherencias, pero sí dispuesto a superarlos— la humildad, la amorosidad, la valentía, la tolerancia, la competencia, la capacidad de decidir, la seguridad, la ética, la justicia, la tensión entre la paciencia y la impaciencia, la parsimonia verbal, como contribuyo a crear la escuela alegre, a forjar la escuela feliz. La escuela que es aventura, que marcha, que no le tiene miedo al riesgo y que por eso mismo se niega a la inmovilidad. La escuela en la que se piensa, en la que se actúa, en la que se crea, en la que se habla, en la que se ama. Se adivina aquí la escuela que apasionadamente le dice sí a la vida, y no la escuela que enmudece y me enmudece.
Realmente, la solución más fácil para enfrentar los obstáculos, la falta de respeto del poder público, el arbitrio de la autoridad antidemocrática es la acomodación fatalista en la que muchos de nosotros nos instalamos.
«¿Qué puedo hacer, si siempre ha sido así? Me llamen maestra o me llamen tía continúo siendo mal pagada, desconsiderada, desatendida. Pues que así sea». Ésta en realidad es la posición más cómoda, pero también es la posición de quien renuncia a la lucha, a la historia. Es la posición de quien renuncia al conflicto sin el cual negamos la dignidad de la vida. No hay vida ni existencia humana sin pelea ni conflicto. El conflicto hace nacer nuestra conciencia. Negarlo es desconocer los mínimos pormenores de la experiencia vital y social. Huir de él es ayudar a la preservación del statu quo.
Por eso no veo otra salida que no sea la de la unidad en la diversidad de intereses no antagónicos de los educadores y de las educadoras en defensa de sus derechos. Derecho a su libertad docente, derecho a hablar, derecho a mejores condiciones de trabajo pedagógico, derecho a un tiempo libre remunerado para dedicarse a su permanente capacitación, derecho a ser coherente, derecho a criticar a las autoridades sin miedo de ser castigadas —a lo que corresponde el deber de responsabilizarse por la veracidad de sus críticas—, derecho a tener el deber de ser serios, coherentes, a no mentir para sobrevivir.
Es preciso que luchemos para que estos derechos sean, más que reconocidos, respetados y encarnados. A veces es preciso que luchemos junto al sindicato y a veces contra él si su dirigencia es sectaria, de derecha o de izquierda. Pero a veces también es preciso que luchemos como administración progresista contra las rabias endemoniadas de los retrógrados, de los tradicionalistas —entre los cuales algunos se juzgan progresistas— y de los neoliberales, para quienes la historia terminó en ellos.
Fuente: https://www.bloghemia.com/

10 diferencias entre un profesor y un maestro

¿Recuerdas al personaje Clément Mathieu, de la película Los Coristas?

No sé si llegaste a ver este film, pero te lo recomiendo. El personaje de Mathieu es un músico docente que es asignado a un internado para menores con mala conducta o huérfanos.

Cuando llega a la institución, descubre que el director, el Sr. Rachin, es terriblemente severo con los jóvenes y a todo le aplica la ley de acción (un acto indebido) y reacción (un castigo).

Mathieu empieza a entender a los chicos y cambia la pedagogía, les trata como personas y no como delincuentes y les propone crear un coro como símbolo de unión entre todos.

Con paciencia y dedicación, los niños aceptan la nueva tarea y empiezan a colaborar unos con otros. Poco a poco, aprenden cosas nuevas, sintiéndose reconocidos y motivados.

El trasfondo de esta película es maravilloso, muestra el valor del perdón, de la caridad y la compasión, y una persona que dirige el cambio, el Sr. Mathieu.

Este personaje no solo cumplía su papel de enseñarles música sino que quería guiarlos a nuevas experiencias que los formaran como seres humanos. ¡Y eso es exactamente lo que hace un maestro!

Todos hemos tenido maestros y profesores. Los dos están muy capacitados en sus materias de estudio, pero existen diferencias entre ellos, aspectos que van más allá de lo puramente académico. Por eso hoy quiero hablarte de esas diferencias.

A continuación te comparto diez de ellas.

10 Diferencias entre profesor y maestro

1.- Amabilidad

Dice un refrán anónimo: “La vida es como un espejo, tenemos mejores resultados cuando sonreímos”. Un buen maestro sonríe, se involucra positivamente con sus alumnos, sabe que la mejor forma de relacionarse es a través del respeto, la cordialidad, la compasión y la amabilidad.

2.- Autoridad

Si bien es cierto que un maestro debe ser amable, también tiene que tomar el control de la clase. Su rol es marcar límites y establecer equilibrios. Un maestro no es un tirano ni es autoritario sino que entiende la psicología de los alumnos y logra darse a respetar.

3.- Entrega

Una de las características más importantes de un maestro, es su entrega, su vocación por enseñar. Un profesor enseña la lección y quiere irse pronto a casa. Un maestro está involucrado con el salón, no le importa hablar con sus alumnos después de clases, les transmite pasión por descubrir cosas nuevas, se emociona así mismo y a los alumnos.

4.- Paciencia

La paciencia es necesaria para un mejor entendimiento. El rol del maestro es asegurarse que cada alumno internalice lo que se le está enseñando, que entienda la lógica del tema. Pero no todos van al mismo ritmo, por eso la paciencia es fundamental.

5.- Comunicación

Un maestro no se conforma con emitir un concepto, sino que interactúa con los jóvenes, habla con ellos para saber cómo se sienten, conocer sus expectativas y buscar soluciones en conjunto. Un profesor actúa más bien como un orador, un maestro sabe que la retroalimentación es necesaria. También participa en reuniones con otros docentes y con los padres de los alumnos.

6.- Creatividad

Un profesor simplemente se apega a un plan de evaluación de acuerdo al tema que se esté enseñando. Un maestro investiga formas creativas por medio de las cuales introducir temas, que aunque sean difíciles, llamarán la atención de todos.

7.- Capacidad de trabajo

Un maestro sabe como planificar su tiempo y organiza sus actividades de forma exitosa. Cumple con los plazos establecidos para entregar las correcciones.

8.- Observación

El verdadero maestro observa, está atento a sus alumnos. Detecta problemas y fallas para luego poder buscarles soluciones. Un profesor no presta atención a sus alumnos, no los conoce.

9.- Motivación

La motivación es una característica intrínseca de la vocación. Un maestro motivado es una gran inspiración para sus estudiantes y su actitud se contagia.

10.- Preparación

El maestro conoce muy bien la temática que debe enseñar y todos los días se sigue instruyendo para dar lo mejor de sí.

Fuente: https://www.emprendejoven.cl/

La evaluación de los formadores de docentes ¿Debería ser más rigurosa?

Por: Bilda Valentín-Martínez

No cabe duda que la formación es una acción que debe ser evaluada de manera permanente en busca de la mejora constante. Los sistemas educativos de este y de diversos países tienen establecidas las evaluaciones del personal docente de todos los niveles y grados. La educación superior no escapa de este tipo de actividad. Sin embargo, desde este texto se llama a la reflexión acerca de si estas valoraciones deben ser iguales para todos los maestros de las diferentes carreras universitarias o si los profesionales que forman maestros deben tener otras distinciones.

El formador de formadores

Con ese término se ha denominado a los profesionales de educación que forman a los futuros maestros. Significa que es un profesional que enseña a otro para ejercer su misma función, lo que implica que sus acciones servirán de modelo para perfilar ese nuevo profesional de la educación.

Jiménez (1999) destaca que el término formador hace referencia a toda persona que de alguna manera tiene relación con la formación desde una perspectiva de la responsabilidad de la concepción o de la realización de esta actividad.

En este sentido, quienes forman a los futuros maestros deberán tener unas competencias con aspectos muy definidos y con unos niveles de exigencias mayores que quienes forman otros tipos de profesionales. Es por ello, que, se plantea un perfil competencial vinculado con diferentes contextos tanto profesional, cultural como el escenario universitario. Es así, como el contexto de clase se convierte en un aula – laboratorio en el cual los futuros docentes se verán reflejados.

Autores como Mas Torelló (2011) plantean que para valorar el trabajo del profesorado universitario es relevante tener claro cuáles son las competencias de este profesional y es por esto que, también señala que debería ser evaluado desde tres contextos: el aula, el contexto socioprofesional y cultural y por último el institucional al cual pertenece.

Importancia de la evaluación

La evaluación de las acciones de un docente es relevante si se quieren mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Cuando se trata de evaluar al profesor universitario, la situación puede ser un poco más compleja. Sin embargo, si se realiza con precisión y de manera objetiva, esta puede ser una herramienta útil para optimizar el servicio que ofrece la institución de educación superior.

Unas de las complejidades de las evaluaciones se dan cuando de los resultados de estas se toman decisiones que tienen que ver con la permanencia o no en espacios laborales. Sin embargo, de acuerdo a Torrecilla (2008) la evaluación es un magnífico instrumento que permite confirmar el nivel de desempeño de los profesionales de la educación superior y por supuesto dentro de estos los formadores de maestros.

Es relevante evaluar el desempeño de los formadores de docentes, ya que al momento de hacer esto, los alumnos son competentes de esbozar ese perfil que debe poseer un buen formador y verse reflejado en este. Es así como señala Alonso (2019), que un excelente maestro debe tener domino de manera adecuada de los contenidos científicos que enseñará, pero, también, debe acompañar al estudiante en la búsqueda y análisis de la información dándole oportunidad para que sea participativo y autónomo en su propio proceso de enseñanza y aprendizaje.

La evaluación del formador de profesores: una acción que debe ser exhaustiva

La evaluación del formador de docentes indiscutiblemente debe ser mucho más rigurosa que las de otros profesores universitarios, puesto que los futuros maestros deben ir construyendo un modelo de profesor que incidirán en su comportamiento cuando sean profesionales (Alonso, 2019). En este sentido, los profesores en formación, no solo darán importancia a las capacidades académicas y profesionales de sus formadores, sino también a las personales.

Partiendo de lo anterior, se vislumbra la necesidad de que las instituciones de educación superior, definan un perfil de formadores de maestros que esté articulado con el modelo educativo de la universidad, de manera que oriente la mejora del quehacer pedagógico (Vásquez, y Gabalán, 2006).

Se parte de la premisa de que los formadores de profesores desarrollen competencias en sus estudiantes, pero también es preciso que posean las habilidades y destrezas para lograr que estos futuros maestros adquieran estas competencias. Esto implica que evaluar el desempeño de los formadores de profesores puede ofrecer indicios relevantes sobre qué fortalezas pueden mantenerse y cuáles habría que reexaminar.

Se puede destacar que los futuros profesores necesitan tener formadores cualificados en la disciplina que imparten, de manera que ellos mismos se vean expresados en el accionar de sus maestros y vayan diseñando ese perfil ideal de profesional de la docencia. Por otro lado, aunque posiblemente los estudiantes universitarios de la carrera de educación todavía no posean tantas experiencias enseñando, pueden poseer capacidades para identificar características relevantes que debe tener un buen profesor formador de otros.

Evaluar las competencias del formador de profesores requiere contextualizar las capacidades y habilidades de acuerdo a las necesidades que se observan en los escenarios de la universidad de este tiempo. En este sentido, Ruiz-Corbella y Aguilar-Feijoo (2017), afirman que el profesor universitario deber ser competente para autoevaluar el nivel de logro de sus propias capacidades, lo que posibilitará identificar aquellas de las que posee mayor y menor dominio y reconocer de esta forma sus necesidades formativas.

Por la naturaleza de su labor de formador de profesores, este profesional, es el más idóneo para promover una cultura evaluadora, de manera que esta acción esté comprometida con su desarrollo profesional. De ahí que, resulta relevante que todas las instituciones de educación superior que formen maestros en el país, instauren de manera sistemática y permanente un proceso de evaluación y autoevaluación de los docentes universitarios que forman maestros.

(+) Fuentes

Alonso Martín, P. (2019). El perfil del buen docente universitario según la valoración de alumnos de Magisterio y Psicopedagogía. Perfiles educativos41(164), 65-81. DOI: https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2019.164.58906

Jiménez Jiménez, B. (1999). Formación continua y nuevas tecnologías: una visión didáctico-comunicativa. In EDUTEC 99. IV Congreso de Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación para la educación. Nuevas tecnologías en la formación flexible y a distancia. (1999), Universidad de Sevilla. Secretariado de Recursos Audiovisuales y Nuevas Tecnologías.

Mas Torelló, Óscar (2014), “Las competencias del docente universitario: la percepción del alumno, de los expertos y del propio protagonista”, Profesorado. Revista de Currículum y Formación de Profesorado, vol. 18, núm. 3, pp. 255-273

Ruiz-Corbella, Marta y Aguilar-Feijoo, Ruth-Mercedes (2017), “Competencias del profesor universitario: elaboración y validación de un cuestionario de autoevaluación”, Revista iberoamericana de educación superior, vol.8, núm. 21, pp. 37-65.

Torrecilla, F. J. M. (2008). La evaluación del profesorado universitario en España. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa1(3), 29-45.

Vásquez Rizo, F. E. y Gabalán Coello, J. (2006). Percepciones estudiantiles y su influencia en la evaluación del profesorado. Un caso en la Universidad Autónoma de Occidente, Cali-Colombia. RELIEVE, v. 12, n. 2, p. 219-245. http://www.uv.es/RELIEVE/v12n2/RELIEVEv12n2_3.htm

Disciplina positiva en la escuela – Guía de apoyo para docentes

El instructivo que les presentamos, y por supuesto el taller del cual se desprende, intenta integrar el conjunto de procesos relacionales que están en juego en el momento en que el o la docente enfrenta la tarea cotidiana de formar al o la estudiante como persona. Tomar en cuenta cada uno de los factores resulta determinante cuando se trata de desarrollar una mirada positiva y sana de la disciplina.

El abordaje de la disciplina es un proceso complejo que comienza con la de-construcción de muchos imaginarios: creencias, rasgos, aprendizajes sobre la educación de niño, niñas y adolescentes, necesidades y características de esta etapa del desarrollo, que obstaculizan la vivencia de climas y contextos armoniosos para poder crecer. 

En este sentido es de suma importancia que junto al oficio de deconstrucción se puedan realizar ejercicios vivenciales como propuestas y nuevos modos de hacer vinculados a la tarea de la disciplina positiva en los centros educativos. Por eso se reviste de vital importancia conocer las actitudes de los docentes, su estilo de comunicación, la metodología que utiliza e incluso aquellos recursos para que el aprendizaje y la disciplina acontezca en sus salones de clases. 

Las sesiones que se proponen en la siguiente guía se encaminan a fortalecer los procesos de acompañamiento de los estudiantes y se proporcionan en este sentido herramientas psicopedagógicas para vivirlas y acompañar a partir de ellas a los niños, niñas y adolescentes de las escuelas. 

Es importante conocer que el marco conceptual de las mismas está sustentado en la Teoría de los Sistemas, que invita a reconocer la interacción dinámica que acontece entre los distintos factores que sostienen el aprendizaje, la teoría constructivista, donde el estudiante no es un sujeto pasivo, sino que construye su propio aprendizaje con la ayuda de otros y otras y el enfoque de competencias del sistema educativo dominica que entiende que los sujetos deben desarrollar capacidades para actuar en contextos diversos, movilizando de forma integrada conceptos, procedimientos, actitudes y valores. 

La disciplina positiva en la escuela es una oportunidad para que el docente se ayude a crecer. 

Disciplina-Positiva_-en-la-Escuela-Guia-de-apoyo-para-docentes.-WEB

Fuente: educando.edu.do

El profesor de matemáticas que triunfa en Youtube

Con 4.018.698 visualizaciones de su video más visto, el profesor Bernardo Acevedo Frías, pensionado de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales, ya cuenta con casi 30.000 suscriptores en cerca de 40 países.

Gracias al apoyo de sus tres hijos, este docente pensionado de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, graba diariamente una gran cantidad de videos en los que explica complejos problemas matemáticos para facilitarles la comprensión y aplicación a los estudiantes que lo siguen en su canal.

Su hija Valentina Acevedo, publicista y diseñadora gráfica, le dio vida hace cuatro años al canal de YouTube “1ª con Berni”, como una forma compartir conocimientos matemáticos con el mundo.

Acompañado de su fiel escucha, Póker, un bull dog francés, el maestro Bernardo Acevedo deja el registro de su saber en internet mediante contenidos enfocados en esta asignatura, convirtiéndose así en el “profesor Youtuber”.

Por medio de listas de reproducción ordenadas por temas, los seguidores del canal pueden avanzar en el conocimiento que ya no solo pertenece a las aulas de clases, sino a todo aquel que reproduzca sus videos en “1ª con Berni”.

Una cámara de video, un par de luces, un tablero y un marcador son los instrumentos con los que el maestro lleva a cabo su aporte a la comunidad.

“Desde que tenga internet, cualquier persona puede ver mis videos las veces que quiera en cualquier lugar del mundo y descargarlos sin que le cueste un peso, este es el servicio social que prestamos”, afirmó.

Para la realización audiovisual, el profesor dispone de las ocho horas laborales para grabar, editar el material y subir los clips, que pueden ser 15 al día, los cuales se cargan en la plataforma de internet para que los estudiantes tengan un orden, sin esperar para aprender o entender el siguiente problema.

Según las estadísticas del canal, registradas por YouTube, su mayor público se encuentra entre los 18 y 24 años, dato que satisface al influencer de la matemática, pues considera que con su pasión está ayudando a miles de universitarios alrededor del mundo a convertirse en mejores profesionales.

Actualmente el canal “1ª con Berni” cuenta con 3.600 videos organizados en listas de reproducción, así: matemática básica, cálculo diferencial,  cálculo integral, cálculo vectorial, álgebra lineal, ecuaciones diferenciales y aplicaciones de la matemática.

Desde Colombia, pasando por Perú, México, Chile, y hasta Emiratos Árabes Unidos, los suscriptores al canal del profesor Bernardo Acevedo también encuentran contenido de la aplicación de la matemática en las ingenierías, la administración de sistemas y otras carreras en las que las ciencias exactas son indispensables.

Cada minuto aumentan las reproducciones de sus productos y los miles de usuarios agradecen el trabajo ordenado y constante que el profesor realiza en el canal.

“¡Muchas gracias profe!, siempre complemento sus videos con los libros de texto, me ayudan muchísimo… Una pregunta, ¿en algún momento hará el curso de variable compleja? ¡Saludos desde Chile!”.

“Desde que descubrí su canal siempre es mi fuente de consulta, gran explicación; es como llevar un curso en la U., prácticamente; muy completo. Espero siga subiendo más videos. Gracias maestro Berni”.

Estos son algunos de los mensajes que recibe a diario en su canal el profe youtuber de la UNAL y que lo estimulan para seguir adelante con este valioso aporte académico en la red.

Fuente: elexpectador.com

Observación entre maestros: ¿Cómo presentar una clase como docente observado?

La observación entre maestros es una herramienta valiosa que permite aprender a través de le realimentación. Es evidente que un docente necesita del acompañamiento de sus pares para poder identificar de manera más completa las fortalezas y áreas de oportunidad de su práctica. Cuando un maestro realiza un autoanálisis de su labor, existen algunos aspectos que le son difíciles de percibir, por lo que el acompañamiento entre pares a través de la observación de clase, es un  elemento fundamental en la búsqueda de mejoras.

De igual manera, se trata de un proceso que se establece con el fin de resolver problemáticas de enseñanza y aprendizaje que han sido difíciles de solucionar en el aula. El proceso parte de la obtención de información en contexto y tiempo real, producto de analizar cómo abordan un tema complejo los maestros a observar; cómo desarrollan, organizan y plantean el contenido de una asignatura; cómo interactúan y crean con los alumnos ambientes propicios para el aprendizaje; cómo aprovechan los recursos didácticos, y cómo se manejan en el salón de clases.

El hecho de observar una clase como proceso tiene una intención y el compromiso de mirar sin prejuicio una realidad, no para juzgarla, sino para comprenderla y establecer opciones de solución a partir del intercambio, del modelaje, de la experiencia y del análisis.

Beneficios de la observación entre maestros

  • Dar la oportunidad de mirar la manera en que enseñan otros colegas, negocian el contenido que abordan, utilizan materiales e integran a los alumnos en la clase.
  • Expresar y recibir comentarios sobre las formas de enseñanza.
  • Reconocer los estilos propios de enseñanza.
  • Reflexionar sobre la práctica de uno mismo en un ambiente de reciprocidad.
  • Estudiar y observar con otros colegas que no sólo se conocen, sino que comparten una misma problemática.
  • Contribuir a la construcción de una cultura de cooperación profesional.

¿Qué debemos hacer en una observación de clase entre maestros?

Antes:

Difundir y analizar el propósito de la estrategia, para que todos los maestros lo comprendan.

Identificar y socializar el papel de los participantes durante la observación.

Preparar la sede y los espacios para la observación de clase entre maestros.

Establecer claramente los aspectos en que centrará la observación

El maestro que será observado planea la clase que se observará, de acuerdo con la manera en que lo hace cotidianamente. Organiza los materiales con los que habrá de apoyarse durante la clase. Así mismo, comparte con sus alumnos el propósito de su participación y el papel que habrán de desempeñar

Durante:

El docente observador no establece comunicación ni con el maestro observado ni con sus compañeros observadores, así como con ninguno de los alumnos. Sigue el desarrollo de la clase y registra sus percepciones y comentarios en el guion correspondiente.

El docente observado explica el aprendizaje esperado que desarrollará en la clase a los maestros observadores y a los alumnos. Desarrolla su clase de acuerdo con la planeación elaborada. No dialoga con los maestros observadores y evita la interrupción de la secuencia programada de actividades. Concluye la clase según lo programado, agradece y se despide de los alumnos como lo hace cotidianamente.

Después:

El docente observador organiza y sistematiza la información registrada en el guion de observación de clase. Establece un diálogo con el docente observado a partir de intercambiar un conjunto de reflexiones, ideas y experiencias que contribuyan a la solución del problema de enseñanza y aprendizaje. Hace los comentarios y sugerencias de una manera profesional, respetuosa y ceñida a los rubros motivo de la observación. Registra lo que, a partir del diálogo con el maestro observado, enriquece y mejora su propia práctica.

El docente observado externa su experiencia como maestro bajo observación. Establece una actitud receptiva ante los comentarios, reflexiones, ideas y experiencias que reciba. Registra lo que, a partir del diálogo con los observadores, enriquece y mejora su práctica.

¿Cómo presentar la clase como maestro observado?

Sabemos que, independientemente del tiempo que se tenga laborando como docente, siempre causa un poco de inquietud o inseguridad el presentar una clase frente a otros compañeros docentes, directores o supervisores. Como se señala líneas arriba, es tarea del maestro observado preparar una planeación, prever lo materiales y los tiempos.

Por ello a continuación te presentamos algunas recomendaciones que te ayudarán a preparar una buena clase, están establecidas de acuerdo a los guiones de observación que habitualmente se emplean para este tipo de procesos:

Con respecto al contenido o tema  abordado

-Toma en cuanto los saberes previos de los alumnos

-Contextualiza el tema o contenido (relaciónalo con la realidad y los intereses de los alumnos)

– Domina el tema o contenido (Si tienes algunas dudas en cuanto al tema o contenido repásalo previamente)

-Acompaña a los alumnos

-Trabaja el contenido o tema con la profundidad requerida de acuerdo al grado escolar

En relación a la planeación de la secuencia didáctica

-Utiliza actividades con verdadera intencionalidad pedagógica (actividades que favorezcan el aprendizaje)

-Planea una secuencia didáctica congruente con el tema o contenido

-Incluye en la secuencia didáctica actividades que favorezcan el logro del aprendizaje

-Incluye en la secuencia didáctica la elaboración de productos tangibles o intangibles que evidencien el logro del aprendizaje

-Propón  actividades que promuevan el planteamiento de preguntas, el debate, la exposición o demostración de los alumnos.

Si tienes dudas acerca de cómo estructurar una secuencia didáctica te presentamos la siguiente recomendación:

En cuanto a las interacciones con los alumnos y ambientes propicios para el aprendizaje

-Emplea en momentos oportunos el llamado el orden y la disciplina para mantener el control del grupo

-Organiza a los alumnos acorde con la naturaleza de las actividades

-Conforma equipos en los que todos participen e interactúen

-Ten apertura y atención a las solicitudes e incorpora  a quienes no estén participando

-Emplea distintos espacios (aula, patio de la escuela, biblioteca)

-Promueve un ambiente de colaboración y respeto y mantenlo durante toda la clase

En lo referente al aprovechamiento de los recursos didácticos

-Utiliza recursos didácticos adecuados y pertinentes al tema y contexto que contribuyan al logro del aprendizaje

-Emplea recursos didácticos que favorezcan la elaboración de productos o evidencias de aprendizaje

-Pon a disposición de todos los alumnos los recursos didácticos

-Establece consignas claras para el uso de los recursos didácticos y apoya a los alumnos que lo necesitan

Estas recomendaciones están consideradas a partir de los guiones y listas de cotejo que habitualmente se emplean para los procesos de observación entre maestros, por lo que el seguirlas te ayudará a planear una clase óptima. Recuerda que más allá de presentar una clase “coreografiada”, el objetivo siempre debe ser el obtener información y realimentación a partir de la realidad, para así poder mejorar, por lo que te sugiero que estas orientaciones las tomes con el fin de obtener más confianza y seguridad al ser observado, pero que no pierdas de vista el propósito principal tanto para el observado como para los observadores, que es el reflexionar sobre la propia práctica.

Fuente: docentesaldia.com

Consejos para el cuidado de la salud del docente

Sabía que el 18% de los docentes reportaron haber padecido dolores en la zona lumbar. Los docentes de nivel inicial son los que más reportan haber adoptado posturas físicas incómodas durante su labor pedagógica.

Estimados maestros y maestras, diversos estudios en todo el mundo han señalado que los dolores en la parte baja de la espalda, o zona lumbar, constituyen una de las afecciones al sistema osteomuscular de mayor frecuencia entre docentes. Diversas actividades pedagógica pueden originar estos dolores en la zona lumbar (lumbalgia).

A continuación algunos consejos y recomendaciones para que puedas prevenir este tipo de afecciones a tu salud y desempeñes de manera óptima.

¿Qué es la zona lumbar y cuáles son sus afecciones?

La zona lumbar de la columna vertebral está conformada por cinco vertebras ubicadas en la parte baja de la espalda. Usualmente, cuando se presentan dolores en esta parte de la espalda nos referimos a la lumbalgia, que en ocasiones puede extenderse hacia las piernas, provocando la sensación de debilidad o entumecimiento en estas e incluso dificultad para caminar.

¿Qué puede causar dolores lumbares?

Los dolores de la zona inferior de la espalda o zona lumbar de la columna son producidos usualmente por las malas posturas que provocan tensión o por los movimientos repetitivos que producen fatiga muscular.  En la actividad docente existen diferentes acciones que pueden provocar estos dolores:

  • Escribir en la pizarra, papelógrafos o similares por debajo de la cintura, esto hace que se flexione constantemente la zona inferior de la espalda.
  • Mantener una misma postura sin moverse, especialmente cuando se está sentado.
  • La flexión repetitiva de la parte inferior de la espalda para atender a los estudiantes o revisar documentos que se encuentren en un mueble bajo, como el escritorio de los estudiantes.
  • Cargar objetos o elementos pesados que exceden la fuerza corporal del docente.
  • La falta del ejercicio físico y el sobrepeso incrementan la probabilidad de generar estas afecciones.

¿Mediante qué síntomas podemos detectar estas afecciones?

  • Dolores en la zona lumbar de la espalda.
  • Sensación de debilidad o entumecimiento de las piernas.
  • Dificultad para caminar.

Consejos

A continuación te brindamos algunas recomendaciones para atenuar estas afecciones:

  • En la pizarra, papelógrafo o similares, intenta escribir a la altura de tu cabeza.
  • Para agacharte, evita flexionar la parte inferior de la espalda. Hazlo flexionando las piernas.
  • Realiza desplazamientos cortos durante las clases para aligerar la tensión en los músculos.
  • Al dormir, descansa boca arriba o de costado y procura dormir entre 7 o 9 horas diarias.
  • Alterna frecuentemente la postura sentada con estar de pie.
  • Procura no cargar elementos pesados que excedan la fuerza corporal y puedan provocar alguna lesión.
  • Cuando mantengas la posición erguida, cambia el apoyo de los pies, alternando el peso del cuerpo sobre el lado derecho y luego sobre el izquierdo.
  • Realiza actividad física regularmente (practica un deporte, camina, corre, etc.), al menos durante minutos 3 veces a la semana para ayudar a reducir la tensión y el dolor muscular.

 

Fuente: webdelmaestro.cmf.com

El afiche: estructura e importancia

El afiche es un texto a través del cual se difunde un mensaje en una campaña publicitaria con la intención de promover un servicio o producto, o bien, para invitar a participar en algo o actuar de cierta forma. El objetivo es convencer al lector a adquirir el bien o servicio.

Importancia de los afiches

En la actualidad los afiches se utilizan para todo tipo de comunicación, desde afiches de cine hasta carteles de universidades, o afiches políticos, aunque la gran mayoría es para venta de productos y servicios de empresas-

En la parte educativa la importancia de los afiches radica en su propósito, el cual es informar a través del texto y la imagen un tema específico, logrando captar la atención de los los alumnos sobre un determinado tema. Por sus colores, su tamaño de letra, imagen o mensaje, tiene una gran aceptación dentro del ambiente juvenil.

Estructura de un afiche: un afiche tiene tres partes

1. Imagen y/o gráfica: todo afiche requiere de una imagen (ilustración, dibujo) que ayudará a optimizar el propósito del afiche.

2.-Texto. El Slogan (frase breve), las características del producto y/o servicio; es fundamental ya que por medio de él se entrega el mensaje.

3.-Datos del producto promocionado o de la invitación que se hace.

Estrategias para elaborar un afiche:

Antes de elaborar el afiche

Observa distintos afiches que se exhiben en el colegio y tu comunidad. Identifica en forma clara el mensaje que deseas comunicarle al receptor del afiche que debes realizar. Define el tamaño del afiche y los recursos con que cuentas para hacerlo.

Durante la elaboración del afiche

Redacta un texto breve que llame la atención del receptor por medio de los recursos expresivos del lenguaje. Precisa el texto de carácter informativo que debe llevar: lugar, día, hora, etc. Analiza y elabora los contenidos y recursos gráficos que utilizarás. Dispone y diagrama los elementos escritos y gráficos de modo que resulte un todo armónico y organizado.

Después de elaborarlo

Verifica si cumple con el objetivo que te propusiste. Se ve un todo organizado y atractivo. La ortografía está correcta. La información que incluyes es clara y precisa. Publica tu afiche en un lugar del colegio.

Trabajo domiciliario

Crear un afiches de manera grupal en número de cinco alumnos:

– Toma un tema de interés social.

– Crea un slogan impactante.

– Utiliza imágenes y colores adecuados al tema tratado.

-Publica o expone tu afiche en tu centro educativo.

Fuente: creacionliteraria.net

Las buenas escuelas la hacen los buenos profesores

Los maestros son claves para la mejora de la calidad educativa y el proceso de aprendizaje de los estudiantes. Pero ese aprendizaje debe ser de calidad. Y esa calidad depende de múltiples factores, no solo de los maestros, sino de buenas escuelas. También hay que recordar que la formación inicial y continua de los maestros es fundamental para garantizar una educación de calidad.

En las últimas décadas el concepto de ‘buena escuela’ se modificó significativamente. En el pasado estaba relacionado con la estructura física. En la actualidad, las buenas escuelas son aquellas que se preocupan por lo pedagógico. La estructura física es cada vez menos relevante, si se compara con la importancia de los proyectos educativos. La estructura física debe ser adecuada, pero como medio y no como fin, por lo cual debe dar apoyo a la realización de los proyectos socioeducativos, comunitarios y ambientales que se desarrollen.

En cualquier país, una buena escuela debe tener buenos proyectos educativos para el desarrollo de la ciudadanía, la ética y la conciencia ambiental, de modo que despierte el interés, la curiosidad y la motivación de alumnos y profesores. Asimismo, necesita tener la educación como una prioridad y el maestro ser orgullo y referencia para el pueblo.

Una buena escuela es una comunidad de padres, maestros, personal y directivos que realizan un trabajo en procura del crecimiento de sí mismos  y el de los estudiantes bajo su responsabilidad. Es aquella donde los maestros cambian en los estudiantes “eso yo no lo sé” por “tú no lo sabes todavía”. Es una escuela de “ganar-ganar”, porque logra aprendizajes significativos de contenidos relevantes en todos los alumnos; y todos aprenden lo que tienen que aprender, a su ritmo.

Definir ¿qué es una buena escuela?, aparentemente no es sencillo por los muchos aspectos que habría que considerar. Sin embargo, es simple cuando se entiende que “una buena escuela es, básicamente, una escuela que enseña. Nada más y nada menos”. Lo complejo es hacer de todas las escuelas, buenas escuelas.

La importancia de su definición es que aporta una dirección, una manera de entender e imaginar a las escuelas. No es un punto de llegada ni de comparación. Solo es un marco para que cada equipo observe y proyecte su escuela en su contexto real. “Se trata de entender a la escuela como un lugar vivo, hecho por personas para personas, un espacio perfectible, cambiante, en constante mejora”.

Una buena escuela es “Una escuela en la que todos los niños tengan la misma oportunidad de aprender, de acceder a conocimientos de calidad y relevantes para sus vidas. Una escuela en donde todos puedan ingresar sin ser discriminados y de la cual puedan graduarse con los mismos saberes y de la misma manera que cualquier otro chico de su edad. Una escuela en la que todos puedan disfrutar de adquirir, transformar, producir y transmitir conocimiento. Todos soñamos con ese lugar en donde los niños puedan realizarse como niños y los maestros y miembros de los equipos directivos puedan hacerlo como los profesionales que son” (Gvirtz, Zacarías y Abregú (2011).

Según la UNESCO, una buena escuela es aquella en la que: (a) Hay un clima favorable para el aprendizaje; (b) Los maestros y gestores son líderes animadores; (c) La violencia es reemplazada por la cultura de la paz; y (d) Hay un buen curriculum. Es “aquella que no deja de aprender en su proceso de dedicarse a enseñar” (Blejmar, 2001).

Transformar las escuelas en buenas escuelas requiere de un proceso largo de trabajo directo con cada una de ellas. Por tanto, es necesario planificar con criterios claros la agenda a seguir para alcanzar esa impostergable transformación.

Hay una gran diferencia entre una escuela y una buena escuela. Aun contando con los mismos recursos humanos, materiales y tipo de población estudiantil, existen desigualdades notables en la calidad del servicio que prestan unas y otras.

La experiencia internacional y la investigación empírica posibilitan hacer un  recuento de lo que se sabe acerca de las buenas escuelas. Estas escuelas se diferencian por su ambiente de trabajo, por la armonía entre el personal, por el compromiso de cada miembro hacia lo que realiza, entre otros aspectos comunes. A continuación, esta selección:

  1. Existe una adecuada organización del tiempo, que permite el máximo aprovechamiento para la enseñanza.
  2. El espacio y el mobiliario son suficientes y adecuados para la tarea escolar;
  3. Hay un proyecto escolar conocido y compartido por la comunidad educativa;
  4. Los directivos están presentes constantemente en la escuela y asumen el liderazgo;
  5. La enseñanza se planifica y existen estrategias de seguimiento al trabajo en el aula.
  6. La enseñanza y el aprendizaje se enriquecen con el uso de diferentes recursos didácticos y tecnológicos. Todos los alumnos disponen de materiales para trabajar. Existe una prioridad escolar en acrecentar la cantidad de libros existentes y leídos por alumno.
  7. Los directivos y docentes tienen altas expectativas  sobre su propio trabajo y el de los alumnos; se actualizan y trabajan en equipo, asumiendo responsabilidades compartidas por el aprendizaje de los alumnos.
  8. Existen procesos de detección, atención y seguimiento para alumnos con dificultades de aprendizaje. Se implementan sistemas de tutorías y estrategias de formación de habilidades para estudiar.
  9. La evaluación y la autoevaluación son elementos esenciales. La escuela se responsabiliza por los resultados que obtiene, identifica sus aciertos y errores, se preocupa por conocer la opinión de los alumnos y las familias acerca de lo que marcha bien y de lo que necesita mejorar.
  10. Se mantiene una estrecha relación con la comunidad: padres y madres de familia, instituciones externas, autoridades y otros. La escuela conoce a las familias y propicia su participación.
  11. La escuela no se limita a enseñar, sino que se propone motivar, interesar, sensibilizar y movilizar su atención para desarrollar aprendizajes significativos.
  12. La escuela atiende a todas las dimensiones del desarrollo humano: físico, afectivo y cognitivo. Se aprende a aprender e integra el desarrollo de la sensibilidad, las emociones, la ética, la identidad y el conocimiento.
  13. Es una escuela abierta que valoriza y tiene en cuenta los intereses, expectativas y conocimientos de los estudiantes. Es flexible en metodologías, modelos de evaluación, sistemas de convivencia, entre otros,
  14. Una buena escuela puede adaptarse rápidamente a las necesidades humanas y el cambio tecnológico.
  15. Las buenas escuelas saben que no pueden hacerlo todo, así que tratan de hacer lo necesario excepcionalmente bien.

Por último, una buena escuela es una escuela de calidad, inclusiva y que mejora constantemente. Tiene bajos niveles de repitencia y alto desempeño académico. Es buena en tanto logra resultados de aprendizaje de calidad en todos sus estudiantes.

Fuente: acento.com