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Cómo despertar el interés y la curiosidad en los niños

Es habitual escuchar a los padres aconsejar a sus hijos, en la puerta de la escuela antes de ingresar, “Presta atención, hazle caso a la maestra”, “Por favor concéntrate”, deseando que está vez el niño le haga caso y no genere problemas.

También se escucha a los maestros y profesores en las aulas, exigir: “¡Presten atención!”, “¡Por favor, silencio y escuchen!”, “¡¡Sentados!!”, o pedidos similares.

La atención no se pide, el silencio no se exige, la concentración no se fuerza. Son estados anímicos que se generan, se ganan, se conquistan. Si un niño tiene curiosidad, si le gusta lo que mira y le llama “la atención”, lo querrá aprender, y naturalmente, va a disponerse a escuchar en silencio, con atención y concentración.

La atención es un resultado de un proceso, de un clima del espacio en donde están niños, educadores y lo que se quiere enseñar.

Por supuesto que un maestro puede pedir y exigir respeto; también es correcto que un padre le recuerde al niño que debe ser considerado, hacer caso, prestar atención. Pero, si esto se reclama verbalmente desde afuera, el niño solo lo percibirá como un deber impuesto.

Si no hay una motivación, algo que lo toque anímicamente, no surgirá el compromiso desde adentro; a lo sumo, el niño se mostrará obediente y en aparente atención, para no recibir un castigo posterior.

¿Cómo despertar la curiosidad?

La neuroeducación es la ciencia que estudia el funcionamiento del cerebro, y aporta conocimientos para ayudar, a niños y sus educadores, en su proceso de aprendizaje y enseñanza.

La neuroeducación ha demostrado que desde la anatomía y funcionalidad del cerebro, la emoción y la razón están ligadas. Es decir, que no se puede aprender algo, si no se siente nada por ello. A lo sumo, algo puede ser memorizado abstractamente, pero si esto no tocó emocionalmente nada dentro del alumno, lo olvidará en el tiempo.

Dicho desde un lugar científico, toda información sensorial, aquello que entra por el oído, vista, olfato, tacto, gusto, antes de ser procesada por la corteza cerebral (áreas del cerebro destinadas a los procesos mentales y cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un sentido emocional: un gusto, placer, una relación con algo propio, simpatía.

Una vez que el cerebro límbico aceptó gustoso el ingreso de la información, permitirá su paso a la corteza cerebral, la cual admite el aprendizaje desde la razón.

En otras palabras, la información llega desde afuera, golpea las puertas de las emociones. Si estas se despiertan, el niño se entusiasma, siente alegría, placer por lo que escucha, ve, toca.

Si el niño se entusiasma, se interesa. Si el niño se interesa, está listo para aprender, memorizar, fijar ideas y conceptos de forma natural y no forzada.

Seguramente ustedes recordarán, en su infancia, aquel profesor o pedagogo que los llevó a dar un paseo y les enseñó sobre el ecosistema; o cuando hicieron un experimento y se sintieron tan entusiasmados que nunca olvidaron su resultado. Seguramente también recuerdan aquel maestro apasionado, que los hacía reír, los hacía sentir, y sus clases eran maravillosas, y maravillosas eras las notas de las evaluaciones, ¡y no les costaba estudiar y aprender!

Ese maestro les hizo sentir y amar lo que les quería enseñar.

Lo que enciende el aprendizaje es la emoción, que despierta curiosidad y, luego, la atención. Insisto, la atención no se puede producir simplemente demandándola, exigiéndola; menos aún, la curiosidad. Hay que despertarlas desde dentro del que aprende.

La neurociencia demuestra que es más sencillo y fácil aprender, prestar atención, despertar la curiosidad, si aquello que me quieren enseñar, me toca por adentro, me hace sentir, me despierta amor.

Cuando el amor se hace presente, los ojos de los niños brillan repletos de curiosidad y alegría, y eso es el combustible que los impulsa a aprender.

Por supuesto, sepan que puede haber otros factores afectando el cerebro del niño, e imposibilitando un proceso de aprendizaje saludable. Las horas de sueño y descanso, mala alimentación, excesivas horas frente a una pantalla, vivencias estresantes en la familia, son algunas de ellas.

Un buen docente, un docente capacitado, emocionalmente comprometido con lo que hace, con vocación y dedicación, puede estar dando todo, pero se empieza en la casa. Si el niño no descansa bien, las horas que necesita, no come saludablemente, pasa sus horas libres delante de la pantalla, o sufre situaciones de estrés en su hogar, no estará disponible para aprender, para razonar, para prestar atención.

Entre padres, maestros y terapeutas compartimos un compromiso. Si entre todos somos conscientes y amamos lo que damos, el niño naturalmente crecerá, y  aprenderá.

Por último, recordemos que no solo somos seres emocionales y racionales. Esto, está recubierto y permeado por un Espíritu. Somos seres espirituales, emocionales y racionales, en un cuerpo físico. Estos cuatro pilares nos conforman, nos abarcan, y necesitan de buenas experiencias para evolucionar desde el amor y la alegría.

Claves para que los niños salgan del estado de pereza

Sacar a los niños del estado de pereza no es muy complicado si se logra determinar la razón de su comportamiento.  Se trata de poner rutinas para que aprendan a ganarse las cosas, además de motivarles y reconocer sus esfuerzos cuando hacen las cosas solas. Se les debe enseñar a los niños a esforzarse, a ser responsables y a obtener una satisfacción por ello.

Explica la psicóloga Catina Furlan que “un niño con pereza lo que muestra es falta de interés, de energía o de voluntad para hacer las actividades. Este desinterés se puede trasladar al momento de jugar, hacer tareas en el hogar. Esto se puede deber a falta de interés, autonomía, motivación, ausencia de una rutina estructurada o falta de autoestima. También puede ser producto de los padres que tendemos a hacerles todo y los niños no requieren de esforzarse en conseguir las cosas”

La psicóloga presenta 7 claves para motivar a los niños perezosos:

  1. Invitarlos a que ayuden a poner la mesa, recoger platos, arreglar cama.
  2. Motivarlos y hacerles ver que valoramos lo que hacen.
  3. Elogiar esfuerzos.
  4. Asignar responsabilidades: darle comida a mascota, botar la basura, regar plantas.
  5. Marcarle los tiempos para las actividades.
  6. Ser constantes en estas exigencias.
  7. Se les puede hacer horario visible de lo que deben hacer y recompensarlos al final.

Fuente: ojodeltiempo.com

Técnicas para dormir y despertar a gusto

 Turmalina Blanco

Dormir es una de las funciones del cuerpo más necesarias para recobrar la energía consumida a lo largo del día. Sin embargo, la aceleración del ritmo de vida, el estrés y las preocupaciones, hacen que muchas veces se acumule el cansancio y no nos sintamos 100% a gusto.

Se ha demostrado a través de la ciencia que se puede conciliar el sueño y sentirse renovado con solo practicar estos sencillos consejos sorprendentes por las noches.

Según el Daily Mail, los científicos recomiendan quitar todos los aparatos electrónicos de la habitación para reducir las posibilidades de enfermedades graves como el cáncer.

  1. Imagínate en un lugar a gusto

Trata de imaginar que te encuentras en el lugar que siempre quisiste. Una buena manera de empezar es moviéndote imaginariamente por ese espacio, recorriéndolo paso a paso. Trata de poner atención en cada detalle del lugar sin abrir los ojos.

Si lo hiciste y pasó demasiado rápido, intenta crear un nuevo espacio en tu mente. De esta manera pasarán gradualmente unos minutos hasta que vayas mejorando tu sueño, y una sensación de enorme bienestar invadirá tu cuerpo.

  1. Concéntrate en tu respiración

Trata de disminuir conscientemente tu proceso de respiración con un número específico de inhalaciones y exhalaciones, recordando contar cada una de éstas.

Ayuda a enfocar tu mente a través del conteo; esto hará que te relajes físicamente. Al suavizar los latidos de tu corazón relajándote, conciliarás un muy buen sueño.

  1. Conciencia corporal

Una buena técnica de relajación es tensar y relajar luego todos los músculos principales de tu cuerpo. Inicia tensando los dedos durante unos segundos y suéltalos lentamente.

A continuación aprieta los músculos en el arco de tu pie. Sigue hacia arriba con las piernas, los brazos y por último, el cuello. Este pequeño ejercicio ayuda a eliminar la tensión en todo el cuerpo y hará que te sientas renovado al otro día.

Dato curioso: se han realizado estudios que demuestran que la temperatura correcta para poder dormir mejor específicamente en la noche debería de ser de 15 y 20ºC. Si la temperatura pasa el límite adecuado es probable que ésta sea una de las causas por la cual no puedes conciliar el sueño.

  1. Recapitula lo que sucedió en el día y crea el siguiente

Aprovecha los últimos momentos antes del sueño para recordar todo lo que pasó durante el día.  ¿Qué logros obtuviste? ¿Qué te gustaría hacer diferente la próxima vez?

Si te sientes estresado, puedes reflexionar positivamente qué cambios podrías implementar en el día siguiente.

Visualiza de comienzo a fin cómo sería ese “día perfecto” cuando te despiertes y te levantes en la mañana. Imagínate levantarte sin contra-tiempos y tranquilo porque ya sabes cómo será tu día.

¡Te tomará tan solo unos minutos crear cómo quieres que sean tus días realmente!

Fuente: labioguia.com/

¿Tu hijo tiene terrores nocturnos o pesadillas?

Una amiga, que sabe que dormimos muy mal en casa, hace poco me contaba sobre las noches agitadas de su hija, y que no sabía si tenía terrores nocturnos o pesadillas. Y recordé cuando yo tampoco sabía diferenciarlo, y lo mal que se pasa cuando el mal dormir no se termina nunca. Por eso, quiero contar un poco más en profundidad sobre las alteraciones del sueño. He contado muchas veces que nosotros nos estrenamos en la maternidad con una pequeña terremoto que desde que nació ha sido mala para dormir. Aun hoy, con 8 horas de sueño tiene energía para 16 horas de movimiento sin parar.

Lo que tienen en común los terrores y las pesadillas es que ambos son parasomnias. Las disomnias, que son trastornos de la cantidad o calidad del sueño, como cuando no podemos quedarnos dormidos, nos desvelamos a media noche o sentimos que no descansamos al dormir. La parasomnia es un trastorno de la conducta durante el sueño asociado con episodios breves o parciales de despertar, sin que se produzca una interrupción importante del sueño ni una alteración del nivel de vigilia diurno (fuente:wikipedia). Las parasomnias incluyen pesadillas, terrores nocturnos, bruxismo, somniloquia, sonambulismo, etc..

Pero ¿cuáles son las diferencias entre pesadillas y terrores? Para diferenciarlos, usaré como guía el libro que para mí fue salvación, “Dormir sin lágrimas” de Rosa Jové. Todo mal dormir en casa adquirió sentido y empezamos a manejarlo, gracias a este libro.

¿Qué es una pesadilla?

Una pesadilla es un sueño desagradable. La hemos tenido todos. Como adultos al despertar sabemos que solo es un sueño, pero los niños despiertan y les cuesta darse cuenta que no era real lo que estaban soñando. Se pueden producir desde los 9 meses, aunque es más fácil identificarlas cuando los niños ya hablan con más fluidez y pueden contarnos qué estaban soñando.

Hay niños que tienen pesadillas de forma muy esporádica, y que al consolarlos, se calman y olvidan de los sueños. Pero también hay niños que los tienen repetitivas, o muy frecuentes, y esto puede ser un indicador de ansiedad. Las pesadillas se producen en la fase REM, que es donde se asimila lo vivido durante el día. (fuente: Dormir sin lágrimas)

¿Cómo actuar ante una pesadilla?

Aquí yo lo tengo claro, si mis hijas tienen pesadillas, las consuelo. Aprendí también que consolar es escuchar lo que tienen que contarnos, y no minimizar su miedo: “no es nada” no sería la frase adecuada. También me he ido acostumbrando a no tener prisa. Despertar a media noche no le gusta a nadie, y yo particularmente me despierto de muy mal humor. Pero a fuerza de costumbre he aprendido a no tener prisa porque se vuelvan a dormir, sino tomarme el tiempo, escucharlas, leerles un cuento para que cambien sus pensamientos, y acompañarlas y abrazarlas mientras se quedan dormidas. También es distinto cuando la pesadilla la tiene la pequeña, que se despierta pensando que ha sido real; que cuando le pasa a la mayor, que sabe que no es real, pero igual le da miedo volver a dormirse y soñar con lo mismo.

¿Se pueden evitar?

Yo no creo que sean evitables, pero con el libro aprendí que ayuda reducir el estrés antes de irse a dormir. Yo intento que no vean nada en la tele que pueda asustarlas por la noche; si sé que han tenido un mal día procuro hablarlo con ellas antes, por la tarde, no justo antes de ir a dormir (aunque sobretodo la mayor tiende a sacar el tema por la noche) Y también se pueden practicar ejercicios de relajación que ayudan a calmar el ritmo del día, antes de ir a dormir.

¿Qué es un terror nocturno?

En el libro, Rosa Jové nos cuenta que los terrores nocturnos ocurren generalmente en las primeras horas de sueño, pues son alteraciones del sueño profundo, y éste es el de la primera fase del sueño. Suelen producirse cuando se pasa de un sueño más profundo, a otra fase de sueño más ligero. El niño despierta gritando, agitado, alterado, pero no termina de despertarse.

Como contaba tiempo atrás, yo me sentaba con la terremoto en pleno terror nocturno, y ella miraba hacia mi sin verme, sin enfocar la vista, solo gritaba y se asustaba de todo movimiento a su alrededor.

La autora nos cuenta que suele ser más frecuente cuando los niños están más cansados o han dormido mal la noche anterior. A diferencia de un adulto, cuando los niños hasta 6 años necesitan recuperar el sueño perdido, muchas veces hacen más profunda esa fase del sueño, lo que hace más difícil pasar a la fase ligera (los adultos solo alargamos la fase de sueño profundo, no lo hacemos más profundo)

¿Qué hacer en caso de terrores nocturnos?

En estos casos dicen que hay que dejar que pase, tranquilizando poco a poco al niño. Una vez termina el terror, se vuelven a dormir como si nada, y no recuerdan nada a la mañana siguiente. En el libro, nos recomiendan:

Permanecer cerca de forma discreta: Muchos niños con terrores no aceptan el contacto, pero si se despiertan del todo al final del episodio, sí van a agradecer la compañía.
Pero qué difícil es cuando los ves chillar asustados y tan agitados. Nosotros a veces cambiábamos a terremoto de sitio, porque el cambio de temperatura ayudaba a que terminara el episodio; o bien le susurrábamos de cerca hasta que se quedaba tranquila. O le ponía la mano en la espalda cuando estaba empezando, y a veces lograba tranquilizarla.

No despertarle: por lo mismo que mencionaba arriba. Porque los niños no suelen acordarse del terror, que además no suele durar mucho (5 a 10 minutos). Incluso el sueño puede ser reparador aunque tengan estos episodios. Pero si les despertamos, ahí si se rompe el ciclo del sueño y además pueden desorientarse.
Consejos para evitarlos

En el libro se menciona que prevenirlos es la mejor forma de evitarlos. Y la verdad es que a mi es lo que mejor me funcionó, aunque no siempre es fácil. Intentar que se duerman un poco antes, que no estén demasiado agotados. Nosotros, por ejemplo, cuando empezaron y coincidió cuando terremoto mayor dejaba la siesta, la acostábamos más temprano por la noche. Había días que a las 7 ya dormía. Y funcionaba. Los días que había algo que hacer y a las 9 aún estaba en pie, sabíamos que habría un terror nocturno esa noche.
Aunque ante un despertar nocturno es difícil diferenciarlos al principio, cuando uno tiene hijos malos para dormir al final aprende a identificarlos. Para mí la diferencia es ahora fácil de saber, pues ante una pesadilla, terremoto mayor se desvela claramente afectada por el sueño

, lo explica con pelos y señales, necesita que le reafirmes que cuando se duerma no volverá a aparecer, y suele necesitar contención para quedarse dormida otra vez, o un cuento que le lleve la mente para otros pensamientos. Pero si es un terror, de los que por suerte tenemos sólo muy muy ocasionalmente, ella no es consciente que está con los ojos abiertos, no puedes calmarla con las palabras, no vale la pena ni intentarlo. No te ve cuando te mira, solo se agita y chilla. Y después se duerme como si nada, plácidamente, unos minutos más tarde.

Fuente:  Asi piensa una mamá/Facilísimo