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¿Quieres un hijo sin sentimientos? Dale una tablet

Aparentemente esta solución temporal que aplican los padres para tranquilizar a sus hijos de darles una tablet les anula sus sentimientos

Muchos padres les dan a sus hijos a edad tempranas Tablet para que se entretengan y no hagan travesuras, pero esto puede ser contraproducente para el desarrollo emocional del niño.
Si tu hijo está en etapa preescolar o es menor y le das uno de estos aparatos tecnológicos estas evitando que se forme o se fortalezca el lazo de afecto que debe existir entre el niño y sus padres.
Félix Higuera Romero, el director de Salud Mental de la Secretaria de Salud, expuso que los bebes actantes o niños en etapa de preescolar deben desarrollan un vínculo con sus padres, pero muchos dejan pasar esa etapa sin lograrlo.
En tal caso el lazo o vinculo lo hace el niño con el aparato o Tablet en lugar de hacerlo con sus progenitores, lo que le dificulta su desarrollo. Si quieres saber que otros daños causa esta acción continúa leyendo.

Darle una Tablet a pierde la oportunidad de crear un vínculo familiar

El especialista manifestó que, de no desarrollarse el vínculo entre padres e hijos en los primeros años de vida, se presentan conductas negativas, inseguridades, entre otros.
Además de afectar el vínculo familiar, este tipo de tecnología afecta las habilidades de lenguaje y comunicación del niño.
Aunque las Tablet son una herramienta que puede brindarle mucho conocimiento a los niños, también los cohíbe de aprender de otras maneras y en otros entornos, ya que se a pasan enfocados en esos aparatos.
Y muchos padres están felices ya que sus hijos están aprendiendo y siguen entretenidos, lo que les da tiempo a ellos de hacer sus labores sin ser molestados. Pero a la larga esta actitud no es muy beneficiosa para el niño ni para los padres.
Se pierde la oportunidad de pasar tiempo de calidad, de aprender a través de los libros, a experimentar otros juegos que le permitan desarrollar habilidades de comunicación, motoras, psicológicas, emocionales, entre otros.
Pasa más tiempo con tus hijos. Eso además de crear ese vínculo necesario para que se sienta amado, también le dará herramientas emocionales, que son tan importantes para se desarrolló. De esa manera no será un niño sin sentimientos ni sensibilidad.
Fuente: educpreescolar.blogspot.com

¿Cuánto tiempo deben jugar los niños con videojuegos?

Los videojuegos ya son una forma más de ocio, pero no solo eso. Cada vez son más los docentes que los emplean como herramienta educativa en sus clases. Sin embargo, surge una pregunta: ¿existe un tiempo recomendado de uso?

En España hay 16,8 millones de videojugadores. Por edades, y según datos proporcionados por la Asociación Española de Videojuegos (AEVI), los más jóvenes son los que más juegan. Así, lo hace el 80% de los niños entre 6 y 10 años, una cifra similar los que tienen entre 11 y 14 (78%), y el número empieza a disminuir en la franja entre 15 y 24 años (66%).

Con independencia del el debate sobre si es adecuado o no que los niños jueguen con videojuegos, la cuestión se centra para muchos expertos en cuánto tiempo. La Academia Americana de Pediatría considera que de 3 a 12 años lo adecuado sería de una a dos horas al día y preferiblemente durante los fines de semana.

“Depende de la edad y del tiempo libre del niño/adolescente, podemos hablar de entre una y tres horas diarias de uso”, sostiene el neuropsicólogo Daniel Rama y vicepresidente de Asociación Española de Psicología del Niño y Adolescente (APSNAE).

“Con esto no quiero decir que el límite sea de tres horas, si no que esta es la referencia que hay que establecer como tope. Si juegan dos horas, mejor que tres”. Y hace una recomendación a los padres: “Lo mejor es acordar con ellos el tiempo máximo de uso, aunque sean videojuegos educativos, y ponerles un límite”.

Para qué juegan

Aunque el tiempo no debería ser el único criterio en el momento de establecer las reglas. “También es importante conocer ‘para qué’ juegan: no es lo mismo que sea para divertirse o integrarse socialmente, con los posibles beneficios que esto conlleva, que para abstraerse de la realidad o como único regulador emocional, donde pueden aparecen los riesgos”.

familia tiempo videojuegos

Lo que no hay que perder de vista es que el uso de videojuegos no es preocupante en sí mismo. Es una forma de entretenimiento y una herramienta de aprendizaje como lo puede ser un libro. “Jugar de una manera adecuada es útil y activa el desarrollo de capacidades cognitivas, como la memoria, atención sostenida, capacidad de concentración, socialización (especialmente interesante en niños introvertidos), toma de decisiones o creatividad”, enumera el neuropsicólogo. “Incluso mejora la comprensión lectora en algunos casos de dislexia”.

Tanto el tiempo como el tipo de contenidos han de ir en consonancia con el estilo educativo elegido por los padres, además de con la edad del niño. “Estudios recientes han concluido que, aunque el videojuego incluya contenido violento, si se juega un tiempo limitado de no más de media hora, no está demostrado que exista una relación causa-efecto con malos comportamientos”, afirma Daniel Rama.

Poner límites para evitar riesgos

Los videojuegos son una forma más de entretenimiento, e igual de beneficioso o perjudicial que dedicarle más tiempo del adecuado a ver la televisión, por ejemplo. Lo que sí es importante es que no sea la única fuente de ocio, si no una opción más, y que haya variedad, tanto en el tipo de juego como en los contenidos. En esto es esencial que se atiendan las recomendaciones de uso por edades especificadas con el código PEGI.

La otra cara, la de los riesgos, tampoco debe ser pasada por alto, pero sin demonizarlos. Una sobreexposición o un mal consumo de los videojuegos puede ser perjudicial. “Puede provocar disfunciones en la alimentación o en el descanso, por olvidarse de comer o perder horas de sueño por jugar, junto a problemas físicos posturales y dolores de espalda. Desde el punto de vista psicológico, puede derivar en malestar, agresividad, trastornos disociativos (desconexión con la realidad), confusión entre realidad y fantasía, alienación social y nomofobia (miedo a estar desconectado de la red)”, advierte el vicepresidente de APSNAE.

Para prevenir este tipo de situaciones, lo mejor es gestionar de manera adecuada el uso tanto de los videojuegos desarrollados con un fin educativo como de los destinados al ocio. Es recomendable que se les inculquen hábitos como no dar información a desconocidos o elegir los títulos en familia, incluso algunos que puedan compartir padres e hijos. Este testde Empantallados.com puede ser de gran ayuda.

Rama también recomienda establecer entre todos el tiempo de uso y las consecuencias si no se cumple con lo acordado. Y ofrece un consejo más: “No apagar la videoconsola ni amenazarles con hacerlo, ellos mismos han de responsabilizarse de cumplir los límites”.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

Cría niños sin límites, y te «sacarán los ojos»

Son muchos los interrogantes y dudas que aparecen a la hora de educar, así como las diferentes emociones que aparecen durante el proceso, especialmente a la hora de marcar límites. Es habitual que muchos padres tengan dudas y puedan llegar a sentirse «malos padres» al tomar decisiones que conllevan establecer normas y pautas de crianza.

Son muchas las dudas que se presentan ante la dura labor de educar a un niño: ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Será está la opción más adecuada? ¿Por qué si estoy convencida de que esta decisión es acertada siento como si no lo fuera?

Ante los millones de interrogantes que surgen a la hora de educar encontramos un exceso de artículos, libros e información sobre la crianza de los hijos. Basta con ir a una librería o poner en el buscador palabras como educación, crianza o enseñar seguidas de la palabra niños para obtener miles de resultados con multitud de consejos que no siempre resultan ser coherentes y acertados.

Qué es y qué no es un límite

PAdres regando a sus hijos con amor

Muchas personas asocian la palabra límite con algo negativo y piensan que marcar fronteras implica no tener en cuenta la opinión del niño. Sin embargo, este concepto se aleja mucho de otros como gritar, enfadar o ignorar y se acerca más al de estructurar, regular y enseñar. Marcar un límite no implica alzar la voz o enfadarse, tampoco faltar al respeto.Educar supone decir «no» a peticiones que no pueden o deben llevarse a cabo y enseñar al niño que a veces hay que esperar para conseguir lo que se quiere. También implica poner consecuencias a comportamientos que hay que corregir y ser consecuentes con las decisiones que se toman.

 

Para ello no es necesario que los padres eleven la voz, se enfaden o amenacen constantemente a sus hijos. El mensaje se puede transmitirse con calma, de forma clara y sin repetirse demasiado. No conviene lanzar amenazas absolutas o que nunca vayan a llevarse a cabo.

«¿Papá me compras la tarta de Peppa Pig?»

Imagina que estas en un supermercado y tu hija quiere que le compres la tarta de Peppa Pig. No es el momento ni la ocasión de comprar la tarta así que le dices que no. Ante tu negativa, tu hija insiste y comienza a llorar y patalear en el suelo.

En este momento comienzas a sentir vergüenza, porque la gente de tu alrededor te mira, empiezas a enfadarte cada vez más y para que la rabieta termine y no continué el espectáculo le compras la tarta a tu hija. Tu hija feliz con su tarta se calla, tú dejas de sentir vergüenza y la compra puede continuar.En este ejemplo cuando los padres ceden se ven aliviados porque su hija ha dejado de llorar, ya no sienten vergüenza y su enfado no tiene por qué ir a más. Sin embargo, la niña ha aprendido que utilizando las rabietas puede conseguir aquello que desea.

 

Aunque en el momento en el que se produce la situación se pueda llegar a controlar, si esto se convierte en una forma habitual de funcionar las rabietas podrían aumentar y convertirse en una forma habitual para conseguir lo que se desea.

Patterson y su trampa del reforzamiento negativo

La teoría de la coacción de Patterson y su trampa del reforzamiento negativo explican muy bien el ejemplo anterior y cómo para los padres resulta más sencillo a corto plazo ceder a las peticiones inadecuadas de los hijos. Sin embargo, a largo plazo el coste será mucho mayor, ya que los comportamientos inapropiados se reproducirán a una velocidad exponencial.

Cuando ante una conducta inadecuada, como una rabieta, golpes o amenazas, los padres ceden, las dos partes se «sienten bien». Por un lado, los padres consiguen que el niño pare y deje molestar mientras que por el otro el hijo consigue lo que quiere.

La trampa del reforzamiento negativo de Patterson explica como los padres al ceder ante una rabieta obtienen alivio, ya que la rabieta cesa, mientras que el niño consigue. Así aumenta la probabilidad de que con el tiempo las rabietas sean más frecuentes.

A corto plazo parece que ambas partes ganan, pero a largo plazo las consecuencias pueden no ser tan agradables. El niño aprenderá a manipularal adulto mediante estas conductas y las utilizará de forma más habitual. Por otro lado los padres acabarán por no poder controlar el comportamiento del hijo a no ser que le den aquello que pide.

Las consecuencias de la falta de límites

Las personas a quienes no se les han puesto límites normalmente tienenuna baja tolerancia a la frustración, les cuesta controlar sus emociones y no responden bien ante el cumplimiento de normas y obligaciones. Suelen manipular y hacer sentir mal al otro con tal de conseguir su propósito.

Impertinencia, exigencia de privilegios, falta de constancia y esfuerzo, escasa paciencia, poca colaboración, problemas de conducta, agresiones o incluso destrucción de objetos son algunos de los problemas en los que puede derivar la falta de límites.

En los trastornos conductuales, como por ejemplo el trastorno negativista desafiante o el trastorno de conducta, caracterizados por un desafio constante y la ruptura de normas, es frecuente encontrar una educación carente de límites dónde es el niño quien ordena, manda y decide.

Si tú no educas ¿quién educará?

Recientemente decía la psicóloga Teresa Rosillo en una entrevista: «se nos ha olvidado decirles a los niños que los padres mandan». Son muchos los hogares donde quien tiene la última palabra es el menor y son los adultos quienes acomodan sus planes y rutinas a las demandas y caprichos del hijo.

Una de las labores fundamentales de los padres es educar para que el propio niño pueda autorregularse. Sin embargo, para que el niño pueda regularse a sí mismo antes ha tenido que haber sido regulado desde fuera.

Son los padres, y no otras entidades o personas, quienes tienen el deber y la obligación de educar a sus hijos. Esto implica escuchar, enseñarles que es lo correcto e incorrecto, decir «ahora no», «esto ya lo hemos hablado» o «tendrás que esperar» en muchas ocasiones, frustrar y enseñarles a superar esa sensación. Educar no es una labor sencilla, pero si no la asumen los padres, ¿quiénes lo harán?

Trata a tus hijos como te gustaría ser tratado y no te equivocarás

Trata a tus hijos como a ti mismo te gustaría ser tratado. Apaga sus miedos, pon nombre a esas emociones que ellos no saben expresar, regálales tiempo, enciende sus sueños y hazles sentir como lo que son, las personas más valiosas de tu mundo.

Resulta curioso como a día de hoy, muchas madres y padres ven la crianza con un poco de miedo. Leen manuales de educación, se instruyen en las últimas teorías y buscan respuesta a cada problema en Internet o en esos amigos -padres o no- que se alzan como auténticos gurús en temas de crianza. Esos papás se olvidan en cierto modo de escuchar algo mucho más valioso que todo esto: a su instinto natural.

Un niño no quiere gritos ni entiende de reproches, tu hijo merece ser tratado con el arte de escucha, la paciencia y la grandeza del afecto. Porque a los niños no hay que «domarlos» hay que amarlos.

El instinto de una madre o la capacidad natural de un padre a la hora de intuir las necesidades de sus propios hijos es sin duda la mejor estrategia a la hora de educarlos. Los niños llegan al mundo con una bondad innata, así que merecen ser tratados con respeto para salvaguardar esta nobleza de corazón, atendiendo con naturalidad y sin miedo cada acontecimiento que nos traiga el día a día.Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Un niño debe ser tratado con afecto y sin miedos

Hay madres y padres que temen fracasar en su papel como progenitores.Piensan que puede ser una tragedia no poder darles la mejor fiesta de cumpleaños, no encontrarles plaza en el mejor colegio o no poder comprarles la misma ropa de marca que llevan sus amigos en el cole. Aspiran, de algún modo, a ofrecerles a sus niños aquello que ellos mismos no tuvieron.

Queda claro que cada uno es libre a la hora de elegir cómo educar a un hijo, pero a menudo se nos olvida cómo son los niños y todo lo que acontece en su interior. Nos aferramos en pensar en todo lo que debemos ofrecerles sin descubrir primero qué necesitan realmente: a nosotros mismos.

  • Un niño no es un adulto en miniatura, es una persona que necesita entender el mundo a través de ti y con tu ayuda.
  • Un niño actúa siempre por necesidades y no por manipulación o malicia como los adultos. Hemos de ser intuitivos ante esas demandas.
  • Un niño debe, por encima de todo, ser tratado con afecto. Nuestros hijos no necesitan pues ropas de marca o juguetes electrónicos con los que jugar en soledad. Necesitan tu tiempo, tu ejemplo, tus abrazos de buenas noches y tu mano a la que entrelazarse para cruzar la calle.

La crianza autorregulada: comprender y acompañar

La crianza autorregulada se nutre directamente de las teorías del apegoformuladas en su día por el psiquiatra Wilhelm Reich. Ahora bien, a día de hoy vuelven a estar de actualidad porque ensalzan una serie de conceptos clave mediante los cuales, conectar mucho mejor con la infancia, con sus tiempos, con sus necesidades.

Una madre es más eficaz que nunca cuando confía en su instinto, cuando lee en los ojos de su hijo aquello que de verdad necesita.

Lo interesante de este enfoque es que se entiende la autorregulación como sinónimo de vida, de la necesidad de tomar contacto primero con nuestra propia complejidad personal para entender que también el niño tiene sus necesidades, sus propios conflictos generados, a veces, por una sociedad que no comprende la infancia ni al infante.

Claves de la crianza autorregulada

La crianza autorregulada nos dice que un niño que ha sido tratado con respeto en su infancia y que además, ha visto cómo sus padres eran respetuosos con todos aquellos que les rodeaban, será un adulto respetuoso.

Ahora bien, pero… ¿de qué manera alcanzamos tal logro? ¿Cómo nos enseña la crianza autorregulada a dar adultos felices al mundo?

  • Un niño debe sentirse comprendido y acompañado en todo momento. Si aparece la frustración esa criatura deja de sentirse adaptada, integrada.
  • Hay que educar con un apego saludable basado en el amor y la cercanía. De este modo, poco a poco, ese niño se sentirá seguro para dirigir sus pasos hacia la independencia.
  • La voz de un niño debe ser escuchada en todo momento, porque también ellos deben ser tenidos en cuenta cuando ríen y cuando lloran, cuando demandan o cuando sugieren.
  • La crianza autorregulada también nos habla de tiempos, de no iniciar el aprendizaje intelectual hasta los 7 años, para propiciar así un primer tiempo de descubrimientos a través del juego.

La interacción con sus entornos a través de los cinco sentidos y de las relaciones con sus iguales mediante la alegría, también nos ofrece un modo interesante de favorecer su desarrollo psicosocial. No obstante, y sea como sea el enfoque con el que elijamos criar a nuestros hijos, no debemos olvidar algo tan sencillo como tratarlos con esa fórmula mágica certera e infalible: el amor.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Hacer de la crianza algo más sencillo y posible

En los Estados Unidos hay un movimiento que invita a los padres a volver la crianza algo más sencillo, más amable y que le dé seguridad afectiva a todos.

Lo primero que busca esta tendencia es que los padres estén menos estresados y logren divertirse más con sus hijos. Igualmente, que tengan menos actividades materiales y más cosas que quieran hacer con ellos y, sobre todo, fomentar la confianza entre padres e hijos, y lograr que los padres se mantengan fieles a sus valores morales y a un sentido de propósito de familia.

Para volver todo más fácil en la crianza, el doctor Gary Chapman, autor The 5 Love Languages of Children, dice que tenemos que entender la necesidad individual de cada niño en cuanto a qué tanto necesita ser acariciado, escuchar palabras de amor, tener tiempo a solas, o recibir juguetes o regalos. La necesidad más profunda de un niño es el sentirse amado. Si está criado con amor, crece siendo un menor sano psicológicamente.

La pregunta que usted se debe hacer es ¿será que mis hijos se sienten amados? Los padres también aprenden cuál es el estilo preferencial de recibir amor de cada hijo observando su conducta, tomando nota de cómo expresarlo y escuchándolo.

Es innegable que los niños que se sienten amados responden mejor a las sugerencias y a la disciplina, adicionalmente, aprenden a expresar sus emociones de manera adecuada.

Otra creencia de la crianza simplificada es evitar idealizar a los hijos. Hay que aceptar a cada uno como es, aunque no nos guste o no estemos de acuerdo con él. Por ejemplo, a muchos de nosotros nos encanta el fútbol y a los hijos no les interesa. Es necesario procesar esa realidad, pero también hay que apreciar todo lo bueno que tiene el hijo y no apegarse a esa diferencia. Otra creencia de este tipo de crianza es siempre enfocar todo lo que pase entre padres e hijos a lo positivo, en vez de lo negativo.

La crianza simplificada también habla de crear actividades y rituales que ayuden a apaciguar temores en los niños. Los expertos en este tema sostienen que la conexión se logra con actos como comer juntos, tomar un tiempo en familia y hablar sobre algo bueno, algo difícil o algo que les asuste, con ello se construyen conexiones familiares; esta es una experiencia muy enriquecedora para todos en la familia.

La esencia de ser un padre sencillo es aprender a tener un balance entre el tiempo, las manifestaciones de amor, sus valores y creencias. También es importante recalcar que para los niños es suficiente con tener solo lo que necesitan y no exceso cosas. En la crianza, muchas veces menos es más.

Fuente: abcdelbebe.com

 

Cuando mamá y papá no se ponen de acuerdo en la crianza

Cada vez son más las parejas que se sientan a hablar sobre la educación de sus hijos, comparten opiniones y llegan a acuerdos para educar a los niños del mismo modo. Pero aún hay parejas que no logran ponerse de acuerdo. A veces no saben cómo hacerlo, es lógico, no nos han enseñado a “sentarnos a hablar y a establecer acuerdos”, nos han enseñado a obedecer, a hacer “lo supuestamente mejor” y a seguir las reglas. Pero, cuando en la crianza de los hijos, papá cree que “lo mejor” es educar de una manera y mamá cree que “es mejor” educar de otra…. ¿Qué hacemos? ¿Cómo sabemos qué es lo mejor? ¿Quién de los dos tiene la razón? Realmente, ¿hay alguno que tenga más razón que el otro?

Otras veces, uno de los dos miembros de la pareja descubre un modo de educar basado en técnicas respetuosas y se da cuenta que quiere desbancarse de sus antiguos métodos que, ni funcionan ni transmiten respeto verdadero. Entonces, lo más seguro es que quiera transmitir a su pareja todo lo que ha descubierto y  que desee que ésta deje de lado sus creencias y “se pase a la nueva educación” descubierta.

 

Sea como sea, lo más posible es que la pareja caiga en una lucha de poder por lograr llevarse a su terreno al otro, osea, “tener la razón”.

 

educación niños estar de acuerdo

 

A mi me ocurrió lo segundo cuando descubrí la Disciplina Positiva. Lo veía todo tan claro, sus principios me parecían tan lógicos, era todo tan respetuoso…. que quería que mi marido lo tomase todo con las mismas ganas que yo. No paraba de hablarle con todo lo nuevo que encontraba, le decía que tenía que leerse este libro y el otro, que si esto, que si lo otro….Pero él no lo veía tan claro como yo.

Pronto llegaron las correcciones: el “no hagas esto”, “no hagas lo otro”, “esto así”, “esto asá”….Mi intención no era hacerle sentir mal, sino lograr que los dos actuáramos del mismo modo ante las situaciones con los niños, pero sin darme cuenta inicié una lucha de poder en la que él acabó sintiendo que todo lo que hacía estaba mal hecho para mi. Se sintió atacado y dolido y también empezó a actuar con correcciones sobre lo que yo hacía. Así no íbamos a llegar a ningún acuerdo. Al final, la conclusión fue que teníamos opiniones diferentes y punto, que cada uno actuara del modo que mejor creyera y que no nos corrigiéramos delante de los niños.

No era la solución ideal, ni mucho menos la que yo deseaba, pero al menos íbamos a dejar de estar como el perro y el gato. Comprendí que no podía obligar a nadie a actuar de un modo distinto a sus creencias, igual que nadie podía obligarme a mi, y que lo único que podía hacer era ser coherente conmigo misma y poner en practica lo que estaba aprendiendo.

Cuando crees que existe un modo de educar a tus hijos que puede ayudarlos a ser personas responsables, con habilidades de vida y con valores sociales cuesta aceptar que tu pareja no comparta tu misma opinión, pero el caso es que desde los zapatos de tu pareja, a él o a ella le ocurre exactamente lo mismo que a ti y cree que ese es el mejor modo de educar. Porque una cosas está clara: También quiere lo mejor para sus hijos.

Y suele ocurrir que cada uno piensa en todo “lo malo que puede pasar” en el futuro de su hijo cuando ve a su pareja actuar con el niño de un modo con el que no está de acuerdo (siendo demasiado permisivo o demasiado autoritario), y piensa en que si el niño crecerá sin autoestima, que irá faltando al respeto continuamente, que no se hará responsable, (como en algunos programas de la tele que la verdad, yo prefiero ya ni verlos porque te hacen darle más vueltas a la cabeza de las necesarias).

En fin, volviendo al tema, ante las diferencias de opiniones sobre la educación de los niños creo (y es lo que yo estoy intentando poner en práctica) que lo mejor que podemos hacer es aplicar disciplina positiva con nuestra pareja. Si, también, porque la Disciplina Positiva no solo nos sirve para educar a los niños sino también para relacionarnos positivamente con los demás. Su base es el respeto mutuo, y no hay nada más importante en cualquier relación que eso.

Si tu eres partidaria de la disciplina positiva, algunas actitudes que puedes tomar si tu pareja no comparte la misma opinión sobre este modo de educar es:

  • Empatizar y comprender su punto de vista.
  • Evitar corregirle o sermonearle.
  • No pretender que haga lo mismo que tu.
  • Confiar en tu pareja y cederle control.
  • Sé tu el ejemplo. Haz un curso y aplica las herramientas que aprendas.
  • Explicarle cómo vas a actuar en determinadas circunstancia para que esté [email protected]
  • Expresar tus límites con respeto y amabilidad.
  • Ante momentos de conflicto, esperar a que se enfríe el ambiente antes de hablar del tema.
  • Confía en el proceso de la Disciplina Positiva. Cuando tratamos con respeto a las personas, los demás también nos tratan con respeto a nosotros. Es algo que se contagia poco a poco.
  • Por último, recuerda que no tienes que ser perfecta, que tu familia tampoco necesita ser perfecta, que no hace falta que las situaciones sean perfectas…..y la educación tampoco, ya que si todo fuera “perfecto” perderíamos una parte de la educación muy importante: La humanidad, la compasión y la visión de los errores cómo maravillosas oportunidades para aprender.

Aplicando estos puntos y creando una base de respeto por las creencias y opiniones de la pareja (igual que de los hijos), estoy segura que con el tiempo podrán sentarse a hablar sobre situaciones que les preocupen y llegar a acuerdos sobre el modo de actuar de manera conjunta.

Yo estoy en el proceso de aplicar los 10 puntos. Aún no ha llegado el momento de sentarnos para ponernos de acuerdo sobre cómo actuar frente a situaciones concretas, pero confío en que llegará. Sé que no es sencillo esperar, confiar, ser el ejemplo. Sé que hay cosas que duelen ver o escuchar, que hay otras que provocan miedo a cómo crecerán los niños el futuro. Sé que algunos días son más duros que otros y que hay mañanas que te levantas y lo ves todo negro, pero si CONFÍAS y RESPETAS lograrás la armonía que deseas también con tu pareja.

Fuente:

Criando juntos: una tarea para toda la vida

El involucramiento de ambos padres en la rutina y crianza de los hijos siempre ha sido un factor importante para un desarrollo sano. Decía Sigmund Freud, “No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre”. Ambos padres brindan factores significativos en el desarrollo de sus hijos. No obstante, en las últimas décadas la realidad social ha ido cambiando los roles tradicionales en el hogar.

Factores que han influido en las últimas generaciones al cambio de roles, son los siguientes:

*La inserción de la mujer en el mundo laboral.

*Los horarios laborales más extensos.

*La rapidez en la vida cotidiana; lo cual ha limitado el tiempo de almorzar en familia, el tomar siestas, los momentos de conversación y tiempo de compartir dentro de un mismo hogar.

*La tecnología en el hogar; ha llevado a las personas a estar menos involucrados unos con otros y ha abierto un mundo de información a destiempo para los niños y jóvenes.

*Los tipos de viviendas han cambiado. Anteriormente los niños en las ciudades tenían más espacio para el juego libre y en la naturaleza. Los hogares se limitan a espacios más pequeños y cerrados. Los niños se dedican más al juego sedentario y a la socialización por medio de aparatos tecnológicos.

Cada vez más los padres presentan menos disponibilidad para dedicarles el tiempo necesario a los hijos; para educar, orientar, dar afecto y seguridad. A la mujer integrarse más en el mundo laboral, esto ha llevado a que tenga menos tiempo para dedicarse plenamente al rol de madre. Por ende, en la rutina diaria la figura paterna y materna trabaja más en equipo, para poder manejar el día y las necesidades que van presentando los niños.

El rol del padre siempre ha sido una función importante en el desarrollo de un niño. La figura paterna tiende a brindar el sentido de seguridad, el sentido de protección y orientación de la figura masculina en la vida del niño. La madre también juega un papel muy importante en el desarrollo del niño; el sentido de cuidar, organizar y dar seguimiento, la afectividad y la estabilidad emocional. En ocasiones es la figura paterna que ofrece ciertos factores y viceversa; esto varía dependiendo del rol que se asuma, de la personalidad de la persona y de la realidad familiar que se viva.

Aunque el mundo vaya cambiando, el ser humano presenta las mismas necesidades emocionales y afectivas; lo cual requiere del seguimiento constante de los progenitores y personas significativas en la vida del niño.

Fuente: nuestroshijos.do

Cómo fomentar la honradez y la honestidad en los niños

Lo primero es que tienes que enseñar con el ejemplo; ya que tus hijos te observan todo el tiempo, están muy pendientes de la más mínima conversación y o acción que tu realizas y si por ejemplo,  te ven que te robas las luces en rojo porque no hay una autoridad, que te pasas de listo y le coges el parqueo a alguien que está intentando paquearse; que tratas de sobornar con regalitos para obtener beneficios por encima de otros… ; que cuando tu niño o niña lleva de la escuela a la casa una prenda u objeto  que no es de él o de ella y tú no la devuelves, entonces no estás siendo un buen ejemplo.

Recuerda que cuando se es honrado y honesto desde chiquito es la mejor herencia y orgullo que exhibirá cuando sea adulto.

Ser honrado y honesto es tener vergüenza.  Permite que tu niño o niña tengan el sentimiento de sentirse avergonzado cuando inocentemente dicen una mentirita, se comen la merienda de sus amiguitos…  Corrígelos con amor y lo mejor es, de acuerdo a su edad, ponle una sillita para pensar durante 2 o cinco minutos.

El valor de ser honrado es en la casa que se aprende.

Enséñale el valor que tiene el trabajo de papá y mamá que no importa cuál es el oficio que realizan cuando se hace con dignidad.  Que las cosas se consiguen con esfuerzo, dedicación y empeño.

Educar en valores es algo muy importante, seguramente más que enseñar Lengua Española o Matemáticas.  ¿Quién se ocupa de hacerlo? Es penoso ver tantas vidas y familias arruinadas por la desmedida ambición, amor a lo ajeno y la exhibición del lujo como símbolo de superioridad.

 

 

Los hijos no se “pierden” en la calle, sino dentro de casa

“Sembrad en los niños buenas ideas, aunque hoy no las entiendan el futuro se encargará de hacerlas florecer” (María Montessori)

Los hijos no se “pierden” en la calle. De hecho, esa pérdida se inicia en el propio hogar con ese padre ausente, con esa madre siempre ocupada, con un cúmulo de necesidades no atendidas y frustraciones no gestionadas. Un adolescente se desarraiga tras una infancia de desapegos y de un amor que nunca supo educar, orientar, ayudar.

Empezaremos dejando claro que siempre habrá excepciones. Obviamente existen niños con conductas desadaptativas que han crecido en hogares donde hay armonía y adolescentes responsables que han conseguido marcar una distancia de una familia disfuncional. Siempre hay hechos puntuales que se escapan de esa dinámica más clásica donde lo acontecido día a día en una casa marca irremediablemente el comportamiento del niño en el exterior.

En realidad, y por curioso que parezca, un padre o una madre no siempre termina de aceptar este tipo de responsabilidad. De hecho, cuando un niño evidencia conductas agresivas en un centro escolar, y se toma contacto con los padres por parte del tutor, es habitual que la familia culpabilice al sistema, al propio instituto y a la comunidad escolar por “no saber educar”, por no intuir necesidades y aplicar adecuadas estrategias.

Si bien es cierto que en lo que se refiere a la educación de un niño todos somos agentes activos (escuela, medios de comunicación, organismos sociales…), es la familia la que hará germinar en el cerebro infantil el concepto de respeto, la raíz de la autoestima o la chispa de la empatía.

Los hijos, el legado más importante de nuestro futuro

H. G Wells dijo una vez que la educación del futuro iría de la mano de la propia catástrofe. En su famosa obra “La máquina del tiempo”, visualizó que para el año año 802.701, la humanidad se dividiría en dos tipos de sociedad. Una de ellas, la que vivíría en la superfice, serían los Eloi, una población sin escritura, sin empatía, inteligencia o fuerza física.

Según Wells, el estilo educativo que predominaba en su época ya apuntaba resultados en esta dirección. El inicio de las pruebas estandarizadas, de la competitividad, de las crisis financieras, del escaso tiempo de los padres para educar a sus hijos y de la nula preocupación por incentivar la curiosidad infantil o el deseo inherente por aprender hacían ya que, en aquellos albores del siglo XX, el célebre escritor no augurara nada bueno para las generaciones futuras.

No se trata de alimentar pues tanto pesimismo, pero sí de poner sobre la mesa un estado de alerta y un sentido de responsabilidad. Por ejemplo, algo de lo que se quejan muchos terapeutas, orientadores escolares y pedagogos es de la falta de apoyo familiar que suelen encontrarse a la hora de hacer intervención con ese adolescente problemático, o con ese niño que evidencia problemas emocionales o de aprendizaje.

Cuando no hay una colaboración real o incluso cuando un padre o una madre desautoriza o boicotea al profesional, al maestro o al psicólogo, lo que conseguirá es que el niño, su hijo, continúe perdido. Aún más, ese adolescente se verá con más fuerza para seguir desafiando y buscará en la calle lo que no encuentra en casa o lo que el propio sistema educativo tampoco ha podido darle.

Hay niños difíciles y demandantes que gustan actuar como auténticos tiranos. Hay adolescentes incapaces de asumir responsabilidades, y que adoran sobrepasar los límites que otros les imponen acercándose casi hasta la delincuencia. Todos conocemos más de un caso, sin embargo, hemos de tomar conciencia de algo: nada de esto es nuevo. Nada de esto lo ocasiona Internet, ni los videojuegos ni un sistema educativo permisivo.

Al fin y al cabo estos niños evidencian las mismas necesidades y conductas de siempre contextualizadas en nuevos tiempos. Por ello, lo primero que debemos hacer es no patologizar la infancia ni la adolescencia. Lo segundo, es asumir la parte de responsabilidad que nos toca a cada uno, bien como educadores, profesionales de la salud, divulgadores o agentes sociales. Lo tercero y no menos importante, es entender que los niños son sin duda el futuro de la Tierra, pero antes que nada, son hijos de sus padres.

Los ingredientes de la auténtica educación

Cuando un profesor llama a una madre o a un padre para advertirles de la mala conducta de un niño, lo primero que siente la familia es que se está poniendo en tela de juicio el amor que sienten por sus hijos. No es cierto. Lo que ocurre, es que a veces ese afecto, ese amor sincero se proyecta de forma errónea.

• Querer a un hijo no es satisfacer todos sus caprichos, no es abrirle todas las fronteras ni evitar darle negativas. El amor auténtico es el que guía, el que inicia desde bien temprano un sentido real de responsabilidad en el niño, y que sabe gestionar sus frustraciones dando un “NO” a tiempo.

• La educación de calidad sabe de emociones y entiende de paciencia. El niño demandante no detiene sus conductas con un grito o con dos horas de soledad en la propia habitación. Lo que exige y agradece es ser atendido con palabras, con nuevos estímulos, con ejemplos y con respuestas a cada una de sus ávidas preguntas.

Hemos de tomar conciencia también de que en esta época donde muchas mamás y papás están obligados a cumplir jornadas de trabajo poco o nada conciliadoras con la vida familiar, lo que importa no es el tiempo real que compartamos con los hijos. Lo que importa es la CALIDAD de ese tiempo.

Los padres que saben intuir necesidades, emociones, que están presentes para guiar, orientar y para favorecer intereses, sueños e ilusiones, son los que dejan huella y también raíces en sus hijos, evitando así que esos niños las busquen en la calle.

Fuente: lamenteesmaravillosa

Lo que sucede cuando un niño crece sin límites

Imagina que caminas por una montaña que no conoces y llegas a una zona escarpada en donde apenas se ven los bordes. Afortunadamente alguien señaló con una barrera el final del camino. De no ser así, algún despistado se caería accidentalmente.

Algo así es lo que sucede con los niños: Si en su camino nadie se preocupó de poner barreras para indicar las zonas peligrosas del camino, se caerá. Si nadie coloca en su camino señales que indiquen qué dirección de be tomar… se perderá. Te explicamos qué sucede cuando un niño crece sin límites ni normas.

7 cosas que suceden cuando un niño crece sin límites

Aunque sea mucho más fácil decir que sí a todo para dejar de oír ese insoportable llanto que tornó en rabieta… puede que a corto plazo nos haya ayudado, pero a largo plazo, pasará factura. No decir No a tiempo a un hijo tendrá sus consecuencias. Si el niño no encuentra límites, ¿sabes qué le sucederá cuando crezca?

1. Se sentirá desorientado, confuso. Para un niño, una falta de límites es entendido como. Y cuando crezca, culpará a sus padres por todo ello.

2. Se sentirá desprotegido. Esto genera una baja autoestima y confianza en sí mismos. Los límites dan seguridad. Ese cartel que indica ‘cuidado, por ahí es peligroso continuar’, nos da seguridad. Igual ocurre con los límites que imponemos a los niños.

3. Genera una baja tolerancia a la frustración. Un niño que nunca ha tenido que asumir que no todo se consigue en esta vida, no sabrá lo que es la frustración. Cuando algo no le salga como desea, no sabrá hacerle frente a este nuevo sentimiento.

4. Se volverá caprichoso y no sabrá valorar lo que tiene. En realidad si en todo momento conseguía lo que quería, esto no hará más que alimentar su deseo de querer más y más. Y a su vez, al conseguir de forma sencilla lo que desea, hará que pierda la percepción del valor que tienen las cosas, ya que no precisa de esfuerzo para conseguirlo. El valor del esfuerzo para él será inexistente.

5. No será capaz de controlar sus emociones. Tendrá problemas de actitud en un futuro. Se sentirá vacío y no será capaz de controlar la ira o la tristeza. Y lo peor de todo… Será infeliz.

6. Será un perfecto manipulador. Si desde pequeño consiguió manipular a sus padres en favor de su propio beneficio, imagina lo que habrá aprendido para cuando sea mayor. El pequeño tirano podrá convertirse en un adolescente prepotente y manipulador.

7. No sabrá esperar. Si desde pequeño le dijiste a todo que sí, el niño pensará que nada precisa esfuerzo para conseguirlo. No desarrollará el valor de la paciencia. Será impaciente, actuará por impulsos y cuando un día vea que no puede conseguir algo de forma inmediata, se desesperará y le creará una gran confusión y rabia.

Lo más fácil es hacer caso a las peticiones del niño. En un momento de estrés o vergüenza ante una rabieta, muchos padres prefieren darle lo que pide. Esta no es más que una trampa. Así lo explica la teoría del refuerzo negativo de Patterson, quien asegura que la decisión de acceder al chantaje afectivo de un niño, es beneficioso a corto plazo para los padres, pero será negativo a largo plazo y las exigencias de su hijo irán creciendo a una velocidad exponencial. El niño comenzará a comportarse de forma violenta y agresiva porque busca con esa llamada de atención esos límites que no encontró.

Cómo poner límites a los niños

Poner límites no significa imponerse sin sentido, ni vulnerar los derechos del niños. No significa no dejarle hablar, ni dar su opinión. Poner límites tampoco significa gritarles. Se pueden establecer límites de forma racional y consensuada, respetando ciertas libertades de los niños y cierta elasticidad. Por ejemplo, no significa que no dejes jugar a tu hijo en casa, sino que ciertas formas de juego no están permitidas en casa. Pueden jugar a la pelota en casa con las manos pero puedes prohibirle jugar al fútbol en el salón. Para poner límites:

1. Deben ser límites consensuados con la pareja. No puede ser que el padre imponga unos límites y la madre no está de acuerdo y no los respete. Ambos deben llegar a un acuerdo sobre lo que los niños pueden y no pueden hacer.

2. Establece cierta elasticidad en las normas pero deja muy claro dónde está el límite. Tal vez puedas permitir que durante la comida se levanten una vez al servicio, pero nada más que una. Las normas además deben ser claras, que no creen confusión. Y por supuesto, deben ser explicados a los niños para que ellos entiendan por qué se establece el límite.

3. Nunca cedas. Si ‘te ablandas’ ante la mirada tierna de tu hijo y te saltas un día uno de los límites, será difícil imponerlo de nuevo.

4. Siempre desde el respeto. Imponer un límite no significa ser tirano y utilizar la fuerza del más fuerte. Los límites se pueden aplicar desde el cariño y el respeto.

5. Los pilares básicos: el amor y los valores. Si estableces los límites en función de una escala de valores, el niño tendrá una base sólida y razonada. Recuerda que los valores son fundamentales en su educación, ya que les sirve como guía en su aprendizaje.

Fuente: Guiainfantil.com