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La mala conducta del estudiante genera desgaste en el docente

Además de la violencia entre iguales, en las escuelas existe una gran conflictividad en el aula que afecta muy negativamente no solo al proceso de enseñanza-aprendizaje, sino también al profesorado, y esa conflictividad que llega a alcanzar cotas de la violencia real, de alta intensidad, puede hacer que el acoso entre iguales quede como algo periférico.

Durante las clases a alumnos/as, en algunos centros educativos, se hace tremendamente difícil realizar algo riguroso, porque hay conflictotensión descontrol, quedando con estas tres palabras perfectamente definida la situación de la Educación Secundaria. Y la situación, lejos de mejorar, va empeorando respecto a los cursos anteriores. Los innumerables comportamientos disruptivos que varios alumnos presentan durante las clases provocan violencia verbal, psicológica e incluso física, y ello es vivido frecuentemente con enorme disgusto y ansiedad por los profesores, quienes en casos extremos llegan a sufrir la total destrucción de su identidad profesional.

La casi total ausencia de la autoridad docente ha traído como consecuencia, que bastantes alumnos durante las clases presenten conductas inadecuadas, como es el comer chucherías o escuchar música en su celular mostrando total desinterés hacia las explicaciones y figura de su profesor, cuando no, interrumpiendo las clases por su frecuente impuntualidad, llamando en voz alta a algún compañero, haciendo comentarios inoportunos a voz en grito, levantándose de su sito sin el permiso del profesor, enzarzándose con algún compañero dialéctica o físicamente, e incluso humillando descaradamente a su profesor. Estas situaciones, absolutamente habituales en muchas aulas durante las clases, provocan un importante descontento en el profesorado, que llega a sentir miedo o angustia previo a entrar en determinadas aulas.

Algunos alumnos/as presentan problemas muy serios de comportamiento, comportándose de forma grosera y desconsiderada, y muestran hacia su profesor/a o hacia sus compañeros una elevada agresividad física o verbal sin justificación alguna. Si bien es cierto que en general se trata de una violencia de “baja intensidad” (ruidos intencionados, chillidos estridentes, palabras malsonantes u obscenas en medio de una explicación, sin que muchas veces el profesor pueda reconocer o identificar su origen), no es menos cierto que este tipo de comportamiento crea un estado de tensión tal que tiene dosis de agresividad propia de la violencia real, de una violencia de alta intensidad que afecta sobre todo al profesorado. Ante estas conductas disruptivas, el profesor, una vez agotadas sus “estrategias pedagógicas”, trata de controlar la situación y el orden de la clase poniendo “partes” o “apercibimientos” graves y/o leves a esos alumnos conflictivos ante la dirección académica, y cuya acumulación puede originar la apertura de “expedientes disciplinarios” al alumno/a en cuestión.

Un gran porcentaje de profesores señalan los “problemas psíquicos” como su mayor problema. Un 25 % de profesores tiene una baja oficial o circunstancial cada año, y aunque solo un 3 % de ellas se identifican con problemas de estrés, la mayoría de las otras dolencias son originadas por esto mismo. La mayoría de las bajas se producen por la conflictividad escolar a la que los docentes deben enfrentarse a diario, y aunque suele calificarse a esa conflictividad de moderada, también hay que decir de ella que es constante.

Las aulas, a menudo se convierten en verdaderos campos de batalla, por múltiples razones, y en esas condiciones desempeñar la tarea de profesor, exige disposiciones que podrían calificarse de “casi heróicas”.

El psiquiatra Carlos Castilla del Pino (2000), en una entrevista publicada en el “Semanal”, suplemento del periódico “El Sur”, dice: No hay ahora mismo profesión que depare mayor sufrimiento que la de profesor de escuela secundaria. Existe una patología del docente verdaderamente terrorífica. Los alumnos les han hecho perder la autoridad y es imposible mantener el orden en las aulas; ya no tienen miedo a la amenaza del suspenso, porque hasta los padres, en este caso, se ponen en contra del profesor.

En realidad, la escuela, ya no es exclusivamente un lugar para aprender, porque se ha convertido en una prolongación del hogar y de todos y cada uno de los lugares de ocio (bares, discotecas, el barrio, el campo de fútbol…); los alumnos no diferencian entre conductas dentro y fuera de la escuela.

Bárbara Pastor (2002), describe el siguiente hecho:

– Buenos días, loca…

( La profesora no contesta, Trata de aparentar que no ha oído nada).

– Además de loca, sorda…

( Todos se ríen, todos menos uno. Probablemente, el único que entiende que ese no es un saludo adecuado para una profesora).

Los alumnos saludan a un profesor con un insulto, y no pasa nada. Los alumnos rompen la silla del profesor para que no pueda sentarse, y no pasa nada. Los alumnos llevan el teléfono móvil conectado para que suene en clase y no pasa nada. Los alumnos destrozan las persianas de la clase, y no pasa nada. Los alumnos se cargan las cerraduras de las aulas que quieren, y no pasa nada. Hay una actitud generalizada que permite que todas estas cosas y muchas más, ocurran sin que pase nada.

El mal funcionamiento de la disciplina en muchos centros educativos es una verdad innegable. En un estudio llevado a cabo por el CIDE (1995), el 72 % de los 18.000 profesores de secundaria consultados, consideraba ya entonces, que la falta de disciplina en la escuela era un tema importante.

Cuando se habla del “malestar en la enseñanza”, se destaca sobre todo el malestar del profesorado…su descontento…su disconformidad en lo relativo al desarrollo de su trabajo.

Se trata de algo generalizado, que ocurre en todas la comunidades de nuestro país.

Es imprescindible conocer la magnitud de la violencia que se produce a diario en las aulas de Educación Secundaria, si pretendemos aportar procedimientos que ayuden a prevenirla o a minimizar sus consecuencias.

FRECUENCIA DE CONDUCTAS ANTISOCIALES EN LAS AULAS Y MALESTAR DEL PROFESORADO DE SECUNDARIA.

La situación actual tampoco tiene nada que ver con que “En las aulas existe una autodisciplina basada fundamentalmente en el respeto mutuo entre maestros y alumnos”.

Lo cierto es que la convivencia en las aulas no es buena, y ello repercute muy negativamente sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje de los alumnos, porque durante las clases se hace tremendamente difícil realizar algo serio. Esos conflictos que pueden hacer que el acoso entre iguales quede como algo periférico, llegan a alcanzar cotas de violencia real, de violencia de alta intensidad que afecta sobre todo al profesorado.

Durante las clases los comportamientos disruptivos provocan violencia verbal, violencia psicológica, e incluso violencia física, conductas agresivas en suma, que pueden llegar a destruir la identidad profesional del profesor, que con frecuencia vive estos episodios con enorme disgusto y ansiedad. Y ello en parte debido a que la credibilidad de los profesores ante muchos padres de alumnos, es nula, valiendo tanto las palabras de los alumnos como la de sus profesores, por la falta o ausencia casi total de la autoridad del docente.

Lo cierto es que bastantes alumnos durante las clases presentan conductas inadecuadas, comen chucherías y escuchan música en su celular o i-pod, mostrando total desinterés hacia las explicaciones de su profesor, faltan a menudo a las clases y cuando asisten llegan tarde con frecuencia, y se toman confianza sin límite hacia sus profesores, arrojan al suelo las bolsas, brik o latas una vez consumidas las chucherías, batidos, zumos o refrescos, escriben sobre los pupitres y realizan grafitis sobre las paredes. Todo ello provoca un enorme descontento del profesorado con la situación actual, que ve imposible impartir clase a determinados grupos, e incluso siente miedo o angustia previo a entrar en determinadas aulas.

El estrés sufrido por muchos profesores/as el cual les aboca a sufrir diferentes enfermedades, es provocado por esas actitudes de determinados alumnos y por las humillaciones recibidas por parte de éstos, y por las que constatan también en otros compañeros de profesión.

Los bajos niveles de convivencia en las aulas vienen dados por diferentes cuestiones o sucesos que los profesores reconocen haber vivido o conocido, y que se relacionan con ataques a la propiedad, con humillaciones, con insultos, con alumnos que les “levantan la voz”, con situaciones que hacen salir al profesor llorando de clase, con robos, con el deseo de abandonar la enseñanza y con las agresiones físicas por parte de algún alumno o familiares de éste.

Todas las situaciones de indisciplina y su evolución tienen como protagonistas a los alumnos, a los profesores y a las familias, destacando especialmente las familias desde la óptica de los profesores como las más negativas, seguidas por los alumnos. Y aunque en bastante menor medida, los profesores considerados como grupo, bien por desinterés bien porque no ejercen su función, también se asignan una cuota de responsabilidad en la evolución de esas situaciones. Pero no tanto porque se sientan responsables de ese deterioro de la disciplina, de la que piensan no tener en sus manos el remedio para resolverlo, sino que quizás se centre exclusivamente en lo relativo a la suciedad en que quedan muchas aulas desde primera hora de la mañana, y en la constatación de humillaciones y problemas de sus compañeros de profesión, por parte de determinados alumnos, ante los que con demasiada frecuencia suelen ignorar simulando “no enterarse”, algo que a su vez, puede relacionarse con el respaldo recibido por los profesores desde la dirección del centro educativo, pues el respaldo que la dirección  proporciona o no a los profesores en sus conflictos interpersonales frente a alumnos y padres de éstos, resulta determinante para el manejo de la ansiedad del propio docente.

Pero los docentes tienen difícil arreglar por sí mismos la situación, porque la autoridad académica está cada vez más devaluada. Se ha destruido la autoridad del profesorado, que llega a sentirse inseguro y hasta pierde el control de su clase. Los alumnos gozan de una elevada permisividad en su casa, y los profesores tienen “atadas las manos” a la hora de imponer sanciones. Ha de hacerlo el “Consejo Escolar” o el Director del Centro. Pero el profesor, individualmente, carece de competencia real para imponer siquiera mínimas sanciones más allá de la puerta del aula.

Pero todos estos problemas de los que hemos venido hablando no afectan a todos los profesores por igual. La personalidad de cada profesor es determinante en el control del estrés por parte del docente, ante las situaciones de indisciplina, pero a parte de ello, las profesoras resultan “más perjudicadas que sus compañeros varones”.

La edad y la experiencia docente o antigüedad, también influye. Son los profesores más jóvenes y con menos experiencia docente. Tener poca experiencia y ser del género femenino son factores de riesgo para recibir maltrato de los alumnos.

A pesar de todo lo que soportan los profesores de Secundaria, tienen en muchas ocasiones dificultad para denunciar las situaciones de abuso del alumnado, porque suelen volverse contra el mismo docente, al que se acusará de no ser capaz de mantener el orden y el buen clima de la clase.

Se confirma así que el “malestar del profesorado” de Secundaria es real y bastante profundo. Sus particulares enemigos son la violencia en las aulas, la falta de interés por lo que dicen, y los mediocres resultados que obtienen los alumnos con su trabajo, y ello hace que la escuela esté perdiendo mucho, que esté degradándose a niveles que podrían calificarse de tragedia.

Ciertamente, la violencia escolar tipo bullying merece por supuesto toda la atención de los profesores, y todos los proyectos encaminados a erradicarla serán siempre insuficientes, pero opinamos que la conflictividad en el aula, la violencia catalogada como “de baja intensidad” que se ha venido describiendo, resulta mucho más perjudicial para el sistema y para la convivencia en los centros escolares que la anterior, pues ésta ataca directamente a los profesores mucho más de lo que en un principio pueda creerse. Podría decirse que hoy por hoy, son los profesores de Secundaria los verdaderamente “acosados” por sus alumnos. Al menos, no podemos negarles el papel de víctimas.

Fuente: conflictoescolar.es/

Qué hacer cuando tu hijo parece que te está desafiando

¿Tu hijo en edad infantil se niega a hacer lo que le has pedido, no quiere recoger o ponerse esos pantalones? ¿Te mira fijamente y se da media vuelta? En muchas ocasiones a los padres nos invade la sensación de que ese pequeño al que adoramos nos está desafiando descaradamente. Y a veces más que una sensación es una certeza. Te contamos por qué nos desafían y qué podemos hacer para manejarlo de la mejor manera posible.

¿Por qué muestran esas conductas que parecen desafiantes?

No hay intención por su parte

Lo que tenemos que tener clarísimo los adultos es que a pesar de que utilicemos la palabra “desafío” no se trata de algo intencional o con carga de “maldad”.

No, los niños no nos desafían para hacernos la vida más complicada, ni lo hacen para vernos sufrir porque eso les proporcione placer. Los niños muestran estas conductas como parte de su desarrollo. Te lo explico en el siguiente apartado.

El desafío forma parte del desarrollo normal y esperable de los niños

Es frecuente que asociemos este tipo de conductas desafiantes con problemas de conducta en nuestros peques, pero la realidad es que no les pasa nada malo: desafiar forma parte de su desarrollo normal y deseado.

Los niños de entre 1 y 3 años están inmersos en un proceso de desarrollo alucinante: su cerebro, personalidad y la idea que tienen del mundo está en pleno proceso de formación, es mucho con lo que tienen que “lidiar”, son muchos los cambios, y como efecto de toda esta vorágine se produce ese desafío a los padres.

Los niños a estas edades están inmersos en:

  • Explorar el mundo: su desarrollo tanto físico como cognitivo pasa porque los peques exploren, es una de las formas de aprender, una muy importante además. Y para aprender del mundo que les rodea necesitan tocar, oler y por supuesto probar… probar el sabor de las cosas y probar qué pasa si tiro el champú dentro de los zapatos de mamá. Porque todo es nuevo, porque todo está por descubrir, porque es lo que tienen que hacer para desarrollarse correctamente.
  • Aprender más sobre las interacciones sociales: cómo son, qué se espera que haga… Su mundo social justo está empezando a desarrollarse, y tienen mucho que aprender. Hasta ahora las interacciones sociales eran más limitadas, las de la etapa de bebé, pero ahora todo eso se amplía, aparecen los iguales (a los que ya reconoce y con los que quiere interactuar), el juego ya no es en paralelo sino conjunto… Todo es nuevo y no saben qué y cómo proceder, están aprendiendo.
  • Desarrollo de su identidad: en esta edad se forja su identidad, el sentido de “yo”. Hasta hace bien poco, de bebé, no distinguía bien los límites entre mamá y él, pero ahora empieza a comprender que es un individuo a parte.
  • Su cerebro va a mil por hora, estableciendo relaciones y conexiones… es más impulsivo que el de un adulto.
  • Aprendiendo sobre sus emociones (aún no saben gestionarlas).

Todo esto combinado, esa necesidad de exploración junto con no tener claro esto de las interacciones con otras personas (ni las normas sociales) y mezclado con que están en pleno proceso de “Eh, que yo estoy aquí” (identidad) hace que un “No toques eso” sea recibido como una total y absoluta invitación a tocar precisamente eso que nos han prohibido.

Niña seria

Qué hacer con los desafíos

  • Ten en mente todo el rato que no se trata de algo que hagan, como decía, para molestarte. Enfría tus pensamientos y no te enfades. Cuanto más calmado estés tú más calmado estará el peque.
  • No respondas con lo primero que se te viene a la cabeza, porque probablemente sea algo cargado de enfado y frustración. Date un tiempo para repensar lo que vas a decir.
  • Intenta hacerle ver que entiendes cómo se siente verbalizando lo que te dice o preguntándole: ”Entonces, cariño, es que no sabes qué hacer?”
  • Si se pone agresivo muéstrate calmado, dale un tiempo para que baje ese enfado sin insistir en lo que le estabas pidiendo. También puedes ponerte a su altura y abrazarle sujetándole los brazos, de esta forma impides que haga aspavientos y se haga daño y además con el tacto conseguirás calmarle y tranquilizarle.
  • Anticípate: si a menudo tienes que ir detrás del peque diciéndole eso de “no lo toques o lo no cojas” van a pasar dos cosas: que lo siga tocando, por todo lo que he explicado antes (ya sabes, no es que no quiera hacerte caso) y que tú te frustres. Así que una manera de evitar tentaciones es retirarlas de la vista. Al menos las que de verdad no quieras que toque. Adaptar nuestra casa a los niños les va a permitir precisamente esa exploración tan necesaria, y además sin la censura de papá y mamá.
niña enfadada

Qué dices y cómo lo dices

Cuando tengas la sensación de que tu hijo no te hace caso y que “pasa olímpicamente” de lo que le estás pidiendo, te pido que te pares un momento y pienses en qué le has pedido y cómo lo has hecho.

¿Por qué? Porque a veces, muchas veces, somos nosotros los que exigimos y nos frustramos, porque les pedimos cosas que no son capaces de abarcar por su edad. Me explico:

Estate un rato en silencio. Prepárate que nos vamos al cole… Esto, que decimos muy a menudo órdenes muy complejas para los peques, a pesar de que para nosotros parezcan la mar de sencillas. ¿Qué es un rato? ¿Qué es silencio? ¿Qué hace falta para estar listo para el cole? Los niños necesitan que seamos concretos, que les especifiquemos qué queremos y qué les estamos pidiendo, sin ambigüedad y con conceptos tangibles y claros.

¿Cómo podemos hacérselo más accesible?

  • Divide la tarea en partes, en pequeños pasos más sencillos. Así es más difícil que se frustre, que se aburra y abandone. Así irá alcanzado metas y eso le reforzará a llegar a la meta final.
  • Dale instrucciones lo más concretas posibles (qué quieres que haga, con pelos y señales, adaptándote a la edad y capacidades del niño).
  • Ajusta tus expectativas: tu niño es eso, un niño, y como veíamos más arriba está en plena esfervescencia, está aprendiendo de todo, y pedir que esté quieto, que haga sententa cosas y que encima las haga rápido quizá es pedir mucho.

Fotos: Pexels.com

Fuente: bebesymas.com

Cómo influyen los colores en la conducta de los niños

¿Sabes en qué consiste la colorterapia o psicología del color? Se trata de utilizar los colores para cambiar un estado de ánimo o una conducta. Los colores ayudan a conseguir la calma, o por el contrario, nos aportan más energía. Y los colores, sí, también nos ayudan a concentrarnos.

Por ejemplo, según la interiorista Susanna Cots, el blanco es el color más beneficioso para creatividad de los niños. De ahí que la mayoría de los muebles infantiles se presenten en este color. Te parecerá sorprendente, pero los colores tienen un gran poder sobre nosotros. Te explicamos cómo influyen los colores en la conducta y emociones de los niños, así como en su aprendizaje.

Tabla de los colores

La ciencia está de acuerdo en que los colores ejercen un poder sobre el estado de ánimo de las personas. Y que también pueden mejorar la concentración, disminuir o aumentar la agresividad, ayudar a conciliar el sueño o estimular la memoria.  Los colores pueden influir también en la conducta de los niños. Te explicamos de qué forma.

El blanco: Tal vez pienses que el color más ligado al a creatividad sea el amarillo, o el naranja, por eso de que es vital y transmite energía y optimismo. Pues la realidad es que no es ese color el mejor aliado de la creatividad infantil. Según la interiorista Susana Cots (Girona, España), el color blanco es el mejor color para decorar las habitaciones de nuestros hijos, ya que es el que transmite pureza, calma y orden visual, y por tanto, es el mejor para incentivar la creatividad.

El rojo: Aporta energía y vitalidad, pero también puede producir algo de agresividad. Es recomendable para niños más retraídos o tímidos, y debe evitarse sin embargo en el caso de niños muy movidos, niños con hiperactividad o aquellos niños que tienden a exteriorizar su enfado por medio de rabietas.

El amarillo: Es un color ligado al estímulo intelectual. Como el color rojo, es un color muy vital. También es muy beneficioso para estimular la concentración de los niños. También muy útil para niños con depresión, ya que transmite mucho optimismo.

El azul: Se trata de un color relajante que transmite serenidad y paz. Muy indicado para niños con problemas para dormir, ya que beneficia el sueño. Es bueno para niños muy activos, pero no está indicado para niños tranquilos, ya que su exceso puede producir somnolencia.

El verde: Los psicólogos dicen que el verde consigue el equilibrio. Es un color excelente para transmitir armonía y calmar el sistema nervioso. Incluso puede ayudar a mejorar la capacidad lectora, tanto en velocidad como en la comprensión lectora. Ideal para niños más nerviosos o con problemas para manejar sus emociones. También como no, para niños con tendencia a las rabietas. Sin embargo, usar el color verde en exceso puede promover la pereza.

El naranja: Este color es una perfecta combinación de los beneficios del color rojo y el amarillo. Además, estimula la comunicación (perfecto para niños a los que les cuesta más hacer amigos) y algunos psicólogos aseguran que también es bueno para niños con poco apetito.

El morado o Púrpura: Combina la tranquilidad del azul y la energía del rojo, por lo que es un color bastante equilibrado, y muy ligado a potenciar la intuición.

Fuente: guiainfantil.com

Cuando nada funciona para mejorar la mala conducta de los hijos

Los padres solemos utilizar los castigos para sancionar una mala conducta de nuestros hijos. Son frases habituales: “te vas al rincón” o “te quedas sin televisión”.

Sin embargo muchas veces, es más casi siempre, ni piensan, ni vuelven arrepentidos del rincón. Por lo tanto, la conducta vuelve a repetirse una y otra vez: ya sea pegar al hermano, gritar, patalear o no recoger los juguetes. ¿Qué hacer si el castigo o consecuencia educativa no parece afectar al niño?, ¿y si le da igual no ver su programa favorito o jugar un rato con la tablet? James Lehman ha elaborado un método, según dicen, infalible para cambiar la conducta de los niños

10 pautas para cambiar el mal comportamiento de los niños

Hay padres que siguen recurriendo al azote o al cachete, pese a que todos los especialistas insisten en lo negativo de esta sanción. Y otros, se dan contra un muro y se encuentran en una calle sin salida porque no encuentran la manera de lograr que el niño aprenda de un mal comportamiento.

James Lehman, que fue un sin techo y ex convicto, tras sus primeros y oscuros años decidió dar un giro radical a su vida e inició una carrera como trabajador social centrando su labor en niños con problemas. Desarrolló un Programa de Transformación Total (Total Transformation Program) que es seguido por miles de padres norteamericanos. Y es que consigue cambios tremendamente positivos en los niños. Lehman habla de 3 roles fundamentales que han de asumir los padres para enseñar un mejor comportamiento al niño:

  • Rol de entrenador
  • Rol de solucionador de problemas
  • Rol de limitador

Y además, dio una serie de pautas básicas para lograr cambios radicales en la actitud de los niños, pautas que deben acompañar a nuestros hijos en su camino a la adolescencia:

  1. Asumir el control: debemos tomar el mando de manera segura y sin dudas.
  2. Desconectar: ante cualquier mala conducta, detenernos en seco y no prestar atención al niño, no discutir ni argumentar en ese momento.
  3. Guiarlo para la próxima vez: utiliza una mala experiencia para enseñarle cómo debe comportarse la próxima vez.
  4. No des discursos: no hay explicaciones ni razonamientos, cuando hay un mal comportamiento, automáticamente llega una consecuencia.
  5. Centrarse en el mal comportamiento: explica al niño qué comportamiento debe cambiar (golpear al hermano, romper juguetes…)
  6. Parar la sobre estimulación: no discutir ante una multitud, apagar la televisión, enviar al niño a la habitación…
  7. Utilizar el afecto: reforzar al niño positivamente cuando tiene una buena actitud.
  8. Explicar cómo actuaremos ante una mala conducta: “no hablaré contigo cuando estás siendo así de grosero”.
  9. Nunca descomponerse: no mostrar enfado, ni gritar o perder la paciencia.
  10. Aceptar los malos días: ser consciente de que todo el mundo tiene un mal día o un momento de mal humor y decir al niño “empecemos de nuevo, sé que has tenido un mal día pero no me culpes a mí”.

Fuente: guiainfantil.com

 

Los niños no saben mentir ¡lo aprenden!

Mentir es parte del crecimiento y se da por muchas razones pero ¿Por qué mentimos?

La mentira no nace con el ser humano, el niño la va aprendiendo y adquiriendo a través de su entorno, familiar, escolar y social, y es una forma de defensa ante un hecho y siempre esconde un fin, aunque a veces sea inocente, incluso e bondadoso.

Según investigaciones, los pequeños mienten para evitar un castigo, defender su inocencia cuando cometen un error o por vergüenza. No suelen provocar daño en otros a propósito. Y reciben la mentira como una traición, sobre todo por parte de sus progenitores.

La psicóloga Victoria Talwar, de la Universidad McGill analizó el desarrollo de la moralidad en los pequeños y descubrió que la mayoría de los padres les dice a sus hijos que la mentira es mala, pero al mismo tiempo los niños aseguran que sus padres dicen mentiras piadosas para hacer su vida más fácil, lo cual es confuso para ellos.

Según los expertos, los niños comienzan a mentir entre los 3 y 4 años, cuando los padres ya no tienen un control absoluto de ellos y los pequeños son un poco más independientes. El doctor Wenceslao Piñate, catedrático de Psicología de la Universidad de La Laguna, de Tenerife, la mentira siempre es un recurso funcional regulador, “es un aprendizaje para conseguir un bien para sí mismo, evitar herir o ir a hacer daño deliberadamente”. Esta función sería normal, sin embargo “el problema comienza cuando esta actitud se convierte en rutina, convirtiéndonos en personas muy mentirosas y que emplean la mentira, incluso la calumnia como venganza o, simplemente, para dañar a otros.

Fuente: padresehijos.com.mx/

¿Cómo identificar a alumnos con altas capacidades en el aula?

Carmen Sanz Chacón es la presidenta de la Fundación El Mundo del Superdotado, y en el siguiente artículo nos proporciona las pistas necesarias que ayudarán a identificar aquellos niños con altas capacidades en la escuela.

La estadística nos dice que tenemos al menos un 2% de niños superdotados, estudiantes con altas capacidades intelectuales que, según la ley de educación, tienen necesidades educativas especiales. En este sentido, el centro es responsable de la identificación de este tipo de alumnos y, por lo tanto, también de los que presentan altas capacidades.

La falta de identificación puede producir graves problemas de adaptación, tanto en el ámbito emocional como en el educativo, problemas que se pueden prevenir y evitar si se realiza una identificación temprana y se ponen en marcha las medidas educativas necesarias en estos casos: aceleración de curso, enriquecimiento curricular y agrupamiento en actividades especiales para estos niños en las aulas abiertas de altas capacidades que deberían existir en todos los centros escolares.

Los decálogos de la superdotación

Los niños superdotados a menudo muestran las siguientes capacidades y actitudes:

-Aprenden a leer muy pronto y tienen gran facilidad con los números.

-Les gusta estar con niños mayores.

-Están en su mundo, abstraídos en sus cosas y son bastante despistados.

-Son muy sensibles.

-Piensan rápido, aprenden rápido y tienen muy buena memoria.

-Son muy exigentes con ellos mismos y con los demás.

-Son hiperactivos mentales y tienen muchos intereses a la vez.

-Son niños con baja autoestima, retraídos y/o con problemas de conducta, y con poca resistencia a la frustración.

-Tienden a cuestionar las normas y la autoridad.

-Son imaginativos, preguntan mucho y tienen un sentido del humor especial.

Por el contrario, los niños superdotados generalmente no son:

-Niños con alto rendimiento, es frecuente el fracaso escolar.

-Niños motivados, si no reciben educación especial suelen estar aburridos y desmotivados.

-Niños con Trastorno por Déficit de Atención y no necesitan medicación. Sólo se aburren.

-Niños hiperactivos, y no necesitan medicación. Necesitan hacer cosas que les interesen.

-Niños con Trastorno Negativista Desafiante. Se rebelan porque nadie les comprende.

-Niños con Trastorno de Evitación. Evitan a los demás porque les rechazan.

-Niños enfermos. La superdotación no es una enfermedad, es un regalo.

-Niños problemáticos, si dan problemas es porque necesitan ayuda.

-Niños que no necesitan nada, tienen necesidades educativa especiales según la ley.

-Niños imposibles, necesitan cariño, atención y apoyo para ser felices, como todos.

Apuesta por la formación docente

La formación del profesorado es fundamental para identificar a estos alumnos.

Fuente: Educación 3.0

 

Contacto animal: terapia de afecto para autismo y más

 

La terapia asistida busca, a través de los perros y otros animales, que los niños con autismo puedan tener una interacción positiva con personas, aunque no es el único requerimiento. Perros como el Golden Retriever y el Labrador son dos razas más usadas, pero se pueden encontrar mestizos que también logran un trabajo increíble, ya que el secreto es saber seleccionar y entrenar bien los perros.

Nuria Blanco Piñero, terapeuta infantil de la Fundación ATAP comenta que “el perro es una herramienta más del profesional, que seleccionará los rasgos que más le interese para el colectivo con el que va a trabajar. Ayudará en el abordaje de los problemas físicos, sociales, conductuales o emocionales, desde la perspectiva de la rehabilitación, la estimulación, el aprendizaje o la compensación de funciones y recursos”.

Los perros pueden ayudar a redirigir la mirada del niño, captando su atención y sirviendo como vehículo para que el terapeuta realice su trabajo con más facilidad.

Para los niños con problemas de conducta, que se frustran, que no pueden lidiar con respuesta prohibitibas o con un “no”, que desconocen conceptos como turno, esperar o atención, la mascota les motiva para respetar unos tiempos y órdenes hasta lograr resultados.

Para niños que les cuesta empatizar o tiene trastornos mentales o depresivos, un animal le ayudará a liberar más oxitocina (amor) y endorfinas (felicidad), reducirá el nivel de estrés y bajará por tanto la presión arterial y le ayudará a hacer amigos.

Y no sólo los perros funcionan como terapeutas, existen casos de éxito donde un loro llamado Pitágoras juega con niños que tienen problemas para expresarse o entender palabras; la chinchilla Aníbal que se deja tocar delicadamente como forma de controlar la impulsividad; y si en el juego se suman un insecto palo, un cachorro y peces, la sesión multiespecie se convierte en un espacio para habilidades sociales y juegos en equipo.
Los beneficios serán sobre todo en el plano emocional, disminuyendo la sensación de estrés que esconde este problema y creando lazos afectivos, con el mimo y el acompañamiento.

Fuente: www.padresehijos.com.mx/

No soporto a mi hijo

No soporto  a mi hijo,  no soporto lo que hace, no soporto cómo se porta, no soporto lo que dice, no soporto cómo actúa y a veces hasta cómo se mueve.

“No soporto que no me deje ver una película tranquilamente en casa”.

“No soporto  hablarle y que no me haga ningún caso”.

“No soporto  salir a un parque y que llegue a casa como una croqueta rebozado de arena con la ropa toda sucia”.

“No soporto  ver como se pelean entre hermanos”.

“No soporto  tener que escuchar gritos, llantos y risas a todas horas sin poder disfrutar del silencio”.

“No soporto  llevar el coche lleno de trastos suyos, migas de galletas y botellas de agua”.

“No soporto  llegar tarde a los sitios por su culpa”.

“No soporto  tener siempre la casa manga por hombro porque solo saben jugar y ensuciar”.

“No soporto  no poder dormir por las noches porque tienen que despertarse y despertarme para todo”.

“No soporto  no poder ir a un centro comercial de tiendas porque mi hijo no es capaz de estarse quieto y obedecerme”.

“No soporto  no poder hablar por teléfono porque siempre tiene que interrumpirme”.

“No soporto  que me manche la ropa con sus manos sucias”.

“No soporto  tener que repetir mil veces las cosas para que me obedezcan”.

¿Te has identificado con alguna o algunas de estas frases?

¿Tu hijo te escucha decirlas? ¿Siente que piensas así? ¿Qué mensaje le quieres transmitir?

Somos padres además de otras muchas cosas, pero somos padres y que nuestro hijo nos dé un abrazo con las manos sucias y nos manche nuestra camisa, que no podamos ir de compras con la tranquilidad que lo hacíamos antes de tener niños, que nos interrumpan cuando hablamos por teléfono… está incluido en el plan de padres.

“Ser padres es disfrutar de como tu hijo se mueve, juega, salta y grita”.

“Ser padres es disfrutar de ver una película con tus hijos al lado y en familia”.

“Ser padres es disfrutar hablando con tus hijos y mostrando el camino todas las veces que sea necesario hasta que sepan caminar solos”.

“Ser padres es disfrutar de tus hijos cuando están en el parque y regalarles una sonrisa y no un mal gesto cuando vemos su ropa sucia”.

“Ser padres es disfrutar de tus hijos en todo momento y aprender de ellos cuando por sí solos solucionan sus problemas de hermanos sin necesidad de intervenir”.

“Ser padres es disfrutar de la compañía y el sonido de la infancia y no el silencio de la soledad”.

“Ser padres es disfrutar de tus hijos y su compañía en cada viaje mirando en el asiento de atrás y viendo cada huella que dejan de su paso y su crecimiento”.

“Ser padres es disfrutar de esos momentos de prisas y carreras por llegar a la hora en familia, aprendiendo lo que es la vida y colaborando unos con otros”.

“Ser padres es disfrutar de una casa llena de luz y juegos de niños aprovechando todos esos momentos de juguetes tirados para endulzarte el día con sus historias y poder involucrarte en su mundo de juegos”.

“Ser padres es disfrutar de esas noches en las que tu hijo te necesita y solo tú puedes consolarle y borrar sus miedos y malos sueños con un simple abrazo y todo tu amor”.

“Ser padres es disfrutar cuando sales con tu hijo a un centro comercial y la vida ha cambiado de color pasando a ser todo un juego con risas y entusiasmo, no un simple día de compras en el que todo gira en torno a uno mismo”.

“Ser padres es disfrutar de tu hijo cuando reclama tu atención mientras hablas por teléfono y te pide a gritos participar de tu mundo  y acompañarte en todo”.

“Ser padres es disfrutar de tu hijo cuando con todo su amor viene a darte un abrazo con sus manos sucias para agradecerte lo rica que estaba su merienda”.

“Ser padres es disfrutar de tu hijo cuando colabora, cuando aprende con tu guía y ves su propia autonomía y no una sumisión por tener que obedecerte”.

La infancia de tu hijo no es para siempre, crecerá y dejará de ser un niño del que poder disfrutar.

Aprovecha cada segundo y cada acto que ocurra mientras te deje hacerlo. Llegará un día en el que el silencio volverá, la casa estará de nuevo ordenada, el sofá volverá a ser un lugar en el que poder ver películas en soledad y calma, la noche será eterna y echarás de menos esos abrazos siendo tú quien necesite su compañía.
Llegará todo eso que echas de menos cuando te conviertes en padre, volverá, pero mientras vuelve tienes algo de lo que disfrutar y aprovechar porque cuando quieras darte cuenta se habrá ido.

La vida te  ha dado la grandísima oportunidad de ser padre, disfruta de lo que tienes.

Fuente: Criar en positivo