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La tarea de educar: Compartida entre maestro y familia

Emelinda Padilla
Santo Domingo

Acostumbro a recalcar en mis cursos y talleres a maestros y equipos de gestión que “cada niño o niña que llega a la escuela, no lo hace solo/a. Con él/ella viene también su familia y todo lo que ese sistema representa y significa”.

Este reiterado énfasis resulta de una práctica repetida que observo en la realidad de nuestra escuela: “Los maestros y otros actores del quehacer educativo están llenos de prejuicios y creencias con relación a la validez y conveniencia de integrar y dar participación a las familias en los procesos de enseñanza”. Cuando pienso en cómo aportar para lograr cambios en ese sentido, me pregunto si estarán esos maestros formados para que puedan dialogar con las familias u otros adultos sobre sus niños.

Así como en la tarea de educar convergen especialistas de diferentes áreas, es innegable que la familia es determinante en el desarrollo socioemocional, psicomotor y lingüístico del niño. No todas las familias educan a sus hijos de igual forma, la educación de la familia va generando en los niños valores, actitudes, temores, alegrías.  Mientras más se alejan los valores que impone el centro educativo de las formas de crianza de la familia, más difícil será acercarse a ella y a los niños.

Este proceso se torna más complejo cuando la educación está dirigida a familias y niños provenientes de los sectores económicos y sociales menos favorecidos, ya que entran en relación “expectativas, supuestos y mitos recíprocos, provenientes de mundos con códigos culturales distintos”.

Entonces surge otra pregunta: ¿Están los docentes preparados para relacionarse con un mundo cultural distinto de aquel del cuál provienen? Desde ese punto de vista, y reconociendo a este profesional como un ser humano, con creencias y actitudes propias, y no como un mero transmisor de conocimientos, es indispensable que en su formación autoevalúe su desarrollo como persona, de tal forma que reconozca sus fortalezas y debilidades, y se valore a sí mismo, para que de este modo pueda aquilatar a los otros en sus fortalezas, y descubrir también sus limitaciones.

Estoy segura de que muchos de nosotros hemos conocido centros educativos donde está prohibida la entrada de los padres a las aulas de clases y donde sólo se les convoca para informarles sobre tal o cual tema de interés particular o común (“Mientras menos metan sus narices en la escuela, mucho mejor”). Indudablemente esto es el reflejo de los miedos e incertidumbres de los docentes, quienes perciben a las familias de sus alumnos como enemigos y amenazantes para el establecimiento y la cultura que se les entrega.

No obstante, la manera de vivir que tiene la familia es la primera fuente de aprendizaje para los niños y las niñas, y la vida democrática también se aprende en la práctica familiar. En consecuencia, se requiere aprender a integrar la cultura de la familia y los recursos del medio natural y social, como bases fundamentales del proceso educativo.

No podemos continuar enseñando las mismas cosas a niños y niñas de contextos, realidades y culturas diferentes. La estandarización de los contenidos hace que “lo que se enseña” esté muy alejado de los conocimientos, intereses y motivaciones de los estudiantes. Al tiempo de que dificulta cada vez más las posibilidades de integración y participación de las familias en los procesos del aula y en el ambiente diverso que en ella se conjuga.

Pretender contar con familias participativas y cercanas a la vida de la escuela, implica que aceptemos y aprovechemos la riqueza de sus diferencias, valorarlas en vez de rechazarlas, promoverlas en vez de ocultarlas y validarlas en vez de descalificarlas.

Al igual que sus hijos, los padres y todo el sistema familiar que rodea a los alumnos, deben sentirse cómodos en la escuela, aceptados en lo que son y en lo que creen, identificarse con la comunidad educativa y sentirse parte importante de ella.

Así y no de otra forma, la tarea de educar será compartida felizmente entre escuela-familia y comunidad.  Donde todos crecemos, aprendemos y somos parte de un espacio que se relaciona armónica y constructivamente. Una escuela que enseña a todos y con todos..

Cómo mejorar la comunicación familias-centro educativo

Hoy en día no es posible hablar con seriedad sobre el rendimiento del alumnado sin aludir, con la misma seriedad, a la relación familias-centro y las maneras en las que esta comunicación puede ser mejorada. Este análisis debe ir mucho más allá del tiempo que nuestro alumnado pasa junto a su familia y a las fiestas del centro, si hubiera, a las que éstas asisten: las familias han de sentirse incluidas en la cultura escolar, no solamente “invitadas” a asistir a eventos, reuniones, etc…

Muchas veces, el paso de Primaria a Secundaria supone muchos problemas de cara a lograr una comunicación efectiva desde el centro; es posible que muchos padres y madres sientan cierta incomodidad en entornos educativos, debido a múltiples razones, también es posible que, ahora que sus hijos e hijas se hacen mayores, consideren que es menos necesaria esa atención y comunicación con el centro educativo, etc.

La comunicación familias-centro es vital para evitar el abandono escolar temprano y el fracaso escolar: los centros que logran implementar medidas y protocolos con éxito parecen tener mejores resultados estudiantiles, incluyendo las tasas de absentismo, las tasas de graduación, y también comprendiendo aquellas conductas de riesgo, como el abuso de alcohol por parte del alumnado. Pero, ¿Cómo hacerlo? Heather Wolpert-Gawron nos deja unos consejos que pueden ser aplicados a nuestro entorno; algunos de ellos son más viables que otros, debido a las limitaciones socio-culturales pero también a las limitaciones que nos impone el currículum y la jornada lectiva normalizada.

  1. Hay que empezar en Primaria

Las reuniones de las Asociaciones de Padres, Madres y Amigos de la Escuela (Admae) en los Institutos suelen ser más grandes (debido a que las aulas tienen más número de alumnos y alumnas, claro): esto puede resultar intimidante para familias con niveles educativos más o menos básicos. Esto condicionaría un bajo nivel de compromiso e involucración de las familias con el centro de Educación Secundaria: es necesario sembrar la semilla en Educación Primaria. En consecuencia, se plantea como crucial una colaboración a nivel institucional para abordar esta área de mejora: el Instituto o centro de Educación Secundaria debe estar coordinado con los colegios en una acción conjunta que satisfaga las aspiraciones de toda la comunidad educativa.

  1. Admae más activas

Es necesario dotarlas de un rol más activo y hacerlas más inclusivas y “masivas”, de modo que las diferentes culturas familiares queden reflejadas en sus reinvidicaciones, sugerencias, etc.

  1. Mayor inserción en la comunidad educativa

Las familias no suelen estar encerradas en casa: hay lugares comunes compartidos, especialmente en pueblos o ciudades de pequeño tamaño. ¿Dónde se reúnen? Es conveniente que el personal docente comparta, aunque sea en pequeño grado, dichos lugares comunes: esto facilita la comunicación y genera vínculos más profundos que los creados a lo largo de las interminables reuniones.

  1. Los negocios locales, ¿parte de la comunidad educativa?

La autora sugiere publicar anuncios de fiestas, reuniones del centro e, incluso, logros de los estudiantes. Podría ser posible, especialmente para comunidades pequeñas, anunciar los eventos importantes, jornadas de puertas abiertas, etc. en pequeños negocios locales. Esto incluye mucha más gente en nuestra comunidad educativa: muchas voces aportan más.

  1. Análisis de necesidades

Las evaluaciones de necesidades son vitales para determinar en qué situación nos encontramos y cómo mejorar la comunicación; no dejes de evaluar la situación previa. Puedes utilizar grupos, entrevistas…

  1. Construir relaciones

No podemos ni debemos limitar la interacción a los problemas de disciplina o a los problemas académicos del alumnado: no es una buena idea relacionarnos solo para cosas “malas”. Es necesario construir un clima de confianza y comodidad.

  1. Formación para familias

Muchos institutos han llevado a cabo acciones formativas para las familias, como Escuela de Parentalidad Positiva o algunas mini-formaciones en TIC y prevención.

 

Fuente: escuela20.com

 

¿Por qué no tienen ganas de aprender?

Para que alguien aprenda algo tiene que querer aprender. Este es el primer requisito imprescindible para el aprendizaje. No se puede forzar el aprendizaje, como mucho conseguiremos que memoricen pero en ningún caso que aprendan. Pero ¿cómo conseguimos que tengan ganas de aprender? ¿Cómo podemos lograr que quieran aprender?

Las ganas de aprender

El aprendizaje es algo natural del ser humano. Las personas desde que nacen, están constantemente aprendiendo gran cantidad de cosas. Cuando algo nos interesa queremos saber más, queremos conocerlo, queremos hacerlo y nos dedicamos a explorarlo, a hacerlo a conocerlo. Eso es el aprendizaje.

Para que ocurra el aprendizaje tenemos que querer aprender, no se puede aprender si uno no quiere aprender. Las ganas de aprender constituyen el primer y necesario paso para que se produzca el aprendizaje. Sin ganas de aprender no hay aprendizaje.

Las ganas de aprender constituyen el componente actitudinal del proceso de aprendizaje:

  • El interés por aprender.
  • La voluntad de aprender.
  • La motivación por aprender.

Las ganas de aprender constituyen la actitud adecuada para que se produzca el aprendizaje.

¿Por qué no tienen ganas de aprender?

Las ganas de aprender o actitud positiva hacía el proceso de aprendizaje, parten del papel que el que aprende tiene en su proceso de aprendizaje. Cuando no son los protagonistas activos del proceso de aprendizaje los estudiantes difícilmente se implicaran con el mismo y no se esforzarán, ocurre lo siguiente:

  • No les interesa lo que aprenden.
  • Le aburre, no se sienten implicados.
  • No disfrutan aprendiendo.
  • No hay ganas de aprender y no hay aprendizaje.
¿Qué consecuencias conlleva la falta de ganas de aprender?

La falta de ganas de aprender conlleva diversas consecuencias negativas, veamos:

  • No se producen aprendizajes y por lo tanto se obtiene un bajo rendimiento académico.
  • Puede aparecer la baja autoestima académica y la desmotivación.
  • No creen que su esfuerzo les lleve a conseguir sus metas. Ya que se perciben incapaces de lograrlo.
  • Como consecuencia se implican todavía menos con el proceso de aprendizaje y tienen menos ganas de aprender.
 ¿Cómo podemos despertar sus ganas de aprender?

Es labor de familias, educadores y de toda la comunidad educativa despertar las ganas de aprender. Veamos algunas sencillas ideas que nos pueden ayudar a despertar las ganas de aprender.

  • Implícales de manera activa en su proceso de aprendizaje. En lugar de limitar su papel a ser meros receptores pasivos, procura que exploren, que busquen, que indaguen y que se mantengan activos para aprender.
  • Despierta su interés, y trata de buscar actividades que se ajusten a su manera de pensar y de aprender, para ello crea diferentes experiencias que puedan ajustarse a su manera de aprender.
  • Busca temas y motivos que concuerden con sus intereses, preocupaciones, interrogantes.
  • Trata de despertar su curiosidad para ello puedes utilizar las preguntas.
  • Enséñales que su esfuerzo es básico para lograr las metas, que si se implican y se involucran obtendrán los resultados.
  • Hazles responsables de su propio proceso de aprendizaje, se trata de procurar que sean ellos mismos los que se organicen, los que lleven su seguimiento, lo que dirijan su propio proceso.
La autora es psicóloga y pedagoga

Fuente: educayaprende.com

Un buen maestro sueña

Manu Velasco Rodríguez

En ocasiones, cuando observo a mis alumnos trabajar en el aula sonrío satisfecho, orgulloso, alegre… Imagino lo que serán de mayores. Pero hoy he mirado mi aula con sus pupitres y su pizarra y me he preguntado qué será de ella, de la educación en un futuro. Y he soñado, he soñado despierto. Y, como en todo sueño, la fantasía ha cobrado protagonismo y me ha hecho sonreír ante mi utopía.

Como Martin Luther King, tengo un sueño. He soñado con unas clases sin paredes opacas, sin pupitres fijos, sin disposición ordenada. He soñado con unos materiales vistosos, atractivos, digitales y analógicos y ¿por qué no?, naturales también. He soñado con clases fuera del aula: en la vida, en la naturaleza, en el tren, en el museo. He soñado con profesores motivados, formados, en constante investigación para la mejora de sus clases. He soñado con una ley educativa producto de un pacto, en cuya elaboración hayan sido fundamentales las voces de docentes, familias y alumnos. He soñado con un respeto hacia nuestra profesión y con una consideración social de la misma.

Y he abierto los ojos a mi clase. Sin paredes de cristal, pero abierta; sin mobiliario de diseño, pero flexible; sin excesivos materiales, pero bien usados. Y he visto compañeros motivados y formados que buscan la mejora de su práctica y que motivan a su alumnado. Y he encontrado a familias que valoran nuestra profesión y nuestra labor.

Así que me he dicho: “no vamos por mal camino, todo se andará”. Aunque no hay que olvidarse de que el futuro está empezando ya y todo depende de nosotros. Así que confío en que mi sueño poco a poco se haga realidad en cada aula de nuestro país, en cada uno de nosotros.

Los sueños comienzan a hacerse realidad soñando. Pero con soñar no basta, debemos pasar a la acción y preguntarnos qué podemos hacer para que la educación consiga lo que todos esperamos de ella: crear un mundo mejor.

Podríamos hacer muchas cosas, pero si nos centráramos en las siguientes, nuestro sueño podría dejar de ser una utopía:

  • – Caminar juntos. Los pasos que damos como comunidad educativa son pasos de gigante en comparación con los pasos que podemos dar de manera individual.
  • – Valorar siempre a la persona por encima de los contenidos curriculares, exámenes, programaciones y calificaciones. Procurando siempre su desarrollo intelectual, emocional, social, físico y moral.
  • – Analizar el pasado, presente y futuro de la sociedad para ayudar al alumnado a proyectarse de manera adecuada en ella.
  • – Comprender que igual o más importante que la memorización es aprender a filtrar, analizar, criticar, asimilar y utilizar la información.
  • – Tener en cuenta que el aprendizaje puede darse tanto dentro de la escuela como fuera y que debemos potenciarlo.
  • – No olvidarnos de los elementos básicos de toda renovación metodológica: el interés del alumnado, los contenidos significativos y el fomento de la práctica y la experiencia.
  • – Eliminar la rigidez en la organización de materias y contenidos, así como acabar con el protagonismo de la evaluación para devolvérselo al aprendizaje.
  • – Reflexionar sobre el sentido y la cantidad de tareas y deberes.
  • – Modificar aquellos aspectos que sustentan todo centro educativo: el espacio y el tiempo. Resulta que mientras nuestro entorno ha cambiado sin cesar, estos dos elementos se mantienen inmóviles desde hace décadas.
  • – Establecer acciones para que las brechas digitales se reduzcan y para que los alumnos no se conviertan en meros espectadores y consumidores pasivos de información y productos.
  • ¡Soñemos y actuemos! Porque en la educación se encuentra la solución a los problemas sociales, éticos, políticos y ambientales que padece el mundo.

Fuente: el blog de Manu Velasco

Los ecosistemas protegidos, una fuente de servicios

Hainan Reynoso Uribe

Santo Domingo.- Con motivo de la XXIV edición de Semana de la Geografía, a celebrarse del 13 al 17 de marzo próximo en todas las escuelas y colegios del país, socializamos con la comunidad educativa en general el contenido del segundo eje desde el cual será abordado el tema seleccionado para este año: ¡Aprende! Nuestras áreas protegidas son fuente de vida sostenible.

El fascículo número 2 es de la autoría de la bióloga, ecóloga y medioambientalista Yvonne Arias, directora ejecutiva del Grupo Jaragua.

El tema versa sobre la fuente de servicios que ofrecen los ecosistemas protegidos de la isla. Arias deplora que a pesar de su condición insular, La Española está rezagada en los procesos de gestión participativa de sus costas.

Este cuaderno busca analizar los servicios de los ecosistemas protegidos y su aporte para alcanzar el Objetivo 15 de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La República Dominicana es signataria del acuerdo que busca materializar esos Objetivos Mundiales. El que nos ocupa pretende, “proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, efectuar una ordenación sostenible de los bosques, luchar contra la desertificación, detener y revertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de diversidad biológica”.

Los objetivos suman 17 en total y están basados en los logros de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Asimismo, incluyen nuevas esferas como el cambio climático, la inequidad social, la promoción del cambio con la introducción de novedades, “el consumo sostenible, la paz, la justicia”, entre otras prioridades.

Este llamado mundial tiene el firme propósito de que los pueblos adopten las medidas necesarias para mitigar la pobreza, preservar el planeta y garantizar que todos los seres humanos sean beneficiarios de un ambiente de paz y prosperidad.

Dentro de los objetivos específicos del fascículo 2 de la Semana de la Geografía se cuentan, “Compartir información sobre la importancia de los servicios ambientales de los ecosistemas protegidos dominicanos como base para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenibles” así como también, “Identificar servicios ambientales a la comunidad en ecosistemas protegidos dominicanos”.

La autora establece que los servicios ambientales que ofrecen las áreas protegidas, máxime los ecosistemas marinos, son una herramienta de suma importancia para la disminución de la pobreza.

El valor de los servicios de los ecosistemas

En este sentido, Yvonne Arias explica que la economía ecológica y ambiental analiza los ecosistemas como capital natural, e involucra ideas y métodos de contabilizar los bienes y servicios ambientales. Además de que integra el papel de la naturaleza y los precios  ecológicos derivados del crecimiento.

Esta economía estima que la buena salud e integridad de los ecosistemas garantiza la buena salud de la economía y el bienestar humano.

Arias reflexiona en el sentido de que el valor que se le asigna a las cosas, se expresa en términos de un valor económico como expresión de un sistema monetario. Sin embargo, deplora que en el país el agua, el aire y el suelo no son claramente valorados en los sistemas tradicionales.

El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, junto al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo Mundial para el Medio Ambiente elaboraron el documento “¿Cuál es el valor de los ecosistemas protegidos de la República Dominicana?” Este es considerado como el primer esfuerzo sistematizado para estimar la contribución del Sistema Nacional de Áreas Protegidas dominicano (Sinap) a la economía y el bienestar de la sociedad.

Según expone Arias: “El estudio realizado por Valenzuela, Alpízar y Bonilla, identificó 20 servicios ecosistémicos para la transferencia de beneficios, de los cuales 12 fueron estimados para la República Dominicana. Dentro de estos, el de mayor incidencia en el valor económico total del Sinap fue el de provisión (80.2 %), seguido por regulación (10 %), soporte (5.3 %), legado y herencia (4.4 %) y cultural (0.1 %)”.

 

El Sinap aporta recursos que pueden ser ponderados como insumos para la construcción de bienestar social. “Para lograrlo –afirma Yvonne Arias- es necesario establecer un pacto entre el gobierno, el sector privado, los grupos sociales y la ciudadanía”. Propugna por un manejo compartido, que aporte al desarrollo, basado en soluciones locales que incluyan, entre otras cosas:

  • El saneamiento de la tenencia de la tierra.
  • La demarcación clara de los límites sobre el terreno.
  • La preservación de los pocos bosques húmedos de montaña que quedan.
  • El manejo acorde a los objetivos de su categoría.
  • La puesta en función de indicadores claros de desempeño, como cambios en el área de cobertura de vegetación natural, tasa de deforestación, número de nidos de especies en peligro durante la temporada de reproducción, entre otros.
  • La implementación de los planes de manejo existentes y la elaboración de los que faltan.

Familia y comunidad: actores claves del sistema educativo

Miguel Fersobe Pichardo

Con base en los lineamientos trazados por el Ministro de Educación, Andrés Navarro, en el que aseguró “que su gestión se desarrollaría con un espíritu de trabajo en equipo y de diálogo que permita construir una institucionalidad más efectiva, transparente e inclusiva, con todos los sectores de la sociedad”, el equipo de la Dirección General de Participación Comunitaria tiene la responsabilidad de producir y proponer las políticas, programas y acciones que contribuyan con el involucramiento efectivo de la familia y la comunidad en el desarrollo de la educación dominicana.

Nos hemos propuesto desterrar del último rincón de nuestro país, la anticuada concepción paternalista del estado, particularmente del Gobierno, como único responsable de la educación de sus ciudadanos. La Educación es una empresa tripartita de la familia, el estado y la comunidad. No es posible concebirla sin tomar en cuenta el rol protagónico de cada uno de los diversos actores de este proceso, especialmente cuando nos encontramos migrando de un currículo basado en conocimiento a un currículo basado en competencias, siendo la primera de ellas Ética y Ciudadanía. ¡El aula no es suficiente para formar buenos ciudadanos, hace falta el concurso de todos!

Roles de la familia en la educación

La familia tiene un rol intrínseco a su naturaleza en la educación de los nuevos habitantes del planeta. Es en la familia donde se aprenden las primeras normas básicas de convivencia, es la familia la responsable de nuestra primera aproximación a la lengua, la lengua “materna”, es la familia la que crea los primeros modelos a seguir (papá, mamá, hermanos, tíos, etc.). En fin, es la familia la que nos da la bienvenida al mundo de la educación, y nos acompaña en las primeras etapas de nuestras vidas. De ahí la importancia de contar con familias fuertes, tal y como se denomina un programa que desarrolla actualmente el Ministerio de Educación de la República Dominicana (Minerd), con el auspicio de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC) y el Consejo Nacional de Drogas (CND), entre otros programas y herramientas de orientación y apoyo a la familia como lo son: Padres Juntos Podemos, Habilidades Parentales, Crianza Saludable, Cuadernos de Familia y la Escuela de Padres.

Un segundo rol, de carácter político institucional, es la participación organizada de la familia en el sistema educativo dominicano, a través de los diversos mecanismos creados por las políticas públicas expresadas en las normativas institucionales (leyes, reglamentos, ordenanzas, etc.) que empoderan a la familia como ente participativo del sistema. Para un efectivo desempeño de este rol es necesario el compromiso voluntario de los padres, que va más allá de su afiliación a través de los mecanismos de participación. Es el compromiso que surge de la verdadera vocación de servicio, es el compromiso entusiasta que los lleva a hacer las cosas con pasión, sin esperar nada a cambio, más que la satisfacción del deber cumplido.

El Minerd concentrará todos los esfuerzos en la efectividad de la participación de la familia en la mejora de la calidad educativa. ¡Nosotros, la familia, somos la escuela!

El autor es director general de Participación Comunitaria del Minerd.