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Por qué algunos niños son el “payaso de la clase”

¿Por qué la gente agrede? 4 determinantes de la agresión

La agresión es una forma de relación social muy arraigada. No obstante, su aparición puede estar mediada por aspectos de la situación independientes al estímulo que provoca el enfado. Estos aspectos están relacionados con el medio. En este artículo hablamos de la relación de la agresión con la temperatura, el hacinamiento y el ruido

La violencia es un tipo de interacción social basada en una forma de relacionarse concreta: la agresión. A pesar de los matices negativos generados en torno a la violencia, lo cierto es que está muy arraigada en nuestra sociedad, y es y ha sido un engranaje clave para el desarrollo de nuestra civilización. ¿Es por ello por lo que la gente agrede?

La agresión y la violencia se encuentran en mayor o menor medida en prácticamente todos los seres humanos. Esto se puede observar en el enorme público que avala y disfruta las películas con temáticas sangrientas, existiendo un catálogo muy extenso.

Además, todos los pueblos, también los civilizados, necesitan de policía y ejército. Esto podría deberse al impulso de muchos seres humanos —aunque al final no tenga lugar— de resolver los problemas a partir de soluciones violentas.

Tipos de agresión: afectiva e instrumental

Algunos definen la agresión como una conducta que hace daño a otro ser vivo. Otros autores como Berkowitz añaden la intencionalidad a esta definición, considerando la agresión como una conducta cuya intención es hacer daño.

Buscar agredir a otra persona puede constituirse como un fin en sí mismo —es decir, el objetivo es que la persona sufra— o conseguir algo a través de esa agresión —suele ser la más común—. En base a esto, existen dos tipos de agresión:

  • Agresión afectiva: a través de este tipo de violencia, la gente agrede basándose en el afecto. El objetivo principal es dañar a la otra persona. Suele ser un tipo de agresión basada en el impulso y no premeditada.
  • Agresión instrumental: en este caso, la gente agrede para conseguir otros fines después de esa agresión. Estas ganancias pueden ser muy variadas: conseguir que no nos hagan daño —defensa propia—, beneficios materiales —que una persona nos dé todo su dinero— o simbólicos —ser considerados fuertes en nuestro círculo social—.

Pareja gritándose

¿Por qué se producen agresiones?

Siendo una agresión el resultado de la frustración, un instinto o una descarga de energía inevitable (Miller, 1939), lo cierto es que hay ciertas situaciones donde hay más probabilidades de que la gente agreda, y donde, de hecho, la gente agrede más.

Estas situaciones tienen que ver no con las personas con las que nos enfrentamos ni lo que nos han hecho: tiene que ver con las claves del medio. Por ello, factores como la temperatura o el hacinamiento van a provocar una mayor conducta de agresión en las personas que se encuentran en ese contexto. A continuación, se explican esos 4 determinantes.

Situaciones próximas: transferencia de la emoción

Zillmann propone a través de su teoría de la transferencia de excitación, que la activación emocional previa al momento que propicia la agresión es un determinante para que esa persona elija agredir o no.

Según Zillmann una persona no solo agrede por la activación inespecífica y los procesos cognitivos que se generan en la situación emocional que se está viviendo, sino que también puede ser consecuencia de una situación pasada. Su teoría es que parte de la activación de la emoción anterior se transfiere a la nueva situación.

Esto parece intuitivo; no obstante, cuando una persona sale de una situación que la ha activado emocionalmente, esa activación va disminuyendo hasta, aparentemente, desaparecer.

Aunque la persona haya dejado de sentir esa activación, lo cierto es que tiene más probabilidades de agredir que una persona que no ha estado activada antes; es decir, como eco puede volver al mismo estado de manera más rápida. Esto quiere decir, que si hay algo que nos enfada, la activación emocional que surge de ese enfado será sumada a la activación previa, intensificando la respuesta que damos.

Es importante decir que la activación emocional previa no ha de ser necesariamente negativa. Si momentos antes se ha sentido una felicidad muy intensa, de igual modo esa activación se transferirá a la reacción de ira posterior, viéndose exacerbada. En las investigaciones acerca de la agresión, de hecho, se activaba a las personas a través de ejercicio físico. Los resultados eran los mismos.

Temperatura: calor y agresión

Con expresiones como “tener una discusión acalorada” se observa como la relación entre agresión y temperatura es algo muy arraigado socialmente. Anderson defendió que el calor es fuente de sensaciones aversivas que aumentan la probabilidad de una respuesta agresiva.

Por un lado, Anderson defiende que esto también puede aplicarse a las temperaturas bajas. En el modelo de afecto negativo-huida de Baron y Richardson (1977), se propone que es el malestar que genera el calor, es decir, el afecto negativo, y no tanto la activación que dan las altas temperaturas, lo que explicaría por qué en muchos casos la gente agrede. Lo que postula esta teoría es que si el afecto negativo sentido es moderado, la persona agredirá. Si el afecto negativo es excesivamente alto, se producirá una conducta de huida, disminuyendo la probabilidad de agresión.

Por último, el modelo cognitivo neoasociacionista defiende que en las temperaturas desagradables priman los pensamientos negativos y también la agresión. Esto se da con independencia de la presencia o no de causas a las que atribuir la agresión.

Ruido: síntoma de estrés y agresión

Otro de los determinantes por los que la gente agrede es el ruido. Los altos niveles de ruido han sido relacionados con afecciones físicas, psicológicas, estrés y problemas en el rendimiento; también con otros procesos muy interesantes como la disminución de la conducta de ayuda, y lo que nos atañe, el incremento de conductas agresivas.

Autores como Geen y McCown (1984) llevaron a cabo varios experimentos. Demostraron que las personas sometidas a altos niveles de ruido agredían más que aquellas personas que previamente se habían encontrado en contextos de silencio.

Baron y Richardson (1977) incluyeron una interesante variable: el control.Aunque es cierto que el ruido aumentaba también las conductas agresivas, cuando la persona creía que podía controlar el ruido aversivo, su conducta agresiva era menor que la de aquellos que estaban avocados a él sin que pudieran hacer nada.

Hombre gritando para representar cómo la gente agrede

Hacinamiento: medidas de control

La relación entre hacinamiento y agresión no está del todo demostrada. Ruback y Patnaik (1989) estudiaron la agresión en contextos de hacinamiento. Concluyeron que las conductas agresivas no estaban motivadas del todo por lo aversivo de estar hacinado, pero por la falta de control que el individuo percibía en la situación. Los individuos hacinados trataban de conseguir el control a través de conductas vandálicas.

Aunque la aglomeración está relacionada con procesos psicológicos como el rendimiento o la salud mental, no está del todo claro la relación con la agresión. De hecho, autores como Bagley (1970) defendieron que no es el hecho de estar amontonado lo que fomenta el comportamiento agresivo, pero otros elementos de esa realidad.

Al parecer, son varios los aspectos que pueden influir en que la gente agreda o deje de hacerlo. El hecho de que estos cuatro elementos estén en la situación no determina que la agresión vaya a tener lugar, solo la favorece.Por ello, no es justificación la agresión cuando uno está a cuarenta grados, aunque sea un factor de riesgo para que esta se desarrolle.

Otros factores, como la conducta de las personas con las que interactuamos, los determinantes culturales —como la cultura del honor—, los niveles de gestión emocional o los procesos de socialización de la violencia en el lugar donde vivimos son también elementos que pueden favorecer la violencia.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Qué hay detrás de los niños que se hacen los graciosos dentro del grupo

Que los niños sean los graciosos del grupo no es malo, ni mucho menos. Hay niños con mucho sentido del humor, muy risueños, que les gusta hacer bromas y divertir a los demás.

El problema viene cuando el niño a través de esos comportamientos busca llamar la atención o tener el protagonismo. Son los niños que quieren hacer reír a los demás a toda costa, y no les importa, incluso, dejarse en ridículo ellos mismos. Esto es lo que hay detrás de los niños que se hacen los graciosos dentro del grupo.

Perfil de los niños que se hacen los graciosos dentro del grupo

Es difícil establecer la línea que separa un comportamiento natural y que forma parte de la personalidad del niño, y uno que no lo es tanto. Puede que esa línea la marquen las situaciones en las que se producen esos comportamientos, y la manera en que se producen.

Cuando son disruptivos, cuando no son adecuados a la situación en que se producen, (en medio de una clase por ejemplo), entonces podemos decir que el niño busca algo más que simplemente divertir o expresar su forma de ser.

Puede que estos comportamientos escondan algo más, como por ejemplo la necesidad ser aceptados en el grupo o bien desviar la atención de algún problema o dificultad. No hay un perfil concreto de niños que buscan ser los graciosos del grupo, ni unos criterios establecidos, pero por lo general pueden ser:

Niños que buscan la aceptación de los demás, (por complejos, baja autoestima, pobres habilidades sociales) que no saben cómo hacer para que les “quieran ” otros niños, y para ello, pueden comportarse de forma histriónica, gastando bromas siempre, haciéndose el payaso porque ven que eso gusta a los otros niños.

– Niños con algún problema escolar o de aprendizaje, (niños a los que les cuesta aprender por ejemplo) y buscan en esas llamadas de atención ocultar esas dificultades. Hay que tener en cuenta que en estos niños, estos comportamientos ocultan algo más emocional, y debemos tenerlo en cuenta. Si no pueden llamar la atención por los logros académicos, la llamaré por ser divertido, y de paso oculto que hay tareas que me cuestan más.

– Niños que están pasando por cambios en su vida, y esta forma de actuar es una manera de llamar la atención o de liberar tensiones.
O simplemente, son niños que necesitan llamar la atención porque están acostumbrados a serlo siempre.

En general, sea cual sea el motivo que está detrás de estos comportamientos,  el objetivo final  es llamar la atención y una necesidad de ser tenidos en cuenta. Dependiendo del niño habrá que profundizar en esos motivos subyacentes, atenderlos y trabajar en una doble vía,  la causa de  estos comportamientos, y por otro lado, marcar unos límites a esas conductas.

En primer lugar es importante identificar cuando se producen esas conductas, (en clase, con otros niños, delante de otros adultos), y así podremos saber si es por inseguridad, necesidad de ser aceptados, ocultar un problema o ser el centro de atención.

Cómo gestionar este comportamiento en el niño

Hay que saber poner límites a esas conductas, y es importante cómo hacerlo.

– Hay que dejarles claro, que ser gracioso y divertido no es algo malo ni negativo, y que nos gusta que sean así, pero tienen que saber cuándo es el momento para serlo. No se trata de afear la conducta sino de enseñarles cuando es el momento.

– Hay que buscar el término medio entre ignorarle todo el rato y hacerle caso continuamente. Habrá que ignorar en su justa medida cuando el comportamiento no sea adecuado, es decir, puedo hacerle caso pero para decirle que no es el momento de gastar una broma, o decirle que no me hace gracias, es decir,  no regañarles sino corregirles.

– Es importante reforzar las sus cualidades positivas y hacérselas ver al niño. Muchas veces detrás de estos comportamientos hay una falta de autoestima o seguridad en sí mismo.

– Si las bromas en ocasiones rozan la falta de respeto a otras personas, hay que corregir ese comportamiento, haciendo ver al niño cómo se puede sentir la otra persona, ayudándole a que se ponga en el lugar del otro.

Por lo tanto, que el niño sea gracioso, divertido y haga reír a los demás, no es malo ni hay que impedirles serlo, pero en aquellas ocasiones en las que esos comportamientos estén fuera de lugar, será importante, por un lado, pensar en qué puede haber detrás, y por otro lado, poner límites a esas conductas.

Fuente: guiainfantil.com

Cómo educar alumnos con un comportamiento agresivo

Todos los maestros se han encontrado alguna vez alumnos agresivos en clase y el profesor tiene un papel fundamental por lo que debe conocer estrategias de manejo del conflicto en las aulas.

Un alumno agresivo puede serlo por muchos motivos, pero lo que hay que intentar es sobre todo manejar su conducta y su comportamiento dentro del aula, aunque el refuerzo externo con trabajo desde casa y la ayuda de profesionales de las emociones también resulta de gran ayuda, aunque no siempre es posible.

Qué hacer cuando un alumno tiene comportamiento agresivo

El entorno del aula debe ser muy estructurado con unas reglas claras que si se rompen tienen las mismas consecuencias para todo aquel que las incumpla. Cuando un alumno agresivo agrede deberá ser parado inmediatamente con estrategias no agresivas.

Cuando hay un alumno agresivo en clase no hay que ignorar la conducta, porque si no se le hace caso es como decirle al niño que estamos de acuerdo con lo que está haciendo, y puede aumentar la probabilidad de nuevas agresiones, de inadaptación y de fracaso escolar y social.

8 consejos para los maestros con alumnos con comportamiento agresivo

Cuando se da una agresión en clase, ¿qué es lo que debe hacer un profesor para responder a la provocación de un alumno agresivo? ¿Qué debe hacer cuando este alumno está agrediendo a otros? Las respuestas del maestro a la agresión siempre deberán ser instructivas y no agresivas. Las consecuencias no agresivas adecuadas para el uso en el aula incluyen el corte de respuesta con por ejemplo: la privación de actividades deseadas, eliminación de puntos, eliminación de recompensas, aumentar el nivel de tiempo fuera.

Pero esto no es todo: los maestros también pueden tener en cuenta otro tipo de respuestas ante un alumno agresivo. Por ejemplo, cuando existe un alumno de estas características en el aula habrá que tener en cuenta:

  1. Tener unas normas claras, bien establecidas y que se vean claramente en el aula.
  2. Si se trabaja con un cuadro de comportamiento, darle prioridad incluso antes que al contenido académico.
  3. Tener unas expectativas reales y razonables en el alumno.
  4. Evitar las competiciones para evitar las confrontaciones.
  5. Reducir la posibilidad de contacto con posibles víctimas de agresión por parte del alumno.
  6. Estar siempre atento al comportamiento del alumno sin que se dé cuenta pero darle señales y recordatorios verbales siempre que sea necesario.
  7. Igual que puede tener consecuencias negativas por un mal comportamiento, se deben dejar claros los refuerzos positivos y las recompensas por un buen comportamiento  (como realizar una actividad deseada).
  8. Mantener una entrevista con los padres y los profesionales necesarios de forma periódica para buscar soluciones también en los demás contextos.

Es necesario que un alumno agresivo esté en plena supervisión constante, por lo que todos los miembros del centro educativo deberán tener en cuenta el perfil de este alumno y vigilar su comportamiento para poder reducir la conducta indeseada y reforzar el buen hacer.

Fuente: Guía Infantil

Los videojuegos y sus efectos en el comportamiento del niño

El gran problema de los videojuegos -frente a la televisión – es que estos, como consecuencia de su estructura repetitiva y de recompensa, podrían generar una dependencia de los mismos que llevaría a los niños a estar constantemente pendientes del videojuego a  lo largo del día.

Todo esto acarrea una gran pérdida de tiempo, dificultades para llevar a cabo adecuadamente los deberes escolares, falta de atención y concentración durante las horas de clase y un comportamiento de aislamiento en la propia escuela.

La adicción puede ser de tal intensidad que esté presente durante cualquier actividad que lleve a cabo durante el día: bien sean actividades manuales como comer o vestirse, o intelectuales, como los deberes escolares. Todo esto lleva al niño a perder contacto con la realidad social, emocional y familiar.

No obstante, no podemos afirmar categóricamente que todos los niños que se dediquen a los videojuegos vayan a caer en una adicción a los mismos, ni que el videojuego sea un elemento que le perturbe los trabajos escolares o la vida social.

A priori es muy difícil saber en qué medida el videojuego va a afectar la vida social o escolar de un niño; o la predisposición de un niño a depender del videojuego; o la vulnerabilidad cerebral el pequeño hacia determinados estímulos repetitivos o de dependencia de la recompensa como son los videojuegos.

Por este motivo los padres tienen que tener presentes varias cuestiones con sus hijos a la hora de permitirles jugar con los videojuegos:

  • Videojuego frente a la personalidad del niño

Si es un niño impulsivo, poco reflexivo, si se deja llevar de los estímulos ambientales, caprichoso, si cuando no tiene lo que quiere se enfada y se altera de forma exagerada, si busca recompensas inmediatamente… entonces este pequeño es más proclive a depender de los videojuegos y a caer fácilmente en la dependencia diaria del ocio electrónico.

  • Tiempo de juego: no más de una hora

Los padres deben controlar el tiempo en el que el niño utiliza el videojuego, considerando que el pequeño no debe pasar más de una hora jugando con este aparato.

  • Tipo de familia y edad

La edad, el ambiente familiar, la madurez del niño son básicas en el comienzo, tiempo y organización de la relación del niño con los videojuegos.

  • El adolescente frente la adicción

De suma importancia es el asunto de los adolescentes y los videojuegos: este grupo de edad es el primer afectado de la supuesta influencia negativa de los videojuegos. Hoy en día comienzan a darse mayores casos consecuencia de este fenómeno de “adicción” o dependencia con el entretenimiento y ocio electrónico.

  • Contenidos de los juegos: la violencia

Otro aspecto muy importante de los videojuegos es el contenido de los mismos. En una época trágicamente marcada por el número creciente de casos de violencia escolar y doméstica, es alarmante la proliferación de juegos de ordenador y consolas con un altísimo nivel de violencia gratuita; en ellos, el jugador se convierte en el principal protagonista.

La discusión sobre el asunto de la violencia en los videojuegos y su impacto en los adolescentes es un hecho que trae de cabeza a gran parte de la sociedad: unos, los habituales a este tipo de entretenimiento y algunos especialistas, explican que se tratan de casos aislados; otros, padres y asociaciones, afirman que “pervierten” a los niños. La clave consiste en aprender a esquivar los peligros del ocio electrónico y saber aprovechar sus beneficios educativos.

 Fuente: desarrolloinfantil.net

Por qué los niños se portan peor en presencia de las madres

‘Los niños han sido buenísimos, se han portado fenomenal’, es la frase que repiten mis suegros y mi madre cada vez que se quedan con mis hijos una tarde. Yo, que no termino de creérmelo, les miro de reojo e insisto haciendo un pequeño tercer grado: ‘¿no han molestado?, ¿no se han peleado?, ¿se han comido todo?, ¿han recogido sus cosas?, ¿terminaron los deberes?’ La respuesta suele ser sí, sí, sí, sí.

En esos momentos tengo una doble sensación, por un lado alegría porque su conducta fue intachable y, por otra, cierta indignación… ‘pero, ¿por qué conmigo no es así?, me pregunto.

Un informe falso dio la vuelta al mundo afirmando que los niños se portan un 800% peor con las madres y es que, la broma parecía tan real que muchos picaron. En definitiva, planteaba esa eterna pregunta: ¿por qué los niños se portan peor en presencia de las madres?

Los niños se portan peor en presencia de las madres

Hace un par de años surgió un estudio (que resultó ser falso aunque sigue dando vueltas en Internet), que fue publicado en la web estadounidense Mom News Daily. Muchos recogieron aquello como verdadero y es que en definitiva, no era descabellado. Según este informe falso que decía proceder del Departamento de Psicología de la Universidad de Washington, los niños se portan un 800% peor en presencia de la madre y, en los niños mayores de 10 años, el porcentaje se duplica al 1600%.

Un inventado doctor en psicología, el Dr K.P. Leibowitz, afirmaba que “Lo que encontramos fue que los niños de tan sólo ocho meses podían estar jugando felices, pero al ver entrar a su madre en la habitación, eran un 998,9% más propensos a empezar a llorar, a liberar sus intestinos y a demandar atención inmediata. El 1% era un niño con problemas de visión que, una vez escuchó la voz de su madre, comenzó a tirar cosas y pidió un snack a pesar de haber comido”.

Esta broma lanzada por una web de parenting parecía verídica porque, en definitiva es lo que vivimos muchas mamás a diario. No necesitamos un estudio para saber esto: los niños se portan peor en presencia de las madres. Yo tengo dos teorías al respecto:

– Confianza: nuestros hijos pasan mucho tiempo con nosotras, esto ha sido así tradicionalmente y, en muchos casos, todavía hoy en día, somos nosotras quienes pedimos reducciones de jornada laboral u organizamos nuestro trabajo para poder atenderles. Esto genera una confianza hacia las madres mucho mayor que con cualquier otra persona de su entorno. Esta relación de confianza hace que relajen su conducta y, en ocasiones, den rienda suelta a sus emociones.

De hecho, nosotros no nos comportamos de la misma manera en todos nuestros círculos y sólo con aquellas personas que de verdad son de mucha confianza, nos relajamos y mostramos nuestro verdadero ser, sacamos nuestro peor genio o nuestro yo más tierno. Con los niños es igual.

– Los niños demandan nuestra atención: nuestros hijos, sobre todo en edades muy tempranas, no quieren fastidiarnos a propósito, no urden artimañas para sacarnos de quicio. Ciertas conductas como llorar, patalear o gritar, no es otra cosa, en determinados momentos, que una llamada de atención hacia nosotras. Necesitan de todo el cariño y afecto que podamos darles, incluso cuando les damos mucho, ellos necesitan más.

Buscan consuelo y lo buscan en nosotras, porque en las mamás encuentran ese abrazo cuando tienen una pesadilla, ese beso cuando se han caído o esas palabras de aliento cuando no han conseguido meter un gol. En los padres buscan otras cosas: diversión, explorar, juegos, experiencias, consejos…

Las madres, en general, somos esa protección que nuestros hijos asocian de forma innata con la supervivencia.

Quiero pensar que, si se portan peor con nosotras, no es porque seamos más flojas en la educación, sino porque somos buenas madres.

Fuente: Guiainfantil.com

Cuando el niño lleva siempre la contraria

“Mi hijo no para de llevarme la contraria y está consumiendo mi paciencia”. Esta es una afirmación muy común entre muchos padres. Sobre todo, entre padres cuyos hijos tienen edades comprendidas entre 2 y 4 años. Aunque también es una situación que se da cuando los niños comienzan la escuela.

Este tipo de comportamiento de los hijos tiene un paralelismo con la adolescencia. Por eso, a este periodo se suele llamar: “la adolescencia infantil” y convive con el periodo de rabietas.

Por qué llevan los niños la contraria

– En esta época de contradicción el niño lo que quiere es ser independiente y tomar decisiones por sí mismo.

– Esta actitud desafiante se da con más probabilidad cuando están cansados, tienen hambre, sufren estrés o están alterados.

– Este tipo de comportamiento es a menudo una parte normal del desarrollo en los niños pequeños. Por ejemplo: sólo se muestre desafiante con la persona más próxima a él, o quizás sólo es que se siente tratado injustamente y lleva la contraria a los adultos para hacerles ver cómo se siente e incluso no se siente bien en el entorno de la escuela

Pero debe preocuparnos cuando se da de manera frecuente y consistente y el comportamiento que muestra sobresale en la comparación con los otros niños de su misma edad y fase de desarrollo. También cuando afecta a un funcionamiento normal de la vida social tanto en el entorno familiar como en el de la escuela.

Qué hacer cuando el niño lleva la contraria

Esta etapa en el desarrollo de los niños se da de manera natural y es pasajera pero suele convertirse en una carga para los padres. Entonces ¿Qué pueden hacer para sobrellevarla durante este periodo?

– Ten mucha paciencia. No perder los nervios ni dejar que te provoque. Hay que respirar hondo y contar hasta 10.

– Cuidado con el castigo. Debemos recordar que esta fase es algo natural. Está aprendiendo a comunicar su voluntad. Castigar no ayuda.

– Ayúdale. Cuando te lleva la contraria se está defendiendo. Antes de castigarle y enfadarte, observa como está siendo tu comportamiento. ¿Quizás él tenga razón? No pierdes nada por comprobarlo.

– Autonomía. Provoca situaciones en las que pueda ser independiente y así darle lo que pide. Por ejemplo, ofrécele alternativas como que elija donde quiere ir a jugar en vez de imponerte.

– Habla. Aunque creas que el niño es aún muy pequeño, intenta hablar con el niño para que explique como pueda por qué te ha llevado la contraria.

– No permitas subidas de tono. Si el niño no solo te contradice sino que usa gritos, insulto o eleva su agresividad, hay que mantener la calma pero ser firme y dejar muy claro que no se va a tolerar ese comportamiento

– Ignorar. Si el niño sigue empeñado en llevar la contraria y no está dispuesto a hablar contigo ni a poner solución, ignora el comportamiento y no enfoques tu atención en esa conducta.

Fuente: GuiaInfantil.com

Los porqués del adolescente

MAYTE RIUS, Barcelona
¿Por qué quieren dormir hasta tarde?

Una queja frecuente de los padres sobre sus hijos adolescentes es que siempre les parece pronto para acostarse y pronto para levantarse. “Se queda despierto hasta las tantas y por la mañana no hay quien le levante”, se lamentan. Núria Curell, pediatra y responsable de la unidad de adolescentes de USP Dexeus, explica que el reloj del sueño se retrasa en la adolescencia. Hay estudios que prueban que la melatonina, la hormona que induce el sueño, se segrega cada vez más tarde a partir de la pubertad y por eso muchos jóvenes tienen problemas para conciliar el sueño si se van pronto a la cama.

También influyen factores medioambientales. Es frecuente que los adolescentes pasen muchas horas ante el ordenador y las videoconsolas, con luz artificial, y eso disminuye la cantidad de melatonina segregada, así que no sienten la necesidad de ir a dormir.

¿Por qué comen de forma impulsiva o a deshoras?

“Puede tomarse un paquete entero de galletas sin pestañear”. “Se acaba la caja de cereales en dos meriendas”. “No puede pasar por la cocina sin abrir la despensa o la nevera en busca de algo para picotear, aunque acabemos de comer”. “Come más que su padre”. “Se bebe dos litros de refresco de una sentada”. Estas frases dan muestra de algunos de los anárquicos y con frecuencia impulsivos hábitos alimentarios que caracterizan a muchos adolescentes. El apetito desmesurado y la ingesta de alimentos de preparación sencilla, consumo fácil y saciedad inmediata es un rasgo muy típico de esta etapa. La doctora Curell explica que en la adolescencia se realiza aproximadamente el 25% del crecimiento total –con estirones de 8-12 centímetros al año en la etapa puberal– y se gana el 40% o 50% del peso definitivo.

También es frecuente que los adolescentes estén faltos de hierro debido al aumento de su masa muscular y de su volumen sanguíneo, por lo que necesitan tomar alimentos ricos en este micromineral (verduras verdes, carne magra, frutos secos…) para evitar problemas de cansancio, de bajo rendimiento escolar o mareos, más frecuentes en las chicas debido a la menstruación pero que también afectan a los varones.

Además están más expuestos a modas alimenticias pasajeras, suelen saltarse algunas comidas (muchos el desayuno, porque se levantan dormidos y con la hora justa para ir al instituto) y desarrollan hábitos alimenticios irregulares, ya que comienzan a salir más con amigos y comen snacks, fast food y refrescos con mayor frecuencia. Y como también empiezan a quedarse solos en casa, eligen comidas de preparación sencilla y consumo fácil, como hamburguesas o bocadillos, y abusan de chuches y precocinados, perjudiciales por su alto contenido en colorantes y aditivos.

¿Por qué son destartalados?

“Uno diría que hasta le cuesta andar”; “está muy torpe, se le caen las cosas de las manos”. La transformación física que viven los adolescentes es tremenda: crecen mucho (y no siempre de forma armónica), a las chicas les crecen las mamas, ellos se vuelven peludos, se ensanchan las caderas, la cara se llena de granos… “Son muchos cambios y muy rápidos; crecen a estirones, primero las piernas y al cabo de un tiempo el tronco, y no es fácil acostumbrarse al nuevo tamaño ni la nueva fuerza; es como cuando cambias de coche, de ordenador o de cubiertos, que no los manejas igual, que los movimientos han de ser controlados y reajustados por las neuronas y se necesita un periodo de adaptación”, justifica Manuel J. Castillo, catedrático de Fisiología Médica en la Universidad de Granada.

¿Por qué pasan tantas horas en el baño o ante el espejo?

Además de acostumbrarse a su nuevo aspecto físico, el adolescente necesita aceptarlo, asumir su nueva talla, su nuevo peso, sus nuevas facciones. Y en esa opinión pesa mucho la aceptación y valoración que recibe de sus amigos y las parejas potenciales. “El niño se valora por reflejo de quienes le quieren, se mira en el espejo de los padres y de los profesores, que son un entorno poco crítico; en cambio, el adolescente se mira en el espejo de sus compañeros y compañeras, que le pueden ver con aprecio o sin él, así que le importa mucho su aspecto y se esfuerza por cuidarlo para ser aceptado y admirado”, explica Castillo. Y añade que, para conseguirlo, pone en marcha un proceso de ensayo y error sobre su peinado, su ropa, su forma de moverse, su agilidad, su musculatura… que a menudo se traduce en horas de pose ante el espejo.

¿Por qué se aíslan en su habitación?

“Se pasa el día encerrado en su cuarto, en su mundo, y no quiere saber nada del resto”. “Se pone los cascos con su música y olvídate de que existe”. El aislamiento del resto de la familia es uno de los rasgos comunes de los adolescentes. “El día que encuentras la puerta de la habitación de tu hijo cerrada es que ha entrado en la adolescencia”, indica la psicóloga Susana Cañamares. Los pediatras Gloria Cabezuelo y Pedro Frontera, autores de El desarrollo psicomotor. Desde la infancia hasta la adolescencia (Narcea Ediciones), explican que “hay un periodo de introspección y timidez, sobre todo en la adolescencia temprana y media, en el que se ensimisman, pasan horas en su cuarto y reflexionan sobre sus cambios y experiencias para conocerse mejor; y pueden resultar hoscos e insociables si creen que los padres se meten en sus cosas”.

¿Por qué dan golpes y portazos?

“El adolescente tiene una gran energía vital, y la manifiesta dando saltos y portazos, gritando, bailando con la música a toda pastilla o haciendo deporte hasta la extenuación; siempre tiene prisa, horarios anárquicos, come rápidamente y se levanta antes de que los demás acaben porque ha quedado o tiene cosas que hacer…”. La descripción de los doctores Cabezuelo y Frontera resume bastante la experiencia de muchos padres de adolescentes, que con frecuencia se quejan de una convivencia “imposible”. El psicólogo y psicoanalista Mario Izcovich asegura que esta rebeldía, este negativismo hacia todo lo que tenga relación con los padres –sea ordenar la habitación, ducharse o hacer las tareas escolares–, es una forma de decir “aquí estoy yo”, porque construyen su personalidad por oposición y negación del otro.

Manuel J. Castillo cree que también hay causas físicas en este gritar y tratar de imponerse a los padres: “Se sienten grandes, más fuertes y con más argumentos, y su cerebro es más impulsivo, quieren conseguir lo que desean a cualquier precio y tienen menos desarrollado el freno a las respuestas inapropiadas”.

¿Por qué son tan impulsivos e impacientes?

El catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada vincula la impulsividad de los adolescentes con sus alteraciones hormonales, que les hacen más arriesgados, con menor capacidad para prever las consecuencias de sus acciones. Explica que los mayores niveles de testosterona y estrógenos favorecen la liberación de dopamina, un neurotransmisor implicado en la pulsión por la recompensa que provoca que el adolescente se decante por la ganancia inmediata y no esté dispuesto a esperar para conseguir lo que desea aunque esperando que la recompensa fuera mayor. “A esa edad, lo que quieren lo quieren ahora mismo, y luchan por ello, por eso discuten tanto con los padres”, comenta Castillo. Y añade que en las resonancias se observa que las áreas cerebrales que modulan los impulsos y permiten no hacer lo que apetece en cada momento en los adolescentes se activan más si hay recompensa. “Tú le dices a un chico de 14 años ‘ordena tu cuarto’ y no se activan las áreas cerebrales para hacerlo, así que no lo hace porque se le olvida; en cambio, si le dices ‘si ordenas tu cuarto puede venir tu amigo a casa’, como hay recompensa no se le olvida y lo hace”, ejemplifica.

¿Por qué tienen tantos altibajos?

Los altibajos emocionales y las contradicciones son otro de los rasgos que observan los padres. Gloria Cabezuelo y Pedro Frontera aseguran que son el precio que pagan los adolescentes para edificar su propia personalidad diferenciada y convertirse en adultos: “Buscan su propia identidad personal, sexual y hasta moral, y en ese proceso indagador, como aún no tienen una estructura psíquica estable, son muy vulnerables y muy sensibles a influencias y acontecimientos externos, que pueden herirles si son desfavorables”.

El psicólogo y psicoanalista Mario Izcovich vincula estos cambios de humor con el duelo que hace el adolescente por la pérdida de su infancia: “La adolescencia es el proceso para pasar de niño a adulto; el mundo del adulto atrae, resulta interesante, y por eso piden ser tratados como mayores; pero también tienen momentos de reivindicación infantil en los que echan de menos su infancia, su cuerpo de niños, sus juegos o su relación con los padres, y hacerse adultos les da miedo o les incomoda; de ahí sus contradicciones”.

Susana Cañamares asegura que estos altibajos tienen que ver con que el cerebro no madura de forma armónica ni al unísono. “Primero se desarrolla el sistema límbico, que es el que tiene que ver con las emociones, y después la corteza prefrontal, responsable del funcionamiento ejecutivo, el control, la autorregulación y la toma de decisiones; ese desequilibrio provoca que en los primeros años de la adolescencia los chavales tengan una emotividad muy alta, que vivan los problemas con mucha intensidad y tengan muy desarrollada la búsqueda de sensaciones, y que sean poco capaces de controlarlas o de planificarse y a veces incurran en conductas de riesgo”, explica.

¿Por qué cuestionan todo?

“¿Quién decidió que no se puede silbar en la mesa? ¿Y qué hay de malo en poner los codos?”. Un día son los modales en las comidas y otro las decisiones políticas. La cosa es cuestionar. “Los adolescentes lo cuestionan todo porque en esa etapa se desarrolla su pensamiento abstracto y eso les da mucha más habilidad para argumentar y para pensar simbólicamente, y tienen una expresión verbal perfeccionada, así que se ven con argumentos para todo”, explica Susana Cañamares. Cabezuelo y Frontera subrayan que “la intensa activación cerebral hormonal hace que muchos adolescentes experimenten un aumento espectacular de su capacidad de aprendizaje, de crear, de tener ideas brillantes; pero su capacidad intelectual está muy influenciada por sus emociones, para bien y para mal, y sólo les interesa lo que les motiva o les gusta”.

¿Por qué influyen tanto sus amigos?

Mario Izcovich explica que la adolescencia es el proceso por el que los hijos abandonan el grupo familiar, ese núcleo de protección y cuidado, para salir a la sociedad, para situarse en el mundo, y en ese trayecto la pandilla de amigos supone una transición, una especie de colchón para atenuar el miedo que provoca el mundo exterior. “Los cambios que viven, el hacerse mayores, les provoca temor e incertidumbre sobre su identidad, y por eso identificarse con un grupo, experimentar con iguales, hace que se sientan acompañados en el proceso de ganar autonomía”, dice.

Manuel J. Castillo opina que la influencia que ejercen los amigos tiene que ver con que deja de percibirse sólo por cómo se ve él o quienes le quieren y se mira en el espejo de sus compañeros, y pasa a ser muy importante ser socialmente aceptado, apreciado y admirado por el grupo. “Lo que más motiva al adolescente, lo que más disfruta, es estar con los amigos, y la valoración de estos le influye mucho, así que busca su aprobación, que es su principal recompensa y estímulo, y uno de los factores que favorecen la liberación de dopamina, el neurotrans­misor que eleva la pulsión por la recompensa, la búsqueda de novedades, y el comportamiento consumatorio: quiero algo, voy a por ello, lo tengo y lo agoto, se den o no las circunstancias para ello”, resume.

Fuente: La Vanguardia

La adicción al celular de los padres causa daños en los niños

La tecnología llegó y nos rebasó y esto trae consecuencias nada gratas en nuestro papel como padres. Te decimos por qué.

En un artículo de la pediatra Jenny Radesky del Boston Medical Group, señala que el uso desmedido de teléfonos celulares por los padres está afectando la relación con sus hijos. Radesky indica que tras décadas de investigación, se ha concluido que las interacciones cara a cara de padres con los hijos, desde sus primeros días de vida, son muy importantes para el aprendizaje, comportamiento y desarrollo emocional. A través de esa  interacción directa, los niños pequeños desarrollan no solo el lenguaje, también aprenden sobre sus propias emociones y cómo regularlas. Al observarlos, aprenden a cómo tener una conversación y a cómo leer las expresiones faciales de los demás y, eventualmente, a ser mejores comunicadores.

También encontró que los niños de los padres que estaban más absortos en sus celulares eran más propensos a portarse mal para llamar su atención y también los padres estaban más irritables.

La psicóloga Catherine Steiner-Adair, autora del libro ‘The Big Disconnect’, advierte quecuando los padres dan más prioridad a sus dispositivos móviles que a sus hijos, pueden haber consecuencias emocionales profundas para el niño, ya que lo interpretan como que no son lo suficientemente importantes o interesantes para sus papás, se sienten rechazados y esto afecta la relación con los padres, la autoestima y su desempeño social.

Según explica el Dr. Jack Shonkoff de Harvard cuando un bebé escucha a la gente a su alrededor hablándole por unos meses, al poco tiempo comienza a responder con sonidos, balbuceos, o chillidos.  Shonkoff destaca que la importancia de hablar y escuchar a los niños no debe disminuir en la medida que crecen, sino al contrario, debemos seguir interactuando de forma más afectiva y poner reglas en casa para limitar el tiempo que los niños dedican a ver la tele, jugar videojuegos o con la computadora, ya que estas actividades no estimulan el área del lenguaje del cerebro de la misma manera que una conversación cara a cara.

Fuente: padresehijos.com.mx

Tiempo fuera: el gran error que cometen los padres

Karina González Fauerman

Tras romper una regla o tener un comportamiento indebido, muchos padres recurren al tiempo fuera y mandan a sus pequeños a un rincón o a una esquina, en penitencia. Sin embargo, no sospechan que podrían cometer un gran error. Descubre más.

Un castigo, ¿que funciona?

¡Te vas al rincón! Es una frase frecuentemente usada por los padres cuando sus hijos muestran una mala conducta. Sin embargo, podrían equivocarse al aplicar la técnica del tiempo fuera, según se menciona en la revista “Parents”.

De acuerdo con la misma fuente, existe un estudio publicado en 2016 en la revista científica Academic Pediatrics que lo comprueba. Tras analizar a un grupo de 400 padres con hijos de entre 15 meses y 10 años, los investigadores descubrieron que tres de cada cuatro recurrirían a esta estrategia, pero el 85 % no lo haría de forma efectiva.

“El error más grave, desde mi experiencia clínica, es que los padres hablan mucho durante el tiempo fuera”, explica Andrew Riley, autor de la investigación mencionada. “De esta forma, el niño no se aburre y, por lo tanto, el método no funciona bien. Las explicaciones son válidas, pero deben esperar hasta que el tiempo fuera se haya terminado”.

También se observó que esta pausa funciona mejor cuando los adultos le dan una advertencia al menor para detener el mal comportamiento, luego ponen en práctica el lapso establecido sin entrar en detalles y después retiran la atención del niño hasta que finalice.

Un aprendizaje efectivo

El objetivo del tiempo fuera es alejar al pequeño de una situación que se ha salido de control y darle tiempo para que se tranquilice, según se explica en el sitio Healthy Children de Academia Americana de Pediatría (AAP por sus siglas en inglés).

Es importante, refiere ese sitio, considerar los siguientes puntos:

– Explicar con anticipación. Decirle al menor qué comportamientos ocasionarán que se merezca una pausa obligada, le permitirá recordar lo que puede ocurrir después y así prevenir una conducta indeseada.

– Fijar un lugar estratégico. El sitio del tiempo fuera debe estar lejos de personas y sin estímulos, como una silla en una esquina. Si está enfrente de un videojuego, por ejemplo, es probable que no aprenda de la experiencia.

– Fomentar la comunicación. Después de esta pausa, es importante explicarle al niño qué es lo que no ha cumplido bien. Y los padres deberían mostrarle más afecto cuando tenga una buena conducta. De lo contrario, podría pensar que portarse mal es la única forma de recibirlo.

¿De qué forma crees que es posible disciplinar a tus hijos de forma efectiva?

Fuente: Vida y estilo