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Contando historias: Escritura colaborativa e inteligencias múltiples

Belén Mariño

Para contar historias hacen falta ideas, y a veces nos quedamos sin ellas.

¡¡Pues qué mejor ayuda que nuestro grupo de trabajo!! 

En un grupo de 3º de primaria hemos creado cuentos de forma cooperativa.

Aprendizaje cooperativo
Objetivos
  • Creación de cuentos colaborativos.
  • Participación equitativa de todos los miembros del grupo.
  • Respeto y valoración positiva del trabajo de los compañeros.
  • Desarrollar estrategias de escritura creativa.
  • Hacer un uso rico del lenguaje, con distintos tipos de palabras y utilizando una ortografía correcta y la gramática de forma adecuada (sinónimos, antónimos, polisémicas, onomatopeyas…)
Desarrollo

Entre todos han decidido que tienen que perfeccionar su habilidad narrativa, y para ello se han volcado en contar cuentos. Pero hechos por el grupo y en grupo.

Para buscar un tema sobre el que tratarían los cuentos, han llevado a cabo la estrategia colaborativa “Folio giratorio”:

  • Se divide el folio en tantas partes como miembros tiene el grupo, tres o cuatro.
  • En la parte superior cada alumno/a escribe su nombre usando un color determinado, que será con el que escriba. A simple vista, puede verse la aportación de cada uno.
  • En esta estructura, cada miembro, y respetando turno, irá aportando sus ideas en la sección de folio que le corresponde, siguiendo la dirección de las agujas del reloj.
  • Lo hacen girar para que todos y cada uno pueda escribir.
  • Antes de escribir, primero comenta a sus compañeros de equipo lo que piensa escribir para que confirmen si es pertinente o correcto.
  • Mientras uno escribe, los demás miembros deben estar pendientes de ello y fijarse si lo hace bien, corrigiendo si fuese necesario. Todo el equipo es responsable de lo que se ha escrito en el “folio giratorio.

En el aula tengo seis grupos, tres de ellos son de cuatro alumnos y alumnas, y tres, de tres alumnos-as. En cada equipo han hecho un listado de palabras teniendo en cuenta la temática que les indiqué:

Fuente: elmarescolorazul.blogspot.com.es

El desarrollo de ciudadanía en la perspectiva escuela-comunidad

Aura Núñez
Vínculos de la escuela con el entorno social  ¿Qué papel juega la familia?

(Segunda entrega)

Cuando prevalece el modelo  de escuela abierta, que  empezó a gestarse a finales del Siglo XX, y que estimuló  en términos  políticos, sociales  y educativos  la generación  de espacios de mayor participación comunitaria y de mejor convivencia  entre sus miembros, surge la premisa de que  la relación con la comunidad es uno de los aspectos que se debe incluir en el proyecto institucional.

A partir de este enfoque se intenta  canalizar las demandas sociales, coincidiendo con las actividades  sustantivas de enseñar  y asistir a los alumnos. La enseñanza ya no se circunscribe al escenario de la escuela, sus docentes,  alumnos  y padres,  sino que se abre al espacio público local, incluyendo  como  agentes  de enseñanza  y aprendizaje a las familias, iglesias, clubes, juntas de vecinos, bibliotecas y organizaciones productivas, con  el objetivo  de construir un  proyecto  educativo  y cultural  que parta  de las necesidades  y posibilidades de la comunidad.

Esta gestión implica la reconfiguración de una nueva ética, que a partir del involucramiento de sus integrantes, demanda  la posibilidad de iniciativa, invención e imaginación  de sus actores. El  vínculo escuela-comunidad contempla  estrategias de participación que incluyan  expectativas, demandas y/o necesidades  de los referentes familiares de los alumnos  u organizaciones sociales territorialmente cercanas a la escuela.

Es evidente que el hombre vive en familia, aquella en la que nace y posteriormente en la que él mismo crea. Es innegable que cada hombre o mujer, al unirse como pareja, aporta a la familia recién  creada  su manera  de pensar, sus  valores y actitudes; trasmite a sus hijos los modos de actuar con las cosas, la forma de relación con las personas, las normas de comportamiento social -que reflejan mucho de cómo eran  ellos mismos en su temprana niñez- y lo que durante toda la vida aprendieron e hicieron suyo en sus respectivas familias, para así crear un ciclo que vuelve a repetirse.

Si nos  remitimos  a  la  dinámica  de los grupos familiares, es notorio que un  conjunto de factores  estructurales y económicos  han  incidido  en la reconfiguración de la estructura de los hogares de los niños y adolescentes. En República Dominicana esto se expresa  en el  incremento de nuevos  hogares  monoparentales, en general  de jefatura  femenina, por ausencia del padre, lo cual también implica una mayor participación laboral  de las mujeres, en ciertos casos, como únicas responsables del sustento y manutención del  hogar.

En  los  sectores  de  mayor  pobreza, los grupos familiares sufren cambios más agudos aún: gran cantidad de niños  y jóvenes no han  visto trabajar a sus padres, por lo menos con regularidad. Es por eso que ha cambiado  notoriamente la vieja idea de padre proveedor material  y madre proveedora de afecto.  Si bien  estos fenómenos  se dan en el conjunto de la sociedad,  son más frecuentes en los sectores más vulnerables, por lo que tienen una incidencia nefasta en las relaciones escuela- enseñanza- aprendizaje- familia, negándose en el proceso el clima moral y afectivo que debe predominar en una familia estructurada. (2)

El hogar como espacio propicio para el  desarrollo de competencias

La familia es la primera institución  social del niño y determinante en su proceso. La vida cotidiana del hogar es el marco en el cual se aprenden los primeros comportamientos interpersonales. Los padres, los hermanos y otros adultos significativos cumplen el rol de primeros modelos, fundamentales en la formación socio afectiva, en  tanto dispensan guías de comportamiento y vinculación emocional, sistemas de creencias y valores por  medio de sus prácticas y discursos.  (1)

Si el hogar es un pilar fundamental para la formación socio afectiva y moral de sus miembros, lo es también para su desarrollo académico. Cuando los padres están verdaderamente comprometidos con la educación de los hijos enfrentan el desafío de establecer vínculos reales con la escuela. (3)

Como poderosos influyentes en este aspecto ciudadano se pueden citar competencias afectivas como la organización y convivencia de la familia, el clima afectivo positivo, la estabilidad emocional proporcionada por padres y hermanos, la socialización lingüística, la disposición, cooperación y participación en las tareas y hacia el aprendizaje de los hijos.  (Arón y Milicic)

En ese sentido podemos citar algunas actividades en el hogar para lograr el desarrollo de ciertas competencias, que pueden ser de áreas académicas pero que finalmente influyen en el comportamiento ciudadano de sus hijos, y que se constituyen en aprendizaje significativo para toda la vida.

La cotidianeidad de la lectura en el hogar (libros, diarios, revistas), etc., se logra estimular la competencia de lecto- escritura, razonamiento verbal,  pensamiento reflexivo, crítico y creativo.

Preparar un huerto o jardín, sembrar semillas y árboles para incitar a la soberanía alimentaria, además de la conservación del planeta. De este modo se desarrolla la competencia de cuido del ambiente y la salud.

Visitar el lugar de trabajo de los padres o lugar de servicios en la comunidad, para fomentar el desarrollo de la competencia ciudadana.

Confeccionar el presupuesto de gastos del mes en el hogar, hacer lista de compras del mercado y  farmacia  para incitar las competencias de matemáticas, y ahorro familiar.

 Colocar y clasificar la basura, como aspecto ecológico para preservar el medioambiente y trabajar las competencias de ciencias y salud.

 Establecer diálogos familiares donde los hijos ejerzan el derecho de emitir sus opiniones y que sean recibidas con respeto. (ética, comunicativas dialógicas)

Hacer trabajo comunitario, visita a hospitales, ayuda y solidaridad con el prójimo para el desarrollo de las competencias ciudadanas.

 Con respecto al apoyo de padres y madres en la ejecución de tareas escolares, así como la promoción y refuerzo de los aprendizajes, las familias tienen una influencia directa sobre los aprendizajes, los logros académicos de los alumnos y su comportamiento ciudadano.

La participación de los padres o representantes puede darse en esta área en las más diversas formas, tanto en el hogar como en la escuela. En casa, los padres pueden  participar supervisando los progresos de sus hijos, motivando la realización de tareas, el estudio y la lectura. Ayudándolo a obtener ciertas competencias como: higiene, limpieza, orden, disciplina, respeto y consideración con los otros, enseñándole normas, pautas de conducta y proceder, tanto en el hogar como fuera de él.

En resumen, es fundamental que  los padres y/o representantes comprendan su papel protagónico y puedan estar informados de las actividades realizadas en la jornada diaria dentro del aula de clases. En tal sentido, la decisión será más fácil en la medida en que los padres tengan un conocimiento real de las habilidades y necesidades de sus hijos, sepan qué les ofrece la alternativa escolar e identifiquen sus propias inquietudes, necesidades, habilidades, capacidad de compromiso y participación en el proceso educativo.

Educar con calidad requiere que la familia se comprometa con la escuela y que padres, madres y apoderados(as) estén atentos a lo que aprendan sus hijos(as) y en estrecha alianza con el (la) docente para apoyar su trabajo desde el hogar. (Bitar).

Si los padres se involucran directamente en las actividades escolares de sus hijos, serán padres más motivados a colaborar con los proyectos que emprenda la escuela, y estarán atentos al  comportamiento de sus hijos, por otro lado estos serán más exitosos, mejorara el clima escolar, serán alumnos  más disciplinados, más motivados, sentimiento de pertenencia a su entorno, mayor rendimiento escolar y en consecuencia, mejores alumnos, mejores hijos y mejores ciudadanos.

El hogar: espacio para el  desarrollo de competencias ciudadanas

La doctora en Educación Aura Núñez señala que en  los  sectores  de  mayor  pobreza las familias sufren cambios más agudos debido a que una gran cantidad de niños y jóvenes no han  visto trabajar a sus padres, por lo menos con regularidad, lo que ha cambiado  la vieja idea de padre proveedor material  y madre proveedora de afecto.

Establece que a pesar de que estos fenómenos  se dan en el conjunto de la sociedad,  son más frecuentes en los sectores más vulnerables, y agrega que tienen una incidencia nefasta en las relaciones escuela-enseñanza-aprendizaje-familia, negándose en el proceso el clima moral y afectivo que debe predominar en una familia estructurada.

La afirmación es parte de un estudio  que establece que la enseñanza ya no se circunscribe al escenario de la escuela, sus docentes,  alumnos  y padres,  sino que se abre al espacio público local, incluyendo  como  agentes  de enseñanza  y aprendizaje a las familias, iglesias, clubes, juntas de vecinos, bibliotecas y organizaciones productivas, con  el objetivo  de construir un  proyecto  educativo  y cultural  que parta  de las necesidades  y posibilidades de la comunidad.

Aura Núñez parte de que la familia es la primera institución  social del niño, por lo que es considerada determinante en su desarrollo.

 Al precisar que la vida cotidiana del hogar es el marco en el cual se aprenden los primeros comportamientos interpersonales, dijo que los padres, los hermanos y otros adultos significativos cumplen el rol de ser los primeros modelos, fundamentales en la formación socio afectiva, en  tanto dispensan guías de comportamiento y vinculación emocional, sistemas de creencias y valores por  medio de sus prácticas y discursos.

Asimismo explica que si el hogar es un pilar fundamental para la formación socio afectiva y moral de sus miembros, lo es también para su desarrollo académico. En su estudio la doctora Núñez reta a los padres que están verdaderamente comprometidos con la educación de los hijos, a enfrentar el desafío de establecer vínculos reales con la escuela.

El estudio concluye con la exhortación de que, “Si los padres se involucran directamente en las actividades escolares de sus hijos, serán padres más motivados a colaborar con los proyectos que emprenda la escuela, y estarán atentos al  comportamiento de sus hijos, por otro lado estos serán más exitosos, mejorará el clima escolar, serán alumnos  más disciplinados, más motivados, tendrá un sentimiento de pertenencia a su entorno, mayor rendimiento escolar y en consecuencia serán mejores alumnos, mejores hijos y mejores ciudadanos” asegura.

Leer estudio completo en planlea.listindiario.com/wikilea

 

Crear las Competencias Socio-Afectivas desde el Aula

Olga Sosa Ramos M.A.

Desde el aula se pueden desarrollar clases atractivas y establecer buenas relaciones que armonicen con los propósitos de la asignatura. Este espacio de socialización favorece que se construyan verdaderos proyectos de vida, siempre que los docentes se sientan comprometidos a colaborar con los estudiantes.

Según plantea Piaget la dimensión afectiva se desarrolla tanto en el  interior como exterior de las personas, favoreciendo así el  desarrollo moral, que es otra forma de tratar el desarrollo socio-emocional, visto desde lo social. El desarrollo moral posibilita la formación de los valores por lo que  Piaget asegura que  las grandes etapas del  desarrollo,  son indisociables del desarrollo de la inteligencia misma; es decir, que no se da el uno sin el otro.

La dimensión social se refiere a las relaciones interpersonales que se dan dentro de un contexto determinado. Esta constituye el conjunto de valores y actitudes que ponen de manifiesto el sujeto en la realización de la acción. Se evidencia en la ética profesional en el apego a la verdad, en el trato con las personas involucradas en la consideración de los derechos ajemos en el uso racional de los recursos, en la protección del medio ambiente.

Según Mejía (2003) Las competencias deben estar presentes en el docente para favorecer procesos interactivos en el aula. La afectividad de un maestro marca la diferencia en la forma que se imparte la materia. Para este estudio las competencias Socio- afectivo se asumen como un conjunto de habilidades y valores tales como: la acogida, la perseverancia, honestidad, beneficencia,  respeto y responsabilidad.

El aula como espacio de acogida

La acogida.  El primer día de clases una excelente oportunidad para establecer lazos afectivos y posibles compromisos, asumimos la acogida como una competencia Socio-afectiva que debe desarrollar cada maestro en su espacio de trabajo.  Esta capacidad para acoger durante el primer encuentro, según los alumnos,  no se evidencia, ya que no crearon las bases para motivar. No se   toman en cuenta los aprendizajes previos, ni se establece comunicación afectiva entre docente y alumnos. Las clases son mecánicas, denotando una práctica tradicional. La rápida desmotivación no se hace esperar en los alumnos y los maestros siguen el curso de sus programas, sin advertir que este modelo limita y en la mayoría de los casos,  anula la oportunidad de establecer lazos fraternales y amigables  entre los grupos; situación que  llega a ser la causa del retiro de asignaturas, cambio de secciones, y hasta abandono definitivo de la carrera.

Practicar la Perseverancia

La perseverancia es la capacidad que tiene la persona para poder salir adelante en las diversas situaciones que se le presenten sin importar lo difíciles, aburridas o largas que sean. Una persona perseverante por lo tanto persigue sus objetivos con dedicación, además se mantiene centrada en sus objetivos y siempre termina lo que ha comenzado, por lo general son personas con una autoestima alta y que siempre están dispuestas a ayudar. Es importante que el aspirante a profesor vea en su mentor a una persona capaz de salir adelante, tenaz en sus decisiones,  fuertes para las adversidades. Sin embargo nuestro alumnos pueden encontrarse con maestros que les hacen sentí que no valen nada y que sus esfuerzos serán en vano. Ser perseverante es tener un estilo de vida positivo, esperar siempre que las cosas van  a salir bien y trabajar y esforzarse para ello. Dada la sociedad que tenemos hoy, necesitamos ayudar a sentir a nuestros alumnos (futuros docentes) que vale la pena el esfuerzo  y que en sus manos esta producir los cambios que necesita la sociedad del siglo XXI

Modelar la honestidad

Este concepto definido por Vargas, Henry (2011) como valor que está inherente a cada ser humano, parece desaparecer en la medida que el hombre y la mujer se insertan en la sociedad como parte de ella, que se curte en ella.   La honestidad en los docentes debe reflejarse en su forma de tratar  a los alumnos y alumnas,  como por  ejemplo siendo justos, sinceros y en la valoración  realizada identificando las  fallas y fortalezas, para así poder contribuir en la formación de verdaderos profesionales. La honestidad en una sociedad que modela antivalores, se vuelve una utopía a los ojos de muchos, sin embargo soy de las que creo con fe, que si empezamos temprano, legaremos a tiempo. Desde el aula se puede desarrollar el valor de la honestidad desde que entramos a clases y llegamos tarde y les decimos a nuestros alumnos la verdadera razón de nuestra tardanza.

Favorecer al otro en la beneficencia

Decía Platón que ningún “arte” se ejerce para el bien del que lo ejerce. Buscar el bien del otro sería un fin del educador. Un aspecto valorativo de todo profesional que tenga estas competencias,  es su preocupación por ejercer  bien su trabajo. El valor dado a la tarea de enseñar por parte del docente, debe ser un fin en sí mismo. El docente cuya tarea es enseñar, debe entender este proceso como ayudar a aprender. Enseñar supone a alguien que sabe lo que el otro no sabe, por lo tanto le toca al docente saber  lo que enseña y estar al día en los contenidos curriculares que aborda su materia. Favorecer al que quiere aprender y al que quiere y no puede, son retos de la escuela con un enfoque de competencia. Ayudar a los que no pueden y favorecer la socialización basada en el buen trato, es la concreción real del currículo, que plantea la movilización de conceptos, procedimientos y actitudes. Así pues, ser bueno y querer ayudar a los que no pueden, es una tarea que implica vocación por el servicio docente.

Practicar  el respeto

El respeto desde la mirada del docente  hacia el alumno implica una serie de valoraciones por las condiciones y características de los mismos. Respetares entender la diversidad y permitirla  en el aula.  Permite reconocer el derecho,  los intereses y los sentimientos de los demás. El respeto, visto desde el maestro hacia el alumnado, debe propiciar un ambiente cálido donde cada quien se desarrolle a su ritmo,  sin la presión del grupo y del maestro, hacia el logro de las metas. Respetar al estudiante con sus fortalezas, con sus debilidades y  comprender  su entorno y su historia. El respeto se manifiesta en las actitudes de muchos docentes que ayudan a sus alumnos a construir nuevos conceptos, a descubrir nuevas formas para solucionar problemas y les enseñan a convivir juntos en verdaderos procesos de enseñanza y de aprendizaje. Respetar al alumno es identificar sus debilidades para ayudarlos a convertirlas en fortalezas, sin que esto vaya en desmedro del propio alumno o del docente que le antecedió.

Vivir y trabajar la responsabilidad

La responsabilidad es asumida desde esta visión,  como hacer lo que hay que hacer cuando haya que hacerlo. Ser responsable es cumplir con los  compromisos asumidos en un momento o entorno social, histórico y cultural. La docencia universitaria nos abre puertas, nos da libertad y nos brinda la oportunidad de cátedras abiertas, sin embargo la responsabilidad del docente con su profesión, con su grupo, con la sociedad, y con el país, no se debe negociar. Ser docente es ser responsable de la formación de futuros profesionales, quienes emularan luego las conductas aprendidas de sus mentores. Ser responsable es modelar en la práctica, el tipo de formadores que queremos. Ser responsable es estar ahí, cuando nuestros alumnos tengan dudas y cuando entran en conflicto con las teorías. Vivir la responsabilidad es un compromiso de todos los que pretendemos enseñar.

CONCLUSIÓN

Siendo el tema de las competencias un eje que permea todas las instituciones y muy especialmente, las educativas, se justifica el valor del trabajo realizado. Identificar las capacidades que cualifican a un profesional, además del formación en su área, es abordar otro aspecto que hasta ahora no se había tomado en cuenta.

 En la formación de los nuevos docentes debe responder a los requerimientos de la sociedad y al desarrollo de competencias consideradas como un conjunto de actitudes, valores, conocimiento y habilidades (personales, interpersonales, profesionales y organizaciones) que facultan a las personas para desempeñarse apropiadamente en la vida y el trabajo.

 Las competencias Cognitivas facultan al profesional en el conocimiento de las áreas. Es la Capacidad para producir, construir y difundir conocimientos, competencia comunicativa, capacidad para plantear y resolver problemas, capacidad de análisis y síntesis, pensamiento crítico y reflexivo, desarrollo de la creatividad y la innovación, capacidad para adaptarse a los  cambios y capacidad para aprender de manera permanente.

Sin embargo, poco podemos lograr en el entorno si estas capacidades no se hacen acompañar de las competencias Socio-afectivas, las cuales están relacionadas con la formación de  hombres y mujeres que asumen la práctica sociocultural de manera armónica, abiertos a las diversas manifestaciones culturales y en capacidad de promover los valores sociales que garanticen la solidaridad, convivencia, justicia, igualdad, equidad, tolerancia, respeto y responsabilidad.

Las competencias socio-afectivas además permiten el desarrollo de una escala de valores que fomenten la buena convivencia, y el desempeño de roles conforme a las expectativas profesionales en el marco de las prácticas ético-morales socialmente aceptadas, con responsabilidad e idoneidad y consciente de la importancia de la protección de los recursos renovables, no renovables y del medio ambiente en general.

Los  valores que utilizamos en este estudio para identificar  la competencia socio-afectiva fueron los siguientes: acogida, perseverancia, honestidad, beneficencia, respeto y responsabilidad.