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9 datos curiosos sobre la Luna que quizás no conocías

Laura Vidal

¿A quién no le gusta ver la luna brillando en el cielo y sorprenderse cada día de su belleza? Si te gusta disfrutarla, y eres de esas personas que cada mes esperan ansiosos la luna llena, te encantará conocer estos 12 datos curiosos sobre ella.

  1. Ha llegado más gente a la luna que a las profundidades de los océanos

Posiblemente pienses que llegar a la luna es terriblemente complicado, y eso es cierto. Pero también lo es el hecho de que existen zonas de nuestro planeta que han sido más difíciles de explorar que el espacio exterior.

Mientras que a la luna se estima que han llegado más de 12 hombres*; al fondo del océano solo han accedido tres. Los primeros de ellos fueron Don Walsh y Jacques Piccard, en 1959, y nadie volvió a llegar a las profundidades hasta medio siglo después. “No tuvimos la misma suerte que los astronautas”, comentó Walsh en un reportaje hace pocos años, refiriéndose a que su hazaña, tanto o más difícil, nunca tuvo la misma fama mediática.

*Nota: existe una controversia sobre cuántos hombres han pisado la luna, porque algunas personas sostienen, con diferentes fundamentos científicos, que el promocionado primer viaje a nuestro satélite no ha sido real.

  1. La última persona que pisó la Luna lo hizo en 1972

La mayoría de las personas recuerda o sabe que el 20 de julio de 1969 se produjo la primera llegada del hombre a la Luna, y tal vez muchos piensan que fue la única, y otros, que desde ese momento los astronautas llegan a ella con frecuencia.

Ninguna de las dos es cierta: la realidad es que 12 astronautas más pisaron el satélite, pero todos en muy pocos años. El último lo hizo en 1972. Luego, los países con un mayor desarrollo en viajes al espacio, como Estados Unidos y Rusia, dejaron de enviar misiones tripuladas, principalmente por razones económicas.

  1. En la luna no hay viento ni sonido

La atmósfera de la luna es demasiado liviana, por eso, el viento no puede correr y el sonido tal como lo conocemos no tiene donde propagarse. Ésta es una de las razones por las cuales la llegada del hombre a la luna en 1969 es cuestionada: se cree que la bandera no podría flamear, sin viento, como se ve puede observar en los videos.

  1. La superficie de la luna es más pequeña que Asia

Sabemos que la luna es mucho más grande que como la vemos, pero eso tampoco debe llevarnos a pensar que es enorme: con 38 millones de kilómetros cuadrados de superficie, es más pequeña que el continente asiático.

  1. Selenofobia

Algunas personas tienen fobia a la luna, o un miedo irracional a verla o a percibir su luz. En los casos graves, puede llevar a que estas personas cierren por la noche todas las ventanas de su casa para que no ingrese la luz de la luna, y a no salir de su casa por las noches.

  1. La Luna se aleja de nosotros 3,8 centímetros al año

Cada día la luna está más lejos de nosotros que el anterior. El satélite se aleja a una media de 3,8 centímetros de la Tierra cada año.

  1. En la luna no se puede silbar

Las mismas características que hacen que en la luna no haya viento ni sonido harían, por razones obvias, que silbar en ella fuera imposible. De todos modos, ningún humano podría intentarlo porque, por las condiciones atmosféricas, nadie podría sobrevivir en ella sin traje, ya que inmediatamente la sangre de un humano en la luna comenzaría a hervir. Pero silbar dentro de un traje espacial tampoco es posible, porque no hay suficiente aire en el casco para que el sonido se escuche.

  1. La explosión más potente pudo verse sin telescopio

La mayor explosión registrada en la luna fue el 11 de septiembre de 2013, y estuvo provocada por el impacto de un meteorito sobre ella. Tuvo una fuerza equivalente a la que tendrían 15 toneladas de TNT en la Tierra, por eso los expertos aseguran que alguien que estuviera mirando la luna a simple vista en ese momento debería haber notado algo extraño.

  1. Los humanos ya dejamos basura en la Luna

Los seres humanos dejamos basura en cada lugar que pisamos, e incluso en los que no. La luna no es la excepción. En 2012 la NASA anunció que dos naves no tripuladas, de tamaño similar al de una lavadora, se estrellaron en la luna porque su combustible les impedía realizar nuevas misiones. Esta chatarra permanece en la superficie lunar, y es muy poco probable que algún día sea retirada de allí.

Fuentes: labioguia.com

Japón se prepara para el estallido de la próxima supernova

Daniel Mediavilla

El 24 de febrero de 1987, desde el observatorio chileno de Las Campanas se detectó un intenso brillo en el cielo. Era una supernova producida por el estallido de una estrella que había agotado su combustible. El cataclismo se había producido a las afueras de la Nebulosa de la Tarántula, en la Gran Nube de Magallanes, una galaxia enana situada en el vecindario de nuestra Vía Láctea. Este fenómeno, que solo se produce en nuestro entorno galáctico tres o cuatro veces cada siglo, permitió además detectar los primeros neutrinos procedentes de fuera del Sistema Solar. La captura de esos neutrinos extrasolares se produjo en el observatorio japonés Kamiokande. Aunque eran solo 24, proporcionaron gran cantidad de información sobre la supernova e hicieron merecedor del Nobel de física Masatoshi Koshiba.

Los neutrinos son unas partículas sin carga eléctrica que interactúan muy poco con el resto de la materia y pueden viajar por el cosmos sin verse afectados por los campos magnéticos que desvían otro tipo de partículas. Eso hace fácil determinar su origen y les convierte en buenos mensajeros para estudiar violentos fenómenos como las supernovas o los agujeros negros. El observatorio de Kamioka, construido en una mina a un kilómetro bajo tierra a principios de los 80, fue sustituido por una versión mejorada del experimento. Un gran tanque de 45 metros de diámetro por 45 metros metros de altura, lleno con 50.000 toneladas de agua pura, sirvió como trampa para atrapar estas escurridizas partículas.

Ahora, según adelantaba la Agencia Sinc esta semana, los miembros de la colaboración internacional de científicos que trabaja en Super-Kamiokande han desarrollado un sistema de vigilancia para estar listo en caso de que estalle una supernova y poder detectarla. Según explica Luis Labarga, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los autores del artículo que explica el plan en la revista Astroparticle Physics, “se trata de un sistema informático que está analizando constantemente los datos que va recogiendo el detector para ver si hay algún tipo de exceso de flujo, de sucesos, que permita obtener una pequeña estimación probabilística de si es o no una supernova”. “La idea es poder saber si ha ocurrido una supernova en las siguientes horas o minutos a que suceda”, añade.

En caso de que la respuesta de esta alerta temprana sea positiva, se enviaría un aviso a observatorios de todo el mundo con las coordenadas del lugar del cielo en el que ha ocurrido para que puedan estudiar el fenómeno. “La ventaja de Super-Kamiokande es que si existe una supernova galáctica lo va a ver siempre porque no está mirando a ningún lado. Los telescopios ópticos, sí”, apunta Labarga. Además, los neutrinos llegan antes que los fotones a la Tierra. Esto sucede por la propia naturaleza fantasmagórica de los neutrinos, que atraviesan con facilidad la materia de la estrella. Mientras tanto, los fotones, las partículas que componen la radiación que vemos en forma de luz o que compone los rayos X, se ven trabados por esta materia y tardan más en salir tras el estallido. Ese retraso hace que lleguen más tarde a la Tierra y den tiempo a que los telescopios ópticos se orienten hacia el lugar donde gracias a los neutrinos se sabe que hubo una explosión.

Cuando estalla una supernova, la mayor parte de la energía que se libera lo hace en forma de neutrinos. Por eso, estudiar estas partículas puede ayudar a entender bien estos fenómenos. Algunos de los objetos que se pueden estudiar mejor gracias a este nuevo tipo de astrofísica son las estrellas de neutrones y los agujeros negros, monstruos de materia superconcentrada que aparecen cuando las estrellas se colapsan bajo su propia gravedad.

Uno de los misterios que han rodeado a la supernova detectada en 1987 procede de la imposibilidad de detectar la estrella de neutrones que debería haber quedado tras el estallido de la estrella original. Algunas hipótesis para explicar la ausencia de esa estrella apuntan a que podría haber acumulado materia suficiente para producir un nuevo colapso y acabar convertida en un agujero negro. Gigantescas trampas para neutrinos como la japonesa de Kamioka pueden ayudar a resolver este y otros enigmas.

Fuente:  El País