Entradas

Es urgente que cambiemos la forma de enseñar

Emelinda padilla Faneytt
Especial para LISTíN DIARIO

Reto. Esto implica transformaciones serias en todos los que guiamos el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Hemos escuchado mucho sobre la capacidad que tiene nuestro cerebro de modificarse y ajustarse a los cambios (neuroplasticidad). Esto quiere decir que nuestro cerebro está permanentemente haciendo adaptaciones y remodelaciones a partir de lo que vivimos y aprendemos en el transcurso de nuestras vidas. La desactualización frente a los últimos descubrimientos sobre nuestro “cerebro plástico” ha resultado en estereotipos y prácticas perjudiciales de enseñanza por parte de los maestros y en las creencias de los estudiantes sobre su propia capacidad de aprender.

Pareciera que conocer el desarrollo de nuestro cerebro para potenciar las condiciones de aprendizaje fuera tarea exclusiva de los maestros del nivel inicial y de los primeros grados educativos. Los estudios más recientes realizados con neuro-imágenes dan cuenta que durante la adolescencia en nuestro cerebro se produce una gran reorganización de las redes neuronales, que lo hace funcionar de forma diferente al de la infancia o la adultez. Es un período donde el cerebro es tremendamente plástico y donde conocer su desarrollo durante esta etapa, es una gran oportunidad para el aprendizaje, el crecimiento personal y la creatividad del estudiantado.

Que “todos aprendemos de forma diferente” no es un cliché. Y aunque algunos autores aseguran que “existen ciertos patrones de activación del cerebro que pueden ser singulares entre unas personas y otras” (Giedd et al., 2015), el ritmo de aprendizaje y maduración cerebral es singular. Por lo que en la práctica, es auténtica la necesidad educativa y social de que estudiantes totalmente diferentes puedan aprender juntos, tal como sucede en la vida cotidiana.

Es oportuno abandonar el discurso inclusivo y atender “verdaderamente” la diversidad que tenemos en nuestras aulas, priorizando los ritmos de aprendizaje de nuestros estudiantes, creando así nuevos espacios donde se fomente y ejercite la cooperación, la actividad, la autonomía y la autogestión de sus aprendizajes por parte de los alumnos. No se trata solo de que en un aula convencional integremos alumnos con necesidades específicas o discapacidades, sino aulas donde conviven y aprenden personas que son diferentes, sin importar esas diferencias.

Atender la diversidad de los alumnos implica que los maestros los observen de forma individual y grupal, para poder seleccionar acertadamente los estímulos que deben priorizar a través de su práctica pedagógica, logrando en ellos/as lo que conocemos como “nivel adecuado de activación” donde no se caiga en los perjudiciales extremos de aburrimiento o sobre-estimulación. Y es precisamente este reto, el que muchos de nuestros maestros no están en actitud de asumir, resultando frecuente encontrarnos con una práctica de enseñanza generalizada, donde se entiende que “todos aprendemos lo mismo y de la misma forma”.

En mis cursos, talleres y charlas, siempre comparto la afirmación “nuestro cerebro es social” (Smith et al., 2009). Es clave cooperar, dialogar y compartir para aprender.

Cuando un maestro entiende esto, permite que sus alumnos se conviertan también en “maestros de otros” (tutoría entre iguales) beneficiando el aprendizaje de todos ellos.

Uno de los aportes más relevantes de las neurociencias en educación es la importancia de desarrollar las funciones ejecutivas en el aula. Estas funciones vitales para la vida cotidiana están vinculadas al proceso madurativo de la corteza prefrontal y resultan imprescindibles para el éxito académico y el bienestar personal del estudiante. Con la intención de simplificar el concepto, me atrevo a resumir como las más importantes, las que permiten el desarrollo de funciones complejas como el razonamiento, la resolución de problemas y la planificación.

Algunos autores sugieren que “las intervenciones educativas más beneficiosas son aquellas que trabajan las funciones ejecutivas de forma indirecta, incidiendo en lo que las perjudica —como el estrés, la soledad o una mala salud— y provocando mayor felicidad, vitalidad física y un sentido de pertenencia al grupo”, (Diamond y Ling, 2016). Seguramente, el entrenamiento puramente cognitivo no sea la forma idónea de mejorar la cognición. El éxito académico y personal requiere atender las necesidades sociales, emocionales y físicas de los niños y las niñas.

Hoy más que nunca entiendo que el progreso de mis alumnos/as requiere trabajar en equipo, saber comunicarse, empatizar, controlar los impulsos o establecer relaciones adecuadas. Se necesita una buena educación emocional, aquella que nos permite potenciar toda una serie de competencias emocionales y sociales básicas que no han de sustituir a las cognitivas sino que, las han de complementar.

Ya no hay excusas, es urgente que cambiemos nuestra forma de enseñar. Esto implica transformaciones serias por parte de todos los que tenemos la responsabilidad de guiar y acompañar a otros a aprender. Empezando por la necesaria formación basada en el conocimiento de las evidencias empíricas que provienen de las investigaciones científicas, que irán vinculando cada vez más y mejor, neurociencia y educación.

Así es cómo hacer la cama puede cambiar tu vida (y el mundo)

Hacer la cama es una tarea sencilla que puede cambiar el mundo. O, al menos, así lo explica William MacRaven, antiguo almirante de los Navy SEALS y actual rector de la Universidad de Texas, durante un discurso que ha dado la vuelta al mundo. Según su opinión, esa simple acción de estirar cuidadosamente las sábanas y colocar las almohadas en su lugar correcto con precisión militar le hace sentirse orgulloso y le estimula para seguir realizando otros trabajos.

“Hacer la cama también es una forma de recordar la importancia que tienen los pequeños detalles en la vida. Si no somos capaces de hacer bien las pequeñas cosas, tampoco seremos capaces de hacer bien las grandes —afirmaba en su discurso— […] Si queremos cambiar el mundo, empecemos haciendo la cama”.

Puede parecer un poco exagerado, pero según la psicóloga Eva Hidalgo en un artículo publicado en El País, el almirante tiene razón y hacer la cama puede llegar a ser un hábito que favorezca el concepto que tenemos de nosotros mismos y que aumente nuestra autoestima diaria. Por tanto, recomienda a las personas con baja autoestima adquirir este tipo de hábitos para mantener un cierto control de su tiempo y su espacio, evitar la apatía y trabajar la capacidad de control sobre sus vidas.

Imagen: Adriana Molares vía Pinterest
Las personas capaces de controlar sus hábitos diarios son personas proactivas. Las personas que son capaces de controlar lo pequeño son capaces de construir el camino necesario que les lleve a alcanzar lo que quieren en sus vidas. Deciden qué hacer con su tiempo y no procastinan, dejando a un lado lo importante. Estas personas saben que existe el riesgo de que sus planes no salgan bien, pero entonces cambiarán su plan y volverán a probar. Una persona que dirige su vida ha aceptado que es responsable de su situación y de cómo cambiarla. Una persona proactiva, a la larga, avanza en su vida como consecuencia de sus estrategias.

Una persona a la que le dirigen la vida trabaja en modo reactivo la mayor parte de su tiempo. Olvida la importancia de los pequeños detalles, no tiene constancia ni control sobre las pequeñas rutinas del día a día mientras sueña con ser capaz de alcanzar algún día grandes metas. Una persona reactiva no tiene planes, ya que sus planes forman parte de los de otra persona. Este tipo de personas creen que su situación no depende de sus actos y que solo los demás podrán cambiarla. Una persona reactiva puede tener una gran vida porque quizás otros eligieron bien por ella, pero ¿es la vida que realmente quiere tener?

Quizás sea solo una tontería y el almirante y la psicóloga se equivocan, pero ¿qué tal si empezamos a cuidar nuestros pequeños hábitos diarios? ¿Empezamos por hacer la cama?

Fuente: Muhimu.es

Cinco plantas y animales confundidos por el cambio climático

Cada año, durante el cambio de estación, se da una danza compleja en el mundo. Los árboles en el hemisferio norte reverdecen en la primavera cuando las heladas terminan. Las orugas salen de sus capullos para darse un festín con las hojas. Las abejas y las mariposas emergen para polinizar las flores. Las aves dejan el hemisferio sur y vuelan miles de kilómetros para poner huevos y alimentarse de los insectos del norte.

Todas estas especies se sincronizan entre sí en seguimiento de pistas ambientales, del mismo modo que los bailarines se mueven al compás de alguna orquesta.

Sin embargo, el calentamiento global está cambiando la música; ahora la primavera comienza muchas semanas antes en varios lugares del mundo, en comparación con lo que sucedía hace décadas. No todas las especies se adaptan a este calentamiento al mismo paso y, en consecuencia, algunas están perdiendo el ritmo.

Los científicos que estudian los cambios en plantas y animales ocasionados por las estaciones tienen un nombre para este fenómeno: desfase fenológico. Aún tratan de entender exactamente la manera en que estos desfases —como el florecimiento de una flor antes de que llegue su polinizador— pueden dañar a los ecosistemas.

En algunos casos, las especies simplemente se adaptan modificando sus rangos o ingiriendo distintos tipos de alimentos. No obstante, si las especies no se pueden adaptar lo suficientemente rápido, estos desfases podrían ocasionar “efectos negativos significativos”, dijo Madeleine Rubenstein, bióloga en el Centro Científico Nacional del Cambio Climático y de la Vida Salvaje del Servicio Geológico de Estados Unidos.

“Si analizas la historia antigua del clima en la Tierra, te das cuenta de que nunca había habido un cambio tan rápido y drástico como este”, dijo Andrea Santangeli, un investigador posdoctoral en el Museo Nacional de Historia de Finlandia. “Las especies han tenido que reaccionar muy rápido”, dijo, “realmente no hay precedente”.

Aquí hay cinco ejemplos del desfase, el cual es solo una de las muchas amenazas que las especies enfrentan a causa del calentamiento global, que los científicos han descubierto hasta ahora:

La vida sexual de una orquídea

La orquídea araña depende del engaño para reproducirse. Cada primavera, la flor, cuyo cuerpo bulboso carmesí se parece a un insecto, lanza una feromona que engaña a las abejas macho solitarias para que piensen que la planta es una pareja sexual; es un paso clave para la polinización.

Esta treta, que los científicos llaman seudocopulación, funciona porque la orquídea suele florecer durante un periodo específico cada primavera, poco después de que las abejas macho solitarias despiertan de su hibernación, pero antes de que las abejas hembra aparezcan.

Sin embargo, cuando la primavera llega antes, las abejas hembra despiertan casi al mismo tiempo y alejan a las abejas macho de la orquídea, según un estudio realizado en 2014 en Gran Bretaña.

Al examinar los datos recabados en herbolarios y en el campo durante un siglo, los investigadores descubrieron que la brecha entre la época en que las abejas macho y hembra despiertan se acorta 6,6 días por cada grado Celsius más en la temperatura mundial promedio, lo que reduce las oportunidades para que la orquídea se reproduzca.

“El hallazgo más importante es que las cosas se están poniendo cada vez peores para la polinización de la orquídea”, dijo Anthony Davy, profesor de Ciencias Biológicas en la Universidad de East Anglia y autor principal del artículo. Para esta orquídea araña –que ya es un espécimen raro—el futuro es desolador.

La agenda del papamoscas

El papamoscas europeo, o cerrojillo, tiene una agenda apretada cada primavera.

El ave vuela miles de kilómetros hacia el norte desde sus terrenos invernales en África para llegar a Europa con el fin de poner huevos justo a tiempo para la aparición de las orugas de polilla de invierno, que surgen durante pocas semanas cada primavera para alimentarse de hojas de roble.

Si logran llegar en el momento justo, los papamoscas se aseguran de que haya suficiente comida en su entorno en el momento en que sus polluelos hambrientos rompan el cascarón. Sin embargo, en una serie de estudios llevados a cabo en la década de 2000, científicos en los Países Bajos mostraron que muchos papamoscas estaban desfasados respecto a este limitado periodo.

Conforme han aumentado las temperaturas primaverales, los robles tienden a reverdecer antes y la temporada alta de orugas comienza hasta dos semanas antes en algunos lugares. Muchos papamoscas, que al parecer programan su salida de África con base en la duración del día en esas tierras, ya no están llegando a Europa en el momento adecuado para su comida primaveral.

En algunos lugares de los Países Bajos donde la temporada alta de orugas se adelantó aún más, los científicos descubrieron que la población de papamoscas disminuyó rápidamente. “Este fue el gran descubrimiento que sugiere que el desfase podría tener consecuencias reales para las poblaciones”, dijo Christian Both, ecologista de la Universidad de Groningen.

Aves y tractores muy cercanos

El cambio climático no solo resulta en conexiones perdidas. En algunos casos, el avance del clima cálido puede llevar a encuentros peligrosos.

En Finlandia, por ejemplo, el frailecillo atlántico y el zarapito euroasiático suelen construir sus nidos terrestres en los campos de cebada después de que los agricultores han sembrado sus cultivos en la primavera. No obstante, conforme ha aumentado la temperatura, las aves han estado poniendo sus huevos mucho antes de que los agricultores lleguen a los campos, lo que significa que es más probable que los tractores y otras maquinarias destruyan los nidos, usualmente escondidos.

Al analizar 38 años de datos, los investigadores descubrieron que los agricultores finlandeses están arando sus campos una semana antes como reacción a las temperaturas más cálidas, pero las aves están poniendo sus huevos dos o tres semanas antes. “Esto ha creado un desfase fenológico”, dijo Santangeli. “La consecuencia que veremos será el declive de estas aves”.

El caribú llegó tarde a comer

El caribú del oeste de Groenlandia tiene una dieta estrictamente apegada a las estaciones. En el invierno, come liquen a lo largo de las costas. En la primavera y el verano, se adentra al bosque para dar a luz a sus crías y comer las plantas árticas que ahí crecen.

Conforme Groenlandia se ha calentado y las banquisas han disminuido, las plantas del Ártico han aparecido más pronto; algunas especies reverdecen hasta veintiséis días antes de lo que solían hacerlo hace una década. Sin embargo, el caribú no ha cambiado sus patrones de migración tan rápido. Los científicos han documentado una tendencia problemática en la región: han comenzado a morir más crías de caribú más pronto en los años en que las plantas primaverales crecen antes de la temporada del nacimiento del animal.

Aunque el estudio solamente descubrió una correlación entre las temperaturas más cálidas y las muertes de crías de caribú, “tiene congruencia con la idea de que el desfase es desventajoso”, dijo Eric Post, profesor de Ecología en la Universidad de California en Davis. Cuando las plantas del Ártico reverdecen antes, podrían ser más duras y menos nutritivas al momento de que el caribú llega y se las come.

La vestimenta de la liebre americana

El cambio climático no solo causa desfases en la primavera. Tomemos en cuenta a la liebre americana, cuyo pelaje ha evolucionado para cambiar de marrón a blanco durante el invierno con fines de camuflaje. No obstante, conforme la Tierra se calienta, el manto nevado del hábitat de la liebre se derrite con mayor antelación y el animal queda más expuesto a sus depredadores.

“El camuflaje es muy importante para mantener vivos a los animales de presa”, dijo L. Scott Mills, profesor de Biología Salvaje en la Universidad de Montana que estudia el efecto del camuflaje desfasado en especies como la liebre americana.

Mills y sus colegas descubrieron que por cada semana de desfase para la liebre es siete por ciento más probable que sus depredadores, como el lince, la atrapen.

Actualmente, la liebre solo está desfasada por una semana o dos. Sin embargo, Mills dijo que para la mitad del siglo XXI, eso se podría extender a ocho semanas. Si eso sucediera, agregó, la liebre “estaría en camino a la extinción”.

Fuente: nytimes.com

Día Internacional contra el Cambio Climático

Por: Laura Rathe

Hoy, 24 de octubre, se celebra el Día Internacional contra el Cambio Climático, con el objetivo de crear conciencia en los individuos sobre los peligrosos efectos que este puede ocasionar en el calentamiento global.

Cambio Climático: causas naturales

Para hablar de cambio climático lo primero es diferenciar entre el tiempo y el clima.

El tiempo es el estado que presenta la atmósfera en un momento determinado, se refiere a las condiciones de temperatura, humedad, presión, etc. Cambia de un día a otro. La variabilidad que presenta el tiempo entre algunos años suele denominarse Variabilidad Climática.

El clima es el conjunto de las condiciones atmosféricas en una determinada región, correspondientes a un período suficientemente largo para que sea representativo. Es decir, el promedio a lo largo de años (30 o más) de temperatura, humedad, presión atmosférica, precipitación. La diferencia entre el tiempo, la variabilidad climática y el cambio climático es pensar en cómo operan en diferentes escalas temporales.

Factores externos e internos que inciden en los cambios del clima:
  • Externos: los cambios naturales en la órbita de la Tierra, las variaciones en la irradiación solar, ciclos solares, los meteoritos y el polvo interestelar, aunque los impactos de meteoritos ocurren rara vez.
  • Internos: las erupciones volcánicas que expulsan grandes cantidades de cenizas a la atmósfera durante largo tiempo, meses o años, reflejan la luz solar de nuevo en el espacio provocando que la temperatura media global disminuya y los cambios en la superficie terrestre de origen natural o artificial, también influyen en los cambios del clima.
Efecto invernadero:

La atmósfera es una fina capa de gases que cubre la Tierra. Está compuesta de nitrógeno, oxígeno, vapor de agua, dióxido de carbono (CO2), óxido de nitrógeno, metano (CH4), ozono (O3), entre otros. Esta mezcla de gases inhibe el escape de radiación de onda larga (en la forma de calor) de vuelta al espacio. Esta función de captura de calor es lo que se conoce como el “efecto invernadero” y es lo que mantiene a la Tierra con una temperatura favorable a la vida.

Los cambios en la cantidad de gases de efecto invernadero y aerosoles, como también en radiación solar y propiedades de la superficie terrestre, alteran el balance energético del sistema climático.

Cambio Climático: causas humanas

Se le llama cambio climático, de acuerdo a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), a un cambio del clima aplicado directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y se suma a la variabilidad natural del clima observado durante períodos de tiempo comparables.

Calentamiento global

Las observaciones del sistema climático se basan en mediciones directas y en la teledetección desde satélites y otras plataformas. Las observaciones de la temperatura y otras variables a escala mundial comenzaron a efectuarse en la era instrumental, a mediados del siglo XIX, y desde 1950 existen conjuntos de observaciones más completos y diversos.

La influencia del ser humano sobre el sistema climático es clara, y las emisiones antropogénicas (producida por los seres humanos) recientes de gases de efecto invernadero son las más altas de la historia. Esto es evidente a partir de las concentraciones crecientes de gases de efecto invernadero en la atmósfera, el forzamiento radiactivo positivo, el calentamiento observado y la comprensión del sistema climático.

Efectos y soluciones

Muchos de los cambios observados en el sistema climático no han tenido precedentes en los últimos decenios a milenios, parte de los efectos es que la atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel dl mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado.

La interferencia que los seres humanos causan sobre el sistema climático tiene un efecto que pone en riesgo a los sistemas humanos y naturales. Estos impactos generalmente se refieren a los efectos en la vida, los medios de subsistencia, la salud, los ecosistemas, la economía, las sociedades, las culturas, los servicios y las infraestructuras, debido a la interacción de estos cambios climáticos o los eventos climáticos peligrosos que ocurren dentro de un período específico y de la vulnerabilidad de la sociedad o sistema expuesto. Los impactos también se conocen como consecuencias y resultados. Los impactos del cambio climático en los sistemas geofísicos, incluidas las inundaciones, las sequías y el aumento del nivel del mar, son un subconjunto de impactos llamados físicos.

Sequías

La gestión de riesgo y adaptación al cambio climático se centran en la reducción de la exposición y la vulnerabilidad, así como aumentar la resiliencia a los impactos adversos potenciales de los fenómenos climáticos, a pesar de que los riesgos no pueden ser eliminados completamente. La adaptación y la mitigación pueden complementarse entre sí y juntos pueden reducir significativamente los riesgos del cambio climático.

 

¿Por qué la Semana Santa cambia de fecha?

Cada año varían las fechas de Semana Santa y existe una razón histórica para ello cada año. En estas fechas los cristianos celebran la resurrección de Jesús. Esta es su celebración más importante del año. De hecho, durante los tres primeros siglos era la única fiesta que celebraban.

La muerte de Cristo ocurrió cerca de la Pascua Judía. Los evangelios se refieren a esta celebración en la última cena, cuando Jesús se reúne con sus discípulos para celebrar la fiesta en la que los judíos recordaban su salida de Egipto. Según el judaísmo, los hebreos deben renovar cada año esta celebración el día 15 del mes de Nisán, que empieza con la primera luna nueva de primavera. Con el paso del tiempo y desde el I Concilio Ecuménico de Nicea en el año 325, la Semana Santa se celebra el primer domingo de luna llena después del equinoccio primaveral (alrededor del 21 de marzo). Así el domingo de Pascua acontece en un paréntesis de 35 días, entre el 22 de marzo y el 25 de abril.

Fuente: National Geographic Traveler

Cambio climático en República Dominicana: para muestra un botón

Yvonne Arias

Según científicos para el 2020 el cambio climático aumentará los fenómenos naturales extremos. El clima está experimentando cambios y como consecuencia, ocurre una intensificación del efecto invernadero.

En el caso de las regiones de Mesoamérica y el Caribe, que representan 2 de los 25 focos principales de la biodiversidad del planeta, si las condiciones de los peores escenarios prevalecen, algunas de sus costas, incluyendo la República Dominicana, se verán significativamente afectadas por el cambio climático para la década del 2020. El Caribe y su biodiversidad se cuentan entre las más especiales y vulnerables a los efectos del cambio climático, principalmente por tratarse de islas pequeñas.

Nuestra atmósfera es una mezcla de varios gases y aerosoles. Mantiene las condiciones aptas para la vida en la tierra, la cual depende de la energía que recibe del sol. Aproximadamente la mitad de la luz que llega a la atmósfera terrestre pasa a través del aire y las nubes, llega a la superficie donde es absorbida. Es irradiada nuevamente en forma de calor (ondas infrarrojas). El 90% de este calor es absorbido por los gases de efecto invernadero y devuelto a la superficie, que la ayuda a calentar hasta una temperatura promedio de 15 grados Celsius, perfecta para la vida.

Los gases más abundantes de la atmosfera son el Nitrógeno (N2), gas inerte que constituye el 78% del total del aire y el Oxigeno (O2),  que constituye el 21%, es muy reactivo (ya que se combina con otras sustancias, oxidándolas), permite que los combustibles ardan y se disuelve en agua, entre  otros gases presentes en bajas cantidades. El vapor de agua es variable según la región.

Los gases de invernadero más importantes son CO2, CH4, N2O,  los clorofluorocarbonos (CFC). Su concentración atmosférica es baja, pero tienen una importancia fundamental en el aumento de la temperatura del aire próximo al suelo, haciéndola permanecer en un rango de valores aptos para la existencia de vida en el planeta.

Para muestra un botón

La temporada ciclónica de los huracanes  inicia el 1 de junio y finaliza el 30 de noviembre, Sin embargo las amenazas recibidas fuera de época movieron a expertos en la materia a proponer su extensión.

El área que corre el mayor  riesgo en el país es el Bajo Yuna, que incluye parte de María Trinidad Sánchez, Duarte, Salcedo, Sánchez Ramírez, Monseñor Nouel, San Pedro de Macorís, Montecristi y San Cristóbal.

En el caso de María Trinidad Sánchez, cuya economía está relacionada con actividades pesqueras, sobre todo al este de Nagua, ha sido afectada por inundaciones, la penetración del mar y cambios en los ecosistemas marinos, como arrecifes de coral y manglares.

Como consecuencia hay una variación en la producción pesquera, en comunidades que contienen entre el 52% y el 89% de hogares pobres.

Otro caso es el de la provincia Duarte, donde la economía se basa en el cultivo de arroz, y las inundaciones de los últimos años ocasionaron pérdidas económicas  importantes, en comunidades donde el porcentaje  de hogares pobres se encuentra entre 37% y 82%.

El daño se extiende a zonas urbanas y prueba de esto es que en Santiago las autoridades calificaron cinco barrios con “vulnerabilidad urbana” debido a las inundaciones habituales causadas por los malos hábitos humanos que dan lugar a la acumulación de plásticos que obstruyen los filtrantes y desagües naturales.

 En este caso el hombre es causantes de su propia desgracia. Sin embargo es necesario analizar además, los niveles de pobreza, la falta de educación ciudadana, el desorden territorial y la mala gestión de las autoridades municipales.

La naturaleza se defiende

La Española es una isla baja, lo que la hace muy frágil ante el cambio climático. Este hecho hace que se haga imprescindible adoptar políticas de desarrollo apropiadas que excluyan áreas vulnerables. Para esto es necesario que se tome en cuenta los servicios que ofrecen los ecosistemas, así como componentes biofísicos, económicos y culturales, entre otros.

Dos estudios sobre el ecosistema dunícola, realizados por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), reafirmaron que estos desempeñan un papel esencial para la buena conservación del medio ambiente y el turismo sustentable.

La recuperación y conservación de las dunas permite una resiliencia y una adaptación ante el cambio climático. Además, sirven para estabilizar las playas, recursos esenciales para el turismo, es decir, para la economía, y son el hábitat natural de diversas especies de plantas y animales como es el caso del área protegida Monumento Natural Dunas de Las Calderas, dedicado al científico y educador dominicano Sixto J. Incháustegui.

Las playas arenosas son vulnerables al aumento del nivel del mar por arrastre de partículas, cambios en los procesos de pérdidas/o aporte y modificación en la zonación de la vegetación de las dunas. Su conservación y recuperación sirve para evitar la erosión del suelo y la desertificación. Es, en definitiva, una forma de desarrollo económico y una posibilidad para el empleo local.

El reciente huracán Matthew y las severas lluvias que afectaron al país en noviembre de 2016, dejaron a su paso, tanto en Haití como en la República Dominicana, a miles de familias desplazadas, heridos, desaparecidos y muertos.  Este fenómeno natural desnudó la pobreza del país y puso en evidencia la escasa previsión ante tales eventos de la naturaleza, que según los pronósticos cada vez serán más frecuentes e intensos.

La protección de los ecosistemas naturales y muy particularmente las costas, los manglares, y por supuesto la diversidad biológica es impostergable.

La Conferencia de las Partes (COP) de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático fue celebrada en Paris en el 2015 busca negociar un acuerdo global contra el cambio climático, que preserve la vida de las generaciones futuras en el planeta a través del Acuerdo de París. Este último propone evitar que la temperatura del planeta rebase los 2 grados Celsius, preferiblemente no más de 1.5 grados Celsius para el año 2100, así como crear mecanismos de financiamiento como el Fondo Verde, para prevenir, reducir, mitigar y remediar los efectos del cambio climático, especialmente en los países más vulnerables a este fenómeno.

La República Dominicana, parte de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID, por sus siglas en ingles), no lo ratificó, a pesar de que el presidente . Danilo Medina, estuvo presente en la COP21 y adoptó el Compromiso-País de reducir en un 25% las emisiones totales de dióxido de carbono para el año 2030.

El 22 de abril de este año 2017 se celebrará en Nueva York, en la sede de la Organización de las Naciones Unidas, la ceremonia de firma del Acuerdo de Paris, por lo que mantenemos la esperanza de que sea ratificado.

Pueden solicitar la ratificación del Acuerdo de paria al presidente de la República en:
https://www.change.org/p/danilo-medina-rd-debe-ratificar-el-acuerdo-de-par%C3%ADs?recruiter=53540462&utm_source=share_petition&utm_medium=twitter&utm_campaign=sha

El deshielo del Ártico altera la migración de las belugas

Tras varias décadas de seguimiento a las belugas, los científicos han probado que al menos una de las poblaciones estudiadas retrasa su migración hacia el sur, con el riesgo de quedar bloqueadas

La de las belugas, Delphinapterus leucas, es una especie de cetáceo relativamente poco estudiada que habita en la regiones ártica y subártica de nuestro planeta. Estas se caracterizan por ser algunas de las áreas con las condiciones de vida más duras del mundo. Ahora, informa la agencia SINC, un nuevo estudio revela que estos mamíferos marinos son susceptibles a los cambios en su entorno, sobre todo a los producidos por el deshielo.

Existe la incertidumbre para los científicos de si estos actúan beneficiosa o perjudicialmente para la especie.

Vía satélite, un equipo liderado por la Universidad de Washington, ha realizado el seguimiento de los movimientos migratorios de dos poblaciones de belugas entre las décadas de 1990 y 2000, analizando sus vocalizaciones durante seis años para comprobar cómo sus hábitos se adaptan al deshielo marino cerca de Alaska. La investigación, publicada en la revista Global Change Biology, ha puesto de manifiesto que, aunque no afecta por igual a las distintas poblaciones, la pérdida de hielo ártico altera la migración anual de estos cetáceos. Sin embargo existe aún la incertidumbre para los científicos de si estos actúan beneficiosa o perjudicialmente para la especie.

Donna Hauser, autora principal e investigadora en el Centro de Ciencia Polar de la universidad estadounidense comenta a SINC que: “el mensaje más importante con el que nos quedamos es que las belugas pueden responder de manera relativamente rápida a los cambios en su entorno, por lo tanto no podemos esperar una respuesta uniforme en todas las poblaciones de belugas”.

Reaccionar al cambio climático

Las dos poblaciones de belugas analizadas son genéticamente muy distintas. Pasan los inviernos en el mar de Bering y después nadan hacia el norte a principios del verano, cuando el hielo marino se derrite y las aguas abiertas permiten el paso hacia los mares de Beaufort y Chukchi. Durante todo el verano se alimentan de peces y vertebrados antes de viajar de vuelta al sur en el invierno.

Sin embargo, cada nuevo otoño, debido al calentamiento global, el hielo marino tarda cada vez más tiempo en formarse. Esto obliga a la población de Chukchi a adaptarse a los cambios y retrasar en al menos un mes su migración hacia el sur. Por una parte esto puede resultar beneficioso para las belugas, ya que pueden estar ganando recursos alimentarios importantes. No obstante, este retraso puede propiciar que estas queden bloqueadas en su migración hacia el sur si el hielo se congela rápidamente y las coge desprevenidas.

Por el contrario, los individuos de Beaufort mostraron indiferencia al deshielo. Para los científicos, es posible que los cetáceos de esta población tengan la costumbre de alimentarse en cualquier lugar que requiera moverse antes en el otoño, independientemente de las características del hielo, por lo que no se vería afectada.

Aunque ambas poblaciones reaccionen de manera distinta,los investigadores subrayan que unos cambios que se están produciendo rápidamente; tan solo diez años para unos mamíferos que pueden llegar a vivir sesenta. Los patrones migratorios que han heredado generación tras generación parecen estar cambiando a lo largo de sus vidas, añaden. En este sentido Kate Stafford, coautora del estudio y oceanógrafa en el Applied Physics Laboratory de la Universidad de Washington recalca que: “las predicciones de los efectos del cambio climático hacen presumir que los animales tendrán modificar su presencia estacional en la región”.

“Al menos una población de belugas se está adaptando a los rápidos cambios del entorno. No podemos estar seguros, pero podría ser un buen comienzo para documentar cómo las especies del Ártico están reaccionando a las condiciones cambiantes”, concluye.