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Cómo denunciar el acoso escolar

Es posible denunciar a aquellos centros educativos que no garantizan los derechos de los alumnos. Asegurar la protección de los menores frente a un posible acoso es un deber del centro y una tarea de todos como sociedad.

Conocer el procedimiento adecuado para denunciar el acoso escolar se ha convertido en un factor fundamental para que, precisamente, se denuncien los hechos. El peligro de no hacerlo no es solamente que el acto quede impune, sino que se repita en el tiempo.

El acoso escolar o bullying es un problema grave que sigue afectando a muchos menores cada día. Por suerte, la lucha para frenar este tipo de situaciones está cogiendo cada vez más fuerza. A día de hoy, es posible tomar medidas para proteger a niños y adolescentes. De hecho, la mayoría de centros cuentan con planes de contingencia para actuar en estos casos.

El acoso escolar debe ser tratado de raíz, eficazmente y a tiempo. De lo contrario, las víctimas pueden sufrir graves daños físicos y psicológicos, llegando al suicidio en el peor de los casos. Además, las consecuencias no solo afectan a los acosados.

Los agresores, cuando el acoso no es denunciado, adquieren la costumbre de actuar de manera violenta. Distintos estudios han demostrado que muchos de los acosadores cuya conducta no ha sido sancionada ni redirigida se convierten en adultos violentos (Olweus, 2011; Temcheff, Serbin, 2008).

Niño representando el bullying

Denunciar el acoso escolar

Actualmente, la ley hace responsables a los colegios de no proteger a los niños de los peligros que puedan sufrir estando en el centro. Esto, como es obvio, incluye el acoso. Por lo tanto, en primer lugar, al detectar que un menor puede estar sufriendo bullying es fundamental exigir al colegio que tome medidas de protección. También que sancione a los agresores por las conductas llevadas a cabo.

Este paso es muy importante. Es posible denunciar a aquellos centros educativos que omiten su responsabilidad frente a los alumnos. Garantizar la protección de los menores y la seguridad de las víctimas de acoso escolar son deberes del centro. Se supone que este debe ser un entorno seguro para cualquier menor.

Ya existen sentencias que obligan al colegio a indemnizar a aquellos niños que han sufrido acoso escolar y no han sido protegidos. Una de las más importantes es de mayo de 2012. En ella el juez obliga a un colegio de Alcorcón a pagar 32.000 euros a la familia de un menor que sufrió bullying.

Independientemente, si el colegio no tomara las medidas adecuadas o estas no fueran suficientes, hay que acudir a los órganos territoriales de educación. La Inspección Educativa tiene protocolos de intervención específicos para estos casos.

¿Qué ocurre en estos casos?

Si la situación llega a manos de la Inspección, esta la examinará en busca de evidencias. Después, si llegara a detectar pruebas de acoso, realizará una intervención y hará un seguimiento del mismo. En casos de extrema gravedad, si se llega a estimar que se ha cometido algún delito, el procedimiento exige poner el caso en manos de la Fiscalía de Menores.

El acoso escolar en muchas ocasiones incluye conductas delictivas. Por ejemplo, amenazas o agresiones físicas.

Cuando median esta clase de delitos, o si a través del procedimiento mencionado no se soluciona el problema, para denunciar el acoso escolar se puede acudir directamente a la vía penal. En función de la gravedad de los actos, se pueden imponer penas como el internamiento en un centro de menores en régimen cerrado o semiabierto. También, trabajos en beneficio de la comunidad o la pena de libertad vigilada, además de las correspondientes indemnizaciones.

De forma habitual, el pago de la indemnización lo efectúa el agresor -o sus padres, madres o tutores, al ser menores de edad-. No obstante, si ha habido negligencia por parte del centro educativo, como se mencionaba, es posible reclamar de forma subsidiaria una indemnización al mismo.

Independientemente, no hay que olvidar que el verdadero objetivo es que el acoso cese. El menor afectado tiene que verse y sentirse libre de la amenaza que hasta ese momento suponían los agresores.

Niña víctima de bullying

Cómo actuar en casa

La confianza, sentirse apoyado en todo momento por la familia, son factores fundamentales que pueden marcar cómo el menor afectado tratará internamente el problema. Es clave que en la familia se escuche al hijo o hija, pues habitualmente, ellos hablan con claridad cuando se sienten seguros. Por ello, no es recomendable poner en duda en ningún caso el relato. Se debe actuar con calma y precaución.

El acoso escolar puede atraer graves consecuencias. En concreto, puede generar daños sobre la autoestima del menor. También cuadros de estrés postraumático, depresión, y en casos más graves conductas autolíticas.

De este modo, puede ser necesaria atención especializada para tratar la sintomatología producida por el acoso escolar. Estos síntomas tienden a reflejarse en cambios como una disminución del rendimiento escolar, miedo a ir al colegio o estados de ánimo depresivos. En estos casos, es fundamental consultar la situación con un especialista.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Conferencia: “El Efecto Mariposa en el Bullying”

Por: Carolina Jiménez

Con motivo a su vigésimo octavo aniversario, Plan LEA, realizó la conferencia “El Efecto Mariposa en el Bullying”, que tuvo como expositora la Magister Psicopedagoga, Emma Carolina Fernández.

Para dar inicio a la conferencia, la señora Rosario Vásquez, Encargada de Plan LEA, dio las palabras de bienvenida, agradeciendo la presencia de invitados especiales, docentes, centros educativos y público en general, destacando la colaboración del equipo encargado de la actividad.

“Como programa Prensa Escuela que hace su aporte  al desarrollo de la educación dominicana, proponiendo la lectura del aprendizaje significativos, nos proponemos  ofrecer contenidos de calidad para el reforzamiento de la firme competencias curriculares del sistema educativo dominicano”, expresó Vásquez.

Por su parte, el director de Listín Diario, Miguel Franjul, expresó su opinión sobre el fenómeno “bullying” y las consecuencias que este puede tener para la sociedad. Franjul, mencionó dentro de su discurso el impactante acontecimiento producido en San Francisco de Macorís donde una niña de 16 años fue asesinada por su pareja sentimental con cinco meses de embarazo.

Más tarde, se proyectó el documento testimonial de la adolescente Gabriela Álvarez, quien fue víctima de bullying durante su niñez y adolescencia. Con este audiovisual, se dio inicio formal a la conferencia y se presentó a la Magister, Emma Carolina Fernández.

Las palabras de la conferencista fueron acogidas con atención y alegría por parte del público, donde les explicó el significado de la mariposa azul. Fernández resaltó, “en cada una de las manos de ustedes está la mariposa azul; el bylling tienen dos caras y tanto como a la víctima, también tenemos que apoyar al acosador”.

El encuentro se llevó a cabo en el Auditórium Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano. Con el apoyo de Grupo Mejía Arcalá, Programa Progresando con Solidaridad (PROSOLIS), Instituto Superior de Formación Docente (ISFODOSU),  Instituto Nacional de Formación y Capacitación del Magisterio (INAFOCAM). Así como con la colaboración especial de Plan International y la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD).

Efecto Mariposa en el Bullying

Emma C. Fernández-Albert, M. Ed.

Emma c. Fernández, con motivo de la conferencia aniversario de plan lea, comparte un adelanto sobre los efectos del bullying

En la adolescencia, muchos jóvenes, con frecuencia, han escuchado la palabra bullying. De hecho, tanto el término bullying como acoso son parte del lenguaje común. Muchas veces ocurre algo que puedes etiquetar como acoso y, otras veces, como “relajo pesado” sin marcar distinción. ¿Cuántas veces te has sentido fastidiado por un comentario o chiste y fácilmente verbalizas “me estás bullyando”? El uso coloquial de estas palabras no significa que sabes lo que implican.

Cuando sepas distinguir entre un simple relajo o un momento de acoso o bullying, más posibilidades tienes de ser apoyo para quien pueda vivir esta situación. Estudios afirman que el 90% de los niños de cuarto a octavo grado han sido acosados en algún momento. Sin embargo, los jóvenes de sexto a octavo grado viven el bullying con una mayor frecuencia que los de primero y segundo de bachillerato, de acuerdo a Tonja R. Nansel, PhD y colaboradores del National Institute of Health de EUA.

El acoso escolar (bullying) es un término en inglés que describe un acto intimidatorio, físico y psicológico, iniciado y mantenido durante un tiempo considerable por parte de una o varias personas contra otra más débil. Dan Olweus, científico sueco, describe el bullying con tres criterios esenciales: conducta con intención agresiva y negativa; conducta repetida y desequilibrio de fuerzas.

Ahora bien, ¿dónde inicia el proceso ya sea de víctima o victimario? En la familia. La familia es la cuna de la inteligencia emocional de cada niño que crece pasando de la adolescencia hacia la adultez. ¿Qué tiene que ver la inteligencia con el bullying o acoso? El desarrollo de las neurociencias ha permitido que eruditos como el Dr. Howard Gardner y el Dr. Reuven Feuerstein, descubrieran que la inteligencia es modificable y que tiene diferentes vertientes como la inteligencia intrapersonal y la interpersonal. Gardner planteó una nueva definición de la inteligencia: la capacidad de resolver problemas; la capacidad de generar nuevos problemas que resolver; la capacidad de crear un servicio o actividad, que nutra a la sociedad en la que se vive. Ellos abrieron el camino a los expertos como el Dr. Peter Solevey y los psicólogos John D. Mayer y Daniel Goleman, para que enriquecieran el concepto de la inteligencia social de Edward Thorndike a la hoy conocida inteligencia emocional.

El sistema familiar es un contexto determinante en el desarrollo de la autoestima de sus miembros en todas sus etapas evolutivas. Una elevada autoestima implica que el niño/adolescente es capaz de protegerse ante determinados problemas emocionales y dificultades de comportamiento (Cava, Musitu & Murgui, 2006). Un estudio realizado en el 2005 por Estévez, Musitu y Ochoa, determinó que la existencia de una comunicación abierta con los padres está asociada positivamente con la autoestima escolar del hijo o la hija.

¿Ser capaz de hacer las cosas nos da autoestima, o es la autoestima la que nos hace capaces de hacer las cosas?

A ti adolescente: Si ves a un compañero amenazado por otro para que le dé merienda o le haga la tarea, puede estar experimentando bullying directo que incluye patadas, golpes y amenazas verbales. La coacción, que es ejercer un dominio y un sometimiento total de su voluntad, es otra forma de bullying.

A ti maestro: Tú estás en una posición de privilegio, pues puedes apoyar el entorno en el que ocurren los procesos de acoso escolar. Los estudios plantean que los educandos pueden asumir diferentes roles ante el acoso y el acosador: apoyo silente, asistentes, incentivan o pueden ser rescatistas.

+Planteados por los autores de “El valor de escuchar” en beneficio de la comunicación fluida con sus hijos:
1. Escuche con mente abierta… esté preparado para escuchar y considerar todas las partes de un problema.
2. Deje de hacer lo que está haciendo, haga contacto visual e involúcrese completamente. Dé a la otra persona toda su atención. Deje a un lado el correo electrónico, las llamadas telefónicas y otras distracciones potenciales.
3. Escuche objetivamente. Cuando inicie la conversación que sea con una actitud sin prejuicios.
4. Haga preguntas. Asegúrese de que realmente comprenda el significado detrás de lo que la persona está diciendo.
5. Evite la tentación de pensar acerca de lo que está por decir. En lugar de ello, preste atención a todo lo que la persona está diciendo antes de formular su respuesta.

Los padres y maestros pueden estar muy atentos y, aun así perder oportunidades de observar la realidad del bullying. Las familias y comunidad educativa pueden apoyarse en los adolescentes. Educarles les empodera como agentes de transformación. Así lo propone el Programa KiVa desarrollado en la universidad de Turku de Finlandia por las doctoras Christina Salmivalli y Elisa Poskiparta. El programa plantea que la prevención y el manejo del bullying debe incluir a los que rodean la situación para interactuar mejor con los que viven en ella evitándola o reduciendo su efecto.

Cuando niñas malintencionadas acosaron a mi hija debido a sus dificultades de aprendizaje

Al igual que otros padres, he escuchado historias de chicos maliciosos. He visto entrevistas en televisión de padres con lágrimas en los ojos hablando de humillaciones hechas en grupo. Pero el bullying es algo que nunca pensé que podría ocurrirle a mi hija, hasta que sucedió.

Nuestra hija tiene 12 años y está en sexto grado, y es una niña increíble: divertida, cariñosa, generosa, dulce e inteligente. Me hace reír todos los días. Abraza a la familia alrededor de 10 veces al día y termina cada llamada telefónica con “te quiero”.

Pero también tiene dificultades del funcionamiento ejecutivo. Empezó a mostrar señales de estas dificultades al principio de la primaria. Notamos que era desorganizada y tenía dificultad para seguir instrucciones de varios pasos.

También tiene dificultad para entender las pautas sociales. En ocasiones habla sin esperar turno, o no sabe qué decir o hacer en una situación social. Y debido a que se interesa tanto por las demás personas, puede ser muy sensible y susceptible. Todo esto le genera mucha ansiedad en la escuela.

Afortunadamente, ha tenido excelentes maestros de primaria. Hemos trabajado en colaboración con la escuela en sus habilidades organizativas y haciendo horarios para administrar su tiempo. También hemos hablado con ella acerca de su ansiedad y la hemos ayudado a poner en práctica estrategias para que esté calmada en diferentes situaciones.

Todo nuestro trabajo fue recompensado cuando nuestra hija ingresó en cuarto y quinto grado. Era un mucho más organizada y obtenía buenas calificaciones en la escuela. Y en cuanto a lo social, tenía muchos buenos amigos. Practicaba dos deportes, tenis y natación, y pasaba mucho tiempo con sus compañeros de equipo.

Pero al comenzar sexto grado empezamos a darnos cuenta de cambios sutiles en su personalidad. Estaba más distraída y todo el tiempo parecía como si estuviera pensando en otra cosa. Empezó a poner excusas para no ir a las reuniones con el equipo. Y me hacía preguntas extrañas e inesperadas como: “Si le digo X a mi amiga, no pasará nada, ¿verdad?”.

Luego un día me pidió que la llevara a la escuela en lugar de ir en el mismo auto con sus amigas. Mientras conducía me preguntó si podía llevarla al día siguiente y al siguiente. Fue ahí cuando detuve el auto y le pregunté qué estaba ocurriendo.

Al principio le daba vergüenza hablar. “No quiero que ni tú ni papá sientan pena por mí”, dijo. Pero seguí presionando y una vez que empezó a hablar, lo soltó todo.

Resultó que una de sus “amigas” en deportes, a quien conocía desde hace varios años, decidió que nuestra hija era “tonta”. Esa niña hacía comentarios sobre mi hija como: “Tú no eres la más lista, ¿cierto?”. O, “juegas tenis, pero ni siquiera eres buena en eso”.

Nuestra hija dijo que todo comenzó como una broma. Intentó reírse, pero seguía ocurriendo y se puso peor.

Influenciado por esta niña maliciosa, el grupo empezó a burlarse de nuestra hija. En una ocasión, cuando nuestra hija se sentó para almorzar, todos se levantaron y se alejaron. En otra oportunidad, la niña le ordenó: “Haz esto o no volveré a hablar contigo”.

Nuestra hija intentó hablar con esta niña para preguntarle qué había hecho mal. “¡Solo estamos bromeando contigo!”, le dijo la niña. Cuando m hija me lo contó estaba a punto de llorar.

Estaba impactada. Conocíamos a esas niñas y a sus familias de años.

Lo que lo hizo más complicado fue que a veces las chicas eran amables con mi hija. Y cuando la acosaban lo hacían de manera sutil. No era como los textos y tuits malintencionados que en ocasiones se ven en las redes sociales. Nuestra hija decía que a veces no la acosaban durante varios días, pero luego empezaban de nuevo.

Nuestra hija no entendía por qué ocurría, así que mi esposo y yo decidimos que necesitábamos hablar con ella. Le dijimos que era difícil saber lo que pasaba por la cabeza de la niña.

A la mejor estaba celosa de sus logros en deportes o de sus buenas calificaciones. Quizás la vio como “presa fácil” debido a sus dificultades de aprendizaje y de socialización. Podía tratarse de un juego de poder, comentamos. Sin importar cuál fuera la razón, le dijimos, “está mal y no es tu culpa”. Y tiene que ver con otras cosas más allá de “bromear” o del “mal humor” de la niña.

Al principio queríamos confrontar a los papás de la niña, pero nuestra hija nos pidió que no lo hiciéramos y no lo hicimos.

Sabíamos que los padres de la niña se harían los desentendidos y dirían que el bullying era “una broma”. Y si las niñas del grupo descubrían que nuestra hija las había “delatado”, podía ser peor para nuestra hija.

Así que decidimos intentar manejarlo por nuestra cuenta. Enseñamos a nuestra hija estrategias para lidiar con niñas malintencionadas. Practicamos jugar a los roles en diferentes situaciones y qué decir cuando la niña líder hiciera comentarios crueles. Practicamos cómo podía reaccionar si el grupo empezaba a molestarla. Era como un equipo deportivo para habilidades sociales, la entrenábamos todos los días, analizando qué hacer y qué no hacer.

También sabíamos que ese grupo de niñas no era buena compañía para nuestra hija. Así que limitamos el tiempo que pasaba con ellas y la animamos a que hiciera nuevas amigas. Eso también ayudó.

Lentamente, nuestra hija hizo nuevas amigas y aprendió a controlar el estrés social que le causaba el grupo de “amigas” maliciosas. También aprendió una dura lección acerca de cómo las personas pueden actuar de maneras dañinas. Es una lección que hubiésemos deseado que no hubiese tenido que aprenderla, pero que gracias a ella nos hemos vuelto más fuertes.

Fuente: understood.org

Cómo detectar si nuestros hijos son víctimas de acoso escolar

Durante la niñez los niños se pelean, en muchas ocasiones se enfadan e incluso se llegan a insultar. No se trata de que esas conductas queden impunes o que no tengan consecuencias, pero tampoco se pueden confundir con el bullying. Para hablar de bullying, tiene que haber un acoso continuado en el tiempo de un niño hacia otro. No se trata de una pelea puntual, normalmente, el agresor tiene un comportamiento provocador y de intimidación permanente.

Detectar si el niño sufre bullying

El bullying puede ser sexual, cuando existe un asedio, inducción y abuso sexual; puede tratarse de una exclusión social cuando se ignora, se aísla y se excluye al otro; puede ser psicológico, cuando existe una persecución, intimidación, tiranía, chantaje, manipulación y amenazas al otro; y puede ser físico, cuando se golpea, empuja o se organiza una paliza al acosado.

El acoso escolar tiene como escenario los centros educativos. Como se trata, en su mayoría, de un acoso invisible para los adultos, los profesores difícilmente tendrán conocimiento de lo que está sucediendo a través de los padres. El agresor acosa a la víctima en los baños, en los pasillos, en el comedor, en el patio, reservando sus acciones durante la ausencia de mayores. En algunos casos, el acoso sobrepasa las paredes del colegio, pasando a ser telefónico e incluso por correo electrónico.

Es importante que los padres mantengan siempre una comunicación abierta y positiva con sus hijos, y con el colegio, de esta forma, conseguiremos que los niños se sientan más seguros y puedan contar a sus adultos de referencia lo que les está pasando.

No obstante, conviene que estemos atentos si detectamos algunas señales en el niño:

1. Cambios en su comportamiento.

2. Cambios de humor, tristeza o irritabilidad.

3. Trastorno en el sueño. Que le cuesta más dormir y suele tener pesadillas.

4. Cambios en los hábitos alimentarios: comen compulsivamente, o les falta el apetito

5. Presentan síntomas psicosomáticos. Frecuentemente tienen dolores de tipo somático como dolor de cabeza o de tripa sin una causa orgánica que lo justifique.

6. Presentan señales físicas. Vigilemos en el caso de que aparezca de forma frecuente con golpes, o rasguños y diga que se ha caído.

7. Rechazo continuado al colegio. Cuando verbalice que no quiere ir al colegio, una y otra vez, especialmente en las tardes de los domingos.

8. Presenta problemas para relacionarse y se aísla. El niño protesta para no acudir a las excursiones o visitas culturales, no quiere relacionarse con sus compañeros y quiere ir acompañado a la entrada y a la salida del colegio.

9. Cambios en su rendimiento escolar. El niño puede empezar a desinteresarse por los estudios. Le faltará no solo interés como también concentración y atención.

Actitud de los padres frente al acoso escolar de su hijo

Si hemos detectado que nuestro hijo es víctima de acoso, lo primero de todo es no culpabilizarle ni a él ni a nosotros mismos, eso no implica ser peores padres. Es importante que el niño se sienta seguro y confiado en su casa, que haya un buen clima de confianza donde pueda desahogarse y contar que le pasa.

Otro paso fundamental será hablar con el colegio, en ocasiones pueden ignorar lo que ocurre porque las agresiones se llevan a cabo en ausencia del adulto.

Es importante que el niño cuente con habilidades sociales y con recursos, no solo enfocados a defenderse, sino a mostrarse más seguro. Que aprenda a ser asertivo, a ser capaz de decir lo que el quiere, lo que el piensa, sin imponérselo a los demás, y sabiendo que su opinión es tan válida como la de los demás.

Que aprenda a ignorar al agresor, que no le demuestre que le afecta llorando o enfadándose, sino que le pueda responder con tranquilidad y firmeza, diciéndole por ejemplo: “No, eso es sólo lo que tú piensas”.

Que sepa que no está solo y que siempre puede pedir ayuda.

Fuente: guiainfantil.com

Conferencia: “El Efecto Mariposa en el bullying”

Con el objetivo de ofrecer estrategias y herramientas efectivas a familias, docentes, autoridades y a la sociedad en general, Plan LEA como programa prensa escuela se propone estar a la vanguardia en la búsqueda y planteamientos de soluciones. En este caso colaborando con las problemáticas relacionadas al manejo adecuado de temas de maltrato y violencia en las escuelas, con la finalidad de promover una cultura de paz.

Es evidente que en la actualidad, día tras día,  se hace más frecuente la difusión en los medios de comunicación de casos de violencia en las escuelas e intrafamiliares.  Sin embargo, no todos conocen los efectos que produce esta problemática en el estado emocional de cada niño. Razón que ha impulsado a Plan LEA en su vigésimo octavo aniversario, a realizar una conferencia impartida por Emma Carolina Fernández,  Magister Psicopedagoga, egresada de la Universidad de Harvard, quien expondrá el significado del “Efecto Mariposa en el bullying” dentro de su conversatorio.

La actividad se llevará a cabo el miércoles 30 de agosto del 2017 en el Auditórium Pabellón de la Fama, pautada para iniciar a las 6:30 de la tarde. Es una conferencia gratuita a la que podrán asistir padres en compañía de sus hijos, como también docentes, autoridades y público interesado en conocer sobre este tema.

Dentro de los objetivos específicos para la conferencia está valorar las lecciones aprendidas de las diferentes manifestaciones del bullying escolar que afecta a las escuelas y colegios dominicanos. Así como proponer pautas para involucrar a los padres, madres, amigos, tutores, docentes y autoridades en propuestas de soluciones contra este maltrato.

 

Interesados a asistir comunicarse a Plan LEA

Teléfono: 809-686-6688 Ext: 2510 / 2289 / 2417

Email: [email protected]

PD: Presentar invitación física en la entrada (en caso de no tenerla, dirigirse a Plan LEA ubicado en el Listín Diario).

Cómo ayudar a los niños a enfrentar las burlas

Jennifer Delgado

 

Burlarse de los demás no está bien, es cruel, injusto e hiriente. Y los adultos debemos cerciorarnos de que los niños lo sepan. Aún así, algunos pequeños pueden convertirse en el centro de las burlas de sus compañeros de colegio o de juegos, ya se trate de bromas inocentes o malintencionadas.

Como padres, no podemos evitar que nuestros hijos pasen por estas experiencias, pero podemos prepararles para que puedan lidiar mejor con ellas. No podemos olvidar que las burlas pueden ser la antesala del acoso escolar, un problema cada vez más preocupante que provoca graves heridas emocionales en niños y adolescentes.

Valida sus emociones y sentimientos

A un niño no le sentará nada bien convertirse en el objeto de burla de sus coetáneos. No solo se sentirá herido, humillado y ofendido, sino que también puede sentirse muy confundido pues es probable que no logre comprender qué ha hecho mal o dónde se ha equivocado. Si intentamos restarle importancia a esos sentimientos con frases como “no ha pasado nada” o, lo que es aún peor, le regañamos por haberse sentido así diciéndole cosas como “no es para tanto” o los niños no lloran”, el pequeño se sentirá más solo y confuso.

Por eso, el primer paso consiste en validar sus sentimientos. Puedes decirle “es comprensible que te sientas mal. Hablar de ello puede ayudarte. De esta manera, el niño entenderá que su reacción es perfectamente normal, no se sentirá juzgado y confiará en ti para que le ayudes a resolver sus problemas. De hecho, si el niño no se siente cómodo contándote lo que le ocurre porque cree que le juzgas, las burlas se mantienen y se convierten en acoso, es probable que termine sufriéndolo en silencio.

Ayúdale a ponerse en el lugar de los otros niños

La tendencia natural de los padres es aliarse con sus hijos en contra de un enemigo común. Sin embargo, convertir el colegio o el parque de juegos en un campo de batalla no es una buena idea. En su lugar, puedes apostar por desarrollar la empatía. Si se han burlado de tu hijo, se sentirá herido y tendrá la tendencia a asumir el papel de víctima, lo cual puede dar paso a una peligrosísima indefensión aprendida.

No obstante, si le enseñas que las burlas pueden ser el reflejo de la inseguridad de otros niños, de su necesidad de sentirse superiores o incluso de problemas en su hogar, tu hijo se sentirá más aliviado y comprenderá que el problema no está en él, lo tienen los otros. Por supuesto, no se trata de justificar ni sufrir pasivamente esas conductas, sino de comprender qué las ocasiona.

“La humillación dice más de quien humilla que de quien es humillado”.

No le des soluciones, anímale a encontrar sus respuestas

Aunque no es agradable que se burlen de tu hijo, puedes aprovechar esta situación para estimular la resiliencia, una capacidad fundamental para la vida. Esto significa que no debes darle soluciones sino ayudarle a encontrarlas. Pregúntale cómo cree que debe comportarse la próxima vez que se burlen de él. Pídele que imagine qué ocurre de nuevo y que piense en cómo debe reaccionar. La idea es que le animes a reflexionar sobre la situación y el impacto que las respuestas de ambas partes tienen en el otro.

Un artículo publicado en la Canadian Academy of Child and Adolescent Psychiatrybrinda algunas pistas sobre cómo guiar al niño para que aprenda a lidiar con las burlas. La clave radica en mantener el control y no perder la calma. Puedes pedirle que imagine que la situación de burla es como la secuencia de un vídeo, que puede parar cuando desee pues es él quien tiene el mando. Pero si pierde la calma, perderá el mando y serán los otros niños quienes tengan el control.

Los niños deben aprender los tres pasos de la técnica. El primero es tomar nota de sus gestos faciales y la postura de su cuerpo, que no puede ser agresiva ni temerosa, sino relajada. De hecho, se ha apreciado que los niños que suelen ser víctimas de bullying son aquellos que responden con irritabilidad y molestia. Cuando se le pide al niño que examine su reacción, en realidad se le está entrenando para que adopte una distancia psicológica de lo que está ocurriendo, lo cual favorece el autocontrol.

El segundo paso consiste en responder con ecuanimidad, pues si reacciona enfadándose o llorando equivaldría a ceder el mando a los niños que se burlan de él. Si se le ocurre alguna respuesta rápida e ingeniosa puede decirla, ya que normalmente desarma a los otros niños y les hacen ver que sus bromas no han hecho mella, que él sigue teniendo el control de la situación.

El tercer paso es abandonar el sitio con tranquilidad. Si no puede hacerlo, explícale que no siempre es necesario irse físicamente, que puede abandonar la situación mentalmente usando alguna técnica de distracción mental, como leer o ponerse los auriculares para escuchar música. Normalmente, cuando los otros niños se dan cuenta de que sus bromas no provocan ninguna reacción, se aburren y se van.

“La educación consiste en ayudar a un niño a llevar a la realidad sus aptitudes”. —Erich Fromm

Anímale a que haga amistades

Tener un grupo de amigos es fundamental para cualquier niño, pues este no solo es fuente de emociones positivas sino que también actuará como un escudo contra los agresores. De hecho, un estudio publicado en la revista Child Development reveló que los niños que forman parte de un grupo son menos propensos a ser víctimas del acoso escolar.

Al contrario, los niños catalogados como “desconectados” son más proclives a sufrir bullying, pues no han desarrollado sus habilidades sociales y emocionales. Estos niños a menudo provienen de familias donde las emociones siempre han sido reprimidas o han recibido una educación sobreprotectora que les ha impedido hacer amigos. Por eso, es importante que tu hijo haga buenas amistades, las cuales se convertirán en una red de apoyo.

¿Te has encontrado alguna vez en una situación así? ¿Cómo has reaccionado?

PD: Si las burlas se han vuelto regulares, estaríamos hablando de acoso. En ese caso es recomendable que acudas al colegio y hables con los maestros para encontrar una solución conjunta.

Fuente: muhimu.es/

Profesora crea estrategia anti bullying

El bullying sigue siendo un problema constante en las escuelas, pues no es tan fácil detectarlo, pues muchas veces se manifiesta de forma silenciosa. Sin embargo, una maestra de primaria ideó una ingeniosa estrategia que detecta un problema de bullying antes de que ocurra. ¿Quieres conocerla?

 Llegado el viernes, una profesora de una escuela norteamericana, le da una hoja en blanco a cada uno de sus alumnos para que escriban dos sencillas preguntas:

 1.-¿Con qué niños quieres sentarte la semana que viene? (deben elegir a 4 de sus compañeros)

2.-¿Quién es el mejor que se portó esta semana?

 Los niños responden a pesar de que saben que no se sentarán con sus mejores amigos, y el plan de la profesora no se trata de reorganizar las mesas. Su objetivo es saber quién se queda al margen; es decir, el nombre menos recurrente en las respuestas de sus alumnos o simplemente no aparece nunca.

Después de recoger las hojas de sus alumnos, la profesora hace un análisis de las respuestas, con el cual organiza un organigrama de las relaciones que hay entre sus alumnos, con el cual determina a los siguientes personajes:

 -Quién lidera grupos o a quién admiran más.

 -Quiénes, sin ser líderes, son muy populares.

 -Quiénes, sin ser populares, reciben apoyo.

 -Quienes son relegados, y los que, por obviedad, son blancos fáciles del bullying.

 Después de identificar a los niños solitarios, busca equilibrar las relaciones entre sus alumnos reintegrándolos, con el objetivo de que el alumno solitario encuentre apoyo en aquellos que puedan defenderlo, y alejándolo de posibles acosadores. Y también llevando con su grupo las siguientes actividades:

 -Asambleas de clase: estas se hacen cada semana para exponer los problemas que surgieron en clase y buscar las soluciones.

-Convivencia para lograr empatía entre sus alumnos: es muy importante conocerlos en realidad y saber con qué sueñan, quiénes son sus amigos y si se sienten a gusto en clase.

 -Apoyar a los niños con menos amigos: enseñar a estos pequeños cómo integrarse con otros niños sin que se sientan intimidados.

 ¿Qué les parece la estrategia de esta profesora?

Fuente: padresehijos.com.mx/