Entradas

La lectura bíblica en las escuelas

La Biblia no es solamente un libro religioso, sino que es un libro de un contenido histórico, poético, moral, cívico, jurídico y hasta médico. Fue el primer libro que se imprimió cuando se inventó la imprenta, y es el más leído y vendido en el mundo y el más antiguo de la historia.

En clase de español, se nos obligaba a leer libros de la literatura castellana.  Era obligatorio que leyéramos la obra maestra de la literatura española, el libro de Miguel de Cervantes y Saavedra, llamado “El Quijote de la mancha”, y se nos pedía una reflexión sobre el mismo con un enfoque histórico aplicado a algunos hechos de nuestra realidad contemporánea. Si se puede leer en las escuelas el Quijote, y otros grandes escritores latinoamericano y nacionales,  además de obras de la literatura mundial, ¿Por qué no permitir la lectura de la Biblia en las escuelas?

El mundo está lleno de ironías, se discute el hecho de que no se debe permitir la Biblia porque es un libro religioso, sin embargo, recomiendan y permiten otros libros sin fundamentos científicos, y que promueven la teoría de la  evolución, la filosofía escéptica y la ideología de género. La mayoría de las autoridades están de acuerdo que en las cárceles se debe leer Biblia y además, que se predique el evangelio, pero ¿no sería mejor comenzar a leer la biblia en las escuelas para evitar que estos niños lleguen a tenerla que leer en las cárceles?

¿Sobre qué fundamento está constituida nuestra nación? Nuestra nación, y sus valores, están constituidos en los principios de Dios, Patria y libertad, ya que no somos un país ateo,  y por lo tanto, el hecho de que no impongamos una religión determinada, no debe inhibirnos de aceptar nuestra herencia cultural y religiosa desde una óptica de valores, sin hacer un énfasis religioso.

Pero veamos nuestra realidad. La sociedad dominicana ha perdido todos sus valores, y hoy se debate en una profunda crisis de desintegración familiar, violencia, drogas y corrupción.Lo más alarmante es la desintegración familiar y la gran cantidad de niños que nacen, sin tener un padre que les inculquen valores y les enseñe el temor al mal. Hemos perdido la perspectiva de Dios respecto a los valores fundamentales de la vida en familia.

La lectura de la Biblia, sin una interpretación religiosa determinada, es suficiente para dar convicción y valores que ayuden al niño a decidir qué camino tomar en el futuro. Además, la verdadera educación debe enseñar a todos los lados de la ciencia y las letras. Lo mismo pueden leer a Darwin o Marx, que a Jesús y San Pablo, y cada cual, de acuerdo a su raciocinio y experiencia, tomará al final de la carrera, la decisión que desee tomar.

(+) Beneficios

Muchas posturas congenian con que la lectura de las Sagradas Escrituras no perjudicará, sino que al contrario, vendrá a cambiar la mentalidad y formación en cada uno de los centros educativos, esto, lo amplia el profesional en derecho Ivony Meléndez quien expone: ‘’estoy de acuerdo. Somos un estado laico, el estado es libre de adherir y apoyarse en la religión desarrollando la espiritualidad, fomentando los valores que se han perdido’’, además el abogado Meléndez asegura que con esta iniciativa se puede
lograr ‘’vencer el fanatismo, y las malas costumbres adquiridas’’.

Alguien apegado a la Palabra de Dios, es Óscar Zambrano, un hombre de familia y con mucho recorrido
en la Iglesia, donde ha sabido encontrar el espacio para formar y aumentar su fe. Zambrano, es de los
que piensa que ‘’hay que conformar un documento que logre unificar criterios de las diferentes creencias
o formas de ver la fe, esto reforzaría las debilidades que muchos niños traen debido a la ausencia de Dios en los hogares’’.

Fuente: fundacioncatolica.org

Es tiempo de perdonar

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

Perdonar es uno de los actos que más le cuesta realizar al ser humano. Muchas veces, el sentimiento de rencor y orgullo es más fuerte que la razón. Sin embargo, quien guarda resentimientos dentro de su corazón, se pierde de lo maravilloso que es sentirse en paz.

Rick Warren, pastor y escritor estadounidense, plantea que el verdadero perdón está formado en la Biblia por cuatro reflexiones: perdonar es recordar cuanto he sido perdonado, perdonar es renunciar a tu derecho de vengarte, perdonar es pagar bien por mal, perdonar es repetir el proceso tanto como sea necesario.

Es cierto que la vida, en ocasiones, presenta situaciones que nos separan del respeto, admiración o afecto hacia aquel individuo que nos hizo algún daño; hirió nuestros sentimientos, nos hizo llorar o entristecer. Incluso, en casos más extremos nos causó un daño considerado como “imperdonable”. Es aquí cuando nuestra bondad, amor y capacidad de entendimiento se pone en juego, se debilita.

En el artículo “Aprender a perdonar”, la psicóloga clínica, Silvia Russek, expone que: “Cuando perdonamos nos liberamos de una gran carga emocional que traemos sobre nuestros hombros y que nos impide disfrutar de la vida. No perdonamos para beneficiar al otro, perdonamos para liberarnos a nosotros y poder tener una vida mejor”.

¿Cómo aprender a perdonar?

Se dice que para llegar a recordar lo sucedido sin que duela, para aceptarlo como una etapa más de este juego de la vida, tenemos que vivir el perdón más como una decisión que como un sentimiento.

La psicóloga y coach, Mamen Garrido, explica que: “Cuando decides perdonar o perdonarte por algo, estás abriendo las puertas de tu propia prisión; estás dejando paso a la liberación que supone deshacerse de un peso enorme que no te deja avanzar”.

Asimismo asegura que perdonar no significa olvidar lo que ha pasado: en los momentos más dolorosos es precisamente donde mejor nos conocemos. Pero quedarse anclado a ese dolor y rememorarlo con frecuencia no nos ayuda a sanar, sino todo lo contrario: mantiene la herida abierta.

Para aprender a perdonar sanando las heridas, Garrido recomienda lo siguiente:

  1. Aprende a transformar el dolor: Independientemente de lo que ocurriera en el pasado, cada uno tenemos el poder de transformar ese dolor y aprender de la experiencia.
  2. Reconoce el daño para empezar a perdonar: No tengas miedo ni vergüenza; simplemente tómate un tiempo para reflexionar de la forma más objetiva posible sobre los hechos que te causaron esa herida que tanto te cuesta cerrar.
  3. Identifica las emociones implicadas: Cuando revisas de forma consciente lo acontecido es importante que centres tu atención en qué emociones emergen de ti.
  4. Expresa el dolor y perdónate: Date permiso para expresar libremente lo que sientes. Saca la rabia, la ira, el enfado que llevas por dentro. Puedes escribir una carta, gritarlo en voz alta, hablarlo con alguien de confianza y soltar, soltar, soltar.
Reconciliación en Semana Santa

La Semana Santa es un tiempo de reflexión, perdón y reconciliación. En el que sin importar la religión se promulga el recogimiento, el silencio y el amor.

Es una semana donde debemos darnos el permiso de reflexionar y al mismo tiempo, liberarnos de las cadenas que nos atan.

Vale la pena recordar algunas palabras de perdón que Dios dirige a cada uno de nosotros en la Biblia: “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos” (Proverbios 17, 9).

Si hay algo que debemos tener claro es que cuando vives sin perdonar esa rabia que sientes te produce más daño a ti que al otro. Por esto, el perdón no vendrá de fuera, sino que ha de nacer de uno mismo.

Entonces, reflexionemos en nuestro interior lo que nos dice la Biblia en Mateo 6, 14: “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial”.

La gracia de sentirme un pecador perdonado

El sentirme que soy un pecador perdonado es una gracia que se recibe de Dios, no porque sea mejor que nadie, ni porque el otro no lo pueda sentir también, sino porque es una convicción interior que se siente al aceptar el amor misericordioso de Él.  Para que esa aceptación del amor de Dios suceda,  tiene que haberse dado en mí lo que le sucedió al hijo pródigo, cuando volvió en sí, después de haber malgastado toda la fortuna que le había dado su padre como parte de su herencia; solo cuando se vio viviendo entre los cerdos fue que se dio cuenta que en la casa de su padre lo tenía todo.

Cuando tocamos fondo, como le pasó a este joven, es cuando más el Señor nos muestra su misericordia, es cuando más está cerca de nosotros esperando nuestro regreso. Jesús con su pasión, muerte y resurrección nos devuelve la condición de volver a llamarnos hijos e hijas de Dios.  El milagro de sentirnos que somos pecadores perdonados nos hace ser más humanos y a proceder también con mucha misericordia con todos los demás.