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Las manualidades ayudan a mejorar el cerebro

La naturaleza rítmica y repetitiva de tejer es calmante, reconfortante y contemplativa. No es difícil imaginar que tejer es como una práctica de atención plena, o tal vez una forma de meditación. Por ello las manualidades tienen un efecto positivo para mejorar la salud del cerebro.

Investigaciones en la neurociencia, muestran que las manualidades como tejer y otras formas de artesanía textil como la costura, el tejido y crochet, tienen mucho en común con la atención plena y la meditación – se reporta que todas tienen un impacto positivo en la salud mental y el bienestar.

Las manualidad y el estado de ánimo repercuten sobre el cerebro

En una encuesta en línea de más de 3.545 tejedores, por Betsan Corkhill, un terapeuta del tejido con sede en Reino Unido que ha realizado una investigación sobre los efectos terapéuticos del tejido, más de la mitad de los encuestados informó que tejer les hacía sentir “muy feliz”. Y muchos dijeron que tejían por los efectos de relajación, y alivio del estrés y la creatividad.

El estudio encontró una relación significativa entre la frecuencia del tejido y el estado de ánimo y los sentimientos percibidos de los encuestados. Tejedores frecuentes (los que tejen más de 3 veces a la semana) eran más tranquilos, más felices, menos tristes, menos ansiosos, y con más confianza.

El estudio de Corkhill concluyó, “Tejer tiene beneficios psicológicos y sociales, que pueden contribuir al bienestar y calidad de vida”.

Curiosamente, el estudio también encontró que las personas tejiendo en grupo, eran incluso más felices que los tejedores en solitario.

Cómo las manualidades ayudan a mejorar el cerebro

  1. Desafío mental y resolución de problemas
  2. Conexión Social
  3. Plenitud
  4. Desarrollo de la coordinación mano-ojo, percepción espacial y destreza motora fina
  5. Aprender y enseñar
  6. Centrar la atención y los pensamientos en una tarea
  7. Fomento de la creatividad activa
  8. Da un sentido de orgullo y logro
  9. Enseña paciencia y perseverancia
  10. Facilita la formación de la memoria y la recuperación

De acuerdo con su artículo, “Las habilidades y sentimientos experimentados mientras se realizan manualidades como tejer y bordar, también se pueden utilizar para facilitar el aprendizaje de las técnicas, como la meditación, la relajación y el ritmo que se enseña comúnmente en los cursos de manejo del dolor, o en el tratamiento de la depresión.”

Las manualidades como el tejido calman la mente

“El tejido como herramienta para alcanzar un estado meditativo de la mente podría permitir a una población mucho más amplia  experimentar los beneficios de la meditación, ya que no implica tener que entender, aceptar o participar en un período de aprendizaje prolongado de la práctica. Sucede como un efecto secundario natural de tejido”.

El bruxismo beneficia al cerebro

Otros han comparado las manualidades (el “crafiting”) con entrar en un estado presente, de “flujo”, lo que el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi describe como “un estado de concentración o absorción completa con la actividad en cuestión y la situación. Es un estado en el que la gente está tan involucrada en una actividad que nada más parece importar “.

Y, según Corkhill, incluso Albert Einstein tenía fama de haber tejido entre sus múltiples proyectos para “calmar su mente y aclarar su pensamiento.”

Los neurocientíficos están empezando a comprender la forma en la atención, la meditación y de experimentar el impacto de “flujo” del cerebro. Las investigaciones demuestran, que estas prácticas mejoran la depresión, la ansiedad, el estilo de enfrentar la adversidad, mejorar la calidad de vida, y de manera significativa a reducir el estrés. Todos vitales para mantener la salud del cerebro y el bienestar.

Investigación y redacción: Vida Lúcida

Cómo ayudar a su hijo a enfrentar la muerte de un ser querido

Cuando muere un ser querido, puede ser difícil saber cómo ayudar a los niños a enfrentar la pérdida, especialmente porque usted estará atravesando su propio duelo.

Lo que los niños pueden entender sobre la muerte depende en gran medida de su edad, sus experiencias vitales y su personalidad. Pero algunas cuestiones importantes deben tenerse en cuenta en todos los casos.

Explicar la muerte con un lenguaje que el niño pueda entender

Sea honesto con los niños y aliéntelos a que hagan preguntas. Esto tal vez sea difícil para usted, porque puede que no sepa todas las respuestas. Pero es importante crear una atmósfera de confianza y apertura, y que transmita a los niños el mensaje de que no hay una manera correcta ni equivocada de sentirse. También puede compartir con ellos las creencias espirituales que usted tenga sobre la muerte.

La capacidad de un niño para entender la muerte –y la manera en que usted deberá enfocar el tema- variará dependiendo de la edad del niño. Cada niño es único, pero a continuación se describen algunas normas generales que pueden ayudarle.

Hasta los 5 o 6 años de edad, la imagen que tienen los niños del mundo es muy literal. Por lo tanto, deberá explicarles la muerte utilizando un lenguaje muy concreto. Si el ser querido estaba enfermo o era mayor, por ejemplo, puede explicarles que el cuerpo de la persona ya no funcionaba y que los médicos no pudieron arreglarlo. Si alguien muere de repente, en un accidente, por ejemplo, puede explicarles lo que ha ocurrido: que a causa de este triste accidente, el cuerpo de la persona ya no funciona. Puede explicarles que “muerte” o “morir” significa que el cuerpo ya no funciona.

Para los niños de esta edad es difícil entender que todas las personas y todos los seres vivos acaban muriendo, que esto es algo definitivo y que ya no volverán. Por eso, después de que les haya explicado esto, es posible que le pregunten dónde está ese ser querido o cuándo va a volver esa persona. Por muy frustrante que esto le resulte, continúe repitiendo con calma que esa persona ha muerto y ya no podrá volver.

Evite utilizar eufemismos, como decir a los niños que los seres queridos “se han ido lejos” o “están durmiendo” o incluso que su familia ha “perdido” a esa persona. Debido a que los niños pequeños piensan de manera tan literal, estas frases pueden, sin querer, inducirles a sentir miedo de irse a dormir o cuando alguien se vaya lejos.

Recuerde también que las preguntas de los niños pueden sonar más profundas de lo que realmente son. Por ejemplo, si un niño de 5 años pregunta dónde está ahora alguien que ha muerto, probablemente no está preguntando si existe un más allá. Por el contrario, los niños pueden quedarse satisfechos si se les dice que alguien que ha muerto está ahora en el cementerio. Este también puede ser un buen momento para que le hable de lo que usted cree sobre el más allá o sobre el cielo, si esto forma parte de su sistema de creencias.

Entre los 6 y 10 años, los niños empiezan comprender que la muerte es algo definitivo, incluso aunque no entiendan que esto le ocurrirá a todos los seres vivos algún día. Un niño de 9 años puede pensar, por ejemplo, que si se porta bien o si pide un deseo, su abuela no se morirá. A menudo, a esta edad los niños imaginan la muerte personificándola y piensan en ella como “el hombre del saco” o un fantasma o un esqueleto. Pueden entender mejor la muerte si se les dan explicaciones precisas, simples, claras y honestas sobre lo que ha ocurrido.

Cuando los niños entran en la adolescencia, empiezan a entender que todos los seres humanos finalmente mueren, independientemente de su categoría, su comportamiento, sus deseos o lo que sea que intenten hacer.

A medida que evolucione la comprensión de la muerte de sus hijos adolescentes, de manera natural surgirán en ellos preguntas sobre la mortalidad y la vulnerabilidad. Por ejemplo, si un amigo de 16 años muere en un accidente de coche, es posible que su hijo adolescente sienta miedo de conducir o incluso de ir en coche durante un rato. La mejor manera de responder a esto es hacer hincapié en lo espantoso y triste que fue ese accidente. También será un buen momento para recordar a su hijo lo que debe hacer para no correr peligros, como no subir nunca en un coche cuando el conductor haya bebido o usar el cinturón de seguridad.

Los adolescentes tienden a preguntar sobre el sentido de la muerte a alguien que esté cercano a ellos. Un adolescente que pregunta por qué alguien tiene que morir probablemente no está buscando respuestas literales, sino empezando a explorar la idea del sentido de la vida. Los adolescentes también tienden a experimentar cierta culpa, especialmente si muere alguno de sus amigos. Sea lo que sea lo que sienta su hijo(a) adolescente, lo mejor que puede hacer es alentarlo a que exprese y comparta su dolor.

Y si usted necesita ayuda, hay muchos recursos a los que puede recurrir para que le orienten, desde libros a organizaciones de su comunidad o profesionales que pueden ofrecerle asesoramiento psicológico. Sus esfuerzos serán de gran ayuda para que su hijo pueda atravesar estos momentos difíciles, así como las inevitables pérdidas y momentos duros que tendrá que enfrentar más adelante en su vida.

El duelo

¿Es correcto llevar a los niños a los funerales? Depende de usted y de su hijo(a). Es bueno dejar que los niños participen en cualquier ritual de duelo, si ellos quieren hacerlo. Antes que nada, explíqueles lo que ocurre en un funeral o entierro y ofrézcales la posibilidad de que ellos decidan si quieren ir.

Hábleles sobre sus creencias sobre la muerte y explíqueles el sentido de los rituales de duelo que realicen usted y su familia.

Si le parece que su propio dolor puede impedirle ayudar a su hijo(a) en este momento difícil, pida a un amigo(a) o un familiar que cuide a su hijo(a) mientras dura la ceremonia. Elija a alguien que sea del agrado de usted y de su hijo(a) y en quien ambos confíen, alguien a quien no importe abandonar la ceremonia si su hijo(a) lo desea.

A muchos padres les preocupa que sus hijos sean testigos de su dolor y su tristeza, que los vean llorar una muerte. No tema por ello, si le permite a su hijo(a) ver su dolor, le estará enseñando que llorar es una reacción natural ante el dolor emocional y la pérdida. Y puede hacer que los niños se sientan más cómodos cuando expresen sus propios sentimientos. Pero también es importante transmitirles que por muy triste que usted se sienta, seguirá siendo capaz de cuidar a su familia y de hacer que su hijo(a) se sienta seguro.

Si se necesita más ayuda

A medida que los niños aprenden cómo enfrentar la muerte de un ser querido, necesitan que se les deje espacio, que se les comprenda y se les trate con paciencia para que puedan expresar la pena a su manera.

Es posible que ellos no muestren la pena de la manera en que lo haría un adulto. Un niño pequeño tal vez no llore, o tal vez reaccione a la noticia portándose mal o con hiperactividad. Un adolescente quizá se muestre enojado y se sienta más cómodo sincerándose con sus amigos. Cualquier que sea la reacción que tengan sus hijos, no lo tome como algo personal hacia usted. Recuerde que aprender a enfrentar la pérdida de un ser querido es igual que enfrentar cualquier otra situación física, mental o emocional, requiere un proceso.

Sin embargo, esté pendiente de si sus hijos muestran algún signo de que necesitan ayuda para hacer frente a la pérdida. Si el comportamiento de su hijo(a) cambia radicalmente -por ejemplo, si su hijo normalmente es un niño sociable que se entiende fácilmente con la gente y de golpe se muestra enfadado, reservado o demasiado ansioso; o si en la escuela pasa de sacar buenas notas a sacar claramente malas notas- busque ayuda.

Puede consultar con un médico, con el psicólogo de la escuela o con alguna organización que ofrezca atención psicológica para que les oriente y le aconseje. También puede buscar asesoramiento en libros, páginas webs, grupos de apoyo y otros recursos que ayudan a las personas en situaciones de duelo.

Los padres siempre pueden proteger a sus hijos para apartarlos de las situaciones que implican tristeza y pérdida. Pero al enseñarles a enfrentar este tipo de sentimientos, se desarrollan en ellos recursos emocionales que les podrán ayudar toda su vida.

Fuente: kidshealth.org

Ejercicios para mejorar la dicción de los niños

Cristina Arroyo Fernández

Definimos la dicción como el uso que hacemos de las palabras para formar frases, tanto de forma oral como escrita, es decir, la forma de expresarse que tiene una persona.

Hay niños que tienen ciertos problemas de dicción, les cuesta pronunciar algunas palabras. Los padres podemos ayudarles a mejorar su dicción. Pero, ¿qué ejercicios podemos realizar para mejorar este aspecto? En Guiainfantil.com te lo contamos.

Actividades para que los niños tengan una buena dicción:

– Respiración: Es importante adquirir un patrón respiratorio diafragmático adecuado. De esta manera, el niño aprenderá a dosificar su aire en función de aquello que queremos decir en cada momento.

– Lectura de trabalenguas: De esta manera, el niño ganará agilidad articulatoria, lo que mejorará la inteligibilidad de su habla.

– Lectura de poesía: La lectura de poesía o teatro ayuda al niño a vocalizar, modular su voz y articular claramente los diferentes fonemas.

– Lectura en voz alta: Es muy importante para trabajar la dicción, y ayudará al niño a ejercitarla.

– Lectura sobre articulada: Es una técnica que permite al niño adquirir una buena pronunciación de cada fonema.

– Ejercicio del lápiz: Coloque un lápiz o un depresor entre los dientes del niño y pídele que lea en voz alta. De esta manera, su lengua y sus músculos faciales deben esforzarse más para obtener una mejor dicción. Se puede hacer también improvisando una conversación.

– Lenguaje corporal: El lenguaje no verbal es igual de importante que el lenguaje verbal a la hora de transmitir un mensaje. Por ello, a pesar de trabajar el lenguaje oral, es importante no olvidar nunca este aspecto.

Estos son algunos de los ejemplos de ejercicios que se pueden realizar. Debemos enfocarlo siempre de forma lúdica, y animar al niño reforzando sus progresos. En caso de que necesite ayuda, ¡no dude en contactar con su logopeda!

La autora es logopeda

Fuente: guiainfantil.com

Cuidado, peligro de muerte

Virginia Hernández/Cristina G. Lucio

Defina anorexia. Diga lo primero que se le pase por la cabeza. ¿Qué es para usted la bulimia? Con toda seguridad habrá pensado en comida, en niñas extremadamente delgadas, siempre atentas a las portadas de las revistas y que se miden cada centímetro y controlan cada caloría. O en chicas que se provocan el vómito para compensar atracones de pocos minutos. Aunque la percepción social de las enfermedades agrupadas en los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) ha evolucionado desde que en los años 80 se empezara a hablar de esta enfermedad en nuestro país, lo cierto es que aún hay mucho desconocimiento. Ignorancia que puede hacer mucho daño.

Ahí el dato más escalofriante: los TCA es la enfermedad mental con mayor número de muertes. Por los importantes daños en todos los órganos que produce la malnutrición y por las altas tasas de suicidio, aunque no siempre estén identificados como consecuencia de la dolencia. ¿La buena noticia? “Que el diagnóstico se hace de forma más precoz y que se ha reducido el número de hospitalizaciones, porque los pacientes acuden al tratamiento con menor gravedad”. La afirmación es de la doctora Montserrat Graell, jefa de Psiquiatría del Hospital infantil Niño Jesús de Madrid, cuya unidad es la de referencia en España sobre este tipo de dolencias para los menores de 18 años.

Así funciona la Unidad de TCA del Hospital Niño JesúsLa unidad de trastornos alimentarios del Hospital infantil Niño Jesús de Madrid comenzó en el año 1992, bajo la dirección del doctor Morandé. Es la unidad de referencia en España. Trabajan cuatro psiquiatras, dos psicólogos clínicos, además del personal de enfermería, en colaboración con médicos de otras especialidades, como cardiólogos o nutricionistas. Se compone de tres áreas: hospitalización, para los casos más graves, hospital de día y asistencia ambulatoria. El tratamiento es continuado e intensivo. Los psiquiatras Montse Graell, Mar Faya y Ricardo Camarneira, el psicólogo clínico Ángel Villaseñor y la responsable de Enfermería, Victoria Cabellos, nos cuentan su funcionamiento.

Gráfico: Maite Vaquero

Graell lleva trabajando desde el año 1997 en esta unidad, fundada por el doctor Gonzalo Morandé hace justo 25 años. En este tiempo la doctora ha visto los avances en la formación de los médicos de atención primaria y cómo las familias acuden antes a las consultas. Hay una mayor difusión de esta enfermedad y mejor información, aunque todavía esté estigmatizada y permanezca oculta. Por ejemplo, en la asignatura de Ciencias de 3º de la ESO hay una parte específica sobre estos trastornos. Pero, más allá de medidas y cánones, la doctora describe el TCA como “una alteración de las emociones y de los pensamientos que conduce a una conducta de restricción alimentaria o/y de compensación de lo ingerido a través del vómito y del ejercicio excesivo. Hay una falta de percepción de las señales corporales de alerta”.

Paula Gonzalo, psicóloga de la clínica Adalmed, especialista en estos trastornos, compara la enfermedad con un iceberg que, por cierto, es la forma del colgante que regalan en su centro a las pacientes que reciben el alta. En la parte que se ve, está la obsesión por el físico, el peso, los atracones, el espejo, las comparaciones… Abajo: ahí está el verdadero problema. “Es lo que realmente hay que atacar con las pautas psicoterapéuticas, una vez que están controladas esas vías de escape: los miedos, las inseguridades, la baja autoestima o los problemas de comunicación y de relaciones sociales”. Paula habla como experta y como ex enferma, estuvo en tratamiento de anorexia restrictiva durante seis años.

“Me molesta que se crea que esta enfermedad es de niñas tontas y superficiales. Es una vía de escape, a unos les da por el alcoholismo, a otros por las drogas o por la ludopatía. A mí y a los pacientes a los que trato nos dio por el cuerpo y la comida. Con eso crees que tienes el control sobre algo, un falso control por supuesto. Hay demasiados prejuicios sobre la enfermedad mental en general”, explica sobre una realidad que conoce desde los dos lados de la barrera.

Ese es un punto que a veces cuesta reconocer, al menos en esa primera idea que pedíamos al principio. ¿Qué son la anorexia o la bulimia? Son enfermedades mentales de las que, con tratamiento continuado, cuesta una media de cuatro o cinco años recibir el alta, en el caso de que se consiga (la remisión total en el inicio adolescente es de un 60%. Hay un 20% de cronicidad y enfermos que se quedan con algunos de los síntomas). Un alta requiere mucho trabajo de los pacientes, que si no colaboran no avanzarán en la recuperación. También de las familias. “Hay una vulnerabilidad genética en la aparición de estos trastornos. La herabilidad se sitúa en torno al 40%”, cifra la doctora Graell, que añade los factores temperamentales (“perfeccionismo, insatisfacción, pensamiento rígido y obsesivo…”), también transmitidos por los padres; y los sociales y culturales, sobre los que tantas veces se advierte.

“Especialmente quiero señalar la poca tolerancia que en la sociedad tenemos a las diferencias, entre ellas a la diversidad corporal. Hay niños que están criados en ambientes donde el cuerpo perfecto, con una serie de características, sería valorado por encima de cualquier otra cosa. Yo las llamo familias pesistas. O algunos que tienen a sus hijos como prolongaciones narcisistas, como los que quieren que sean estrellas del deporte a toda costa”, continúa la doctora.

Su colega, el psiquiatra de la misma unidad Ricardo Camarneiro, añade que la vulnerabilidad de estas personas (todavía se diagnostica a nueve mujeres por cada hombre, a partir de edades adolescentes) “puede activarse por estrés -situaciones traumáticas como rupturas sentimentales o bullying, por ejemplo- y por presiones externas”. Pero el doctor deja muy claro que, aunque es importante tener en cuenta que estas presiones influyen, “nunca hay que establecer una relación causal entre estos factores y la enfermedad. Eso le quita la gravedad que tiene”.

“Nunca hay que establecer una relación causal entre estos factores y la enfermedad. Eso le quita la gravedad que tiene”.

Los TCA ponen patas arriba una casa. A la hija de Eva le diagnosticaron bulimia el pasado mes de octubre. Ingrid (se ha cambiado el nombre) se provocaba el vómito a diario, pero nadie se había percatado, hasta que la madre vio restos que indicaban que algo no marchaba. Sabía que los compañeros se habían metido con la niña desde pequeña por su sobrepeso, pero Ingrid había desarrollado herramientas que parecía que le hacían sobrellevarlo. Cumplió 15 años en febrero. “El pronóstico fue bueno porque ella lo reconoció y al principio pudo seguir con su vida normal. Pero cuando empezó el tratamiento -Ingrid tiene que tener acompañamiento 24 horas-comenzaron a aflorar otros síntomas, empezó a autolesionarse y llegó un momento que le tuvieron que dar la baja médica”.

Gráfico: Maite Vaquero

“La enfermedad lo llena todo e implica a toda la familia, incluido su hermano mayor, de 17 años”, cuenta Eva. “Yo conocía la vertiente de la restricción, pero no sabía la gravedad que supone la bulimia ni los síntomas como las autolesiones -los padres siempre deben reaccionar con calma y sin darle excesiva importancia- ni los ataques incontrolados de ira que han aparecido con posterioridad”.

Reacciones de rechazo a que les saquen de una zona de confort maldita. “Te da mucho miedo salir”, explica Marta, a punto de cumplir 16 años y con más de un año de terapia a sus espaldas. “Te acostumbras a ella y estás muy cómodo. Si la enfermedad te dice que saltes por un precipicio, lo haces antes de escuchar a la gente que te dice que no saltes. Te tienes que enfrentar a ello si quieres curarte, pero si no pones de tu parte no vas a llegar a ninguna parte”.

Gráfico: Maite Vaquero

“Lo pasamos tan mal que la gente no llega a entenderlo. Tenemos tanto dolor dentro”, cuenta Ana, de 25 años, que recibió el alta el pasado diciembre. “Al tener la autoestima tan baja, no confiamos en nadie. Además, al ocultar tantas cosas, generas una relación de mentiras no solo en tu casa, con tus amigos también”.

Esa confianza es vital que se establezca entre médico y paciente. Ángel Villaseñor, psicólogo del Niño Jesús, dice que no es tan difícil conectar con los enfermos. “Ellas detectan con suma facilidad si el que se acerca tiene la sensibilidad para saber lo que está pasando y si tratas de entender su sufrimiento. Hay que enseñarlas a dirigir su comportamiento, a que adquieran nuevas rutinas. El miedo no puede ser paralizante”.

Mar Faya, psiquiatra de la misma unidad del Niño Jesús, describe su trabajo como de puerta de entrada y de salida. Es la responsable del tratamiento ambulatorio de la unidad y ve a las pacientes al principio, para asignarles el programa adecuado a su estado de salud, y al final, cuando reciben el alta pero hay que continuar con el seguimiento para evitar recaídas. “A los padres siempre les digo que es una carrera de fondo y que aquí no hay sprint. Que hay que organizarse, confiar y seguir, aunque haya contratiempos. Pero si médicos, pacientes y padres remamos en la misma dirección, conseguiremos que salgan adelante. El índice de curaciones va aumentando”. Lleva 15 años y ha visto muchos casos.

¿Niñas caprichosas y perfeccionistas? Responde Ana, desde la experiencia de saberse curada: “Los estereotipos marcan. Piensa en cómo me va afectar tu comentario”.

Paula, psicóloga y ex anoréxica: “Hacen trampas que yo hacía”Tenía 14 años y un año por delante de intercambio en Irlanda. Paula no pudo más y confesó. Le contó a sus padres por lo que pasaba y pidió ayuda, aunque los primeros dos años no colaboró demasiado. Recibió el alta seis años después. Paula ahora es psicóloga clínica en el mismo centro donde recibió tratamiento, en Adalmed, en Madrid. Cuando terminó sus estudios no pensó que derivaría su carrera hacia esta especialidad: “Soy rápida detectando síntomas, supongo que al final eran muchos años de entrenamiento”, explica. Sus pacientes saben que ella pasó por lo mismo y se sienten identificadas. Paula está ahí y pudo curarse. La terapeuta juega con la experiencia en primera persona: “Hay algunas cosas para las que puedo tener más vista, algo que te cuenten que no te suene bien o estrategias que yo utilicé y que a mí me funcionaron para parar pensamientos”.

Fuente: elmundo.es

El suicidio de adolescentes va  en escalada

Hainan Reynoso Uribe

“El tema del suicidio de adolescentes es un escándalo porque está en escalada. Antes eso no existía”. Con esta preocupación inició el psiquiatra y terapeuta José Dunker sus disquisiciones sobre el tema que describe como un pesar nacional que afecta a todo  el que se entera.

“El suicida era una persona en la tercera edad. Pero con esto ha sucedido como con las enfermedades psicosomáticas de la hipertensión y diabetes, la edad ha ido descendiendo tanto  que ya hay adolescentes con problemas de presión alta” se lamenta.

El doctor Dunker establece que el suicidio es producto de un deterioro mental, un estado de pesimismo falso y exagerado, en el que la vida se ve tan obscura que el individuo afectado solo encuentra como salida la muerte, “el suicida ve la vida como si fuera a través de lentes negros y eso ocurre en un segundo”.

El suicida construye una personalidad propensa a eso –continúa explicando el Dr. Dunker- por la  poca capacidad de apreciar los  aspectos positivos y buenos de la vida y su tendencia marcada a reparar solo en el lado negativo de las cosas.

El experto cree en la probabilidad de que las personas nazcan con una vulnerabilidad especial para esto, “pero es la vida la que te marca”, y refiere la propiedad del sistema nervioso que le permite  al individuo adaptarse permanentemente a las experiencias vitales o la llamada neuroplasticidad. Se pueden adquirir buenos o malos hábitos, según las experiencias.  Lo deseable según, el doctor Dunker, sería forjar a una persona madura que aprenda de las experiencias negativas, lo cual es raro, establece.

¿Qué adolescentes se suicidan?

El exdirector del Hospital Psiquiátrico Padre Billini, encuentra explicación a este fenómeno en la descomposición social y la desintegración familiar. Mientras, paradójicamente, describe al adolescente que se quita la vida como el muy responsable, dedicado,  perfeccionista y  que se exige más de la cuenta.

Indica que la depresión y el suicidio se producen principalmente en personalidades pesimistas, y “negativistas”, “si tú buscas esos padres son también súper responsables”, asegura.

Señala a  una sociedad y una escuela que funcionan de manera inadecuada, alejada esta última de su papel de sustituta de la familia y que se desarrolla en un ambiente donde los maestros perdieron la figura de papá y mamá.

Amenaza de suicidio ¿Chantaje o alerta? 

Dunker establece que los psiquiatras pueden diferenciar, aunque a veces se torna difícil,  la intención seria de suicidio del simulacro. Asegura que aunque hay adolescentes que buscan llamar la atención, eso siempre debe ser determinado por un terapeuta. Exhorta a buscar ayuda inmediata ante un simulacro de suicidio.

“El que se va a quitar la vida, o  no se lo dice a nadie o se lo dice a una persona muy cercana”. Esto podría ser a un amigo, pero también a papá o mamá.

Es mandatorio que los padres dediquen tiempo de calidad para sus hijos adolescentes de su mismo sexo, “Esa es una tarea fundamental. Cuando estamos en el consultorio y manejamos situaciones de este tipo el arma más poderosa es el progenitor del mismo sexo ante una conducta desviada”.

Cómo prevenirlo

La respuesta que da el doctor Dunker es simple: sea amigo de sus hijos. Indica que el desafío más importante es despojarse del rol de  papá o mamá y   crear un vínculo para ser amigo de sus hijos, “Papá con sus hijos y mamá con sus hijas”, si esto sucede es difícil que se produzca un desenlace en suicidio. Amigo significa dejar de ser policía, para ser compañero de juego”.

El experto hace énfasis en la amistad como la principal medida de prevención, “en la adolescencia los muchachos tienen una fuerte necesidad de un amigo.  Si papá hace ese papel, salva a su hijo.  Si  papá no hace ese papel, alguien lo va a sustituir y su hijo se va a enganchar de alguien que lo puede convertir en lo que sea”. Sentencia.

Propugna por un Ministerio de la Familia, como una respuesta organizada desde el Estado, para enseñar a los padres cómo deben criar, “antes podíamos pasar por alto ese vacío pero hoy es inescapable que el Estado y las iglesias inviertan” además de la parte que debe hacer la prensa.

La culpa domina a la familia

Acontecimientos como este paradójicamente le suceden a familias cumplidoras, “en mi experiencia, esto le ocurre a padres súper responsables y que se exigen hacer las cosas muy bien y a veces se pasan un poquito y el dolor de esto es grande… yo entiendo que este es un dolor nacional, todo el que se entera de algo como esto sufre”.

En ese sentido aconseja a los deudos a buscar ayuda en organizaciones como el Instituto de la Familia, Instituto Médicopsicológico de Atención a la Familia (Imafa), al Centro Cristiano de Asesoramiento Familiar (Cecaf), “un sitio donde puedan hablar y desahogarse, porque esas son heridas que hay que ayudarlas a cicatrizar”.

El doctor Dunker alerta que la experiencia de los hermanitos es más negativa aún, “lo que siente un hermanito en esa situación es culpa, piensa que él lo mató. La culpa domina esa familia,  cuando esos hermanitos sean adultos esta situación va a estar repercutiendo en sus vidas”,  si el sentimiento de culpa no es sanado de manera oportuna y adecuada.

Asimismo exhorta evitar medicarse con psicofármacos sin recibir al mismo tiempo ayuda terapéutica, “tenemos unos productos que tapan el síntoma, pero no van a la raíz del problema y lo que algunos consideramos la raíz del problema, tiene que ver con las actitudes y eso se mejora desde el punto de vista psicoterapéutico”.

El doctor concluye con que nadie tiene derecho a quitarse la vida y afirma que la fe da una mano de que agarrarse cuando no hay de quien hacerlo, “la ventaja de la fe para el suicidio es que te da trascendencia y tú puedes decir ¡Dios mío mira! y orar como tu fe te haya enseñado”. Sostiene que hay evidencia clínica de que los que tienen una fe práctica se suicidan menos.

Rasgos del adolescente suicida

1.- Desequilibrio entre responsabilidad y diversión. La vida normal debe tener un balance entre responsabilidad y esparcimiento. Si un jovencito solo busca disfrutar, necesita ayuda.  Asimismo, si se trata de una alumna excepcional que no se divierte, es bueno acercarse a ella, y llevarla a terapia, pues según el doctor Dunker, esa conducta no va a desaparecer: “por un consejo que tú le des, eso va a implicar desmontar toda una crianza y una cosmovisión”.

2.- Incapacidad para manejar frustraciones y contratiempos. Otro dato anticipatorio es la tendencia morbosa a ver el lado negativo de todo, que incluye una cierta incapacidad para celebrar lo positivo, “es decir, una estudiante que saca un 85 o un 90 y se frustra o desploma no está bien. Debe tener la capacidad para manejar su 85”.

3.-  Un estado depresivo. Esto solo una persona muy cercana al afectado lo podría notar ya que el depresivo disimula su condición, “sonríe ante el público y de manera inconsciente hace una careta. El depresivo no anda llorando”.

En ese sentido si un adolescente tiene problemas de insomnio, falta de apetito o una tristeza inexplicable, evitará reflejarlo en la escuela y solo sus padres o amigos íntimos podrán percatarse.

Una niña guía a los bomberos en su rescate tras accidente

Una mujer de 41 años y su niña de 10 resultaron heridas la noche del miércoles tras salirse de la vía y caer por un desnivel de unos siete metros por causas que se desconocen. El accidente se produjo cuando circulaban por la AS-22, en las inmediaciones de la localidad de Piantón, en Vegadeo. Fue la pequeña la que logró guiar a los bomberos hasta el lugar del suceso, según ha informado el SEPA.

El Centro de Coordinación de Emergencias del 112 Asturias recibió el aviso y en la llamada indicaban que se habían salido de la vía y habían caído por un desnivel pero desconocían dónde se encontraban.

Así, según el SEPA, la mujer estaba muy nerviosa y fue la niña la que, en todo momento, con las indicaciones que se le fueron facilitando, explicó lo que había sucedido. Detalló cómo se encontraban y además, fue también la menor, la que envió con el teléfono su localización GPS. El lugar que indicaban las coordenadas era una zona muy amplia por lo que, en conversación con la pequeña, los bomberos fueron rastreando la zona en colaboración con Guardia Civil y sanitarios.

La dotación hacía sonar las sirenas y, a través del 112, la niña indicaba si las estaba oyendo y respondía tocando la bocina del vehículo hasta que las ubicaron. El turismo estaba completamente cubierto de maleza y había quedado a metro y medio del río Suarón.

Tras acceder hasta las afectadas y ayudarlas a salir del coche, los bomberos tuvieron que desbrozar la zona para colocar una escalera hasta el río y ayudar a cruzar a las dos heridas hasta la otra orilla donde les esperaban los servicios sanitarios. Las dos fueron evacuadas al Hospital de Jarrio y a expensas de más pruebas y hasta nueva valoración médica, su pronóstico es leve.

Fuente: elmundo.es

¿Qué es un profesor sombra?

Alex Sáez

Los maestros lidian con muchos estudiantes a través de sus carreras, por lo que encontrarse con un niño con necesidades especiales es prácticamente inevitable. Sin embargo, un profesor puede no entender la discapacidad del estudiante. Cuando esto sucede, un maestro sombra es extremadamente útil. Si eres un profesor o padre con un niño que tiene una discapacidad de aprendizaje, un maestro sombra es algo sobre lo que definitivamente debes saber.

Definición

Un maestro sombra es un asistente educativo que trabaja directamente con un único niño con necesidades especiales durante sus años de preescolar y primaria. Estos asistentes entienden una variedad de discapacidades de aprendizaje y cómo manejarlas en consecuencia. Proporcionar una maestra sombra permite al niño asistir a clase mientras está recibiendo la atención extra que necesita. Los profesores sombra están extensivamente capacitados para ayudar al estudiante a interactuar con los demás y ayudarle con tareas escolares.

Beneficios

Los servicios de un maestro sombra son muy beneficiosos y pueden aumentar la calidad del niño en el aprendizaje global y la experiencia del aula. Estos expertos ayudan al niño a concentrarse, comunicarse, participar en clase, socializar, mostrar cortesía a los demás y controlar su comportamiento. Aunque los maestros regulares son instrumentales, no poseen la formación específica que tiene un profesor sombra. Los profesores sombra transmiten las lecciones de la clase a los niños con necesidades especiales con el fin de maximizar su comprensión.

Entrenamiento

Con el fin de convertirse en un maestro sombra, se requieren ciertos cursos. Estos cursos proporcionan información específica acerca de muchos tipos de discapacidades y cómo lidiar con ellas. Estas pueden incluir lecciones sobre el trastorno por déficit de atención, autismo y dislexia. Además, el entrenamiento específicamente instruye a los profesores sombra sobre temas diferentes a enseñar, dependiendo de la discapacidad.

Elegir un maestro sombra

Como padre, es importante que elijas un maestro calificado y con experiencia como “sombra”. Estos asistentes pueden tener diferentes credenciales, pero hay algunas específicas a buscar. Según la web Shadow Teacher, los maestros deben tener ya sea un grado de asociado en artes o en ciencias de educación infantil en el desarrollo del niño, un grado en áreas como educación especial o una certificación de educación de la infancia temprana. Además, encuentra a alguien que tenga por lo menos un año de experiencia en el aula.

Traducido por Paulina Illanes Amenábar\Fuente: ehowenespanol.com