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Razones para ser maestro

Un docente expone desde su propia convicción respuestas, dirigidas a quienes se preguntan  por qué ser maestro.

  • Soy maestro porque se me ha concedido el privilegio de construir mundos posibles y soñar con universos imposibles. Porque comparto el cambio para mejorar y a veces también hago que el cambio ocurra.
  • Soy maestro porque cada día aprendo el doble de lo que enseño. Porque es la única forma que existe de ganarlo todo sin perder nada. Soy maestro porque me siento como el alfarero tomando en mis manos mentes inocentes que al pasar por mis clases se convertirán, contando siempre con la ayuda de Dios, en preciosos elementos de la alfarería social.
  • Soy maestro porque tengo la oportunidad de compartir con seres humanos de verdad, con personas de carne y hueso; con gente que se equivoca, que tropieza y cae y se vuelve a levantar sin rendirse ni maldecir.
  • Soy maestro porque mis alumnos y alumnas, es decir, mi gente, me conceden el privilegio de contarme sus confidencias, de expresarme sus desalientos y manifestarme sus ilusiones. Soy maestro porque siéndolo ejercito un oficio desafiante, que es, al mismo tiempo muy fácil y también bastante difícil.
  • Es ingrata y a veces injusta mi profesión. Pero tiene algo especial, por encima de las injusticias y de las ingratitudes, me gusta ser maestro.
  • Soy maestro porque me fascina el instante mágico en que descubro unos ojos atentos, una mente abierta, un rostro optimista, una postura de entusiasmo: con ellos marcho por la senda del acuerdo y de los éxitos compartidos. Y también soy maestro porque me agrada el ceño arrugado del estudiante incrédulo, los ojos entrecerrados del que duda, la pregunta ingenua del confundido, la afirmación retadora del hombre crítico… esos gestos, esas acciones y sus dueños, me avisan que sigo siendo humano y que puedo equivocarme.
  • Vivo mi existencia intensamente siendo maestro y, pensándolo bien, no creo que haya una forma de vivir más intensamente la vida. Soy maestro porque tengo fe, esperanza y amor. Fe en un porvenir del cual se me ha permitido ser protagonista, porque tengo la esperanza de caminar algún día por un camino tan amplio en donde tú y yo podamos transitar sin tropezarnos y tan angosto que pueda sentir de cerca nuestros afectos y el calor humano. Y tengo el amor que cientos de personas me dan y me reciben mientras hago lo único que creo ser capaz de hacer bien: ser maestro de escuela.
  • Quiero, pues, expresar a todo el mundo que soy maestro porque los maestros somos constructores de paz, sembradores de sueños, forjadores del progreso, visionarios de mundos nuevos y mejores. Es por eso que, maestro soy, y por siempre lo seré.

 

Un maestro

 

Fuente: rpuig.wordpress.com

¿Premiar con regalos, dinero y comida?

¿Cómo se premia a los niños y niñas? ¿Qué consecuencias podrían tener las recompensas inadecuadas? ¿Cómo se expresa el amor en una familia? En realidad, se trata de un tema muy complejo  que, en la mayor parte de las unidades familiares, NO causa problemas: el problema viene cuando se merma la capacidad de trabajar sin gratificación inmediata, cuando puede afectar a la autoestima y a las relaciones afectivas entre quienes componen la familia o, cuando a la larga, podría dar lugar, incluso, a comportamientos destructivos.

  • Premiar con regalos o dinero.

A veces, lógicamente, ante grandes logros, podemos hacerles un regalo… lo importante en realidad es que sea proporcional y no consista en perseguir “zanahorias materiales” (bicicletas y ordenadores, en mi entorno) por defecto: si la motivación para sacar buenas notas es una bicicleta, o si la motivación para aprobar el acceso a una Universidad es dinero, ¿dónde queda la motivación intrínseca y el propio premio que constituye el hecho de lograr objetivos difíciles?

Más tarde, a lo largo de su vida adulta, no siempre tendrá recompensas materiales a la vista: esto dificulta mucho el emprendimiento de proyectos con una gratificación a largo o muy largo plazo, como puede ser una FP, una carrera universitaria o comenzar una carrera profesional desde abajo. Si bien es cierto que en cuestiones laborales, como es obvio, el incentivo sería el salario, muy a menudo, al principio de la vida profesional el sueldo puede llegar a ser calificado de “mísero” y, en consecuencia, la motivación extrínseca al principio será insuficiente. No nos parece bien ni normal pagar mal a los y las jóvenes, pero así es la vida: dadas las circunstancias, ligar la autoestima a acumular lujos materiales es más desesperante que otra cosa.

¿Qué pasa cuando las cosas salen mal y, encima de salir mal y no conseguir su objetivo (por ejemplo, sacar un 10), tampoco ha conseguido su regalo? Una doble pérdida: mal asunto. Sobreviene la frustración y los sentimientos de fracaso. No siempre las cosas salen como las familias quieren, o como los propios niños y niñas quisieran: a veces los exámenes salen mal por mucho que nos esforzamos, y una vez, y otra vez, y otra más, perdiendo “premios” a la vista y perdiendo un autoconcepto sano referido a habilidades intelectuales, ¿qué hacen? Convertir a esa persona en una persona con una autoestima bajísima y una autoimagen completamente deformada en lo referido a su valía y habilidades. Sabes bien que las notas del colegio o el salario de su primer año de trabajo NO definen a tu hija o hijo: si se entera él o ella, también, mejor 😉

¿Quieres regalarle un ordenador porque estás muy contenta de las notas de tu hijo en su primer año de carrera? Perfecto, pero la diana no es “sacar buenas notas para…”: sencillamente, es un regalo que le das porque quieres _(y no le avisas 3 meses antes…porque entonces no es regalar, es premio)

Desde luego, los regalos y el dinero no solucionan los conflictos familiares: de hecho, los agravarán seriamente. Si el dinero y los regalos han sustituido durante muchos años los cuidados emocionales, el apego y el contacto físico, las palabras de ánimo, el escuchar a las hijas e hijos, sentirá intuitivamente que sus necesidades emocionales y afectivas no están siendo cubiertas por su familia: más tarde o temprano, podría darse cuenta de con qué se está sustituyendo el “cariño gratuito” y, entonces, sí empezarán los problemas, la soledad, la desconfianza y la distancia.

 Premiar con comida

Esta práctica, ciertamente, sí se hace con mucho amor de por medio (rarísima vez se hace para sustituir el contacto físico y emocional o para quitarte al niño de en medio): de hecho, en nuestra sociedad, asociamos cocinar con el amor, y realmente el cuidado de la familia es amor… pero parece que, en ocasiones especiales, esa expresión de preocupación mutua y cuidados va mucho más allá de procurar el bienestar físico y la salud de nuestra pareja o descendencia.

Premiar con alimentos altamente palatables (normalmente, harina, azúcar y grasa) es una puerta de paso, nos guste o no, a una persona adulta que come emocionalmente para calmar su ansiedad, a relaciones poco sanas con la comida o, incluso, a otro tipo de adicciones que podrían calificarse de análogas: el hecho de encontrar confort en la comida cuando vengan los malos tiempos, asociándolo con la felicidad que sentía cuando su familia se enorguecía de él y le daba bollos rellenos de chocolate, no parece buena idea, ¿verdad? Obligar a niños y niñas a terminarse todo lo que hay en plato so pena de castigo o riña, tampoco es conveniente: altera, fisiológicamente, sus mecanismos de saciedad y, emocionalmente, resulta desorientador en la vida adulta. Además, no se suele premiar con alimentos saludables.

Además, este tipo de alimentos saben demasiado bien, lo cual puede provocar rechazo a la comida saludable que sí debe ocupar la mesa a diario.

Los alimentos de consumo ocasional deberían ser algo naturalizado como tal y no algo extraordinario asociado a experiencias y sentimientos extraordinarios: se consumen ocasionalmente, saben bien y no componen más del 5% de la alimentación.

El otro extremo, prohibir totalmente, daría lugar a algo parecido en la adolescencia y edad adulta, en muchos casos: la rebelión. El punto medio es la virtud: dar ejemplo y tomarse las cosas de forma natural, sin exagerar y haciendo que lo ocasional sea ocasional y sin mayor motivo de celebración de por medio.

 ¿Cómo premiar?

El amor se expresa… expresándolo 😀

  • Las tartas no son amor, la bici no es amor y el dinero no es amor: las tartas son tartas, las bicicletas son bicicletas (de hecho, sí que es una buena inversión en salud, más que un regalo), y el dinero es dinero.
  • El amor es escuchar, abrazar, respetar y cuidar de las necesidades de una personita pequeña. Eso no da lugar a adultos y adultas malcriadas y “mimadas”, con ese tono despectivo tan horrible (¿habrá algo mejor que los mimos, acaso?), sino a personas sanas, con una autoestima alta, asertividad, motivación intrínseca y valores morales firmes. Mimar y respetar no es “consentirlo todo”, aunque quieran hacernos creer eso: hay límites, cariño y, por parte del peque, autodisciplina y autonomía.

Halagos y mimos (contacto físico), un paseo, jugar juntos, una tarde con sus amigos/as, hacer una sesión de cine en casa con compis, o ir toda la familia a ver una película son excelentes ideas.

 

Fuente: escuela20.com

 

10 frases de Dante Alighieri sobre el amor, la valentía y la dignidad

En un día como hoy, en el año aproximado de 1265, nació el romántico, culto y activista Dante Alighieri, conocido sobre todo por la creación de su obra magna, La divina comedia.

De padres nobles florentinos, recibió una educación en su casa, se interesó profundamente por la poesía toscana y conoció la lengua vernácula italiana, el latín y la lengua provenzal en un momento donde la Provenza, Florencia y Sicilia eran pequeños estados separados. Dante también se interesó mucho por la cultura siciliana, y, por otro lado, fue un gran seguidor del poeta romano Virgilio.

Dante ha quedado también como el creador de la lengua vulgar italiana, es decir, el italiano, en un momento de finales de la Edad Media, en el cual ya se estaban cultivando las raíces del futuro “Humanismo”.

Con solo nueve años se enamoró a primera vista de la joven Beatriz, quien sería su musa al largo de toda su carrera literaria. Cuando ella murió, Dante se dedicó plenamente a los estudios filosóficos con escuelas como la de Santa María Novella; más tarde Beatriz sería el personaje que hace una crítica a esta excesiva pasión por la filosofía en la parte del Purgatorio. Del amor que experimentó con Beatriz, sin apenas nunca decirse nada, solo hola y adiós, salió la inspiración para crear la temática literaria por excelencia de la Edad Media, el amor cortés, que influenciaría la literatura posterior. Este concepto expresa un amor noble, caballeresco y sincero.

Dante ejerció también como político, intervino en las luchas sociales florentinas y, como persona que tenía un cargo público en aquel entonces, debía afiliarse a un gremio y, por consiguiente, decidió aprovechar sus estudios de medicina para ejercer en el gremio de los boticarios, donde no perdió la ocasión de vender sus libros de literatura. Más adelante fue nombrado embajador para llevar a cabo un tratado de paz por el conflicto de los Güelfos en Florencia, pero el papa Bonifacio VIII de Roma puso inconvenientes. Finalmente, acabó teniendo problemas con el emperador alemán, Enrique VII, por lo que fue duramente criticado por sus cartas violentas y fue exiliado por la suma de otras causas, sin poder nunca regresar a Florencia. Varios personajes que le ayudaron en esta época de exilio aparecen  la Divina Comedia como agradecimiento.

Dante ha sido siempre fuente de inspiración y aún sigue con nosotros: numerosos artistas de todos los tiempos crearon ilustraciones sobre Dante y sus obras entre los que destacan Botticelli, Gustave Doré, Salvador Dalí, Miguel Ángel, el inglés William Blake, el italiano Gioacchino Antonio Rossini y el alemán Robert Schumann.

Veamos ahora frases de su gran obra y su poesía, llenas de sabiduría y amor:

“Hay un secreto para vivir feliz con la persona amada: no pretender modificarla”.

“Quien sabe de dolor, todo lo sabe”.

“Solo aquellas cosas se han de temer que detentan poder de daño a otro; de las otras no, que no son temibles”.

“Y ella a mi: No hay mayor dolor, que, en la miseria recordar el feliz tiempo, y eso tu Doctor lo sabe”.

“¡…no menos que saber, dudar me agrada!”

“Es oportuno que abandones ahora la pereza, dijo el maestro, porque sentado en plumas a la fama no se llega, ni en descansado lecho”.

“Considerad vuestra simiente: hechos no fuisteis para vivir como brutos, sino para perseguir virtud y conocimiento”.

“Libertad va buscando, que le es tan cara, como lo sabe quien la vida por ella deja”.

“Vuestra fama es como la flor, que tan pronto brota, muere, y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la tierra ingrata”.

“¡Oh gente humana, para volar nacida! ¿Por qué al menor soplo caes vencida?”

“El alma para amar ha sido creada, mas se complace en cosas pasajeras, cuando por los placeres es llamada”.

Fuente: muhimu.es

Ideas para mejorar la autoestima de tus hijos

Tengo dos hijas, dos pequeñas terremoto que son tan distintas,  digo que se parecen en los apellidos y en el blanco de los ojos. Pero descubrí algo más que tienen en común: necesitan trabajar la autoestima, por distintos motivos.

La pequeña porque quiere hacer cosas y la motricidad no la acompaña. Se frustra, se desespera, y no lo intenta más hasta que se olvida que no lo sabía hacer. Y por favor que nadie le diga que no sabe hacer algo o lo hace mal, porque entonces su autoestima se destruye como castillo de naipes y le cuesta mucho recuperarla. Nosotros nunca le decimos nada así, pero cuando enfada con su hermana…ahi ella sí le dice, y ella llora con una pena…y como su hermana, obviamente se va a encontrar con compañeros que también se lo digan.

Y la mayor porque así es ella, porque hace muchas cosas bien pero es perfeccionista y siempre quiere ser mejor. Y aun así, no se cree que lo hizo bien. Y ella siente que sencillamente no destaca, y que nadie se da cuenta que hace bien las cosas.
Así que me he propuesto trabajar la autoestima, algo que creo que es importante sembrar. Empecé con uno de los retos de Edukame, y busqué información sobre cómo trabajarla. Como creo que trabajar la autoestima y ver resultados son más de los días que dura el reto, os voy a dejar algunas ideas que he aprendido, algunas de las cuales ya hago, y en unos meses más cuento cómo nos ha ido y a ver si se ven resultados!

Ideas para mejorar la autoestima

Dejar mensajes positivos escondidos para que los niños (y los adultos) los encuentren a lo largo del día

Dedicarles tiempo en exclusiva

Colocarse frente a un espejo para hablar de lo que más nos gusta de nosotros mismos, y lo que menos


Sobre este punto os cuento una actividad que hago yo, un poco parecida. Hay varias formas de ponerlo en práctica, cada uno puede adaptar la suya.

Decir “te quiero”, y las cosas que nos gustan de los niños, como por ejemplo “me gusta tu sonrisa”.

Creo que este punto no se nos debería olvidar nunca. Decir te quiero es importante, pero también decirles, sin motivo especial, lo que nos gusta de ellos: su forma de ser, sus ojos, sus sonrisa, su valentía, su risa…infinidad de cosas que nos gustan y que, a lo mejor se las decimos a los demás o las escribimos, pero también hay que decirlas a los protagonistas.

No compararlos, ni entre hermanos ni con otros niños
Corregir siempre en positivo, reconociendo sus sentimientos

Elogios reales y concretos: “has combinado muy bien los colores del dibujo”. Decir muy bien cuando nos muestran un dibujo, o hacen la voltereta, les da nuestra aprobación pero no les está diciendo lo que hacen bien. Si les contamos qué hacen bien, como vestirse solos, abrocharse los zapatos, pintar sin salirse, son elogios concretos.

Transmitirles el poder de superación, confiar en sus posibilidades

Si nosotros les decimos y mostramos confiar en sus posibilidades, ellos van a terminar creyendo también en si mismos. Por ejemplo, si están intentando hacer la voltereta y no lo consiguen, transmitirles que confiamos en ellos y que podrán hacerla con un poco más de práctica, les ayuda a confiar y seguir intentando.

Explicarles que todos hacemos cosas bien, pero también hay cosas que no nos salen tan bien
Hacer desaparecer las etiquetas negativas (que es lento, bruto, etc…) y tampoco abusar de las positivas

El tema de las etiquetas positivas es porque no es lo mismos decirles “eres listo” pues no comprenden porqué lo son, que elogiar su comportamiento, las cosas que hace bien “qué bien haces las tareas”

Felicitarles por los avances: cuando aprenden a vestirse solos, a escribir su primera palabra

Cuando logramos algo nuevo, siempre viene bien que nos feliciten por ello ¿no? la pequeña hace pocos días, jugando con unas letras, logró montar su nombre ella sola. Y al darme cuenta la felicité. Me gusta que sepa que reconozco las cosas nuevas que aprende.

Darles pequeñas responsabilidades, acordes a su edad

En mi caso, les dejo llevar las llaves de casa cuando estamos en un lugar conocido, y últimamente (y supervisando de reojo) dejo que la mayor vigile a la pequeña mientras ésta se baña.

Tener un bote positivo: donde dejamos unos papeles con cosas buenas que hemos hecho cada día

Esta actividad la hicimos al final del curso pasado, pues terremoto mayor le tenía mucho cariño a sus profesoras y, al pasar a primaria, sabía que ya no vería a su hermana tanto como los años anteriores que compartían espacios escolares. Así que llenamos un bote con las actividades que recordaba con felicidad del curso y los guardamos para leerlos cuando lo echara de menos.

Además de estas ideas y otras que hay en el reto, una de las cosas que hago es algo parecido a lo que proponen en este  juego, cuando por ejemplo a una de mis hijas le dice fea un/a amigo/a, le pongo un espejo delante y le pregunto ¿qué ves? cuando contestan “a mí”, le pregunto “¿y te ves fea?” y siempre me contestan que no. A lo que añado “da igual lo que digan los demás, lo importante es lo que tú sabes que hay al otro lado del espejo” No sé si servirá o no, pero por ejemplo, como contaba hace unos días por twitter, el padre de las criaturas le dice a modo de apodo cariñoso “gorda” a la más pequeña (algo que es muy común escuchar por aquí) y ella le contestó:

“Papá, no soy gorda”

“Lo sé hija, es algo cariñoso que se dice, ya sé que no eres gorda”

“Ya papá, pero a mi nadie me llama gorda ya.

 

Bravo por ella, ojalá siempre tenga las cosas tan claras. Siempre,  siempre, le digan lo que le digan. Espero contarles pronto de los frutos de implementar las ideas de este reto.

Fuente: padres.facilisimo.com

Cuando mamá y papá son discapacitados intelectuales

Rafael  J. Álvarez

La ONU reconoce el derecho de los discapacitados a casarse y tener descendencia, una minoría estadística que sigue siendo un tabú social.

Por primera vez, un medio de comunicación cuenta el caso de una pareja que ha decidido tener hijos, una vida tutelada y libre a la vez, una experiencia de amor y de familia. La historia de Araceli y Juan

Cuando llega la noche, al oírse el silencio, Araceli y Juan bajan las voces del día, se acurrucan en la cama de sus hijos y les cuentan «cuentos inventados» para dormir. Entonces, Lucía, agarrada aún al maletín de médica que le trajeron los Reyes, y Juan, ya soltando despacio su miniatura de coche rojo y arañado, se empiezan a rendir. En la casa, en este piso normal de una ciudad normal, se oyen susurros de padre y de madre. Hay que descansar. Caricias y penumbra, pijamas para viajar al sueño, cuentos imaginados. Y, por fin, dos niños dormidos.

Araceli y Juan acaban de triunfar. Como millones de madres y de padres a la misma hora en millones de sitios.

– ¿A qué tienes miedo, Araceli?

– A no saber darles la educación o el cuidado que necesitan. A veces pienso qué pasará cuando nosotros faltemos.

Araceli y Juan, mamá y papá.

Araceli y Juan, discapacitados intelectuales.

Ésta es una historia distinta. Probablemente es la primera vez que se asoma a un medio de comunicación una realidad pequeña, infrecuente, desconocida, un mundo casi invisible que convive con el de los evidentes. Igual es una sorpresa. O un puñado de preguntas. O hasta algo que puede resultarle turbador a alguien.

Aquí está la vida cuando dos personas con discapacidad intelectual no sólo se unen en pareja, sino que, además, tienen hijos.

La historia de Araceli y de Juan. Y la de sus pequeños, Lucía y Juan.

Una historia de amor.

Así que, quizá, no sea tan distinta.

«Todas las personas con discapacidad en edad de contraer matrimonio tienenderecho a casarse y fundar una familia sobre la base del consentimiento libre de los futuros cónyuges y a decidir de manera responsable el número de hijos». Lo dice la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad deNaciones Unidas, aprobada el 13 de diciembre de 2006 y ratificada por España.

Araceli, Juan y su derecho.

«Y el de los hijos, porque cuando una pareja de personas con discapacidad expresa el deseo de tener hijos, se trata de sopesar el derecho de los padres y el de los menores, hablar con ellos y tener en cuenta pros y contras. Pero si los adultos quieren tener un hijo lo van a tener. Es un tema de derechos». Habla Josep Tresserras, director gerente de Som Fundació, una asociación catalana que lleva 30 años tutelando a personas con discapacidad intelectual y que es la responsable legal de Araceli.

Derechos. A un lado y al otro. Y derechos con abrigo.

En Documentos de Ética: Maternidad-paternidad en personas con discapacidad intelectual, del colectivo Plena Inclusión, Xabier Etxeberria defiende que «hay personas que, contando con apoyos adecuados, tienen suficiente competencia para ejercer el derecho a la paternidad y ser excelentes padres y madres; mientras que habrá otras circunstancias en las que será desaconsejable».

Hay gente que no quiere a, sino con. Lo escribió Miguel Hernández en su elegía aRamón Sijé, con quien tanto quería. Los expertos que quieren con los discapacitados intelectuales desdramatizan la maternidad y la paternidad. Sólo hay que oír a Antonio Manuel Ferrer, jefe del área jurídica de Som Fundació: «Una persona con un alto grado de discapacidad no te va a pedir tener hijos. Lo piden o lo consultan quienes tienen más autonomía. Es más natural de lo que parece, pero es que hay mucho estigma social, mucho miedo y mucha ignorancia. Lo primero que la gente pregunta cuando sabe que un discapacitado va a tener hijos es si los niños van a ser discapacitados. Y, si no hay componente genético en la discapacidad, no hay herencia genética. La descendencia es un aspecto más de la persona discapacitada, un derecho en el que no se puede intervenir. Al final, es la misma vida que fuera: ricos y pobres, tarambanas y serios, juntos y separados».

Som Fundació tutela a 581 personas, mayores de edad que no tienen a nadie, hombres y mujeres con al menos un 33% de discapacidad reconocida oficialmente. «Les ayudamos a tomar decisiones para que encaucen su vida. Defendemos sus derechos, les escuchamos y vamos viendo sus posibilidades. Y administramos y cuidamos su patrimonio. Todo con autorización judicial», informa Tresserras. «La tutela es la sustitución de la persona en todo menos en sus derechos personalísimos», apunta Ferrer. «Creamos un vínculo emocional y acompañamos a la persona en temas de salud, casa, familia, empleo, envejecimiento, ocio… Detectamos sus necesidades, prevenimos situaciones y estamos 24 horas», concreta Margarita Grau, responsable del área social de Som Fundació.

En este universo de medio millar de personas con discapacidad tuteladas, la maternidad o la paternidad son una minoría estadística. Un 11% de casos. Casi todos, madres solteras, separadas o divorciadas.

¿Y parejas en las que ambos son discapacitados y tienen hijos? «Poquísimas. Eso casi no se da».

Araceli y Juan sí se dan. Y dan.

Ella es Araceli Balaguer, 35 años, mujer tutelada porque necesita ayuda para tomar decisiones que tengan validez legítima. Y madre sin fronteras. Él es Juan Alarcón, 41 años, hombre sin tutela porque tiene una discapacidad que, sin embargo, no le impide razonar para tomar decisiones con vigencia legal. Y padre sin dudas.

– ¿Y eso cómo es, Juan?

– Con los hijos me siento más hombre. Diferente.

Araceli y Juan se conocieron en la empresa donde ella sigue trabajando. Araceli empaquetaba productos y Juan jugaba al fútbol con los compañeros de ella. Y los finales de partido empezaron a ser los inicios de algo entero. «Juan fue un poco pesado, pero me gustaba». «Le pedí salir a Araceli. Le costó un poco, pero me dijo que sí».

Y se fueron a vivir juntos.

Sólo pienso en ti.

A los dos años de techo en común, Araceli y Juan le contaron a Gemma Santiveri que querían ser padres de dos niños. Niño y niña. La parejita. «A una persona con discapacidad que quiere tener hijos se le explican las ventajas y los inconvenientes. Se le dice que hay más gastos, que alguien debe ayudarla, que su vida va a cambiar, que hay renuncias a la vida personal y hasta que le puede ser retirado el hijo si lo abandona o no lo cuida. Araceli y Juan me dijeron que lo tenían claro, pero que no era el momento y que esperarían a que las circunstancias mejoraran», recuerda la trabajadora social de Som Fundació que tutela directamente a Araceli.

– ¿Qué tenía que mejorar?

– Tal y como está la vida hay que pensárselo mucho. Y Juan y yo éramos muy jóvenes.Yo tenía miedo a enfrentarme a tener un niño, a ser madre. Pero yo veía a mis cuñadas con hijos y me gustaba. Con el tiempo me vi más capaz, pregunté en el juzgado si podía tener hijos y me dijeron que mi discapacidad era sólo para temas económicos.

Las cosas de dentro, las madureces, mejoraron. Y en 2011, Araceli dio a luz a Lucía. «Juan quería niño. Gané yo».

Al poco se casaron «para dejar atado el tema de los papeles de los hijos». Y en 2014nació Juan.

Estamos en Barberá del Vallés, a 15 kilómetros de Barcelona. En el portal nos encontramos con Araceli, que viene de hacer recados y está nerviosa por la entrevista. Aunque ella no lo sabe, se le pasará enseguida.

Juan está con un chándal del Barça. Araceli es del Madrid. «Es para chincharlo». Cuando Lucía y el pequeño Juan nos ven entrar en su casa, el mundo se convierte en un juguete gigante y con muchas pilas. Las suyas, claro. Es como si la energía de una niña de cinco años y un crío de tres acelerara las partículas del Universo. ElBig Bang en Barberá del Vallés.

– ¡Juan, no pegues al señor!, corrige Araceli.

– ¡Juan, no te subas al sofá!, corrige Juan.

– Juan muerde. Pero yo le regaño y le cuido, suelta Lucía, madre de repente.

Araceli y Juan dicen que los niños están agitados por la novedad de la visita. «Son como todos los niños. No tenemos tiempo para aburrirnos».

En el salón hay una pecera enorme y Lucía, niña de humor largo, nos cuenta que cada pez lleva el nombre de un primo suyo. Nemo era demasiado fácil.

«A Lucía le di el pecho un tiempo, pero a Juan no; me ponía nerviosa, no se agarraba bien. Los biberones están muy bien. Al principio tenía miedo de no saber. Tardé una semana en bañar a Lucía; me ayudaba mi cuñada. Y más tiempo en cortarle las uñas. Era miedo. Pero una vez que tienes hijos, el miedo desaparece».

La niña está entretenida con la cámara del fotógrafo. El niño va de su habitación al salón y viceversa a velocidad de neutrino, nos enseña un coche diminuto y quiere jugar.

– Juan, deja al señor apuntar.

Todos nos reímos. Hay buen ambiente aquí. Un poco ruidoso, pero sano, una sensación de que no hay nada material que esté prohibido en esta casa, nada intocable para los niños. «Queremos darles la mejor educación posible, que respeten a los demás siempre. Y ellos nos enseñan de todo, cada día salen con una frase nueva o una pregunta más. Por ejemplo, cuándo van a tener un hermanito».

– ¿Y?

– Ni soñarlo. Eso cuesta mucho dinero, ropa, alimentos…

Y empezamos a pensar que, en esta historia, lo normal es la noticia.

Cuando Juan conoció a Araceli conducía una grúa municipal porque la empresa de su padre había ganado el concurso público. Pero eso se terminó y él lleva ahoraseis meses en paro. «Busco faena, pero la cosa anda mal. Sólo me falta el carné de camiones con carga. Los demás los tengo todos. A ver qué sale».

Así que mientras Araceli sale disparada de casa a las siete de la mañana a embolsar objetos, Juan se encarga de los críos. «Los levanto, los lavo, los visto, les doy el desayuno y los llevo al colegio».

Cada tres meses hay reunión con las profesoras. «Los niños van estupendamente. Nos dicen que son abiertos y cariñosos». El colegio, ese mundo. «Nunca he sentido rechazo de nadie. Hemos ido a reuniones de padres y todo normal. Yo no me siento distinta al resto de las madres. Lo haré mejor o peor, pero me siento igual de capacitada para criar a mis hijos. Lo primero son mis hijos. Si hay que faltar al trabajo por ellos, se falta».

Juan y Araceli son padre y madre de cuerpo presente desde las cuatro de la tarde, cuando ella vuelve del trabajo. «Los llevamos un rato al parque y les ayudamos con los deberes», cuenta la madre. «Lucía está ahora con los planetas. El otro día la ayudé a hacer un cohete», cuenta el padre.

Quizá cuando sus hijos tengan una necesidad intelectual profunda, Juan y Araceli tiren de la familia de él o de Som Fundació. Quizá hagan más familia aún. «Gemma está para todo», dice Araceli. Y las dos se sonríen entre el barullo de este día con visita.

Mientras, Juan y Araceli van dando pautas a sus hijos, estableciéndoles límites. «Les decimos lo que está bien y lo que está mal. Si les regañamos y no hacen caso les damos un cachete en el culete, flojito, claro. Les dejamos nuestro móvil para que vean youtubers, les hablamos en castellano y en catalán… Como todo el mundo. Ya sabes cómo son los críos, se pasan el día pidiendo cosas. Se creen que somos el Banco de España. Pero se lo explicamos y lo entienden».

– ¿Por ejemplo?

– Pues en estos Reyes les dijimos que sólo habría dos regalos porque hay niños que no tienen nada y los Reyes tienen que repartir. Lo entendieron muy bien. A Lucía le trajeron un bebé que llora y un maletín de médico para curarle.

Y en eso Lucía sale corriendo hacia la habitación y trae al bebé para enseñárnoslo. Y vuelve a irse a su cuarto y a volver al salón y trae el maletín. O lo que queda de él.

Juan lleva un rato encima de Juan, haciendo escalada por el sofá y por su padre. Gemma Santiveri echa una mano para entretener al señor de la guerrilla mientras sus padres hablan con el periodista del cuaderno. Y, entre juego y juego, latrabajadora social extrae uno de los tuétanos de esta historia. «Los niños saben que estamos para ayudar a su madre. Cuando crezcan serán personas que sabrán mucho de discapacidad, integración y normalización. Nos tendrán con ellos y sabrán que ayudamos a sus padres a responder preguntas».

Porque, como sostiene el asesor jurídico de Som Fundació, «tener hijos espabila». «Ayuda a capacitar más, despierta capacidades y responsabilidades. Los padres con discapacidad intelectual son conscientes de que tienen la responsabilidad de un menor. Claro que necesitan apoyo. Dos padres ciegos pueden tener hijos y necesitan apoyo igual. Pero los padres con discapacidad intelectual tienen el tema afectivo muy desarrollado, se dan muchísimo. Son muy padres y muy madres».

En Barberá del Vallés anochece, que no es poco. No falta mucho para que los juguetes dimitan y para que esta casa sea invadida por el reino de los cuentos inventados.

Antes hay que hacer una foto de familia, un instante para siempre de Araceli, Juan, Lucía y Juan. Es un manojo de disparos, una sesión de posado, pero Juan, el pequeño Juan, no entiende la quietud. Lucía sí.

– ¿Y tú qué quieres ser de mayor, Lucía?

– Profesora y conductora de grúas, como papá.

Mariluz y Antonio; ‘Sólo pienso en ti’

Supe de la existencia de Mariluz y Antonio por un reportaje en el Diario de Córdoba sobre Promi, una institución que bajo la férrea dirección de López Marín en Cabra (Córdoba), acogía a los discapacitados, les daba techo, comida, trabajo y dignidad. Después de los trabajos del día, una pareja, cogida de la mano, paseaba por el jardín. De esa imagen nacióSólo pienso en ti. Es curioso, leyendo las reseñas de la época, hablaban de una canción sobre dos seres «diferentes».  En realidad, querían decir que no existían. / VÍCTOR MANUEL

Fuente: elpais.com/

¿Qué es el autosabotaje?

Pablo Klte

Autosabotaje es lo que llamamos a hacer todo tipo de cosas para destruir nuestros propios objetivos. El auto-sabotaje se puede hacer de muchas formas, como por ejemplo:

  • La indecisión y la evitación.
  • Los aplazamientos.
  • Automedicarse, tomar alcohol, drogas, comida, pornografía, etc.
  • Practicar otros hábitos poco saludables, como dormir poco, comer en exceso, etc.
  • Negar los sentimientos.
  • Compararse con otros y sentirse inferior.
  • Tener relaciones que no son compatibles con nuestros objetivos, ya que nos derriban emocional o físicamente, no se ajustan a nuestras necesidades, o nos distraen de nuestros objetivos.

Las personas pueden autosabotearse por varios motivos, 1) porque no saben lo que quieren o 2) porque no saben dar los pasos que les ayudarán a alcanzar sus objetivos y / o 3) se comportan de una manera que en realidad socava sus objetivos.

Silvia siempre está a dieta. Dice que su objetivo es perder 10 kilos. Va a correr todas las mañanas, come un desayuno saludable y hace una comida adecuada para la dieta. Pero Silvia sabotea su pérdida de peso manteniendo un armario lleno de comida basura con patatas fritas y galletas para cuando llega a casa cansada y hambrienta.

A veces, el problema no está en ser honesto con uno mismo acerca de lo que realmente quiere. Es que inconscientemente ni siquiera se permite imaginar tener éxito.

Carlos no está contento con su salario y la falta de avance en su carrera. Está en el mismo puesto desde hace cuatro años. Se siente atrapado, pero no hace nada para seguir adelante. Durante su evaluación de trabajo, su jefe le sugiere que solicite un puesto de categoría superior. Pero Carlos no puede imaginarse a sí mismo trabajando en un nivel tan alto dentro de la empresa. Aunque él es muy capaz y trabajador, no tiene suficiente confianza en sí mismo. Su estancamiento es una forma de auto-sabotaje.

¿Por qué nos autosaboteamos?

Si nos establecemos un objetivo específico, pero saboteamos nuestro propio progreso, el miedo y la autoestima pueden ser el verdadero problema. A menudo hay gente que lucha para aceptar que realmente son “lo suficientemente buenos” y dignos de alcanzar sus objetivos, pues en el fondo no lo creen.

Les preocupa fallar, así que les es más fácil pensar que ni siquiera desean dicho objetivo, así seguro que se frustran por no lograrlo.

Es cierto que estos patrones de pensamiento cuesta mucho trabajo cambiarlos, pero es posible lograrlo, una vez se tengan claros los objetivos, siendo conscientes de nuestra propia conducta de auto-sabotaje, y encontrándonos dispuestos a luchar a través del miedo y tratar de hacer las cosas de una forma diferente.

Cómo superar el auto-sabotaje
  • Permítete soñar a lo grande. No tengas miedo de imaginar un futuro brillante por ti mismo. Ni el fracaso ni el catastrofismo te protegerán de una posible decepción. Sólo te mantendrán atrapado en una mentalidad negativa.
  • Establece metas específicas. Cuando no se reconoce lo que se quiere, no se puede ir tras ello.
  • Visualiza tus metas. Visualiza cómo sería tu futuro si ya hubieras logrado tus metas, esto te ayudará a no desviarte del camino.
  • Sé honesto contigo mismo. La mayoría de nosotros somos realmente buenos para auto-engañarnos. Sé fiel a ti mismo en lo que quieres, recordándote por qué lo quieres y trabajando cada día para lograr tus objetivos. A menudo es más fácil dar excusas o culpar a otros antes que ser honesto.
  • Busca apoyo. Cuando queremos lograr algo por nosotros mismos, a menudo nos podemos quedar a medio camino, abandonando tras encontrar dificultades. Contar con un amigo que nos anime y dé fuerzas, un entrenador, grupo de apoyo o un mentor, puede mejorar dramáticamente nuestros resultados.
  • Presta atención a tu autodiálogo. La mayoría de la gente tiende a centrarse en los aspectos negativos y deja de lado los aspectos positivos. Busca pruebas para desafiar las creencias negativas. Lo más probable es que hayas minimizado tus cualidades y logros. Reconoce tus aspectos positivos y fortalezas, ya que pueden ayudar a combatir el diálogo interno negativo y ver las cosas en perspectiva.
  • Practica la auto-compasión. La autocompasión es como un antídoto para los sentimientos de inadecuación que impulsan el auto-sabotaje. A menudo somos más críticos de nosotros mismos que los demás. Escucha esa pequeña voz en tu cabeza que está diciendo que no eres lo suficientemente bueno y cámbialo por algo positivo. Rendir cuentas y luchar por tus objetivos no significa ser duro con uno mismo. La autocrítica no es motivadora. No hay nada malo en hacer una siesta por la tarde o tomarse una cerveza con tus amigos, mímate de vez en cuando.

Cambiando tu forma de pensar y cambiarás también tu comportamiento, vale la pena intentarlo. No lo demores más, empieza hoy mismo. Busca apoyo. Mantén la esperanza. Todos somos capaces y dignos de lo que nos propongamos.

Fuente: Ojo del tiempo

Enseñando respeto con disciplina positiva

Pedimos que nuestros hijos nos tengan respeto y tengan respeto por los demás, enseñando respeto con disciplina positiva. Pero lo que pocas veces hacemos es explicarles lo importante que es que tengan respeto por ellos mismos.

No lo hacemos porque quizás, tampoco nos estamos respetando a nosotros mismos. No nos respetamos cuando olvidamos que podemos decir que no. No pasa nada si decimos que no en ocasiones. Por compromiso, por creencias, por rutina, por costumbre, por aparentar, por conformarnos, por evitar un conflicto, porque creemos que es lo correcto o por lo que sea, decimos que sí cuando realmente lo que queremos es decir que no.

Algo que nuestros hijos ven cada día en nosotros y que por lo tanto también imitan. Además de imitarnos y acostumbrarse a decir que sí  a todo, en cierta medida también les obligamos a hacerlo. Les obligamos cuando les pedimos que hagan algo porque es lo que tienen que hacer y punto, cuando les damos órdenes, cuando les amenazamos con castigarles o cuando les premiamos por hacer algo con lo que no están conformes.

Por muy bien que lo hagamos con ellos, por muy dispuestos que estén a colaborar y a tirar la basura todos los días o a recoger sus juguetes sin rechistar, lo más normal, lo más acorde y lo más natural es que no lo hagan y que actúen como niños. No son irresponsables, es un comportamiento infantil, por eso son pequeños.

O cuando somos adultos ¿hacemos siempre lo que debemos?, ¿llegamos puntuales al trabajo?, ¿lo recordamos siempre todo sin olvidar nada de lo previsto?, ¿somos perfectos?…..

Los niños tampoco y un niño que está seguro de sí mismo, que actúa acorde a esa seguridad, que sabe lo que quiere, que tiene una sana autoestima, nos dirá que no. Nos prometerá que hará sus deberes a la hora, se comprometerá, pero cuando llegue el momento hará lo que todo niño y toda persona puede hacer y es actuar conforme a su edad, conforme a su bagaje de vida, conforme a lo que está experimentando y conforme a lo que vive. Tomará decisiones por sí mismo y decidirá el momento y la manera de hacer esos deberes aceptando las consecuencias que puede tener no hacerlos en ese momento, en el que sus padres le hemos ordenado porque hemos estimado que es el mejor. Con esto no quiero decir que los niños vivan en un mundo sin normas, son necesarias además, pero sí en un mundo en el que experimenten con sus propias decisiones y aprendan de sus errores.

Un claro ejemplo de cuando un niño no tiene respeto por él mismo:

“Niño de primaria que se hace pis encima porque sus compañeros se burlan de él en el baño. El niño no sabe cómo actuar frente a esos niños y tampoco le dice nada a su profesor porque es amenazado por los otros niños que le dicen, que si se chiva, no serán amigos suyos. Este niño por temor a quedarse solo en el patio acepta lo que los otros niños le han dicho y no lo cuenta a su profesor. Es un niño que no se respeta a sí mismo.”

En este ejemplo el trabajo sería para ambos niños tanto el que no es capaz de decir nada como el que está amenazando. Puede que sea una simple broma pasajera y no se repita más. Pero teniendo en cuenta que ese profesor no se ha enterado de nada, es más que probable que la cosa vaya a más.  Sembrar las bases de una educación firme y amable aumenta la autoestima en los niños.

Ser unos padres controladores invita a los niños a no tomar decisiones por ellos mismos. Siempre están papá y mamá ahí para tomar las decisiones importantes y para controlar todo lo que hace. Si se equivoca papá o mamá van a reparar su error. Si hace algo mal le van a castigar a pensar para que aprenda la lección mientras ellos solucionan lo ocurrido. Si quieren que los juguetes se recojan le van a premiar para lograrlo. Pero ¿cuándo no están papá y mamá?, ¿cuándo ese niño se encuentra solo frente a esos otros niños en el baño y no sabe lo que tiene que hacer? No hay nadie que le diga qué hacer, no hay nadie que mande a pensar a esos otros niños, no hay nadie que le dé un premio después por hacer lo que le mandan. Está solo y no sabe cómo actuar.

No lo sabe porque sus padres a pesar de hacerlo lo mejor que han sabido no se han dado cuenta del control que ejercían sobre él. Han puesto límites a su forma de ser en esos momentos en los que decían que su hijo se portaba mal porque no les hacía caso. Han conseguido tener un hijo obediente que hace todo lo que dicen. Todo lo que dicen sus padres que desean lo mejor para él, pero también todo lo que dicen los demás. Y esos demás, no siempre son buenas personas ni están buscando lo mejor para él.

¿Qué pasará el día que tenga que decidir cuándo le ofrezcan drogas? Ese día llegará.

Quieres a tu hijo con locura.

Quieres que no le pase nada malo.

Quieres que sea feliz.

Consigue que se respete a sí mismo, enséñale a decir que no, enséñale que su opinión cuenta, enséñale que los errores son oportunidades para equivocarse, que no tenga miedo a ello. Demuéstrale que tú también te equivocas.

Como sus padres queremos que su vida sea fácil y sea feliz pero debemos entender que es él quien debe hacer que su vida sea fácil y ser feliz. No quitemos las piedras de su camino, seamos su apoyo mientras él aprende qué hacer con esas piedras.

Fuente: Criar en positivo/padres.facilisimo.com

SI NO TE DIVIERTES ENSEÑANDO, DEDÍCATE A OTRA COSA

Pablo Ferreiro de Babot, profesor del PAD Escuela de Dirección, afirma que los estudiantes son la razón de ser de los profesores, por lo que hay que servirlos, con respeto y con calidad de tiempo. Explicó que, precisamente, el servicio es el principal fin del hombre: “ha nacido para servir y si lo hace, será feliz.

Entonces, su tarea docente la cumplirá en la medida en la que también enseñe a sus alumnos a hacerlo”.
Indica que durante la secundaria se debe enseñar a pensar y en la Universidad, a servir, “pues cada persona será más o menos feliz en la medida en la que sirva más o menos a los demás… Y, para servir, hace falta tener un máster en paciencia y un doctorado en constancia”, sostuvo.

¿Cómo sirve un docente?

El experto señala que una persona sirve a través de sus características inherentes: amor, conocimiento, libertad personal y coexistencia. Explicó que se puede medir cuánto sirve una persona de acuerdo a cuánto amor y tiempo ha dado en su vida, cuánto conocimiento ha trasmitido y cuánto ha ayudado a otros a conocer. Asimismo, por cómo y cuánto ha enseñado a sus estudiantes a usar su libertad y a cuántos se ha dado, se ha integrado.

Explica, a través de tres niveles de análisis, dónde se ubica la misión de la Universidad y del profesor universitario. Así, luego de pasar por el primer nivel (de lo material); el segundo (donde está lo inmaterial, lo individual y la atractividad), señaló que es en el tercer nivel donde se da la unidad a través del cumplimiento de la misión interna, externa y de la práctica de valores.

Ferreiro señala que aunque el término ‘valores’ está desprestigiado hoy en día, al igual que ‘liderazgo’, la tarea del docente es hacer que sus estudiantes descubran los llamados “trascendentes del ser: belleza, bondad, verdad, bien, unidad, existencia; pero, recordó, la Universidad busca primero la verdad del hombre, que se desarrolla en la gente.

El coaching

El Dr. Ferreiro también se refiere a la tarea de asesoramiento o coaching. Anima a los maestros a ver este como una clase particular, en la que se puede tratar a los alumnos de uno a uno y en la que cada estudiante avanza a su ritmo. A través de esta tarea debe enseñarles a desarrollar virtudes y los valores trascendentales. El objetivo, dice, debe ser el desarrollo de los asesorados, respetando su libertad y ‘sin jugar al escondite’ con ellos: “el profesor debe estar para los alumnos y no pedirles que ellos ‘lo busquen’”, asevera.

El coaching es un arte, precisa. En él debe existir el secreto profesional para cautelar lo que el estudiante comparta en las sesiones de asesoramiento. Ferreiro reta a los profesores a poner exámenes que los diviertan, al momento de corregirlos; y, sobre todo, a desarrollar la confianza, comprometiéndose con sus estudiantes y haciendo que ellos se comprometan con él. Indica que esto no significa que no deban ser exigentes, pero “exijan con cariño, como lo haría con sus hijos”.

Asimismo, Pablo Ferreiro resalta la importancia de que los profesores ayuden a sus alumnos a desarrollarse como ciudadanos de modo que les interese el país, y la misión del su país en el mundo.Para ello, dijo, los jóvenes deben descubrir cuál es su papel en la sociedad, en el país. Deben enseñarles a pensar, a actuar con ética, a desarrollar competencias y a trabajar en equipo, expresa.

Como resumen señala: “el asesoramiento es más importante que una clase. Por ello, hay que tener la capacidad para tratar a los alumnos como a los hijos, de uno en uno”. Además, enfatiza que las clases deben ser divertidas para el estudiante y para el profesor. “Si no te diviertes dando clase, dedícate a otra cosa”, puntualiza.

Este contenido ha sido publicado originalmente por UDEP en la siguiente dirección: udep.edu.pe

¿Qué piensa tu hijo de ti?

Como padres y madres, pensamos que no siempre lo hacemos bien. Que perdemos la paciencia. Gritamos y actuamos a veces con nuestros hijos de manera que posteriormente nos sentimos mal. Y en nuestro malestar, nos olvidamos de los muchos pequeños detalles amorosos que cada día nos salen de manera espontánea del corazón.

En realidad, se nos da muy bien querer a nuestros hijos. Cuando les escuchamos al salir del colegio,  cuando cocinamos con ellos magdalenas o les hacemos cosquillas. Cuando les leemos el cuento o bailamos con ellos  se sienten queridos. Cuando les miramos con ternura. Con los gestos más sencillos les llegamos al corazón.

Este vídeo nos muestra que las prioridades y expectativas de hijos y padres no son las mismas. Ellos contemplan lo imperceptible, lo sutil e invisible. Ellos hablan el lenguaje del corazón, por lo que valoran de nosotros aspectos que ni siquiera nosotros valoramos. Claro que cometemos errores pero entre nuestra imperfección también tocamos el alma de nuestros hijos y los llenamos de recuerdos brillantes.
No lo hacemos tan mal, aunque está bien querer mejorar. Pero que nuestras expectativas para ellos y para nosotros no sean tan rígidas  que no nos permitan disfrutar de lo que sin verse va construyendo la fina red de los detalles  amorosos.

Elena Roger Gamir

Pedagoga – Solohijos