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La familia, amor sin condiciones

Todos nacemos en el seno de una familia, constituida por las personas más cercanas, quienes, se supone, van a cuidar de nosotros, protegernos, alimentarnos y velar por nuestra seguridad.

A veces nuestra familia es numerosa: muchos hermanos, tíos, primos, abuelos, incluso vecinos que funcionan como familiares o amigos, y que también operan con la espontánea cotidianeidad típica de los lazos sanguíneos.

En otras ocasiones, la familia puede ser muy reducida; por ejemplo, podemos ser hijos únicos de una madre sola. Pero ser muchos o ser pocos no es positivo ni negativo en sí mismo. Solo importa la calidad del afecto y el cariño que haya circulado.

¿Por qué? Porque para el niño, la familia es esencial. Es el hogar. Es el modelo que vamos a tomar para el resto de nuestras vidas.

LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA

Todos tenemos una familia, biológica o adoptada. Y es en su seno donde tendremos las primeras experiencias vitales.

En familia: ¿qué aportamos cada uno a nuestros hijos?

En definitiva, la familia es aquella instancia donde sentimos que funciona nuestro hogar, allí donde somos amados sin condiciones, donde somos amparados por el solo hecho de pertenecer a esa pequeña comunidad.

Al convertirnos en adultos, en cambio, podremos desprendernos de nuestras familias si decidimos transitar otros caminos. Tal vez permanezcamos más ligados o menos involucrados, pero, en todos los casos, ya no dependemos del entorno familiar, como sí dependíamos cuando aún éramos niños.

ACEPTACIÓN Y APOYO

En los momentos críticos, tanto como en los festivos, añoramos a nuestra familia si no la tenemos cerca. Porque el sentido profundo que tienen para cada uno de nosotros el dolor, la alegría, el recogimiento, la plegaria o la honra a la vida, están teñidos por la modalidad aprendida y perpetuada entre quienes hemos crecido juntos.

Entendemos que la manera de atravesar los momentos importantes es de la mano de nuestros familiares

Por eso, en cada aniversario esperamos acompañar y ser acompañados por nuestros familiares. En las partidas. En los cambios. En las decisiones fundamentales.

Entendemos que la manera de atravesar los momentos importantes es de la mano de nuestros familiares. Caso contrario, nos resulta muy agobiante si nuestra familia no acompaña, si no acepta, si no apoya.

LAS NAVIDADES, UNOS DÍAS ESPECIALES

En períodos festivos como las Navidades, donde todos desviamos energía hacia el recogimiento y el balance de nuestras vidas, acordando con nosotros mismos nuevos proyectos y promesas de bienestar, sabemos que la familia se constituye en un refugio indispensable.

Si somos adultos y tenemos niños a nuestro cargo, es evidente que la calidad de amparo, protección y cariño que prodiguemos otorgará un sentido trascendental a la fecha que estamos viviendo, llenará de sustancia la música navideña, y encontrará un significado suficientemente concreto, incluso dentro del provocativo aliento hacia el consumo desenfrenado.

Aunque resulte imposible sustraerse a la fiebre de las compras, la familia puede dar un marco de calma, abundancia amorosa y placer, que contenga las influencias tóxicas y rescate todo aquello que sea saludable, festivo y alegre.

Las reuniones, los regalos, las canciones y la comida navideña, van a permanecer en el recuerdo de los niños como algo especial

Durante la Navidad, los niños viven la presencia familiar con una intensidad excepcional. Perciben la intención de los adultos de complacerlos, y constatan que no es un momento cualquiera. De alguna manera, saben que es una época sagrada.

Por eso, todas las reuniones que organicemos, los regalos que ofrendemos, las canciones que cantemos y la comida que cocinemos, van a permanecer en el recuerdo de los niños como algo especial, que los marcará de por vida.

Es nuestra responsabilidad, entonces, cuidar al extremo la preparación de las fiestas, pero sobre todo, hacer que el festejo sea agradable, rodeado de buenas compañías, sereno, pacífico y sosegado.

También recordemos que tendremos que tomar en cuenta a los niños en su especificidad de niños, es decir, atendiendo sus rutinas, el sueño, el hambre y la adaptación a cambios en la modalidad familiar.

 

SINCERAMENTE JUNTOS

Con frecuencia, la Navidad es el momento del año en que la familia se reúne. Vamos a casa de los abuelos, vamos al pueblo, viajamos hasta las casas de tíos y primos. En ocasiones, estos acontecimientos están rodeados de felicidad, ansiedad y expectativas fundamentadas.

Cuando la alegría y la intención de estar juntos no son la base de las reuniones familiares, quienes más sufren son los niños

Pero otras veces respondemos a mandatos familiares, sin darnos la posibilidad de preguntarnos a nosotros mismos sobre el significado real de estos encuentros establecidos históricamente.

Cuando la verdad no reina, cuando la alegría y la genuina intención de estar juntos no son la base de las reuniones familiares, quienes más sufren son los niños, porque ellos sienten lo que nosotros sentimos, pero no tienen la coraza de la moral, ni de las buenas o malas costumbres. Simplemente sienten lo que hay.

El papel de los abuelos en la educación de los niños

Y sembrar en los niños la experiencia de pasar la Nochebuena asociada a las furias acumuladas, los rencores de antaño o las guerras afectivas no tiene ningún sentido.

En esos casos, es más generoso festejar solo en compañía de la pequeñísima familia que conformamos, con el profundo deseo de estar juntos, tomados de la mano, tomando una bebida caliente y mirando las estrellas. Eso, los niños lo recordarán por siempre, colmados de amor familiar.

ACEPTAR SUS VIRTUDES Y DEFECTOS

  • Los conceptos que tenemos sobre lo que debería ser una familia suelen responder a mandatoshistóricos, que pueden no coincidir con nuestra realidad. Tal vez hemos soñado con casarnos, tener tres niños y vivir felices para siempre; pero resulta que somos madres solas, o divorciadas, o nos hacemos cargo de dos adolescentes de nuestra pareja, o nuestros padres no aceptan a nuestro cónyuge, o tenemos un niño enfermo y afrontamos las dificultades con más soledad que otra cosa. Es decir, tenemos la familia que hemos sabido construir, y la familia funcionará como tal, si la aceptamos con sus virtudes y defectos, en lugar de pretender la del vecino.
  • Una vez aceptada y reconocida, podemos encontrar en nuestra estructura familiar las ventajas que seguramente nos ofrece. Por ejemplo, si tenemos hijos de matrimonios anteriores –incluso con conflictos pendientes– posiblemente seamos capaces de mover nuestras opiniones sobre todos los “deber ser”. Si nuestra pareja nos ha abandonado, tal vez estemos gozando de cierta libertad. Si nos tuvimos que hacer cargo de nuestros padres mientras nuestros hermanos se desentendieron del asunto, quizás también obtenemos beneficios secundarios porque vivimos en la gran casa familiar.
  • Generalmente, hay un abismo entre la familia ideal y la familia real, pero la sorpresa aparece cuando nos damos cuenta de que la familia ideal no nos hubiera entrado ni con calzador y, en cambio, la familia real vibra en un orden perfecto para cada uno de nosotros.
  • FANTASÍAS, OFRECIMIENTOS E ILUSIONES

En nuestro afán por colmar a nuestros hijos de amor y cuidados, anhelamos ofrecerles también una familia extendida cariñosa y generosa con ellos. Esperamos que los abuelos –nuestros padres y suegros– ofrezcan a sus nietos tiempos, diversión, disponibilidad y comprensión.

En nuestro afán por colmar a nuestros hijos de amor, anhelamos ofrecerles también una familia extendida cariñosa con ellos

Pero con frecuencia esto no sucede. ¿Por qué? Porque esos abuelos han sido nuestros padres, quienes no han sabido estar cerca de nuestras experiencias infantiles.

Tanto hemos sufrido nosotros que hoy esperamos resarcirlos. Entonces depositamos todas las expectativas en ellos, basándonos en fantasías, sin ninguna conexión con sus capacidades reales o sus deseos genuinos.

Preguntar a esos abuelos qué están dispuestos a ofrecer a sus nietos hoy puede ser una buena manera de desarmar nuestra ilusión, construyendo intercambios surgidos de la verdad interior.

 

 

Fuente:

https://www.sabervivirtv.com/pediatria/la-familia-amor-sin-condiciones_2731

«Corrígeme para que aprenda y no para que me sienta mal»

«Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo».
Aristóteles

Claro que me has de corregir. Estoy en formación. Me atrevo y pruebo. Me equivoco muchas veces. Sé que ese es tu trabajo: enseñarme mis errores para que no vuelva a repetirlos.
Me pones límites y me marcas el camino. Eso está bien y lo entiendo, aunque no me gusta. Atreverse implica arriesgarse y experimentar. Y equivocarse. Pero no solo aprendo de mis errores. Cuando me corriges criticándome, con ironía o con castigos aprendo a corregir así también a los demás. Si me gritas entiendo que es necesario gritar para que me escuchen. Una bofetada “inocente” me indica que yo también debo pegar para que los demás me obedezcan. Y cuando aprendo esto, me convierto en ti y dejo de ser yo mismo.

Me duele que me grites y me descalifiques. Me duele en lo más profundo que creas que “no llego”. Cuando me riñes, yo siento que no valgo. Cuando me criticas, yo siento que nunca podré tomar buenas decisiones sin ti. Cuando me levantas la voz y te pones nervioso, siento que esos mismos sentimientos son los que provocaré en otras personas cuando me vuelva a equivocar. Entonces ya ni me atrevo ni puedo.

Me enfurezco cuando eres arbitrario con las normas. A veces es “si” pero esa misma norma, a veces es “no” y yo no sé distinguir por qué. En ocasiones me avergüenzas delante de los demás. O me ofreces ayuda cuando no es necesario, como si yo fuera inútil. Me recuerdas constantemente lo que debo hacer y entonces lo que tengo ganas es de no hacerlo. De pequeño te gritaba y tú me obligabas a obedecer. Pero ahora…ahora tengo ganas de romper cosas y de pegarte y te aseguro que no te obedeceré por miedo. Antes me voy de casa…

Lo que necesito, y lo que habría necesitado desde pequeño para no llegar a donde hemos llegado, es que me enseñes a resolver problemas. Que me expliques por qué mi comportamiento no es aceptable. Habría sido fantástico si hubieras podido ver la situación desde mi punto de vista también. Necesito que me dejes elegir y que me ayudes a asumir las consecuencias de mis actos. Cuando me castigas, me quitas el privilegio de aprender de ellas.

Me gustaría que me corrigieras con el respeto que se merece cualquier hijo. Pero como veo que eso es muy difícil para ti, me conformo con que me corrijas como si yo fuera el hijo de tu mejor amigo.
Eso me asegurará tu paciencia y tu autocontrol. Nada me enseña más que cuando yo pierdo el control, tú lo mantengas. Corregir puede hacerse de muchos modos. Eso es fácil. Pero si quieres que además aprenda de mis errores y que confíe en mis propios recursos, entonces…entonces eso ya es más complicado…

Te pido un favor, antes de corregirme, pregúntate: “¿Lo que le voy a decir y cómo se lo voy a decir harán de él una persona mejor?”

Esta pregunta posiblemente te ayudará a intervenir con el respeto que me merezco.

Fuente  : www.solohijos.com

“Sabemos que es beneficioso jugar con nuestros hijos, pero no lo hacemos lo suficiente”

Pasar tiempo de ocio con ellos les ayuda en su creatividad, a su imaginación y a conocerles mejor y de verdad

Todos los padres somos conscientes de que el juego es fundamental en la vida de nuestros hijos. Pero no todos lo aplicamos en nuestro día a día. Un último estudio, denominado Juega con ellos, muestra que, aunque el 87% conoce la importancia de jugar con nuestros hijos, tan solo un 33% toma la iniciativa. “Pocos incentivan jugar con sus pequeños. Los padres somos conscientes de los beneficios del juego, pero no jugamos lo suficiente con ellos. Normalmente, es el niño el que demanda a su padre que quiere jugar. Lo que me llamó la atención de este estudio fue que pone el énfasis en los padres y en la importancia de jugar con sus peques”, nos explica por teléfono Alicia Bandera, psicóloga infantil.

Entre los resultados, también destaca que solo el 50% de los encuestados dice que “el juego fomenta la creatividad y la imaginación”, que el 41,3% piensa que ayuda a la capacidad de sociabilizar y tan solo el 40,5% sabe que estimula el desarrollo de sus vástagos.

¿Por qué no jugamos con nuestros hijos?

Normalmente, no jugamos porque nos escudamos en el trabajo, en las obligaciones domésticas y diarias, en el cansancio o “no percibimos que el niño está supersaturado con los deberes o con las extraescolares, dejando de lado su tiempo para jugar”, argumenta la experta. “Lo ideal sería jugar con ellos un rato cada día, unos 10 minutos o 15, son pocos pero suficientes. Hay que hacerlo todos los días”, añade.

El juego fomenta la adquisición de valores. Gracias a él, “podemos educar de una forma armónica en empatía, en paciencia, en tolerancia a la frustración”, prosigue. Todos tenemos la tendencia a mostrar valores de forma autoritaria, con el enfado o la rigidez, “pero el juego es mejor”.

Según la experta, cuando jugamos se produce una acción directa y divertida. También ayuda a la creatividad, a la imaginación y a conocer mejor y de verdad a nuestros hijos. “El juego nos ayuda a conocer a nuestros hijos, a saber cómo son de verdad. Nos permite observar qué emociones tiene nuestro hijo. Por ejemplo, si tu pequeña está jugando con un bebé de forma cariñosa y, de repente, se enfada mucho, ella te está intentando decir algo. Muchos niños no son capaces de expresar sus emociones, no saben, y el juego es una gran herramienta para saber lo que les pasa. Hay que observar. Nosotros en consulta lo hacemos mucho”, sigue la experta.

No existen las recetas mágicas a la hora de elegir un juego o un juguete. “Lo que sí que creo es que cuando vamos a una tienda a comprar un juguete para nuestro hijo, debemos pararnos y pensar en cómo es él, qué es lo que le interesa o le gusta. Recomiendo siempre que elijamos uno que tenga dos características que para mí son fundamentales que proteja su inocencia y respete su desarrollo. No hay que intentar saltarse etapas”, explica Banderas.

También es bueno que jueguen solos, sobre todo, a edades más tempranas. La experta explica que es fundamental que los más pequeños inventen su propio mundo, eso sí, “siempre bajo la mirada paterna, ya que a ellos les gusta que estemos presentes y se sienten protegidos y mejor”.

Frío y juego

Muchos padres creemos que con el frío o las bajas temperaturas es más difícil jugar con nuestros porque estamos encerrados en casa, pero no es así. “La preocupación por el aburrimiento es propia de los padres, no de los niños”, continúa. “El niño es capaz de coger un juguete, el mismo durante días, e inventar una perspectiva nueva cada vez”.

“No debemos obsesionarnos con esto. Lo importante es jugar con ellos, pasar tiempo con ellos, no enchufarles siempre a la tecnología, por ejemplo. El juego nos ayuda a fortalecer nuestra relación con ellos, a conocerlos y a disfrutarlos. Hay que encontrar tiempo para hacerlo. Y es posible”, concluye Banderas.

Fuente: elpais.com

Padres presentes y a la vez ausentes

¿Te has planteado alguna vez que quiere decir estar presente y a la vez ausente?

Esta profunda frase invita a la siguiente reflexión: “hoy en día, hay muchos padres y madres que físicamente están con sus hijos, pero que emocionalmente no están conectando con ellos”, probablemente, estén ocupados contestando a un whatsapp, leyendo el periódico, poniendo una lavadora, etc. Enfundados en sus preocupaciones cotidianas y mundos particulares, no se dan cuenta que los niños tienen un radar de autenticidad (como dice André Stern) con el que perciben esa descuidada y fría lejanía, ese estar ausente, ese vacío que lo queramos o no, puede dejar huella en ellos, posiblemente, esos niños se convertirán también el día de mañana en “adolescentes ausentes”

Estamos sin realmente estar, esta es una idea que pasa tan desapercibida, que no nos detenemos un momento a reflexionar sobre la cantidad y calidad de tiempo que pasamos con nuestros hijos. La cuestión que debemos plantearnos es: ¿qué es más importante la cantidad o la calidad de este tiempo?. Actualmente por nuestras obligaciones diarias (trabajo, tareas domésticas, vida acelerada…), no podemos dedicar a nuestros hijos todo el tiempo que nos gustaría, y no por ello hemos de sentirnos culpables. Debemos ser conscientes de que es mucho más importante la calidad de ese tiempo y bastaría con dedicarles en exclusividad quince minutos al día, es decir, estar por y para él de forma auténtica, sincera y plena.

El tema de los padres ausentes se alza como un aspecto que preocupa mucho a psicólogos y pedagogos de todo el mundo. Tanto es así, que el mercado editorial empieza a estar muy centrado en este tipo de crianza a través de la cual los padres descubramos recetas y estrategias que nos permitan estar presentes en cuerpo, alma y corazón para nuestros hijos. Un ejemplo de ello lo tenemos en el libro “Parenting in the present moment”  (“Crianza en el momento presente”) de la doctora Carla Naumburg.

Para educar a un niño no basta con darle un techo, sustento, calor, alimento y plaza en un colegio. Los niños tienen necesidades emocionales que deben ser satisfechas para que su desarrollo psíquico y neurológico se constituya con normalidad. Una de las preocupaciones actuales como madres y padres, es perder la conexión con nuestros hijos; el efecto más inmediato de estar presente físicamente pero ausente emocionalmente, es que el niño se siente solo, defraudado y rechazado, pudiendo desarrollar baja autoestima e inseguridad.

Como refleja el psicólogo Max Möller (especialista en adiciones), cuando los padres están inmersos en los dispositivos y en las redes sociales, están transmitiendo de forma silenciosa a sus hijos, que hay otras cosas más importantes y eso va a interferir en el vínculo seguro entre ambos a edades muy tempranas, llegando incluso a darse casos de niños con “síndrome de carencia afectiva”.

A corto plazo pueden  reaccionar de dos formas: aislándose o reaccionando con rabia o con conductas desafiantes.  Ambos casos explican que en la actualidad muchos adolescentes se unan a pandillas o grupos problemáticos, o desarrollen comportamiento antisocial, abuso de sustancias o se aíslen en los videojuegos.

¿Cómo conseguir ser padres y madres presentes?

Presentamos ocho consejos útiles que  van a ayudar a “conectar” con tu hijo:

  • OFF a los dispositivos electrónicos durante unos minutos al día: Según un  estudio dirigido por la Universidad de Boston (Estados Unidos) y llevado a cabo en diversos restaurantes de comida rápida, se descubrió que una de las causas más comunes por las que los padres dejan de estar presentes se debe al uso excesivo de los teléfonos móviles.
  • Escucha a tus hijosParece obvio, pero no todos los padres lo hacen de forma efectiva.Escuchar es mirar a los ojos y dar auténtica importancia a cada palabra que nos digan los niños, por muy ingenuo o estrambótico que sea su razonamiento. Si aprendemos a escucharles, aprenderemos a conocerles y responder mejor a sus necesidades.
  • La importancia de la comunicaciónNo te limites a preguntar ¿qué tal….? Porque es probable que la respuesta sea “bien” y ahí acabe la conversación. Es más aconsejable realizar otro tipo de preguntas que inicien un tema de conversación, como por ejemplo, ¿qué es lo más divertido que has hecho hoy?, ¿cómo te sientes hoy?, ¿has aprendido alguna cosa nueva, cuál?, ¿te ha ocurrido hoy algo emocionante?, etc.
  • Expresar los sentimientos: Aunque parezca que los niños deben estar al margen de todo, se enteran de más cosas de las que nos pensamos, absorben todos nuestros estados de ánimo, lo notan y lo acusan. Antes de estar ausente, quizá deberíamos explicarle a nuestros hijos que hoy no tenemos un buen día. El niño aprenderá lo que es la empatía, y que todos nos podemos sentir mal, agobiados, .. algunas veces.
  • Busca momentos de complicidad cotidiana: Hay momentos que deben convertirse en rituales obligados con los que compartir tiempo con tus hijos,pero tiempo de calidad. Esas charlas mientras comemos, esos cuentos y conversaciones antes de dormir… Son instantes mágicos con los que estar presente, instantes que crean marcas emocionales en los niños.
  • Potencia su imaginación, juega con ellos: El juego es la forma más natural e innata que tiene el niño para aprender y divertirse; es su herramienta de desarrollo, y sería conveniente que de alguna manera los padres formasen parte de esos juegos. Con tan sólo unos minutos al día sería suficiente. Todos llevamos un niño dentro, ¡no es tan difícil sacarlo!.
  • Contacto corporal: Hasta los doce años, los niños son muy táctil-kinestésicos, es decir, aprenden más a través del contacto corporal, necesitan esa estimulación “táctil-amorosa” que sólo producen los abrazos, los besos, las caricias. Por lo tanto, dedica unos minutos al día al contacto corporal, por ejemplo, haz una “guerra de cosquillas”, achuchones y abrazos largos de más de seis segundos, etc.
  • Relativizar: En las familias con niños siempre hay tareas por hacer (ropa que planchar, comida que preparar…). Si quieres que todo sea perfecto, céntrate en estas tareas y lo será, pero perderás lo importante, la infancia de tu hijo. Hay que establecer prioridades y un plato puede esperar a ser fregado. Por lo tanto relativiza.
  • Finalmente recuerda y ten presente esta frase:
  • “El mejor regalo para tu hijo se llama TIEMPO DE CALIDAD”.

Fuente:  padresycolegios.com

Qué hacer ante un adolescente desafiante

La adolescencia es una etapa bastante intensa a nivel educativo tanto para los padres como para los hijos.

A la hora de educar la edad es muy importante, no es lo mismo disciplinar a un niño desafiante que a un adolescente, pero en ambos casos, la disciplina y la consistencia son las claves. Cuando se tiene un hijo adolescente desafiante la paciencia es imprescindible para poder lidiar con las situaciones más tensas.

La adolescencia es una etapa bastante intensa a nivel educativo tanto para los padres como para los hijos. Los padres disfrutan de que sus hijos no sean tan dependientes de ellos pero les gustaría que fuesen más responsables y respetuosos. En ocasiones, los adolescentes pueden presentar conductas desafiantes y los padres deberán saber cómo lidiar con ello. Para que la relación se fortalezca, se deberán tener límites claros y saber cómo actuar en cada momento.

Predicar con el ejemplo

Ante todo, tendrás que predicar con el ejemplo y no mostrar actitudes desafiantes hacia tus hijos, es muy importante que les muestres el mismo respeto que quieres recibir por su parte. Tendrás que mostrar el comportamiento que quieres ver en tu hijo adolescentes. Si quieres que tu hijo te hable con respeto, tendrás que hablarle con un tono adecuado.

Tu ejemplo tendrá que estar cargado de amor y buenas intenciones. Olvida los malos modos, los gritos o el comportamiento violento (aunque sea sutil). Recuerda que lo que tu hijo vea en ti será cómo se desarrolle su personalidad.

Qué funciona y qué no

Para poder saber exactamente cuáles son los comportamientos que quieres abordar con tus hijos tendrás que hacer un ejercicio de reflexión. Coge un papel y un bolígrafo y dibuja una raya en medio, después en la parte izquierda escribe los comportamientos que no funcionan y en el derecho lo que crees que se debería hacer para que funcione mejor su conducta.

Si no quieres que tu hijo adolescente diga palabrotas cuando se enfada, tendrás que hablar con él sobre qué le ocurre cuando tiene la emoción de enfado y buscar una solución al respecto. Esto no significa que se deba hacer todo lo que él quiera para estar bien, ni mucho menos, si no, que significa establecer unos límites claros para que acepte donde todos ganen de alguna manera.

Muestra interés por tu hijo adolescente

Es importante que muestres interés por tu hijo adolescente para fortalecer la relación. A pesar de que tu hijo adolescente puede parecer difícil, ahora es cuando más te necesita (aunque te lo niegue la mayoría de veces). Pregunta a tu hijo si puedes sentarte en su dormitorio y pasar un rato a su lado mientras hablas con él sobre lo que le interese.

Los adolescentes que se sienten respetados, amados y comprendidos se decantarán más por responder adecuadamente a las orientaciones de los padres. Los desafíos de tus hijos adolescentes pueden ser oportunidades de enseñanza en lugar de situaciones de castigo. Si tu hijo no quiere hacer sus tareas, puede ser una oportunidad para hacerlo junto a él y explicarle los beneficios que tiene.

Comunicar los límites claros

Tus hijos adolescentes deben saber lo que se espera de ellos en cada momento y para ello, es necesario que les dejes claros cuáles son los límites del hogar y así, podrán realizar buenas elecciones. Si tu adolescente se enfada y da un portazo puedes acertaste y decirle que tiene la opción de hablar contigo o irse a su dormitorio cerrando la puerta de forma suave, pero que bajo ninguna circunstancia se acepta ni es tolerable dar un portazo.

Los límites no tienen que ser rígidos, pero sí constantes. Es necesario que cultives a tu hijo una conciencia de elección para que sepa que siempre tiene opciones y que es su decisión tomar la más acertada.

Enseña alternativas

Si tu hijo escoge ser desafiante y tener una mala actitud, permite que sea una forma de abordar la situación aunque después tenga que asumir las consecuencias de sus actos. Cuando las cosas se vuelvan muy tensas será importante detenerse, respirar y comenzar de nuevo. Hablad desde el corazón y el respeto sobre sentimientos y soluciones.

 

Fuente: www.bekiapadres.com

La fuerza más poderosa del universo, es el amor de la familia

Dicen que la fuerza más poderosa es la que uno mismo debe tener en su interior para afrontar el día a día, pero las personas tendrán mucha fuerza si primero lo vivió en su familia. El amor de la familia es lo que ayudará a los niños a mantenerse fuertes, incluso en los peores momentos. Es muy importante que como padres se tenga entereza y se sepa qué se debe hacer en cada momento para criar a niños fuertes y felices.

Ser padres independientes y fuertes es necesario para tener un papel crucial en la vida de los hijos. Los padres pueden ayudar a que los hijos tengan éxito y sean personas increíbles, o por el contrario pueden ayudarles a ir directamente hacia el fracaso. Mientras que los padres fuertes impulsan a sus hijos, los padres débiles tendrán miedo de dar un gran paso para demostrar al mundo su fuerza, siendo esto un signo de debilidad.

Es necesario y hasta imprescindible que los padres sean el amor y la fuerza que animen a los niños a ser mejores cada día, sólo de ese modo aprenderán grandes valores en la vida. ¿Cuáles? No pierda detalle para descubrir como la fuerza más valiosa del universo, es el amor de la familia.

Su felicidad no depende de ti

La felicidad de uno mismo está dentro de uno mismo. Los padres pueden facilitar que el entorno sea propicio para ser feliz, pero hay que enseñar a los hijos a que no se debe esperar que otro nos haga felices. Uno mismo es el máximo responsable de la propia felicidad. Si no te creas tu felicidad, nadie más lo hará por ti. Unos padres fuertes saben esto y enseñan a sus hijos a encontrar la positividad en situaciones negativas. Puedes ser feliz incluso cuando todo el mundo está en tu contra.

La paciencia siempre es recompensada

No importa lo que esté sucediendo hoy, mañana será un nuevo día que puede traer felicidad y éxito en tu vida. Los tiempos difíciles siempre pasan, así que es necesario ser paciente para tener una mente llena de paz y de tranquilidad. Con entereza las dificultades se superan, pero para conseguirlo la familia debe mantenerse fuerte. Una dificultad no es una razón para desanimarse, sino para superarse y demostrar la valía personal.

El amor de la familia es la fuerza más poderosa del universo

La independencia es fundamental

Todo hombre y toda mujer deben ser independientes. Si alguien te roba la libertad es porque tú permites que lo hagan. Una persona poderosa permitirá que otro llegue a su corazón sólo si realmente lo desea y si hay alguien que intenta impedir que alcances tus metas, simplemente hay que sacar a esa persona de tu vida. La independencia es fundamental en cualquier aspecto, sólo de este modo se logrará tener una personalidad auténtica.

La dignidad es clave

El respeto hacia uno mismo y tener dignidad es clave para ser felices. El amor de la familia podrá ayudar a que un niño o una niña se convierta en líder, porque sabrá cómo mantener su dignidad en todo momento. De este modo los niños y niñas serán capaces de seguir sus sueños a pesar de las dificultades que puedan encontrarse en el camino, ellos sabrán que con entereza y aprendiendo de los errores, se consiguen grandes resultados.

Sólo hay que ir hacia atrás para coger impulso

No tiene sentido vivir en el pasado, hay que seguir moviéndose hacia adelante y mirar atrás sólo si se debe aprender una buena lección. Lo que se ha hecho, hecho está y nada lo podrá deshacer, no se puede cambiar. Si hay que ir hacia atrás, que sea únicamente para coger impulso. El amor de la familia le ayudará a los hijos a darse cuenta de esto, a guiarle en el camino y a enseñarle que llorar no es de débiles, sino que nos hace aún más fuertes para aprender de nosotros mismos y seguir hacia adelante.

Fuente: etapainfantil.com

Navidad, época para irradiar amor

Yoely Reinoso
Santo Domingo

Navidad, época hermosa cuando cerramos los ojos y en nuestra cara se esboza una amplia sonrisa, cálida y afable, ingenua e inspiradora, así como ese niño interior que llevamos dentro, relajado, calmo.
El universo nos depara todo un mundo de posibilidades, arriésgate a creer, respira, tómate un momento para darte cuenta de que en este nuevo año puedes ser un inteligente arquitecto, pues como nos dice Amado Nervo: “Cualquier momento es bueno para empezar y eres el arquitecto de tu propio destino”. Sueña, levántate y con la mano puesta en el corazón dite a ti mismo; actúo a pesar del miedo, actúo a pesar de la opinión de la gente, actúo, aunque me sienta pequeño. Hoy es tu momento perfecto.
¿No sabes hacer los planos? No pasa nada, todo se aprende, respira una nueva vez y date cuenta de dónde estás parado con relación a lo que quieres alcanzar para este 2019, solo faltan días. ¿Y qué importa? ¿No tienes trabajo o el que tienes no te satisface? ¿Quieres darle un vuelco a tu vida amorosa, tu casa, los amigos, a cómo te sientes contigo mismo?

Lo más aconsejable, según Arthur Clark, en su libro Su pasaporte al éxito, es tomar papel y lápiz y anotar cuáles son las cosas que quieres lograr, en la columna izquierda, y en la derecha, aquello que te impide lograrlo, si es que ya lo tienes identificado, y si no empieza a autoanalizarte o pídele a amigos cercanos que te ayuden en eso. Y una vez que tengas la lista lo más clara posible, continúa respirando, eres un ser humano con defectos, pero como un lápiz es más lo que escribes, que son las virtudes, que lo que borras que son los defectos. Ámate así, tal cual eres y proponte metas a corto y mediano plazo para lograr aquello que te hace feliz y no dudes en buscar apoyo bien sea de un grupo o un profesional.

No sufras más, lánzate del avión en paracaídas, piensa que el sufrimiento y todo lo que ello implica, es un estado equivocado de la mente y que eso se puede empezar a revertir en este mismo instante, no des marcha atrás ¿para qué? El pasado ya no existe, recuerda que vives este día, que es maravilloso y lleno de incontables posibilidades para ser feliz. Si, ese si es un estado correcto y acertado para disfrutar de cada segundo del día de hoy y claro, acuéstate pensando que mañana tendrás otro día como hoy, no importa lo que haya a tu alrededor; ojos ciegos a tus defectos y a los de los demás, oídos sordos a ese no puedes, a la crítica destructiva y al mal humor. Labios silenciosos ante las malas palabras, ante aquello que pueda hacer daño a otros. Mantente en tu centro, sea lo que sea que pase a tu alrededor, tú eres tú y eso es lo más importante.

Proponte irradiar amor, ¿no sabes cómo? Empieza por darte amor a ti mismo, cuando te mires al espejo, sonríe, aunque no quieras, hazlo, y repite que te amas y te aceptas, no importa si llevas unos kilos de más, no pasa nada, mira hoy la maravilla de ser humano que eres, aprovecha el tiempo para estar alegre y aprende a vivir en un eterno presente, saca tiempo para ti, independientemente de si tus hijos o pareja te reclaman las 24 horas del día, hay que hacer lo que a uno le gusta y extenderlo, porque una vez que te acostumbras a ello, los demás también lo aceptan. Es sencillo, no te compliques con sentimientos de culpa inútiles, recuerda; es una ilusión, tú te mereces todo lo bueno, te mereces ser feliz, tener tiempo para ti, incluso si prefieres no hacer nada estás en tu derecho absoluto.

Irradia amor en el día de hoy, celebrando la Navidad con los tuyos; eleva una oración de agradecimiento y no te olvides de pedir pan y paz por todos los necesitados del mundo entero. Bendice tu mesa y a tu familia, regocíjate en todas las cosas que te sucedan, recuerda que nada ocurre por casualidad y que todo es para nuestro crecimiento. Que nada empañe la dicha y el gozo por el hecho de estar vivos.

6 señales que indican que un niño necesita más amor y cariño

Vivimos en una sociedad tan rápida y metida en el estrés de las redes sociales, que a veces se nos olvida mostrar lo más natural de nosotros mismos: nuestro cariño. Quizás tus padres no te enseñaron a mostrar amor, y ahora que eres padre o madre, no sabes cómo expresarlo para que tus hijos crezcan con tu amor verdadero. Pero, al final, los perjudicados son tus pequeños, que podrían llegar a tener una carencia afectiva importante. Para evitarlo, te enseñamos a detectar algunas señales que indica que un niño necesita más amor y cariño de sus padres. ¡Atentos!

Cuándo un niño necesita más amor y cariño, ¡atento a las señales!

Sabemos que a nuestros hijos no se les pasa detalle de nuestro comportamiento, por lo que tenemos una gran misión con ellos: ser los mejores padres, por ellos y por nosotros. A fin de cuentas, como decía Robert Braul, “el problema con el aprendizaje de ser padres es que los hijos son los maestros”.

“Nuestros hijos valoran nuestro amor, atención y cuidado por ellos, según el tiempo que les dediquemos”. Y es que debemos tener presente que nuestros hijos no se van a sentir más queridos por los regalos que les podemos hacer sino por el tiempo que compartamos con ellos. La falta de amor y de cariño puede tener consecuencias muy negativas para su desarrollo y educación, por lo que debemos fijarnos en estos indicios que muestran que no están recibiendo suficiente atención afectiva.

1. El niño desarrolla miedo al abandono
La primera evidencia de falta de cariño es el miedo al abandono. Un niño que no se siente querido, tiene miedo a ser abandonado, ya que siente que no es importante. Vivir bajo ese miedo determinará una forma de ser que le llevará a desarrollar relaciones de adulto en las que la dependencia emocional o la falta de autoestima predominarán en su vida.

2. El niño trata de llamar la atención
El segundo efecto de una carencia afectiva son ‘las llamadas de atención’. Recordemos que un mal comportamiento es una reclamación de una necesidad interior y es muy probable que esta necesidad sea la ausencia de cariño.

3. El niño se siente triste
La tercera señal es más evidente y se nos muestra cuando el niño se siente triste, apático o enfadado de manera continuada. Estos son síntomas que, alargados en el tiempo, pueden acercarse a los efectos de una depresión. Y es que, en el fondo, ocurre algo similar con el miedo al abandono del que hablábamos antes.

4. Se produce una bajada en el rendimiento escolar
Otra de las señales frecuentes de que un niño necesita más amor y cariño es el bajo rendimiento escolar o deportivo de nuestros hijos. Si sienten que no nos importa, tampoco tendrá interés para ellos lo que estén estudiando o la actividad que estén realizando.

5. Utiliza un lenguaje más negativo
Otra señal de la falta de amor es su lenguaje. Probablemente utilizará un lenguaje derrotador, negativo, lleno de desánimo… Incluso, puede llegar a los improperios con la intención de llamar a la atención de sus padres o de las personas que tenga cercanas.

6. Vigila tu propio comportamiento como padre
Ahora bien, recuerda que, por mi parte, yo soy más de observar el comportamiento que estamos teniendo como padres, que de intentar solucionar lo que le está ocurriendo a nuestros hijos. Es decir, si yo no estoy prestando atención a mi hijo es porque algo me está pasando, así que, antes de solucionar la situación con él, debo ocuparme de mí y de averiguar qué puedo hacer mejor como padre o madre.

Para desarrollar nuestra manera de ser auténtica y genuina, necesitamos sentirnos cuidados y queridos por nuestros padres; pero para ser buenos padres, necesitamos el cariño y atención de nuestros hijos.

Fuente> guiainfantil.com

Frases que decía tu madre y que ahora… Te suenan mucho

Jamás pensabas que tú también las dirías, pero están aquí. Esas frases comunes a todas las madres han llegado a tu vocabulario y parece que ¡para quedarse!

Eres madre. Ya está. El “gen” maternal que se desarrolla cuando das a luz y con el que eres capaz de encontrar las cosas en diez segundos y de hacer siete mil cosas a la vez, ya lo tienes, pero es que, además, de repente te ves diciendo una serie de frases que hace años juraste solemnemente que nunca dirías.

1. Es la primera vez que me siento en todo el día

Y probablemente sea cierto. Aunque cuando lo decía tu madre nunca le creías.

2. Como vaya yo y lo encuentre…

¡Y lo encuentras! ¡Increíble! Pero acuérdate cuando eras pequeña y tú no encontrabas lo que estabas buscando y ¡era cierto! Aunque ahora como madre no lo creas posible…

3. Se me está agotando la paciencia…

Probablemente esta frase haga temblar a tus hijos… igual que te hacía temblar a ti.

4. Y punto

Ya no hay más conversación. Reconsidera esta opción, cuando eras pequeño frustraba mucho que no te dejaran argumentar un poco más, ¿no te parece?

5. Me da igual lo que haga (introduce aquí el nombre de algún amigo) porque yo no soy su madre, soy la tuya

Esto viene a ser la versión 2.0 del “y punto”.

6. Lo que pica, sana

O “lo que pica, cura”  o cualquier versión que se resume en “aguanta un poco el dolor que no puedo hacer otra cosa”.

7. ¿Pero te crees que soy un Banco? ¿Que el dinero crece en los árboles?

Qué más quisiéramos nosotros que en lugar de melocotones tuviéramos un árbol que diese billetes de 500 pesos.

8. Y si tus amigos se tiran por un puente, ¿tú también te tiras?

Sabíamos que no lo íbamos a hacer aunque cuando escuchábamos esta frase nos daban unas ganas locas… ¿Por qué la decimos ahora nosotros? Porque es muy descriptiva y resume bien la conclusión que buscamos: “no seas borrego y piensa por ti mismo”.

9. “Me duele aquí” Pues ponte ahí

Aaaaaarrggghh ¿no os daba rabia? ¡Pues por todo el amor del mundo, evitemos esta frase!

10. Abrígate que hace frío

Porque una vez hemos sido madres hemos desarrollado superpoderes de supermeteoróloga.

11. Me estás buscando… y me vas a encontrar

Y no, ella no estaba hablando del juego del escondite… Y tú ahora tampoco.

12. Tú verás

Pero sabes que en el fondo no, no tienen que ver nada.

13. Esto ha pasado de castaño a oscuro

O lo que es lo mismo: “ojito, que te veo que la lías”.

14. Hasta que no lo rompas no te quedas tranquilo

¿Recuerdas esos arranques de energía que tenías? Pues a tus hijos les pasa lo mismo…

15. Te vas a hacer daño

Ahora sabemos predecir el peligro antes de que ocurra, no es magia, es responsabilidad.

16. Voy a contar hasta tres

Y te daban ganas de salir corriendo. A tus hijos también (que lo sepas).

17. Ni patata ni patato (o cualquiera de sus variantes)

Está claro: no (y de nuevo no) y punto.

18. No me, no me… Que te, que te…

Esta frase no tiene mucho sentido, pero nos encanta usarla ¿y a vosotros?

19. Antes de jugar con otro juguete recoge el de ahora

Porque el orden es importante y ahora somos plenamente conscientes.

20. Si te enfadas tienes dos opciones: desenfadarte o desenfadarte

Y, además, esto es totalmente cierto… También podríamos aplicarnos esta frase a nosotros mismos de vez en cuando, ¿no te parece?

Todas estas frases hacen que amemos incluso más a nuestras madres porque ahora, al calzar sus zapatos, todo cobra sentido y las comprendemos taaaan bien…

Fuente: serpadres.com

Amores que salvan: madre y maestra

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

Ser maestra conlleva una ardua responsabilidad, entrega, dedicación y tolerancia. Esta tiene a su cargo un grupo de niños o jóvenes a los cuales debe guiar, educar, enseñar y cuidar. Sin embargo, en ocasiones, su rol de maestra se transforma en el de una madre.

Cuando un niño va a la escuela con un comportamiento aislado, la maestra puede detectar que ocurre una problemática familiar o algún tipo de trastorno.

Greisy Salas, madre y maestra, comentó que maneja ambos roles con gran responsabilidad: “Siempre me pongo en el lugar de madre con mis estudiantes, los cuido como si fueran mis propios hijos. Me pre-ocupo por impartirles conocimientos, pero también les inculco valores”.

Al preguntarle sobre cómo detecta cuando un niño está atravesando una situación en su hogar, la maestra contó que un día en el izamiento de bandera de la escuela, vio a un estudiante de diez años totalmente aislado de los demás. Cuando se acercó a preguntarle qué le pasaba, este le contestó que se sentía mal porque nadie lo quería. “Mi respuesta fue que yo lo amaba, que nunca lo olvidara. Sentí que mis palabras fueron bien recibidas por él, porque se recostó en mis hombros y sonrió”.

 

Es preciso recordar las palabras de Arian Esquivel en el artículo “Más que una maestra, una segunda madre”: “La buena maestra transforma al mundo, día a día, desde las aulas. Convoca al cambio desde sus actos. No sigue una línea recta, antes de regañar, escucha”.

María Teresa Troncoso, maestra de quinto grado, dijo que su rol de madre lo asocia todos los días con sus estudiantes: “Me preocupo por ellos como lo hago con mis hijos, a veces los niños vienen a la escuela con heridas que en su casa no le ponen atención y yo los curo. Me llena de felicidad cuando me dicen que ya se sienten mejor con mis cuidados”.

Troncoso expresó que no hay mayor satisfacción para una maestra que el momento en que el niño cuando pase de curso la abrace y le diga que quiere volver a estar con ella. “Muchas veces el niño es maltratado en su casa y viene buscando un refugio en la escuela. Por esto, la maestra debe siempre brindar amor y comprensión”.

La maestra es un ejemplo a seguir para sus estudiantes, debe siempre guiar hacia el buen camino y tener la capacidad de sacar lo mejor de cada uno.

(+) Celebrar a las madres en su día

Las maestras en sus respectivos centros educativos elaboran para el Día de las Madres, que se estará celebrando el domingo 27 de mayo, actividades que fomenten en los estudiantes ese valor que merecen sus madres y sobre todo agradarlas este día con detalles especiales.

Dentro de estas actividades se encuentran:

  • Creación de tarjetas personalizadas para las madres.
  • Poemas y canciones dedicados a las madres.
  • Actos escolares con motivo a la celebración de las madres.
  • Manualidades.