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Frases que decía tu madre y que ahora… Te suenan mucho

Jamás pensabas que tú también las dirías, pero están aquí. Esas frases comunes a todas las madres han llegado a tu vocabulario y parece que ¡para quedarse!

Eres madre. Ya está. El “gen” maternal que se desarrolla cuando das a luz y con el que eres capaz de encontrar las cosas en diez segundos y de hacer siete mil cosas a la vez, ya lo tienes, pero es que, además, de repente te ves diciendo una serie de frases que hace años juraste solemnemente que nunca dirías.

1. Es la primera vez que me siento en todo el día

Y probablemente sea cierto. Aunque cuando lo decía tu madre nunca le creías.

2. Como vaya yo y lo encuentre…

¡Y lo encuentras! ¡Increíble! Pero acuérdate cuando eras pequeña y tú no encontrabas lo que estabas buscando y ¡era cierto! Aunque ahora como madre no lo creas posible…

3. Se me está agotando la paciencia…

Probablemente esta frase haga temblar a tus hijos… igual que te hacía temblar a ti.

4. Y punto

Ya no hay más conversación. Reconsidera esta opción, cuando eras pequeño frustraba mucho que no te dejaran argumentar un poco más, ¿no te parece?

5. Me da igual lo que haga (introduce aquí el nombre de algún amigo) porque yo no soy su madre, soy la tuya

Esto viene a ser la versión 2.0 del “y punto”.

6. Lo que pica, sana

O “lo que pica, cura”  o cualquier versión que se resume en “aguanta un poco el dolor que no puedo hacer otra cosa”.

7. ¿Pero te crees que soy un Banco? ¿Que el dinero crece en los árboles?

Qué más quisiéramos nosotros que en lugar de melocotones tuviéramos un árbol que diese billetes de 500 pesos.

8. Y si tus amigos se tiran por un puente, ¿tú también te tiras?

Sabíamos que no lo íbamos a hacer aunque cuando escuchábamos esta frase nos daban unas ganas locas… ¿Por qué la decimos ahora nosotros? Porque es muy descriptiva y resume bien la conclusión que buscamos: “no seas borrego y piensa por ti mismo”.

9. “Me duele aquí” Pues ponte ahí

Aaaaaarrggghh ¿no os daba rabia? ¡Pues por todo el amor del mundo, evitemos esta frase!

10. Abrígate que hace frío

Porque una vez hemos sido madres hemos desarrollado superpoderes de supermeteoróloga.

11. Me estás buscando… y me vas a encontrar

Y no, ella no estaba hablando del juego del escondite… Y tú ahora tampoco.

12. Tú verás

Pero sabes que en el fondo no, no tienen que ver nada.

13. Esto ha pasado de castaño a oscuro

O lo que es lo mismo: “ojito, que te veo que la lías”.

14. Hasta que no lo rompas no te quedas tranquilo

¿Recuerdas esos arranques de energía que tenías? Pues a tus hijos les pasa lo mismo…

15. Te vas a hacer daño

Ahora sabemos predecir el peligro antes de que ocurra, no es magia, es responsabilidad.

16. Voy a contar hasta tres

Y te daban ganas de salir corriendo. A tus hijos también (que lo sepas).

17. Ni patata ni patato (o cualquiera de sus variantes)

Está claro: no (y de nuevo no) y punto.

18. No me, no me… Que te, que te…

Esta frase no tiene mucho sentido, pero nos encanta usarla ¿y a vosotros?

19. Antes de jugar con otro juguete recoge el de ahora

Porque el orden es importante y ahora somos plenamente conscientes.

20. Si te enfadas tienes dos opciones: desenfadarte o desenfadarte

Y, además, esto es totalmente cierto… También podríamos aplicarnos esta frase a nosotros mismos de vez en cuando, ¿no te parece?

Todas estas frases hacen que amemos incluso más a nuestras madres porque ahora, al calzar sus zapatos, todo cobra sentido y las comprendemos taaaan bien…

Fuente: serpadres.com

Amores que salvan: madre y maestra

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

Ser maestra conlleva una ardua responsabilidad, entrega, dedicación y tolerancia. Esta tiene a su cargo un grupo de niños o jóvenes a los cuales debe guiar, educar, enseñar y cuidar. Sin embargo, en ocasiones, su rol de maestra se transforma en el de una madre.

Cuando un niño va a la escuela con un comportamiento aislado, la maestra puede detectar que ocurre una problemática familiar o algún tipo de trastorno.

Greisy Salas, madre y maestra, comentó que maneja ambos roles con gran responsabilidad: “Siempre me pongo en el lugar de madre con mis estudiantes, los cuido como si fueran mis propios hijos. Me pre-ocupo por impartirles conocimientos, pero también les inculco valores”.

Al preguntarle sobre cómo detecta cuando un niño está atravesando una situación en su hogar, la maestra contó que un día en el izamiento de bandera de la escuela, vio a un estudiante de diez años totalmente aislado de los demás. Cuando se acercó a preguntarle qué le pasaba, este le contestó que se sentía mal porque nadie lo quería. “Mi respuesta fue que yo lo amaba, que nunca lo olvidara. Sentí que mis palabras fueron bien recibidas por él, porque se recostó en mis hombros y sonrió”.

 

Es preciso recordar las palabras de Arian Esquivel en el artículo “Más que una maestra, una segunda madre”: “La buena maestra transforma al mundo, día a día, desde las aulas. Convoca al cambio desde sus actos. No sigue una línea recta, antes de regañar, escucha”.

María Teresa Troncoso, maestra de quinto grado, dijo que su rol de madre lo asocia todos los días con sus estudiantes: “Me preocupo por ellos como lo hago con mis hijos, a veces los niños vienen a la escuela con heridas que en su casa no le ponen atención y yo los curo. Me llena de felicidad cuando me dicen que ya se sienten mejor con mis cuidados”.

Troncoso expresó que no hay mayor satisfacción para una maestra que el momento en que el niño cuando pase de curso la abrace y le diga que quiere volver a estar con ella. “Muchas veces el niño es maltratado en su casa y viene buscando un refugio en la escuela. Por esto, la maestra debe siempre brindar amor y comprensión”.

La maestra es un ejemplo a seguir para sus estudiantes, debe siempre guiar hacia el buen camino y tener la capacidad de sacar lo mejor de cada uno.

(+) Celebrar a las madres en su día

Las maestras en sus respectivos centros educativos elaboran para el Día de las Madres, que se estará celebrando el domingo 27 de mayo, actividades que fomenten en los estudiantes ese valor que merecen sus madres y sobre todo agradarlas este día con detalles especiales.

Dentro de estas actividades se encuentran:

  • Creación de tarjetas personalizadas para las madres.
  • Poemas y canciones dedicados a las madres.
  • Actos escolares con motivo a la celebración de las madres.
  • Manualidades.

La complicidad en el amor de pareja

Por: Ligia Valenzuela, M.A.

A propósito de que en el mes de febrero se celebra el Día del amor y la amistad, vi oportuno escribir sobre uno de los aspectos más importantes para que en la pareja haya una relación de amor y amistad: la complicidad.

La complicidad es un lenguaje que va creando intimidad y afinidad entre dos personas y donde el sentimiento por el otro permitirá que se establezca un tipo de relación entre ellos que luego les permitirá afrontar las distintas etapas de la relación de pareja de una forma más satisfactoria.

¿Cómo se construye?

– Cuando cada uno va inspirando en el otro seguridad y confianza.

– Cuando ambos desarrollan una disposición a escucharse, a tolerarse y a interesarse sobre cómo es el otro, cual es su forma de pensar, qué le gusta y qué no, qué le agrada y cuáles han sido los  momentos más significativos de la historia de su vida.

–  Cuando sus miradas están puestas en la misma dirección y sus esfuerzos buscan sumar y multiplicar, sin pretender tener el mismo punto de vista a cerca de las cosas.

– Que la propuesta que los mueva sea “ganarle la batalla” a la situación o circunstancia por la que están pasando como pareja o como familia.

– Que la comunicación verbal y no verbal entre ellos, busque  “sintonizar”, lograr conexión, convertir la relación en una sinergia donde el uno estimule y cuide al otro; donde ambos aprendan a ponerse de acuerdo para lograr propósitos comunes.

– Cuando procuran que el interés sexual, columna fundamental de la complicidad, busque mantenerse a través de la intimidad y la cercanía. Por ejemplo, haciendo planes juntos, teniendo proyectos a corto y mediano plazo que puedan  ser realizables, procurando espacios en los que compartan solos, tales como: bañarse juntos, compartir chistes, salir a bailar o aprender un baile que les produzca alegría y entusiasmo, irse de viajes  y cualquier otra actividad que permita que afloren las muestras de afecto y de deseo del otro, de modo que se comuniquen “sigues gustándome…”

– Compartiendo la cosas cotidianas y sencillas de todos los días, tanto del hogar y los hijos, como del mundo laboral de ambos.

– Y por último, conservando el buen humor, pues éste conecta, refuerza los vínculos afectivos y ayuda crear recursos que les permitan enfrentar las situaciones de la vida juntos y poder crear una relación de pareja feliz y duradera…

El miedo a sentirse enamorado

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

El amor es uno de los sentimientos más maravillosos que puede experimentar el ser humano. Por lo general, se asocia a una relación pasional entre dos personas. Sin embargo, existen otros tipos de amores que podrían ser más grandes, como por ejemplo, el amor a Dios, a la familia, a la naturaleza y el amor a sí mismo.

Alejandro Romualdo, poeta, lo define como una entrega total y desinteresada que asume todos los riesgos y dificultades. Dice que cuando las razones del corazón se imponen, avasallan irresistiblemente prejuicios y barreras de toda clase.

Para la poeta Claribel Alegría, el amor tiene criterios sencillos: la afinidad, el deseo de entender y ser entendido, la confianza absoluta basada en el conocimiento íntimo del carácter del otro, el compañerismo, los valores compartidos y la curiosidad insaciable de explorar tomados de las manos este mundo insólito y fugaz.

¿Es siempre el amor correspondido?

A pesar de ser el amor un acto que produce sensaciones de felicidad y emociones, puede convertirse en una pesadilla para quienes aman y no son correspondidos. Peor aún, para aquellos que no tienen la capacidad de enamorarse, es decir, para un filofóbico.

El término filofobia se refiere a una patología o trastorno mental con referencia al amor como pareja e incluso el amor de familia o amistad, mejor conocido como el miedo irracional de amar o de enamorarse de alguien.

Según investigaciones, se basa en ese miedo al amor, pero no necesariamente para estar con una persona se necesita amarla. Esto quiere decir que los filofóbicos en algunos casos logran permanecer con una persona en unión por algunos meses, pero cuando comienzan a tener algún sentimiento huyen sin dar explicaciones a su pareja.

Otra situación que acompaña a quienes sufren de este trastorno es su entorno, si comienzan a tener una amistad o relación con otras personas al principio se sienten normales, pero si comienzan a sentir que es una amistad, que le hace falta la otra persona, ya sea para platicar o incluso que siente dolor por lo que le pase, prefiere alejarse y dejar de hablar con la persona. Esto lo hace para evitar sentir emociones fuertes y llegar a quererla. 

Patrones conductuales de una persona que padece filofobia

La psicóloga emocional Ciara Molina expone los siguientes patrones:

• Tienden a buscar defectos en la pareja, para justificarse a sí mismos que no deben implicarse más en esa relación sentimental.
• Se enamoran de personas inalcanzables para reafirmarse en que ellos no tienen el miedo a amar, sino que son las circunstancias las que no hacen factible esa relación.
• Buscan relacionarse con personas muy diferentes a ellos pensando que de esta manera se llegará al fracaso de la unión y no sentirán la presión de dejar la relación sólo por sus miedos.
• Suelen provocar disputas con la otra persona, buscando de este modo que sea ella la que deje la relación.
• Se aíslan emocionalmente al sentir que la otra persona se está acercando demasiado, cayendo en conductas como eludir llamadas de teléfono, dejar de verla con asiduidad, inventar excusas, etc.

Más amor y menos odio

Estamos en la época de la “maldad”, hija de la ignorancia y del egoísmo. Aquella lluvia (la crisis) trajo estos lodos (la falta de valores), cuando tendría que haber sido todo lo contrario. Sobrevino una crisis para alertarnos de nuestro exceso de materialismo, del egoísmo del liberalismo capitalista, del placer por el placer y de la obsesión por el estado del bienestar;
en lugar de ocuparnos de la bondad del ser. Y es que hablar de amor, de caridad, de bondad y de servicio parece ser una cursilería o un despropósito, fruto de la debilidad. En la vida no todo vale, ni todo lo que vale es lo correcto. Es prioritario identificar nuestros valores y vivir acorde con ellos, pues serán nuestra referencia y el patrón mediante el cual se medirán nuestras acciones. Sólo por el amor nos liberaremos del yugo del dolor, seremos capaces de sanar, de trascender los mundanales apegos y liberarnos de las temibles cadenas que los instintos colocan en nuestro camino de evolución.

Más amor y menos odio. Más humildad, más capacidad para comprender al prójimo, más flexibilidad para saber adaptarnos a las circunstancias y a los cambios, y, sobre todo, más entusiasmo y fe para saber valorar lo que somos y lo que podemos aportar a los demás. Si queremos conectar con el verdadero amor y nuestro deseo es cambiar el mundo para mejor, tenemos que empezar por nosotros mismos: por enfrentarnos a nuestra sombra y por trascender nuestras limitaciones. Lo lograremos desde el autoconocimiento, la aceptación y la autoestima. Una autoestima que potenciaremos mediante el reconocimiento de los demás; a través del servicio, del desapego y de la ausencia de juicio. Hemos de aprender a ser “asertivos”, a decir lo que realmente pensamos, sin emitir juicios de valor, sin acusaciones ni descalficaciones, porque no haynada bueno ni malo; todo depende de lo que proyectemos en ello. Si logramos cambiar una debilidad y transformarla en fortaleza, habremos aprovechado la oportunidad y contribuiremos a construir un mundo mejor. Cuando crezco yo, crece la humanidad. El amor es hijo de una fortaleza, nunca de una debilidad; puesto que amar es confiar, aceptar, respetar, comprender, renunciar y entregar. El egoísmo y la maldad son hijos del sentimentalismo, de la carencia, de las expectativas no cumplidas, de los deseos insatisfechos y de los objetivos no alcanzados. Ergo, de la debilidad y del temor. Abre tu corazón a la fe. Confía en que no estamos solos, en que cada uno de nosotros tiene un propósito, un don que compartir. Todos somos uno; sin dejar de ser nosotros mismos, sin dejar de sentir y compartir desde nuestra individualidad, pero a la vez, vibrando desde la unidad, que no es más que la expresión de la totalidad.

Lo que sentimos y pensamos es lo que atraeremos a nuestra realidad. Si queremos ser unos buenos arquitectos de nuestra vida, entonces deberemos alinear nuestros pensamientos, sentimientos y nuestra voluntad (acciones) desde la coherencia y la unicidad. Las dudas, los miedos, las indecisiones o la ignorancia sobre lo que deseamos o queremos dificultarán el logro de nuestros objetivos. Lo esencial será siempre el amor. Recuerda: abandona la lucha, evita el odio y el resentimiento. Permite que el amor guíe tus pasos. Tu vida lo agradecerá y tu destino cambiará.

Fuente: revistapluraldiamond.com

Cómo enamorarse de cualquier persona, siguiendo estos pasos

Hace más de veinte años, el psicólogo Arthur Aron logró que dos extraños se enamoraran en su laboratorio. Hace unos meses apliqué su técnica en mi vida personal, y fue la razón por la que me encontraba en un puente a medianoche, mirando a un hombre a los ojos durante exactamente cuatro minutos.

Permítanme explicarme. Esa misma tarde, el hombre había dicho: “Dados ciertos puntos en común, pienso que uno puede enamorarse de cualquiera. Si es así, ¿cómo se elige a alguien?”.

Él era un conocido de la universidad con quien me topaba ocasionalmente en el gimnasio, y yo ya había pensado en la posibilidad. Tenía una idea de su vida a través de Instagram. Pero esa era la primera vez que pasábamos un tiempo a solas.

“De hecho, ha habido psicólogos que han tratado de hacer que se enamoren otras personas”, comenté, recordando el estudio del Dr. Aron. “Es fascinante. Siempre he querido hacer la prueba”.

Leí por primera vez acerca de ese estudio cuando estaba en medio de una ruptura. Cada vez que pensaba en irme, el corazón se imponía al cerebro. Me sentía atorada. Así pues, como buena académica, volví la mirada a la ciencia con la esperanza de que hubiera una forma inteligente de amar.

Le expliqué el estudio a mi conocido de la universidad. Un hombre y una mujer heterosexuales entran al laboratorio por puertas separadas. Se sientan frente a frente y responden a una serie de preguntas que cada vez son más íntimas. Después se miran a los ojos en silencio durante cuatro minutos. El detalle más tentador: seis meses después, los dos participantes se casaron. Todo el laboratorio estuvo invitado a la ceremonia.

“Vamos a probarlo”, dijo él.

Permítanme reconocer primero que nuestro experimento no se alineó perfectamente con el estudio del laboratorio. Para empezar, estábamos en un bar, no en un laboratorio. En segundo lugar, no éramos desconocidos. Y no solo eso sino que, como veo ahora, nadie propone o acepta realizar un experimento para crear amor romántico si no está abierto a que eso suceda.

Busqué en Google las preguntas del Dr. Aron: son 36. Pasamos las siguientes dos horas pasando mi iPhone de un lado a otro de la mesa, planteando alternadamente cada pregunta.

Las primeras preguntas son inocuas: “¿Te gustaría ser famoso? ¿En qué forma?”. “¿Cuándo fue la última vez que cantaste a solas? ¿Cuándo le cantaste a otra persona?”.

Pero pronto se vuelven más profundas.

En respuesta a la indicación “Nombre tres cosas que parezcan tener en común usted y su pareja”, él me miró y dijo: “Creo que los dos estamos interesados el uno en el otro”.

Yo sonreí y pasé un trago de cerveza mientras él mencionaba otros dos puntos en común que no tardé en olvidar. Intercambiamos historias de la última vez que lloramos y confesamos lo que nos gustaría preguntarle a un adivino. También explicamos la relación con nuestras respectivas madres.

Las preguntas me recordaron el infame experimento de la rana en agua caliente, que no se da cuenta de que el agua se está calentando hasta que es demasiado tarde. En nuestro caso, debido a que el grado de intimidad se fue elevando poco a poco, no me di cuenta de que habíamos entrado en un terreno muy íntimo hasta que ya estábamos ahí, un proceso que por lo general lleva semanas e incluso meses.

Me gustó aprender de mí misma a través de mis respuestas, pero más me gustó aprender cosas de él. El bar, que estaba vacío cuando llegamos, se había llenado para cuando decidimos tomar un descanso para ir al baño.

Sentada sola en nuestra mesa, consciente del mundo que me rodeaba por primera vez en una hora, me pregunté si alguien habría escuchado nuestra conversación. Si habían oído, yo no me di cuenta. Tampoco noté cuando la multitud fue desvaneciéndose y la noche avanzó.

Todos tenemos una narrativa sobre nosotros mismos que es la que le ofrecemos a los desconocidos y a los conocidos. Pero las preguntas del Dr. Aron hacen que sea imposible basarse en esa narrativa. La nuestra fue una intimidad acelerada, como las que recuerdo en los campamentos de verano, cuando pasaba en vela la noche hablando con una nueva amiga, intercambiando los detalles de nuestra breve vida. A los 13 años, lejos de casa por primera vez, yo sentía que era natural poder conocer a alguien rápidamente. Pero la vida adulta rara vez nos presenta tales circunstancias.

Los momentos que me parecieron más incómodos no fueron cuando tuve que hacer confesiones sobre mí misma, sino cuando tuve que aventurarme a opinar sobre mi pareja. Por ejemplo: “Alternadamente, diga algo que considere positivo de su pareja, un total de cinco cosas” (pregunta 22), o también: “Dígale a su pareja qué le gusta de ella; sea muy honesto y diga cosas que quizá no le diría a alguien que acaba de conocer” (pregunta 28).

Buena parte de la investigación del Dr. Aron se centra en crear cercanía interpersonal. En particular, varios estudios investigan la forma en que incorporamos a los demás en nuestra sensación de nosotros mismos. Es fácil ver que las preguntas fomentan lo que se llama “autoexpansión”. Decir cosas como: “Me gusta tu voz, tu gusto en cervezas, la forma en que tus amigos parecen admirarte” hace que ciertas cualidades positivas que pertenecen a una persona sean valiosas explícitamente para la otra.

Es sorprendente, en verdad, escuchar lo que otros admiran en nosotros. No sé por qué no vamos por la vida halagando amablemente a todos los demás.

Terminamos a medianoche; nos tardamos mucho más de los 90 minutos del estudio original. Al mirar el bar alrededor de mí, sentí como si acabara de despertar. “No estuvo nada mal”, dije. “Definitivamente, menos incómodo de lo que sería contemplar al otro en los ojos”.

Él vaciló un poco pero preguntó: “¿Crees que deberíamos de hacer eso también?”.

“¿Aquí?”, pregunté recorriendo el bar con la mirada. Parecía demasiado raro, demasiado público.

“Podríamos ir al puente”, respondió, mirando por la ventana.

La noche era cálida y yo estaba bien despierta. Caminamos al punto más alto y después nos volvimos para estar frente a frente. Puse torpemente el cronómetro en mi teléfono.

“Muy bien”, dije, inhalando fuertemente.

“Muy bien”, contestó sonriendo.

He esquiado por laderas empinadas y he estado colgada de una roca con una cuerda corta. Pero contemplar a alguien en los ojos durante cuatro minutos en silencio es una de las experiencias más emocionantes y aterradoras de toda mi vida. Pasé los primeros dos minutos simplemente tratando de respirar debidamente. Hubo muchas sonrisas nerviosas hasta que finalmente nos acomodamos.

Ya sé que los ojos son la ventana del alma o de lo que sea, pero el verdadero meollo del momento no era solo que yo estuviera viendo a alguien, sino que estaba viendo a alguien que, a su vez, me estaba viendo a mí. Una vez que acepté el terror de este concepto y le di tiempo de que amainara, llegué a algo inesperado.

Me sentía valiente… y en un estado de asombro. Parte de ese asombro era por mi propia vulnerabilidad y otra parte era ese extraño asombro que nos invade cuando decimos una palabra una y otra vez hasta que pierde su significado y se vuelve lo que realmente es: un conjunto de sonidos.

Lo mismo sucede con el ojo, que no es ninguna ventana de nada, sino más bien un enjambre de células muy útiles. El sentimiento asociado con el ojo desapareció y yo quedé pasmada por su asombrosa realidad biológica: la naturaleza esférica del globo del ojo, la musculatura visible del iris y el liso y terso vidrio de la córnea. Era extraño y exquisito.

Cuando repicó el cronómetro me sentí sorprendida… y un poquitín aliviada. Pero también experimenté una sensación de pérdida. Ya estaba empezando a ver nuestra velada a través del surrealista y poco confiable lente retrospectivo.

Casi todos consideramos que el amor es algo que nos sucede. Caemos. Nos oprime.

Pero lo que me gusta de este estudio es que asume que el amor es una acción. Supone que lo que le interesa a mi pareja me interesa a mí porque tenemos al menos tres cosas en común, porque tenemos una relación estrecha con nuestra madre, y porque él me permitió mirarlo.

Me preguntaba qué saldría de nuestra interacción. Si no hay nada más, pensé que por lo menos daría para una buena historia. Pero ahora veo que la historia no gira en torno nuestro: gira en torno de lo que significa tomarse la molestia de conocer a alguien, que en realidad es una historia sobre lo que significa que el otro nos conozca.

Es verdad que no podemos elegir quién se enamora de nosotros —aunque pasé muchos años esperando lo contrario— y que no podemos generar sentimientos románticos basándonos exclusivamente en la conveniencia. La ciencia nos enseña que la biología es importante: las hormonas y feromonas hacen su trabajo tras bambalinas.

Pero, a pesar de todo esto, he llegado a pensar que el amor es algo más maleable de lo que pensamos. El estudio de Arthur Aron me enseñó que es posible, e incluso sencillo, generar confianza e intimidad, los sentimientos que necesita el amor para crecer.

Seguramente los lectores estarán preguntándose si él y yo nos enamoramos. Bueno, pues así fue. Aunque es difícil atribuirle el crédito exclusivamente al estudio (podría haber ocurrido de todos modos), este nos abrió el camino hacia una relación que se siente deliberada. Pasamos semanas en el espacio de intimidad que creamos esa noche, esperando a ver en qué podría convertirse.

El amor no nos sucedió. Nos enamoramos porque cada uno tomó la decisión de enamorarse.

Fuente: nytimes.com

¿Por qué en Japón los niños obedecen a sus padres y no suelen tener rabietas?

Japón es un país maravilloso. Todo el mundo admira la determinación de los japoneses, su temperamento reservado y el deseo de vivir en armonía con la naturaleza y con la gente. Y no es la lista completa de las peculiaridades de su carácter que podríamos asimilar. Nosotros respetamos profundamente a esa nación y queremos compartir contigo el enfoque japonés para educar a los hijos.

Lo primero que llama la atención en el país del sol naciente es que las generaciones se entienden de forma extraordinaria. Parece que los hijos jamás tienen rabietas. Una de las razones de tal armonía es una tradición del pasado que consiste en pasar tiempo de calidad con sus hijos.

Desde hace mucho tiempo, las madres combinaban la crianza de sus hijos con el trabajo. Con una tela, la mamá amarraba al bebé a su cuerpo y así siempre permanecían juntos. Al mismo tiempo, la mamá siempre narraba todo lo que hacía y hablaba con su hijo, lo cual le permitía sentirse involucrado en todos los procesos y desarrollarse constantemente. Antes era bastante común que los bebés primero empezaran a hablar y luego a caminar.

Hoy en día, vayan a donde vayan y hagan lo que hagan, las mamás japonesas siempre tienen a sus bebés con ellas usando mochilas portabebé.

Por lo general, la mamá se queda en casa hasta que el bebé cumpla 3 años, después de eso lo empiezan a llevar al kínder. También hay grupos para niños menores de 3 años pero esa opción no les parece tan buena a los japoneses, así como dejar al bebé con los abuelos es totalmente inaceptable.

Desde muy pequeño, al niño se le enseña a prestar atención a los sentimientos, tanto los suyos, como de las demás personas e, incluso, a los objetos. Si un bebé travieso rompe su juguete favorito, su mamá no tomará ninguna medida drástica, solamente le dirá: «Lo lastimaste».

No solo las mujeres se ocupan de los niños. También los hombres los cuidan con gusto. A los niños literalmente no les falta ni la atención ni los abrazos de sus padres. No se acostumbra levantar la voz, dar sermones ni mucho menos castigar físicamente. Los hijos, a su vez, por lo general sienten culpa y remordimiento si les causan a sus padres algunos inconvenientes.

Desde temprana edad se les enseña que deben respetar a los demás, que hay que ser amable con todo el mundo. Los japoneses muestran su inconformidad con la mirada y las entonaciones de la voz. Los hijos saben percibir cuando los padres no aprueban su conducta, e intentan corregir su comportamiento.

Para resumir, podemos decir que en Japón los niños reciben una gran cantidad de amor y cariño de sus padres, y también desde pequeños asimilan los principios de la sociedad. Por supuesto, este sistema de educación es distinto al de algunas familias de occidente, y a algunos incluso les puede parecer parodójico. Sin embargo, ha estado comprobado durante siglos y ayuda a educar cuidadanos disciplinados y respetuosos.

Fuente: logicaecologica.es

Razones para ser maestro

Un docente expone desde su propia convicción respuestas, dirigidas a quienes se preguntan  por qué ser maestro.

  • Soy maestro porque se me ha concedido el privilegio de construir mundos posibles y soñar con universos imposibles. Porque comparto el cambio para mejorar y a veces también hago que el cambio ocurra.
  • Soy maestro porque cada día aprendo el doble de lo que enseño. Porque es la única forma que existe de ganarlo todo sin perder nada. Soy maestro porque me siento como el alfarero tomando en mis manos mentes inocentes que al pasar por mis clases se convertirán, contando siempre con la ayuda de Dios, en preciosos elementos de la alfarería social.
  • Soy maestro porque tengo la oportunidad de compartir con seres humanos de verdad, con personas de carne y hueso; con gente que se equivoca, que tropieza y cae y se vuelve a levantar sin rendirse ni maldecir.
  • Soy maestro porque mis alumnos y alumnas, es decir, mi gente, me conceden el privilegio de contarme sus confidencias, de expresarme sus desalientos y manifestarme sus ilusiones. Soy maestro porque siéndolo ejercito un oficio desafiante, que es, al mismo tiempo muy fácil y también bastante difícil.
  • Es ingrata y a veces injusta mi profesión. Pero tiene algo especial, por encima de las injusticias y de las ingratitudes, me gusta ser maestro.
  • Soy maestro porque me fascina el instante mágico en que descubro unos ojos atentos, una mente abierta, un rostro optimista, una postura de entusiasmo: con ellos marcho por la senda del acuerdo y de los éxitos compartidos. Y también soy maestro porque me agrada el ceño arrugado del estudiante incrédulo, los ojos entrecerrados del que duda, la pregunta ingenua del confundido, la afirmación retadora del hombre crítico… esos gestos, esas acciones y sus dueños, me avisan que sigo siendo humano y que puedo equivocarme.
  • Vivo mi existencia intensamente siendo maestro y, pensándolo bien, no creo que haya una forma de vivir más intensamente la vida. Soy maestro porque tengo fe, esperanza y amor. Fe en un porvenir del cual se me ha permitido ser protagonista, porque tengo la esperanza de caminar algún día por un camino tan amplio en donde tú y yo podamos transitar sin tropezarnos y tan angosto que pueda sentir de cerca nuestros afectos y el calor humano. Y tengo el amor que cientos de personas me dan y me reciben mientras hago lo único que creo ser capaz de hacer bien: ser maestro de escuela.
  • Quiero, pues, expresar a todo el mundo que soy maestro porque los maestros somos constructores de paz, sembradores de sueños, forjadores del progreso, visionarios de mundos nuevos y mejores. Es por eso que, maestro soy, y por siempre lo seré.

 

Un maestro

 

Fuente: rpuig.wordpress.com

¿Premiar con regalos, dinero y comida?

¿Cómo se premia a los niños y niñas? ¿Qué consecuencias podrían tener las recompensas inadecuadas? ¿Cómo se expresa el amor en una familia? En realidad, se trata de un tema muy complejo  que, en la mayor parte de las unidades familiares, NO causa problemas: el problema viene cuando se merma la capacidad de trabajar sin gratificación inmediata, cuando puede afectar a la autoestima y a las relaciones afectivas entre quienes componen la familia o, cuando a la larga, podría dar lugar, incluso, a comportamientos destructivos.

  • Premiar con regalos o dinero.

A veces, lógicamente, ante grandes logros, podemos hacerles un regalo… lo importante en realidad es que sea proporcional y no consista en perseguir “zanahorias materiales” (bicicletas y ordenadores, en mi entorno) por defecto: si la motivación para sacar buenas notas es una bicicleta, o si la motivación para aprobar el acceso a una Universidad es dinero, ¿dónde queda la motivación intrínseca y el propio premio que constituye el hecho de lograr objetivos difíciles?

Más tarde, a lo largo de su vida adulta, no siempre tendrá recompensas materiales a la vista: esto dificulta mucho el emprendimiento de proyectos con una gratificación a largo o muy largo plazo, como puede ser una FP, una carrera universitaria o comenzar una carrera profesional desde abajo. Si bien es cierto que en cuestiones laborales, como es obvio, el incentivo sería el salario, muy a menudo, al principio de la vida profesional el sueldo puede llegar a ser calificado de “mísero” y, en consecuencia, la motivación extrínseca al principio será insuficiente. No nos parece bien ni normal pagar mal a los y las jóvenes, pero así es la vida: dadas las circunstancias, ligar la autoestima a acumular lujos materiales es más desesperante que otra cosa.

¿Qué pasa cuando las cosas salen mal y, encima de salir mal y no conseguir su objetivo (por ejemplo, sacar un 10), tampoco ha conseguido su regalo? Una doble pérdida: mal asunto. Sobreviene la frustración y los sentimientos de fracaso. No siempre las cosas salen como las familias quieren, o como los propios niños y niñas quisieran: a veces los exámenes salen mal por mucho que nos esforzamos, y una vez, y otra vez, y otra más, perdiendo “premios” a la vista y perdiendo un autoconcepto sano referido a habilidades intelectuales, ¿qué hacen? Convertir a esa persona en una persona con una autoestima bajísima y una autoimagen completamente deformada en lo referido a su valía y habilidades. Sabes bien que las notas del colegio o el salario de su primer año de trabajo NO definen a tu hija o hijo: si se entera él o ella, también, mejor 😉

¿Quieres regalarle un ordenador porque estás muy contenta de las notas de tu hijo en su primer año de carrera? Perfecto, pero la diana no es “sacar buenas notas para…”: sencillamente, es un regalo que le das porque quieres _(y no le avisas 3 meses antes…porque entonces no es regalar, es premio)

Desde luego, los regalos y el dinero no solucionan los conflictos familiares: de hecho, los agravarán seriamente. Si el dinero y los regalos han sustituido durante muchos años los cuidados emocionales, el apego y el contacto físico, las palabras de ánimo, el escuchar a las hijas e hijos, sentirá intuitivamente que sus necesidades emocionales y afectivas no están siendo cubiertas por su familia: más tarde o temprano, podría darse cuenta de con qué se está sustituyendo el “cariño gratuito” y, entonces, sí empezarán los problemas, la soledad, la desconfianza y la distancia.

 Premiar con comida

Esta práctica, ciertamente, sí se hace con mucho amor de por medio (rarísima vez se hace para sustituir el contacto físico y emocional o para quitarte al niño de en medio): de hecho, en nuestra sociedad, asociamos cocinar con el amor, y realmente el cuidado de la familia es amor… pero parece que, en ocasiones especiales, esa expresión de preocupación mutua y cuidados va mucho más allá de procurar el bienestar físico y la salud de nuestra pareja o descendencia.

Premiar con alimentos altamente palatables (normalmente, harina, azúcar y grasa) es una puerta de paso, nos guste o no, a una persona adulta que come emocionalmente para calmar su ansiedad, a relaciones poco sanas con la comida o, incluso, a otro tipo de adicciones que podrían calificarse de análogas: el hecho de encontrar confort en la comida cuando vengan los malos tiempos, asociándolo con la felicidad que sentía cuando su familia se enorguecía de él y le daba bollos rellenos de chocolate, no parece buena idea, ¿verdad? Obligar a niños y niñas a terminarse todo lo que hay en plato so pena de castigo o riña, tampoco es conveniente: altera, fisiológicamente, sus mecanismos de saciedad y, emocionalmente, resulta desorientador en la vida adulta. Además, no se suele premiar con alimentos saludables.

Además, este tipo de alimentos saben demasiado bien, lo cual puede provocar rechazo a la comida saludable que sí debe ocupar la mesa a diario.

Los alimentos de consumo ocasional deberían ser algo naturalizado como tal y no algo extraordinario asociado a experiencias y sentimientos extraordinarios: se consumen ocasionalmente, saben bien y no componen más del 5% de la alimentación.

El otro extremo, prohibir totalmente, daría lugar a algo parecido en la adolescencia y edad adulta, en muchos casos: la rebelión. El punto medio es la virtud: dar ejemplo y tomarse las cosas de forma natural, sin exagerar y haciendo que lo ocasional sea ocasional y sin mayor motivo de celebración de por medio.

 ¿Cómo premiar?

El amor se expresa… expresándolo 😀

  • Las tartas no son amor, la bici no es amor y el dinero no es amor: las tartas son tartas, las bicicletas son bicicletas (de hecho, sí que es una buena inversión en salud, más que un regalo), y el dinero es dinero.
  • El amor es escuchar, abrazar, respetar y cuidar de las necesidades de una personita pequeña. Eso no da lugar a adultos y adultas malcriadas y “mimadas”, con ese tono despectivo tan horrible (¿habrá algo mejor que los mimos, acaso?), sino a personas sanas, con una autoestima alta, asertividad, motivación intrínseca y valores morales firmes. Mimar y respetar no es “consentirlo todo”, aunque quieran hacernos creer eso: hay límites, cariño y, por parte del peque, autodisciplina y autonomía.

Halagos y mimos (contacto físico), un paseo, jugar juntos, una tarde con sus amigos/as, hacer una sesión de cine en casa con compis, o ir toda la familia a ver una película son excelentes ideas.

 

Fuente: escuela20.com

 

10 frases de Dante Alighieri sobre el amor, la valentía y la dignidad

En un día como hoy, en el año aproximado de 1265, nació el romántico, culto y activista Dante Alighieri, conocido sobre todo por la creación de su obra magna, La divina comedia.

De padres nobles florentinos, recibió una educación en su casa, se interesó profundamente por la poesía toscana y conoció la lengua vernácula italiana, el latín y la lengua provenzal en un momento donde la Provenza, Florencia y Sicilia eran pequeños estados separados. Dante también se interesó mucho por la cultura siciliana, y, por otro lado, fue un gran seguidor del poeta romano Virgilio.

Dante ha quedado también como el creador de la lengua vulgar italiana, es decir, el italiano, en un momento de finales de la Edad Media, en el cual ya se estaban cultivando las raíces del futuro “Humanismo”.

Con solo nueve años se enamoró a primera vista de la joven Beatriz, quien sería su musa al largo de toda su carrera literaria. Cuando ella murió, Dante se dedicó plenamente a los estudios filosóficos con escuelas como la de Santa María Novella; más tarde Beatriz sería el personaje que hace una crítica a esta excesiva pasión por la filosofía en la parte del Purgatorio. Del amor que experimentó con Beatriz, sin apenas nunca decirse nada, solo hola y adiós, salió la inspiración para crear la temática literaria por excelencia de la Edad Media, el amor cortés, que influenciaría la literatura posterior. Este concepto expresa un amor noble, caballeresco y sincero.

Dante ejerció también como político, intervino en las luchas sociales florentinas y, como persona que tenía un cargo público en aquel entonces, debía afiliarse a un gremio y, por consiguiente, decidió aprovechar sus estudios de medicina para ejercer en el gremio de los boticarios, donde no perdió la ocasión de vender sus libros de literatura. Más adelante fue nombrado embajador para llevar a cabo un tratado de paz por el conflicto de los Güelfos en Florencia, pero el papa Bonifacio VIII de Roma puso inconvenientes. Finalmente, acabó teniendo problemas con el emperador alemán, Enrique VII, por lo que fue duramente criticado por sus cartas violentas y fue exiliado por la suma de otras causas, sin poder nunca regresar a Florencia. Varios personajes que le ayudaron en esta época de exilio aparecen  la Divina Comedia como agradecimiento.

Dante ha sido siempre fuente de inspiración y aún sigue con nosotros: numerosos artistas de todos los tiempos crearon ilustraciones sobre Dante y sus obras entre los que destacan Botticelli, Gustave Doré, Salvador Dalí, Miguel Ángel, el inglés William Blake, el italiano Gioacchino Antonio Rossini y el alemán Robert Schumann.

Veamos ahora frases de su gran obra y su poesía, llenas de sabiduría y amor:

“Hay un secreto para vivir feliz con la persona amada: no pretender modificarla”.

“Quien sabe de dolor, todo lo sabe”.

“Solo aquellas cosas se han de temer que detentan poder de daño a otro; de las otras no, que no son temibles”.

“Y ella a mi: No hay mayor dolor, que, en la miseria recordar el feliz tiempo, y eso tu Doctor lo sabe”.

“¡…no menos que saber, dudar me agrada!”

“Es oportuno que abandones ahora la pereza, dijo el maestro, porque sentado en plumas a la fama no se llega, ni en descansado lecho”.

“Considerad vuestra simiente: hechos no fuisteis para vivir como brutos, sino para perseguir virtud y conocimiento”.

“Libertad va buscando, que le es tan cara, como lo sabe quien la vida por ella deja”.

“Vuestra fama es como la flor, que tan pronto brota, muere, y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la tierra ingrata”.

“¡Oh gente humana, para volar nacida! ¿Por qué al menor soplo caes vencida?”

“El alma para amar ha sido creada, mas se complace en cosas pasajeras, cuando por los placeres es llamada”.

Fuente: muhimu.es