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Entender a tu hijo adolescente no es imposible (si sabes cómo hacerlo)

Ni es una mala época, ni tenemos que prepararnos para nada, ni entramos en un calvario, ni hay que asistir a un curso específico… Simplemente, nuestro niño crece y ahí debemos seguir estando nosotros, como padres, para acompañarlo en esta nueva etapa de su vida. Aunque a veces lo parezca, entender a tu hijo adolescente no es imposible, aunque debes conocer las siguientes claves para que resulte un poco más sencillo.

Cuando un niño llega a la adolescencia

Lo primero a tener en cuenta es, que TODOS hemos pasado por ahí, y ahora, le toca a nuestro hijo. Lo segundo es que afortunadamente ACABA, es decir, tiene un principio y un fin. Estas dos ideas son motivo para, a partir de ahora, sentir algo más de tranquilidad como para sonreír.

La adolescencia es una época que dura desde los 12 años hasta los 17-18 años, más o menos. Cierto es que el mayor cambio se produce de los 13 a los 15 años. Y que a partir de los 16, el tema se empieza a llevar mejor, puesto que empiezan a disminuir los cambios físicos y emocionales de nuestro hijo facilitando un poco su trato y acompañamiento.

La función principal de nosotros, los padres, es darle herramientas suficientes a nuestros hijos, en este desarrollo de sus vidas, para que cuando tengan 20 años echen a volar. En ese momento, como padres, tendremos otro aprendizaje: aprender a dejarlos volar, pero ese será otro momento…

Volviendo a la adolescencia, hay varias cuestiones a tener en cuenta:

– Somos sus padres, así que, el amor incondicional por ellos siempre va a prevalecer, hagan lo que hagan. Efectivamente, habrá consecuencias cuando su comportamiento no sea el más adecuado.

– Somos sus padres, así que para ellos, como hijos adolescente que se están autodescubriendo, somos los que les estamos amargando sus vidas. Por aquello de recordarles los limites y ponerles normas a cumplir.

– Y por último, somos sus padres, no sus amigos.

Así que, se trata de hacer una buena combinación de estas tres ideas, para llevarnos bien en este ciclo evolutivo que supone la adolescencia.

Juego para entender a tu hijo adolescente

Para empezar a entender a tu hijo adolescente, te propongo un juego de empatía que te ayudará a comprender por qué tiene dichos comportamientos. Te sugiero que trates de ponerte en su piel y pensar como te sentirías tú si te ocurriera todo esto, a la vez:

– Estás teniendo cambios físicos, importantes, en tu cuerpo.

– Te sientes inestable emocionalmente.

– Dudas de ti.

– No te sientes seguro/a en las relaciones personales.

– No sabes quién eres.

– Te opones a cumplir las normas.

– Crees que nadie te puede comprender…

A ellos, todo esto, les provoca comportamiento distantes, irritantes, egoístas, desafiantes, deprimidos… y todo lo que quieras añadir. Pero, ¿cómo te sentirías tú? ¿Te atreves a expresarlo?

6 consejos para lidiar con un adolescente

Así que para lograr una convivencia tranquila y armonía en casa, debes tener en cuenta y aprender a:

1. Ármate de paciencia
Puede resultarte muy útil asistir a a clases de yoga, aprender a meditar o controlar el Mindfulness.

2. Procura estar disponible para tu hijo
Intenta que, siempre que te necesite, estés ahí para tu hijo (aunque él no lo esté nunca para ti). Saca siempre tu mejor lado, tu mejor sonrisa y tu predisposición.

3. Aprende a negociar
Los adolescentes saben negociar muy bien, y es probable que en esta época os pongan a prueba con sus negociaciones continuamente, para TODO.

4. Deja que tu hijo aprenda a equivocarse
Deja que elija, decida y por supuesto, se equivoque. Ten en cuenta que no siempre le podemos sacar las castañas del fuego y, además, es su vida y, por tanto tiene que aprender.

5. Respeta su privacidad
Respeta su “cueva”, su intimidad y déjalo en su aislamiento. Lo sé, siempre están encerrados en su habitación, pero hay que aprender a respetarlo, no hay otra.

6. Dile y demuéstrale que le quieres
Y por supuesto, no olvides mostrarle siempre tu interés y amor que sientes por él. Te lo rechazará, pero si tú le rechazas, tu hijo pensará que no te importa.

Es un gran momento para descubrir a tu hijo adolescente, acompañarle y para conocer una nueva versión de nosotros mismos. ¡Ánimo!

Fuente: guiainfantil.com

Lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes

Se dicen tantas y tantas cosas alrededor de la adolescencia, que pocos padres esperan con entusiasmo y optimismo esta etapa de desarrollo. La mayoría se sienten un poco asustados al pensar en lo que les espera cuando sus hijos crezcan… Es por eso que hemos querido describirles algunas de las cosas difíciles que podrán enfrentar con sus hijos en este periodo, pero también las divertidas y emocionantes, que no son pocas, para que esta vez el balance sea más justo. Esto es lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes.

Analizamos lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes, ¡apunta!

1. Sus opiniones y el pensamiento crítico

– Lo difícil
Dejan de creer en todo lo que les dices. A partir de los 9 años, momento en el que nuestros hijos se acercan a esta etapa, se vuelven más críticos y cuestionan mucho más el por qué de ciertos temas. Antes, nuestras explicaciones bastaban para convencerlos de cualquier cosa, pero ahora, las cosas han cambiado.

– Lo divertido
Es increíble ver como gradualmente desarrollan un pensamiento más crítico y empiezan a hacer preguntas sobre aspectos que antes les pasaban de largo. Si logras observar este fenómeno desde la perspectiva correcta, podrás disfrutarlo más que sufrirlo. Podrás sostener con ellos pláticas nuevas y hasta bromear sobre temas más adultos a medida que crecen, lo cual es una experiencia muy enriquecedora que además puede acercarte a ellos.

2. Su apariencia personal

– Lo difícil
Empieza a haber confrontaciones en temas de apariencia personal. El peinado y la ropa pueden ser motivo de discusiones. Puede ser que el estilo que tu hijo prefiere no sea lo que tu escogerías, sin embargo, es el que a él le gusta y eso es suficientemente importante para hacer un esfuerzo y en la medida de lo posible negociar y tener mente abierta para dejarle experimentar.

– Lo divertido
Si te muestras abierto y cooperador sin hacer juicios todo el tiempo, puede ser que corras con el beneficio de que pida tu opinión sobre qué usar para la fiesta del sábado o qué llevar a un concierto y hasta volverte un poco su cómplice. Aquí es cuando padres e hijos pueden hacer distintas actividades juntos: ir juntos al salón de belleza, asesorar a sus hijos sobre el afeitado… Esos momentos pueden llegar a ser tan emocionantes como cuando los viste caminar por primera vez.

3. La relación con los padres

– Lo difícil
Antes eran felices de perseguirte hasta cuando estabas en el baño para platicar contigo y tenerte cerca. Las comidas familiares les hacían ilusión y no imaginaban un plan mejor que estar junto a papá y mamá el fin de semana no importaba dónde. Ahora no parecen tan entusiastas con esos planes, de hecho, casi tienen todo su tiempo ocupado en salidas con sus amigos, quienes parecen ser el centro de su mundo.

– Lo divertido
Si tienes claro que esto es perfectamente normal y no tiene que ver con que te quieran menos; puedes empezar a disfrutar de un tiempo para ti, salir al cine, leer un buen libro, tomar un café, inscribirte en esa clase de yoga que hace tanto se te antoja, etc.

4. Sus intereses

– Lo difícil
Puede ser que en esta época brinquen de un interés a otro con una velocidad increíble, arrastrándote a ti con ellos; que algo que les parecía fascinante en poco tiempo pierda atractivo, dando lugar a algo nuevo y te cueste un poco seguir el ritmo inscribiéndolos en actividades distintas, llevándolos a partidos, torneos, exposiciones, campamentos, etc.

– Lo divertido
Si pones atención, serás capaz de disfrutar y ser testigo del momento en que descubran aquellas cosas que verdaderamente les harán felices y que serán determinantes en su vida futura (y disfrutar con ellos el proceso).

5. Su autonomía

– Lo difícil
Pronto aprenderán a ser autosuficientes, aprenderán a conducir un auto, a tomar sus propias decisiones (que no siempre te gustarán, por cierto) y poco a poco necesitarán menos tu ayuda, lo cual puede ser agridulce.

– Lo divertido
No importa que tanto crezcan y que tanto dejen de depender de tu ayuda, siempre necesitarán sentirte cerca. Tú, tendrás mientras tanto el enorme regalo y la gran satisfacción de verlos gradualmente convertirse en adultos y ocupar su lugar en el mundo mientras sigues estando ahí para ellos.

Fuente: guiainfantil.com

Mis hijos adolescentes se han vuelto extraños para mí. ¿Cómo puedo acercarme a ellos?

“El que ama como el poeta, es una amenaza al sistema de producción en serie”. Rollo May, Amor y voluntad.

A medida que crecemos, vamos incorporando rostros y vivencias en la alacena afectiva de nuestra psiquis. Cada una de las personas que se incorpora a nuestra vida, nos deja un legado de vivencias compartidas, algunas coloridas y otras en tonos de grises. A lo largo de los años, habrá rostros con nombre de heridas y otros los pronunciaremos con solemnidad como rezos en el camino.

Al llegar la adolescencia, buscamos cada vez más descubrir quiénes somos, cuál es nuestro lugar en el mundo y hacia dónde vamos. Se inicia así una búsqueda personal que nos lleva a adquirir nuestra identidad y autonomía. A pesar de sentirnos vulnerables, intentamos alcanzar la otra orilla por nuestra propia cuenta, puesto que no queremos depender de nadie. Aunque nos muramos por dentro de inseguridad, rechazamos todo intento de rescate.

Creo que puedes darte cuenta que tu hijo está pasando por esa etapa donde parece ser un desconocido para ti cuando la conexión que tenían no es la misma que antes. Hay días en los que te pide ayuda y otros en los que sencillamente te ignora. Entiendo que sientas que vives con un extraño – ese no es mi hijo te dices angustiada.

Reedúcate para darle cabida a la comprensión

Los regaños deberán quedar en el ático, para darle cabida a la comprensión y la escucha. No digo que no marques límites o pongas un alto a ciertas conductas. Sólo te pido que antes de remarcarle las fallas le enseñes a pensar en el resultado de sus acciones. Quizás tienes gestos hermosos con él, pero le dices cosas terribles que quedan registradas en su mente anulando su estima.

Si gritas, él buscará la forma de evitarte, ¿por qué?, pues las investigaciones en psicología cognitiva sostienen que toda experiencia dolorosa queda registrada automáticamente en la memoria. No hay filtro que les impida el paso, ellas van a encenderse como carteles luminosos: “Te metiste en un embrollo, ahora vas a oír los gritos de tu madre”. No basta con que le lleves quince minutos después una porción de helado a su dormitorio. No compres su amor, sólo obtendrás que aprenda a manipularte. Un hijo manipulador nunca ama a nadie, excepto a sí mismo. Lo mejor que puedes hacer, es confesarte. Entra al cuarto con el helado y dile que sientes haber perdido los estribos, que no sabes bien cómo acercarte a él, que solo deseas que no sufra por los errores.

Disciplínate para no criticarlo

Aunque te desesperen sus modas o gustos, no lo critiques. Trata de entender por qué viste de esa forma o escucha determinada música. Interésate en sus preferencias literarias y televisivas. No tomes como un ataque personal sus cambios y modas, recuerda que son parte de su crecimiento emocional e independencia. Hazle saber que a pesar de no entender algunas de sus cosas, tu amor fluye. Dile que él es el texto central del contrato de vida que firmaste en el momento que te supiste que estabas embarazada.

Evita las confrontaciones

Aprende a negociar con tu hijo, antes de iniciar una batalla de actos rebeldes de su parte. Promueve que él mismo elija las consecuencias de sus actos: “¿no hiciste las tareas en la casa?, bien: elige un fin de semana sin internet o un NO a la ida del centro comercial con tus amigos”. Recuérdale también que hay situaciones no negociables, como su higiene, sus principios, sus estudios.

Ámalo como ama un poeta

Retomo la cita de Rollo May: recuerda que muchas veces la rebeldía es un ruego de atención, amor y presencia. Antes de preocuparte por las vacaciones de verano, planea caminar por el interior de tu hijo, dialoga, ríe con él y siéntate a su lado en silencio. El poder del tacto, el oído y la pausa son realmente mágicos.

Permite que comparta sus emociones contigo, no dejes que un amigo virtual reemplace tu abrazo cuando él se sienta triste. El poder de un abrazo es más fuerte y duradero que un capricho nuevo. Te aseguro que a medida que logres hacer cambios en el modo de relacionarte con tu hijo, descubrirás que él ha vuelto a tu vida.

Fuente: familias.com

Madres adolescentes: con mayor probabilidad de un mal cardiovascular

Muchas investigaciones se han dedicado a estudiar las enfermedades cardiovasculares ligadas a la edad, pero relativamente pocas, han observado las asociaciones y respuestas que existen entre la edad y el primer parto.

En especial, se conoce de los riesgos que las madres adolescentes tienen con un embarazo joven, y lo que esto implica también para sus hijos, pero no se había estudiado el riesgo contenido en relación con las afecciones cardiovasculares.

Por ello, un grupo de investigadores de la Medical School University Hospital en Tirana (Albania); del Laboratorio Multilab y Alvaro Laboratorios (Natal, Brasil); del Hospital Universitario Caldas (Manizales, Colombia); del Kingston General Hospital (Kingston, Ontario, Canadá); y del Hospital Honoré Mercier (Quebec, Canadá) se dio a la tarea de reunir datos de madres tempranas.

Esta investigación que involucró a las entidades mencionadas fue publicada en el Journal of the American Heart Association, revelando que las mujeres que han tendido su primer hijo antes de los 20 años, tienen mayor probabilidad de desarrollar, con los años, algún tipo de enfermedad cardiaca o vascular, esto comparadas con las que tienen hijos a mayor edad.

El estudio

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en el mundo hay unos 16 millones de nacimientos al año de embarazadas entre los 15 y 19 años, y alrededor de un millón de esos partos son de niñas menores de 15 años.

Este trabajo que hasta ahora revela sus resultados, empezó en 2012 con 1.047 mujeres, de entre 65 y 74 años, de Canadá, Albania, Colombia y Brasil, a las que se les calculó su perfil de riesgo cardiovascular, teniendo en cuenta la edad en la que fueron madres por primera vez, su condición socioeconómica y si han presentado algún problema de tipo cardiaco o vascular.

Así, se compararon mujeres cuyos embarazos se dieron antes de los 20 años con aquellas que los tuvieron entre los 20 y 24; de 25 a 29 y más de 30 años, y también con mujeres nulíparas (que nunca han tenido hijos).

De tal forma, el estudio halló que de los grupos afiliados a la investigación, el que menos riesgo tiene de desarrollar alguna afección cardiovascular es el de quienes fueron madres entre los 25 y 29 años, las mujeres menores de 20 años tenían una media de riesgo con un 5,8 puntos, y las mujeres sin hijos tenían un porcentaje a la baja de probabilidades de afecciones de este tipo.

Igualmente, se encontró que la aparición de la enfermedad cardiovascular puede ir ligada al estrés que despierta en las jóvenes gestantes su condición, la incertidumbre del futuro y el compromiso de la maternidad temprana.

Catherine Pirkle, una de las autoras del estudio, dice que algo muy importante del trabajo es invitar a las mujeres, quienes tuvieron su primer hijo antes de los 20 años, para que mantengan alerta de cualquier síntoma relacionado con una afección cardiovascular, a revaluar sus hábitos de vida y alimenticios, y a mirar la posibilidad de realizar una actividad física de manera cotidiana.

Mayor prevención del embarazo adolescente

De igual forma, los autores de este estudio hacen un llamado a los sistemas de salud y a los gobiernos para que se incentiven los programas de promoción y educación sexual, y se facilite el acceso a métodos de planificación, buscando que las jóvenes, al inicio de su vida sexual, tengan conocimiento de la posibilidad que tienen de un embarazo prematuro, y de lo que esto implica para su desarrollo personal, profesional y para la salud misma.

Fuente: abcdelbebe.com

El ‘insonmio tecnológico’ afecta cada vez más a niños y jóvenes

Niños irritables, con problemas en el colegio, cefaleas, con dificultades para seguir instrucciones, que se quejan de estar cansados o que les cuesta quedarse dormidosson cada vez más comunes en las consultas de los especialistas pediátricos.

La causa, coinciden los médicos, suele ser siempre la misma: las pantallas a las que se exponen antes de dormir.
“Hay muchísimos casos en el último tiempo. La gran mayoría de los pacientes que consultan por trastornos de desarrollo o trastornos escolares no se dan cuenta de que la causa es la exposición a las pantallas”, dice la doctora Marcela Paredes, neuróloga infantil de la Clínica Santa María.

A su consulta llegan desde preescolares hasta adolescentes con este problema. “Hay niños chicos que están todo el día expuestos a las pantallas, de la tableta, del celular.Los papás los hacen comer o dormir mirando el celular, en plena ignorancia (de los problemas que esto trae)”.

El aumento de niños con problemas por la exposición nocturna a las pantallas es un problema global: en España, el hospital Vitas Nisa Rey Don Jaime admitió al diario ‘El Mundo’ que las consultas infantiles han aumentado en un 22 por ciento en los últimos cinco años, debido al “insomnio tecnológico”.

Dormir fragmentado

“No solo se duerme menos debido a las pantallas, también hay más despertares en la noche, algunos son imperceptibles, pero generan un sueño más liviano. Todo esto cambia la arquitectura del sueño. Y el sueño REM, que es cuando se sueña, en el que creamos memorias, se da de manera superficial”, advierte el doctor Pablo Brockmann, somnólogo del Centro del Sueño de la Red de Salud UC Christus. Y agrega: “Las pantallas son uno de los principales factores que afectan el sueño de las nuevas generaciones”.

Con él coincide la doctora Viviana Venegas, neuróloga infantil de la Clínica Alemana:“No es solo que duerman mal o que les cueste dormir, también tiene impacto al día siguiente en el funcionamiento cognitivo del niño, las capacidades de rendir en el colegio, el humor y otros problemas. Muchas cosas pasan durante el sueño: se regulan las hormonas –por ejemplo, las que se relacionan con el desarrollo corporal–, se resetea el cerebro, se consolida la memoria, se prepara para lograr mayores aprendizajes, también se relaciona con el metabolismo de la glucosa… es muy relevante para la salud general del niño”.

Hipertensión arterial y obesidad también están relacionados con un mal dormir, dicen los especialistas. “Las luces de cualquier pantalla tienen la misma intencionalidad lumínica que el día. Al recibir estímulo de luz día, el cerebro hace algunas cosas, y en la oscuridad tiene otras funciones. Entonces, cuando mantienes un estímulo lumínico, el cerebro no sabe qué hacer y se altera una serie de funciones, y eso se traduce en manifestaciones de disfunciones de la regulación metabólica y endrocrinológica”, dice la doctora Paredes.

Por eso se recomienda no exponerse a las pantallas al menos una hora antes de irse a dormir.

El doctor Brockmann reconoce que es difícil limitar el uso de pantallas, sobre todo entre los adolescentes. Por eso recuerda que algunos teléfonos, como el iPhone, tienen un modo para que la luz se vuelva más cálida y evite interferir tanto en la calidad del sueño.

Buscando otra solución, Google mostró hace una semana –en su conferencia para desarrolladores– una nueva función para celulares (llamada Wind Down Mode, que funcionará en el próximo sistema operativo Android), que detecta hábitos de sueño y cambia la pantalla a blanco y negro cuando se acerca la hora de dormir.

Sin embargo, tampoco hay que olvidar el papel de los padres, hace hincapié la doctora Venegas. “Es una labor educativa que hay que trabajar, no se puede tomar a la ligera. El rol de los padres en el uso adecuado de las tecnologías cobra real importancia en este”.

Medidas efectivas en casa

Para ayudar a que los niños tengan una relación saludable con la tecnología, la Asociación Americana de Pediatría recomienda poner límites de horarios en los que se pueda estar “conectado”. Además, recuerda que el tiempo ‘online’ no tiene por qué ser un tiempo en solitario. “Juega e interactúa con tus hijos cuando usen pantallas. (…). No tes limites a monitorear lo que hacen”, se lee en el sitio web.

Crear espacios y momentos sin tecnologías es otra clave: comidas, reuniones familiares, así como las habitaciones infantiles deben estar libres de pantallas.

También es buena idea apagar el televisor cuando nadie lo esté viendo, así como cargar los dispositivos electrónicos de noche y fuera del cuarto del hijo, para evitar que se sienta tentado a usarlo.

“No use la tecnología como un chupeta emocional. Los dispositivos electrónicos pueden ser muy efectivos en calmar y tranquilizar a los niños, pero no debe ser la única forma que aprendan a tranquilizarse. Los niños deben aprenden a reconocer y manejar sus emociones”, recomendó la Asociación Americana de Pediatría.

Fuente: abcdelbebe.com

Los porqués del adolescente

MAYTE RIUS, Barcelona
¿Por qué quieren dormir hasta tarde?

Una queja frecuente de los padres sobre sus hijos adolescentes es que siempre les parece pronto para acostarse y pronto para levantarse. “Se queda despierto hasta las tantas y por la mañana no hay quien le levante”, se lamentan. Núria Curell, pediatra y responsable de la unidad de adolescentes de USP Dexeus, explica que el reloj del sueño se retrasa en la adolescencia. Hay estudios que prueban que la melatonina, la hormona que induce el sueño, se segrega cada vez más tarde a partir de la pubertad y por eso muchos jóvenes tienen problemas para conciliar el sueño si se van pronto a la cama.

También influyen factores medioambientales. Es frecuente que los adolescentes pasen muchas horas ante el ordenador y las videoconsolas, con luz artificial, y eso disminuye la cantidad de melatonina segregada, así que no sienten la necesidad de ir a dormir.

¿Por qué comen de forma impulsiva o a deshoras?

“Puede tomarse un paquete entero de galletas sin pestañear”. “Se acaba la caja de cereales en dos meriendas”. “No puede pasar por la cocina sin abrir la despensa o la nevera en busca de algo para picotear, aunque acabemos de comer”. “Come más que su padre”. “Se bebe dos litros de refresco de una sentada”. Estas frases dan muestra de algunos de los anárquicos y con frecuencia impulsivos hábitos alimentarios que caracterizan a muchos adolescentes. El apetito desmesurado y la ingesta de alimentos de preparación sencilla, consumo fácil y saciedad inmediata es un rasgo muy típico de esta etapa. La doctora Curell explica que en la adolescencia se realiza aproximadamente el 25% del crecimiento total –con estirones de 8-12 centímetros al año en la etapa puberal– y se gana el 40% o 50% del peso definitivo.

También es frecuente que los adolescentes estén faltos de hierro debido al aumento de su masa muscular y de su volumen sanguíneo, por lo que necesitan tomar alimentos ricos en este micromineral (verduras verdes, carne magra, frutos secos…) para evitar problemas de cansancio, de bajo rendimiento escolar o mareos, más frecuentes en las chicas debido a la menstruación pero que también afectan a los varones.

Además están más expuestos a modas alimenticias pasajeras, suelen saltarse algunas comidas (muchos el desayuno, porque se levantan dormidos y con la hora justa para ir al instituto) y desarrollan hábitos alimenticios irregulares, ya que comienzan a salir más con amigos y comen snacks, fast food y refrescos con mayor frecuencia. Y como también empiezan a quedarse solos en casa, eligen comidas de preparación sencilla y consumo fácil, como hamburguesas o bocadillos, y abusan de chuches y precocinados, perjudiciales por su alto contenido en colorantes y aditivos.

¿Por qué son destartalados?

“Uno diría que hasta le cuesta andar”; “está muy torpe, se le caen las cosas de las manos”. La transformación física que viven los adolescentes es tremenda: crecen mucho (y no siempre de forma armónica), a las chicas les crecen las mamas, ellos se vuelven peludos, se ensanchan las caderas, la cara se llena de granos… “Son muchos cambios y muy rápidos; crecen a estirones, primero las piernas y al cabo de un tiempo el tronco, y no es fácil acostumbrarse al nuevo tamaño ni la nueva fuerza; es como cuando cambias de coche, de ordenador o de cubiertos, que no los manejas igual, que los movimientos han de ser controlados y reajustados por las neuronas y se necesita un periodo de adaptación”, justifica Manuel J. Castillo, catedrático de Fisiología Médica en la Universidad de Granada.

¿Por qué pasan tantas horas en el baño o ante el espejo?

Además de acostumbrarse a su nuevo aspecto físico, el adolescente necesita aceptarlo, asumir su nueva talla, su nuevo peso, sus nuevas facciones. Y en esa opinión pesa mucho la aceptación y valoración que recibe de sus amigos y las parejas potenciales. “El niño se valora por reflejo de quienes le quieren, se mira en el espejo de los padres y de los profesores, que son un entorno poco crítico; en cambio, el adolescente se mira en el espejo de sus compañeros y compañeras, que le pueden ver con aprecio o sin él, así que le importa mucho su aspecto y se esfuerza por cuidarlo para ser aceptado y admirado”, explica Castillo. Y añade que, para conseguirlo, pone en marcha un proceso de ensayo y error sobre su peinado, su ropa, su forma de moverse, su agilidad, su musculatura… que a menudo se traduce en horas de pose ante el espejo.

¿Por qué se aíslan en su habitación?

“Se pasa el día encerrado en su cuarto, en su mundo, y no quiere saber nada del resto”. “Se pone los cascos con su música y olvídate de que existe”. El aislamiento del resto de la familia es uno de los rasgos comunes de los adolescentes. “El día que encuentras la puerta de la habitación de tu hijo cerrada es que ha entrado en la adolescencia”, indica la psicóloga Susana Cañamares. Los pediatras Gloria Cabezuelo y Pedro Frontera, autores de El desarrollo psicomotor. Desde la infancia hasta la adolescencia (Narcea Ediciones), explican que “hay un periodo de introspección y timidez, sobre todo en la adolescencia temprana y media, en el que se ensimisman, pasan horas en su cuarto y reflexionan sobre sus cambios y experiencias para conocerse mejor; y pueden resultar hoscos e insociables si creen que los padres se meten en sus cosas”.

¿Por qué dan golpes y portazos?

“El adolescente tiene una gran energía vital, y la manifiesta dando saltos y portazos, gritando, bailando con la música a toda pastilla o haciendo deporte hasta la extenuación; siempre tiene prisa, horarios anárquicos, come rápidamente y se levanta antes de que los demás acaben porque ha quedado o tiene cosas que hacer…”. La descripción de los doctores Cabezuelo y Frontera resume bastante la experiencia de muchos padres de adolescentes, que con frecuencia se quejan de una convivencia “imposible”. El psicólogo y psicoanalista Mario Izcovich asegura que esta rebeldía, este negativismo hacia todo lo que tenga relación con los padres –sea ordenar la habitación, ducharse o hacer las tareas escolares–, es una forma de decir “aquí estoy yo”, porque construyen su personalidad por oposición y negación del otro.

Manuel J. Castillo cree que también hay causas físicas en este gritar y tratar de imponerse a los padres: “Se sienten grandes, más fuertes y con más argumentos, y su cerebro es más impulsivo, quieren conseguir lo que desean a cualquier precio y tienen menos desarrollado el freno a las respuestas inapropiadas”.

¿Por qué son tan impulsivos e impacientes?

El catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada vincula la impulsividad de los adolescentes con sus alteraciones hormonales, que les hacen más arriesgados, con menor capacidad para prever las consecuencias de sus acciones. Explica que los mayores niveles de testosterona y estrógenos favorecen la liberación de dopamina, un neurotransmisor implicado en la pulsión por la recompensa que provoca que el adolescente se decante por la ganancia inmediata y no esté dispuesto a esperar para conseguir lo que desea aunque esperando que la recompensa fuera mayor. “A esa edad, lo que quieren lo quieren ahora mismo, y luchan por ello, por eso discuten tanto con los padres”, comenta Castillo. Y añade que en las resonancias se observa que las áreas cerebrales que modulan los impulsos y permiten no hacer lo que apetece en cada momento en los adolescentes se activan más si hay recompensa. “Tú le dices a un chico de 14 años ‘ordena tu cuarto’ y no se activan las áreas cerebrales para hacerlo, así que no lo hace porque se le olvida; en cambio, si le dices ‘si ordenas tu cuarto puede venir tu amigo a casa’, como hay recompensa no se le olvida y lo hace”, ejemplifica.

¿Por qué tienen tantos altibajos?

Los altibajos emocionales y las contradicciones son otro de los rasgos que observan los padres. Gloria Cabezuelo y Pedro Frontera aseguran que son el precio que pagan los adolescentes para edificar su propia personalidad diferenciada y convertirse en adultos: “Buscan su propia identidad personal, sexual y hasta moral, y en ese proceso indagador, como aún no tienen una estructura psíquica estable, son muy vulnerables y muy sensibles a influencias y acontecimientos externos, que pueden herirles si son desfavorables”.

El psicólogo y psicoanalista Mario Izcovich vincula estos cambios de humor con el duelo que hace el adolescente por la pérdida de su infancia: “La adolescencia es el proceso para pasar de niño a adulto; el mundo del adulto atrae, resulta interesante, y por eso piden ser tratados como mayores; pero también tienen momentos de reivindicación infantil en los que echan de menos su infancia, su cuerpo de niños, sus juegos o su relación con los padres, y hacerse adultos les da miedo o les incomoda; de ahí sus contradicciones”.

Susana Cañamares asegura que estos altibajos tienen que ver con que el cerebro no madura de forma armónica ni al unísono. “Primero se desarrolla el sistema límbico, que es el que tiene que ver con las emociones, y después la corteza prefrontal, responsable del funcionamiento ejecutivo, el control, la autorregulación y la toma de decisiones; ese desequilibrio provoca que en los primeros años de la adolescencia los chavales tengan una emotividad muy alta, que vivan los problemas con mucha intensidad y tengan muy desarrollada la búsqueda de sensaciones, y que sean poco capaces de controlarlas o de planificarse y a veces incurran en conductas de riesgo”, explica.

¿Por qué cuestionan todo?

“¿Quién decidió que no se puede silbar en la mesa? ¿Y qué hay de malo en poner los codos?”. Un día son los modales en las comidas y otro las decisiones políticas. La cosa es cuestionar. “Los adolescentes lo cuestionan todo porque en esa etapa se desarrolla su pensamiento abstracto y eso les da mucha más habilidad para argumentar y para pensar simbólicamente, y tienen una expresión verbal perfeccionada, así que se ven con argumentos para todo”, explica Susana Cañamares. Cabezuelo y Frontera subrayan que “la intensa activación cerebral hormonal hace que muchos adolescentes experimenten un aumento espectacular de su capacidad de aprendizaje, de crear, de tener ideas brillantes; pero su capacidad intelectual está muy influenciada por sus emociones, para bien y para mal, y sólo les interesa lo que les motiva o les gusta”.

¿Por qué influyen tanto sus amigos?

Mario Izcovich explica que la adolescencia es el proceso por el que los hijos abandonan el grupo familiar, ese núcleo de protección y cuidado, para salir a la sociedad, para situarse en el mundo, y en ese trayecto la pandilla de amigos supone una transición, una especie de colchón para atenuar el miedo que provoca el mundo exterior. “Los cambios que viven, el hacerse mayores, les provoca temor e incertidumbre sobre su identidad, y por eso identificarse con un grupo, experimentar con iguales, hace que se sientan acompañados en el proceso de ganar autonomía”, dice.

Manuel J. Castillo opina que la influencia que ejercen los amigos tiene que ver con que deja de percibirse sólo por cómo se ve él o quienes le quieren y se mira en el espejo de sus compañeros, y pasa a ser muy importante ser socialmente aceptado, apreciado y admirado por el grupo. “Lo que más motiva al adolescente, lo que más disfruta, es estar con los amigos, y la valoración de estos le influye mucho, así que busca su aprobación, que es su principal recompensa y estímulo, y uno de los factores que favorecen la liberación de dopamina, el neurotrans­misor que eleva la pulsión por la recompensa, la búsqueda de novedades, y el comportamiento consumatorio: quiero algo, voy a por ello, lo tengo y lo agoto, se den o no las circunstancias para ello”, resume.

Fuente: La Vanguardia

Una nueva adicción entre los adolescentes: entérate y protege a tu hijo

Hay una nueva adicción entre los adolescentes. La manera de vencerla está en los padres, más que en los jóvenes. No dejes que se hunda tu hijo. Lee y actúa a tiempo.

Marta Martínez Aguirre

Gastón tiene trece años y no se siente feliz, en sus propias palabras: “Este mundo es una porquería y nada me hace feliz”. Se pasa horas dándole vueltas a cualquier problema por pequeño que sea. Ha perdido el sentido del humor, vive amargado y se enoja por todo. Es muy autoexigente todo el tiempo.

Si falla en algo no se lo perdona y cada frustración es una fuente de estrés inagotable. Ante cualquier problema se paraliza. No tiene fuerzas para ponerse a estudiar. Vive desesperanzado, nada lo satisface y no tiene metas de ningún tipo. Vive en una tensión constante y con múltiples contracturas musculares.

Tiene una baja tolerancia a la frustración y, si algo lo frustra, se siente triste todo el día. Su vida se ha tornado como un viejo tango, donde el tiempo pasado fue mejor y vivir en el presente es una agonía. Vive encendido, el celular se ha vuelto un miembro más de su cuerpo y su mundo ha dejado de ser real para tornarse virtual.

Sí, Gastón está desmotivado. En él, como con muchos otros adolescentes, la desmotivación se ha tornado una adicción, porque sus familias, para no verlos de ese modo, optan por darles lo que piden a cambio de estar menos tristes o más motivados. El problema es que esto no soluciona las cosas de fondo por lo que, a la larga, terminan nuevamente desmotivados y así el ciclo continúa. ¿Qué les sucede?

Estos adolescentes tienen algunas características en común: carecen de reglas, no tienen límites claros, no tienen responsabilidades y pasan solos mucho tiempo, tienen de todo. Si reconoces a tu hijo en Gastón, por favor sigue leyendo, a continuación te doy algunos consejos para aplicar en tu relación con tu hijo adolescente.

  • Abre el diálogo

A Gastón y a tantos adolescentes les falta conocer su motivación, qué es lo que los hace felices y no limitarse a ver pasar la vida por la puerta de su dormitorio. Es muy importante que tu hijo tenga la necesidad de sentirse satisfecho consigo mismo, sólo de ese modo la motivación se dirigirá hacia algo, ya sea el aprendizaje, el trabajo, los vínculos. Para lograr esto crea un entorno de confianza donde él pueda expresar sin miedo sus sentimientos y emociones. No te apresures a decirle que “esas son ideas disparatadas”. Escucha con empatía y sin prejuicios.

  • “¿Sabes dónde te gustaría verte dentro de unos años?”

Esta pregunta anima a la reflexión, no limites sus respuestas, ni coartes su forma de expresarse, permite que tu hijo exprese lo que tiene dentro de su corazón y te cuente aquello que lo hace vibrar. Anímalo a ponerse metas para lograrlo. Incluso cuando tu hijo tenga un sueño que para ti no es factible, no lo desmotives, ni le desanimes, lo importante es que hay algo por lo cual él se apasiona.

  • “¿Para qué quieres eso que quieres?”

La motivación no se puede imponer pero sí se puede descubrir. Quizás tu hijo no tenga muy claro qué es lo que quiere en un par de años para su vida, pero estoy segura que ante la pregunta ¿para qué quieres eso? en su respuesta demostrará qué es lo que necesita para ser feliz: “Para ayudar a otros”, demuestra mucho de sí y de lo que le da significado a su vida.

  • Ajusta el uso del tiempo y los espacios

En la adolescencia es fundamental que tengan tiempo para socializar, divertirse y distenderse, pero es importante que el permiso para salir fuera de casa, las horas frente al televisor, videos juegos, celular y Tablet sean pautados. Como regla promedio no debe superar las dos horas diarias. Del mismo modo fija normas sobre las salidas en tiempo de clases. Muchas veces la desmotivación surge por tener mucho tiempo libre.

  • Cumple con las consecuencias

En vez de hablar de “castigos”, dile que por no cumplir con las reglas del hogar, o con sus rutinas diarias habrá consecuencias de sus faltas: si no estudió a la mañana, deberá hacerlo luego de almorzar, sin importar si a esa misma hora dan su programa favorito y es el último capítulo; si no ordenó su cuarto el jueves, lo deberá hacer antes que lleguen sus amigos el fin de semana, aunque eso reduzca sus horas para divertirse. Este tipo de acciones generará en tu hijo el deseo de cumplir con sus obligaciones diarias.

  • Muestra interés por su vida

Difícilmente tu hijo se sentirá motivado si tú no estás presente en su vida. Cada día mantente involucrada en sus cosas, sus estudios, nuevas amistades, lugares donde fue y aunque el sueño te venza busca un tiempo para estar a solas con él y hacer algo juntos.

La desmotivación puede hundir a tu hijo, si tú no intervienes a tiempo. Que tu amor por tu hijo y tus ganas de ayudarlo sean el motor para reforzar en él las ganas de darle sentido a su vida.

Fuente: familias.com

Cuando la adolescencia y la depresión van de la mano

Clara Cerezo

Los dolores de cabeza, la mala digestión o la pérdida de memoria pueden ser los síntomas físicos de una depresión. Es bien conocida la áspera transición entre la niñez y la etapa adulta: un lapso de tiempo, caracterizado, a menudo, por una búsqueda constante de la identidad. Un hecho que convierte la adolescencia en una etapa problemática, inestable y emocionalmente frágil. Pero, ¿cómo es posible saber si un adolescente está sufriendo algo más que un cambio ‘típico’ de la edad?

Según Jerónimo Saiz, jefe de la unidad de psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), “cuando los jóvenes tratan de encerrarse en sí mismos en exceso, manifiestan dificultad para dormir, bajan el rendimiento académico, comen peor o se inician en el consumo de alcohol y drogas, hay que valorar la presencia de una depresión y a partir de ahí tratar de localizar su base, situada en el sentimiento de pérdida del ánimo”. Además y según el experto, este trastorno puede desencadenar problemas físicos como dolores de cabeza, mala digestión o pérdida de memoria por falta de concentración.

Es el caso de Gonzalo, un joven madrileño de 22 años que hoy tiene la fortaleza suficiente para enfrentarse a una adolescencia marcada por una depresión no diagnosticada en su totalidad. A los 16 años comenzó a manifestar cambios emocionales a su juicio “inexplicables”: no había un único factor que los desencadenara. “De un curso a otro disminuyó mi rendimiento académico, perdí el apetito y me resguardaba en mi habitación jugando a los videojuegos durante noches enteras. Sentía que nada malo podría sucederme allí”.

En su caso, sufrir un Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad le obligó a seguir un tratamiento farmacológico respaldado por psicoterapia, un hecho que según afirma, pudo desviar la atención de la familia y los profesionales sanitarios que le trataban. “Quizá el TDAH que padecía disipó lo que además estaba sucediéndome”, subraya.

Sin embargo, aunque los expertos relacionan el consumo de alcohol y drogas como uno de los síntomas más frecuentes de la depresión durante la adolescencia, el caso de Gonzalo fue particular: “Yo me inicié en el ‘consumo’ de videojuegos. Mi vida comenzó a girar en torno a ellos: era la única vía de escape a mis problemas”.

Familia y entorno, pilares fundamentales

Durante los años más grises, la familia de Gonzalo vivió de cerca una situación que sumió al adolescente en un bucle incesante. “Mis padres acabaron muy fatigados. Su apoyo me ayudó, pero quizá no supieron tratar mi problema de la forma más adecuada”.

La familia y el entorno son los pilares más básicos para la mejora de las personas con depresión. Según afirma la doctora Dolores Moreno, coordinadora de la unidad de psiquiatría del Adolescente del Hospital Universitario Gregorio Marañón (Madrid), y presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente, “es fundamental que el paciente depresivo se desarrolle en un medio constructivo donde los padres sepan poner límites precisos y contundentes, sin llegar a ser autoritarios”.

Y es que, los progenitores, según subraya Jerónimo Saiz, “deben hacer frente al problema de su hijo con sensibilidad y delicadeza”. El adolescente, añade Saiz, debe percibir que su entorno se involucra, pero sin caer en el exceso. “Una excesiva preocupación puede hacer que el joven sienta que su familia tiene la intención de fastidiarle o controlarle”, añade.

Asimismo, en lo que al papel de la familia se refiere, el psicopedagogo especialista en psicología infantil, Jorge López Vallejo, recomienda a las familias evitar una serie de conductas que, a su juicio, “conducirían al adolescente a un empeoramiento o incluso, a la cronicidad de su trastorno”. De esta manera, el especialista aboga por no proporcionar ayuda en exceso, “porque crea beneficio secundario a la patología que puede provocar que la depresión perdure en el tiempo”. Tampoco es aconsejable hablar demasiado del problema, porque “cuanto más se hable de su depresión, más se extenderá”. De esta manera y según subraya este último experto, “los mensajes de condescendencia o lástima pueden ser muy perjudiciales por provocar que el adolescente se sienta más cómodo en continuar en la posición de enfermo”.

Pero si bien Gonzalo recibió apoyo de padres y amigos, la depresión le despertó un miedo irrefrenable a decepcionar a aquellos que le rodeaban. Ante la imposibilidad de afrontar un problema que no comprendía, solventó el temor refugiándose en la mentira. “Mentía impulsiva y constantemente por la sobrecarga y la presión externa a las que estaba expuesto. Tenía miedo de decepcionar a los que más me querían, aquellos que esperaban algo de mí que yo no podía dar”.

Gonzalo posa en “Elite Gamer Center”, su lugar de trabajo. ANTONIO HEREDIA

Crear una imagen de sí mismo, ajena y lejana a la realidad, le llevó a adoptar un papel, un disfraz y un rostro diferente al que tenía. “Cada vez que conocía a gente nueva tenía la sensación de que la vida me brindaba la oportunidad de empezar de cero. La mentira me facilitaba las cosas.” Sin embargo, siente que sus amistades nunca dejaron de creer en él. “A pesar de todo, confiaron mucho en mí. Quizá por eso salí adelante”.

La psicoterapia, muy importante

Dada la individualidad de cada caso, los profesionales sanitarios toman un camino u otro en el tratamiento de un paciente depresivo. En el caso de que un adolescente presente todos los síntomas de la depresión, afirma el doctor Saiz, hay que evaluar el contexto en el que se produce el problema para averiguar qué puede haber ocurrido. “Según sean los factores desencadenantes de la enfermedad, se han de intervenir sobre ellos de una forma u otra”.

Por su parte, Eduardo García-Camba, responsable de la unidad de psiquiatría del Hospital Universitario La Princesa (Madrid), señala la importancia de un abordaje psicoterapéutico apoyado con psicofármacos(ante casos extremos de ideas suicidas). Terapias como la cognitiva-conductual, que trabaja con los errores de pensamiento del paciente depresivo, afirma, “ayudan a reorientar, fortalecer y modificar las emociones negativas y pesimistas del paciente depresivo hacia otras de carácter constructivo”.

Otras como las interpersonales, “se fundamentan en la expresa relación médico-paciente. En estas últimas, señala, el psicoterapeuta se implica severamente con la situación del adolescente. Una terapia que, además, trabaja con la dinámica interna de la persona y su modo de afrontar las cosas.

Por su parte, José Félix Rodríguez Rego, especialista en psicoterapia y coordinador de la Sección de Psicología Clínica y de la Salud del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, afirma que “por encima de las psicoterapias reconocidas y operantes en la actualidad (de orientación psicodinámica, humanista, sistémica y de familia, entre otras) está el vínculo entre paciente y terapeuta.

En términos de tratamiento psicoterapéutico, añade, es muy relativo y subjetivo señalar qué psicoterapia es más efectiva, debido a que los estudios de las mismas suelen estar sesgados de acuerdo con la orientación de las personas que los realizan. “No hay psicoterapia de la depresión, sino psicoterapia del paciente deprimido”.

Prejuicios, tabúes y asistencia de la enfermedad mental

La depresión es una enfermedad mental compleja y rodeada de prejuicios, tabúes y estigmas. En ese tiempo pasado, los prejuicios sociales impidieron a Gonzalo ser quien realmente era.

“En general, existe un fuerte prejuicio social que suele definir al deprimido como una persona débil que no es capaz de afrontar y superar las adversidades de la vida. Es por eso que aún queda mucho por hacer para lograr cambiar la sensibilidad social y los estigmas que rodean a la salud mental en su conjunto”, subraya Jerónimo Saiz.

En términos de cobertura sanitaria, José Félix Rodríguez Rego destaca la necesidad de mejorar la asistencia psicoterapéutica de los pacientes deprimidos. “Hoy en día la asistencia global es totalmente mejorable. Es necesario aumentar las plazas de psicólogos en los hospitales y centros de salud”. Asimismo, Rodríguez Saiz recuerda que los pacientes depresivos que reciben tratamiento no llegan a la mitad del total de casos registrados. De esta manera, hace hincapié en la necesidad de aumentar el reconocimiento global de la psiquiatría infantil, en un tiempo que, según afirma, la depresión sufrida por niños y adolescentes está aumentando por encima de la sufrida por la población adulta.

Años después, Gonzalo es monitor y encargado de un centro de alto rendimiento para jugadores de videojuegos en el madrileño barrio de Salamanca. También practica la meditación con el objetivo de controlar sus emociones.

“Meditar me ayuda. A día de hoy estoy contento con ello y me siento emocionalmente estable: el trabajo, la meditación y la rutina me han hecho entender la necesidad de gozar de cierta estabilidad en la vida”, añade. De esta manera, trabajar en un mundo que años atrás alimentó su pésimo estado emocional, le ha ayudado a transmitir a los más pequeños aquellos valores que tiempo atrás no supo transmitirse a sí mismo.

Fuente: elmundo.es

La ONU propugna eliminar los matrimonios infantiles

La Asamblea General de las Naciones Unidas reafirmó su compromiso de eliminar los matrimonios infantiles, matrimonios tempranos y forzados a nivel mundial con una nueva resolución que pide a los Estados fortalecer las leyes y políticas para proteger a las mujeres y las niñas de esta práctica dañina.

Más de 100 estados apoyaron la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que identifica la desigualdad de género entre las causas fundamentales del matrimonio infantil, temprano y forzado. La resolución pide a todos los Estados que promulguen y apliquen leyes que estipulen una edad mínima para contraer matrimonio y que garanticen el acceso a la justicia para las mujeres y niñas que corren peligro o hayan sido sometidas a esta práctica perjudicial. La resolución también insta a los Estados a que respeten, promuevan y protejan la salud sexual y reproductiva y los derechos de todas las mujeres y las niñas sometidas a matrimonios infantiles, matrimonios precoces y forzados.

La resolución sigue al compromiso mundial de 2015 de erradicar el matrimonio infantil, temprano y forzado, y forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y de una resolución del Consejo de Derechos Humanos en 2015.

Rosa Elcarte, Representante de UNICEF en la República Dominicana dijo que “el fenómeno del matrimonio infantil y las uniones tempranas es especialmente grave en el país y afecta el cumplimiento de los derechos de las niñas, condicionan su desarrollo, las exponen a la violencia, al abuso y al embarazo adolescente”.

En el país, el 37.1% de las niñas se unieron o casaron antes de cumplir los 18 años de edad, y el 11.7% antes de cumplir los 15 años, según la encuesta ENHOGAR 2014 de la Oficina Nacional de Estadística. Estas cifras son de las más altas de América Latina y E7l Caribe, especialmente la de menores de 15 años, comparable a varios países de África subsahariana. Las causas de que esto ocurra son múltiples, la pobreza, los bajos niveles educativos, las pautas culturales de comportamiento, la situación de violencia en la familia, los patrones socioculturales de desigualdad de género que impera en el contexto, y una legislación que da soporte a las uniones a temprana edad.

De acuerdo con la misma fuente, casi el 60% de las niñas y adolescentes, viviendo en el quintil más pobre, terminan por unirse o casarse antes de los 18 años. Estas uniones, son en muchos casos, con personas de 5, 10 o más años mayores que ellas.

Algunas consecuencias del matrimonio infantil y de las uniones tempranas, se encuentran en los embarazos en la adolescencia, el abandono o deserción escolar y los elevados riesgos de sufrir violencia por parte de su pareja. Según la ENDESA 2013, el 22% de las adolescentes y jóvenes, entre 15 y 19 años, había sido víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja, en los doce meses anteriores a la encuesta.

Además de estas violaciones a los derechos de estas niñas y adolescentes, sus hijos tienen mayor riesgo de tener desnutrición infantil, y de abandonar la escuela y sus hijas de volver a ser víctimas de un matrimonio o unión temprana, de tal forma que este fenómeno se convierte en un elemento reproductor y multiplicador de la pobreza en el país.

Elcarte exhortó al Estado y a la sociedad dominicana a no ver esta dañina práctica como algo normal, a pesar de ser tan frecuente. Pidió al Estado dominicano, prohibir legalmente el matrimonio de menores de edad y sancionar el abuso sexual tal como lo establece el Código para el Sistema de Protección de los Derechos del Niño, Ley 136-03. También enfatizó la importancia de promover programas integrales de apoyo a las niñas, adolescentes y sus familias para prevenir el matrimonio o unión temprana, y que se garantice el acceso a la justicia de aquellas niñas que sean obligadas a unirse o casarse de manera temprana.