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La escucha activa: el superpoder para ayudar a nuestros hijos

Al permitir que los niños y adolescentes se desahoguen se consiguen beneficios como que se sientan comprendidos e importantes y mejoremos la relación de confianza

CELIA TEJEALAS

Acompañar a nuestros hijos e hijas requiere tener muchas habilidades: empatía, capacidad de calmarnos en momentos difíciles, dar ejemplo, admitir nuestros errores, ser afectuosos… y un sinfín de valores y capacidades que ayudarán a los niños a construirse como personas capaces y preparadas. Pero una de las habilidades más importantes y útiles es saber cuándo intervenir y cuándo escuchar sin expresar nuestra opinión. Para entender y usar adecuadamente esta habilidad ayuda mucho comprender y dominar la llamada escucha activa, un superpoder que da a las madres y padres la posibilidad de mejorar la relación con los hijos, además de empoderarles.

Para que se entienda mejor, pongamos un ejemplo. Llega tu hija de clase y se acerca muy enfadada, expresando que se ha enojado con su mejor amiga. Las respuestas más habituales que se suelen dar en estos casos están cargadas de buenas intenciones porque quieren ayudar, pero tras ellas hay un mensaje oculto que se cuela y, algunas veces, estropea aún más las cosas sin saber lo que ha pasado. En esta situación, se suelen contestar cosas del estilo: “No será para tanto”, “estás exagerando” (minimizando la situación); “lo que tienes que hacer es llamarla para solucionarlo” (damos un consejo); “¿y tú qué has hecho para que se enfade?” (Cuestionamos); “yo de pequeña me enfadé con mi amiga y lo resolvimos en el siguiente recreo” (hablamos de nosotros mismos), o “las amigas no deben tener conflictos” (sermoneamos).

Estas respuestas tiene en común dos cosas: en todas se expresa una opinión y en todas se quiere sacar a la joven de esa situación difícil en la que está. Esto es porque lo que le han llegado son los mensajes ocultos. Y es muy probable que cuando nuestra adolescente reciba estas respuestas se enfade todavía más y piense “no me escucha, no me entiende”.

Vuelvo al ejemplo de la hija y la situación con su mejor amiga para explicarlo. En este caso, los mensajes ocultos serían los siguientes. En primer lugar, si le quitamos importancia a lo que nos cuenta, es decir, minimizamos el asunto, lo que llega es: “No debes sentirte así, tus sentimientos no están bien”. Por otra parte, si le damos la solución con un consejo, lo que se transmite es: “Yo sé lo que te conviene y tú no”. O al cuestionar lo que nos está contando le trasladamos la impresión de que no consideramos que lo que cuente sea verdad. Por último, si damos un sermón, es como si le dijéramos que lo que está haciendo es inmoral.

Resumiendo, antes de dar un consejo o sermón, de que se minimice o se cuestione la problemática, lo que buscan todas las personas al expresar un malestar son dos cosas: que acepten sus sentimientos y que las escuchen. Esto es la base de la escucha activa, técnica basada en la psicología auto directiva del psicólogo estadounidense Carl Rogers y que demuestra que, muchas veces, llegan más los mensajes ocultos que hay tras las formas habituales de responder ante un problema que la intención de ayuda. La propuesta de esta técnica es sencilla: no intervenir con nuestras respuestas, sino escuchar y reflejar lo que vemos que está sintiendo, lo que le gustaría, lo que anhela la otra persona. Por lo que en el ejemplo anterior, diríamos: “Estás preocupada por la situación con tu amiga” y al seguir la joven hablando, seguiríamos escuchando y de vez en cuando expresaríamos algún comentario relacionado con lo que creemos que siente, piensa o necesita. De esta manera, se le invita a seguir expresándose y desahogándose. Además, al no intervenir con consejos no solicitados se muestra que se confía en que encontrará la solución que mejor le convenga.

Al escuchar y permitir que nuestros hijos se desahoguen a través de la escucha activa conseguiremos estos cuatro beneficios principalmente:

  1. La persona que es escuchada siente que le importas.
  2. En la relación se amplía la confianza, porque al sentir ese interés y no sentirse invadido por tus ideas tendrá ganas de volver a contarte otras situaciones.
  3. La persona se serena, por lo que está más tranquila para tomar decisiones.
  4. Su autoestima no se ve perjudicada, sino que mejora al sentirse capaz de elegir su camino y ver que lo respetamos

Por último, esta técnica va más allá de la relación con los hijos, se puede usar con cualquier persona a la que se quiera ayudar: pareja, amigos, familiares… Ya que mostrar aceptación a los sentimientos de los demás es uno de los regalos más valiosos que podemos entregar a un ser humano.

*Celia Tejealas es responsable de la empresa del mismo nombre especializada en formación a familias y educadores en metodologías como Disciplina Positiva, Escucha Activa y gestión de conflictos a través de la Comunicación No Violenta.

Fuente: elpais.com

¿Los jóvenes están bien?

Pandemia íntima: la crisis de salud mental en los adolescentes estadounidenses.

Embarazo adolescente, tabaquismo, accidentes por manejar bajo la influencia del alcohol.

Hace algunas décadas, esos eran los mayores riesgos que enfrentaban los chicos y chicas de Estados Unidos y, en cierta medida, de todas partes.

Pero el mundo de hoy es distinto y la vida social y emocional de los chicos ha cambiado drásticamente. Los adolescentes de ahora han nacido enchufados a internet y viven con un teléfono en la mano. Llegan a la pubertad a una edad más temprana que generaciones anteriores. Encandilados por las pantallas, duermen poco y mal. Y, tras dos años de pandemia, millones de ellos atraviesan una soledad profunda.

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Credit…Por The New York Times | Fuente: Encuesta de Comportamiento de Riesgo de los Jóvenes en la Escuela Secundaria de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

“Los chicos experimentan estos estresores antes de que sus mecanismos de afrontamiento sean suficientemente maduros para manejarlos”, explica Laurence Steinberg, profesor de psicología. Y añade que es como “tener el acelerador a fondo antes de contar con un buen sistema de frenos”.

Pandemia íntima es una nueva serie del Times que explora la gran crisis que aflige a los adolescentes de Estados Unidos, una situación que un joven describe así: “Describiría mi salud mental en la secundaria como caminar en una cuerda floja: inestable, desequilibrada, nunca me sentí bien realmente”.

Muchos jóvenes reciben información sobre los peligros de manejar en estado de ebriedad y de los métodos para prevenir el embarazo no deseado, pero no cuentan con guías claras para identificar un ataque de ansiedad o para lidiar con la depresión, los comportamientos compulsivos y la ideación suicida. Entre 2001 y 2019, la tasa de suicidio de los estadounidenses de 10 a 19 años se disparó un 40 por ciento, y las visitas a urgencias por autolesiones se incrementaron un 88 por ciento.

“Este pico de tensión ha suscitado preguntas controvertidas”, escribe Matt Richtel, reportero del Times. “¿Esos problemas son inherentes a la adolescencia y simplemente pasaban desapercibidos antes, o sucede que ahora se están sobrediagnosticando?”.

El padre de una de las jóvenes consultadas para el reportaje es psicólogo clínico. En un momento dado, su hija adolescente intentó suicidarse cuatro veces en el transcurso de un mes. Allen relata que, como profesional, está acostumbrado a tratar casos de depresión. “Pero el terror absoluto de sentir que tu hijo puede no estar bien es una forma de comprensión que solo puede adquirirse a través de la experiencia personal”.

Fuente: thenewyorktime

Seis errores que debemos dejar de cometer con nuestro hijo adolescente

La adolescencia es el período de desarrollo en el que el menor debe enfrentarse a numerosos cambios físicos, psicológicos, cognitivos, emocionales y sociales que les provocarán mucha inestabilidad e incertidumbre.

Si existe una etapa educativa difícil de acompañar es sin duda la adolescencia. Un período educativo convulso que a las familias a menudo nos cuesta mucho entender y manejar. Donde parece que la calma en casa sea casi imposible y las disputas y los tira y afloja con nuestros hijos se entrelazan sin parar.

Como padres y madres siempre actuamos con nuestros hijos con la mejor de las intenciones, pretendiendo darles todo aquello que necesitan y mostrándoles nuestra ayuda y comprensión. Pero cuando nuestros hijos e hijas llegan a la adolescencia, parece que esa sintonía desaparezca y nuestra relación empeore sin saber muy bien cómo entenderles y seguir acompañándoles.

La impotencia y la culpa nos invaden cuando las malas caras, las salidas de tono y los reproches son constantes. Conductas en ocasiones rebeldes, insolentes y desafiantes que nos hacen sentir que hemos pasado a un segundo plano, que nos han perdido el respeto y que nuestros consejos u opiniones han dejado de interesarles.

La adolescencia es el período de desarrollo en el que nuestros hijos deben hacer frente a numerosos cambios físicos, psicológicos, cognitivos, emocionales y sociales que les provocarán mucha inestabilidad e incertidumbre. A estos cambios, deberemos sumarles las dificultades que presentan para controlar su impulsividad, para modular las emociones por las que transitan con tan alto voltaje y expresar correctamente qué es lo que les sucede o preocupa.

Una etapa de transformación y reafirmación personal que les hace actuar de una forma desajustada, impredecible y desmedida y les hace vivir entre extremos. Unos años de sana desobediencia, de numerosos aprendizajes, de búsqueda de nuevos límites y retos. De vulnerabilidad y fuerza a igual medida y egocentrismo en estado puro.

Es muy complicado acompañar a alguien que muestra tantas dificultades para hacer frente a la frustración, reconocer sus errores y mostrarse reflexivo. Que reclama su espacio y libertad, en ocasiones con mucha insolencia e indiferencia. Pero es en esta etapa tan complicada cuando nuestros hijos e hijas necesitan que les mostremos nuestra mejor versión. Que sigamos siendo sus guías, el pilar donde apoyarse, el refugio donde acudir cuando sientan que todo cambia y se tambalea.

Nuestros adolescentes necesitan que les ayudemos a descifrar el torbellino de sentimientos que sienten, que les digamos a diario que estamos a su lado sin condición que les acompañemos y se sientan protegidos. Potenciando un lenguaje positivo y utilizando una mirada llena de reconocimiento y amor.

A un adolescente se le educa con grandes dosis de serenidad y empatía. Entendiendo lo difícil que es para ellos hacerse mayor y vivir en una sociedad tan cambiante como es la nuestra. Comprendiendo y aceptando que educar es una carrera de fondo, un trayecto lleno de altibajos donde no se puede tener prisa por conseguir lo que pretendemos, ya que los objetivos se logran a largo plazo.

A su lado, necesitan adultos, pacientes que entiendan lo que les sucede, que atiendan sus necesidades, que los escuchen sin cuestionarlos. Que acompañen con cariño sus alegrías y los momentos más ansiosos, tristes o llenos de incertidumbre. Que les sostengan cuando se sientan vulnerables o desbordados, que les dejen ser tal y como ellos desean mostrarse y les ayuden a construir un buen autoconcepto y una apropiada autoestima.

Que sea una etapa tan agitada no significa que también pueda llegar a ser maravillosa. Nuestros hijos han crecido mucho, pero siguen siendo nuestros pequeños a los que les gustaba jugar con nosotros, que les achuchásemos y les mimásemos. Nuestros adolescentes necesitan sentir que les entendemos, respetamos y nos les juzgamos ni les llenamos de etiquetas por todo aquello que sienten o hacen. Que conectamos con ellos emocionalmente y les acompañamos sin dramatismos y con grandes dosis de sentido común y de humor.

Necesitan que les expresemos nuestro amor de forma incondicional a diario, que consensuemos normas con calma, que flexibilicemos los límites y les expresemos nuestra confianza. Que no les ahoguemos con nuestras expectativas o juicios de valor. Nuestros hijos e hijas precisan toneladas de miradas serenas que acojan, palabras que entiendan, abrazos que protejan.

¿Cuáles son los errores que debemos dejar de cometer con nuestros hijos e hijas adolescentes?

  1. Pretender que piensen y actúen igual que nosotros. La adolescencia se caracteriza por la necesidad de libertad e independencia. Nuestros hijos necesitan desarrollar su espíritu crítico y empezar a decidir cómo quieren que sea su propio camino.
  2. Querer que siempre nos hagan caso. Si algo define a un adolescente es su rebeldía. Establezcamos normas y límites de manera consensuada para conseguir una buena convivencia, acompañándolos, encontrando un equilibrio entre lo que ellos desean y lo que es posible y adecuado.
  3. Negarles que expresen lo que sienten. Nuestros hijos adolescentes necesitan sentir que sus padres validan sus emociones. Ayudémosles a identificarlas, modularlas y a gestionarlas correctamente.
  4. Pensar que ya no nos necesitan. En esta etapa de desarrollo nuestros hijos necesitan más que nunca de nuestra presencia y disponibilidad, aunque no nos lo demuestren. Que nos convirtamos en un modelo estable, seguro y coherente para ellos.
  5. No respetar su necesidad de intimidad y soledad, sus ritmos para aprender, sus necesidades u opiniones cambiantes. Nuestros hijos necesitan espacio para crecer con libertad, sintiendo que no les reprochamos los errores, que respetamos sus espacios y sus pocas ganas de explicar.
  6. No cumplir nuestras promesas. Nuestros adolescentes necesitan sentir que pueden confiar en nosotros, por esa razón es imprescindible que cumplamos todo aquello que les decimos que vamos a hacer.

Aprendamos a mirar a los adolescentes con ganas de entenderlos, a acompañarlos con calma, con firmeza, sin reproches y entendiendo que cuanto más rebelde se muestren más necesitarán de nuestro cariño y coherencia. Cómo decía John Woonden: “La gente joven necesita modelos, no críticos”.

Fuente: elpais.com

Los adolescentes se sienten solos y quieren tu ayuda, según un experto

Puede que los adolescentes y los preadolescentes no te lo digan, pero hay muchas cosas que quieren que sepas sobre sus vidas. Sí, a veces los adolescentes tienen actitudes hurañas. Sin embargo, siguen necesitando tu ayuda como aliados, guías y asesores. Estos son algunos de los planteamientos que obtuve de mis pacientes adolescentes y preadolescentes, junto con consejos para los padres.

Me siento solo de forma habitual

Puede que tus hijos parezcan estar muy ocupados con sus amigos en persona y en línea; sin embargo, por lo que escucho directamente, hay una epidemia de soledad entre los preadolescentes y los adolescentes. Algunos de ellos salen solos para evadir el radar de sus padres.

Algunos afirman estar chateando o enviando mensajes de texto con amigos cuando en realidad están viendo Netflix o escuchando música a solas.

Nuestros adolescentes y preadolescentes necesitan que estemos pendientes de ellos a menudo. Asegúrate de que se relacionan con sus compañeros a través de grupos, clubes o deportes. Me han dicho que depender de las reuniones ocasionales y de las conexiones en línea no satisface sus necesidades sociales.

CONSEJO RÁPIDO: Siéntate con tu hijo y mira su programa o video con él, toma un audífono y escucha su música, o juega su videojuego. Habla con ellos sobre sus intereses. A continuación, piensen en cómo podrían seguir esos intereses con sus compañeros.

Si tu hijo sigue teniendo problemas para establecer conexiones significativas, lee el libro “The Friendship Formula” del psicólogo Kyler Shumway, preferiblemente juntos.

No sabes lo que me pasa por la cabeza

Con demasiada frecuencia, los adolescentes y los preadolescentes no son especialmente comunicativos, por lo que los padres tienen que adivinar lo que piensan sus hijos. Y las suposiciones a menudo son erróneas. La vida interior de nuestros hijos es compleja. Los adolescentes navegan por muchas identidades a la vez: su identidad en casa, en el colegio, con los amigos, con los profesores, en Internet y consigo mismos. La vida interior de los menores es complicada y, como se comparan con los demás, con frecuencia también están tristes.

Nuestros hijos también tienen problemas emocionales. Son más los que sufren depresión y ansiedad que nunca, y se juzgan a sí mismos bajo la luz negativa con la que suponen que los demás los juzgan. El hecho de ver imágenes alteradas de sus compañeros disfrutando en Internet agrava sus inseguridades. La combinación de estos factores hace que nuestros hijos se sientan abrumados.

En lugar de ser despectivo, conviene saber que la gestión de este “tráfico de identidades” puede ser emocionalmente agotadora. Creo que los padres aprenden mucho con solo prestar atención y escuchar a sus hijos. Se enteran del acoso escolar, de los problemas sociales, de que se sienten excluidos o rechazados, e incluso del uso y abuso de drogas. Entonces, con las líneas de comunicación abiertas, los padres pueden empezar a resolver problemas con sus hijos.

Los padres deben dejar de lado sus propios miedos, juicios y egos en estas conversaciones, para que sus hijos se sientan libres de compartir con ellos abiertamente. También es crucial encontrar una luz positiva a través de la cual verlos, y reflejar en ellos la inteligencia, la fuerza, el humor, la belleza, la irreverencia u otras cualidades que admiras.

CONSEJO RÁPIDO: Mira “Eighth Grade” en Amazon Prime para tener una idea real de lo que está en la mente de los niños de hoy. Mejor aún, ve la película con tu hijo adolescente o preadolescente, y haz una pausa para hablar de las escenas relevantes.

Realmente me importa la escuela

Es posible que tus hijos parezcan sentirse ambivalentes con respecto a la escuela y que eviten hablar del próximo curso. Puede que no quieran apuntarse a las actividades extraescolares.

Muchos también están nerviosos por las incógnitas de este próximo año escolar, que llega en medio de un posible resurgimiento del covid-19 y de renovados mandatos de uso de mascarillas. La combinación de estos factores puede parecer pereza, y un presagio de las batallas que se avecinan por las notas y los deberes.

Todos mis pacientes jóvenes tienen claro que se preocupan mucho por la escuela. Algunos están demasiado comprometidos y se decepcionan cuando sus notas no son perfectas. Otros parecen desistir por completo, no haciendo las tareas y no estudiando para los exámenes. Los niños de este grupo suelen temer no ser capaces de obtener tan buenos resultados como sus compañeros. Todos quieren hacerlo bien, pero no pueden compaginar todos los requisitos para el éxito académico.

Los padres podemos empezar a ayudar antes de que suene el primer timbre. En primer lugar, haz saber a tus hijos que tienes fe en que pueden tener éxito. Para tus hijos de tipo A , anímalos a que se relajen un poco, y puede que descubran que la disminución del estrés puede mejorar sus calificaciones. En el caso de los chicos que optan por no participar, un sincero voto de confianza de tu parte les ayudará mucho.

Luego, haz que se sienten, brevemente, a organizar sus días de clase. ¿Cuánto tiempo dedicarán a las tareas? ¿Para practicar? ¿Para dormir? Los menores suelen tener más energía para comprometerse con estos hábitos a principios del año escolar, así que empieza a hablar de ello ahora.

Por último, dales una nota de esperanza. Estos dos últimos años han sido, como mínimo, extraños. El comienzo de este año escolar les ofrecerá una pizarra en blanco y un comienzo limpio para seguir adelante.

CONSEJO RÁPIDO: Lee uno de los siguientes libros, según el lugar que ocupe tu alumno en la escala de motivación:

Si tu hijo parece desmotivado, prueba “The Myth of Laziness“, del difunto pediatra Dr. Mel Levine.

Si tienes un hijo ansioso, tipo A, prueba “Helping Your Anxious Teen: Positive Parenting Strategies to Help Your Teen Beat Anxiety, Stress, and Worry” de la psicóloga Sheila Achar Josephs.

No siempre soy bueno contigo, pero te necesito

El mundo en el que viven nuestros hijos puede ser bastante duro. Sus inseguridades sobre el presente y sus temores sobre el futuro pueden ser abrumadores. Y los padres me dicen que, frecuentemente, los niños llevan ese malestar a casa a través de una mala actitud hacia la familia. Intenta no tomártelo como algo personal, sino como una indicación del estrés que sufren. Los niños suelen atacar a sus padres con sus emociones negativas porque saben que pueden confiar en que sus padres los quieren incondicionalmente y no van a ir a ninguna parte.

En cambio, hay que reconocer que la mayoría de los adolescentes y preadolescentes necesitan un tiempo para reponerse y ser atendidos, muchas veces justo antes de acostarse. Como contrapeso a su intensa jornada, ofrece a tus hijos la dulzura de un abrazo o un apapacho. Esto los reanimará para los días posteriores.

CONSEJO RÁPIDO: Escucha este episodio del podcast “Zen Parenting Radio” para conocer el estado de ánimo de tu hijo.

Fuente: cnnespanol.cnn.com

Guía sobre la imagen corporal para chicos

Mucha gente piensa que a los chicos no les importa su aspecto físico. Es posible que los chicos no hablen tanto sobre sus cuerpos como las chicas. Pero lo cierto es que los chicos se pasan mucho tiempo delante del espejo. Y, para algunos chicos, la imagen corporal puede ser un problema.

¿Qué es la imagen corporal?

Tu imagen corporal es qué piensas y qué sientes sobre tu propio cuerpo y tu propio aspecto físico. Cómo te sientes con respecto a tu cuerpo afecta cómo te sientes con respecto a ti mismo. Mucha gente está insatisfecha con alguna parte de su aspecto físico.  Si te centras demasiado en lo que te disgusta de tu aspecto físico, tu autoestima podría salir mal parada.

Las personas con una buena imagen corporal:

  • se sienten bien con su aspecto físico
  • aceptan su cuerpo tal y como es
  • se sienten satisfechos con lo que puede hacer su cuerpo
  • cuidan bien de su cuerpo

No necesitas tener un cuerpo perfecto para tener una buena imagen corporal.  Solo necesitas aceptar tu propio cuerpo.  Céntrate más en lo que te gusta que en lo que te disgusta.  Cuida bien de tu cuerpo. Hacer estas cosas te ayudará a sentirte bien con tu cuerpo. Y contigo mismo.

¿La pubertad puede afectar a la imagen corporal?

Tu cuerpo cambiará mucho durante la pubertad. Cómo te sientes con respecto a tu propio cuerpo también podría cambiar.  Puedes tardar un tiempo en sentirte cómodo en un cuerpo al que no estás acostumbrado.

Y no todo el mundo pasa la pubertad al mismo tiempo.  Puede ser muy raro ser el único chico de la clase a quien le ha cambiado la voz o a quien le ha crecido vello corporal. Y también lo puede ser si eres el último chico de la clase a quien le ocurren esas cosas. Pero, conforme te vayas acostumbrando a esos cambios, te podrás sentir a gusto por haber madurado físicamente.

¿Cómo puedo tener una imagen corporal mejor? 

¿Te quieres sentir más satisfecho con tu cuerpo? He aquí algunas ideas:

  • Encuentra cosas que te gusten de tu aspecto físico. Céntrate en lo que te gusta, en vez de en lo que te disgusta.
  • Céntrate en las cosas que tu cuerpo puede hacer bien ¿Puedes correr, andar, nadar o montar en bici? ¿Golpear la pelota con un bate de béisbol, chutar a portería en el fútbol, hacer canasta en el baloncesto, lanzar en el fútbol americano? ¿Sabes escalar, caminar por la montaña, bailar? ¿Sabes dibujar, pintar, cantar, tocar un instrumento musical? Tu cuerpo es mucho más que su aspecto físico.
  • Toma conciencia de tu cuerpo. Cuando hagas estiramientos, agarres cosas, subas y bajes escaleras, te ates los cordones de los zapatos estarás manteniendo a tu cuerpo en acción. Es fácil dar el cuerpo por sentado y asumir que hace lo que tiene que hacer. Pero intenta no hacerlo.
  • Está activo cada día.  Tu cuerpo necesita moverse para estar sano y en forma.  Diviértete. Siéntete satisfecho de lo que puede hacer tu cuerpo.
  • Haz algunos ejercicios de entrenamiento de fuerza. Estar en forma puede ayudarte a tener mejor aspecto y a sentirte bien contigo mismo. Estar en forma no es algo que surja de la nada. Tienes que entrenar y llevar una dieta saludable. Empieza con entre 20 y 30 minutos 3 días a la semana. Busca un buen entrenador o monitor para que te aconseje.  Un buen entrenamiento también te mejorará el estado de ánimo.
  • Trata bien a tu cuerpo. Para sentirte bien con tu cuerpo, cuida de él. No fumes ni hagas otras cosas que sabes que son nocivas para la salud. Come alimentos saludables.  Duerme lo suficiente. Mantén tu cuerpo limpio. Dúchate con frecuencia. Cuídate la dentadura, el cabello y la piel. Lleva ropa limpia. Si te tratas bien de forma continuada, tendrás un cuerpo más sano y más fuerte, lo que te ayudará a tener una  mejor imagen corporal.
  • Sé tú mismo. Tu cuerpo solo es una parte de quien eres. Céntrate en cosas sobre el tipo de persona que eres.  ¿Eres sincero, amable y un buen amigo? ¿Se te dan bien las matemáticas, las ciencias o la escritura?  ¿Eres un amante del aire libre? ¿Un amante de los animales?  ¿Un gran lector, un gran dibujante o un buen músico?  Hay muchas cosas buenas en ti.
  • Haz cosas que ayuden a la gente.  Usa la fuerza, la energía y las habilidades de tu cuerpo para ayudar a los demás.   ¿Sabías que tu imagen corporal puede salir reforzada cuando haces (de buen grado) una tarea que ayuda a otras personas?  Por lo tanto, pinta la habitación de tu hermana pequeña, pasa el rastrillo por el jardín de un vecino, lava la vajilla o saca la basura.  Ayudar te hará sentir bien.

TeensHealth from Nemours. Revisado por: D’Arcy Lyness, PhD

Fecha de revisión: agosto de 2018

 

Depresión en adolescentes: signos de alerta y cómo ayudarlos

Tristeza e irritabilidad que se mantienen en el tiempo, aislamiento, ideas repetitivas de muerte, conductas destructivas o autolesiones, son algunas de las señales que ayudan a identificar la depresión en un adolescente, una enfermedad que puede condicionar su futuro pero que cuenta con tratamiento eficaz. Se considera que entre el 5% y el 10% de los adolescentes podrían recibir un diagnóstico de depresión, cuya expresión más grave puede ser el suicidio. Ante la duda, lo mejor es siempre consultar con un experto.

La adolescencia es una etapa de crisis vital en la vida. El individuo debe decir adiós a su infancia y asumir su condición de adulto. Es un proceso vital complejo que conlleva una manera de comportarse diferente, un desorden emocional e incluso algunas reacciones de índole depresiva, pero que son variantes normales de esta fase de nuestra existencia. “La adolescencia supone una crisis como puede ser la de los 40 o la de la jubilación. Se produce un duelo por el niño que se ha dejado de ser y hay que decidir qué adulto se quiere ser. Existe una desregulación emocional y un desajuste de conciencia”, explica Abigail Huertas, portavoz de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y Adolescente (Aepnya) y psiquiatra infantojuvenil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Sin embargo, también es cierto que es una de las etapas de mayor riesgo de inicio de la depresión. Los cambios físicos, cognitivos y sociales, experimentados en un período breve de tiempo, pueden convertirse en factores estresores. Por todo ello, es importante determinar la diferencia entre lo que son variantes conductuales características de la adolescencia y una depresión, que como significa Huertas, “limita el desarrollo y paraliza la evolución de una persona, pudiendo empeorar su futuro, pero tiene cura, es una de las enfermedades infantojuveniles que mejor responde al tratamiento”.

“Si tiene dudas, consulte”

Lo primero es detectar el problema. Los padres y las familias desempeñan un papel crucial, aunque las señales no son siempre muy claras. Fernando González Serrano, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (Sepypna), lo dice gráficamente: “Con los adolescentes estamos en el filo de la navaja”. No obstante, tanto Huertas como González Serrano son rotundos cuando aconsejan que se consulte con un experto en caso de que existan dudas: “Si está preocupado, si tiene dudas, haga una consulta”.

En la misma línea, Azucena Díez Suárez, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la Sociedad Española de Pediatría (SPI-AEP), subraya las ventajas de un diagnóstico realizado a tiempo y un tratamiento adecuado: “Se previenen futuras complicaciones, tales como una peor salud en general y otros trastornos psiquiátricos, como los que tienen que ver con el abuso de sustancias, principalmente alcohol y cannabis, y por supuesto, el suicidio”.

Signos de alarma

¿Cuáles son los síntomas que pueden alertar a los padres? Los especialistas están de acuerdo en que los cambios bruscos de conducta, la tristeza y la irritabilidad persistentes, “estar siempre enfadado, más allá de lo habitual en la adolescencia, o estar permanentemente triste o llorando”, aclara Díez, son conductas muy reveladoras. La presidenta de la SPI da una pista que puede ayudar a discriminar: “Se distingue de la tristeza reactiva normal porque esta última cede con las distracciones y no es tan intensa ni mantenida en el tiempo”.

Para González Serrano, son muy indicativas aquellas que implican destructividad: “Que se enfade más o menos es normal, que trate de defender sus argumentos y visión de la vida con vehemencia, pero no la destrucción de objetos, las agresiones a otras personas o a sí mismo, o que se ponga en riesgo con frecuencia, metiéndose en peleas, por ejemplo”.

Los especialistas apuntan a las alteraciones de los patrones biológicos, como el apetito y el sueño, ya sea por aumento o disminución, un cambio brusco de carácter, la falta de disfrute  y el aislamiento social como otras señales que pueden hacer sospechar una depresión: “Hay adolescentes que se quedan enclaustrados en casa, incluso dejan de ir al instituto, justificándolo con que están cansados o sin fuerzas”. Y no deben pasar desapercibidos los pensamientos negativos y los relativos a la muerte: “En la adolescencia existe una preocupación por la muerte, pero que se verbalice de manera repetitiva es un signo de alarma”, advierte Huertas.

¿Cómo pueden ayudar los padres?

Ante estos indicios, la recomendación es mostrar tranquilidad, pedir ayuda y confiar en los profesionales: “Los padres tienen que saber que es una patología grave pero que se cura. Los tratamientos, que pueden ser psicoterapéuticos o farmacológicos, son muy resolutivos”, asegura la portavoz de la Aepnya.

No obstante, los padres y las familias pueden ayudar y mucho. En opinión de González Serrano, deben explicitar que están preocupados y dispuestos a escuchar lo que tenga que decir su hijo: “Igual no lo puedo resolver, pero sí puedo escucharte”. Otro consejo es encontrar espacios y momentos de contacto con él, apoyándose en las normas de la vida familiar o en las aficiones del joven: “Hay que estar con él, comer y cenar juntos, que sienta la presencia aunque sea en la distancia porque también hay que respetar sus momentos de soledad e intimidad”.

¿Y qué no deben hacer? “Tratar de ‘animar’ a una persona que sufre un episodio depresivo es contraproducente, ya que incrementa su sensación de culpabilidad. Todas las señales que pueden llevar a un niño o adolescente a pensar que su enfermedad es diferente a otras y es culpa suya se deben evitar”, responde Díez. Es conveniente rebajar las expectativas académicas y, por tanto, la presión, así como no someterle a tomar decisiones importantes hasta que la situación mejore.

Múltiples factores influyen en las causas

La depresión tiene una causalidad multifactorial, empezando por componentes genéticos o familiares que derivan en una mayor predisposición. Díez sostiene que la herencia es el factor que predice con mayor potencia la posibilidad de que un menor desarrolle esta enfermedad: “Si alguno de sus familiares de primer grado (padres o hermanos) la han padecido, el riesgo se incrementa por 15. Es importante destacar que no siempre aparecen eventos vitales estresantes, algunos niños tienen una gran vulnerabilidad y pueden desarrollar depresión sin que medie ningún factor ambiental significativo”.

Pese a ello, los factores ambientales pueden sin duda precipitar la aparición de síntomas depresivos. Huertas habla de estrés y de adversidad psicológica, “que se pueden desencadenar por crisis familiares, la pobreza, la infravivienda, el acoso escolar o porque el adolescente tiene poco apoyo social o poca comunicación con la familia”. Los factores biológicos, como una enfermedad crónica u otra patología psiquiátrica, también pueden estar implicados.

El presidente de Sepypna coincide en que hay cierta potencialidad pero considera trascendentes determinadas experiencias biográficas, sobre todo la pérdida de algún progenitor, los abusos o maltratos a edad temprana: “La pérdida del padre o la madre, el abandono o el maltrato en los primeros ocho años de vida aumenta claramente esa predisposición”.

Los factores hereditarios no se pueden prevenir, pero hay suficiente evidencia de que fomentar todo tipo de actividades al aire libre y el ejercicio físico ayudan a impedir que aparezcan episodios depresivos y también previenen el consumo de tóxicos. Además, Díez propone la adherencia a una dieta sana y un estilo educativo basado en la comunicación y afecto, que ayuda a la prevención y a la detección precoz de síntomas: “Te vamos a querer y ayudar siempre, aunque cometas errores”.

Suicidio

El suicidio está considerado como la segunda causa de muerte en adolescentes y jóvenes de entre 15 y 29 años. A veces es el primer signo de alarma de una depresión grave. De hecho, muchas tentativas no tenían diagnóstico previo y, algo inquietante, un porcentaje importante de casos que llegan a urgencias se pierden en el circuito asistencial; según González Serrano, casi la mitad de esas familias no acuden después al especialista cuando es obligado, ya que es fácil que se produzca un segundo intento durante los 10 días posteriores a una tentativa. En este sentido, Huertas señala que es esencial que estos jóvenes tengan un canal prioritario para recibir asistencia especializada, como ya ocurre en algunas comunidades autónomas.

En cuanto a la prevención, González Serrano reconoce que los únicos indicadores disponibles son las tentativas anteriores y una ideación suicida. Por ello, enfatiza la necesidad de concienciar a las familias, debemos tomarlo en serio: “Si se habla de esto, hay que darle la importancia que tiene, que es mucha, no es una tontería. Y una tentativa es un acto muy grave”.

Fuente: https://cuidateplus.marca.com/

Mujeres, solteros y adolescentes, los que peor viven el confinamiento

Mujeres, solteros, adolescentes y jóvenes son las personas que peor han vivido el confinamiento por la epidemia de COVID, según un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, que ha analizado las características de 2.055 personas de toda España.

El estudio tenía por objetivo conocer las variables sociodemográficas y psicológicas personales que se relacionan con una mejor y peor adaptación a la experiencia de encerrarse en casa, con el objetivo de ayudar a diseñar acciones preventivas para la población más vulnerable.

Tras encuestar a las 2.055 personas, los investigadores han comprobado que aquellas que vivieron el confinamiento como una experiencia desagradable son mayoritariamente las mujeres, los adolescentes y jóvenes, los que vivían solos y los que tienen miedo a perder el trabajo.

Detectaron que las mujeres tenían un mayor estrés que los hombres, una cuestión que, «aunque no hemos estudiado, podría deberse en parte a los problemas de conciliación», ha explicado Fàbia Morales, que ha liderado la investigación.

Según el estudio, las personas con miedo a perder su trabajo han vivido peor el confinamiento que aquellas que ya lo habían perdido, lo que sugiere que la incertidumbre en relación al propio trabajo dificulta la adaptación a una situación de confinamiento.

Las personas de más edad se adaptaron mejor que los más jóvenes, pero, en cambio, vivieron la situación con más preocupación porque «para los adolescentes y jóvenes, la socialización es más central y para las personas de más edad lo es la familia», según Morales.

El trabajo también concluye que el confinamiento fue una experiencia menos negativa para las personas que conviven con pareja y sin hijos, que para las que viven solas o tienen una relación pero no se confinaron juntos.

Además de las variables sociodemográficas, los investigadores han visto que las características psicológicas de las personas han ejercido de factores protectores de la estabilidad emocional, la capacidad de resiliencia en situaciones adversas, tener autoestima y ser optimista.

En este sentido, el estudio ha hecho un hallazgo que diferencia la población española de la de los otros países donde también se han hecho estudios similares, al observar que las personas extrovertidas se adaptaron mejor al confinamiento.

«Teníamos la hipótesis de que la necesidad de socialización de las personas más extrovertidas sería un factor que les haría vivir más negativamente la distancia social, pero en realidad son más resilientes y, en el caso de España, pudieron beneficiarse de las redes vecinales que se crearon», ha concretado Morales.

Una vez han establecido los perfiles de las personas que peor y mejor se adaptan al confinamiento y la cuarentena, los investigadores han diseñado ahora otra encuesta para determinar el perfil de las personas que cumplen mejor y de las que incumplen las medidas y recomendaciones sanitarias y sociales sobre la pandemia.

«Con esto tendremos una imagen completa para elaborar recomendaciones útiles para cumplir las medidas y saber a qué grupos debemos dirigirlas especialmente«, ha avanzado Morales.

Fuente: abc.es

Entender a tu hijo adolescente no es imposible (si sabes cómo hacerlo)

Ni es una mala época, ni tenemos que prepararnos para nada, ni entramos en un calvario, ni hay que asistir a un curso específico… Simplemente, nuestro niño crece y ahí debemos seguir estando nosotros, como padres, para acompañarlo en esta nueva etapa de su vida. Aunque a veces lo parezca, entender a tu hijo adolescente no es imposible, aunque debes conocer las siguientes claves para que resulte un poco más sencillo.

Cuando un niño llega a la adolescencia

Lo primero a tener en cuenta es, que TODOS hemos pasado por ahí, y ahora, le toca a nuestro hijo. Lo segundo es que afortunadamente ACABA, es decir, tiene un principio y un fin. Estas dos ideas son motivo para, a partir de ahora, sentir algo más de tranquilidad como para sonreír.

La adolescencia es una época que dura desde los 12 años hasta los 17-18 años, más o menos. Cierto es que el mayor cambio se produce de los 13 a los 15 años. Y que a partir de los 16, el tema se empieza a llevar mejor, puesto que empiezan a disminuir los cambios físicos y emocionales de nuestro hijo facilitando un poco su trato y acompañamiento.

La función principal de nosotros, los padres, es darle herramientas suficientes a nuestros hijos, en este desarrollo de sus vidas, para que cuando tengan 20 años echen a volar. En ese momento, como padres, tendremos otro aprendizaje: aprender a dejarlos volar, pero ese será otro momento…

Volviendo a la adolescencia, hay varias cuestiones a tener en cuenta:

– Somos sus padres, así que, el amor incondicional por ellos siempre va a prevalecer, hagan lo que hagan. Efectivamente, habrá consecuencias cuando su comportamiento no sea el más adecuado.

– Somos sus padres, así que para ellos, como hijos adolescente que se están autodescubriendo, somos los que les estamos amargando sus vidas. Por aquello de recordarles los limites y ponerles normas a cumplir.

– Y por último, somos sus padres, no sus amigos.

Así que, se trata de hacer una buena combinación de estas tres ideas, para llevarnos bien en este ciclo evolutivo que supone la adolescencia.

Juego para entender a tu hijo adolescente

Para empezar a entender a tu hijo adolescente, te propongo un juego de empatía que te ayudará a comprender por qué tiene dichos comportamientos. Te sugiero que trates de ponerte en su piel y pensar como te sentirías tú si te ocurriera todo esto, a la vez:

– Estás teniendo cambios físicos, importantes, en tu cuerpo.

– Te sientes inestable emocionalmente.

– Dudas de ti.

– No te sientes seguro/a en las relaciones personales.

– No sabes quién eres.

– Te opones a cumplir las normas.

– Crees que nadie te puede comprender…

A ellos, todo esto, les provoca comportamiento distantes, irritantes, egoístas, desafiantes, deprimidos… y todo lo que quieras añadir. Pero, ¿cómo te sentirías tú? ¿Te atreves a expresarlo?

6 consejos para lidiar con un adolescente

Así que para lograr una convivencia tranquila y armonía en casa, debes tener en cuenta y aprender a:

1. Ármate de paciencia
Puede resultarte muy útil asistir a a clases de yoga, aprender a meditar o controlar el Mindfulness.

2. Procura estar disponible para tu hijo
Intenta que, siempre que te necesite, estés ahí para tu hijo (aunque él no lo esté nunca para ti). Saca siempre tu mejor lado, tu mejor sonrisa y tu predisposición.

3. Aprende a negociar
Los adolescentes saben negociar muy bien, y es probable que en esta época os pongan a prueba con sus negociaciones continuamente, para TODO.

4. Deja que tu hijo aprenda a equivocarse
Deja que elija, decida y por supuesto, se equivoque. Ten en cuenta que no siempre le podemos sacar las castañas del fuego y, además, es su vida y, por tanto tiene que aprender.

5. Respeta su privacidad
Respeta su “cueva”, su intimidad y déjalo en su aislamiento. Lo sé, siempre están encerrados en su habitación, pero hay que aprender a respetarlo, no hay otra.

6. Dile y demuéstrale que le quieres
Y por supuesto, no olvides mostrarle siempre tu interés y amor que sientes por él. Te lo rechazará, pero si tú le rechazas, tu hijo pensará que no te importa.

Es un gran momento para descubrir a tu hijo adolescente, acompañarle y para conocer una nueva versión de nosotros mismos. ¡Ánimo!

Fuente: guiainfantil.com

Lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes

Se dicen tantas y tantas cosas alrededor de la adolescencia, que pocos padres esperan con entusiasmo y optimismo esta etapa de desarrollo. La mayoría se sienten un poco asustados al pensar en lo que les espera cuando sus hijos crezcan… Es por eso que hemos querido describirles algunas de las cosas difíciles que podrán enfrentar con sus hijos en este periodo, pero también las divertidas y emocionantes, que no son pocas, para que esta vez el balance sea más justo. Esto es lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes.

Analizamos lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes, ¡apunta!

1. Sus opiniones y el pensamiento crítico

– Lo difícil
Dejan de creer en todo lo que les dices. A partir de los 9 años, momento en el que nuestros hijos se acercan a esta etapa, se vuelven más críticos y cuestionan mucho más el por qué de ciertos temas. Antes, nuestras explicaciones bastaban para convencerlos de cualquier cosa, pero ahora, las cosas han cambiado.

– Lo divertido
Es increíble ver como gradualmente desarrollan un pensamiento más crítico y empiezan a hacer preguntas sobre aspectos que antes les pasaban de largo. Si logras observar este fenómeno desde la perspectiva correcta, podrás disfrutarlo más que sufrirlo. Podrás sostener con ellos pláticas nuevas y hasta bromear sobre temas más adultos a medida que crecen, lo cual es una experiencia muy enriquecedora que además puede acercarte a ellos.

2. Su apariencia personal

– Lo difícil
Empieza a haber confrontaciones en temas de apariencia personal. El peinado y la ropa pueden ser motivo de discusiones. Puede ser que el estilo que tu hijo prefiere no sea lo que tu escogerías, sin embargo, es el que a él le gusta y eso es suficientemente importante para hacer un esfuerzo y en la medida de lo posible negociar y tener mente abierta para dejarle experimentar.

– Lo divertido
Si te muestras abierto y cooperador sin hacer juicios todo el tiempo, puede ser que corras con el beneficio de que pida tu opinión sobre qué usar para la fiesta del sábado o qué llevar a un concierto y hasta volverte un poco su cómplice. Aquí es cuando padres e hijos pueden hacer distintas actividades juntos: ir juntos al salón de belleza, asesorar a sus hijos sobre el afeitado… Esos momentos pueden llegar a ser tan emocionantes como cuando los viste caminar por primera vez.

3. La relación con los padres

– Lo difícil
Antes eran felices de perseguirte hasta cuando estabas en el baño para platicar contigo y tenerte cerca. Las comidas familiares les hacían ilusión y no imaginaban un plan mejor que estar junto a papá y mamá el fin de semana no importaba dónde. Ahora no parecen tan entusiastas con esos planes, de hecho, casi tienen todo su tiempo ocupado en salidas con sus amigos, quienes parecen ser el centro de su mundo.

– Lo divertido
Si tienes claro que esto es perfectamente normal y no tiene que ver con que te quieran menos; puedes empezar a disfrutar de un tiempo para ti, salir al cine, leer un buen libro, tomar un café, inscribirte en esa clase de yoga que hace tanto se te antoja, etc.

4. Sus intereses

– Lo difícil
Puede ser que en esta época brinquen de un interés a otro con una velocidad increíble, arrastrándote a ti con ellos; que algo que les parecía fascinante en poco tiempo pierda atractivo, dando lugar a algo nuevo y te cueste un poco seguir el ritmo inscribiéndolos en actividades distintas, llevándolos a partidos, torneos, exposiciones, campamentos, etc.

– Lo divertido
Si pones atención, serás capaz de disfrutar y ser testigo del momento en que descubran aquellas cosas que verdaderamente les harán felices y que serán determinantes en su vida futura (y disfrutar con ellos el proceso).

5. Su autonomía

– Lo difícil
Pronto aprenderán a ser autosuficientes, aprenderán a conducir un auto, a tomar sus propias decisiones (que no siempre te gustarán, por cierto) y poco a poco necesitarán menos tu ayuda, lo cual puede ser agridulce.

– Lo divertido
No importa que tanto crezcan y que tanto dejen de depender de tu ayuda, siempre necesitarán sentirte cerca. Tú, tendrás mientras tanto el enorme regalo y la gran satisfacción de verlos gradualmente convertirse en adultos y ocupar su lugar en el mundo mientras sigues estando ahí para ellos.

Fuente: guiainfantil.com

Mis hijos adolescentes se han vuelto extraños para mí. ¿Cómo puedo acercarme a ellos?

“El que ama como el poeta, es una amenaza al sistema de producción en serie”. Rollo May, Amor y voluntad.

A medida que crecemos, vamos incorporando rostros y vivencias en la alacena afectiva de nuestra psiquis. Cada una de las personas que se incorpora a nuestra vida, nos deja un legado de vivencias compartidas, algunas coloridas y otras en tonos de grises. A lo largo de los años, habrá rostros con nombre de heridas y otros los pronunciaremos con solemnidad como rezos en el camino.

Al llegar la adolescencia, buscamos cada vez más descubrir quiénes somos, cuál es nuestro lugar en el mundo y hacia dónde vamos. Se inicia así una búsqueda personal que nos lleva a adquirir nuestra identidad y autonomía. A pesar de sentirnos vulnerables, intentamos alcanzar la otra orilla por nuestra propia cuenta, puesto que no queremos depender de nadie. Aunque nos muramos por dentro de inseguridad, rechazamos todo intento de rescate.

Creo que puedes darte cuenta que tu hijo está pasando por esa etapa donde parece ser un desconocido para ti cuando la conexión que tenían no es la misma que antes. Hay días en los que te pide ayuda y otros en los que sencillamente te ignora. Entiendo que sientas que vives con un extraño – ese no es mi hijo te dices angustiada.

Reedúcate para darle cabida a la comprensión

Los regaños deberán quedar en el ático, para darle cabida a la comprensión y la escucha. No digo que no marques límites o pongas un alto a ciertas conductas. Sólo te pido que antes de remarcarle las fallas le enseñes a pensar en el resultado de sus acciones. Quizás tienes gestos hermosos con él, pero le dices cosas terribles que quedan registradas en su mente anulando su estima.

Si gritas, él buscará la forma de evitarte, ¿por qué?, pues las investigaciones en psicología cognitiva sostienen que toda experiencia dolorosa queda registrada automáticamente en la memoria. No hay filtro que les impida el paso, ellas van a encenderse como carteles luminosos: “Te metiste en un embrollo, ahora vas a oír los gritos de tu madre”. No basta con que le lleves quince minutos después una porción de helado a su dormitorio. No compres su amor, sólo obtendrás que aprenda a manipularte. Un hijo manipulador nunca ama a nadie, excepto a sí mismo. Lo mejor que puedes hacer, es confesarte. Entra al cuarto con el helado y dile que sientes haber perdido los estribos, que no sabes bien cómo acercarte a él, que solo deseas que no sufra por los errores.

Disciplínate para no criticarlo

Aunque te desesperen sus modas o gustos, no lo critiques. Trata de entender por qué viste de esa forma o escucha determinada música. Interésate en sus preferencias literarias y televisivas. No tomes como un ataque personal sus cambios y modas, recuerda que son parte de su crecimiento emocional e independencia. Hazle saber que a pesar de no entender algunas de sus cosas, tu amor fluye. Dile que él es el texto central del contrato de vida que firmaste en el momento que te supiste que estabas embarazada.

Evita las confrontaciones

Aprende a negociar con tu hijo, antes de iniciar una batalla de actos rebeldes de su parte. Promueve que él mismo elija las consecuencias de sus actos: “¿no hiciste las tareas en la casa?, bien: elige un fin de semana sin internet o un NO a la ida del centro comercial con tus amigos”. Recuérdale también que hay situaciones no negociables, como su higiene, sus principios, sus estudios.

Ámalo como ama un poeta

Retomo la cita de Rollo May: recuerda que muchas veces la rebeldía es un ruego de atención, amor y presencia. Antes de preocuparte por las vacaciones de verano, planea caminar por el interior de tu hijo, dialoga, ríe con él y siéntate a su lado en silencio. El poder del tacto, el oído y la pausa son realmente mágicos.

Permite que comparta sus emociones contigo, no dejes que un amigo virtual reemplace tu abrazo cuando él se sienta triste. El poder de un abrazo es más fuerte y duradero que un capricho nuevo. Te aseguro que a medida que logres hacer cambios en el modo de relacionarte con tu hijo, descubrirás que él ha vuelto a tu vida.

Fuente: familias.com