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Psicólogos explican cómo saber si su hijo ha sido abusado

Dos psiquiatras responden a esta y otras preguntas sobre este tema. Explican qué hacer cuando hay sospechas de que el hijo ha sido abusado sexualmente. La mayoría estos abusos los cometen los propios familiares del niño.

El 23 de mayo de 2017, Daniel Eduardo Osorio Osorio, tomó la decisión de terminar con su vida. Tenía 21 años de edad. Su mamá, Patricia, relató que el niño había dejado una nota en la que explicaba que había sido víctima de abuso en el Colegio San Viator en la ciudad de Bogotá desde que tenía 12 años. Para que los padres puedan identificar si sus hijos pudieron haber sido víctimas de abuso sexual, SEMANA.COM habló con los psiquiatras especialistas en psiquiatría del niño y del adolescente Juan David Ávila, de la Universidad El Bosque y Rafael Vásquez, docente de la Universidad Nacional con una práctica en la Fundación Hospital De La Misericordia, HOMI, quienes explicaron los efectos psicológicos del abuso sexual en menores y dieron pistas sobre lo que un padre de familia puede hacer ante dicha situación.

 ¿Cuál es la forma más frecuente de abuso sexual en niños y adolescentes?

JDA: Son muy habituales los abusos cometidos por algún miembro del núcleo familiar, de personas que son figuras de confianza y de autoridad para el niño y que además juegan un rol clave en el proceso de formación de la personalidad del niño.  Desafortunadamente, de acuerdo a reportes de Medicina Legal, la mayoría de los casos de abuso sexual en niños y adolescentes son cometidos por personas cercanas y ahí caben tanto familiares como cuidadores y maestros. Cuando una persona es desconocida los efectos y las secuelas pueden ser las mismas, pero cuando el abusador está dentro del núcleo familiar se corre el riesgo de que el abuso sea llevado a cabo de manera repetitiva.

RV: El caso de Daniel Eduardo es excepcional para el prototipo nacional del niño víctima de violencia. Este es un niño de bajos recursos que es violentado sexualmente o por su padrastro, o por su tío, o por su papá o por su abuelo y su familia no puede renunciar a vivir con el victimario porque es la fuente de financiación de la casa. Este es un caso atípico para el típico nacional.

¿Psicológicamente que le pasa a un niño o adolescente que es abusado sexualmente?

JDA: El niño puede presentar inseguridades. Una alerta clara es que el niño puede presentar una alteración de su rendimiento académico que, dicho sea de paso, puede ser un indicador de un trastorno depresivo. Puede también desarrollar un trastorno de ansiedad o una combinación de ambas cosas que es lo que por lo general vemos en la mayoría de los niños que han experimentado abuso sexual. También es frecuente que se manifieste un trastorno de estrés postraumático, agresividad y conductas oposicionistas, que implican una pobre tolerancia a las reglas y a la autoridad.

RV: No hay un fenómeno único y preciso. Pasan un montón de cosas que no sabemos exactamente y con precisión qué son, pero estos son niños que a medida de que pasa el tiempo comienzan a ser vulnerables, a sufrir una gran cantidad de dificultades emocionales, particularmente de ansiedad y depresión. Un niño que ha padecido violencia sexual queda con una serie de marcas o vulnerabilidades que en cualquier momento de su vida se expresan como alteraciones emocionales.

¿Los efectos de un abuso sexual son distintos en niños y en adultos?

JDA: El diagnóstico puede ser el mismo y con el mismo nombre, un adulto y un niño pueden ser diagnosticados, por ejemplo, con un trastorno depresivo como consecuencia de un abuso sexual, pero los síntomas cambian. No obstante, hay síntomas compartidos y de ahí que tanto en adultos como en niños se presente una ideación suicida.

RV: No. Son parecidos. El acto de violencia es una cosa que a un individuo lo inunda y lo deja sin una capacidad de respuesta. En los adultos las emociones alteradas se expresan de inmediato, mientras que en un niño no. Algunas si se manifiestan de inmediato (dependiendo de la gravedad del abuso) pero otras se van a expresar a medida que el niño va creciendo.

En los jóvenes y adolescentes, ¿qué tan frecuente es el suicidio cuando hubo abuso sexual?

JDA: La ideación suicida se presenta con muchísima frecuencia en niños y adolescentes. Ojo, esto no significa que todo aquel que tenga la idea la vaya a llevar a cabo, pero el fenómeno del abuso sexual genera sentimientos que hace que estas ideas, como la culpa, sean muy frecuentes. Un individuo que ha sufrido abuso sexual con frecuencia experimenta sentimientos de vergüenza y de culpa y empieza a buscar explicaciones de por qué le sucedió lo que le sucedió. Se pregunta que hizo mal, se cuestiona por qué no avisó a tiempo, por qué fue a esa casa, etc. Dependiendo de la edad, los niños tienen dificultad para la toma de decisiones o tienen conductas impulsivas y eso es un riesgo porque podrían llevar a cabo estas ideas que terminarían en un suicidio.

RV: El suicidio es uno de los factores que se desencadenan del abuso porque este acto genera enormes cantidades de angustia y el suicidio se convierte entonces en una de las vías para solucionar dicha angustia. Cuando un niño llega a contemplar el suicidio es porque lo ha intentado casi todo. Ha rezado, ha hablado con sus amigos, se ha cortado, ha hecho mil cosas, pero no logra resolver el problema y se encuentra con esta opción. El suicidio no es un fenómeno único y no es el primer acto de una tragedia sino, por el contrario, es el acto final de una tragedia de largo e intenso sufrimiento.

¿Cómo puede un padre ayudar a su hijo? ¿Qué puede hacer un padre que tiene conocimiento de que su hijo fue abusado?

JDA: Lo primero y lo más importante es tomar en serio la denuncia y el testimonio del menor que reporta que ha sido abusado sexualmente. Esto no necesariamente quiere decir que sea verdad, pero hay que tomarlo en serio y hay que hacerle saber al niño que hay credibilidad en su palabra. Posteriormente hay que buscar ayuda profesional que evalúe la credibilidad del testimonio del menor y denunciar el hecho.

RV: Lo primero que toca hacer es creerle de manera absoluta. No hay que dudar cuando los niños cuentan lo que les pasó. Puede que durante el camino se vayan aclarando las cosas, pero en principio hay que no dudarlo. Y el siguiente paso es denunciarlo, ya sea a la comisaría de familia o en donde corresponda pero denunciarlo.

 Si no hay una lesión física evidente, ¿hay alguna forma de detectar que un niño o adolescente ha sido víctima de abuso sexual? ¿Hay banderas rojas?

JDA: No hay una bandera roja absoluta. No hay ninguna señal frente a la que uno diga: “si esto se manifiesta es porque hubo abuso”, no. Pero los padres pueden estar atentos a un conjunto de síntomas que, si bien no indican de manera inequívoca que hubo un abuso sexual, pueden generar sospechas y una sospecha es suficiente para comenzar a buscar la ayuda profesional que descarte o confirme sí en efecto hubo o no abuso sexual.

RV: Hay cuatro señales claras, pero es un terreno complejo porque hay testimonios que son muy difíciles de aclarar. Pero sí tenemos banderas, y son:

  •  En un escenario en donde la mamá se va a trabajar y el niño se queda en casa con un adulto, puede pasar algo.
  •  Cuando el niño, especialmente el niño pequeño, comienza a tener comportamientos sexualizados, comportamientos sexuales abiertos que antes no presentaba,  frente a eso hay que asumir que algo le pasó al niño.
  • Alteraciones del sueño. Un niño que no tenía dificultades para dormir, que no  tenía pesadillas y comienza a presentar estos signos, si es un niño con factores de vulnerabilidad (adultos cercanos que podrían ser perpetradores de la violencia), hay que ponerle atención al tema.
  • Y la cuarta situación, que es la que llamamos alienación parental en donde uno de los papás separados puede interpretar cualquier acto del otro como un acto de violencia sexual y es muy difícil aclarar la situación. Entonces los padres de familia alegan que el otro violentó sexualmente al niño y las señales de abuso, verídicas o no, se vuelven herramientas que usan los padres para agredirse mutuamente. Esto vale la pena mencionarlo porque de eso nadie habla: la gente ve el caso extremo de Yuliana Samboní pero esto es un problema del día a día.

Papá le pega a mamá: los testigos del maltrato

“La educación es la vacuna contra la violencia.”

La violencia doméstica es una realidad común en nuestra sociedad. Esta ocurre en todas las clases sociales, grupos étnicos, culturas y religiones.

La mayoría de los casos pasan desapercibidos ya que muy a menudo las víctimas sufren en silencio. Los estudios demuestran que cada año son mas los jóvenes entre las edades de 3 a 17 años los que están expuestos a la violencia doméstica. Las estadísticas reflejan que el 95% de los casos involucran a las mujeres víctimas de sus parejas masculinas. La trágica realidad es que cada vez que una madre es maltratada por su pareja, son a menudo sus propios hijos los testigos del maltrato y la tensión en el hogar por lo que ellos también se ven afectados. El presenciar puede significar VER incidentes reales de maltrato físico y/o sexual, ESCUCHAR amenazas o peleas desde otra habitación, OBSERVAR las secuelas de maltratos físicos, tales como: sangre, moretones, lágrimas, la ropa rasgada y/u objetos rotos.

Lo que hiere a la madre, también hiere a los hijos. Cuando la madre es abusada, sus hijos pueden sentirse culpables de no poder protegerla. Ellos sufren al ver que sus padres se gritan, empujan o golpean. Estos comportamientos causan en los hijos sentimientos de confusión, estrés, miedo, vergüenza, o hasta muchos llegan a pensar que ellos mismos han causado el conflicto. Están siempre en guardia, observando y esperando a que el próximo evento se produzca. Como nunca se sabe lo que va a desencadenar el abuso, no tienen tranquilidad; siempre están preocupados por ellos mismos, por sus madres y hasta por sus hermanos. Pueden sentirse enojados, humillados y hasta impotentes.

En los hogares donde existe violencia doméstica, el miedo, la inestabilidad y la confusión reemplazan el amor, la comodidad y la crianza que los niños necesitan. Muchos pueden presentar problemas emocionales, llorar excesivamente, sentirse retraídos o tímidos, pueden tener dificultades para hacer amigos, sienten miedo de los adultos y algunos hasta pueden sufrir de depresión y utilizan también la violencia para resolver sus propios problemas en la escuela y el hogar.

Cuando los hijos crecen en un hogar de maltrato, se les niega el tipo de vida familiar que fomenta el desarrollo saludable y aunque ellos no sean directamente maltratados, igual pueden verse afectados al ver que son sus madres las que están siendo victimas del maltrato. Como resultado, muchos experimentan el estrés en el hogar y llegan a mostrarlo de diferentes maneras tales como: dificultad para conciliar el sueño, enuresis, problemas de conducta, dolores de estómago, dolores de cabeza y / o diarrea, etc. Los niños que crecen en este tipo de entorno, tienen un mayor riesgo de caer en las drogas, abuso del alcohol o ser objetos de relaciones abusivas, como agresores o víctimas y un tercio llegan a desarrollar problemas emocionales, trastorno de estrés postraumático, delincuencia juvenil y la criminalidad en la edad adulta.

Debido a que mamá está luchando para sobrevivir, a menudo no está presente para sus hijos y papá esta tan consumido tratando de controlar a todo el mundo que tampoco se muestra disponible para ellos. Por lo tanto, los hijos llegan a sentirse física, emocional y psicológicamente abandonados creciendo hambrientos de atención, afecto y aprobación.

Reacciones emocionales, físicas y de comportamiento ante la violencia familiar en los hijos:

Reacciones emocionales : El miedo, la culpa, la vergüenza, trastornos del sueño, tristeza, depresión y enojo (tanto hacia la persona que abusa con violencia como también hacia la madre por ser incapaz de impedir la violencia).

Reacciones físicas: Dolores de estómago y / o dolores de cabeza, enuresis (mojadas de cama) y ​pérdida de la capacidad de concentración. Algunos también pueden sufrir abuso o negligencia física o sexual. Otros pueden salir lastimados al tratar de intervenir en nombre de su madre o de algún hermano.

Reacciones de comportamiento: Rabietas, alienación o ansiedad por complacer. Los niños pueden presentar síntomas de ansiedad y una capacidad corta de atención que puede provocar un bajo rendimiento escolar y de asistencia. Algunos pueden experimentar retrasos en el desarrollo del lenguaje, habilidades motoras y/o cognitivas. También pueden utilizar la violencia para expresarse mostrando un aumento de agresividad con sus compañeros o hasta con sus propias madres. Ellos pueden llegar hasta a auto-lesionarse.

Los efectos a largo plazo en los niños que son testigos de violencia doméstica

Los niños que crecen observando que sus madres son víctimas de abusos, sobre todo por parte de sus padres, crecen con un modelo de relaciones íntimas en las que una persona usa la intimidación y la violencia sobre la otra persona para conseguir lo que desea. Dado que los niños tienen una tendencia natural a identificarse con la fuerza, muchos pueden aliarse con el abusador y perder el respeto por sus aparentemente indefensas madres. El abusador suele menospreciar a la madre delante de sus hijos y puede llegar a decirles que ella está “loca” y que ellos no tienen por que escucharla. Al ver que sus madres están siendo tratadas con una enorme falta de respeto por parte de sus padres, los niños aprenden que ellos también pueden faltarle al respeto a las demás mujeres de la misma forma en que sus padres lo hacen con sus propias madres.

La mayoría de los jóvenes que se crían en hogares abusivos aprenden que la violencia es una manera eficaz de resolver los conflictos y problemas. Pueden reproducir la violencia de la que fueron testigos desde niños en sus relaciones adolescentes y adultas así como también ser más propensos a golpear a sus futuras parejas que aquellos que han sido criados en hogares no violentos. Para las niñas, la adolescencia puede resultar en la creencia de que las amenazas y la violencia son parte de la norma en las relaciones.

¿Qué hacer?

Es imposible evitar que los hijos sean testigos de la violencia doméstica. Ellos pueden ver o escuchar los episodios abusivos entre sus padres, ser utilizados o incluso implicados en la violencia (por ejemplo, el niño puede estar en los brazos de su madre cuando ella es golpeada), por lo que pueden experimentar las consecuencias y la tensión que acarrea el abuso. El grado de daño emocional depende en gran medida de cada niño, su edad, sexo y personalidad, lo mucho que el/ella haya presenciado el abuso y si ha estado o no personalmente involucrado en él.

Una sensación común que algunos padres consideran es que a pesar del entorno violento y abusivo, es mejor permanecer juntos por el bienestar de sus hijos. Sin embargo, no se dan cuenta que a menudo son sus propios hijos los que prefieren ver a sus padres separados como una forma de ponerle fin al “problema”.

La única respuesta ante el problema de violencia doméstica es tratarla como lo que es – violencia. Se debe luchar contra los valores sociales que refuerzan el estereotipo que fomenta a los hombres a actuar agresivamente y utilizar la violencia como una forma de resolver los problemas; donde las mujeres son débiles, sumisas y deben aceptar la dominación masculina como la norma. El crecer en un hogar donde el abuso de alguna forma es la norma, ofrece a los hijos el ejemplo que esto es lo que una relación está destinada a ser. Este tipo de hogares tienden a incluir la inestabilidad, los conflictos, la distancia emocional y una vida que va de una crisis a otra. Ellos aprenden patrones poco saludables de relacionarse, y por lo tanto inconscientemente la mayoría llegara a elegir futuras parejas que vengan de entornos igualmente poco saludables para así poder seguir el patrón de violencia del cual están familiarizados. Por lo tanto, antes de que sea demasiado tarde, es crucial buscar ayuda profesional, una terapia familiar, que le ofrezca a cada miembro del hogar la oportunidad de lograr romper con los patrones destructivos aprendiendo maneras no violentas de como resolver sus conflictos emocionales.

Fuente: latribuna.hn

Cómo determinar si un niño está siendo abusado

Una señal de que tu hijo está siendo agredido sexualmente es una actitud inusualmente retraída y tímida. Busca las señales de advertencia que indiquen que pueda estar sucediendo un abuso y habla con tu hijo sobre si ha ocurrido un tocamiento inapropiado. Actuar rápidamente es la mejor manera de ayudar a tu hijo si experimenta de un abuso. Lee este artículo para aprender a identificar si tu hijo está siendo agredido sexualmente y saber las medidas que debes adoptar.

Método 1
Buscar las señales

Fíjate si tu hijo parece inusualmente sigiloso. Si tu hijo suele ser franco y exuberante, pero de repente tiene un comportamiento tímido o sigiloso, puede ser una señal de que hay un problema. En muchos casos, los niños se reservan lo sucedido por vergüenza o confusión sobre lo que sucede y debido a que no saben cómo expresar sus sentimientos. Presta atención si tu hijo parece más callado que de lo usual.

Un niño puede volverse callado debido a abusos sexuales, como ser víctima de una agresión, atravesar por el divorcio de los padres u otras circunstancias. Sin embargo, se puede ver como una señal de alarma que puede indicar un abuso sexual, en especial si notas otras señales de advertencia.

Determina si tu hijo ha retomado un comportamiento más infantil. Ponte muy alerta si tu hijo de repente comienza a actuar más joven que un niño de su edad. Si puedes descartar otros factores que puedan causar este cambio, como el bullying o alguna otra forma de tensión, puede ser una señal de abuso sexual. Te brindaremos algunos ejemplos de los comportamientos en los que debes fijarte:

  1. Mojar la cama (después de la edad en la que suele suceder esto)
  2. Tener rabietas y demostrar agresividad sin ninguna razón aparente
  3. Aferrarse a ti y llorar cuando tienen que separarse después de dejarlo en la escuela o en el servicio de guardería

Presta atención a las pesadillas y a otros problemas para dormir. La mayoría de los niños experimentan pesadillas o tienen insomnio de vez en cuando, así que probablemente no tengas que preocuparte por algunas noches de poco sueño. Sin embargo, alármate si tu hijo tiene pesadillas regulares, llora cuando te vas de la habitación por la noche y no puede dormir en su habitación.

Fíjate en los comportamientos inapropiados al jugar. Algunas veces, los niños que son agredidos sexualmente representan el abuso con los juguetes u otros niños. Puedes ver a tu hijo demostrando un comportamiento sexual y no tener idea de dónde lo pudo haber aprendido. Fíjate en la forma en que tu hijo juega con los juguetes y con otros niños, y no te pierdas de ninguna otra señal.

Por ejemplo, un niño que es agredido sexualmente puede tocar a una muñeca o a un juguete de manera inapropiada, o exhibir este comportamiento con otro niño.

Un niño puede utilizar palabras o frases sexuales que nunca antes se le ha enseñado.

Es normal que los niños jóvenes toquen sus partes privadas; es natural que sientan curiosidad acerca de su cuerpo y que deseen explorarlo. Sin embargo, alármate si tu hijo parece exhibir un comportamiento adulto mientras lo hace (por ejemplo, cuando se masturba, ya que los niños no tocan sus partes privadas por placer).

Nota los cambios de personalidad. Si tu hijo suele ser feliz y comunicativo, y de pronto comienza a actuar de manera tímida y retraída, puede ser una señal de que ocurre un tipo de abuso. Un niño tímido puede comenzar a actuar y demostrar un comportamiento que no es propio de su carácter. Presta atención a los cambios de ánimo que no parecen originarse de una causa lógica.

Fíjate en la reacción de tu hijo con las personas y con los lugares. ¿Tu hijo demuestra miedo o señales de malestar cuando está alrededor de ciertas personas o ciertos lugares? Puede ser una señal de advertencia si tu hijo corre y se esconde, se queda callado o comienza a llorar alrededor de ciertas personas.

Algunos niños son tímidos por naturaleza, pero debes ser capaz de identificar la diferencia entre la timidez y el miedo ordinario en la reacción de tu hijo ante alguien.

Fíjate si tu hijo demuestra una aversión peculiar a ciertos lugares, como la escuela, el local de las lecciones de piano, la casa de un pariente y así sucesivamente.

Busca las señales físicas. Las señales físicas de abuso sexual son poco comunes porque los perpetradores no quieren dejar rastros. Sin embargo, es importante conocer las señales físicas de abuso de modo que puedas reconocerlas de inmediato si las ves. Te diremos cuáles son las señales de que un niño está siendo agredido sexualmente:

  1. El dolor, la decoloración, el sangrado o la descarga en la boca, los genitales o el ano
  2. El dolor durante la orina y las heces
  3. Las heridas alrededor del área de los genitales

Diferencia el comportamiento normal del anormal. Por ejemplo, el comportamiento sexual normal de los niños de entre 0 a 5 años incluye las siguientes características:

  1. Utiliza un lenguaje infantil para hablar de sus partes del cuerpo.
  2. Demuestra curiosidad por la forma en que se hacen los bebés.
  3. Se toca o se frota los genitales.
  4. Tiene curiosidad por sus propios genitales.
Método 2
Hablar con tu hijo

Ayuda a tu hijo a que se sienta a salvo de hablar. El tema de un abuso es muy difícil de discutir para los niños y los adultos, así que es importante hacerlo en un entorno que se sienta seguro. Espera un momento en el que tu hijo y tú no tengan que ir a ningún lado, y escoge un lugar que se sienta cómodo, como la cocina o el estudio. Deja que tu hijo sepa que quieres hacerle algunas preguntas y, que sin importar cuáles sean las respuestas, no se meterá en problemas.

No menciones el tema del abuso en frente de nadie en quien no confíes por completo. No lo menciones en frente de nadie que pueda ser sospechoso de abuso, como los familiares inmediatos del niño.

Es importante ser absolutamente imparcial y tranquilizador durante la conversación. No seas arrogante, no trates de tomar todo a la ligera, ni expreses ira, incluso si es una ira por la situación y no con tu hijo.

Pregunta si alguien ha estado tocando a tu hijo de manera inapropiada. Menciona el tema de una manera delicada, pero directa cuando tu hijo se sienta cómodo. Pregunta si alguien lo ha tocado de una manera inapropiada. Utiliza las palabras que tu hijo y tú normalmente utilizan para describir las partes del cuerpo que no se supone que otras personas toquen.

Aliéntalo a que diga más si te dice que sí sucedió un tocamiento indebido. Sigue haciendo preguntas de una manera imparcial.

Ten en cuenta que algunas veces el abuso sexual no deja una impresión negativa en el niño. Utilizar ciertas palabras como “¿Alguien te hirió?” o “¿Alguien te tocó de una mala manera?” puede resonar en el niño. Por ello, sé más específico.

Pregunta acerca del comportamiento poco característico que hayas notado. Por ejemplo, debes decir que has notado que tu hijo parece estar temeroso cuando va a la guardería después de la escuela o cuando cierta persona viene de visita. Pregúntale a tu hijo porqué ha actuado sigiloso, tímido o agresivo. Nombra comportamientos específicos y pídele a tu hijo que te diga qué los ha provocado.

Discute el concepto de los secretos con tu hijo. Algunas veces, un abusador hará que tu hijo le prometa que mantenga en secreto lo sucedido e incluso puede amenazarlo para que se mantenga callado. Si tu hijo te dice que le dijeron que guarde el secreto, dile que los adultos no deberían pedirles eso a los niños. Explícale que algunas veces no hay ningún problema con contar un secreto y que no se meterá en problemas por decirlo.

Dile a tu hijo que siempre puede acudir a ti. Es importante ayudarle a tu hijo a que se sienta a salvo y no juzgado cuando te hable. Dile que, sin importar lo que pase, quieres ayudarlo y mantenerlo a salvo de cualquier daño. Tu hijo acudirá a ti en el caso de que ocurra un abuso si tienes una relación confiable con él.

Método 3
Proteger a tu hijo

Determina qué constituye un abuso. El abuso infantil puede presentarse de diferentes formas, y es importante saber cómo reconocerlas. No todo abuso sexual es físico, así que se puede lastimar a un niño incluso si no se le agrede sexualmente. Te brindaremos algunos ejemplos acerca de los tipos de abuso que pueden ocurrir:

  1. Tocar los genitales de un niño por placer sexual
  2. Hacer que un niño toque los genitales de alguien (los de un adulto o de otro niño)
  3. Mostrar pornografía a un niño
  4. Tomar fotografías inapropiadas de un niño
  5. Mostrarle a un niño los genitales de un adulto o alentarlo a ver actos sexuales

Enséñale a tu hijo que ciertas partes del cuerpo son privadas. Enséñale a tu hijo desde pequeño que una persona que no sea un niño nunca debe tocar ciertas partes de su cuerpo. Muchos padres definen a estas partes del cuerpo como los que una ropa de baño debe cubrir. Enséñale a tu hijo que si alguien intenta tocarle en una área privada, debe decirle que no y avisarte tan pronto como sea posible.

Algunos padres utilizan el método de buen tocamiento, mal tocamiento y tocamiento secreto para enseñarles a sus hijos acerca de los tocamientos. Un buen tocamiento es aquel que es bienvenido, como chocar las manos. Un mal tocamiento es aquel que lastima, como una patada o un puñetazo. Un tocamiento secreto es aquel que se le dice a un niño que se mantenga en secreto. Dile a tu hijo que te diga de inmediato si un tocamiento malo o secreto sucede.

Construye una relación confiable con tu hijo. Los niños confían en sus padres si no tienen miedo de meterse en problemas. De igual forma, deben sentir que sus padres les creerán lo que digan. Comienza a promover una relación confiable y positiva con tu hijo de modo que sepa que le ayudarás sin importar lo que pase.

Nunca seas despectivo si tu hijo menciona un problema, incluso si es un problema poco relacionado con un abuso potencial. Siempre toma en serio a tu hijo y ayúdalo a encontrar una manera de solucionar un problema.

Ten el hábito de hablar todos los días con tu hijo. Una manera importante de crear vías abiertas de comunicación con tu hijo es tener conversaciones regulares con él. Es posible que tu horario esté lleno y que siempre estés apresurado, pero reserva un tiempo todos los días para preguntarle a tu hijo acerca de su vida. Controla las actividades de tu hijo, las personas con las que pasa el tiempo y la manera en que se siente todos los días. De esta forma, sabrás de inmediato si algo fuera de lo común sucede.

Asegúrate de que tu hijo se sienta apoyado emocionalmente. Los niños que no sienten que se les presta mucha atención en casa son más vulnerables ante los predadores.

Participa en la escuela de tu hijo y ten presencia en sus actividades. Los depredadores suelen tener como objetivo a los niños que no parecen tener mucha supervisión de un adulto. Tienes que estar presente en los juegos, las prácticas, los ensayos y los viajes de tu hijo. Asegúrate de conocer a una persona y de confiar en esta si planeas dejar a tu hijo en cuidado de alguien, ya sea un familiar, un profesor, un entrenador o un amigo de la familia.

Actúa con base en lo que tu hijo te diga. No descartes el hecho de que tu hijo esté siendo agredido sexualmente si te dice que así es, incluso si esto es completamente impactante. Recuerda que la mayoría de los perpetradores de abuso sexual son personas que el niño conoce y en el que confía.  Solo el 10 % son desconocidos para el niño. Realiza los pasos a continuación si tienes una razón para creer que alguien abusa de tu hijo:

  1. Aleja a tu hijo del abusador.
  2. Llama a emergencias e informa a las autoridades locales acerca del abusador. Llama a la línea de ayuda contra el abuso infantil en tu país para obtener mayor información acerca de cómo denunciar el abuso.
  3. Consigue una atención médica para tu hijo. Es importante llevar a tu hijo al doctor para averiguar si se le lastimó físicamente.
  4. Lleva a tu hijo a consejería. El trauma psicológico del abuso suele exceder al trauma físico. La terapia puede ayudar a tu hijo encontrar maneras para lidiar con la situación.

Fuente: wikiHow

Los ambientes violentos causan daños cerebrales en niños

Las experiencias de los primeros años de vida de un pequeño son la base del crecimiento del cerebro. Los primeros tres años de vida son fundamentales para establecer los cimientos sobre los que se construyen la salud, la capacidad de aprendizaje y el bienestar.  Y es durante esta etapa cuando, a un ritmo superior que en ningún otro, se producen la mayor cantidad de conexiones neuronales y se forma la arquitectura física del cerebro.

Los científicos han confirmado, gracias a varios estudios, que las experiencias durante la primera infancia tienen un papel esencial en la arquitectura cerebral. Y demostraron que el estar expuesto a situaciones de violencia o de adversidad durante los primeros años de vida puede ocasionar cambios físicos en la estructura de las conexiones neuronales.

Esto se debe a que las neuronas o células nerviosas permiten que los niños respondan a los estímulos que les rodean, y constituyen los bloques con los cuales se construye su cerebro. Por lo que, un niño expuesto a condiciones de adversidad, problemas, violencia y ambientes tóxicos, durante la primera infancia, desarrolla menos conexiones neuronales y revertir estos resultados más adelante es complicado y costoso.

Fuente: padresehijos.com.mx

Cómo ayudar a los niños a enfrentar las burlas

Jennifer Delgado

 

Burlarse de los demás no está bien, es cruel, injusto e hiriente. Y los adultos debemos cerciorarnos de que los niños lo sepan. Aún así, algunos pequeños pueden convertirse en el centro de las burlas de sus compañeros de colegio o de juegos, ya se trate de bromas inocentes o malintencionadas.

Como padres, no podemos evitar que nuestros hijos pasen por estas experiencias, pero podemos prepararles para que puedan lidiar mejor con ellas. No podemos olvidar que las burlas pueden ser la antesala del acoso escolar, un problema cada vez más preocupante que provoca graves heridas emocionales en niños y adolescentes.

Valida sus emociones y sentimientos

A un niño no le sentará nada bien convertirse en el objeto de burla de sus coetáneos. No solo se sentirá herido, humillado y ofendido, sino que también puede sentirse muy confundido pues es probable que no logre comprender qué ha hecho mal o dónde se ha equivocado. Si intentamos restarle importancia a esos sentimientos con frases como “no ha pasado nada” o, lo que es aún peor, le regañamos por haberse sentido así diciéndole cosas como “no es para tanto” o los niños no lloran”, el pequeño se sentirá más solo y confuso.

Por eso, el primer paso consiste en validar sus sentimientos. Puedes decirle “es comprensible que te sientas mal. Hablar de ello puede ayudarte. De esta manera, el niño entenderá que su reacción es perfectamente normal, no se sentirá juzgado y confiará en ti para que le ayudes a resolver sus problemas. De hecho, si el niño no se siente cómodo contándote lo que le ocurre porque cree que le juzgas, las burlas se mantienen y se convierten en acoso, es probable que termine sufriéndolo en silencio.

Ayúdale a ponerse en el lugar de los otros niños

La tendencia natural de los padres es aliarse con sus hijos en contra de un enemigo común. Sin embargo, convertir el colegio o el parque de juegos en un campo de batalla no es una buena idea. En su lugar, puedes apostar por desarrollar la empatía. Si se han burlado de tu hijo, se sentirá herido y tendrá la tendencia a asumir el papel de víctima, lo cual puede dar paso a una peligrosísima indefensión aprendida.

No obstante, si le enseñas que las burlas pueden ser el reflejo de la inseguridad de otros niños, de su necesidad de sentirse superiores o incluso de problemas en su hogar, tu hijo se sentirá más aliviado y comprenderá que el problema no está en él, lo tienen los otros. Por supuesto, no se trata de justificar ni sufrir pasivamente esas conductas, sino de comprender qué las ocasiona.

“La humillación dice más de quien humilla que de quien es humillado”.

No le des soluciones, anímale a encontrar sus respuestas

Aunque no es agradable que se burlen de tu hijo, puedes aprovechar esta situación para estimular la resiliencia, una capacidad fundamental para la vida. Esto significa que no debes darle soluciones sino ayudarle a encontrarlas. Pregúntale cómo cree que debe comportarse la próxima vez que se burlen de él. Pídele que imagine qué ocurre de nuevo y que piense en cómo debe reaccionar. La idea es que le animes a reflexionar sobre la situación y el impacto que las respuestas de ambas partes tienen en el otro.

Un artículo publicado en la Canadian Academy of Child and Adolescent Psychiatrybrinda algunas pistas sobre cómo guiar al niño para que aprenda a lidiar con las burlas. La clave radica en mantener el control y no perder la calma. Puedes pedirle que imagine que la situación de burla es como la secuencia de un vídeo, que puede parar cuando desee pues es él quien tiene el mando. Pero si pierde la calma, perderá el mando y serán los otros niños quienes tengan el control.

Los niños deben aprender los tres pasos de la técnica. El primero es tomar nota de sus gestos faciales y la postura de su cuerpo, que no puede ser agresiva ni temerosa, sino relajada. De hecho, se ha apreciado que los niños que suelen ser víctimas de bullying son aquellos que responden con irritabilidad y molestia. Cuando se le pide al niño que examine su reacción, en realidad se le está entrenando para que adopte una distancia psicológica de lo que está ocurriendo, lo cual favorece el autocontrol.

El segundo paso consiste en responder con ecuanimidad, pues si reacciona enfadándose o llorando equivaldría a ceder el mando a los niños que se burlan de él. Si se le ocurre alguna respuesta rápida e ingeniosa puede decirla, ya que normalmente desarma a los otros niños y les hacen ver que sus bromas no han hecho mella, que él sigue teniendo el control de la situación.

El tercer paso es abandonar el sitio con tranquilidad. Si no puede hacerlo, explícale que no siempre es necesario irse físicamente, que puede abandonar la situación mentalmente usando alguna técnica de distracción mental, como leer o ponerse los auriculares para escuchar música. Normalmente, cuando los otros niños se dan cuenta de que sus bromas no provocan ninguna reacción, se aburren y se van.

“La educación consiste en ayudar a un niño a llevar a la realidad sus aptitudes”. —Erich Fromm

Anímale a que haga amistades

Tener un grupo de amigos es fundamental para cualquier niño, pues este no solo es fuente de emociones positivas sino que también actuará como un escudo contra los agresores. De hecho, un estudio publicado en la revista Child Development reveló que los niños que forman parte de un grupo son menos propensos a ser víctimas del acoso escolar.

Al contrario, los niños catalogados como “desconectados” son más proclives a sufrir bullying, pues no han desarrollado sus habilidades sociales y emocionales. Estos niños a menudo provienen de familias donde las emociones siempre han sido reprimidas o han recibido una educación sobreprotectora que les ha impedido hacer amigos. Por eso, es importante que tu hijo haga buenas amistades, las cuales se convertirán en una red de apoyo.

¿Te has encontrado alguna vez en una situación así? ¿Cómo has reaccionado?

PD: Si las burlas se han vuelto regulares, estaríamos hablando de acoso. En ese caso es recomendable que acudas al colegio y hables con los maestros para encontrar una solución conjunta.

Fuente: muhimu.es/

Profesora crea estrategia anti bullying

El bullying sigue siendo un problema constante en las escuelas, pues no es tan fácil detectarlo, pues muchas veces se manifiesta de forma silenciosa. Sin embargo, una maestra de primaria ideó una ingeniosa estrategia que detecta un problema de bullying antes de que ocurra. ¿Quieres conocerla?

 Llegado el viernes, una profesora de una escuela norteamericana, le da una hoja en blanco a cada uno de sus alumnos para que escriban dos sencillas preguntas:

 1.-¿Con qué niños quieres sentarte la semana que viene? (deben elegir a 4 de sus compañeros)

2.-¿Quién es el mejor que se portó esta semana?

 Los niños responden a pesar de que saben que no se sentarán con sus mejores amigos, y el plan de la profesora no se trata de reorganizar las mesas. Su objetivo es saber quién se queda al margen; es decir, el nombre menos recurrente en las respuestas de sus alumnos o simplemente no aparece nunca.

Después de recoger las hojas de sus alumnos, la profesora hace un análisis de las respuestas, con el cual organiza un organigrama de las relaciones que hay entre sus alumnos, con el cual determina a los siguientes personajes:

 -Quién lidera grupos o a quién admiran más.

 -Quiénes, sin ser líderes, son muy populares.

 -Quiénes, sin ser populares, reciben apoyo.

 -Quienes son relegados, y los que, por obviedad, son blancos fáciles del bullying.

 Después de identificar a los niños solitarios, busca equilibrar las relaciones entre sus alumnos reintegrándolos, con el objetivo de que el alumno solitario encuentre apoyo en aquellos que puedan defenderlo, y alejándolo de posibles acosadores. Y también llevando con su grupo las siguientes actividades:

 -Asambleas de clase: estas se hacen cada semana para exponer los problemas que surgieron en clase y buscar las soluciones.

-Convivencia para lograr empatía entre sus alumnos: es muy importante conocerlos en realidad y saber con qué sueñan, quiénes son sus amigos y si se sienten a gusto en clase.

 -Apoyar a los niños con menos amigos: enseñar a estos pequeños cómo integrarse con otros niños sin que se sientan intimidados.

 ¿Qué les parece la estrategia de esta profesora?

Fuente: padresehijos.com.mx/

Lucía se suicidó por acoso escolar: “Mamá, no puedo más”

Lucía, la niña de 13 años que se suicidó el martes de la semana pasada en Murcia, España,  tras sufrir acoso escolar, tenía pánico a salir de casa ante la posibilidad de encontrarse con los compañeros que la hostigaban en clase. Lo cuentan su madre, María Peligros Menárguez, y su padre adoptivo, Joaquín García, que aseguran que los presuntos agresores «son vecinos del barrio».

Joaquín García cuenta emocionado que la niña «no bajaba al jardín a reunirse con los demás chiquillos desde mayo y no podía ir sola por las calles». «Incluso cuando iba con su madre por el pueblo, le agarraba fuerte de la mano por temor a verlos».

Lucía era una adolescente normal, amante de la cultura manga, y no se perdía ningún salón del cómic que se celebrara en Murcia. De mayor quería ser youtuber y trabajar en algo relacionado con las redes sociales. Quedaba con sus amigas en el centro de Murcia, a unos seis kilómetros de su vivienda familiar en la pedanía de Aljucer. La llevaban sus padres en coche. «Las dos chiquillas más cercanas venían siempre a casa, o ella iba a la suya», señala María Peligros Menárguez. La tarde del pasado día 10, llamó a la puerta de la habitación de su hija. Al no obtener respuesta, abrió y se la encontró ahorcada.

Lucía comenzó a sufrir acoso a los 10 años, cuando estaba en Primaria. Los padres no le dieron importancia pensando que era cosa de críos. De adolescente comenzó un tratamiento psicológico en 2015, tras un episodio detectado por la madre. «Un día, al meter el bocadillo en su mochila, vi que tenía los de toda la semana y le dije que, al regresar del colegio, hablaríamos de eso», comenta la madre. Esa misma mañana, María Peligros Menárguez descubrió el relato angustioso del diario de su hija. Lucía había escrito que se encontraba sola, que estaba harta de ser la gorda. Estaba hundida.

La pesadilla del instituto

Cada mañana, el viaje en el autobús al antiguo instituto se convertía para la niña en una pesadilla porque se metían con ella durante todo el trayecto. La insultaban. La empujaban. «Quién se va a sentar con la gorda» era el saludo habitual, según les relató Lucía a sus padres.

Fue un domingo del pasado mes de mayo cuando todo explotó. «’Mamá, no puedo más’, me dijo Lucía entre lágrimas», afirma la madre, denunciando el «maltrato constante» al que le sometían «algunos compañeros» metiéndose con su aspecto, «llamándola gorda, fea, incluso con agresiones y empujones».

A pesar de toda la presión soportada, el rendimiento escolar fue bueno en todo momento. Lucía siempre había tenido un comportamiento ejemplar en clase. «Era una niña estudiosa, con buenas notas, pero tuvo la mala suerte de tener unos compañeros conflictivos que se metieron con ella desde la escuela hasta el instituto, hasta que no pudo más», manifiesta la madre.

Habló con uno de los profesores, que le describió la mala suerte de su hija al tocarle en el grupo de la Escuela Secundaria Obligatoria  más conflictivo del instituto. «Se quedó aislada de sus amigas, que iban a otro aula, y fue terrible para ella», lamenta. Varios profesores indicaron entonces a los progenitores que se debía cambiar a la chiquilla de aula, pero no se hizo.

Los padres de Lucía se sintieron desamparados desde el primer instante. «Fuimos a pedir ayuda a su instituto, el Ingeniero de la Cierva, en Patiño, y nos dijeron que ya se había activado el protocolo de protección contra el acoso escolar… Pero no funcionó», denuncia Joaquín García. «Fui yo quien tuvo que solicitar el traslado al instituto Francisco Cascales, situado en el centro de Murcia, a través de la Inspección y con un informe psicológico. Me dijeron que me buscara la vida, que lo hiciera a título particular, que ellos habían hecho lo correcto y que no se contemplaba el cambio de escuela».

La Inspección Educativa no tenía conocimiento de los hechos cuando le trasladaron las quejas en persona, según afirman los padres, pero sí actuó para facilitar el cambio de instituto. Y eso pese a que los presuntos responsables del acoso también se habían metido con otros compañeros de clase, se quejan.

Revisar el protocolo

Los padres de Lucía confían en que la Policía actúe. Que se sepa qué ha fallado. Saben que los presuntos implicados son también menores de edad. Lo que sí piden a la Consejería de Educación es que «revise el protocolo, porque está claro que no funciona». Temen que ocurra un caso similar.

Joaquín García tiene otra hija mayor que reside en Barcelona. Laura y Lucía eran buenas amigas. La pequeña visitó a su hermana hace poco tiempo y quería volver en breve a la capital catalana. Incluso barajaba la posibilidad de iniciar en el futuro una nueva vida allí para alejarse de su realidad.

Sus padres no pudieron imaginarse que la nota encontrada por una limpiadora el 21 de diciembre, cuando comenzaron las vacaciones de Navidad en el nuevo instituto, era una carta desgarradora de despedida que finalizaba diciendo: «Si queréis verme, tendréis que visitar mi tumba».

Fuente: El Mundo

Más de 25.800 menores llegaron solos a Italia en 2016 tras cruzar el Mediterráneo

EFE. Más de 25.800 menores no acompañados llegaron a las costas de Italia tras atravesar el Mediterráneo en 2016, cifra que se ha duplicado con respecto a la registrada en 2015, según ha denunciado este viernes Unicef .

“Estos números no tienen precedente y muestran que la crisis de refugiados e inmigrantes en Europa es una crisis de niños”, ha afirmado en rueda de prensa la portavoz de dicha organización, Sarah Crowe.

Los no acompañados representaron el 91% del total de 28.200 menores que llegaron el año pasado a Italia como refugiados o inmigrantes. Durante 2015, la agencia de la ONU registró 12.360 menores no acompañados que alcanzaron las costas italianas, con lo que la cifra se ha duplicado en 2016.

El Ministerio del Interior italiano ya difundió este jueves estos datos al revelar la llegada a las costas italianas de “25.846 inmigrantes menores no acompañados” durante 2016. La responsable del departamento de Interior creado para la acogida de menores no acompañados, Maria Caprara, ha denunciado la dificultad de acoger a estos menores que, según los tratados, no pueden ser alojados con el resto de inmigrantes.

Caprara ha señalado que es necesario buscarles “una acogida de calidad y un proyecto de vida y formación en el caso de que quieran quedarse en Italia o facilitar que encuentren a sus familias en otros países”.

Para Unicef, estos datos muestran que existe “una peligrosa tendencia” de un número creciente de “niños vulnerables que ponen en riesgo sus vida para llegar a Europa”. La agencia ha recordado que los niños no llegan a Italia para quedarse, sino que su intención es seguir atravesando el continente hacia otros destinos, por lo que ha solicitado “una respuesta coordinada” de las autoridades europeas. La mayoría de estos menores son originarios de Eritrea, Egipto, Gambia y Nigeria.

A pesar de que la mayoría eran varones de entre 15 y 17 años, también llegaron niños más pequeños y chicas, aunque Unicef no ha especificado el número exacto de estos dos colectivos. “Las jóvenes tienen un enorme riesgo de abuso sexual, especialmente por bandas criminales”, ha alertado la portavoz, quien ha agregado que varias entrevistadas han denunciado que fueron obligadas a prostituirse enLibia para pagar pasaje del barco hacia Italia. Las entrevistas a los chicos han revelado que muchos de ellos fueron obligados a realizar trabajos forzados.

La ruta entre Libia e Italia es la más utilizada por los inmigrantes y refugiados menores de edad, dado que sólo el 17% de los refugiados que llegaron a Grecia en 2016 eran niños no acompañados. Crowe también ha narrado las “graves condiciones” en las que se encuentran los menores no acompañados que llegaron a las islas griegas, donde viven al raso, lo que es “extremadamente duro” dado el crudo invierno que sufre Europa.

El principal, ha explicado Crowe, es el alojamiento, dado que las agencias de la ONU distribuyen el material y la comida necesaria, pero que nada sustituye el alojamiento en un lugar acondicionado a permanecer bajo el frío glacial. “Como las instalaciones están llenas, estos niños viven al raso, cuando hay hoteles, moteles y casas en la isla que se podrían abrir y utilizarlas para albergarlos”, ha reiterado la portavoz.

Esta situación también ha sido denunciada por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que ha pedido a Europa “hacer mucho más para asistir y proteger a los refugiados y a los inmigrantes”, en palabras de su portavoz, Cecile Pouilly.

ACNUR ha denunciado que en la isla de Samos hay unas mil personas, incluidas familias con niños muy pequeños, que siguen durmiendo en tiendas sin calefacción. “Reiteramos nuestro llamamiento para que se aceleren los procedimientos en la isla que permitan la transferencia hacia el continente, donde hay más alojamiento disponible”, ha solicitado Pouilly.