“Descubrí que nací para enseñar y para romper los límites”

Cristopher Lora Gutiérrez es un joven de 21 años de edad que proviene de una familia de escasos recursos.

“Recuerdo que mi padre era el único miembro de la familia que trabajaba para llevar la comida al hogar. Ya cuando me convertí en un adolescente tuve que irme con mi papá a trabajar en construcción, siempre tratando de no descuidar la escuela”.

El centro educativo donde cursaba la secundaria quedaba muy lejos de su casa y en ocasiones tenía que faltar a clases porque sus padres no podían tomar del dinero de la comida y dárselo para el pasaje.

Desde pequeño soñaba con ser ingeniero civil y a los 16 años tenía metas claras, y sabía exactamente cuál era el camino que debía seguir para alcanzar sus objetivos.

A pesar de las inasistencias que tuvo en la escuela, siempre fue un excelente estudiante. Acumuló el segundo mejor índice de la ciudad al terminar el bachillerato.

Al inscribirse en la universidad tuvo que aceptar la realidad de que su padre no podía costear la carrera que tanto había soñado estudiar. Había nadado tanto para no lograr lo que anhelaba en la vida.

No tuvo más remedio que elegir otra carrera como opción. “Sin embargo, de manera inconsciente me inscribo en Educación mención Ciencias Sociales. Mi elección como segunda opción, nada que me reventara el corazón de emoción”.

Justo en el momento que se inscribe en la universidad su madre fue nombrada como maestra por el Minerd, pero Cristopher no podía contar con la posibilidad de que su esta le ayudara, pues reconocía que en su casa había otras prioridades.

Pero no se quedó de brazos cruzados. “Me llega la loca idea de concursar por una beca y así poder estudiar lo que tanto deseaba, pero necesitaba dinero para sacar los documentos requeridos, tras una larga odisea logré introducir la documentación para dicha solicitud”.

Nos cuenta que una noche recibió la llamada que tanto esperaba. Era del programa de becas, debía ir fuera de la ciudad al día siguiente a tomar el examen. Una prueba para la cual no se había preparado porque habían quedado de enviarle un material para estudiar, pero no lo hicieron.

“Quise desistir, pero mi padre me dio el voto de confianza. Tomó el dinero prestado para que yo pudiese presentarme a la evaluación. Ahora no lo haría solo por mí. No quería defraudar a mi padre. Pero la inseguridad me rondaba pues eran 10 becas y más de 70 concursantes, ellos habían estudiado, yo solo tenía el corazón lleno de sueños”.

Lo logró, quedó en el tercer lugar. Tenía en sus manos la posibilidad de hacer lo que tanto soñaba y esta vez no iba a quedarse a medias, quería ir a la mejor universidad, lejos de la ciudad y regresar siendo el mejor ingeniero.

Para esa temporada su padre enfermó. “Salimos a la clínica y horas más tarde mi mejor amigo, mi Superman había muerto y con él, murió la mitad de mi vida”.

Todo cambio drásticamente para Cristopher, no sabía qué iba a pasar con su vida y luego de unos meses decidió continuar estudiando Educación. Sería un gran maestro, un gran profesional, por él, por su familia y por su padre.

Empezó a dar tutorías a los maestros de la UASD sobre virtualidad y sin tiempo para notarlo había comenzado a amar la idea de ser educador.

Hoy día está a punto de iniciar el monográfico. “Al final de este año 2022 seré licenciado en Educación mención Ciencias Sociales con uno de los promedios más altos de mi carrera a mis 21 años”.

Sustituye a los maestros que fueron sus profesores en la universidad y a sus maestros de bachillerato, descubrió que nació para enseñar y para romper los límites.

Anhela ser docente en la universidad donde se formó, en el área de historia y geografía, en un futuro no muy lejano.

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