¿Cuál fue la participación de Aniana Vargas en la Guerra de Abril?

Era tan inmensa, tan convincente, con un encantamiento fascinante.

Integrante de una familia acosada y perseguida por la dictadura trujillista, el exilio constituyó el camino para la sobrevivencia de Aniana Ondina Vargas Jáquez, conocida como “Aniana Vargas”. En vez de acobardarse o acomodarse aumentó sus actividades antitrujillista en la ciudad de New York, sobre todo cuando su sobrino Mayobanex Vargas fue uno de los expedicionarios que en junio del 59 desembarcó armas en la mano para luchar en contra de la dictadura.

Tan pronto fue ajusticiado el sátrapa, regresó del exilio y se integró al Movimiento Revolucionario del 14 de Junio que lideraba el líder Manolo Tavarez Justo.  En 1963-64, se destacó por su oposición en contra del Triunvirato que asumió el Poder a la caída de la dictadura, lucha en la cual pasó a la clandestinidad.

Al estallar la Revolución de Abril del 65, Aniana se integró al Comando en la Calle Morfa que dirigía el revolucionario profesor universitario Roberto Duvergé.  Junto con él, organizaron una escuela política-militar en medio de la lucha para los miembros del 14 de Junio, para preparar mejores combatientes para la lucha en contra los militares reaccionarios trogloditas y las botas invasoras del ejército norteamericano.

Luego, pasó como instructora política-militar a la Academia 24 de Abril, que funcionaba en el actual parque Eugenio María de Hostos, donde se formaron cientos de revolucionarios y fue la escuela más importante de la Zona Constitucionalista, la cual jugó un papel determinante en la Revolución de Abril del 65.

Por su participación como combatiente e instructora en esa epopeya, fue escogida por la cúpula del Movimiento Revolucionario del 14 de Junio para un entrenamiento político-militar en China Continental. Estando allá, vivió 66-68 todo el proceso de la Revolución Cultural Proletaria de ese país liderada por Mao, que le sirvió de enseñanza.

A su regreso al país, aumentó sus actividades y compromisos revolucionarios, trabajando en las montañas de Padre de Las Casas, Azua, para el 14 de Junio y posteriormente en las comunidades rurales de Puerto Plata y otros lugares del país como militante de la Línea Roja, en acciones revolucionarias.

Desde la Fundación Tavarez Justo, participó en las luchas cívicas de defensa y protección del medio ambiente, destacándose por su oposición a las medidas del Fondo Monetario Internacional, que atentaban en contra del bienestar del pueblo dominicano.

Revolucionaria indomable, cuya sumisión nunca tuvo precio, rebelde, cimarrona, en 1989, inició una guerra en contra del saqueo de la riquezas naturales por parte del emporio extranjero de la Falcombridge Dominicana en las lomas de Bonao y en defensa de las cuencas de los ríos Yuma y Blanco.

Aniana, se convirtió en el símbolo de la lucha por la preservación del medio ambiente, en una militante revolucionaria ecologista.  Para esa lucha, organizó la Federación de Campesinos para luchar en contra de los desalojos y por la preservación del medio ambiente en los ríos y montañas de Bonao.

Conversé varias veces con Aniana. Era tan inmensa, tan convincente, con un encantamiento fascinante, que mi única actitud era contemplarla por su grandeza, por su lucha sin descanso, por su coherencia, por una vida sin dobleces, sin acomodamiento, sin venderse, sin entregarse, sin pasar nunca factura.  ¡Solo vivía para el bienestar colectivo, para la revolución!

Pero esa revolucionaria empedernida, con el fusil en las manos durante la Revolución de Abril, tenia un corazón de niña y la ternura de una madre. Fui testigo de que era una mujer sensible y sentía orgullo por las expresiones nuestras, por la cultura popular,  nuestro folklore y celosa de nuestra identidad nacional.  La última vez que la saludé fue presenciando el carnaval de Bonao, por la cual sentía admiración y pasión.

Aniana, no era solo activista, sino también reflexiva, que comprendió muy bien el papel de los testimonios escritos, del poder de la opinión pública, por eso mantenía una columna  permanente en el periódico El Nacional, en defensa de los campesinos y en defensa del medio ambiente. Creo que en la lucha contra el olvido, este periódico o una institución pública o privada, si no se ha hecho, debe recoger en un libro estos artículos para las actuales, las nuevas generaciones y para la historia.

Aniana Vargas, la revolucionaria, la luchadora por los campesinos, el pueblo y la mujer ejemplo que entregó su vida a la revolución, a su pueblo, dejó este mundo el 16 de diciembre de 2002, a los 78 años. Es recordada por sus campesinos y por todo el que conoció su lucha incansable por la defensa del medio ambiente, los ríos y las montañas, como “la madre de las aguas”.

Si queremos reencontrarnos con Aniana, solo tenemos que visitar al Parque Nacional bautizado justicieramente con su nombre. Allí la encontraremos con su fusil a su lado, porque nunca dejará de ser una revolucionaria, pero convertido en flor, con pétalos de amor para todos sus campesinos y todos los pobres de este país. ¡Aniana Vive!

Fuente: acento.com.do

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