¿Quién fue René del Risco Bermúdez?

El 20 de diciembre de 1972, René del Risco Bermúdez, poeta, narrador y publicista de 35 años, muere en un accidente de tránsito frente a su amado mar. Iba de esta forma a encontrarse con una muerte intuida y, de alguna manera, anunciada: «Moriré a la edad de mi abuelo Federico», dijo en reiteradas ocasiones.  En ese momento René era, sin duda alguna, el más importante escritor de la Generación de Posguerra y, además, se había consolidado como publicista, locutor, productor y presentador de televisión y compositor de canciones, muchas de ellas ganadoras de festivales y grabadas por grandes voces de la música dominicana y latinoamericana. Esa madrugada de un año que casi finalizaba, René dejo de ser hombre para convertirse en leyenda. Su cuerpo fue enterrado en el Cementerio Nacional de la avenida Máximo Gómez y trasladado años después al cementerio Cristo Redentor.

Del Risco dejó una obra en desarrollo, que incluye un poemario canónico que abre las puertas a la modernidad en la poesía dominicana, El viento frío, único de sus libros publicado en vida; varios cuentos, algunos –como Ahora que vuelvo, Ton; La noche se pone grande, muy grande y La oportunidad– ganadores de premios y considerados entre los mejores cuentos dominicanos, luego publicados como conjunto (incluyendo algunas de estas compilaciones el cuento que estaba en la maquinilla de escribir al momento de su muerte, inconcluso y sin título); una novela, El cumpleaños de Porfirio Chávez, rescatada hace unos años; y el resto de su poesía social y amorosa reunida en un tomo bajo el título de Poesía Completa.

René fue hijo de René del Risco Aponte, pionero del teatro radial en el país y de América Bermúdez, una reconocida escritora y luchadora antiimperialista y antibalaguerista. De ahí, y de su abuelo Federico, poeta social y político,  heredó René su vena artística, su rebeldía y su sensibilidad social.  A finales de los años 50 se traslada a Ciudad Trujillo, en la actualidad Santo Domingo, donde se matricula en la universidad en la carrera de Derecho, que abandonó en el tercer año al vincularse a la lucha antitrujillista a través del Movimiento Revolucionario 14 de Junio. Esta vinculación lo llevó, primero, a estar preso en la cárcel La 40 en 1960, donde fue torturado en la silla eléctrica y su cuerpo quemado con cigarrillos, y luego, al exilio en Puerto Rico. A su regreso, en 1962, se dedica al trabajo literario y en 1965, durante la Guerra de Abril[4], formó parte del departamento de prensa del gobierno constitucionalista. En esta época, se integró al grupo de Artistas de Arte y Liberación, que se plantearon un trabajo de apoyo al movimiento constitucionalista. En el fragor de la guerra escribió algunos poemas, como Oda gris al soldado invasor, La guerra no se olvida, Palabras para invasores,  Canto para un muchacho de mi pueblo, Meditación de la guerra, Carta de amor y de guerra y Ofrenda lamentable para un general invasor que mostraban el aspecto más patriótico y rebelde de su poesía, pero también el dolor y la nostalgia por los compañeros caídos en batalla.  De alguna manera, estos poemas anuncian el tono de derrota y desilusión que cruza, del primer al último verso, su libro El viento frío.

El viento frío es, sin dudas, la entrada de la modernidad en la literatura dominicana. Un libro convertido en objeto de culto, a pesar de ser un libro incomprendido en su época y tachado de ser una expresión «de la frustración pequeño burguesa», que desde el primer poema que lo compone, nos muestra esa «resignación forzosa» del vencido, esa dolorosa aceptación de la derrota, ese «viento frío que acerca su hocico suave/a las paredes,/que toca la nariz, que entra en nosotros/y sigue lentamente por la calle,/por toda la ciudad…». Un libro obsesivo que vuelve, una y otra vez, a la ciudad y a la muerte, dos temas recurrentes en los textos de René –se hace una referencia a la muerte desde el epígrafe de José Ángel Valente: Aquí y cada día/y cada hora y/cada segundo me he negado a morir./Aquí odio la vida, sin embargo.  Y en la dedicatoria, ciudad y muerte se unen: te llamas Vicky, Luisa, Aura, Rosa y no importa… A ti, porque en esta ciudad mueres conmigo, me acompañas, y no haces más que repetirte, en mis palabras!– y que son motivo porque son dos elementos indisolubles para comprender ese aire de resaca que dejó la guerra en el espíritu de esos hombres que por siempre han sentido ese hálito de viento frío, de derrota, respirar sobre sus días.  En las hermosas y certeras palabras de Juan José Ayuso, El viento frío «es viento de derrota y desilusión, es viento de enterrar sueños, es aire frío que sopla de noche en la tumba sin luz donde reposan las derrotas de los hombres…»

Pedro Conde Sturla, en su artículo Memorias del viento frío,  dice: «Nótese de inmediato que El viento frío es un libro de atmósfera. Atmósfera más bien enrarecida a pesar de la brillantez del paisaje. Atmósfera de un agobio –frustrante, traumática, depresiva. Atmósfera de una derrota que no dejó de ser gloriosa. Atmósfera donde el amor y el desamor se conjugan permanentemente con el hastío, la soledad, la tristeza y la muerte. Muerte y memoria en el escenario de la ciudad innombrada, crónica de un mundo enfermo de egoísmo, epopeya íntima de un poeta que muere de muerte ajena.»

Después de la Revolución de Abril, René, junto a Marcio Veloz Maggiolo, Miguel Alfonseca y Ramón Francisco, entre otros, fundó la agrupación cultural El Puño. Participó en algunos concursos literarios e inició una carrera como productor y presentador de programas de radio y televisión –como Atardeceres en HI1J y Sábado de ronda, primer programa kilométrico de la televisión nacional.–; compositor de canciones –como Si nadie amaraLa ciudad en mi corazónMaticesAsí, tan sencillamente y Una primavera para el mundo, interpretadas por artistas como Fernando Casado, Sonia Silvestre, Niní Cáffaro, Luchy Vicioso, Felipe Pirela y Marco Antonio Muñiz.–; y publicista, pasando por Bergés Peña y Young & Rubicam, para fundar en 1972 Retho Publicidad, junto a José Augusto Thomén.

Y «así tan sencillamente», René, luego de recibir una llamada telefónica, fue a encontrarse  con la muerte, presentida, anunciada, para entrar así, en el espacio inmarcesible de la memoria.

Como su abuelo Federico, que en palabras de su madre reencarnó en él, René escribió toda su obra en su primera juventud. Se hace inevitable leer sus cuentos y su poesía (sobre todo El viento frío), sin pensar qué hubiera logrado René con un poco más de esa vida que se terminó frente al mar.

 

 

 

Fuente: fundacionrenedelrisco.org

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