Crianza de las hermanas Mirabal: cómo eran sus padres

Enrique Mirabal Fernández, santiaguero, se había establecido con sus padres y hermanos en una finca en Salcedo (en ese entonces, llamado Juana Núñez). Siendo un adolescente, se interesa por el comercio y se muda, junto a su hermano Fello, a la comunidad de Ojo de Agua. Mercadeaban productos agrícolas: cacao, arroz, café habichuelas, maíz, entre otros.

Les iba bien con sus negocios y se animan a comprar una casa desde donde Enrique opera, además, una pulpería. Años después, Fello, afectado por una enfermedad pulmonar, decide establecerse en Jarabacoa, en búsqueda de mejores condiciones climáticas.

Es aquella casa la que recibe al matrimonio Mirabal Reyes el 17 de marzo de 1923, cuando Enrique se une a Mercedes, una joven costurera oriunda de Ojo de Agua, descendiente de una familia que había sido perseguida durante la intervención norteamericana por su apoyo a los denominados gavilleros. Su casa materna había sido incendiada por los oficiales estadounidenses. A partir de entonces, su familia es conocida como anti norteamericana y, más tarde, como anti trujillista.

María Teresa con sus padres Enrique 
Mirabal y Mercedes Reyes. 

El trabajo arduo de la pareja no tardó en rendir prósperos frutos, y, en pocos años, ya tenían varios almacenes que abastecen a las grandes tiendas de la época. Su seriedad y solidaridad les ganaron el cariño y respeto de la sociedad.

Al mismo tiempo, crecía la familia. Para su tercer aniversario de bodas, ya habían procreado igual número de hijas: Patria, Dedé y Minerva. Al año siguiente, nace un varón que muere enseguida y, casi una década después, arriba María Teresa. Todos nacieron por parto natural.

La infancia de las 4 niñas transcurrió en un ambiente acomodado. Asistieron a los mejores centros educativos y disfrutaban de los mimos de un padre complaciente. Viajaban en avión, tenían vehículos de motor y hacían compras internacionales por catálogo, entre otras cosas a las que la población promedio no tenía acceso en esa época.

A finales de la década de 1930, los rumores por la matanza de haitianos a cargo del gobierno de Trujillo estremecen la sensibilidad de los dominicanos. En adición, la persecución y abusos cometidos por el dictador ante todo aquel considerado enemigo de su régimen, hicieron brotar las primeras células para hacerle frente.

Patria, Minerva y Dedé Mirabal 

 

Esta indignante realidad conmueve a las hermanas, en especial a Minerva que desde joven mostraba gran interés por la actividad política. En poco tiempo, sería reconocida como parte de la desafortunada lista de conspiradores a los que Trujillo ya tenía en la mira.

Entrada la década del 50, la familia Mirabal Reyes sobrellevó el apresamiento de varios de sus miembros y la vigilancia constante de una casa rodeada por espías. Esta terrible situación contribuyó al deterioro de la salud de Don Enrique. Sufrió varios derrames cerebrales que, finalmente, acabaron con su vida a finales de 1953.

A pesar de la tristeza por la muerte de su padre, ´las muchachas` se esmeraron durante los años siguientes, en hacer lo mejor de sus vidas. Formaron hermosas familias y asumieron con más fuerza su lucha política. Junto a sus esposos, Patria, Minerva y María Teresa participaron activamente del Movimiento clandestino 14 de Junio, que tenía como objetivo el derrocamiento de la tiranía trujillista.  Una nueva ola de encarcelamientos y persecución se desató en su contra, culminando el 30 de noviembre de 1960 con el brutal asesinato de las tres hermanas.

Una vez más, el luto invadía el hogar de doña Mercedes, quien junto a Dedé y a su fiel empleada, Tonó, emprende la maratónica labor de criar a los seis hijos de sus hijas asesinadas, más los tres de Dedé. Nueve razones para no dejarse caer por la desconsuelo. Cumplió con este compromiso hasta su muerte en 1981.

María, Minerva, Patria y su esposo Pedrito 

Dedé, la hermana que quedó viva, dedicó su vida a velar por los nueve retoños y a una desgarradora tarea adicional: la de contar la historia. Convirtió la casa donde transcurrieron los últimos años de sus hermanas en un museo y allí recibió, año tras año, a miles de visitantes a los que nunca se cansaba de repetir sus relatos, asegurándose de que el sacrificio de sus muchachas no fuera olvidado jamás. Falleció el 31 de enero de 2014 a los 88 años de edad.

Fuente: Casa Museo Hermanas Mirabal

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