Cómo es el cerebro de un niño feliz

Cuando empiezas a adentrarte a conocer más sobre el neurodesarrollo infantil, te das cuenta de lo fascinante es el cerebro de los niños. Seguro que más de una vez te has quedado asombrada al ver las proezas de tu hijo y cómo va desarrollando sus habilidades. Y te habrás preguntado cómo puedes construir un entorno que sea favorable para ello. A continuación te contamos más sobre cómo es el cerebro de un niño feliz y todo lo que debes saber sobre el neurodesarrollo para comprender la conducta infantil

Todo sobre el neurodesarrollo y la conducta infantil

El desarrollo mental de los niños o neurodesarrollo infantil desde que llegan a este mundo hasta que van consolidando sus funciones se podría asemejar a una explosión, por la intensidad que tienen y por la gran cantidad de cosas que ocurren. Y es que, en sus primeros meses de vida los niños aprenden a hablar, dar algunos pasos, decir unas palabras o reconocer a su mamá por tanto solo el sentido del olfato. Todas ellas grandes proezas de las que el cerebro en crecimiento en su responsable.

A decir verdad, el cerebro de los niños se empieza formar, desarrollar y también crecer desde que el bebé está en el vientre materno, por eso pueden moverse cuando oyen un ruido fuerte, dar una patadita para decir a su mamá que están ahí o distinguir la voz de sus padres entre cualquier otro sonido.

Es increíble cómo se acelera el proceso de desarrollo de los seres humanos desde que llegan a este mundo y cómo funciona nuestro sistema nervioso, en especial el de los niños en desarrollo, desde la generación de un nuevo tejido neuronal hasta la poda de las neuronas para seguir evolucionando y creciendo. El neurodesarrollo del cerebro infantil es fascinante.

¿Qué nos desvela el cerebro infantil de la conducta de tus hijos?

Algunas de las cosas que podemos llegar a descubrir sobre cómo funciona su cerebro y que nos da pistas sobre su conducta son las relacionadas con los hábitos que necesitan para tener bienestar, para aprender, para sentirse seguros y para vivir en un entorno con apego seguro y amor incondicional.

Hábitos, por poner un ejemplo, referidos a la hora de dormir, la necesidad de juego o el estímulo de tener cerca a mamá y papá. Comprender lo que va a necesitar el niño en cada fase de desarrollo (y lo que su cerebro infantil necesita) nos va a ayudar mucho a ponernos en su lugar, pero sobre todo a brindarles ese entorno que tanto necesitan para crecer bien.

 ¿Cómo es el cerebro de un niño feliz y con autoestima?

Si le preguntáramos a cualquier madre o padre qué es lo que más le desearía para su hijo ¡seguro que diría que la felicidad! Y es que es una palabra no muy larga que implica muchas cosas: que tenga buena salud, que haga buenas y duraderas amistades, que le vaya bien en el colegio, que tenga una sana autoestima y una mejor confianza en sí mismos, que se sienta querido y protegido en casa, que posea grandes valores como la tolerancia y el respeto… Cuántas cosas, ¿verdad?

El cerebro de un niño también nos da valiosas pistas sobre si, en verdad, se siente realmente feliz. Un niño feliz es un niño que corre, grita, se enfada, alborota, ríe, pero también llora, no dice a todo que sí, habla en voz alta, interrumpe las conversaciones de los más y dice ‘no’ como respuesta a muchas preguntas ¡porque se siente con libertad para hacer todas estas cosas!

 

Todo lo que puedas imaginar, te guste más o menos, que forme parte de su desarrollo, es un claro indicativo de que es un niño plenamente feliz. Hay muchos estudios que hablan sobre el tema de que la felicidad en el cerebro de los niños, al igual que ocurre en el caso de los adultos, deriva de una química especial de hormonas y neurotransmisores los cuales favorecen y facilitan esa percepción tan real de felicidad y bienestar.

¿Sabías que a través de los hábitos, juegos, educación y actividades que propones a tus hijos puedes favorecer enormemente esa química de la felicidad? Un paseo en familia al salir del colegio, un plan para el fin de semana, el cuento de buenas noches, los límites y las normas siempre puestas desde el respeto, los juegos que hacemos en casa y también al aire libre… Todo suma cuando se trata de compartir un pedazo de felicidad con nuestros hijos.

 

 

 

Fuente: guiainfantil.com

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