Amistad, autoridad y obediencia

La amistad entre padres e hijos se puede armonizar perfectamente con la autoridad que requiere la educación.

Es preciso crear un clima de gran confianza y de libertad, aun a riesgo de que alguna vez sean engañados. Más vale que luego ellos mismos se avergüencen de haber abusado de esa confianza y se corrijan.

En cambio, cuando falta un mínimo de libertad, la familia se puede convertir en una auténtica escuela de la simulación.

Tienen que entender que, nos guste o no, todos obedecemos. En cualquier colectivo, las relaciones humanas implican vínculos y dependencias, y eso es inevitable. No pueden engañarse con ensueños de rebeldía infantil.

Obedecer es a veces incómodo, es verdad. Pero tienen que descubrir que no siempre lo más cómodo es lo mejor. Deben darse cuenta de que el mejor camino para ser libre es lograr ser dueños de uno mismo. Han de comprender que sólo una persona bien curtida en la obediencia juvenil será libre en la edad adulta.

Pero, de todas formas, quizás les cuesta mucho obedecer porque no sabes mandar sin imperar. Hay detalles que facilitan la obediencia:

1. Exígete en los mismos puntos en que aconsejas, mandas o corriges: es muy cómodo, si no, recordar que tienen que ser humildes, pacientes y ordenados, sin ir tú por delante con el ejemplo.

2. Manda con afán de servir, sin dar la sensación de que lo haces por comodidad personal. Que vean que te molestas tú primero: muchas veces así ellos entenderán, sin necesidad de que nadie se lo diga, que deben hacer lo mismo.

3. No exhibas demasiado la autoridad. No des lugar al temor o a la prevención.

4. Procura saber lo que hiere a cada uno, para evitarlo delicadamente si es preciso. Sé comprensivo y sé muy humano. Aprende a disculpar. No te escandalices tontamente (supone casi siempre falta de conocimiento propio).

5. Habla con llaneza y sin apasionamiento, sin exagerar, procurando ser objetivo. Aprende a discernir lo normal de lo preocupante o grave.

6. Habla con claridad, a la cara. No seas blando, ni tampoco cortante: mantén una exigencia acolchada.

7. Sé positivo al juzgar y por en primer término las buenas cualidades, antes de ver los defectos, y sin exagerarlos.

8. No quieras fiscalizarlo todo. No quieras uniformarlo todo. Ama la diversidad en la familia. Inculca amor a la libertad, y ama el pluralismo como un bien.

9. Respeta la intimidad de tus hijos, sus cosas, su armario, su mesa de estudio, su correspondencia; y enséñales a respetar a los demás y su intimidad.

10. No dejes que se prolonguen demasiado las situaciones de excesiva exigencia. Para ello, debes estar atento a la salud y al descanso para que nadie llegue al agotamiento psíquico o físico.

Debes extremar los cuidados a los más necesitados (no todos los hijos son iguales) para evitar que tomen cuerpo las crisis de crecimiento o de madurez.

Fuente: aciprensa.com

Aprender a equivocarse

Una de las virtudes-defecto más cuestionables: el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.

He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.

Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.

LO PRIMERO PARA ENSEÑAR A LOS NIÑOS.

Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.

Así es como, según decía Maxwel Brand. “todo niño debería crecer con convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error”. Por eso en las persona siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen.

Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido.

Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección.

Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque “es mejor un plato roto que un niño roto”.

Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo casa amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.

No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.

Fuente: aciprensa.com

Cada cosa por su nombre

Detrás de cada nombre, se esconde un mundo de mensajes. Indagar sobre el asunto, puede resultar una aventura significativa para cada uno de nosotros al tiempo que nos ayudará a comprender algunas actitudes cuyo origen desconocíamos.

Esa tarde fue de fiesta. Mamá y papá dijeron su nombre y la beba, por primera vez, volvió la cabeza y sonrió como diciendo “soy yo”.

Un día, el niño descubre su nombre. Esa palabra que irá adhiriéndose firmemente a su identidad. Es difícil precisar el momento exacto. También es difícil señalar cuándo una nueva criatura deja de ser para todos la beba, el nene, el chiquito… y todos la empiezan a llamar por su nombre. Pero… ¿qué hay detrás de un nombre?

El nombre de una persona es su credencial de identificación social. El origen del nombre está inspirado en la intención de poder distinguir a las personas por el mismo.

¿De quiénes elegimos el nombre de nuestros hijos?

– Mi hija mayor lleva mi nombre.

– Nuestro primogénito se llama como el abuelo paterno fallecido.

– Bautizamos a nuestros mellizos con nombres de príncipes.

Podrían añadirse muchas otras respuestas distintas. Es importante tener en cuenta también el sobrenombre, apodo o seudónimo que adquiera una persona. Interesa saber como lo llaman en su casa y fuera de la misma. La primera, se pone de manifiesto por ejemplo en colectividades como la judía, que determinan los nombres de sus hijos, reiterando nombres familiares fallecidos.

Según una costumbre española de antaño, los primogénitos llevaban el nombre de sus abuelos. También en nuestro ámbito cultural hubo una época en que se generalizó bastante el ponerle a los hijos mayores los nombres de sus progenitores respectivos.

En otras ocasiones, se usó elegir el nombre del santoral correspondiente a la fecha de nacimiento. Cuando en la elección del nombre actúa una influencia de tipo netamente familiar puede distinguirse entre: móviles conscientes e inconscientes entre estos últimos, consideramos los nombres que no han sido preseleccionados por determinantes predominantemente socioculturales, sino que ha pesado más el factor subjetivo de las personas que participan de la elección.

Entre los móviles conscientes figuran todos los porqués que podemos dar para explicar las elecciones “Porque estaba de moda, porque fue un personaje de una obra que nos impacto, o simplemente porque nos gustó.” Los móviles inconscientes se esconden en el: “No sé el por qué”. Yacen tras los móviles conscientes, e incluso, junto a nombres predeterminados por la tradición sociocultural.

Muchas veces han puesto a una persona un segundo nombre, además del heredado, que se ha elegido con mayor libertad y puede pasar a tener más vigencia. Detrás de un nombre, sobrenombre o apodo, puede haber mucho más de lo que a primera vista puede captarse. ¿Quiénes eligen el nombre? Quizás los padres, los abuelos, tíos y amistades, siempre y cuando el nombre no esté ya preelegido por tradición.

Es tan importante saber quiénes participan de la elección como la procedencia del nombre elegido. La finalidad es obtener la mayor información posible sobre los móviles conscientes que incidieron en su elección. Podemos preguntar a las personas que eligieron nuestro nombre, por el significado que tenía para ellas.

Suele haber un deseo o móvil inconsciente, que sólo aparece al analizar con cuidado las influencias que más han repercutido en nuestra forma de ser, asociadas hasta cierto punto con el nombre; vale decir, ése nos da una pista para descubrir y entender mejor aspectos condicionados de nuestra conducta, que se reiteran automáticamente a través del tiempo.Aspectos que distorsionan nuestra forma auténtica de ser. Porque con el nombre se nos da, directa e indirectamente un modelo para identificarnos.

Algunos ejemplos: personas que han recibido el nombre de Salvador, han adoptado a través de su vida una preferencia marcada por el rol de “salvador” para con los demás y en análisis terapéutico han descubierto que no era mera coincidencia: sus conductas estaban “programadas” en función del modelo que el nombre sugería. A veces se han comprobado asociaciones no fortuitas entre el significado del nombre y la carrera o actividad sugerida. Otras personas que han recibido el nombre de algún progenitor, han vivido buena parte de su vida imitándolo o luchando por ser lo opuesto, bien porque hayan recibido elogios o críticas por tal parecido.

Los nombres tienen su eco. No debemos desestimar la importancia de los lazos afectivos que tenemos con nuestro nombre y con los elegidos para nuestros hijos. ¿Cómo me gusta que me llamen o cómo me disgusta? ¿Por qué? Si no tenemos clara la razón. ¿con qué asociamos el nombre que me agrada y con qué el que me desagrada?. A veces nos puede atraer tener apodos que sin embargo son perjudiciales a nuestro crecimiento personal.

Algunos como: Nena, Chiquita, Beba o diminutivos del nombre (Pepito, Anita, etc.) son apodos para personas dependientes o inmaduras, a las cuales, generalmente, se les ha impedido desarrollar su autonomía. Recapitulando: vale la pena indagar lo que nos resulte accesible en torno a nuestro nombre y los que elegimos para nuestros hijos. Las preguntas básicas giran alrededor de los móviles conscientes y el significado del nombre para quien lo puso; sobre la procedencia del mismo y su trayectoria histórica; sobre el sentido y aceptación que tiene para quien lo lleva. Las respuestas nos remitirán a posibles móviles inconscientes que, a partir de ese momento, podremos asociar con lo descubierto.

Configurarán un perfil de un modelo rector en nuestra vida, que quedó desdibujado en nuestra mente, pero que sin duda ha incidido sobre nosotros.

Tomado de “Cristo Hoy”
Por María Antonia Bell

Fuente: aciprensa.com

La bondad en la conducta

Hemos comprobado que la bondad está en las cosas; que no es una invención de la mente o fruto del capricho de la voluntad. Sobre lo que es bueno o malo no caben opiniones, a no ser por ignorancia de la realidad. Precisamente concluíamos que existe un criterio objetivo: es bueno lo que acerca a Dios; es malo lo contrario.

Porque Dios es nuestro último fin, es decir, donde, en último extremo, se halla nuestra perfección. De modo que en la medida en que podemos saber qué es lo que acerca a Dios, podemos también saber qué es lo bueno.

Ahora bien, una cosa es la bondad de “las cosas”, y otra la bondad de los actos humanos que inciden sobre las cosas o permanecen en el interior de nosotros mismos. Esta última es la que nos ha de ocupar en este artículo; y es del mayor interés, porque con nuestras acciones es como nos labramos la perfección personal o la ruina. La cuestión es: ¿cuándo son buenos los actos humanos? ¿qué condiciones se requieren para poder calificar de moralmente buenos a nuestros actos? ¿de qué depende su bondad? ¿cuándo nos acercan o separan del último fin, que es Dios?

Lo primero que hemos de tener en cuenta al examinar nuestra conducta en vistas a su calificación moral es lo que hemos hecho, es decir, el “objeto” de nuestro acto: ¿Es bueno ese objeto?, porque ya vimos que el bien es algo objetivo, como “la propia ley divina, eterna, objetiva y universal, por la que Dios gobierna el mundo universo y la comunidad humana” . Por eso se dice
que “el objeto es la primera fuente de moralidad”. ¿Está conforme lo que he hecho con la objetiva ley divina, natural o evangélica?.

Esta es la primera pregunta necesaria; pero no sólo el objeto -lo que hacemos- es fuente de moralidad. No basta la consideración del objeto para saber si un acto humano es moralmente bueno o malo. Es más -enseña Juan Pablo II-“la moral -lo que es moral- es cosa esencialmente íntima, interior”, reside en la conciencia y en la voluntad, que es donde, con sus actitudes y elecciones se expresa el “hombre interior” .

Importancia de la interioridad

El Papa advierte que “lo moral” de nuestras obras tiene, como es obvio, una dimensión exterior, digamos visible, apreciable desde fuera (pasear, comprar, comer, trabajar), que está en relación con las normas objetivas de la conducta humana (no robar, no atentar contra la vida propia o ajena, etc.). Sin embargo, este hecho -la existencia de esta dimensión exterior- en nada modifica el hecho precedente, a saber, que la moral es un asunto de conciencia y que sus exigencias incumben a la interioridad del hombre.

“Cristo enseñaba moral. El Evangelio y los demás textos del Nuevo Testamento lo demuestran sin lugar a dudas”. Sabemos que el Decálogo, o sea, los Diez Mandamientos de la ley moral natural -indicados expresamente por Dios a Moisés-, fue confirmado por el Evangelio.

Y recuerda Juan Pablo II que, al enseñar la moral, Cristo tenía en cuenta estas dos dimensiones: la exterior, o sea, visible, social e, incluso, “pública” y la interior. Pero, conforme a la naturaleza misma de la moral, de “lo que es moral”, el Señor concedia importancia primordial a la dimensión interior, a la rectitud de la conciencia humana y de la voluntad, es decir, a lo que en términos bíblicos, se llama “corazón”.

En diversos momentos y de diferentes maneras, Jesucristo enseñó que: “lo que sale de la boca procede del corazón y eso hace impuro al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias. Esto es lo que contamina al hombre” : el mal que reside en el corazón, es decir, en la conciencia y en la voluntad.

El Señor, por tanto, indica lo que está mal, las obras que son malas – y en consecuencia contaminan al hombre, lo dañan -, y que son externas, visibles. Pero indica también donde se encuentra la causa, la raíz de esas obras que, en definitiva, son una manifestación de lo que hay en el interior. Si se extirpara la mala raíz no habría malos frutos. Gráficamente lo expresaba el Papa en su mensaje de paz de 1984: “es el hombre quien mata y no su espada y sus misiles”; “la guerra nace del corazón del hombre”.

Es lógico pues que se afirme que de las dos dimensiones de la moralidad de los actos humanos, la que posee importancia primordial sea la interior: la dimensión “hacia adentro” del hombre. Además, “existen normas – dice Juan Pablo II – que atañen de un modo directo a actos exclusivamente interiores.

Vemos ya en el Decálogo dos mandamientos que empiezan por estas palabras: “No desearás…” y “No codiciarás…” y que, por consiguiente no se refieren a ningún acto exterior, sino sólo a una actitud interior, relativa, en el primer caso, a ‘la mujer de tu prójimo’; y, en el segundo, a ‘los bienes ajenos’.

Cristo lo subraya con más fuerza todavía. Sus palabras pronunciadas en el monte de las Bienaventuranzas, cuando llama ‘adúltero de corazón’ al que mira a una mujer deseándola, fueron para mí – dice el Papa – punto de partida de largas reflexiones sobre el carácter específico de la moral evangélica en esta materia” .

Importancia pues de la dimensión interior de “lo moral”; importancia de la interioridad, de las intenciones, de las actitudes. “Pero – continúa Juan Pablo II- no es eso todo. Sabemos que el Sermón de la montaña habla también de las buenas obras, como la oración, la limosna, el ayuno, que el Padre ve en lo oculto”.

Que la dimensión interior del acto humano tenga primordial importancia no quiere decir que la exterior – “lo que se hace” – no afecte a la persona y no tenga relevancia moral. La tiene, y mucha. “La ética católica no es sólo un conjunto de normas, mandamientos y reglas de conducta” . No es sólo eso, pero es también eso. Cristo tenía en cuenta las dos dimensiones del acto humano; que son justamente dos dimensiones de un acto que es uno, aunque complejo.

Por tanto, una simple “moral de intenciones” o “de actitudes” que no valorase el objeto, las obras en las que se plasman las actitudes e intenciones, seria una moral mutilada y, por tanto, falsa, como un folio rasgado por cualquiera de sus lados ya no es un folio. El folio tiene dos dimensiones, largo y ancho; si lo rompo por cualquiera de las dos deja de ser lo que era. Un plato o manjar exquisito, con ingredientes de primera calidad, pero aderezado con unos gramitos de arsénico, todo él resulta mortal de necesidad, aunque se haya elaborado con la “buena intención” de alimentar al cliente.

Cualquier cosa mala, por muy buena que sea la intención con que se haga, no deja de causar el mal; y el acto humano que la realiza – compuesto de lo subjetivo y lo objetivo – resulta enteramente malo y daña siempre a la persona.

En efecto, el mismo Papa, que subyaraba la importancia de la dimensión interior de los actos humanos, aclara que “no es suficiente tener la intención de obrar rectamente para que nuestra acción sea objetivamente recta, es decir, conforme a la ley moral. Se puede obrar con la intención de realizarse uno a sí mismo y hacer crecer a los demás en humanidad; pero la intención no es suficiente para que en realidad nuestra persona o la del otro se reconozca en su obrar” . Hace falta, además, que lo que se quiere sea de verdad bueno.

La libertad: condición de bondad moral

Juan Pablo II sigue ahondando en la cuestión: “¿En qué consiste la bondad de la conducta humana? Si prestamos atención a nuestra experiencia cotidiana, vemos que, entre las diversas actividades en que se expresa nuestra persona, algunas se verifican en nosotros, pero no son plenamente nuestras; mientras que otras no sólo se verifican en nosotros, sino que son plenamente nuestras.

Son aquellas actividades que nacen de nuestra libertad: actos de los que cada uno de nosotros es autor en sentido propio y verdadero. Son, en una palabra, los actos libres (…) La bondad es una cualidad de nuestra actuación libre. Es decir, de esa actuación cuyo principio y causa es la persona; de lo cual, por tanto, es responsable” .

No significa esto que por el hecho de ser libre el acto humano sea moralmente bueno, sino que la libertad es una de las condiciones varias de la bondad moral. Una condición también importante, porque “mediante su actuación libre, la persona humana se expresa a sf misma y al mismo tiempo se realiza a sí misma” es decir, va realizando en sí misma un incremento de bondad, si la conducta es moralmente buena; si fuera mala, el sentido de la libertad se vería frustrado.

Importancia de las obras

En efecto, “la fe de la Iglesia fundada sobre la revelación divina, nos enseña que cada uno de nosotros será juzgado según sus obras” . Son muchos, por cierto, los momentos de la Sagrada Escritura en que se afirma que Dios retribuirá a cada uno según sus obras; por ejemplo: Mt 5, 16; Apoc 2, 23; 22, 12; cfr. Rom 2, 6; Eccli 16, 15; 2 Tim 4; Sant 1, 21-25.

“Nótese – indica el Papa – : es nuestra persona la que será juzgada de acuerdo con sus obras. Por ello se comprende que en nuestras obras es la persona que se expresa, se realiza y – por así decirlo – se plasma. Cada uno es responsable no sólo de sus acciones libres, sino que, mediante tales acciones se hace responsable de si mismo” .

No parece que se pueda iluminar mejor la relevancia moral de lo objetivo, de las obras, de los actos externos. Seremos juzgados por nuestras obras, porque ellas son “criaturas” de nuestra libertad en las que nos hemos expresado y forman parte de nosotros mismos.

“Es necesario – insiste el Romano Pontífice – subrayar esta relación fundamental entre el acto realizado y la persona que lo realiza”. Nuestras obras expresan siempre lo que somos o, al menos, algo de lo que somos; y con ellas no sólo “hacemos cosas”, “nos hacemos” también a nosotros mismos: sabios o ignorantes, justos o injustos, prudentes o imprudentes, lujuriosos o castos.

Pues bien, “a la luz de esta profunda relación entre la persona y su actuación libre podemos comprender en qué consiste la bondad de nuestros actos, es decir, cuáles son esas obras buenas que Dios de antemano preparó para que en ellas anduviésemos” (…). Cuando el acto realizado libremente es conforme al ser de la persona, es bueno”.

“La persona está dotada de una verdad propia, de un orden intrínseco propio, de una constitución propia. Cuando sus obras concuerdan con ese orden, con la constitución propia de persona humana creada por Dios, son obras buenas, que Dios preparó de antemano para que en ellas anduviésemos.

Fuente: aciprensa.com

10 consideraciones para descansar mejor

Terminadas las vacaciones, José Benigno Freire, psicólogo y profesor de la Universidad de Navarra, habla del llamado síndrome posvacacional. Según explica, “todo esto es un poco exageración. Le sacamos chispa psicológica a lo más normal”. El experto analiza los principales motivos por los que aparece este síndrome tan actual. “Mucha gente no sabe descansar. Cree que el descanso está hecho para disfrutar de la vida y el trabajo es lo atroz del resto del año”. De este modo, “muchos llegan al trabajo cansados y desentrenados. Las vacaciones sirven para remansar fuerzas para el resto del año. Si uno lo piensa bien, la vida se disfruta más por el trabajo, pues las vacaciones son un mes y el trabajo 11”.

Por otro lado, resalta la necesidad de cambiar la mentalidad con la que vamos de vacaciones. “Son el tiempo del año que se necesita para poder estar bien psicológicamente, disfrutar y ampliar el patrimonio familiar durante los otros 11 meses. Debemos programar las vacaciones pensando en el trabajo posterior. Son un tiempo de paso, lo estable es el resto”.

10 consideraciones para descansar mejor

El profesor Freire ofrece diez observaciones en torno al descanso:

1. El hombre es un ser para la acción. Lo genuino del hombre es hacer.

2. Incluso la contemplación es una acción.

3. El descanso es una inevitable necesidad de la limitación del ser, no de la condición del ser.

4. El descanso es una actividad del hombre cansado para reponer fuerzas para volverse a cansar. El “arte de descansar” consiste en encontrar actividades que   faciliten y no entorpezcan el trabajo posterior. No supondría un descanso aquella actividad que impida, lesione o entorpezca el trabajo posterior.

5. El descanso es una necesidad de la persona, no sólo del cuerpo. Uno de los mejores descansos son aquellas actividades que refrescan el hecho de que somos criaturas, nos distancian momentáneamente de lo material y nos reponen fuerzas psicosomáticas.

6. La pereza no descansa; por el contrario, cansa.

7. El aburrimiento cansa todavía más que la pereza.

8. En condiciones de normalidad, para reparar el cansancio habitual no se necesita mucho tiempo de descanso.

9. El trabajo que más cansa es el que se realiza mal o sin orden.

10. La vida no se disfruta tanto por el descanso como por el trabajo gustoso

Fuente:  aciprensa.com

Técnicas para enseñar a leer y escribir a los niños

 

Métodos para fomentar la escritura y lectura en los niños

El método global se basa en la asociación de palabras con la imagen que representa, es decir, se basa en mostrar ilustraciones o imágenes, de una forma muy rápida y escueta, al niño mediante tarjetas de información.

De qué se tratan estas tarjetas? pues por ejemplo, una tarjeta en que tenga la foto de unas hojas y al lado la palabra escrita en letras Hojas. Y nos preguntarás ¿por qué debemos mostrarlas de forma rápida a los niños? Pues porque está demostrado que los estímulos cortos son mucho más eficazes con ellos.

Para utilizar este método en casa, debemos tener algunas tarjetas y mostrarlas de vez en cuando, en sesiones cortas a los niños. Podemos comprar las tarjetas como también crearlas en casa, con dibujos, fotos, con lo que nos esté más a mano. Sigue unos ejemplos:

ideas de tarjetas para facilitar lectura y escritura d elos niños

La mejor forma para poner en práctica este método de lectoescritura en casa y con tus hijos, es practicarlo de forma habitual. Puedes colgar estas tarjetas en la nevera, en las puertas o en las paredes de la casa, para que el niño las visualicen. Puedes también llevarlas en tu bolso y en algún momento dado, en el parque, en la sala de espera de una consulta, o en un momento que estén tranquilos en algún lugar, puedes enseñárselas a tu hijo.

Si te fijas, en las escuelas infantiles hay carteles por todo el aula de dibujos asociados con las palabras de su nombre, en los percheros, en la mesa, en los murales, en los objetos de la clase… Este método lo que hace es poner a prueba la memoria visual del niño, aunque no conozca bien las letras.

¿Hay algún inconveniente en este método? Sí, según los expertos, este método se salta un paso del aprendizaje del abecedario. Por eso, es posible que el niño a medida que crezca pueda desarrollar problemas de falta de ortografía. Por ello, es importante que paralelamente a este método también empecemos, de forma lúdica, a enseñar las letras del alfabeto a los niños.

El método tradicional para hacer leer y escribir a los niños

También se conoce este método tradicional por el método sintético. Es el más común, el que generalmente se enseña en las escuelas y el que todo el mundo conoce. Se basa en que el niño aprenda primero las estructuras más simples de una palabra, para luego fusionarlas y crear palabras más complejas. ¿Y qué significa eso? Significa que los niños empiezan a aprender las partes más pequeñas de cada palabra, que son las letras, para terminar formando frases.

Dentro de este método tradicional hay 2 modelos:

1. El alfabético
Los niños empiezan aprendiendo el alfabeto. Comienzan por las vocales A, E, I, O, U. Y su grafología. Después, aprenden las consonantes. Y cuando las saben, fusionan ambas y forman pequeñas sílabas como Ba, De, Fi, Mo, Pu… y después aprenden las palabras y por último las frases.

2. El fonético
Los niños aprenden el sonido de cada letra. Es decir, la S, F… con su grafía. Según los expertos, este método fuerza a los niños a leer y escribir, aunque todavía no estén preparados. Lo hacen de forma mecánica y sin valorar que para ellos no tienen ningún significado sílabas como MA, SE o TE.

Si ambos métodos tienen inconvenientes, ¿cuál es el más conveniente para enseñar a leer y escribir a los niños? Según los pedagogos, nos dicen que el mejor método es el que mejor se adapte al niño. Es decir, debemos adaptar el método al niño y no el método al niño. Para que además la lectoescritura sea un éxito, debemos hacerlo como un juego y NUNCA con regañinas o castigos a los niños.

 

 

Fuente: guiainfaltil.com

Educación de los sentimientos

Acabo de leer que cada año, sólo en Francia, se fugan de sus casas cien mil adolescentes, y cincuenta mil intentan suicidarse. Los estragos de las drogas -blandas, duras, naturales o de diseño- son conocidos y lamentados por todos. Parece como si las conductas adictivas fueran casi el único refugio a la desolación de muchos jóvenes. La gente mueve la cabeza horrorizada y piensa que casi nada se puede hacer, que son los signos de los tiempos, un destino inexorable y ciego.

Sin embargo, se pueden hacer muchas cosas. Y una de ellas, muy importante, es educar mejor los sentimientos. El sentimiento no tiene por qué ser un sentimentalismo vaporoso, blandengue y azucarado. El sentimiento es una poderosa realidad humana, que es preciso educar, pues no en vano los sentimientos son los que con más fuerza habitualmente nos impulsan a actuar.

Los sentimientos nos acompañan siempre, atemperándonos o destemplándonos. Aparecen siempre en el origen de nuestro actuar, en forma de deseos, ilusiones, esperanzas o temores. Nos acompañan luego durante nuestros actos, produciendo placer, disgusto, diversión o aburrimiento. Y surgen también cuando los hemos concluido, haciendo que nos invadan sentimientos de tristeza, satisfacción, ánimo, remordimiento o angustia.

Sin embargo, este asunto, de vital importancia en educación, en muchos casos abandonado a su suerte. La confusa impresión de que los sentimientos son una realidad innata, inexorable, oscura, misteriosa, irracional y ajena a nuestro control, ha provocado un considerable desinterés por su educación. Pero la realidad es que los sentimientos son influenciables, moldeables, y si la familia y la escuela no empeñan en ello, será el entorno social quien se encargue de hacerlo.

Todos contamos con la posibilidad de conducir en bastante grado los sentimientos propios o los ajenos. Con ello cuenta quien trata de enamorar a una persona, o de convencerle de algo, o de venderle cualquier cosa. Desde muy pequeños, aprendimos a controlar nuestras emociones y a también un poco las de los demás. El marketing, la publicidad, la retórica, siempre han buscado cambiar los sentimientos del oyente. Todo esto lo sabemos, y aún así seguimos pensando muchas veces que los sentimientos difícilmente pueden educarse. Y decimos que las personas son tímidas o desvergonzadas, generosas o envidiosas, depresivas o exaltadas, cariñosas o frías, optimistas o pesimistas, como si fuera algo que responde casi sólo a una inexorable naturaleza.

Es cierto que las disposiciones sentimentales tienen una componente innata, cuyo alcance resulta difícil de precisar. Pero sabemos también la importancia de la primera educación infantil, del fuerte influjo de la familia, de la escuela, de la cultura en que se vive. Las disposiciones sentimentales pueden modelarse bastante. Hay malos y buenos sentimientos, y los sentimientos favorecen unas acciones y entorpecen otras, y por tanto favorecen o entorpecen una vida digna, iluminada por una guía moral, coherente con un proyecto personal que nos engrandece. La envidia, el egoísmo, la agresividad, la crueldad, la desidia, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de una adecuada educación de los correspondientes sentimientos, y son carencias que quebrantan notablemente las posibilidades de una vida feliz.

Educar los sentimientos es algo importante, seguramente más que enseñar matemáticas o inglés. ¿Quién se ocupa de hacerlo? Es triste ver tantas vidas arruinadas por la carcoma silenciosa e implacable de la mezquindad afectiva. La pregunta es ¿a qué modelo sentimental debemos aspirar? ¿cómo encontrarlo, comprenderlo, y después educar y educarse en él? Es un asunto importante, cercano, estimulante y complejo.

proponer un programa exigente y completo de valores, apoyados y vividos desde una educación para la virtud, permitirá que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos maduren cada día en su humanidad, vivan abiertos a los demás, y se preparen en serio a la meta en la que se decide, para siempre, el bien verdadero de cada uno de nosotros: el encuentro eterno con Dios. ¿No debería ser esa la señal inequívoca de que hemos sabido ofrecer un buen programa de formación en los valores?

Fuente: aciprensa.com

Los hijos, ¿propiedad o misión?

Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratase de algo propio, de una “posesión”. Tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos un libro, tenemos un perro y… “tenemos cuatro hijos”.

Gracias a Dios, el coche no va a exigir sus derechos, ni va a gritar que no nos quiere. Si no arranca, lo llevamos al taller. Si después de dos semanas de arreglos no funciona, lo vendemos al chatarrero. En cambio, si el niño “no arranca” en la escuela…

Es cierto que los niños nacen dentro de una familia, por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el niño tiene un corazón, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosofía nos enseña que el alma, lo más profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios. Los padres dan a su hijo el permiso para la vida y asumen la hermosa tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche o al perro.

Entonces, ¿cuál es la actitud más correcta ante el hijo que hoy “camina” a gatas por el pasillo y que pronto empezará a darse coscorrones en la cabeza? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Este era el sueño de Rousseau con su “creatura”, Emilio. No hace falta ser un gran psicólogo para comprender que el niño ideal de Rousseau llegaría a la juventud sólo por obra de un milagro… La realidad es que los padres están llamados a dar una formación profunda, correcta, clara, a sus hijos.

Primero enseñamos al niño normas de “seguridad”: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extraños. Después, la búsqueda de la salud nos hace pedirle que tenga las manos limpias, que no se llene el estómago con caprichos, que no se rasque las heridas…

Simultáneamente enseñamos al hijo a hablar. Sus ojos cada día brillan de un modo distinto, y pronto su mundo interior, su corazón, se nos abre no sólo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido. Los padres que escuchan por vez primera “mamá”, “papá”, sienten muchas veces un vuelco en el corazón. El niño crece, y habla, y habla, y habla… Cuando ya ha aprendido un vocabulario básico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, o que ha dibujado un avión, o que ha visto una lagartija, o que acaba de encontrar un amigo de su edad…

Alguno podría pensar que la misión de los padres termina aquí, y que el resto le toca a la escuela. Sin embargo, el hijo todavía tiene que aprender detalles de educación que van mucho más allá de las normas de supervivencia o del usar bien las palabras del propio idioma. Dar las gracias, pedir permiso, saludar a un maestro, prestarle un juguete al amigo, hacer los deberes en vez de contemplar lo que pasan por la tele…

La educación moral es uno de los grandes retos de toda la vida familiar. La mayor alegría que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos son, realmente, buenos ciudadanos. El dolor de cualquier padre es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere y que empieza a engañar a los maestros, a robar del monedero de mamá, a golpear a los compañeros o hermanos más pequeños, e, incluso, a levantar la voz en casa contra sus mismos padres…

San Agustín se quejaba de que sus educadores le regañaban más por un error de ortografía que por una falta de comportamiento. La queja tiene una triste actualidad en quienes se preocupan más por el 10 de sus hijos en inglés que por la pornografía que vean en internet o por las primeras drogas que puedan tomar con los amigos. Si somos sinceros, es mucho mejor tener un hijo agradecido y bueno, aunque no sepa alta matemática, en vez de tener un hijo ingeniero que ni siquiera es capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos…

Los hijos no son propiedad de nadie, ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos, especialmente en casa, estamos llamados a ayudar a los niños y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres de bien. Esa es la misión que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada niño. Quienes hemos tenido la dicha de tener unos padres que nos han ayudado a respetar a los demás, a amar a Dios y a vivir de un modo honesto y justo, nunca seremos capaces de darles las gracias como se merecen. Quienes no han tenido esta dicha… pueden, al menos, preguntar cómo se puede enseñar a los hijos a ser, de verdad, buenos, no sólo en la formación científica, sino en los principios éticos más elevados.

Esa es la misión que reciben los esposos cuando su amor culmina en la llegada de un hijo. Cumplirla puede ser difícil, pero la alegría de un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del Banco Mundial…

Fuente: https://www.aciprensa.com/

Tips para acercarme a mi hijo adolescente

Ayudar a los hijos en sus dificultades es un reto que, muchas veces, se presenta pesado, infructuoso y casi imposible

El hijo que crece “aparentemente” tiene su vida hecha. La independencia, el “déjenme ser”, es su mayor eslogan. Los consejos, regaños e indicaciones le hacen sentir como niño o adolescente y, por eso, los rechaza como jarabes amargos.

Tiene conciencia de su libertad y, bien o mal, sabe que puede usarla, aunque desconoce su verdadero sentido. Se siente joven y experimenta que puede asir el mundo con un apretón de manos. Este mundo atrapa su sed infinita de felicidad y es lo que le causa las peores jugadas.

Quizá, un abismo gigantesco interfiere en las relaciones con los hijos. Los problemas y las dificultades que atraviesan en sus vidas personales parecen inasequibles para los padres. Los consejos y la cercanía que éstos quieren brindar, no llegan hasta la orilla de sus hijos con el impacto esperado.

Unas veces, el puente de comunicación natural y sencilla de los primeros años de la infancia y de la adolescencia, se debilita y es difícil cruzarlo. Otras, tristemente, el gigante invisible de la juventud ya lo ha arrancado con un vigor impulsivo e irreflexivo, destruyendo cualquier esfuerzo de acercamiento a los problemas que tienen.

¿Qué hacer?

La respuesta no es nada sencilla porque los hijos tampoco están en una etapa fácil. A veces el error de los padres es la desesperación, la impaciencia o la forma brusca y autoritaria en el actuar (por ejemplo: correrlos de la casa).

Un buen medio es la comunicación entre los padres. Entre los dos se podrán ayudar mejor a conocer a sus hijos. También ayuda tratar de “meterse en sus zapatos”. Intentar sentir lo que sienten, pensar en las contrariedades que les acechan o que pueden estar pasando (¡están todavía madurando y necesitan comprensión!).

Una postura rígida, por ejemplo, puede transformarse en una actitud afable, amigable, paternal: Una gota de comprensión atrae más a los hijos que un barril de regaños.

Otra solución estriba en el arte de escuchar a los hijos, interesarse por ellos; salir de las “burbujas” rutinarias y darles el tiempo y la atención que merecen. Ayuda mucho preguntarles su opinión, pedirles consejo, hacerles ver que su punto de vista cuenta mucho. Aunque todavía no lo sean, necesitan ser tratados como adultos.

Es mejor dar espacio a su iniciativa personal y a sus propuestas, que “acribillarlos” con órdenes y prohibiciones que pueden resolverse en un acuerdo mutuo y constructivo. Y en esos diálogos, conviene valorar sus decisiones para que se hagan responsables de sus actos.

Hay momentos que quizá ya se ha intentado mucho y los problemas de los hijos parecen insuperables. Pensemos, por ejemplo, en aquéllos que están sumergidos en la droga o el alcohol. Por desgracia, la solución se escurre de las manos como el agua (¡y eso es lo más duro!).

Desde la perspectiva humana todo parece imposible. En esos momentos lo mejor es pedir ayuda. Buscar a un perito en la materia, más aún, pedir ayuda al pedagogo más veterano, al experto de lo “imposible”: a Dios.

La oración dirigida a Dios orienta los sufrimientos, preocupaciones, deseos, esfuerzos humanos y sobrehumanos hacia el bien de los hijos. Con ella, se edifica un puente invisible a los ojos humanos, pero no al corazón del que cree; un puente que llega hasta lo más profundo de sus corazones, pues está construido con los ladrillos de la fe y de la esperanza.

Cuando humanamente se hace lo que está en las propias manos y se deja a los hijos en las manos experimentadas y sabias de Dios, el reto se aligera, el fruto empieza a madurar y lo que parecía imposible se hace real porque para Dios no hay nada imposible.

Fuente: https://www.aciprensa.com/

Cómo surgieron los agujeros negros más grandes del universo

En la mitad del camino que separa las pequeñas constelaciones de Delphinus el Delfín y la pezuña trasera de Pegasus el caballo volador, un molinillo inmaculado se mueve por el espacio.

Durante miles de millones de años, los lanudos brazos espirales de la galaxia UCG 11700 han girado en paz sin ser perturbados por las colisiones y fusiones que han deformado otras galaxias.

Sin embargo, mientras la UCG 11700 gira armoniosamente en el espacio, algo monstruoso acecha en su centro.

En el corazón de esta hermosa rueda cósmica se encuentra uno de los objetos más misteriosos del universo: un agujero negro supermasivo.

Si bien la masa de los agujeros negros estándar equivale a alrededor de cuatro veces la de nuestro Sol, sus enormes parientes son millones y, en ocasiones, miles de millones de veces más masivos.

Los científicos creen que casi todas las grandes galaxias tienen un agujero negro supermasivo en su corazón, a pesar de que nadie sabe cómo llegaron allí.

Aquí es donde la galaxia UCG 11700 podría ser útil.

“Las galaxias ideales para mi estudio son las espirales más hermosas y perfectas que puedas imaginar”, dice la investigadora junior de la Universidad de Oxford Becky Smethurst, quien estudia los agujeros negros supermasivos.

“Las galaxias más bonitas son las que podrían ayudarnos a resolver el misterio de cómo crecen estos agujeros negros”, agrega.

Agujero negro supermasivo

FUENTE DE LA IMAGEN,NASA/JPL-CALTECH

Estudiar algo que por su naturaleza es tan denso que ni siquiera la luz puede escapar de su centro dificulta su aprendizaje.

Pero las nuevas técnicas que buscan los efectos que los agujeros negros supermasivos tienen en los objetos interestelares que los rodean —e incluso en las ondas que crean en el tejido del espacio y el tiempo— están dando nuevas pistas.

Cómo aparece un agujero negro

Hay un pequeño secreto sobre cuán convencional, si se le puede llamar así, es la forma en la que un agujero negro aparece y crece.

Una estrella moribunda se queda sin combustible, explota en una supernova, colapsa sobre sí misma y se vuelve tan densa que ni siquiera la luz puede escapar de su intensa gravedad.

La idea de los agujeros negros existe desde hace un siglo y ya la predijo la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein.

En la cultura popular, los agujeros negros son perfectamente oscuros y están infinitamente hambrientos.

Ellos atraviesan el universo absorbiendo todo lo que encuentran a su paso, haciéndose más grandes y voraces a medida que lo hacen.

Misterio resuelto, uno podría pensar: los agujeros negros supermasivos son simplemente los más hambrientos y los más antiguos de su tipo.

Sin embargo, los agujeros negros no están a la altura de su monstruosa reputación.

Son sorprendentemente ineficaces en la acreción (término científico para decir “absorber”) del material circundante, incluso en un núcleo galáctico denso.

Imagen de una galaxia en espiral

De hecho, las estrellas colapsadas crecen tan lentamente que no podrían volverse supermasivas simplemente absorbiendo material nuevo.

“Supongamos que las primeras estrellas formaron agujeros negros alrededor de 200 millones de años después del Big Bang”, dice Smethurst.

“Después de que colapsaron, tienes alrededor de 13.500 millones de años para hacer crecer tu agujero negro a miles de millones de veces la masa del Sol. Es un tiempo demasiado corto para hacerlo tan grande solo con la absorción de material”, agrega.

Aún más desconcertante es saber que los agujeros negros supermasivos ya existían cuando el universo estaba todavía en su relativa infancia.

Los cuásares lejanos, algunos de los objetos más brillantes del cielo nocturno, son en realidad antiguos agujeros negros supermasivos que han incendiado los núcleos de galaxias moribundas.

Algunos de estos gigantes han estado presentes al menos desde que el universo tenía apenas 670 millones de años, en un momento en que se estaban formando algunas de las galaxias más antiguas conocidas.

La realidad sobre estos motores energéticos

Mientras que el corazón de un agujero negro sigue siendo desconocido para los observadores externos, los agujeros negros supermasivos pueden brillar más intensamente que una galaxia entera de estrellas, e incluso pueden producir “eructos” de radiación ultravioleta a medida que consumen material a su alrededor.

m87

FUENTE DE LA IMAGEN,EHT COLLABORATION

Pie de foto,La imagen muestra los chorros de luz que escapan del agujero negro en el centro de la galaxia M87.

Los agujeros negros tienen un límite esférico conocido como “horizonte de eventos”. Dentro de esta esfera, la luz, la energía y la materia están atrapadas ineludiblemente.

El espacio y el tiempo se pliegan sobre sí mismos y las leyes físicas que describen cómo funciona la mayor parte de nuestro universo se rompen.

Pero, justo fuera del horizonte de eventos, un agujero negro giratorio puede convertir el material cercano en un disco giratorio sobrecalentado.

Alcanzando temperaturas superiores a los 10 millones de grados centígrados, el disco de acreción en un cuásar libera una radiación cegadoramente brillante en todo el espectro electromagnético.

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Las galaxias más bonitas son las que podrían ayudarnos a resolver el misterio de cómo crecen estos agujeros negros”
Becky Smethurst
Investigadora junior de la Universidad de Oxford

“Los agujeros negros son los motores más eficaces y eficientes del universo”, dice Marta Volonteri, investigadora de agujeros negros en el Institut d’Astrophysique de Paris.

“Transforman la masa en energía con una eficiencia de hasta un 40%. Si piensas en cualquier cosa que nosotros quemamos con carbono o energía química o, incluso, en lo que sucede en las estrellas, es solo una pequeña fracción de lo que produce un agujero negro”.

Los agujeros negros supermasivos interesan a los científicos por algo más que su eficiencia energética. Su formación y evolución están claramente conectadas con el desarrollo de las galaxias y con el tema aún mayor de la historia y estructura de todo nuestro universo.

Resolver el misterio de estos gigantes cósmicos representaría un paso significativo en el esfuerzo continuo de los científicos por comprender por qué las cosas son como son.

Las ondas gravitacionales y su papel en el tamaño de los agujeros

La liberación de energía es una de las muchas formas en que los agujeros negros divulgan sus secretos.

Imagen de una galaxia en espiral

FUENTE DE LA IMAGEN,PA MEDIA

Cuando los agujeros negros se fusionan o chocan con objetos ligeramente menos densos como estrellas de neutrones, los eventos crean ondas en el espacio-tiempo llamadas ondas gravitacionales.

Estas ondas se mueven a través del cosmos a la velocidad de la luz y se detectaron por primera vez en la Tierra en 2015.

Desde entonces, grandes centros como el Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser (LIGO, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos y las instalaciones de Virgo cerca de Pisa, Italia, han ido recogiendo las ondas creadas por estas colisiones.

Pero aunque estos observatorios utilizan instrumentos que miden varios kilómetros de extensión, solo pueden detectar ondas de agujeros negros de tamaño relativamente modesto.

“LIGO ha detectado fusiones de sólo unas 150 masas solares”, dice Nadine Neumayer, quien dirige el grupo de investigación Galactic Nuclei en el Instituto Max Planck de Astronomía.

“Hay una brecha en los datos sobre lo que la gente llama ‘agujeros negros de masa intermedia’ de unas 10.000 masas solares más o menos. Y esos, en realidad, podrían ser las semillas de los agujeros negros supermasivos”.

La experta señala que los agujeros negros de masa intermedia podrían haberse formado en el universo muy temprano a partir del colapso de nubes de gas gigantes o colisiones descontroladas de estrellas.

En el entorno estrecho del joven universo, las sucesivas colisiones entre estos agujeros negros de tamaño mediano, combinadas con una rápida acumulación del material circundante, podrían haber acelerado su crecimiento a escalas supermasivas.

Aun así, la teoría de la semilla del agujero negro de masa intermedia tiene problemas. El pequeño universo incipiente también estaba muy caliente.

Instalaciones de Virgo, Italia

FUENTE DE LA IMAGEN,CLAUDIO GIOVANNINI/AFP/GETTY IMAGES

Las nubes de gas se habrían bañado en radiación, posiblemente dándoles demasiada energía para colapsar sobre sí mismas.

Incluso en un cosmos denso, las leyes de la física también limitan la velocidad máxima a la que los agujeros negros pueden absorber materia.

Volonteri dice que toda explicación actual para los agujeros negros supermasivos tiene “cuellos de botella e inconvenientes” que impiden que los científicos converjan en una respuesta definitiva.

“Las teorías que involucran lo que llamamos ‘procesos dinámicos’, lo que significa que se forma un agujero negro a partir de muchas, muchas estrellas en lugar de solo una, son posibles, pero estos procesos deben suceder en condiciones muy específicas”, dice.

“También hay teorías sobre los ‘agujeros negros primordiales’, que podrían haber existido y comenzado a crecer antes de que hubiera estrellas. Pero este es un territorio completamente desconocido. No tenemos ninguna prueba de observación para probar este principio”, agrega.

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Los agujeros negros son los motores más eficaces y eficientes del Universo”
Marta Volonteri
Investigadora de agujeros negros en l’Institut d’Astrophysique de Paris

Volonteri dice que le encanta la física de los procesos dinámicos, pero reconoce que es muy difícil para la teoría predecir de manera creíble algo que crezca más de aproximadamente 1.000 masas solares.

“Cuando se consideran los cuásares que ya tenían mil millones de masas solares cuando el universo tenía mil millones de años, es muy difícil llegar a esos números”, dice.

Esta experta cree que la verdadera historia de cómo surgieron los agujeros negros supermasivos aún no se ha contado.

“Cuanto más investigamos, más descubrimos que hay problemas que pensamos que habíamos entendido. Nos falta algo fundamental“, apunta.

La generación actual de instrumentos de observación ha comenzado a llenar los vacíos. Virgo, LIGO y observatorios similares están proporcionando “información demográfica” cada vez más profunda sobre el tamaño, la edad y la ubicación de la población de agujeros negros del Universo.

Pero para completar este tipo de datos sobre los agujeros negros supermasivos, los investigadores necesitarán detectores aún más grandes.

Los esfuerzos para medir los agujeros y la “óptica adaptativa”

En la década de 2030, la NASA y la Agencia Espacial Europea lanzarán la ambiciosa Antena Espacial de Interferómetro Láser (LISA, por sus siglas en inglés), que comprende tres satélites que vuelan en un triángulo con lados de 2,5 millones de kilómetros de largo.

Colisión de galaxias

FUENTE DE LA IMAGEN,NASA/ASC/ESA

Esta matriz funcionará con principios similares a los de Ligo y Virgo, pero su escala masiva le permitirá detectar ondas gravitacionales de agujeros negros muy grandes más allá del alcance de la tecnología existente.

Pero hay otras formas más directas de ver los agujeros negros.

El telescopio Event Horizons capturó recientemente las primeras imágenes fotográficas de agujeros negros, sacando a estos misteriosos objetos de las sombras y revelando más sobre su naturaleza y los efectos de su gravedad y magnetismo en las galaxias que habitan.

Los astrofísicos también pueden rastrear el movimiento de estrellas en órbitas cercanas alrededor de los agujeros negros en el núcleo galáctico, extrapolando información sobre los objetos masivos en su centro.

La mayoría de las observaciones de este tipo se basan en telescopios terrestres que utilizan una tecnología llamada “óptica adaptativa”.

Los observadores analizan una estrella brillante (o un rayo láser generado por humanos) para medir las distorsiones atmosféricas que, de otro modo, reducirían la calidad de la imagen.

Las señales controladas por computadora corrigen estas distorsiones mediante pequeños ajustes a la forma física del espejo del telescopio.

El resultado son observaciones precisas de los corazones de galaxias a miles de millones de años luz de distancia y una gran cantidad de datos sobre sus agujeros negros supermasivos.

Neumayer fue una de las primeras científicas en utilizar la óptica adaptativa para estudiar los núcleos galácticos.

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Cuanto más investigamos, más descubrimos que hay problemas”
Marta Volonteri
Investigadora de agujeros negros en l’Institut d’Astrophysique de Paris

“Fue simplemente alucinante que pudieras tener una mejor resolución desde la Tierra que desde el telescopio espacial Hubble”, comenta.

“Trabajé en la medición de masas específicas de agujeros negros. Existe una estrecha correlación: cuanta más masa tiene una galaxia, más masivo es su agujero negro supermasivo central”, apunta.

A pesar de esta correlación, no hay evidencia clara de que las galaxias masivas creen agujeros negros masivos, o viceversa. Están conectados, pero la naturaleza de esa conexión sigue siendo un misterio.

Una parte de la explicación podría involucrar colisiones entre galaxias.

La mayoría de los dos billones de galaxias observables del universo se están alejando entre sí, pero ocurren muchas colisiones, creando oportunidades para que dos agujeros negros centrales muy grandes se fusionen en algo aún más grande.

Telescopio Espacia Hubble

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

Algunos científicos creen que esta podría ser la forma en que se forman los agujeros negros supermasivos verdaderamente monstruosos.

Cuando los agujeros negros estelares comparativamente pequeños chocan, liberan enormes cantidades de energía durante una fracción de segundo, produciendo un destello tan brillante que eclipsa brevemente todo lo demás en el cielo.

Si viéramos un evento similar que involucre agujeros negros supermasivos, sería uno de los eventos más cataclísmicos que se pudieran detectar en el cielo nocturno.

Sin embargo, aunque los científicos sospechan que las fusiones de agujeros negros supermasivos sí ocurren, puede que sean menos comunes debido a otro aspecto problemático de las dinámicas de

Los agujeros negros que van en una trayectoria de colisión giran en torno el uno al otro con mayor velocidad a medida que se acercan. Pero los agujeros negros muy grandes alcanzan un punto de más o menos un pársec (3,26 años luz) de distancia donde su velocidad orbital empieza a nivelar la atracción gravitacional.

La degradación de sus órbitas ocurriría tan lentamente que la actual fusión no sucedería dentro de la edad actual del universo.

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Veremos cosas nuevas que no podemos siquiera imaginar. Y creo que eso es increíble”
Nadine Neumayer
Directora del grupo de investigación Galactic Nuclei en el Instituto Max Planck de Astronomía

No obstante, los físicos sí creen que estas fusiones ocurren, lo que requiere nuevas teorías de cómo superar el llamado “problema del pársec final”.

Se necesita algún tipo de fuerza adicional que junte otra vez a los agujeros negros en órbita.

El universo está repleto de galaxias que se cree fueron formadas por fusiones, incluyendo nuestra propia Vía Láctea, lo que sugiere que sí ocurren.

Cuando las galaxias chocan su estructura espiral original se destruye a medida que las estrellas, nubes de gas, materia oscura y agujeros negros interactúan. Hasta un roce entre galaxias puede desestabilizar sus estructuras, lo que las hace fácil de detectar.

La soledad de algunas galaxias

Pero eso significa que los agujeros negros supermasivos en el centro de galaxias que giran como un molinillo inmaculado como la UCG11700 no se pueden explicar en términos de colisiones. Sus estructuras sugieren que nunca se han acercado a otra galaxia.

“Selecciono galaxias muy raras que han estado solas toda su existencia, que han estado muy, muy aisladas en el universo”, dice Becky Smethurst. “Con esas estamos seguros de que el agujero negro en el centro nunca ha crecido por la fusión con alguna otra cosa“.

Eso quiere decir que se deben haber formado de otra manera.

Agujero negro supermasivo

FUENTE DE LA IMAGEN,REUTERS/NASA/JPL/CALTECH

Smethurst trabaja retroactivamente para determinar qué tan grandes tendrían que ser estos agujeros negros al comienzo para alcanzar su tamaño actual.

Sus mejores modelos indican que un agujero negro que se formó al inicio del universo de entre 1.000 y 10.000 masas solares podría ser suficiente -cifras que cuadran con las teorías de Neymayer sobre los agujeros negros “semilla” de tamaño intermedio.

Pero esos agujeros negros probablemente no provienen de estrellas colapsadas.

Los astrofísicos también están explorando la posibilidad de que los agujeros negros supermasivos se forman directamente de la materia oscura, el misterioso material que mantiene unidas a las galaxias.

Pero la materia oscura, que es un tipo teórico de partícula que interactúa con la gravedad, pero es invisible a la luz y el electromagnetismo, es en sí muy poco entendida.

La combinación de los misterios de los agujeros negros y la materia oscura sólo vuelve la física más compleja.

“Todavía hay mucho que no conocemos”, dice Smethurst.

“Creo que sería arrogante de nuestra parte concluir que la única manera de formar un agujero negro es a través de una supernova, porque no sabemos eso con seguridad.

Tal vez la explicación es algo completamente impensable hasta ahora. Espero con ahínco el día que el universo nos sorprenda con la respuesta. Creo que será un gran día para la ciencia”.

La NASA y su Telescopio Espacial James Webb

Instrumentos de observación más avanzados están en camino.

Este año, la NASA planea lanzar el Telescopio Espacial James Webb (aunque actualmente hay una campaña para cambiar el nombre del instrumento debido a las políticas homofóbicas impuestas por el epónimo director de la NASA), cuyo tamaño y capacidad sensorial sin precedentes lo convertirá en un instrumento valioso en la investigación de agujeros negros supermasivos.

La misión Lisa, cuando sea lanzada, también le dotará a los científicos con nuevas formas de observar los agujeros negros supermasivos a través de sus ondas gravitacionales.

M87

FUENTE DE LA IMAGEN,EHT

Pie de foto,Esta fue la primera imagen de M87, que también fue la primera imagen de un agujero negro.

Otros científicos están creando mapas cada vez más detallados de los lugares, movimientos, formas y tamaños de millones de galaxias, que alimentan la investigación tanto de observadores como teoréticos.

“El ritmo de trabajo es simplemente fenomenal”, comenta Smethurst.

Tenemos el equivalente a 100 años de investigación sobre agujeros negros. Pero comparado a los 14.000 millones de años que lleva el universo, eso no es suficiente para resolver todos los misterios. Pretendo contestar un interrogante y termino con cinco más. Y eso está bien por mi lado”.

Neumayer coincide con Smethurst que los descubrimientos más fascinantes sobre los agujeros negros probablemente tendrán que ver con preguntas que nadie se ha hecho.

“Ha sido un siglo asombroso de desarrollos técnicos que ha hecho posibles estos descubrimientos”, dice la científica.

“Conocemos muchos problemas que queremos resolver. Pero también veremos cosas nuevas que no podemos siquiera imaginar. Y creo que eso es increíble”.

Fuente: https://www.bbc.com/