Un niño que roba, ¿cómo abordar la situación?

Muchos niños, cuando están experimentado con el concepto de propiedad privada, roban. Pues bien, en este artículo queremos hablar de qué podemos hacer, como educadores, cuando identificamos esta conducta.

Un niño que roba suele causar gran disgusto a sus padres, pero también preocupación e incluso alarma. Es importante recordar que se trata de un niño y por eso no es bueno apresurar las conclusiones. Es una persona que está en proceso de formación y que, en la mayoría de los casos, solo ha cedido a un impulso.

Es claro que se trata de una conducta que no se puede dejar pasar sin más. Es muy importante que los padres orienten a un niño que roba para que comprenda por qué su acción no es aceptable. Así mismo, en algunos casos es necesario profundizar e indagar lo que puede haber detrás de ese comportamiento.

La mayoría de los niños se quedan con algo que no les pertenece en algún momento. Lo hacen de una forma ingenua y su conducta no proyecta un futuro delincuente. Un niño que roba, por lo general, solo lo hace porque algo lo atrae y no cree que sea grave apropiarse de ello. De todos modos, se trata de una situación que se debe abordar.

El robo está siempre asociado a la idea del poder”.

-Fernando Savater-

Niña robando fruta

Un niño que roba

En este punto la edad es importante. Antes de los 6 años, los pequeños tienen muchas dudas alrededor del concepto de propiedad, especialmente en lo que se refiere a la propiedad ajena. Esto se debe a que en esas edades el niño es muy egocéntrico; un posicionamiento natural frente al mundo normal en relación con el momento evolutivo por el que están pasando.

Por lo tanto, el niño solo tiene en consideración sus propios deseos y necesidades. Un niño que roba antes de los 6 años no debe ser castigado, ya que no comprenderá muy bien por qué su conducta es negativa. Lo que sí podemos es explicarle por qué no debe hacerlo.

En cambio, el niño mayor de 6 años ya suele trabajar con un concepto de propiedad privada menos rudimentario. Por lo tanto, si lo hace debería recibir algún tipo de sanción y una fijación clara de los límites que no debe sobrepasar. Lo indicado es llevar a cabo estas acciones:

  • Permanecer calmados y manejar la situación con serenidad.
  • Confrontar la situación de inmediato. Nunca hay que “dejarlo de ese tamaño”, postergar el asunto o minimizar la situación.
  • Aplicar consecuencias. Esta conducta genera efectos que el niño debe afrontar. No basta con señalarle que está mal lo que hizo.

¿Por qué roba un niño?

Un niño que roba, en la mayoría de los casos, solo cede a una tentación. Sin embargo, también hay algunos factores que se convierten en estímulos o detonantes de esta situación. Por ejemplo, si un niño toma algo que no le pertenece y los padres no educan su conducta, podrían estar reforzándola.

Así mismo, no hay que olvidar que los niños suelen imitar lo que ven en los adultos. Si el niño ve que nosotros también “robamos” -ejemplo, coger material de la oficina para casa-, es probable que nos termine imitado -ejemplo, cogiendo material que es del colegio-.

También se da el caso de los niños en los que los padres no cuenta con el dinero suficiente como para satisfacer los deseos materiales de su hijo. A veces deben renunciar a un deseo muy intenso de tener algo que llama poderosamente su atención y no lo logran, entonces roban. Así mismo, hay ocasiones en las que su grupo de iguales roba y ellos actúan así para sentirse integrados.

Niña robando de un bolsillo

El robo y la carencia

Por supuesto que también existen los casos en los que entran en juego aspectos psicológicos más complejos en el robo. Al respecto, hay una interesante explicación que ofrece Donald Winnicott, quien establece una relación directa entre las conductas antisociales y la deprivación emocional durante la infancia.

Winnicott señala que, frente a la deprivación emocional, el niño suele optar por una de dos alternativas: o aniquila su yo verdadero, o convulsiona a la sociedad hasta obtener de ella protección. La deprivación es un estado en el que el niño se siente privado de los cuidados de la familia.

Lustgarten de Canteros dice que, en esos casos, la conducta antisocial “es una llamada para a ser registrado por el otro, constituyendo una búsqueda de los cuidados hogareños que siente haber perdido”. Por lo tanto, antes de imponer sanciones o límites a un niño que roba, también es importante preguntarse si el pequeño está recibiendo la atención y afecto que necesita.

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