Desafíos filosófico-científicos de la educación

Tavito De Los Santos

Una cuestión muy recurrida lo constituye el papel que debe jugar la educación. A ello trata de dar respuesta la Filosofía Educativa, puesto que se propone establecer su marco teleológico, axiológico, epistemológico y metodológico; lo cual se traduce en determinar los objetivos, los valores, los contenidos y las estrategias y técnicas de aprendizaje, que deben implementarse en la consecución de los resultados.

La Filosofía, la Ciencia y la Educación guardan una estrecha relación, dado que cada una de ellas se propone el conocimiento de la verdad y su comunicabilidad, de tal modo que permite al hombre adaptarse a la realidad y obtener un  mayor provecho o beneficio de la misma.

En primer lugar debemos esbozar brevemente algunos conceptos de la Filosofía Científica para luego asociarla a la educación y perfilar sus aportes al desarrollo humano.

La Filosofía se concibe como un saber crítico-racional, que trata de dar una explicación lógico-analítica de la realidad, de una manera general, comprensiva y comunicable. La corriente idealista centra el papel de la filosofía en el intelecto humano, en la facultad racional y espiritual del hombre; encontrando en Federico Hegel a uno de sus mayores exponentes. En tanto que para la corriente materialista, cuyo máximo referente lo constituye Carl Marx, la filosofía debe pasar de un papel contemplativo y descriptivo de la realidad a su transformación, pues debe trascender de un mero papel racional a un rol integrado con el devenir natural e histórico-social, y producir los cambios necesarios en la humanidad. Ha de aclararse que ambos filósofos eran alemanes, dialécticos (el primero moderno y el segundo contemporáneo) y buscaban en la filosofía una solución a la problemática del hombre; sólo que el Idealismo parte del espíritu y la idea, mientras que el Materialismo lo hace desde la realidad material y social.

Para Hans Reichenbach, en su libro La filosofía científica, la ciencia necesita de las preguntas filosóficas, que puedan orientar sus respuestas como solución las distintas problemáticas que tiene que afrontar el hombre; por tanto, ambas deben trabajar mancomunadamente.

En estos pensadores podemos observar tres teorías filosóficas diferentes de alta relevancia y  significatividad, que pueden complementarse bajo una postura ecléctica, si soslayamos el estado de violencia que engendraba el marxismo en esa época. Pues para el conocimiento científico resultan necesarios los aspectos que implican dichas teorías, a saber: sujeto y objeto o idea y materia,  (hombre y realidad); así como razón y método (filosofía y ciencia).

La Educación, por su parte, es una ciencia social que busca desarrollar en los individuos las competencias que le permitan superar su calidad de vida y una mejor convivencia social.

En este ámbito podemos citar algunos pedagogos como Pablo Freire que, con su Pedagogía de la Liberación, se opuso a lo que denominó una “educación bancaria”, en la que el alumno se convertía únicamente en  receptor de contenidos depositados por el docente.  Así mismo, los exponentes del Cognoscitivismo, como Jean Piaget y Vygotski, que plantean una educación basada en el conocimiento de la realidad y la relación de los objetos, modelo que, supuestamente, se ha venido aplicando en nuestro país. Sin embargo el déficit en la calidad educativa en República Dominicana nos lleva a formular algunas interrogantes: ¿Es que no funciona este modelo? o ¿acaso es que aún continuamos refugiados en el tradicionalismo y la educación memorística?, o bien ¿el Neoliberalismo que implica la Postmodernidad ha desfasado todo modelo sistemático?

Los modelos educativos sistemáticos, se han caracterizado por la enseñanza de cuatro áreas básicas: Letras, Matemáticas, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales, y de ellas se derivan las demás disciplinas de las carreras universitarias, que conformarán las sucesivas profesiones.

Sin embargo, en los últimos años ha cobrado auge la teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner. Esto llama la atención, porque hace alusión a un conocimiento no preestablecido y abre la oportunidad al alumno de desarrollarse en el área de su preferencia y de mayor competencia, aún no esté clasificado en alguna taxonomía científica u oferta académica universitaria.

Esta teoría reviste mayor vitalidad precisamente en esta circunstancia de pandemia en que vivimos, y de consecuente cuarentena, donde la tecnología y la virtualidad, se han impuesto y han dejado de constituir una tendencia o moda, propia de la era digital y de la información, y han pasado a formar parte esencial de la vida cotidiana, de la educación y la comunicación.

Es así como nos percatamos de que el conocimiento trasciende la formalidad y la sistematicidad. Y lo podemos constatar en el hecho de que, probablemente, la persona que pueda programar una actividad virtual a través de una computadora o teléfono celular, no se haya entrenado metódicamente en ninguna academia, y su saber puede tornarse tan necesario y demandado como el de un profesional, y quizás aún más.  Lo que nos lleva a tener que repensar el papel y la finalidad de la filosofía, la ciencia y la educación en la producción de un conocimiento competitivo conforme a las aptitudes del alumno,  la realidad del presente  y el porvenir.

 

 

 

 

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