Pedro Henríquez Ureña, apóstol de la Lengua y la Literatura

Por Germania Aracelis Morillo Castillo

 

La autora es Magíster en Lingüística Aplicada a la enseñanza del español y docente de grado en la Universidad Católica Santo Domingo.

 

Tras conmemorarse recientemente el natalicio 136 de Pedro Henríquez Ureña, hemos de recordar los valiosos aportes de este gran humanista al servicio de la educación dominicana, especialmente en el ámbito de la Lengua y la Literatura.

 

En su obra Cien años de enseñanza del español en la República Dominicana (2012), su autor Manuel Matos Moquete destaca las grandes y significativas colaboraciones de Henríquez Ureña, desde su rol de superintendente de educación en el año 1932.  En lo adelante, el término “Reforma” se convierte en una constante de acciones y creaciones puestas en ejecución por el Superintendente General de Enseñanza de ese entonces.

 

Sus contribuciones políticas y académicas impactaron tanto los programas de grado de aquella época como los programas de educación primaria y secundaria.  En lo concerniente a la Reforma de la licenciatura en Filosofía y Letras y de la Escuela Normal, Moquete distingue la iniciativa de Henríquez Ureña quien incita la organización de la Escuela Libre de Filosofía y Letras de la Universidad de Santo Domingo.

 

En cuanto a la enseñanza primaria, el mismo Moquete relata en su obra el programa sintético de lectura y escritura simultánea del primer grado de enseñanza primaria.  Esta simultaneidad de la lecto-escritura permanece en los postulados del Diseño Curricular de Lengua Española en el país, el cual establece desarrollar procesos de lectura y escritura paralelamente para el alcance de competencias comunicativas específicas.  En efecto, muchos de los planteamientos que imperan hoy en el Currículo nacional se deben en gran medida a la figura de Pedro Henríquez Ureña.

 

¿Y qué decir del programa de Lengua Española propuesto?  Manuel Matos nos refiere que además de los ejercicios de lenguaje y lecto-escritura se impartía la nueva asignatura de Lengua Española, cuyo programa de estudios para la enseñanza primaria elemental contemplaba el desarrollo de la oralidad mediante ejercicios de elocución basados en cuentos, anécdotas, historietas, fábulas y otras narraciones que hoy ocupan parte de los textos funcionales contemplados en el Diseño de Lengua Española.

 

Situación similar ocurría en la enseñanza primaria superior donde la mayor parte del tiempo se dedicaba a la lectura comentada y composición oral y escrita y donde el aspecto gramatical no debería ocupar más de la tercera parte de la enseñanza, como bien se nos señala en la referida obra Cien años de enseñanza del español en la República Dominicana: “Pedro Henríquez Ureña estableció una proporción en la enseñanza de la gramática: no más de la tercera parte”.

 

Además de los aportes antes mencionados, cabe destacar los correspondientes a la literatura dentro de la educación secundaria.  En lo adelante, se orientaba la lectura de obras literarias completas de carácter universal, ya no más lecturas fragmentados o trozos de textos inconexos, cuyo enfoque es perdurable hasta nuestros días.

 

Sin dudas, la propuesta curricular en general que orienta la enseñanza de los grados, ciclos y niveles de la educación preuniversitaria tiene mucho de los planteamientos y reformas de Henríquez Ureña.  Por ello, si hoy tenemos un currículo centrado en el sujeto, y que apuesta al desarrollo de competencias comunicativas, se lo debemos en gran medida a este gran intelectual que supo poner en alto nuestro país con sus destacados pensamientos que hoy heredamos.

 

 

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