¿Cómo leer más libros cuando sientes que no tienes tiempo para hacerlo?

¿Cuántas veces te has dicho?: No tengo tiempo para leer.

Así que si te preguntas ¿Cómo leer cuando no tienes tiempo para leer?, aquí tienes la respuesta:

Levántate un rato antes o vete a dormir un poco después (si los ojos no se te cierran claro)

No tengo tiempo para leer

Si eres una de esas personas a las que levantarse algo más temprano no les importa, esto es ideal para ti. Te prometo que hay gente que lo hace, esas que antes decían No tengo tiempo para leer.

Tengo una amiga escritora que madruga para leer (sí, de verdad, no es eso de… tengo una amiga de una amiga que…). Mi amiga dice que esa hora que se dedica a ella cada mañana, envuelta en el silencio de su casa, con un enorme café con leche al lado del libro que esté leyendo es el mejor momento del día. Incluso añade que los días que no puede dedicarse ese rato a leer va todo el día como con el pie cambiado…

Otra opción es irte a dormir un poco más tarde. Yo soy de estas. A mí me gusta meterme en la cama pronto, poco después de que mis hijas se hayan ido a dormir, y dedicarme a la lectura que tenga entre manos hasta que se me cierren los ojos. Algunas noches me leo varios capítulos y otras, en cambio, en apenas unas páginas ya he caído en brazos de Morfeo. Sin embargo, no me importa, porque disfruto tanto de ese rato entre letras, que me da igual si es breve o largo, es MI momento.

Utiliza los trayectos en transporte público para leer (olvídate del móvil y ponlo en Modo avión)

No tengo tiempo para leer

Amo viajar en transporte público y no es porque no tenga coche o me guste ir en bus, en metro o en tranvía. Si me gusta viajar en transporte público es porque aprovecho el tiempo del trayecto para leer, porque si no es así me cuesta encontrar tiempo para leer. Ya sé que los que hacemos eso de abrir un libro mientras viajamos somos un poco raros o, prácticamente, una especie en extinción, porque lo que hace casi todo hijo de vecino es coger su teléfono móvil y olvidarse del mundo que le rodea.

Pero si tú eres de esos raritos abre un libro y disfruta de tu ratito lector.

Ponte objetivos de lectura razonables a diario

No tengo tiempo para leer

Si eres de los que te comías un libro al día, déjame decirte que las cosas cambian y el tiempo pasa… Sí, para todos… Si ahora apenas tienes unos minutillos para sentarte en el sofá y hacer un esfuerzo titánico para no dormirte y coger un libro, este consejo quizá te ayude: ponte un número mínimo de páginas de lectura al día. Te aconsejo que no seas demasiado ambiciosa, porque quizá eso te desmoralice cuando día tras día no lo consigas. Empieza por una cifra baja o muy bajita: tres páginas al día de lectura son mejores que ninguna, ¿no crees?

Recuerda que a veces pasamos por malas rachas lectoras o de demasiadas cosas por hacer y el cuerpo se duerme cuando nosotros nos empeñamos en leer, así que no te agobies y lee lo que puedas. ¡Todo suma!

 

Combina diferentes lecturas por si no te apetece continuar con la que estás leyendo puedes utilizar la otra

No tengo tiempo para leer

Hay momentos en los que una lectura a la que tenías muchas ganas se te atraganta, quizá porque es un tocho, quizá porque es muy lenta o simplemente porque no es tu momento. Cuando tienes uno de esos libros entre manos y cada día te resistes a ponerte a leer porque estás atrancada con esa lectura, te recomiendo que empieces otro libro totalmente diferente. Alternar lecturas distintas a mí me ayuda a salir de esos momentos de crisis lectora. Aunque, déjame decirte que si aún y con eso no hay manera de avanzar con el libro en cuestión, ciérralo y devuélvelo a la estantería. Ya llegará el momento de leerlo. Todos los libros tienen su momento y su lector ideal.

Apaga la televisión y coge un libro

No tengo tiempo para leer

Sí, te entiendo perfectamente… A veces, cuando llegas del trabajo estás tan cansada que lo único que te apetece es cenar y sentarte en el sofá, poner la tele y encontrar la posición perfecta en el sofá hasta quedarte dormida… Lo sé, a mí me pasa igual, yo cuando ceno lo último que quiero es hacer nada además que descansar. Por eso, en cuanto como algo, me voy a la cama, cojo el libro que tenga entre manos y leo lo que aguante con los ojos abiertos (confieso que a veces no me da ni para acabar la primera página, pero algo es algo).

No soy muy teleadicta, pero por la noche intento evitarla por completo. Prefiero disfrutar de la compañía de mi libro en lugar que de la televisión, a pesar de que a veces, te confieso, me mira con unos ojos tan golosos que acabo sucumbiendo a los placeres de Netflix…

Comparte lo que lees con amigos o en la blogosfera o en un club de lectura

 

Compartir lo que lees con amigos y conocidos hace que la lectura que tienes entre manos te motive a seguir leyendo. Quizá porque participes en una lectura conjunta, en la que todos los participantes os ponéis un objetivo de páginas al día, para comentarlas al día siguiente, o, simplemente, el hecho de poder compartir opiniones sobre lo que estás leyendo con otras personas, te motive a leer cada día un poquito más.

Si no perteneces a ningún club de lectura, déjame contarte que yo tengo uno en Facebook: Club de lectura La sala de espera. Leemos un libro mensualmente (estas son las propuestas para el 2020) y lo pasamos muy bien.

Fuente: lectoradetot.com

La educación online en la pandemia: problemas y claves para el futuro

Los problemas de la educación online en la pandemia: el trabajo de los docentes y la brecha digital

En declaraciones de Celaá, la educación online en la pandemia fue una respuesta inmediata a la emergencia sanitaria del momento, “pero ni educa ni sustituye los aprendizajes presenciales y la socialización de los menores, además de generar brechas educativas graves”. Pero, ¿por qué no educa? ¿Ha puesto esta pandemia en evidencia las carencias del sistema educativo, mayoritariamente presencial?

En respuesta a la primera de las preguntas, Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, considera que “nada puede sustituir a la humanidad del maestro en el aula” y que el apego emocional que se crea con y entre los estudiantes dentro del ámbito presencial es realmente difícil alcanzarlo en un proceso educativo a distancia.

Unido a la cuestión emocional, la crisis sanitaria también ha puesto en evidencia las carencias de un sistema educativo presencial que no ha suministrado de suficientes recursos ni de formación al cuerpo docente para una situación como la vivida. Sin un modelo definido, los docentes han tenido que adaptar los contenidos a la educación a distancia en tiempo récord, haciendo uso de herramientas para comunicarse con el alumnado o realizar tareas en línea que, en algunas ocasiones, nunca se habían utilizado.

Tal y como comenta Juan José Haro, doctor en Biología en la Universidad Autónoma de Barcelona y docente de Matemáticas e Informática en ESO y Bachillerato, ni los estudiantes están preparados tecnológicamente, ni el profesorado dispone de la formación necesaria para pasar del medio físico al virtual, ni los temarios ni libros de textos están adaptados a un cambio de modelo.

Por esta razón y en los primeros días, en los que reinaba la confusión y la incertidumbre, la tendencia giró en torno al envío de tareas y deberes de lo último explicado en clase. Un asunto que Haro considera un error: “Los docentes de las etapas educativas obligatorias no estamos acostumbrados a la educación online. Por lo tanto es normal que cometamos muchos errores que provienen de los hábitos adquiridos en la educación presencial. El primer paso para solucionarlos es, por supuesto, conocerlos”.

Junto a la falta de experiencia para trabajar en un entorno online, el profesorado también se ha encontrado con otros problemas: mayor carga de trabajo y estrés por la realización de las tareas diarias o una permanente conectividad que ha hecho más difícil la compaginación con la vida familiar, por ejemplo. Unos problemas provocados por un traspaso del horario ‘literal’ del aula a la pantalla y que, como indica Fernando Trujillo, no era viable para una sociedad que se vio confinada en sus casas de un día para otro.

Además, a estas cuestiones hay que añadir el problema de la brecha digital. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) recogidos en el año 2019, el 91,4% de los hogares españoles cuentan con conexión a Internet. Sin embargo, muchos de ellos solo cuentan con un ordenador para toda la familia o los equipos informáticos no son los adecuados. Además, la brecha digital también se encuentra dentro de los propios centros o por Comunidades Autónomas.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

Soft skills: las habilidades más demandadas en la actualidad

Los anuncios para posiciones de responsabilidad, las vacantes abiertas a quienes tomarán las decisiones en la empresa e incluso los puestos más técnicos, como ingeniero, científico de datos o analista big data, requieren profesionales con soft skills.

La tecnología recupera la importancia de las soft skills

Bien porque la perdieron en algunas profesiones, bien porque nunca la llegaron a tener, las soft skills se encontraban relegadas a la sombra de otras habilidades más técnicas, académicas y “duras”. Pero algo está cambiando. Hoy se vuelve a poner el foco en este tipo de capacidades que humanizan el lugar de trabajo y diferencian a las personas de los robots.

Millones de trabajos empiezan a ser destruidos por avances como la inteligencia artificial o el aprendizaje automático; sin embargo, simultáneamente se crean muchos otros en el proceso. Hoy día las máquinas se ocupan de tareas repetitivas, de comprobaciones, de la entrada de datos, de hacer análisis, de la elaboración de gráficos y de la redacción de informes… pero aún quedan responsabilidades para los humanos.

Todas están relacionadas con las habilidades que los diferencian de los autómatas, las que deberán recuperar, cultivar y hacer crecer quienes ya están en activo y, por supuesto, también quienes se preparan para incorporarse por primera vez, al mercado laboral.

Pero, ¿qué habilidades se necesitan para navegar en este momento de cambio en la economía? ¿Cómo crearán valor los humanos en un mundo cada vez más automatizado?

Soft skills en un mundo automatizado

Antes de repasar cuáles de estas soft skills pueden ser más necesarias en un mundo en que la digitalización y la automatización son la nueva norma, cabe señalar que, pese a la transformación de los mercados, todavía quedan roles donde la convivencia con máquinas que hacen el trabajo de humanos es mínima.

Un reciente estudio de Oxford los recopila, haciendo una clasificación en base al potencial de automatización de distintos puestos. Allí puede verse que, mientras el trabajo de profesor, microbiólogo, CEO o dentista solo presentan entre un 0,4 y un 1,5 % de probabilidades de automatizarse; otras profesiones, como la de analista de crédito, secretaria legal, contable o profesional del telemarketing están por encima del 94 %, llegando al 99 en este último caso.

Si bien puede resultar desalentador pensar en el papel de la automatización en el futuro, conviene ser prudente y empezar a pensar en cómo mejorar el CV. ¿Qué se puede ofrecer más allá del conjunto de habilidades y competencias actual?

Al hacer esta reflexión, resulta más sencillo prepararse para el éxito futuro en un mundo donde cada vez más puestos serán automatizados.

Una de las formas de alcanzar objetivos, es comenzando por desarrollar habilidades blandas. Entre las soft skills que debería priorizar cualquier profesional se encuentran las siguientes:

1.  Capacidad de comunicarse.

2.  Capacidad de trabajo en equipo.

3.  Resolución de problemas complejos.

4.  Creatividad.

5.  Empatía.

6.  Saber escuchar.

7.  Pensamiento crítico.

8.  Toma de decisiones.

9.  Habilidades de negociación.

10. Sentido del humor.

El toque humano es la mejor receta para el éxito en cualquier profesión. Y, para lograrlo, hay que enfocarse en desarrollar competencias en áreas que las máquinas no abordarán de manera efectiva, como pueden ser cualquiera de las relacionadas con la inteligencia emocional. ¿Crees que podrías destacar por tus soft skills o es hora de empezar a trabajarlas?

¿Cómo será la educación después de la pandemia?

El statu quo del sistema educativo no tenía un reto de este nivel desde la Segunda Guerra Mundial.

Son muchas las preguntas e incertidumbres que flotan en el aire en medio de esta coyuntura sobre el futuro. Sin embargo, parece haber solo dos caminos por tomar una vez se termine la pandemia: volver ‘a lo de siempre’ o el camino que conduce a nuevas ideas. De esta disyuntiva no está exenta la educación. La pandemia de la covid-19 ha puesto de relieve cuestiones arraigadas que se remontan a 200 años en el sistema educativo global, desde la desigualdad de financiación entre las escuelas
hasta la falta de enfoque en el bienestar emocional, con muchos matices de por medio.

Entonces, y como se pregunta Conrad Hughes, director de campus y educación secundaria de La Grande Boissière, Escuela Internacional de Ginebra, en un artículo
para el Foro Mundial Económico: “¿Volveremos al aprendizaje pasivo tradicional frente a un tablero, o nos moveremos a un nuevo camino centrado en el bienestar de los estudiantes y en la reducción de las profundas desigualdades del aprendizaje
global? ¿Qué camino tomarán los educadores y las escuelas, los padres
y los estudiantes, los gobiernos, la humanidad?”.

Todo parece indicar que sí habrá un cambio. Hace unas semanas, el Grupo Atlantis –un cuerpo de 26 exministros de Educación y jefes de gobierno de todo el mundo–, señaló: “La pandemia mundial a causa del coronavirus representa el desafío
más importante para la educación en todo el mundo desde la Segunda Guerra Mundial”.

LA PANDEMIA MUNDIAL A CAUSA DEL CORONAVIRUS REPRESENTA EL DESAFÍO MÁS IMPORTANTE PARA LA EDUCACIÓN EN TODO EL MUNDO DESDE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Y es que la magnitud del hito es que la mayoría de los gobiernos del mundo cerraron temporalmente las escuelas y las instituciones educativas como una de las
medidas para evitar la propagación del nuevo coronavirus. En un punto,
la cifra superó los 1.500 millones de estudiantes y los 63 millones de docentes afectados por cierres en todo el sistema en 191 países.

Lo que destapó la pandemia

La mayoría de esos niños y profesores se fueron a sus casas y, por medio de diversas estrategias, principalmente la virtualidad, se intentó continuar con el proceso educativo.

Sin embargo, esto dejó en evidencia las mayores fragilidades del sistema: las muchas deficiencias e inequidades en los sistemas educativos, desde la banda ancha y las computadoras necesarias para la educación en línea, pasando por los entornos
de apoyo necesarios para enfocarse en el aprendizaje, hasta las dificultades
encontradas para alinear los recursos de enseñanza con las necesidades.

En palabras de Andreas Schleicher, director de Educación en la Ocde: “Los estudiantes privilegiados consiguieron sortear rápidamente las puertas cerradas de los centros y encontrar vías hacia oportunidades de aprendizaje alternativas
apoyados por sus padres y deseosos de aprender; los de familias
desfavorecidas se quedaron fuera cuando las escuelas cerraron”.

Cifras de la Unesco lo demuestran. La mitad del total de los alumnos en el mundo –unos 826 millones de estudiantes– que no pueden asistir a la escuela debido a la pandemia, no tienen acceso a una computadora en el hogar y el 43 % (706 millones)
no tienen internet.

Incluso para los maestros de países que poseen una infraestructura fiable de tecnología en los hogares, la rápida transición al aprendizaje en línea ha sido complicada. En el caso de los profesores de las regiones en las que el acceso a las TIC y otras metodologías de aprendizaje a distancia es más reducido, la transición
ha sido aún más difícil o hasta imposible.

De acuerdo con el profesor Luis Miguel Bermúdez –elegido como uno de los diez mejores profesores del mundo–, varios de sus estudiantes del colegio distrital Gerardo Paredes en la localidad de Suba, Bogotá, no tienen las herramientas tecnológicas para las clases virtuales.

“Muchos son hijos de vendedores ambulantes, no tienen los recursos
para tener un computador”, dice el profesor.

En medio de esto, el docente también se dio cuenta de que no es cierto lo que dicen de que “los niños, niñas y adolescentes son nativos digitales”. Explica que se tiene esa idea porque usan redes sociales; sin embargo, solo eso saben hacer. “Tenemos
un analfabetismo virtual impresionante”, advierte.

Otro punto que ha quedado en evidencia es que los estudiantes, los padres y los maestros se han dado cuenta de lo agotador que es estar en las pantallas todo el día, es decir, la virtualidad no es la respuesta ni es el futuro. “El aprendizaje remoto
nos ha recordado que un aprendizaje poderoso solo puede ocurrir cuando estamos comprometidos, enérgicos y enfocados. Si se trata de completar horas, entonces estamos perdiendo el punto”, resalta un artículo del Foro Económico Mundial.

Investigadores de la Universidad de Pekín han dicho que “las sesiones en línea entre 15 y 30 minutos son más efectivas”. Esto debe causar cierta reflexión sobre cuán efectivos son los modelos actuales de educación en los que los estudiantes están en las aulas durante horas y horas con pocos descansos.

educación
La pandemia forzó a que el sistema educativo de todo el mundo se volcara a la virtualidad.

Es realmente desgastante. Diego lo sabe. Una noche después de un largo día tuvo que salir a respirar un momento porque estaba agotado. Ya ni sabía cuántas semanas habían pasado desde que el colegio cerró y mandó a sus dos hijas a la casa. Sentía
cansancio físico, mental y emocional porque además de cumplir con su rol de papá, debía cocinar, trabajar y ser profesor. Sin duda, esta última era la labor que más desgastado lo tenía.

“Yo no soy profesor”, dice, y se pregunta: “¿Seguirá la educación virtual? Pero ¿cómo será el regreso a clase? ¿Será seguro para mis hijas? ¿Qué tipo de educación quiero yo
para ellas?”.

Pero más allá de esto, el principal reto al que se ha enfrentado es a la violencia que están viviendo los niños, niñas y adolescentes en sus casas. “Nos dimos cuenta de que teníamos que fortalecerlos en habilidades socioemocionales, en pensamiento
crítico, en las habilidades para el siglo XXI. Pero, sobre todo, empoderarlos para que puedan defender sus derechos. Los padres tienen en sus cabezas esa idea de que
la letra con sangre entra, entonces presionan a los niños por medio de la violencia psicológica y física”, dice el Foro Económico Mundial.

Durante este tiempo, las escuelas han entendido que esto no es solo aprendizaje remoto, es aprendizaje durante una pandemia. La ansiedad, la incertidumbre, el miedo y el aislamiento se han vuelto más frecuentes.

Mientras Diego se cogía la cabeza del cansancio, Isabela no estaba lejos de llegar a ese punto. Serían más de las ocho de la noche y ella seguía haciendo tareas después de haber estado en clases virtuales durante todo el día. Estaba cansada, las clases
virtuales duran demasiado tiempo y los profesores les ponen demasiados
trabajos. “Para esta semana tengo 13 tareas, no me alcanza el tiempo”, dice la adolescente de 12 años, y advierte: “Siento que sí estoy más estresada, a veces creo que no puedo”.

En medio de todo, asegura sentirse bien porque está con su familia, pero extraña a sus amigas, poder preguntarles directamente a las profesoras las dudas que tiene en lugar de hacerlo por correo. “¿Cuándo volveré a ver a mis amigas? ¿Cómo
será cuando las vuelva a ver? ¿Cómo serán las clases?”, se cuestiona.

Según Unicef, mantener el ritual de la escuela, con sus registros y momentos
de interacción social y que los estudiantes se mantengan en contacto con sus compañeros y amigos es psicológicamente importante durante esta crisis.

Esto plantea la cuestión de si las reglas del aula en la mayoría de las escuelas
son conscientes de las necesidades sociales y emocionales básicas de los niños. Existe el riesgo de que al centrarse solo en lo académico, las escuelas se olviden de que el bienestar debe ser lo primero.

Una oportunidad única

El doctor Yong Zhao, además de ser un erudito, autor y orador internacionalmente conocido, específicamente en temas como las implicaciones de la globalización y la tecnología en la educación, es también un convencido de que esta crisis es una
oportunidad casi que única para replantear la forma como se educa.

Aunque advierte que, “desafortunadamente, el deseo dominante fuera del grupo de educadores innovadores es regresar a la misma escuela y la misma educación”.

Zhao señala varios puntos por los cuales esta es una rara oportunidad de examinar lo que siempre se ha intentando enseñar. Según explica, primero, porque la pandemia forzó la cancelación de muchos exámenes, eliminando así la presión para enseñar
por la prueba. En segundo lugar, porque las admisiones universitarias se empezaron a basar en otras evidencias que no sean los puntajes en los exámenes.

El tercer punto es que los gobiernos, si son razonables, no pueden exigirles a las instituciones educativas que cumplan con sus planes de estudios prescritos antes de la crisis. Cuarto, porque la educación en línea no es propicia para ofrecer instrucción
de alta calidad en algunas materias que tradicionalmente han sido más valoradas que otras.

A esto se suma que no es ético y es injusto responsabilizar a los estudiantes por no aprender las mismas cosas al mismo ritmo y evaluarlos con los mismos exámenes cuando sus entornos de aprendizaje son muy desiguales.

Y sexto, porque los padres y en general la sociedad están más preocupados por la seguridad física, el bienestar social y emocional que por el contenido académico.

El camino hacia el futuro

En medio de esta crisis de la covid-19, los educadores se preguntan para qué deben preparar a sus estudiantes en el futuro. Según un informe de Dell Technologies, el 85 % de los trabajos en 2030 en los que entrarán la generación Z y Alpha aún no se han inventado.

“La naturaleza de nuestras respuestas colectivas y sistémicas a las perturbaciones será lo que determine cómo nos afectarán. Hay un camino claro hacia adelante”, señala Schleicher.

Schleicher es un convencido de que esta es la oportunidad para educar a los estudiantes para su futuro, no para nuestro pasado. “Vivimos en un mundo en el que lo que es fácil de enseñar y evaluar también se ha convertido en fácil de digitalizar
y automatizar. El reto del futuro consiste en armonizar la inteligencia artificial
de los ordenadores con las capacidades cognitivas, sociales y emocionales y los valores de los humanos”.

En una investigación de la Ocde recién publicada sobre la educación después de la covid-19, en la que se plantean lineamientos de cómo debería darse este cambio, se resalta que la imaginación, la conciencia y el sentido de la responsabilidad serán
los que ayuden a sacar partido de la tecnología para crear un mundo mejor. Y es que actualmente, el éxito en la educación tiene que ver con la identidad, la capacidad de intervención y las metas.

En ese mismo documento se señala que el problema para lograr el cambio reside en que desarrollar estas capacidades cognitivas, sociales y emocionales exige un enfoque muy diferente del aprendizaje y la enseñanza, y una nueva categoría
de enseñantes. Y explica que en los contextos tradicionales en los que el propósito de la enseñanza es impartir conocimiento prefabricado, los sistemas educativos se pueden permitir una baja calidad del profesorado.

Y cuando esta es baja, los gobiernos suelen decir a sus enseñantes exactamente qué hacer y cómo quieren que se haga, utilizando una organización industrial del trabajo
para obtener los resultados deseados. “El reto es convertir la docencia en una profesión de trabajadores del conocimiento avanzados que desempeñen su función con una gran autonomía profesional y dentro de una cultura de la colaboración”,
dice el informe.

NOS DIMOS CUENTA DE QUE TENEMOS QUE FORTALECERLOS EN HABILIDADES SOCIOEMOCIONALES,
PENSAMIENTO CRÍTICO, EN LAS HABILIDADES PARA EL SIGLO XXI

“En el pasado, el saber se recibía; en el futuro tiene que generarlo quien vaya a utilizarlo. Antes, la educación era básicamente temática; en el futuro deberá basarse más en proyectos, en construir experiencias que ayuden a los estudiantes a
pensar más allá de los límites de las disciplinas temáticas”, señala Schleicher, y aclara: “El pasado era jerárquico; el futuro será colaborativo y reconocerá que tanto los enseñantes como los estudiantes son recursos y cocreadores”.

‘Resulta urgente avanzar hacia sistemas educativos resilientes y flexibles’

Mary Guinn, asesora de la Unesco en Educación para América Latina y el Caribe, expone los retos para la región.

¿Qué está dejando en evidencia la pandemia respecto al sistema educativo en la región?

Si ya antes de la crisis habíamos constatado la existencia de problemas estructurales de los sistemas educativos de la región, relacionados con desafíos de financiamiento,
pertinencia e inclusión educativa, esta crisis nos plantea el urgente desafío de transformación hacia sistemas más resilientes y preparados. En este desafío,
los principios de acceso, equidad, inclusión y calidad de la Agenda de Educación 2030 son más relevantes que nunca. Debemos poner el foco en las necesidades
de los grupos más vulnerables y marginados, incluyendo a los 12 millones de niños y niñas que ya estaban fuera de la escuela antes del inicio de la pandemia.
El cierre de las escuelas y la implementación de modalidades de
educación a distancia han puesto de manifiesto desigualdades estructurales.
Actualmente, muchos niños y niñas no pueden acceder a estas soluciones debido a
diferentes motivos: brechas de acceso a internet y ausencia de dispositivos tecnológicos adecuados; ausencia de espacios seguros en sus hogares, especialmente en el caso de las niñas que deben, en muchas ocasiones, asumir
actividades de cuidado o son víctimas de violencia y abuso sexual; existencia de hacinamiento, inseguridad alimentaria y condiciones de higiene precarias que
dificultan la continuidad del aprendizaje; entre otras muchas situaciones.

¿Cuál debe ser el rol del sistema educativo en este momento?

Mantenerse, en la mejor de sus posibilidades, como un espacio de cuidado y protección y poniendo el foco en la continuidad del aprendizaje de los grupos más
vulnerables y salvaguardando los aprendizajes ya logrados. En este sentido, la definición de un currículo prioritario y ajustado es esencial.

La pandemia está modificando muchas cosas, ¿cree que es el momento
para replantear la forma tradicional de enseñanza-aprendizaje?

Habrá que repensar muchísimos elementos. De hecho, en muchos países, con la elaboración y expansión de programas de educación a distancia, se está avanzando
en definiciones de contenidos que hay que priorizar y métodos para la entrega más factible y asequible. Asimismo, los métodos participativos de enseñanza –no bien instalados en muchos países antes de la pandemia– exigen más formación y preparación de los y las docentes, lo que nos indica una necesidad –y quizás
una oportunidad– de fortalecer este aspecto de su formación. Este es un desafío mayor. En cuanto a la priorización de contenidos curriculares, vienen cambios en los sistemas de evaluación, como la postergación de pruebas estandarizadas. No nos
deberá sorprender que el enfoque esté en los contenidos básicos de matemáticas, ciencias y lectura. Sin embargo, a pesar de las exigencias sin precedentes que implica la pandemia para los sistemas, en muchos países se reconoce y se priorizan los temas socioemocionales del aprendizaje, incorporando aspectos de la ciudadanía,
el desarrollo sostenible, y otros temas transcendentales.

Hay que pensar que todos y todas estamos pasando por una experiencia traumática que nos asusta, pero que nos une de alguna manera, que nos hace más responsables
del cuidado, el autocuidado, la responsabilidad y la solidaridad.

Estas lecciones no pueden perderse al regreso a clases.

¿Cómo formar a los profesores en los cambios educativos que se vienen?

Muchas y muchos docentes se están formando en la marcha y debido a su propia iniciativa, enfrentados a circunstancias inesperadas y extremas. En muy pocos
países su formación inicial ha considerado aspectos de educación a distancia, ya sea en modalidades radiales, en línea o televisivas.

Además, las metodologías deben considerar herramientas específicas a distancia, distintas a las del manejo de aula. Actualmente, varios ministerios y organizaciones
de la sociedad civil han elaborado materiales de apoyo que sirven de herramientas de enseñanza y apoyan las iniciativas y creatividad de las y los profesores.

¿Cómo debe ajustarse el sistema educativo latinoamericano a lo que
llaman ‘nueva normalidad’?

Antes de la pandemia, el internet y la tecnología eran considerados esenciales para el desarrollo del sector de la educación, lo que en la actualidad es más patente
que nunca. Más que en cualquier otro momento de la historia hay importantes avances e innovación en la educación a distancia a través de la utilización de nuevas
tecnologías. Sin embargo, aún existen importantes desafíos para garantizar la equidad y la inclusión de la población más vulnerable y marginada. El estatus migratorio, la etnicidad, la geografía y la situación socioeconómica determinan las posibilidades de muchas personas para participar de esta modalidad. La posibilidad
de una nueva normalidad deberá considerar el principio de ‘no dejar a nadie atrás’ no solo como un eslogan abstracto, sino como el eje central y organizador
de los procesos educativos y la vida escolar.

Los ajustes deberán pasar también por una nueva mentalidad y cambio de  paradigma. El contexto sanitario exigirá a los sistemas educativos estrechar sus lazos con el sector de la salud y fortalecer respuestas intersectoriales y
coordinadas, especialmente en la planificación e implementación de los procesos de reapertura.

Si bien vemos que esta posibilidad aún parece lejana en nuestra región, es fundamental comenzar a trabajar y prepararnos para las siguientes etapas.
Resulta urgente avanzar hacia sistemas educativos resilientes y flexibles, con un enfoque en la preparación y que considere en su planificación sectorial las crisis
como contextos ineludibles del mundo en el que vivimos.

Fuente: Eltiempo.com

Los niños han echado de menos a sus amigos y han acabado hartos de deberes

  • «Me gustaría que en septiembre las escuelas no se preocuparan por saber si sus alumnos se acuerdan de las clases que han recibido por pantalla o de lo último que aprendieron antes de la cuarentena, sino de todo lo que han aprendido estos meses en casa, que han sido muchas cosas». Hablamos de la pandemia y sus consecuencias con Francesco Tonucci.

“Tengo 80 años y es la primera vez que he vivido una experiencia así, imagínate lo que ha sido para los niños”, comenta Francesco Tonucci, pedagogo italiano, alter ego del dibujante Frato, y una de las voces mundialmente más respetadas en materia de infancia. La cuarentena le ha dejado recluido en casa durante tres meses y le ha aclarado la agenda, pero ha estado tan activo como siempre en su lucha por que los adultos escuchemos más a los niños, sin filtros ni prejuicios. Y que las ciudades se desarrollen pensando en ellos y no en los coches o las prisas. Hace unos días Tonucci participó en un webinar sobre la importancia de la participación infantil en el marco del proyecto Alimentando el Cambio, que promueven la Fundación Ashoka y Danone, junto con la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y el Ministerio de Educación y FP.

¿Cómo ha llevado estos meses?

Los viejos y los niños hemos sido los más afectados por este virus. Nosotros, porque el virus nos mata, y los niños porque no podían entenderlo. Yo he estado tres meses encerrado y sin ver a mis hijos ni mis nietos, y lo raro fue ver cómo mi agenda, que en marzo estaba llena de viajes y compromisos, se vació de repente. Aunque ahora ya se ha vuelto a llenar. Lo que me sorprendió mucho es que, en esta situación de dificultad y de crisis, se ha generado una audiencia mucho mayor de la habitual. Yo he participado en conferencias virtuales en las que había 70.000 y 100.000 personas escuchando. Para llegar a un público así yo tengo que viajar mucho, y cada vez me cuesta más hacerlo. En realidad, cada vez que se borra un viaje de mi agenda para mí es una pequeña alegría.

¿Qué lecciones deberíamos sacar de esta situación?

Antes de que empezara esto todos estábamos, por suerte, reflexionando y preocupados por el medio ambiente. Pero ahora parece que esa preocupación ha desaparecido, Greta ya no es noticia, sino algo del pasado. Y sin embargo es un tema que sigue ahí, encima de nosotros, con toda su gravedad. Y probablemente las dos cosas estén relacionadas, y no sea casual que donde más ha afectado el virus es donde más contaminación hay. Es decir, en nuestras ciudades más desarrolladas y más ricas. Este es un virus rico, que viaja en avión, y por eso llega rápido y a todas partes, mientras que antes los virus eran más lentos porque viajaban en barco. Pero, a la vez, ha afectado especialmente en los lugares de mayor masificación, donde vive la gente en peores condiciones. Y esto me lleva a pensar que ocurre lo mismo en las zonas de monocultivos intensivos, en los que es más probable que ocurra algo grave. Y que sobre todo este virus ha afectado donde tenemos el monocultivo de ancianos, en las residencias. Es decir, la pérdida de diversidad se convierte en debilidad. Y esta lógica vale también para la escuela, que establece grupos de edad homogéneos, lo cual la vuelve más frágil.

¿Los niños no deberían estar agrupados según su año de nacimiento?

Por supuesto que no, por el principio que comentaba: a menor diversidad mayor empobrecimiento. El error de tener niños iguales es que te lleva a pensar que efectivamente son iguales. Y no lo son, pero lo pensamos, y los libros de texto y los programas escolares están hechos con este criterio. No hay ninguna otra experiencia en nuestra vida cotidiana donde se reproduzca este esquema de grupos homogéneos de edad. Ni en la familia, ni en el trabajo… Siempre que doy una charla en un teatro le pregunto al público cómo se sentiría si, al entrar, a cada uno le mandáramos a una fila en función de si está en los treinta, los cuarenta o los cincuenta años. No tendría sentido y más de uno se rebelaría.

Las dos principales referencias de mi formación como maestro y pedagogo son de clases en las que había mezcla de edad. En primer lugar, la experiencia de Freinet, un maestro que en tiempos de entreguerras tenía un aula de 40 niños de 4 a 16 años y que tenía muy poca voz y salud, porque era tísico, y al que con sus 10 minutos de voz al día no le quedó más remedio que imaginar una escuela en la que los alumnos se enseñaran entre ellos. La otra experiencia es la de Don Milani y su escuela de Barbiana, cerca de Florencia; también él era una persona enferma, que murió joven, y también aquí los mayores ayudaban a los más pequeños. Y en ambas experiencias los mayores también aprendían cosas de los pequeños.

Desde hace años el lugar de los amigos es la escuela, cosa que es una equivocación grave, porque el lugar de los amigos tiene que ser la calle

Algunas voces han considerado que los niños han sido los grandes olvidados de esta crisis. ¿Comparte esta opinión?

Totalmente. Es lo primero que denunciamos desde el proyecto de la Ciudad de los Niños. En Italia, casi la mitad de los 30.000 muertos son ancianos que vivían en residencias, pero desde el principio todos notaron que los niños y las niñas eran los que vivían esta experiencia de la manera más difícil, porque era difícil para ellos entender el sentido y soportarlo. Vivir encerrados en casa, sin poder conectar con sus amigos… Cuando en Italia se empezó a hablar de los niños lo que nos sorprendió es que empezaron a salir en televisión mis colegas psicólogos para dar consejos a los padres y mis colegas pedagogos para dar consejos a los maestros. Y nadie pensó en hablar con los niños. Nosotros lo primero que hicimos fue invitar a los alcaldes de las ciudades de nuestra red internacional a hablar con los niños, a enviarles mensajes y convocar los consejos de niños y niñas. Y entonces empezamos una investigación, proponiendo un cuestionario a estos niños y niñas para que nos dieran su punto de vista de lo que estaba pasando. Y salieron tres elementos, que fueron siempre los mismos al margen del país donde se realizó la encuesta. El primero es que los niños echaban de menos a sus amigos. A veces escribían que extrañaban la escuela, y algunos periodistas explicaron que, por primera vez, los niños echan de menos su escuela, pero en realidad era a los amigos. Lo que pasa es que desde hace años el lugar de los amigos es la escuela, cosa que es una equivocación grave, porque el lugar de los amigos tiene que ser la calle. Hace poco Frato dibujó una viñeta en la que se decía que de la escuela han desaparecido los recreos, las entradas y salidas… y se han quedado solo los deberes y las clases. Es decir, que la escuela ha quedado reducida a lo que no gusta.

¿Y qué otras dos cosas decían los niños?

Lo segundo que dicen es que lo han pasado bastante bien con sus padres, es decir, que nunca antes habían tenido a sus padres tanto tiempo para ellos, y que la experiencia les ha gustado, porque han hecho y han aprendido cosas juntos. Y lo tercero que salió es que están hartos de deberes, y están cansados y aburridos de seguir clases a través de una pantalla.

La primera semana parecían unas pequeñas vacaciones, porque iba a ser poco tiempo, pero luego ya se vio que iba para largo, y claro, había que seguir el temario…

Yo me atreví a proponer a la escuela que considerase la casa como un laboratorio; es decir, si el mundo de los niños se ha reducido a su casa, y lo están pasando bastante bien con sus padres, ¿por qué no pedimos a los padres que ayuden a la escuela, asumiendo una especie de papel de asistentes en este laboratorio nuevo que es la casa? Había que cambiar la naturaleza de los deberes y renunciar por un tiempo al programa, los libros de texto y los deberes tradicionales. Hagamos otra cosa. Pidamos a los padres que ayuden a la escuela, pero para hacer con sus hijos las mismas cosas que hacen siempre: poner una lavadora, tender la ropa, plancharla, cocinar… La cocina se tenía que considerar como un laboratorio de ciencias, y que un maestro les dijera a sus alumnos que para mañana el deber es preparar una pasta, y que cada semana haremos un plato diferente, y la escuela trabajará sobre estos deberes, porque trabajará sobre la matemática de la pasta, las cantidades, el peso, la duración de la cocción, la temperatura… o incluso el lenguaje de la receta… Esto se lo propuse a muchos países.

Ya sabemos que es difícil convencer a los maestros de que dejen sus costumbres. Yo les decía que estamos en un momento raro, y nadie os controla demasiado, con lo que podéis aprovechar para intentar una cosa nueva, y que si funciona, adelante, y si no lo hace, cuando vuelvas a la escuela vuelves a lo de siempre. Me consta que quien lo probó lo valoró muy bien, porque este laboratorio gustó a los niños y también a las familias, ya que no tenían que ayudar a los hijos a hacer cosas que no sabían hacer. Y, sobre todo, gustó a quienes tenían situaciones más complicadas de falta de dispositivos. Pero esta fase ya está acabada y ahora nos asomamos a la segunda, que es pensar qué hacemos ahora.

Eso le quería a preguntar. Aquí ha habido un debate muy fuerte porque la mayor parte de niños estarán seis meses sin pisar su centro educativo, ya que en España se han abierto los centros en junio pero de forma muy limitada, han ido muy pocos alumnos.

En Italia no se ha abierto nada.

Pues aquí hay quien sostiene que esa desconexión de tantos meses traerá mayor desigualdad y un incremento en la tasa de abandono escolar prematuro. Me gustaría saber su valoración.

No sé si eso ocurrirá, pero si lo hace sería una prueba de que la escuela no es la que se necesita. Uno no pierde a sus amigos por estar seis meses sin verles, al contrario, cuando les vuelves a ver es una fiesta. Si la escuela pierde alumnos porque ha ocurrido este incidente significa que no era lo que la ley ofrece y promete, y luego diré por qué me refiero a la ley. Yo creo que en este tiempo los niños y las niñas han aprendido mucho, y me gustaría que la escuela ahora no se preocupara de saber si se acuerdan de las clases que han tenido por pantalla, o si se acuerdan de lo último que aprendieron antes de la cuarentena. Me gustaría que trabajara intensamente sobre todo para saber lo que ganaron en términos de competencias. En nuestros cuestionarios muchos niños han dicho que han aprendido a cocinar, o a quedarse solos, o a hacer menos cosas que las deseadas… ¡Esto son temas enormes! A nivel emocional se puede trabajar muchísimo, han tenido que asistir a escenas impresionantes, con montones de muertos, y es probable que muchos niños hayan perdido a alguien de su familia. Hay que reflexionar sobre esto y es un trabajo enorme al que creo que la escuela tiene que sumarse. La escuela no tiene que hacer psicología, yo nunca les he pedido a los maestros que hicieran de psicoterapeutas, pero hay que exigirles que el mundo entre en la escuela. Por eso propuse la casa como laboratorio, porque el mundo de los niños había quedado restringido a su casa. Una sugerencia que daba durante el confinamiento es que los niños tuvieran un diario secreto, un lugar donde desahogar sus sentimientos, alguien con el cual hablar, y, si querían, tenerlo secreto. Porque los niños lo van a olvidar todo, tienen una capacidad de resiliencia más fuerte que la nuestra, pero han vivido una experiencia muy rara y tener memoria de esta experiencia puede ser interesante para ellos, para reelerlo pasado mañana con sus hijos.

Una buena escuela debe tener las puertas abiertas para que puedan entrar las experiencias de los niños

Dice que los maestros no tienen que hacer de psicólogos, pero a la vez se da mucha importancia al acompañamiento emocional que tendrán que hacer en septiembre, para poder evaluar las secuelas que este periodo haya podido dejar en cada uno de sus alumnos. ¿Esto no les obliga a ser un poco psicólogos?

Las emociones forman parte del mundo de los niños, y como tal son competencia de la escuela. La cuestión es si la escuela se ocupa únicamente de sus disciplinas o si lo hace del mundo de los niños. En mi opinión, una buena escuela debe tener las puertas abiertas para que puedan entrar las experiencias de los niños. En este caso ha sido lo que han vivido dentro de casa, pero espero que mañana sea lo que vivirán fuera de casa y de la escuela. El mayor regalo que podrían tener los niños después de esto es que sus padres les den más autonomía, para que en su memoria se junten la tristeza del confinamiento con la conquista de la autonomía, esa sería la mejor forma de que les quede un buen recuerdo de esta experiencia. Y esto también vale para la escuela. Freinet propuso el texto libre, que es exactamente esto: si te ha ocurrido algo importante fuera de la escuela, escríbelo y llévalo a la escuela. La escuela tiene muchas fuentes, pero la más importante debería ser el mismo niño. Por lo que, claro, el niño tiene que explicar sus emociones, pero esto no es un tema de psicología, el maestro no tiene que tratar de interpretarlas, sino facilitar que se puedan expresar.

¿Qué le ha parecido la gestión de los distintos gobiernos en relación a la pandemia y la infancia? ¿Ha tenido la ocasión de comparar lo que hacían en distintos países?

He notado una sensibilidad distinta en distintos países. En países como Nueva Zelanda o Suecia las autoridades han celebrado encuentros virtuales con niños. También vi que en España hacían algo así. En Argentina me llamó el ministro de Educación, al que yo no conocía, y me pidió que le explicara lo que pensaba, y luego organizó un encuentro público en el que participaron más de 100.000 personas. En Italia, en cambio, nada de esto ha ocurrido. Lo hicieron algunos alcaldes respondiendo a nuestra invitación, pero a nivel nacional no.

Pero lo que estoy viendo, sobre todo, es que estamos pensando en cómo podemos volver a lo de antes. Y, por tanto, lo que ahora nos preocupa es qué cosas raras tenemos que hacer durante este tiempo de espera provisional, que esperemos que sea breve. Ahora mismo se van a abrir los cines, y se están preparando para que haya siempre espacio entre butacas. Esto no es preparar algo distinto para mañana, sino pasar la temporada problemática a la espera de volver lo más pronto posible a lo de antes, a cuando sea posible ocupar todos los sitios. Y así en cualquier ámbito. Y lo mismo está ocurriendo en educación, lo cual me parece un error. Los de la sala de cine pueden pensar que lo que tenían antes ya estaba bien, pero no entiendo cómo la escuela puede pensar lo mismo. En una encuesta que se hizo pública durante la cuarentena, Italia aparecía en el penúltimo lugar en un ranking de analfabetismo funcional. Tenemos un 30% de jóvenes que son analfabetos funcionales, es decir, que aprendieron a leer y a escribir, pero que ni escriben ni leen. También tenemos en Italia un porcentaje muy alto, mayoritario, de niños que no quieren ir a la escuela, que sufren cuando van a la escuela, y algunos lo somatizan hasta ponerse enfermos. La mayoría se aburre, y cuando un niño se aburre en la escuela tampoco aprende o su aprendizaje es superficial. Con este resultado, si en lugar de una escuela fuera una empresa, debería cerrar. La Seat no podría existir si el 30% de sus coches salieran mal de la fábrica. Einstein decía que si queremos que algo cambie no podemos seguir haciendo siempre lo mismo. Pues ahora lo que estamos haciendo son cosas raras, como dividir un grupo en dos, para poder seguir haciendo lo de antes cuando todo pase.

Antes me hablaba de la ley ¿A qué se refería?

El psicopedagogo Jerome Bruner decía que lo peor de la escuela es que los niños se aburren y que de esto hay que salir a toda costa, porque, decía, si se aburren no puede ser educación. Por eso, para no hablar de deseos que vayan a ser calificados de utópicos yo me refiero a la ley. En la Constitución italiana se dice que el objetivo de la educación es el pleno desarrollo de la personalidad, y este principio está recogido también en el artículo 29 de la Declaración de los Derechos del Niño, que es un tratado internacional y está por encima de las legislaciones nacionales. El artículo de la escuela es el 28, ahí se habla de la escuela pública, gratuita y obligatoria. Pero el artículo 29 habla de educación, e involucra las responsabilidades de la familia y de la escuela. Me gustaría que se asumiera este artículo como una refundación de una nueva relación entre familia y escuela, querría ver a estas dos entidades sentadas en una mesa, leyendo este artículo y preguntándose: “¿Cómo lo hacemos?”. Porque el artículo habla de desarrollar la personalidad de los niños, y sus aptitudes psíquicas y físicas hasta el máximo nivel posible. Y esto, lo que significa no es que los niños consigan los resultados que han previsto los adultos, sino que cada uno pueda descubrir su vocación y recibir por parte de la familia y de la escuela las herramientas para poder desarrollarla hasta el máximo nivel posible. Diversos autores le han puesto nombres distintos a esto que la ley llama aptitudes. Yo lo llamo “aquello para lo uno ha nacido”. Con lo cual, la escuela no puede ser solo la de la lengua y las matemáticas, porque si es así va a excluir a muchos alumnos. No los va a expulsar, pero los va a excluir.

La escuela no puede ser solo la de la lengua y las matemáticas, porque si es así va a excluir a muchos alumnos

¿Pero entonces cree o no cree que va a haber algún cambio, o que volveremos a lo de antes?

Un consejero de Educación de una comunidad autónoma española me preguntó lo mismo. ¿Cómo puedo favorecer el cambio?, me decía. Presuponía que la mayoría de los maestros no quiere cambios y que solo una minoría se atreve a hacer cosas. Yo le contesté que es muy sencillo: usted tiene que ponerse al lado de los que cambian, que los que cambian se sientan privilegiados, apoyados por el consejero, por le ministro; es decir, yo no puedo obligar a todo el mundo a cambiar, pero sé que la escuela lo necesita, los niños lo necesitan y la ley lo pide, pues aquellos que se pongan manos a la obra tendrán más apoyo, y llegarán a ser ejemplos para que más personas se muevan.

¿En qué dirección deberían ir esos cambios?

La escuela que yo imagino no está hecha de aulas. Pensar en aulas supone utilizar menos de la mitad del espacio de la escuela, y además son espacios cerrados, todas iguales, con el mismo mobiliario, y volvemos a lo de antes, si no hay diversidad no hay vida. En la casa cada espacio tiene una finalidad muy clara, y lo mismo en los espacios donde trabajan los científicos, los artistas, los artesanos… Lo que yo propongo es renunciar a las aulas para tener laboratorios, de manera que cualquier espacio de la escuela se aproveche para hacer cosas distintas.

Pero no es solo la escuela la que se tiene que hacer cargo de la reapertura, esto es cosa de toda la comunidad. Lo que propongo es que se cree una mesa que no sea ministerial, sino de ciudad, en la que se sienten el alcalde, los docentes, los padres y los alumnos… ¡es muy importante que no falte nadie! En Italia estamos esperando a que sea la ministra quien nos diga cuáles son las reglas nuevas. Si a los niños les damos reglas que vienen de arriba intentarán librarse de ellas, siempre ha sido así, es casi imposible que respetes una regla que no reconoces como tuya.

Como ha participado en el webinar de ‘Alimentando el cambio’ imagino que en el ámbito de la alimentación también pensará que hay que cambiar cosas.

De todas las cosas que se están diciendo en Italia, posiblemente la que más me gusta es la propuesta de que se coma en el aula. Yo hace 50 años que lo digo, porque siento una gran aversión hacia los comedores escolares.

¿Y eso?

Muchos de los problemas de la mala alimentación tienen que ver con el comedor. Son lugares donde se concentra demasiada gente, hay demasiado ruido, y se tira demasiada comida ¡Todo es negativo! La comida tiene que ser un momento de placer, de estar a gusto, de estar juntos, de compartir un tiempo… Y de hacerlo con mucha autonomía. En muchas escuelas te dicen lo que tienes que comer, cómo y en cuánto tiempo. Cuando yo pregunto por qué os gusta el comedor, muchas veces me contestan que allí los niños pueden socializar, pero eso es absurdo, porque en una comida socializas con los cuatro que tienes al lado. Cien niños en un comedor no tiene nada que ver con socializar.

Yo hace muchos años fui responsable de formación de una escuela infantil en Livorno, en la que pasamos a comer en las aulas. Y el comedor lo transformamos en un estupendo taller de arte. Y como las cocineras no querían servir a los niños, solo llevaban a las aulas las fuentes con la comida, con lo que los niños se levantaban con su plato y se servían de lo que querían y la cantidad que querían, y tras unos cuantos días de aprendizaje ya no se tiró nada de comida. Comían lo que se servían y lo pasaban muy bien, preparaban las mesas… fue un cambio total.

La relación entre la lectura en familia y la comprensión lectora del niño

La comprensión lectora en los niños también se desarrolla a partir del vínculo que establecen con su familia, por lo que es muy importante enseñarles a saber qué leer y a dotar de significado esas historias.

El niño pequeño desea aprender. Toda su realidad es un constante descubrimiento de un mundo nuevo para él. En todo este proceso, los libros, las letras y las palabras juegan un papel primordial, pues llamarán poderosamente su atención, aunque la comprensión lectora todavía tardará un tiempo en aparecer.

Es muy probable que hayas visto a niños pequeños ante un libro inventándose historias porque todavía no saben leer. En estos momentos, ellos interpretan los dibujos e imaginan universos fabulosos sin límites más allá de su capacidad creativa.

No obstante, durante el desarrollo temprano, el niño poco a poco aprenderá a leer, o sea, a interpretar esos símbolos que son las letras y que, unidas unas con otras, producen palabras que tienen un significado claro para él.

Una vez el niño ya sabe leer, llega otro nuevo proceso que no todos los padres tienen en suficiente consideración: la comprensión lectora. ¿Qué papel juega la familia en este estadio? Como veremos a continuación, la familia representa un papel fundamental.

Padre leyendo un cuento con sus hijos

La comprensión lectora del niño en el entorno familiar

Las investigaciones de autores como Stevenson y Rasinski demuestran que la inclusión de los padres en la mejora de la fluidez lectora de los pequeños durante los primeros estadios del aprendizaje de la lectura está justificada y debe ser apoyada.

Rasinski y Stevenson estudiaron los efectos de la implicación de los padres en un proyecto de desarrollo de fluidez lectora, en el que implicaron a familiares de alumnos de primer nivel durante un curso de Educación Primaria.

Durante las investigaciones, se estudiaron los avances de niños con diversas habilidades a niveles de lectura. Todos ellos se distribuyeron de forma aleatoria entre grupos experimentales y grupos de control.

Los padres con niños en el grupo de control realizaron tareas de apoyo. Recibieron encargos e instrucciones de los centros escolares para hacer, entre otras labores, lecturas ocasionales pero no sistemáticas con los niños.

Por su parte, los niños del grupo experimental recibieron de parte de sus padres entrenamiento para potenciar su fluidez lectora, utilizando para ello materiales expresamente recomendados por parte de los tutores y dedicando cada día 15 minutos a la labor.

La importancia de la familia

Según el estudio citado, los alumnos que recibieron ayuda específica por parte de sus padres durante el periodo del experimento demostraron resultados positivos que doblaban a los de aquellos niños que no recibieron dicha ayuda.

Los niños que estuvieron ayudados por sus padres mostraron mayor capacidad en el reconocimiento de palabras, labor que además hacían a más velocidad. También mostraron más y mejor comprensión y fluidez a la hora de enfocar sus lecturas.

Además, conviene destacar que los niños que participaron en la investigación demostraron gran entusiasmo en la experiencia, suponiendo para ellos un disfrute significativo. De hecho, decían haber aprendido a leer mejor, a entender con mayor facilidad las palabras más difíciles y a aprender con cada nueva lectura.

“Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”.

-Mario Vargas Llosa-

Madre con hija leyendo un libro

Cómo puede colaborar la familia

Ya hemos comprobado la utilidad de que la familia colabore en la mejora de la comprensión lectora de los niños. Ahora bien, ¿qué pueden hacer para ello? Veamos una posible propuesta de actuación.

  • Será el tutor el que ingenie fórmulas de comunicación con la familia a través de notas informativas, contacto personal y reuniones periódicas que sirvan para potenciar el trabajo lector en casa.
  • Generalmente, los padres no suelen tener mucho tiempo libre. Es por eso necesario que el trabajo en pro de la fluidez lectora se limite a unos 10 ó 15 minutos diarios, pero de forma constante.
  • Los padres recibirán entrenamiento y verán demostraciones, pues no son docentes profesionales, para instaurar el programa de desarrollo de la comprensión lectora de sus hijos.
Fuente: lamenteesmaravillosa.com