Escritura digital y otros recursos adicionales

Por José Alejandro Rodríguez Núñez

El autor es Doctor en Estudios del Español: Lingüística y Literatura

Director de la escuela de Lenguas de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Campus Santo Tomás de Aquino (PUCMM-CSD)

Ahora más que nunca la escritura digital toma cada vez más auge en el mundo académico.  El denominado teletrabajo y las plataformas virtuales de aprendizaje que se utilizan en los distintos niveles de la educación no escapan a esta realidad.  Se trata de un género discursivo que hasta hace poco estuvo reservado para quienes lo utilizan como parte de su estilo operativo en la cotidianidad.  Pero hoy, con el número interminable de dispositivos electrónicos, el texto digital no tiene límites ni fronteras.  Desde el mensaje más trivial enviado en una dinámica dialógica a través del WhatsApp, hasta el correo electrónico que se pone de manifiesto en la interacción empresarial, muy pocos escapan a esta modalidad.  No en vano muchos estudiantes, e incluso profesionales, se resisten a la escritura manuscrita.  Sienten que cada vez más pierden esas destrezas motoras de agarrar el lápiz y transcribir el conjunto de letras que conforman una frase o una palabra, independientemente de la lengua que se utilice.

 

Pero como todo acto discursivo, el formato digital también tiene sus normas y sus implicaciones.  No se trata solamente de expresar o decir lo que se sienta o deba comunicar por el solo hecho de satisfacer una necesidad o intención comunicativa.  Dicho de otra forma, no basta con escribir o transcribir unos códigos que a su vez irán acompañados de otros referentes necesarios para complementar el mensaje y que a su vez contribuyen a la propiedad y estructuración adecuada del contenido.

 

Nos referimos específicamente a tres recursos muy demandados, sobre todo en publicaciones académicas.  Estos son el corrector automático, el hipertexto y los elementos estructurados inherentes al texto.

 

Quienes convivimos con la escritura digital, ya sea por gusto, placer o necesidad, estamos llamados a hacer un uso adecuado y consciente del corrector automático.  Como bien se nos indica en el Libro de estilo de la lengua española de la Real Academia Española (RAE), la mayoría de las aplicaciones en las que podemos escribir nuestros mensajes suelen tener activado el autocorrector y el sistema de sugerencia del texto.  Gracias a esta herramienta se puede advertir lo que podría ser un error en la escritura e incluso realizar predicciones o sugerencias de lo que queremos decir.  También se señalan las posibles faltas de ortografía y concordancia.  Pero mucho cuidado: la velocidad a la que hoy escribimos hace que muchas veces demos por válidas sugerencias inadecuadas que a la larga producen errores de índole gramatical y ortográfico.  En efecto, por más ayuda que nos puedan brindar los correctores automáticos, conviene repensar las sugerencias admitidas.  Esto implica un conocimiento lingüístico que superará en gran medida la técnica de un corrector.

 

Si hay un elemento que caracteriza a la escritura digital es el hipertexto, una estructura compuesta por enlaces de información que funcionan a la vez como conexiones.  Es así como gracias a esta herramienta vinculamos palabras, imágenes o videos con otras páginas o archivos de internet, convirtiendo palabras u objetos en enlaces.  Es así como se enriquece el texto fuente o de origen sin descuidar la coherencia entre los hiperenlaces y el escrito de origen, lo que a su vez supone y demanda una organización esquemática y mental por parte del lector, que a la vez conecta con el conjunto de elementos estructurados en diferentes elementos estructurados.

 

En lo adelante, habremos de adaptarnos y prepararnos para convivir con unos nuevos formatos de escritura que involucran forma y contenido para llevar información suficiente y pertinente a una audiencia que no escapa a esta nueva realidad virtual de la escritura: los lectores.

 

 

 

 

 

 

 

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