Escritura y comunicación digital

Por José Alejandro Rodríguez Núñez

El autor es Dr. en Estudios del Español: Lingüística y Literatura.

Docente y director de la escuela de Lenguas de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Campus Santo Domingo (PUCMM-CSD)

El mundo de hoy está cambiando.  La escritura y la comunicación no escapan a estos cambios vertiginosos producto, entre otras razones, de una inesperada pandemia que azota sin piedad a la humanidad.  Y en efecto, los medios digitales y las nuevas tecnologías de la información empiezan a cambiar todo el quehacer expresivo y comunicativo sin distinción de clase, tipología o género textual.

 

Y es que para la convivencia y subsistencia, inherentes a la necesidad comunicativa propia de la cotidianidad, los usuarios de la escritura y la comunicación deberán adaptarse a las nuevas condiciones que las tabletas, los ordenadores o computadoras, los teléfonos móviles o celulares inteligentes, les imponen.  Es así como esta necesidad de adaptación ha incidido en lo que hoy llamamos o conocemos escritura y comunicación digital.

 

Como bien nos indica la Real Academia Española (RAE) a través de su reciente obra “Libro de estilo de la lengua española” (2018), en todos los contextos o ámbitos escritos hemos de apreciar dos entornos muy distintos en lo concerniente a la comunicación digital: por un lado, aquel en el que las personas se desenvuelven en un entorno más coloquial, como sucede en la mayoría de las redes sociales (WhatsApp o ciertos usos del correo electrónico) y, por otro, aquellos que se desarrollan en un entorno público digital vinculado a los ámbitos académico y profesional, sin excluir el periodismo y el entretenimiento (blogs, canales de video).  Ambos contextos marcan perfiles de comportamiento vinculados al lenguaje que aunque diferentes, dadas las características propias del universo digital, pueden verse entremezclados.

 

Somos testigos de las innovadoras y múltiples posibilidades tecnológicas presentes en las herramientas digitales que a su vez generan nuevos códigos, palabras y formas de expresión idiomática desconocidas hasta la actualidad.  Bastaría con detenernos y apreciar el cambio como producto de la introducción y uso de las tecnologías vinculadas con la Red y las computadoras.

 

Pero no olvidemos que, aunque estemos ante un nuevo estilo comunicativo, siempre habrán de conservarse las normas lingüísticas generales que además se harán acompañar de condicionamientos particulares.  En efecto, independientemente del carácter muchas veces relajado y espontáneo que caracteriza a la escritura digital, el mensaje deberá ser legible, sin importar el dispositivo que utilicemos.  A esto le agregamos una escritura natural que tendrá que convivir con ciertas estrategias que conducen a mejorar el posicionamiento discursivo en los buscadores de Internet, tales como la repetición de palabras clave o el uso forzado de títulos internos.

 

¿Y qué hay de los lectores, los destinatarios de este nuevo código que cada vez más nos invade? En la mayoría de los casos la comunicación digital es pública y global.  Por tanto, es imperativo que antes de enviar o publicar en los entornos digitales, además de una rigurosa revisión, reduzcamos el uso de neologismos, regionalismos o creaciones particulares, no porque sean incorrectos, sino por la confusión que podrían traer en función del contexto en que se difunda el mensaje.  De ahí que se hace necesario conocer las posibles diferencias existentes ante determinados términos o expresiones en los distintos escenarios territoriales.

 

No cabe duda que si bien la escritura y la comunicación digital forman parte de nuestra cotidianidad, este nuevo estilo de expresión demanda unos principios lingüísticos, pragmáticos y discursivos que nos invitan a reexaminar su uso que en la mayoría de los casos se limita a un decir expresivo al margen de unas normas que se convierten en una tarea o lección pendiente.  Por ello surgen estas breves reflexiones que esperamos formen parte de un itinerario  por y para la formación, la concienciación y adaptación a un nuevo género y estilo expresivo al que nos enfrentamos cada día más, pero que a la vez  nos permite conservar lo más preciado y valioso del ser humanos: la interacción comunicativa con sus semejantes.

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