Retos y oportunidades del sistema educativo ante la tecnología

Nathalia Romero
Santo Domingo

Washington Collado es un  experto en educación que  ha analizado la problemática educativa dominicana en distintos foros nacionales e internacionales. En una entrevista exclusiva para Plan LEA, este destacado doctor en Educación, hace una reflexión ante el momento de progreso tecnológico que vivimos.

* ¿ Cómo usted considera que se encuentra a nivel tecnológico la educación dominicana?

Considero que el nivel tecnológico en la República Dominicana está en un buen momento y repleto de posibilidades. Las tendencias y datos sobre tecnología y conectividad en estadísticas mundiales colocan a nuestro país en constante incremento en acceso a tecnología en diferentes ámbitos: educativo, comercial, privado, etc. Pero es cierto que tenemos mucho trabajo por hacer; obstáculos de infraestructura que superar y continuamente capacitar a líderes de educación, docentes y técnicos a ser parte esencial para que la tecnología en la educación logre su máximo potencial.

República Dominicana es un país donde las necesidades básicas como la luz eléctrica aun presentan mucha deficiencia. Considerando esas limitantes, ¿cree usted que estamos preparados para la revolución tecnológica?

Esa es una pregunta básica porque nos obliga a poner en perspectiva nuestras prioridades sobre hacia dónde vamos y dónde queremos estar. Al contemplar este punto, como país, debemos concretamente entender que el progreso no nos va a esperar. Tenemos que entender que es un mundo globalizado y que tenemos competencia desde Ghana hasta Perú, desde Argentina hasta Vietnam, y desde Polonia hasta Guatemala, por decirlo de alguna forma. O sea, que nuestros alumnos no tienen la opción de espera. Tenemos que asumir nuestros retos y saber cuáles son nuestras deficiencias y enfrentarlas seriamente.  Pero al contemplar nuestros obstáculos para lograr un mayor alcance tecnológico, debemos hacer una sobria reflexión sobre el potencial de la tecnología en salud, en educación, en comunicación, en infraestructura, en medioambiente, etc. etc. O sea, que no solo es “educación.”  Si no entendemos el potencial de la tecnología en todas estas áreas, y actuar e invertir deliberadamente, estamos tomando pasos al revés.

Entender que la inacción también es una acción y una decisión tomada. No podemos esperar un marcador específico para decir: “ahora sí estamos listos,” puesto que siempre va a haber áreas que mejorar.

* En los últimos años, República Dominicana se ha colocado entre los peores lugares en Ciencias, Matemáticas y Lectura, según datos suministrados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, ¿cómo puede aprovechar el sistema educativo la tecnología para compensar las deficiencias en la educación?

Te puedo decir sobre ese aspecto que la revolución educativa en el mundo de hoy tiene varias implicaciones que busca que el estudiante se integre, descubra el porqué de las cosas, y sepa el propósito de su enseñanza. La base curricular sobre programas denominados STEM (por sus siglas en inglés Ciencia, Tecnología, Ingeniería, y Matemáticas) busca integrar el aprendizaje activo en base a proyectos y relación directa con el mundo que nos rodea, desde nuestras comunidades, barrios, pueblos, provincias, hasta nuestra República Dominicana y el mundo.

¿Cómo cree que se puede mejorar el sistema educativo dominicano?

Una pregunta compleja. Te puedo referir a la respuesta anterior y agregar que una respuesta completa podría ser toda una disertación. Pero solo para tocar la superficie, pudiera decir lo siguiente: currículo de estudio consistente y aplicable con marcadores formativos, capacitación en todos los renglones, aplicación tecnólogica, inversión y mejora en la infraestructura, integración oportuna de los padres al proceso escolar, crecimiento profesional, responsabilización de progresos y deficiencias, y estudios sobre programas y mejores prácticas a nivel mundial que pudieran ser aplicadas en República Dominicana, tomando en cuenta su propia idiosincrasia. En fin, no hay fórmula mágica.  Y, como base, crear en cada escuela un operativo sinérgico que integre todos los recursos en apoyo a la parte de más relevancia: la clase y el desempeño del alumno.

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