El libro de texto aún reina frente al digital en el aula

Se trata de una herramienta que está en un «impasse» pero que aún conserva su vigencia de forma mayoritaria, según un estudio.

El libro de texto es «un enfermo que goza de buena salud», según un estudio que asegura que estos manuales, usados por más del 91% de los docentes, son muy valorados también por las familias porque les facilita saber qué estudian sus hijos y permiten acceder a todos los alumnos a los contenidos, aunque critican su precio. Son algunas de las conclusiones del «Estudio sobre el papel y valor de los contenidos educativos en las aulas», elaborado por el grupo«Análisis e Investigación», que, según su presidente José María San Segundo, deja claro que aunque padres y profesores creen que el libro tiene que evolucionar, no ven positivo una enseñanza sin libros» (un 54,6% de profesores y el 63,9% de padres).

Presencia en clase

La realidad es que, incluso en los centros escolares con proyectos tecnológicos que implican la utilización de dispositivos, sigue habiendo libros de texto de forma mayoritaria para Infantil y Primaria, y de manera complementaria para ESO y Bachillerato. Y tanto los profesores como los padres otorgan una alta valoración del papel (con una nota del 6,90 los primeros y del 7,69 los segundos).

Los docentes porque, según se desprende de esta investigación, reconocen que se trata de una herramienta educativa que permite favorece la asimilación de contenidos y facilita con ello el aprendizaje. José Ramón Ubieto, psicólogo clínico, autor del libro «Del padre al Ipad» y profesor de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC) es contundente al respecto:«la lectura en pantalla modifica la comprensión del texto y el propio ejercicio de la lectura. Sin embargo, el libro permite situar donde estás en relación al conjunto del texto (lo hecho y lo pendiente), distrae menos porque carece de enlaces y, además, rompe con las dinámicas de lectura digital que se forman habitualmente con lecturas donde la concentración requerida es menor: noticias, mensajería, redes sociales…. Todos damos por supuesto que en las pantallas se puede leer rápido y en diagonal porque hay miles de otras pantallas a continuación. Un libro es un objeto con final». Un hecho tan simple, añade, «como aguantar su peso y no poder dejarlo en un soporte implica, sin duda, una mayor concentración en la tarea. Sin olvidar el mayor cansancio visual que produce la luz de las pantallas».

Por otros motivos, los padres se muestran también como grandes defensores del formato papel. Para ellos, el libro de texto mantiene un rol indiscutible en la educación de sus hijos porque «les facilita conocer y hacer un seguimiento de los contenidos que estudian los menores y les permite así apoyarles en casa».

El papel del profesor

Pese a todo, tal y como constata el estudio, tanto docentes como padres consideran que de aquí a diez años el libro de texto en papel perderá peso en favor del digital. De momento, las tabletas son una realidad cada vez más presente en las aulas, pero su introducción es muy progresiva, explica María Zabala, experta en educación digital, miembro de The Digital Citizenship Institute, embajadora DigCit en España y autora del blog Iwomanish. «Cuando se introduce una tablet en el aula, el inicio suele consistir no en el estudio en sí mismo (en el que por cierto sí se puede subrayar), sino en la interacción con contenidos o en la ampliación de los mismos, para luego ir evolucionando en función de cómo lo decida el centro o el profesor. Y no cabe duda de que algunos estudiantes al final imprimen esos contenidos para disponer de ellos en el formato que los adultos consideramos “normal”».

Esta transición, corrobora José María Alvira, secretario general de Escuelas Católicas, «debería estar bien fundamentada, no puede estar dictada solo por una moda que recurre a soluciones extremas o excluyentes. Una de esas tendencias es la de confiar todo el aprendizaje a los medios tecnológicos. No se puede prescindir de la tecnología en el aprendizaje escolar, pero no hay que caer en la tentación de pensar que es al panacea para todas las situaciones o que resuelve todos los problemas educativos». En cualquier caso, remarca José María Alvira, «los libros de texto, las tabletas u otros instrumentos son medios. Lo importante es disponer de una programación escolar bien elaborada, coherente y realista, en la que aparezcan con claridad los objetivos que se persiguen y los medios a utilizar. Estos últimos no son los que deben determinar la programación, ni condicionarla en exceso. En este sentido, los libros de texto son un buen instrumento para el aprendizaje, pero no son el único. Y lo mismo se puede decir de las tabletas».

Fuente: abc.es

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