10 claves para divertirse en verano sin dejar de aprender

¿Se pueden aprovechar los meses de verano para que los niños puedan seguir practicando sus conocimientos? ¿Los juegos son una metodología de enseñanza adecuada? ¿Se puede realmente combinar el aprendizaje con el entretenimiento? Estos consejos de Emma Pérez Madorrán, directora del Colegio Europeo de Madrid, demuestran que sí.

Durante las semanas de verano, los estudiantes tienen tiempo para divertirse pero también para aprender cosas nuevas y repasar todos los conceptos que han visto durante el curso escolar. De hecho, esta época es idónea para aprender jugando, ya que de esta forma desarrollan sus habilidades cognitivas, emocionales, sociales y físicas. Así lo piensa Emma Pérez Madorrán, directora del Colegio Europeo de Madrid, que comparte 10 claves e ideas para conseguirlo.

Lectura compartida

Leer es fundamental para el desarrollo del lenguaje oral y escrito de los menores, por eso es tan importante hacerlo también durante el verano. En este caso propone dos ejercicios muy amenos: el primero consiste en que lo que lean los más pequeños lo compartan con los adultos, con el objetivo de desarrollar su memoria; y el segundo se basa en reconocer con ellos letras, palabras o frases (dependiendo de la edad) en carteles o folletos publicitarios, para que aprendan a diferenciar las mismas.

Representaciones ficticias

Los juegos simbólicos estimulan la comunicación interpersonal y mejoran la expresión corporal. Jugar a representar actores, animales o personajes de dibujos animados o simplemente contar lo que han hecho en el día, conlleva a un mayor desarrollo de sus habilidades sociales, sin contar con lo bien que se lo pasan realizando este tipo de actividades.

Juegos cooperativos

Es imprescindible que jueguen con otros niños para fomentar las habilidades sociales. De esta manera aprenden a respetar, a compartir y a cooperar. También esto supone la aceptación de sí mismos y de los demás, lo que favorece la empatía. Llevarles al parque a jugar, a la playa, a la piscina o invitar a amigos o primos a casa, para que puedan compartir tiempo juntos, es una muy buena idea.

Estimulación de la creatividad

Aunque no hay acuerdo en si la creatividad es innata o adquirida, lo cierto es que las familias deben estimular esta capacidad en los niños. Existen diversas estrategias para ello que se pueden introducir en la rutina veraniega: llevarles a museos, exposiciones o sugerirles juegos que ejerciten sus destrezas manuales y su imaginación como dibujos, figuras con plastilina o cuadros con legumbres.

Resolución de problemas

Que los pequeños aprendan a examinar y obtener el control sobre una actividad es muy relevante a la hora de que lleguen a saber que son ellos los que dominan el proceso y los responsables del resultado final. Hacer castillos de arena, jugar a encajar piezas o hacer puzles son actividades muy divertidas que también ayudan a mejorar su coordinación visual y manual.

Cocinar juntos

Implicar a los pequeños en tareas diarias como elaborar cualquier receta culinaria estimula todos sus sentidos al mismo tiempo que supone un aprendizaje matemático para ellos. Por ejemplo se les puede preguntar cuánta cantidad es necesaria de un determinado ingrediente.

Escuchar música

Desde las canciones infantiles a las clásicas, tanto en español como en inglés, a través de la música se estimula su sentido del oído, y con ayuda, aprenderán a diferenciar instrumentos y al mismo tiempo repasar palabras en inglés. Una práctica con la que disfrutan mucho y que pueden acompañarla con el baile también.

Realizar escapadas a la playa o montaña

Hacer excursiones cuando el tiempo lo permita también es una muy buena opción para que empiecen a explorar todo lo que hay en el exterior y aprendan cuáles son las dimensiones del entorno. Se puede ir en bicicleta o jugar a las palas o a la pelota, ya que son ejercicios que les ayudan a mejorar la coordinación de sus movimientos.

Juegos de mesa

Cabe destacar que este tipo de actividades son adecuadas para los estudiantes a partir de 6 u 8 años. Con ellas aprenderán a interiorizar las reglas del juego, a razonar y también a perder.

Escribir un diario de verano

Les ayuda a desarrollar su lenguaje escrito, escribiendo cada día lo que han hecho y cómo lo han pasado. Cuando acabe el verano se puede leer con ellos, de manera que también se potencie su memoria.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

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