El día de la madre… ¡es todos los días!

Mucha gente cree que honrar a la madre es un tipo de compensación por todos los años de cambiar pañales y pagar la educación.

Ser madre siempre ha sido una tarea difícil, abnegada, sacrificada, sin horario ni sueldo, sin reconocimiento muchas veces. Pero ser madre hoy en día es una tarea casi heroica, como escalar el Everest en sandalias.

Un día al año no basta para agradecer a nuestras madres todo lo que han hecho por nosotros, y siguen haciendo muchas de ellas.

Por eso todos los días deberían ser el Día de la madre, porque todos los días hay mujeres que afrontan en solitario su embarazo y su maternidad. Mujeres que tienen que luchar contra viento y marea para llevar a término su embarazo y poder criar a sus hijos en las condiciones mínimas de higiene, ropa, alimentación…

Esas mujeres son, todos los días, unas auténticas heroínas, unas luchadoras incansables y con una perpetua sonrisa en la cara.

El Día de las Madres debe ser celebrado no únicamente a finales de mayo, sino todos los días del año, por lo que un regalo costoso no es lo esencial en esta fecha especial, sino el tiempo de calidad que se le dedica a la reina del hogar, más allá de los regalos, las flores o los bombones, significa un agradecimiento a nuestras madres por dedicarse al trabajo más duro, incesante y maravilloso que existe.

Agradecer a quien nos ha dado la vida, escapa de las ventas comerciales y nos recuerda la importancia de la familia. El coraje, la determinación, la fuerza de voluntad, el cariño y la contención, son los valores más hermosos que nos pueden enseñar. Y de ello se encarga mamá.

El gran escritor francés, Honoré de Balzac decía que “jamás en la vida encontraréis ternura mejor y más desinteresada que la de vuestra madre” y así es. A la madre se le ama y se le respeta siempre, se le idealiza  desde la niñez y se le cuida con especial atención en sus años otoñales.

Las madres además, son mujeres especialmente sacrificadas y sufridas. Son mujeres que llevan en su alma la angustia y la incertidumbre por sus hijos en esta etapa de cruel violencia. Muchas además, son padre y madre, criando solas a sus hijos e hijas, luchando por mantenerlos y dejando de lado sus propias necesidades por sus vástagos.

George Washington, el primer presidente estadounidense, decía “todo lo que soy, se lo debo a mi madre. Atribuyo todos mis éxitos en la vida para la educación moral, intelectual y física que recibí de ella”. Y es precisamente ese el valor extraordinario de una madre. Desde la lactancia, nuestro primer contacto, hasta el último de sus días, la madre está preocupada por sus hijos, los cuida, los guía y los alienta en sus pasos.

El Día de las Madres se ha vuelto una fecha comercial, un icono del consumismo y muchos se limitan a valorarlo con base a los regalos que se dan.  Pero las madres se merecen que todos los días sean especiales y que el amor y la dedicación que tanto se repite en esta fecha, sea real durante todos los días de su existencia.

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