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El mito de la Justicia en la “Era del Trujillo”

Mediante la organización del proceso electoral fraudulento que le permitió alcanzar en 1930 la Presidencia de la República, forzando mediante el uso de la violencia la abstención del partido opositor, el dictador Rafael L. Trujillo monopolizó el dominio del Congreso de la República y al propio tiempo el control absoluto del aparato judicial.

A partir de ahí, dentro del ordenamiento absolutista establecido por el tirano todos los jueces y fiscales, y hasta los miembros del equipo administrativo judicial, incluyendo los alguaciles, fueron siempre personas fieles al credo político de la tiranía. Todo ello acorde con la clara advertencia expresada en uno de sus tempranos discursos, donde señaló que: “gobernaré siempre con los hombres del partido”. Es decir, del Partido Dominicano fundado en 1931, el único permitido durante la larga tiranía. La membresía a esa organización fue obligatoria para todo cargo público, aún el más insignificante.

Merece ser subrayado que durante la “Era de Trujillo”, la constitución de la República fue modificada en siete ocasiones: 1934, 1942, 1947, 1955, 1959 y en 1960 en dos oportunidades. Todas esas modificaciones constitucionales, como ocurrió con muchísimas leyes, obedecieron a intereses personales o políticos del tirano.

En la primera modificación del último año anteriormente señalado se estableció como requisito para ser presidente, el ser dominicano de nacimiento, hijo de padre y madre dominicanos. Esa modificación fue aprobada para impedir que el profesor Bosch, de padre y madre extranjeros, pudiera alcanzar la Presidencia de la República. En la segunda se redujo la edad necesaria para ser presidente a tan sólo 25 años, para favorecer la posible nominación de su hijo Ramfis a esa posición. Uno de los máximos anhelos del tirano que no pudo lograr.

Para mayor garantía de la fidelidad de los jueces a los dictámenes del gobierno (al igual que como ocurría con los diputados y senadores) todas las personas designadas en cargos importantes del aparato judicial, según expresa Jesús Galíndez, firmaba su carta de renuncia sin fecha al momento de su designación. De esa forma el funcionario público podría enterarse que había “renunciado” el día menos pensando al leer esa información en las páginas del diario oficial. No pocos jueces y funcionarios públicos se enteraron de su renuncia encontrándose trabajando en sus despachos.

Dentro del ordenamiento dictatorial trujillista ni siquiera sus más cercanos colaboradores estaban seguros de las arbitrariedades “judiciales” ordenados por Trujillo. Así por ejemplo, Anselmo Paulino, el hombre que disfrutó de la mayor confianza del dictador, varias veces secretario de Estado, designado por decreto general del ejército, administrador del emporio azucarero Río Haina, el 1ro. de mayo de 1956, acusado de evasión fiscal (el delito más común entre los socios del dictador y sus familiares), fue sentenciado a diez años de trabajos públicos y a la devolución de sus bienes. Después de casi un año de cárcel y humillaciones, fue indultado y deportado.

Agreguemos además, que dentro de la “división del trabajo delincuencial” creado por Trujillo y sus familiares, uno de sus hermanos, Amable Romero, alías Pipi, se especializó en la venta de sentencias, resultados que obtenía para sus favorecidos, mediante el chantaje y la presión directa a los jueces. Particularmente difícil resultó en el ambiente dictatorial el ejercicio de la abogacía, pues la defensa de un caso que pudiera afectar los intereses de Trujillo, un familiar o un alto funcionario civil o militar, envolvía riesgos muchas veces peligrosos.

Pero además, no pocos jóvenes profesionales del derecho, considerados como desafectos al régimen, se vieron impedidos de ejercer sus profesiones porque el Poder Ejecutivo no le otorgaba el exequátur correspondiente. Para poder conseguir su exequátur, muchos jóvenes abogados eran obligados a participar como oradores en actividades políticas del Partido Dominicano, donde doblegados se veían forzados a exaltar genuflexos la figura del tirano.

Fuente: museomemorialdelaresistencia.com

¿Dónde está la verdadera innovación en educación?

La innovación en el ámbito educativo siempre supone un proceso de transformación, pero ¿qué es lo que se entiende por innovación? Las habilidades de los docentes para atraer la atención de los alumnos o el trato directo entre alumno y profesor pueden ser elementos decisivos para implantar cambios en la clase.

Innovación es un palabra polisémica que se utiliza con muchos significados diferentes, adaptándola muchas veces a conveniencia. En lo que siempre hay acuerdo es en que supone un cambio. Éste se producen cuando existe una disconformidad: se está cansado de estar cansado de hacer lo mismo y de obtener, como es lógico, los mismos resultados. Si queremos innovar debemos iniciar un proceso de transformación para mejorar en algún aspecto que tiene que fijarse inicialmente. Puede que sea reducir el absentismo, introducir las TIC, mejorar la convivencia, favorecer la inclusión, etc.

El papel del docente

Una vez bien definida la meta estableceremos qué nos hace falta, cuánto tiempo estimamos que necesitaremos, a quién implicará y qué pasos hay que dar para conseguir los objetivos. Siempre con una evaluación y reflexión de cada acción que se realice.

Profesora y alumnos

La innovación en educación, en muchos casos, no habla de nuevos métodos de aprendizaje o enseñanza sino de cómo mejorar el proceso que favorezca el desarrollo de diferentes capacidades: la comunicación, la flexibilidad, la empatía, la creatividad, trabajar en grupo, favorecer la inclusión… Las competencias de los alumnos del siglo XXI reflejan que para que esto suceda se tiene que producir un cambio en el rol del docente.

Para ello hay que diferenciar entre capacidad y habilidad. En el caso de los docentes, se presupone la capacidad para enseñar por tener una carrera universitaria y haber hecho el Prácticum o Máster de Secundaria. Sin embargo, tener la habilidad de enseñar es conseguir que nuestros alumnos aprendan, atendiendo a sus necesidades concretas. Para conseguirlo podemos usar el método tradicional expositivo o utilizar cualquier metodología. Lo que parece claro es que hay que conseguir motivar al alumnado para despertar su curiosidad, que haga y se formule preguntas, y generar buenos mapas cognitivos. Esa es la verdadera innovación en educación.

La relación con el alumno: ¿germen de la innovación en educación?

Otro aspecto a tener en cuenta, es que en la escuela de hace 50 o 60 años el conocimiento personal entre el docente y el alumno era mucho más sencillo. Había una relación directa y estrecha. Se sabía quién era la familia, su contexto social, lo que hacía fuera de las aulas, etc. Ahora, esto ha cambiado. Aunque estamos en la era de la conectividad hay una gran desconexión entre las personas: ¿habría que recuperar la perspectiva humanista? Quizá nos hemos olvidado de que los alumnos de Infantil, Primaria y Secundaria están en pleno desarrollo personal, con todo lo que eso supone a nivel físico y mental. ¿Acaso el papel del docente podría ser más activo para ayudar más al desarrollo del ‘ser’, y no centrarse únicamente en lo que deben ‘conocer’ al final de curso? Estaría bien analizar si en la sociedad actual esto es también innovación en educación.

Las habilidades para afrontar el futuro: ¿novedosas?

El mañana es incierto pero el hoy está aquí y es ahora. No hay que formar a ciudadanos del futuro sino a personas del presente y, para ello, hay que dar a nuestros alumnos una formación adecuada y dotarles de recursos para afrontar la vida. Esto se puede conseguir haciendo que:

innovación alumnos
  • Aprendan a trabajar en equipo.
  • Sean responsables en el trabajo: sin favorecer el error como método de aprendizaje pero tampoco estigmatizarlo.
  • Desarrollen autonomía.
  • Sean conscientes de su aprendizaje y reflexionen para interconectar el conocimiento.
  • Evalúen las oportunidades y sepan aprovecharlas.
  • Avanzar y mejorar supone un esfuerzo pero se ve recompensado con la satisfacción de ser conscientes de superarse.

Ahora bien, ¿alguno de estos puntos puede ser considerado innovación en Educación?

Libros de texto: el gran dolor de cabeza al comprar los útiles escolares

Los altos precios de los libros de texto para la educación básica y media en los colegios privados es uno de los principales dolores de cabeza de los padres y madres cabezas de familias cada vez que se inicia un año escolar.

No es secreto que muchos centros educativos cambian de editora en sus listas de libros de texto a cambio de determinadas comisiones o compensaciones, pero en realidad el contenido de los textos, independientemente de la editora (Santillana, Susaeta, Norma, SM, entre otras) es el mismo, pues está vigente la disposición del Ministerio de Educación para que los textos se revisen cada cuatro años. Incluso, esa revisión se ha atrasado y están vigentes los mismos textos desde hace más de este tiempo.

Pero pagar más de RD$1,000 por cada libro para usarlo durante un corto período de 10 meses, para una familia con tres hijos y que cada uno requiera al menos 12 libros de texto, implica un gasto que superaría los RD$36,000 sólo por ese concepto, sin incluir cuadernos, útiles escolares, uniformes, calzados mochila y, por supuesto, inscripción y cuota mensual del colegio.

Por eso está creciendo entre los padres con hijos en colegios la búsqueda de alternativas y en ese proceso también se involucran los propios hijos que en procura de ahorrarles un dinerito hacen contactos con compañeros de cursos superiores a ver cuáles libros de texto tienen para comprarlos a mitad de precio o a menor valor, así como para intercambiarlos con los que dejan miembros de familias con estudiantes que no los vayan a utilizar.

Algunos colegios privados, de los que no usan la lista de libros como mecanismo de negocios, promueven con los padres y amigos de la escuela ferias de intercambio de libros en días específicos, para que puedan suplirse de los textos que necesiten y se ahorren una parte importante de los extraordinarios gastos que implica mantener a los hijos en colegios privados de nivel medio. Ni hablar de los de clases más pudientes, aunque en esos centros los padres tienen con qué pagar.

La buena labor del Gobierno de invertir 4% del producto interno bruto (PIB) en educación ha permitido una ampliación de la cantidad de aulas y provocado una emigración de muchos profesores del sector privado que, atraídos por los buenos salarios que ahora se pagan en las escuelas públicas, han decidido pasar al servicio docente estatal.

El resultado ha sido, de un lado, el cierre de algunos colegios privados pequeños ubicados en zonas de bajo poder adquisitivo. De otro lado, se ha producido un incremento extraordinario de solicitudes de inscripción de niños en las escuelas públicas, tan alto que hasta supera la capacidad de las nuevas aulas y por eso muchos cursos tienen 40 y hasta más estudiantes en los centros del Estado, lo cual es antipedagógico, pero a la vez se trata de una realidad social inevitable, dadas las necesidades de la gente.

La sobre demanda de solicitudes de ingresos de estudiantes a escuelas públicas se relaciona con diversos elementos (entrega gratuita de útiles escolares, incluidos los libros uniformes y calzado; entrega de desayuno y almuerzo escolar y, encima de todo, matrícula gratuita).

Solo queda esperar que la inversión del Gobierno en educación sea sostenida en el tiempo y que cada vez se enfoque mejor en cuanto a la mejora de la calidad educativa, además de la infraestructura. Esto contribuirá a que poco a poco la educación deje de ser un jugoso negocio para determinados sectores y se convierta en un servicio público efectivo a beneficio de los más necesitados para que sólo los ricos paguen colegios privados costosos, mientras las familias de clase media y los pobres puedan hacer uso de un servicio educativo público de calidad.

Fuente: eldinero.com.do

¡Cine en las aulas!

Cine, series, cortos, documentales… Los recursos audiovisuales tienen un gran potencial pedagógico cuando se integran dentro de la programación didáctica. Si además se da el salto a crearlos en clase, los beneficios se multiplican.

cine en las aulas

La película ‘Marte’, de Ridley Scott, se emplea en las clases de Física del Colegio Padre Enrique de Ossó de Zaragoza para que los estudiantes comprendan mejor las dimensiones del Espacio. Pero cuando van a trabajar la importancia de la empatía, la resiliencia y el aprovechamiento de las oportunidades, proyectan ‘Slumdog Millionaire’. En el CPR Badajoz, por otro lado, el alumnado de Infantil y Primaria visualiza ‘El Príncipe de Egipto’ para tomar contacto con la historia y época de la cinta, y luego realiza actividades relacionadas con los personajes y escenarios. Un ejemplo más: en el colegio Urkide de Vitoria emplean ‘En Busca de la Felicidad’ para hablar de autoestima.

Podríamos continuar la enumeración con las experiencias de otros muchos centros educativos, pero bastan estas propuestas para constatar que los recursos audiovisuales tienen un potencial educativo que va mucho más allá del puro entretenimiento.

Sí; es cierto que el cine, los documentales o los cortos tienen un importante componente de diversión que motiva, atrae, capta la atención y despierta la curiosidad de los más jóvenes. Pero es precisamente este hecho el que hace que pueda emplearse con éxito para abordar contenido curricular en cualquier materia y acercar al alumnado a todo tipo de problemáticas sociales: cambio climático y sostenibilidad, desigualdad de género, discriminación, violencia… “Incluso es posible visualizar anuncios de televisión: muchos de ellos son imprescindibles para ser analizados y tocar aspectos tan importantes como los estereotipos de belleza, los roles de género o la manipulación de la publicidad”, comenta Ingrid Mosquera, profesora adjunta de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).

cine en las aulas

Criterios pedagógicos

La clave para hacerlo con garantías está, como ocurre con cualquier otro recurso, en que estos contenidos audiovisuales se empleen siempre con un objetivo pedagógico e integrados dentro de la programación didáctica, y no como una herramienta para distraer a los estudiantes. “Solo hace falta un poco de investigación sobre los recursos y plataformas existentes y planificación para encontrar las actividades adecuadas a los objetivos perseguidos”, afirma Sandra Mª Zurdo Robles, maestra de Audición y Lenguaje, coordinadora de convivencia del colegio Severiano Montero Sánchez de Peñaranda de Bracamonte en Salamanca y coordinadora del Proyecto ‘Cuento Sentimiento’ de Aulafilm, que promueve el uso del cine en las aulas.

Lo más interesante es que, cuando se siguen estos sencillos pasos, pueden emplearse independientemente del nivel educativo, adaptando siempre los títulos proyectados y el tipo de actividades, así como la duración de las proyecciones: no se puede olvidar que, cuanto más jóvenes sean los estudiantes, menos tiempo son capaces de mantener la atención. Para Emilio Delgado Villanueva, profesor de Ciencias en el Colegios Sagrados Corazones de Madrid, “contenidos con canciones o dibujos animados pueden ser muy útiles tanto en la transmisión de valores como de contenidos para los más pequeños, en los niveles de Infantil y Primaria. Para el alumnado de Secundaria y Bachillerato son ideales los documentales o fragmentos de estos o de películas”.

De hecho, muchos docentes defienden precisamente eso: el uso de escenas o extractos de los títulos seleccionados cuando son muy largos para, a partir de ellos, fomentar el debate. “A veces es interesante seleccionar aquellas partes que se puedan relacionar con el currículo, intentando no perder el contexto. En el caso del cine en las aulas hay áreas que dan más pie que otras. Por ejemplo, suelen ser interesantes para trabajar valores”, razona Pablo Bustos Morán, profesor de Biología y Geología en el IES Manuel de Falla en Coslada, Madrid.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

Gala Maín 2019