Las buenas escuelas la hacen los buenos profesores

Los maestros son claves para la mejora de la calidad educativa y el proceso de aprendizaje de los estudiantes. Pero ese aprendizaje debe ser de calidad. Y esa calidad depende de múltiples factores, no solo de los maestros, sino de buenas escuelas. También hay que recordar que la formación inicial y continua de los maestros es fundamental para garantizar una educación de calidad.

En las últimas décadas el concepto de ‘buena escuela’ se modificó significativamente. En el pasado estaba relacionado con la estructura física. En la actualidad, las buenas escuelas son aquellas que se preocupan por lo pedagógico. La estructura física es cada vez menos relevante, si se compara con la importancia de los proyectos educativos. La estructura física debe ser adecuada, pero como medio y no como fin, por lo cual debe dar apoyo a la realización de los proyectos socioeducativos, comunitarios y ambientales que se desarrollen.

En cualquier país, una buena escuela debe tener buenos proyectos educativos para el desarrollo de la ciudadanía, la ética y la conciencia ambiental, de modo que despierte el interés, la curiosidad y la motivación de alumnos y profesores. Asimismo, necesita tener la educación como una prioridad y el maestro ser orgullo y referencia para el pueblo.

Una buena escuela es una comunidad de padres, maestros, personal y directivos que realizan un trabajo en procura del crecimiento de sí mismos  y el de los estudiantes bajo su responsabilidad. Es aquella donde los maestros cambian en los estudiantes “eso yo no lo sé” por “tú no lo sabes todavía”. Es una escuela de “ganar-ganar”, porque logra aprendizajes significativos de contenidos relevantes en todos los alumnos; y todos aprenden lo que tienen que aprender, a su ritmo.

Definir ¿qué es una buena escuela?, aparentemente no es sencillo por los muchos aspectos que habría que considerar. Sin embargo, es simple cuando se entiende que “una buena escuela es, básicamente, una escuela que enseña. Nada más y nada menos”. Lo complejo es hacer de todas las escuelas, buenas escuelas.

La importancia de su definición es que aporta una dirección, una manera de entender e imaginar a las escuelas. No es un punto de llegada ni de comparación. Solo es un marco para que cada equipo observe y proyecte su escuela en su contexto real. “Se trata de entender a la escuela como un lugar vivo, hecho por personas para personas, un espacio perfectible, cambiante, en constante mejora”.

Una buena escuela es “Una escuela en la que todos los niños tengan la misma oportunidad de aprender, de acceder a conocimientos de calidad y relevantes para sus vidas. Una escuela en donde todos puedan ingresar sin ser discriminados y de la cual puedan graduarse con los mismos saberes y de la misma manera que cualquier otro chico de su edad. Una escuela en la que todos puedan disfrutar de adquirir, transformar, producir y transmitir conocimiento. Todos soñamos con ese lugar en donde los niños puedan realizarse como niños y los maestros y miembros de los equipos directivos puedan hacerlo como los profesionales que son” (Gvirtz, Zacarías y Abregú (2011).

Según la UNESCO, una buena escuela es aquella en la que: (a) Hay un clima favorable para el aprendizaje; (b) Los maestros y gestores son líderes animadores; (c) La violencia es reemplazada por la cultura de la paz; y (d) Hay un buen curriculum. Es “aquella que no deja de aprender en su proceso de dedicarse a enseñar” (Blejmar, 2001).

Transformar las escuelas en buenas escuelas requiere de un proceso largo de trabajo directo con cada una de ellas. Por tanto, es necesario planificar con criterios claros la agenda a seguir para alcanzar esa impostergable transformación.

Hay una gran diferencia entre una escuela y una buena escuela. Aun contando con los mismos recursos humanos, materiales y tipo de población estudiantil, existen desigualdades notables en la calidad del servicio que prestan unas y otras.

La experiencia internacional y la investigación empírica posibilitan hacer un  recuento de lo que se sabe acerca de las buenas escuelas. Estas escuelas se diferencian por su ambiente de trabajo, por la armonía entre el personal, por el compromiso de cada miembro hacia lo que realiza, entre otros aspectos comunes. A continuación, esta selección:

  1. Existe una adecuada organización del tiempo, que permite el máximo aprovechamiento para la enseñanza.
  2. El espacio y el mobiliario son suficientes y adecuados para la tarea escolar;
  3. Hay un proyecto escolar conocido y compartido por la comunidad educativa;
  4. Los directivos están presentes constantemente en la escuela y asumen el liderazgo;
  5. La enseñanza se planifica y existen estrategias de seguimiento al trabajo en el aula.
  6. La enseñanza y el aprendizaje se enriquecen con el uso de diferentes recursos didácticos y tecnológicos. Todos los alumnos disponen de materiales para trabajar. Existe una prioridad escolar en acrecentar la cantidad de libros existentes y leídos por alumno.
  7. Los directivos y docentes tienen altas expectativas  sobre su propio trabajo y el de los alumnos; se actualizan y trabajan en equipo, asumiendo responsabilidades compartidas por el aprendizaje de los alumnos.
  8. Existen procesos de detección, atención y seguimiento para alumnos con dificultades de aprendizaje. Se implementan sistemas de tutorías y estrategias de formación de habilidades para estudiar.
  9. La evaluación y la autoevaluación son elementos esenciales. La escuela se responsabiliza por los resultados que obtiene, identifica sus aciertos y errores, se preocupa por conocer la opinión de los alumnos y las familias acerca de lo que marcha bien y de lo que necesita mejorar.
  10. Se mantiene una estrecha relación con la comunidad: padres y madres de familia, instituciones externas, autoridades y otros. La escuela conoce a las familias y propicia su participación.
  11. La escuela no se limita a enseñar, sino que se propone motivar, interesar, sensibilizar y movilizar su atención para desarrollar aprendizajes significativos.
  12. La escuela atiende a todas las dimensiones del desarrollo humano: físico, afectivo y cognitivo. Se aprende a aprender e integra el desarrollo de la sensibilidad, las emociones, la ética, la identidad y el conocimiento.
  13. Es una escuela abierta que valoriza y tiene en cuenta los intereses, expectativas y conocimientos de los estudiantes. Es flexible en metodologías, modelos de evaluación, sistemas de convivencia, entre otros,
  14. Una buena escuela puede adaptarse rápidamente a las necesidades humanas y el cambio tecnológico.
  15. Las buenas escuelas saben que no pueden hacerlo todo, así que tratan de hacer lo necesario excepcionalmente bien.

Por último, una buena escuela es una escuela de calidad, inclusiva y que mejora constantemente. Tiene bajos niveles de repitencia y alto desempeño académico. Es buena en tanto logra resultados de aprendizaje de calidad en todos sus estudiantes.

Fuente: acento.com

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *