La importancia de la educación cívica en la escuela

La sociedad dominicana no posee suficiente preparación cívica. Esta se manifiesta en las carencias de información y en errores de criterios que, a menudo, la incapacitan para ejercer con habilidad las funciones de la ciudadanía.  Esto se evidencia en cuestiones básicas, como en las que conciernen al papel de los tres poderes de la Nación, la forma en que se constituye el Congreso o en lo que respeta a los derechos humanos.

A la Educación Cívica se le asignó una tarea específica: hacer conocer la Constitución, sus antecedentes y sus normas fundamentales, entre las cuales se encuentran los derechos y deberes del ciudadano.

Partiendo del criterio de que los alumnos deben prepararse moral y cívicamente, los contenidos son flexibles y se refieren a las nociones de persona, normas y su relación con la vida social, la Constitución y los derechos humanos.

La experiencia didáctica indica que el aprendizaje de esta disciplina necesita apoyarse en la dimensión práctica. Niños y adolescentes deben aprender a conocer e interpretar las leyes o normas abstractas ante realidades sociales concretas. Así también tienen que apreciar que, una vez sancionadas, las leyes son obligatorias para todos porque todos somos iguales ante la ley. En ese propósito de vincular, por ejemplo, las formas constitucionales que organiza la Nación con la realidad cotidiana, puede ser útil acudir a la lectura de noticias periodísticas para información y comentario crítico.

Han de comprender también los chicos que del mismo modo que hay procedimientos establecidos para legislar, existen vías formales para enmendar  o perfeccionar una ley de acuerdo con pasos previstos. En la escala de lo posible ese aprendizaje se puede ir haciendo a través de las reglas de la vida escolar y de la experiencia del aula, tal como sugiere la Unesco en un texto dedicado a proponer modos de enseñar los derechos humanos.

Ahí se destaca la importancia de la práctica de los derechos, tal como los alumnos los perciben en hechos que ocurren en la escuela y en la comunidad, y promover la participación activa de los alumnos en la organización y dirección de ciertas actividades en las que tienen que asumir responsabilidades y solucionar problemas que guarden relación con cuestiones cívicas.

Al margen de la escuela, un obstáculo muy serio de la enseñanza de la moral y cívica es el contexto de la sociedad y sus instituciones cuando las normas no se cumplen. He ahí un problema central, causado por la conducta y los procedimientos irresponsables de autoridades que, al omitir el debido respeto por la ley, generan en chicos y adolescentes un temprano descreimiento de los contenidos de la formación cívica, que parece pertenecer a la esfera de una existencia únicamente idealista.

Adaptación a partir de texto publicado por La Nación

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