Un llamado a la acción: los derechos de la mujer

Carolina Jiménez
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Santo Domingo

Dentro del marco de actividades de Semana de la Geografía 2018, se han realizado conferencias con temas correspondientes a los fascículos elaborados para esta vigésima quinta edición.

Uno de los temas desarrollados es “La geografía de los movimientos por los derechos de la mujer: un llamado a la acción”, bajo la autoría de Ylonka Nacidit, representante de la Cancillería General de la República.

Nacidit explica que los antecedentes en las luchas por los derechos de la mujer en República Dominicana se pueden conocer desde dos perspectivas: desde la historia oficial, y desde la contrahistoria, es decir, desde la resistencia del sujeto femenino a continuar y consentir al Estado patriarcal moderno, seguir siendo un signo subvalorado sin intervención en las convecciones sociales.

“La geografía de los derechos humanos de las mujeres se traza en la República Dominicana desde 1844, y aun antes, desde 1838 cuando estas se aglutinaron alrededor de los movimientos separatistas para construir el proyecto de nación”, agrega.

La exclusión total de los derechos humanos y de la vida pública del sujeto femenino, era una violencia disimulada, porque no se le permitía la opción de elegir ni de decidir su destino. Su identidad era inmóvil y su vacío existencial llevaba largos siglos, sin herramientas para derrotar ese dominio sobre su subjetividad.

Rol de las mujeres decimonónicas en las luchas por los derechos de la mujer

En este entonces, las mujeres estaban expuestas a abusos y aislamientos. Sin embargo, se hicieron a la mar desde distintos puntos de la geografía nacional llegando a otras costas de territorios. “Compreder a estas mujeres decimonónicas que eran prisioneras de sus iguales por no poseer saberes intelectuales hizo que se fueran movilizando, que colocaran en crisis a la naturaleza del orden político-Estado en el cual coexistían”.

Nacidit cuenta que al estar en contacto con otras mujeres (latinoamericanas, norteamericanas, españolas y francesas) llegó la esperanza de despertar del rol tradicional asignado. “Fue desde ese punto de inflexión que se dio inicio a la recuperación de nuestra memoria en sentido sociológico e histórico. La prisión del desconocer no era un invento, era un cautiverio, un rapto para colocarlos en la perennidad de la ignorancia”.

Las dominicanas del siglo XIX y principio del XX -para surgir como sujeto de derecho- tuvieron que derrumbar grandes obstáculos encontrados en ese modelo de sumisión denominado patriarcado. “Hubo que romper los sesgos de diferenciación biológica por asunto de sexo, enfrentarse a la ideología conservadora, a los estamentos militares, a las antirrespuestas desde el Estado”, agrega.

Primera ola del feminismo. El sufragismo de vanguardia

Ante la interrogante del por qué las mujeres demoraron tanto en darse a sí mismas una respuesta intelectual, desde el saber, sobre su condición infrahumana de existencia. Nacidit expone lo siguiente:

• Porque sobre ellas gobernaba el pater familias y el “acomodamiento” de sentirse afortunadas de la protección brindada, aun fueran esclavizadas emocionalmente.

Sin embargo, cuando hubo la alerta de que las pensantes atraían a las demás a sus luchas, las primeras se constituyeron en un peligro para el sistema, e incomodaban al Estado estamental de entonces, opresor y machista.

“En el siglo XIX era impensable que las mujeres asumieran desde los derechos humanos la República como parte de su hacer. No había conciencia histórica aún en las activistas decimonónicas. A excepción de algunas intelectuales, entre ellas: Salomé Ureña, Virginia Elena Ortea, y Amelia Francasci. Las mujeres necesitaron pensar, escribir, reflexionar y viajar al extranjero para comprender su identidad, no solo desde el razonamiento, sino desde la filosofía del lenguaje”.

Relación de pertenencia

Igualdad: “Deriva en un derecho positivo, para no contravenir a la naturaleza, y al postulado inalterable de que todos nacemos libres e iguales”.

“No es la ‘guerra entre los sexos’ un término para encabezar una lista o un inventario de relaciones de acontecimientos. Es irracional que se pretenda mantener a la mujer en una relación de pertenencia absoluta del otro, en especial de su cuerpo y su sexualidad. Por eso, identificar las distintas formas de discriminación que persisten en las relaciones de poder y clase, en el binomio hombre-mujer podría ayudar a desestructurar las vertientes de la violencia por razones de género. Las violaciones a los derechos humanos de las mujeres, en especial, a tener una vida libre de violencia, cubren a todas nuestras provincias. Ya no se puede continuar cubriéndola por el velo del silencio, es urgente reconocer las fallas de las políticas públicas. Las cifras oficiales de feminicidios, violaciones, incestos, etc., son espeluznantes”, puntualiza Nacidit.

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