Por qué algunos niños tienen dificultad para aprender a multiplicar

Las dificultades para aprender a multiplicar de los niños es una de las preocupaciones más habituales para los docentes y las familias de estudiantes de Primaria.

A diferencia de otros conceptos matemáticos, nadie discute que aprender a multiplicar es necesario e imprescindible tanto para desenvolverse en la vida como para avanzar en el aprendizaje matemático.

Saber usar la operación de la multiplicación en la resolución de un problema y tener una cierta agilidad para ello nos facilita mucho la vida. Se trata de matemáticas que vamos a usar en nuestro día a día y que además necesitaremos para aprender a dividir, para resolver multitud de problemas y en definitiva para construir el andamiaje de las matemáticas.

Las dificultades para aprender a multiplicar

Antes de abordar los cinco motivos quiero matizar que hay casos, los menos, donde los niños y las niñas pueden presentar algún tipo de problema como discalculía y que deberían ser examinados y diagnosticados por un especialista pero la inmensa mayoría de los estudiantes responden a la combinación de dos o más de los motivos que voy a exponer.

 

dificultades multiplicacion

1. Los conocimientos matemáticos previos son débiles

Los contenidos matemáticos están estructurados de una forma jerárquica, es decir, para afrontar con éxito los nuevos conocimientos es necesario tener suficiente maestría con los anteriores.

A muchos niños se les comienza a enseñar la multiplicación cuando aún no han interiorizado conceptos anteriores como la noción de cantidad, la ordenación de los números o la suma. No estoy hablando de la suma por escrito que se puede realizar de forma mecánica y recurriendo al conteo con los dedos sino de un verdadero cálculo mental sobre el que puedan apoyar las primeras nociones de multiplicación.

Si a un niño que presenta dificultades en la comprensión de un concepto en lugar de trabajar más ese concepto, le explicamos otro aumentaremos su dificultad.

cita1 5 motivos

2. La multiplicación está descontextualizada

En muchas ocasiones “se enseña a multiplicar” comenzando por las tablas de multiplicar. ¡Como si no se pudieran resolver problemas de multiplicación sin conocerlas! A continuación se proponen problemas donde aplicar esas tablas. De esta manera, se presentan las matemáticas como un conjunto de reglas misteriosas (y difíciles) que hay que saber y que nada tienen que ver con la vida real.

También se favorece la idea de que o eres bueno o eres malo en matemáticas ya que si te aprendes las tablas y resuelves problemas en tres minutos es que eres de los elegidos para las matemáticas y en caso contrario, tienes dificultades y no hay nada que hacer salvo intentar llegar al mínimo exigido.

A aprender a multiplicar en Primaria se empieza resolviendo problemas de la vida cotidiana donde es necesario multiplicar.

cita2 5 motivos
3. Los recursos que se les presentan para aprender son siempre iguales

La díada problemas de multiplicar + tablas de multiplicar por escrito es poco atractiva para los niños que tienen dificultades y más aún, es poco productiva para todos los niños y las niñas independientemente de sus resultados. No se aprende a multiplicar resolviendo simplemente problemas-tipo de multiplicación. Aprender una operación es saber aplicarla en diferentes contextos o mejor aún aprender a multiplicar es resolver problemas de diferente índole.

Para mantener el interés y la motivación y llegar a más niños es necesario tener recursos de diferente índole: manipulativos, juegos de mesa, digitales, etc. y trabajar de forma grupal, en parejas, individualmente,…

cita3 5 motivos

4. El ritmo no es el adecuado para el estudiante

Todos admitimos que las personas tenemos diferentes capacidades, intereses o habilidades. Personas muy capaces incluso exitosas en unas áreas no lo son en absoluto en otras. Cada uno de nosotros nace con mayores capacidades para unas tareas y menores para otras sin que eso sea un impedimento de desarrollarse en varios ámbitos. No necesito ser una gran atleta para disfrutar haciendo deporte. Mi cuerpo me permite moverme y si encuentro el nivel adecuado para mis capacidades físicas, el deporte que me gusta y cuento con la suficiente motivación, puedo, dentro de mis características personales, desarrollar mis habilidades físicas y sentirme muy a gusto haciendo deporte. No se trata de llegar a ser campeona de nada, sino de disfrutar aprendiendo y mejorando.

Así debería ser también para los niños y las niñas y no solo con el deporte, la música o el arte sino con las llamadas asignaturas instrumentales como las matemáticas. Deberíamos conocer las capacidades de cada alumno, descubrir sus intereses y respetar su ritmo de aprendizaje para ayudarles a llegar a su máximo desarrollo.

¡No es posible ni deseable que todos aprendan de la misma manera ni al mismo tiempo!

cita4 5 motivos
5. El estudiante está presionado a aprender

La infancia es la época de nuestra vida donde más influencia tienen las opiniones y expectativas de los demás. En especial la opinión (expresada o no) que maestros y padres tenemos de nuestros niños y niñas puede ser un trampolín en su desarrollo o un freno insalvable.

Para aprender, no solo se deben explicar conceptos, poner al alcance de los niños diferentes recursos y situaciones sino que también es básico crear un clima de confianza y de calma. Las prisas para aprender nunca fueran buenas. “Tienes cinco minutos para hacer el problema 5.” “Para mañana hay que saberse las tablas del 6 y del 7.” “El jueves hay examen y saldrán multiplicaciones.”

(+) Cambiemos los contenidos:

“Tienes cinco minutos para resolver […]” (rellenar con un marrón del trabajo)”.

“Para mañana tienes que presentarme un informe del problema […]”

“El jueves hay reunión con los jefes y se hablará del […]” (si la solución propuesta no es buena, repercutirá en la nómina).

¿Cómo te sientes antes estas situaciones?

¿Realmente crees que los niños de 7 u 8 años tienen capacidad para gestionar la presión?

Sé que hay personas que dicen que los niños “tienen que acostumbrarse porque así es la vida”. Pero creo que si estás leyendo este blog es porque consideras que es justo al revés: “los niños tienen que vivir como niños y aprender herramientas que les sirvan para su vida actual. Es la única manera de que les acompañen en su vida adulta”.

cita5 5 motivos

¿Crees que existe algún motivo más? ¿Las dificultades de tu hijo/a (o alumno/a) es producto de alguno de los motivos que he nombrado?

Fuente: aprendiendomatematicas.com

Cómo tener una familia saludable

Fanny Maldonado
Santo Domingo

La formación en valores debe iniciar desde el hogar y ser reforzado en las escuelas por los maestros.

La reorganización de la familia del siglo XXI es una prioridad, por tanto, el orden de Dios debe estar establecido en primer lugar. La familia es la base de la sociedad, orientarla y cuidarla sería el resultado de tener familias saludables y, por ende, libre de violencia intrafamiliar. Todos tenemos la responsabilidad de construir una sociedad sana para salvarla.

Son muchos los casos alarmantes en relación de cómo está la situación en el ámbito social y moral de la familia dominicana. La falta de comunicación dificulta el desarrollo de los valores éticos y morales llevando nuestra sociedad al derrotero, a un camino sin salida. Esto a pesar de los esfuerzos del Estado dominicano y sus colaboradores de las instituciones públicas y privadas.

Hay que asumir retos y desafíos para mantener en control la dignidad y pulcritud de la generación de una familia que espera que sus hijos e hijas pongan su apellido en alto. Para lograr mantener los principios morales de la familia debemos ser padres íntegros, pues los hijos siguen nuestros pasos.

Los hijos son flechas valiosas que debemos saber cómo y dónde lanzamos, pues hay un mundo fuera esperándolos. Estas saetas son nuestras aljabas, las cuales estamos en deber de orientar, educar y conducir por el buen camino para que mañana sean hombres y mujeres con la sabiduría e inteligencia que amerita la sociedad dominicana.

La responsabilidad de educar a los hijos en valores la tienen los padres y madres desde el hogar, y estos valores, a su vez, reflejarlos en la escuela y ser reforzados por los maestros, quienes son figuras imborrables en la conducta del estudiante.

Hoy en día, se vive un rechazo de los hijos hacia los padres y madres de manera casi holística, una resistencia por parte de los menores a la obediencia. Hijos e hijas que se enfrentan a sus padres sin ninguna consideración, incluyendo maltrato físico y verbal. Son varios los factores que convergen en este punto, pero el primordial es la falta de estudio en general, hombres y mujeres con hijos con el mismo diagnóstico, lo que conlleva a una sociedad a delinquir, a malos vicios que los conducen a la violencia.

Podemos mantener el control de nuestra generación y patrimonio familiar si equilibramos estos tres aspectos colocándolos en una canasta: el espiritual, emocional y lo secular en el seno de la familia dominicana, sin hacer excepción a nivel mundial. Hay que remarcar, formar vínculos de confianza, empatía y aceptación entre padres e hijos para salvar la familia, instruir al niño en sus primeros años de vida sobre el amor, específicamente, hablándole del amor de Jesús.

(+)  La familia es una comunidad natural, porque responde a una serie de instintos y sentimientos de la naturaleza humana tales como la tendencia gregaria, la satisfacción del instinto sexual, etc. La familia es fundamental para la procreación, conservando así la especie.

La familia es un grupo social cuyo fundamento está constituido por un conjunto de los más profundos y ocultos sentimientos humanos como el amor, comprensión, cariño, ternura y dedicación. Como influencia formativa, en ella se aprenden los primeros principios, los valores morales y las nociones de la vida.

 

La clave para aprender a leer y a escribir en los niños

Qué es la conciencia fonológica y por qué es importante en el aprendizaje

Algunos niños, al iniciarse en el aprendizaje de la lectoescritura (momento que, por otro lado, empieza a ser cada vez más precoz en el ámbito educativo), encuentran dificultades para denominar las letras, comenzar a hacer las primeras uniones entre ellas, etc.

Estos pequeños demuestran, casi desde las primeras clases, que no consiguen ir al ritmo de los demás. Pero si se detectan dichos problemas tempranamente y se ponen medidas al respecto, en la mayoría de los casos, los niños podrán ‘subirse al carro’ sin demasiados problemas.

Qué es la conciencia fonológica en los niños

Estas dificultades de las que hablamos vienen marcadas, en muchas ocasiones, por una deficiente conciencia fonológica, base para la adquisición de la lectura y la escritura.

La conciencia fonológica consiste en la habilidad para asociar un sonido del lenguaje oral (fonema) a su representación gráfica o escrita (grafema) y comprender, además, que la combinación de estos signos gráficos genera unidades (sílabas) que, a su vez, pueden formar otras más complejas con un significado pleno (palabras). La capacidad para tener este manejo es, como decíamos, clave para el aprendizaje de la lectoescritura.

8 actividades para favorecer la conciencia fonológica en los niños

Las siguientes tareas están dirigidas a que los niños sean capaces de manipular las estructuras modificándolas, sustituyéndolas, omitiéndolas, etc. Todas las propuestas son de modalidad oral y en ellas resultarán útiles también los recursos visuales o manipulables que se quieran emplear.

  1. Listas de palabras: ‘vamos a decir todas las palabras que se nos ocurran que comiencen por la sílaba pa, como por ejemplo: pato’. Esta actividad se puede plantear desde formatos muy diferentes, como el conocido ‘De la Habana ha venido un barco cargado de…’. Esta frase se usa para introducir elementos que empiezan por la sílaba o sonido que el adulto elija.
  2. Calculadora humana: contar cuántas sílabas tiene una palabra o qué número de palabras componen una frase sencilla.
  3. Zampasílabas: descubrir la sílaba que hemos omitido en las palabras que se emiten oralmente, por ejemplo: esca__ras.
  4. Ladrón de sílabas: ahora es el niño quien debe eliminar la sílaba que le pedimos. Ej.: ¿cómo sonaría la palabra ‘ventana’ si quitamos la segunda sílaba?
  5. Deletreo: pedimos al pequeño que adivine a qué palabra corresponden los fonemas que estamos nombrando. Por ejemplo: /s/, /a/, /p/, /o/.
  6. Box de sílabas: al igual que los mecánicos cambian las ruedas a los coches de carreras, el niño deberá sustituir una determinada sílaba en una palabra por otra que ofrezcamos. Ej.: ¿cómo queda la palabra bolsillo si cambiamos la sílaba si por mi?
  7. Fonema/sílaba reincidente: identificar el fonema o la sílaba común a dos palabras distintas. Ejemplo: ¿qué sonido comparten lata y lobo? o ¿qué sílaba hay igual en las palabras completar y cumpleaños?
  8. Palabras encadenadas o Veo-veo: dos clásicos ideales para viajes largos en coche, paseos por la calle, de camino al colegio,…

Estas tareas son divertidas para nuestros peques y, más aún, cuando se les presentan como auténticos juegos. Por ello,  animamos a ponerles títulos atractivos y a mostrar una actitud dinámica que invite a participar. Del mismo modo, no olvides que el refuerzo positivo será fundamental para que los niños se animen y deseen seguir trabajando, pues una palabra cariñosa o de ánimo será la mejor recompensa.

Fuente: Guía Infantil

Cómo despertar el interés y la curiosidad en los niños

Es habitual escuchar a los padres aconsejar a sus hijos, en la puerta de la escuela antes de ingresar, “Presta atención, hazle caso a la maestra”, “Por favor concéntrate”, deseando que está vez el niño le haga caso y no genere problemas.

También se escucha a los maestros y profesores en las aulas, exigir: “¡Presten atención!”, “¡Por favor, silencio y escuchen!”, “¡¡Sentados!!”, o pedidos similares.

La atención no se pide, el silencio no se exige, la concentración no se fuerza. Son estados anímicos que se generan, se ganan, se conquistan. Si un niño tiene curiosidad, si le gusta lo que mira y le llama “la atención”, lo querrá aprender, y naturalmente, va a disponerse a escuchar en silencio, con atención y concentración.

La atención es un resultado de un proceso, de un clima del espacio en donde están niños, educadores y lo que se quiere enseñar.

Por supuesto que un maestro puede pedir y exigir respeto; también es correcto que un padre le recuerde al niño que debe ser considerado, hacer caso, prestar atención. Pero, si esto se reclama verbalmente desde afuera, el niño solo lo percibirá como un deber impuesto.

Si no hay una motivación, algo que lo toque anímicamente, no surgirá el compromiso desde adentro; a lo sumo, el niño se mostrará obediente y en aparente atención, para no recibir un castigo posterior.

¿Cómo despertar la curiosidad?

La neuroeducación es la ciencia que estudia el funcionamiento del cerebro, y aporta conocimientos para ayudar, a niños y sus educadores, en su proceso de aprendizaje y enseñanza.

La neuroeducación ha demostrado que desde la anatomía y funcionalidad del cerebro, la emoción y la razón están ligadas. Es decir, que no se puede aprender algo, si no se siente nada por ello. A lo sumo, algo puede ser memorizado abstractamente, pero si esto no tocó emocionalmente nada dentro del alumno, lo olvidará en el tiempo.

Dicho desde un lugar científico, toda información sensorial, aquello que entra por el oído, vista, olfato, tacto, gusto, antes de ser procesada por la corteza cerebral (áreas del cerebro destinadas a los procesos mentales y cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un sentido emocional: un gusto, placer, una relación con algo propio, simpatía.

Una vez que el cerebro límbico aceptó gustoso el ingreso de la información, permitirá su paso a la corteza cerebral, la cual admite el aprendizaje desde la razón.

En otras palabras, la información llega desde afuera, golpea las puertas de las emociones. Si estas se despiertan, el niño se entusiasma, siente alegría, placer por lo que escucha, ve, toca.

Si el niño se entusiasma, se interesa. Si el niño se interesa, está listo para aprender, memorizar, fijar ideas y conceptos de forma natural y no forzada.

Seguramente ustedes recordarán, en su infancia, aquel profesor o pedagogo que los llevó a dar un paseo y les enseñó sobre el ecosistema; o cuando hicieron un experimento y se sintieron tan entusiasmados que nunca olvidaron su resultado. Seguramente también recuerdan aquel maestro apasionado, que los hacía reír, los hacía sentir, y sus clases eran maravillosas, y maravillosas eras las notas de las evaluaciones, ¡y no les costaba estudiar y aprender!

Ese maestro les hizo sentir y amar lo que les quería enseñar.

Lo que enciende el aprendizaje es la emoción, que despierta curiosidad y, luego, la atención. Insisto, la atención no se puede producir simplemente demandándola, exigiéndola; menos aún, la curiosidad. Hay que despertarlas desde dentro del que aprende.

La neurociencia demuestra que es más sencillo y fácil aprender, prestar atención, despertar la curiosidad, si aquello que me quieren enseñar, me toca por adentro, me hace sentir, me despierta amor.

Cuando el amor se hace presente, los ojos de los niños brillan repletos de curiosidad y alegría, y eso es el combustible que los impulsa a aprender.

Por supuesto, sepan que puede haber otros factores afectando el cerebro del niño, e imposibilitando un proceso de aprendizaje saludable. Las horas de sueño y descanso, mala alimentación, excesivas horas frente a una pantalla, vivencias estresantes en la familia, son algunas de ellas.

Un buen docente, un docente capacitado, emocionalmente comprometido con lo que hace, con vocación y dedicación, puede estar dando todo, pero se empieza en la casa. Si el niño no descansa bien, las horas que necesita, no come saludablemente, pasa sus horas libres delante de la pantalla, o sufre situaciones de estrés en su hogar, no estará disponible para aprender, para razonar, para prestar atención.

Entre padres, maestros y terapeutas compartimos un compromiso. Si entre todos somos conscientes y amamos lo que damos, el niño naturalmente crecerá, y  aprenderá.

Por último, recordemos que no solo somos seres emocionales y racionales. Esto, está recubierto y permeado por un Espíritu. Somos seres espirituales, emocionales y racionales, en un cuerpo físico. Estos cuatro pilares nos conforman, nos abarcan, y necesitan de buenas experiencias para evolucionar desde el amor y la alegría.

Claves para que los niños salgan del estado de pereza

Sacar a los niños del estado de pereza no es muy complicado si se logra determinar la razón de su comportamiento.  Se trata de poner rutinas para que aprendan a ganarse las cosas, además de motivarles y reconocer sus esfuerzos cuando hacen las cosas solas. Se les debe enseñar a los niños a esforzarse, a ser responsables y a obtener una satisfacción por ello.

Explica la psicóloga Catina Furlan que “un niño con pereza lo que muestra es falta de interés, de energía o de voluntad para hacer las actividades. Este desinterés se puede trasladar al momento de jugar, hacer tareas en el hogar. Esto se puede deber a falta de interés, autonomía, motivación, ausencia de una rutina estructurada o falta de autoestima. También puede ser producto de los padres que tendemos a hacerles todo y los niños no requieren de esforzarse en conseguir las cosas”

La psicóloga presenta 7 claves para motivar a los niños perezosos:

  1. Invitarlos a que ayuden a poner la mesa, recoger platos, arreglar cama.
  2. Motivarlos y hacerles ver que valoramos lo que hacen.
  3. Elogiar esfuerzos.
  4. Asignar responsabilidades: darle comida a mascota, botar la basura, regar plantas.
  5. Marcarle los tiempos para las actividades.
  6. Ser constantes en estas exigencias.
  7. Se les puede hacer horario visible de lo que deben hacer y recompensarlos al final.

Fuente: ojodeltiempo.com

Ciara Molina: «La mejor manera de aprender algo es… Enseñándolo»

«Enseñar, educar, transmitir, como lo queramos llamar, parte de un principio de responsabilidad, complementación, cooperación y amor que debe estar en equilibrio», asegura la psicóloga Ciara Molina, experta en inteligencia emocional. Desde esa premisa, ha creado el proyecto @EducoEmocion, con el que pretende ayudar a padres y profesores que quieran educar emocionalmente a sus hijos o alumnos. Para ella, la actitud con la que nos enfrentemos a tal proceso determinará los resultados, tanto en nosotros mismos como en nuestros hijos y/o alumnos. «Si mientras nos formamos como educadores nos vemos como maestros activos y no como estudiantes pasivos, aumentarán notablemente nuestras ganas de aprender», asegura.

La enseñanza, prosigue Molina, «es una cadena, la primera persona enseña, la segunda captura, entiende, evalúa para encontrar sentido a lo expuesto, piensa en su aplicación práctica y, del valor que obtiene, enseña a una tercera persona. Tras la tercera persona se inicia de nuevo el proceso. Resulta altamente, interesante, entonces, pararnos a observar cómo estamos transmitiendo la información a nuestros menores y valorar si realmente están adquiriendo los conocimientos y habilidades necesarios para que, con su propia actitud proactiva, creen la vida que desean. Encontrar el sentido a sus vidas es lo que les hará crecer y desarrollarse sintiéndose felices y realizados».

Cuando enseñamos, continua esta psicóloga, «aumenta significativamente la probabilidad de aplicación, es decir llevar a cabo aquello que he aprendido. Por tanto, en el aprendizaje lo más importante viene del hacer. La comprensión de lo que aprendemos nos puede aportar una mayor capacidad intelectual, pero lo que realmente concretará lo aprendido será la aplicación práctica de esas ideas adquiridas». A su juicio, «debemos dejar que nuestros hijos/as y/o alumnos/as experimenten, creen, prueben, hagan, deshagan.. no hay nada mejor para forjarse una idea concreta de sí mismos y de los demás. Ésta será la base sobre la que se formará su confianza y confiabilidad».

No escuchar, el principal obstáculo

El principal obstáculo, advierte, lo encontramos en el campo de la comunicación, «y es que no escuchamos. Tenemos la mala costumbre de empezar a evaluar el discurso del otro sin escuchar lo que nos está queriendo decir. Escuchamos para contestar, pero no para entender». Una enseñanza basada en una actitud positiva, asegura, «va acompañada de acción, y en la aplicación práctica de lo que hemos aprendido, favorece enormemente la comunicación empática con los chicos. Si les capacitamos para capturar el aprendizaje que se les está dando antes de juzgarlo, conseguiremos que escuchen el propósito, los puntos principales del discurso, cómo validar cada uno de esos puntos, para poder así aplicarlos y luego valorar lo que les aporta a ellos mismos y a los demás».

Cuando todas estas cosas suceden, concluye Molina, «la relación que conseguimos con ellos es mucho más profunda y sólida, ya que parte de principios como la autenticidad, el concepto de uno mismo, la emotividad, la empatía, la expresión de los sentimientos y la creatividad: clave de la “Educación Emocional” que este proyecto quieren transmitir».

Fuente: abc.es

La resiliencia ofrece a los niños las herramientas para afrontar los retos de la adolescencia

Según la autora Ana Roa, no es posible proteger a los hijos de todos sus altibajos, pero sí criarles con la capacidad de hacer frente a las adversidades y transformarlas en experiencias positivas.

Cada vez más, la palabra resiliencia ocupa un lugar importante en muchas conversaciones de empresarios, docentes, padres… Se trata de la capacidad que tiene el ser humano para afrontar las dificultades, los problemas y adversidades que le plantea la vida.

En su último libro, «Educación, ¿talla única?», Ana Roa, pedagoga, profesora y especialista en Educación Infantil, asegura que no es posible proteger a los niños de los altibajos que puedan surgir en cualquier momento, pero sí criarles con esta capacidad de hacer frente a las adversidades para transformarlas en experiencias positivas. «La resiliencia le proporcionará a los pequeños las herramientas necesarias para responder a los retos de la adolescencia y del inicio de la etapa adulta y así vivir de manera satisfactoria y plena a lo largo de la vida adulta».

Añade que «la fortaleza emocional o del corazón implica generar emociones positivas, niveles altos de optimismo y gestionar las emociones negativas. Un componente básico de la resiliencia es “creer en uno mismo”, confiar en nuestras fortalezas para afrontar los desafíos. Es muy importante porque potencia la motivación, calma la ansiedad y regula el estrés. Además, ayuda a los niños a darse cuenta de cómo se sienten y expresarlo de forma adecuada, les enseña a conectarse con sus emociones, sus capacidades, sus intereses, sus posibilidades y sus recursos y, sobre todo, a mantener el ánimo y el optimismo frente a la adversidad».

Para lograr este objetivo, la autora ofrece una serie de consejos que, siguiendo las pautas de la Asociación Americana de Psicología, ayudarán a reforzar la resiliencia dentro de la familia:

—Establecer relaciones: enseñar a los hijos a hacer amigos, la capacidad de sentir empatía o el dolor del otro. Se debe desarrollar una red familiar fuerte para respaldar a los hijos ante las desilusiones y heridas inevitables.

—Ayudar a los hijos inculcando que ayuden a otros. Se debe animarles a realizar trabajos voluntarios apropiados a su edad, o pedirles ayuda con alguna tarea que ellos puedan realizar.

—Mantener una rutina diaria. Respetar una rutina puede ser reconfortante para los niños. Hay que motivarles a que desarrollen las suyas propias.

—Tomarse un descanso. Preocuparse constantemente puede resultar contraproducente. Se debe enseñar a los niños cómo concentrarse en algo distinto a lo que les preocupa.

—Saber cuidarse de sí mismo. La importancia de darse tiempo para comer como es debido, hacer ejercicio, descansar…

—Avanzar hacia sus metas. Enseñar a nuestros hijos metas razonables y después avanzar para alcanzarlas.

—Alimentar una autoestima positiva. Los desafíos pasados ayudan a desarrollar la fortaleza para manejar desafíos futuros. Hay que enseñarles a tomar la vida con humor y la capacidad de reirse de sí mismos.

—Mantener las cosas en perspectiva y con una actitud positiva. De esta forma se darán cuenta de las cosas buenas de la vida, lo que les ayudará a seguir adelante en los momentos más difíciles.

—Buscar oportunidades para el autodescubrimiento. Los peores momentos son en muchas ocasiones los mejores instantes para que aprendan más sobre sí mismos.

—Aceptar que el cambio es parte de la vida. Ayudar a los hijos a ver que el cambio forma parte de la vida y que se puede reemplazar con nuevas metas.

Fuente: abc.es

Así apareció la rueda por primera vez en la historia

La rueda está considerada uno de los mejores inventos de la humanidad. De hecho,es casi imposible imaginarse el mundo sin ella. Pero, ¿qué sabemos de ella? La Real Academia Española de la lengua la define así:

1. f. Pieza mecánica en forma de disco que gira alrededor de un eje.

La más antigua de la que se había encontrado evidencia era la que usaban los ceramistas en la antigua Mesopotamia por los años 3.500 a.C.

Según estos datos, la rueda es un invento bastante reciente, y digo esto porque por aquel entonces llevábamos miles de años cultivando y habíamos creado grandes sistemas económicos, religiosos, sociales y grandes sociedades complejas. Pero, ¿por qué tardó tanto en aparecer la rueda? La mayoría de los expertos coinciden en que se debe a que en la naturaleza no encontramos ruedas; es por ello por lo que se considera uno de los grandes inventos del ser humano.

Las primeras ruedas se usaron para la cerámica, eran los conocidos tornos que se movían con las manos o los pies de los alfareros.

No tardaron mucho en utilizar los tornos de los alfareros como volante de inercia, de manera que la energía que se acumulaba al trabajar la masa en el torno era apoyada por una piedra para acelerar el proceso. Pero aún faltaban años para poder mejorar esa idea y terminar extrapolándola a un vehículo.

El siguiente paso era dejar las ruedas lo más lisas posible para que pudieran rotar sin fricción. Además, el eje tenía que ajustarse bien para evitar que las ruedas se tambalearan. Otras de las cosas a tener en cuenta era el tamaño del eje: no podía ser muy grueso porque generaba mucha fricción, ni muy delgado ya que se partía.

El primer vehículo estaba preparado para transportar cargas pesadas en apenas un metro de ancho. El sistema era tan delicado que los expertos señalan que la estructura se hizo toda de una vez, sin fases. No sabemos (ni sabremos) quién la hizo por primera vez, pero lo que sí tienen claro los arqueólogos es que se comenzó a usar en Eurasia y Oriente Medio.

La fecha de aparición de la primera rueda se basa en evidencias arqueológicas que datan del año 3400 a.C., con imágenes bidimensionales de carrozas y carretas, modelos tridimensionales de carretas y partes de ruedas y ejes de madera preservados. En concreto, las imágenes decoran un recipiente de cerámica que data del año 3500-3350 a.C. y que proviene de la cultura Trichterbecker, situada en la zona de Polonia, Alemania oriental y el sur de Dinamarca. Las imágenes encontradas en la zona europea se juegan el título de cuna de la rueda con la antigua Mesopotamia, ubicada en la región de Irak.

Fuente: muhimu.es

 

«Los niños tienen que saber aprender del fracaso»

¿El fracaso puede ser valioso? ¿Qué importancia tiene para el aprendizaje? ¿Es una herramienta necesaria y útil para el desarrollo de los estudiantes o es algo de lo que debamos protegerles? «Claramente, nuestra cultura penaliza el fracaso en todos los ámbitos, no solo en el educativo, y conviene preguntarse si esto debería ser así», apunta Ignacio Martín Maruri, profesor de Liderazgo y Transformación Organizacional de la Universidad Adolfo Ibáñez, de Chile, en el marco de las conferencias «La Educación que queremos», organizadas por la Fundación Botín y con las que se busca consolidar un espacio para pensar entre todos en la educación.

Tras una primera cita en 2016, donde se pusieron en valor la figura del profesor, del alumno y de su entorno, y algunos de los contenidos que pueden formar parte de «La Educación que queremos», este año siguen trabajando con otros valiosos ingredientes como el arte, la curiosidad, el silencio y el entusiasmo, entre otros.

— ¿Cuál es su enfoque del fracaso, y la razón por la cual versó sobre este tema la charla que ofreció durante el ciclo de conferencias «La Educación que queremos»?

—Hay dos situaciones que creo que son muy distintas. Cuando estás en un mundo predecible, controlable, cierto, donde hay una serie de mecanismos para hacer las cosas, si fracasas es porque probablemente has hecho algo mal. Es decir, en un mundo conocido, el fracaso es probablemente indicador de algún tipo de incompetencia o de falta de virtud ética. Esto hace que el fracaso se acabe personalizando. Es decir en ese mundo conocido, si uno fracasa, es porque no hizo lo que debía, porque no quiso, no supo, o no pudo. En cualquier caso hay una relación entre fracaso o fallo personal y esa es la estigmatización que surge del fracaso. Que el que fracasa es un fracasado.

Pero si vamos a un mundo dinámico, complejo e incierto como el que vivimos hoy en día, hay muchos factores que pueden llevar a que una persona con su mejor actitud y con todo el conocimiento disponible a su alcance, fracase. En este caso, el fracaso no es por un tema personal, sino que tiene que ver con la complejidad, el dinamismo, la incertidumbre.

Es decir, en este nuevo mundo en el que vivimos hoy en día, uno fracasa por muchas causas que no necesariamente son aptitudinales o de competencias de la persona. Y eso abre la posibilidad de preguntarnos qué cosa estamos haciendo aquí que ha generado un resultado inesperado y no deseado. Es decir, qué podemos aprender.

Como estamos cada vez más en un mundo complejo y dinámico, donde la cantidad de factores que inciden en los resultados son múltiples, tenemos que abandonar esa idea de que el fracaso es algo de la persona.

— ¿Cómo trasladamos esto al mundo educativo?

—Entender esta diferencia entre enseñar para un mundo conocido (que es la educación tradicional o de toda la vida), que implica que «ante el problema X aplíquese la solución Y para llegar al resultado conocido Z»… O empezar a abrir la educación a modelos de aprendizaje donde los chicos vayan descubriendo y siendo capaces de sintetizar, analizar, y conectar situaciones dinámicas complejas.

En ese aprendizaje se van a tener necesariamente fracasos, que simplemente serán indicadores de algo nuevo que hay que investigar. Es decir, generar espacios de experimentación y de aprendizaje sobre la experimentación. Porque experimentar y fracasar son dos conceptos que están muy ligados. Hay que entender que la educación en un mundo conocido podría considerarse incluso obsoleta, o no suficiente, cuando los chicos van a vivir en un mundo cada vez más dinámico, incierto y complejo.

—Nuestra cultura penaliza el fracaso en todos los ámbitos, no solo en el educativo, y conviene, como usted señala, preguntarse si esto debería ser así. ¿Podríamos poner de ejemplo la visión norteamericana del fracaso?

—Más que en Estados Unidos, estaríamos hablando de Silicón Valley (California), o de los espacios donde se está generando ese mundo en el que vamos a vivir. En esos espacios sí que hay una conciencia de la importancia del aprendizaje del fracaso. Más que del país, de las industrias o de los sectores pioneros… Ellos ven el fracaso con otra mirada. Casualmente son los que entienden que uno hace camino al andar en el mundo de la innovación. Y al hacer camino al andar también tropiezan, pero lo único que hacen es aprender. Están abriendo nuevos senderos.

— ¿Qué cosas podemos decir que se aprenden del fracaso?

—Por un lado, que hay algo que no se conocía, que no se ha tenido en cuenta y que ha incidido inesperadamente en el resultado. Por tanto, que hay un ámbito de desarrollo de conocimiento y habilidades. Además de eso, uno aprende humildad, donde tiene cada cual sus límites. Eso lleva a una mayor capacidad de empatía y de aceptación por la diversidad. Porque cuanto más humilde y menos poseedor de la verdad me siento, más dispuesto estoy a escuchar la opinión de otros. También aprendo la resiliencia, aprendo a levantarme cuando me caigo. Y a reconocer lo que se tiene. Muchas veces, hasta que no fracasamos, no nos damos cuenta de lo que tenemos. Son muchos otros ámbitos, aparte del aprendizaje del conocimiento o del desarrollo de una habilidad.

—Los niños, los estudiantes, ¿tienen que aprender a perder?

—Por supuesto, hay que aprender a perder y experimentar del fracaso para aprender de este. Un profesor mío me dijo: «Nadie aprende del éxito, solo se aprende del fracaso». Porque el éxito solo demuestra que ya sabes. Por lo tanto, no hay nada que aprender. Una persona que solo busca el éxito, es una persona que no tiene voluntad de aprendizaje.

— ¿Qué entorno posibilita el aprendizaje del fracaso?

—Un entorno donde, primero, el fracaso no sea una estigmatización personal, sino que se entienda que hay múltiples factores que pueden llevar al fracaso. También un espacio donde se ofrezca seguridad psicológica, donde las personas no tengan miedo a equivocarse, a dudar, o a tener perspectivas distintas, porque saben que en su entorno eso será aceptado y no penalizado. Y tercero, es un entorno que exige o motiva a ir más allá del ámbito conocido. Donde tienes ámbitos nuevos, posibilidades de fracasar y aprender porque es nuevo. Esos tres factores son los que hay que promover.

— ¿Y los actores implicados?

—Desde los padres a los profesores, pasando por el ministerio. El debate educativo se divide entre promover la exigencia o promover la seguridad. Es decir, una reforma educativa va por un lado, y la siguiente va por otro. Y esto no es una dicotomía entre uno y otro, los dos son elementos necesarios para el aprendizaje y ninguno de los dos es suficiente por sí mismo. Es decir, si yo me quedo solo en la exigencia genero angustia y ansiedad, si me voy solo a la protección, genero pasotismo. Solo la exigencia en un entorno seguro me lleva a un espacio de aprendizaje.

— ¿Hay algún país donde se haga bien?

—En este sentido hay otros países más avanzados, pero también sé que hay colegios en España que están generando estas nuevas visiones del aprendizaje. Colegios que buscan crear espacios de aprendizaje, más que de profesores que enseñan. Hay muchas iniciativas sobre las que se está experimentando, algunas fracasarán probablemente, pero así aprenderemos cuál es la pedagogía que necesitamos para el siglo XXI, que no es la que tenemos ahora, que es del siglo XX.

Fuente: abc.es

Prácticas cuestionables en infantes de 0 a 3 años

Muchas de las prácticas que se realizan en la etapa de los 0 a  3 años de edad, en el primer ciclo de educación infantil, son cuestionables si tenemos en cuenta las necesidades de los niños, el desarrollo de estos, las investigaciones actuales y la ley educativa.

Que “algo se haya hecho siempre” no significa que esté bien hecho, por eso en este artículo voy a analizar diferentes prácticas que se llevan a cabo de forma habitual en algunos centros del primer ciclo de educación infantil y que sería conveniente reflexionar por qué se hacen y analizarlas con un sentido crítico.

Nadie puede negar que los adultos tienen diferentes necesidades, intereses, posibilidades y que no todos son iguales; pero al referirnos a los niños se nos olvida que todos son diferentes, que cada niño tiene unas necesidades únicas, que los ritmos de cada niño son los suyos y que tener una misma edad cronológica no significa que necesite las mismas actividades y en el mismo momento que otros niños que tienen esa edad.

Podríamos llegar a pensar que es la ley del primer ciclo de educación Infantil la que nos dice que hay que llevar a cabo estas prácticas, pero cuando recurrimos a ley descubrimos que esta, habla de tener en cuenta la individualidad de cada niño, de crear rincones con materiales diversos que posibiliten la elección de la actividad por parte del niño, de la utilización de materiales diversos para favorecer el descubrimiento y permitir la observación, la simbolización y la representación y que establece el juego como el principal recurso metodológico.

El juego

El juego es un derecho de la infancia, no es ninguna pérdida de tiempo ni una alternativa para el tiempo que sobra al realizar otras actividades. Los niños aprenden jugando cuando el juego es libre, cuando los niños pueden elegir a qué jugar, cómo y durante cuánto tiempo, cuando se implican emocionalmente. Durante el juego libre, el rol del adulto cambia, ya no dirige el juego, ya no elige a qué jugar, sino que les da la seguridad emocional, los observa mientras juegan para conocerlos y así poder ofrecer la respuesta adecuada a cada uno. Debemos devolver al juego el valor y el respeto que se merece. Vaciar una caja de construcciones en medio de una sala para que todos los niños jueguen a lo mismo y en el mismo momento y de la forma que dice el adulto no es jugar.

 El movimiento

Los niños hasta los 2 años se encuentran en una etapa sensoriomotora esto quiere decir que desarrollan su inteligencia a través del movimiento y de las experiencias sensoriales. El movimiento no debemos de entenderlo como el desarrollo de unos músculos cuyo fin es ponerse de pie y andar, sino que el movimiento va de la mano del desarrollo del cerebro y por lo tanto del aprendizaje. Hoy en día tenemos datos para poder afirmar que muchas dificultades de aprendizaje se deben a no haber experimentado lo suficiente durante la fase del suelo, de ahí, la importancia de no forzar a los niños a adoptar posturas que no llegan por sí mismos, de no adelantar etapas o de no utilizar aparatos que les obliguen a estar en posturas que no lleguen por sí mismos (taca tacas, parques, cojines, saltadores, asientos…)  El movimiento debe de partir del deseo del niño y es lo que le permitirá explorar y por lo tanto aprender.

El apego

Formar un vínculo con un adulto es vital para el bebé, le garantiza su supervivencia y el niño se siente protegido. Hubo una época en la que se creía que si el niño recibía contacto y se satisfacían sus necesidades afectivas, se convertiría en un ser dependiente, por lo que habría que marcarle unas horas rígidas para dormir, unas horas para para las tomas y debería haber el mínimo contacto posible. Hoy en día sabemos lo equivocadas que son esas técnicas y cómo han perjudicado al desarrollo de los bebés; en cambio hay profesionales no actualizados que siguen creyendo que son adecuadas y por lo tanto no cogen a los bebés, no los tocan, recomiendan dejar al bebé llorando para que se “acostumbre” a estar en un centro infantil, incluso la alimentación se ofrece “a distancia” creyendo que de esta forma conseguirán niños independientes. Lo que nos demuestra toda la investigación sobre el desarrollo del niño hasta hoy, es justo lo contrario, que el niño necesita una persona que le ofrezca seguridad, cariño, que responda a todas sus necesidades, necesita que lo toquen… para después ser una persona segura, que pueda explorar, que pueda aprender y que sea autónoma.

Actividades artísticas

El dibujo es un medio de expresión como lo es el lenguaje, el juego… si es un medio de expresión debería de estar disponible para los niños en todo momento y  esta expresión debería de ser libre. Pero suele ser habitual que este tipo de actividades estén dirigidas por el adulto y que persigan unos objetivos y unas necesidades adultas. Cuando el adulto organiza manualidades o murales con los niños ¿de verdad tiene en cuenta las necesidades de los niños o tiene en cuenta las necesidades del adulto?, ¿es una necesidad de los niños hacer un mural?,  ¿se está dando importancia al proceso o al producto?, ¿estamos teniendo en cuenta que los niños disfruten o que el mural quede bien acabado?,  ¿qué le aporta a los niños este tipo de actividades?, ¿se obliga a que todos participen aunque no quieran?…

Las actividades dirigidas

El niño pequeño necesita moverse, la neurociencia ha demostrado que el cerebro aprende lo que le causa emoción. Los niños pequeño no vivencian conceptos a través de una ficha, sino que necesitan estar en contacto con la realidad y con los objetos reales. Al utilizar este tipo de actividades tampoco tenemos en cuenta la individualidad de los niños, los intereses, los ritmos, las necesidades… porque ofrecemos a todos lo mismo y en el mismo momento teniendo como referencia únicamente una edad cronológica.

Que algo “se haya hecho siempre” o que “se haga en casi todos los sitios” no significa que esté bien hecho ni que se ajuste al desarrollo del niño. Los primeros años de vida son unos años básicos en los que se asientan las bases de todos los aprendizajes posteriores. Deberíamos de reflexionar más sobre lo que ofrecemos a los niños en durante esta etapa.

Fuente: educapeques.com

10 mitos populares que la ciencia ha desmentido

Existen muchas creencias populares que son falsas. Están extendidas entre la sociedad como verdades que conocemos desde niños, pero la ciencia ha terminado por desmentirlas.

1. El jabón de manos no mata a los gérmenes

Lo que en realidad se consigue con el proceso de lavado de manos es crear una masa en la que se quedan atrapadas escamas de piel y grasa que contienen bacterias y que se adhieren a la pastilla de jabón. ¡Por eso es muy importante enjuagar el jabón después de haberse lavado las manos, para que quede limpio!

2. Tras afeitarse, el pelo no vuelve a crecer más grueso

Lo que ocurre en realidad es que el vello es más ancho en su base y crece estrechándose. Al cortar el pelo se elimina la parte más delgada, por lo que se queda sobre la piel la base del vello. Por eso parece que el “nuevo pelo” que ha salido es más grueso.

3. Las papilas gustativas no están distribuidas en distintas zonas de la lengua

Cada área de este órgano es capaz de distinguir todos los gustos y sabores. Este mito surgió de la traducción incorrecta de un artículo y está muy extendido en la cultura popular.

4. Las verrugas no se contagian

No te preocupes si tocas un sapo o un perro con verrugas, estas no son contagiosas para nosotros. Las verrugas que nos pueden aparecer a los seres humanos están causadas por el virus del papiloma humano.

5. Por mucho que se fuerce la mirada desviando los ojos, no se sufre estrabismo

Aunque de pequeños quizás nos dijeron que no jugáramos con la vista cruzando la mirada o moviendo los iris a la fuerza porque podíamos quedarnos estrábicos, es falso. El estrabismo es la mala alineación de los ojos y es congénito.

6. No se pierde visión por forzar la vista en ambientes oscuros

Los efectos de leer a oscuras no son persistentes y, aunque puede causar dolor de cabeza, cansancio visual o visión borrosa, en ningún caso son dolencias permanentes. Aun así, siempre es mejor leer con buena iluminación.

7. Los dientes blancos no son necesariamente más sanos

En realidad, el color natural de los dientes es azulado translúcido, lo que permite que el color amarillento de la dentina se refleje a través del esmalte.

8. Se puede hacer ejercicio después de comer

Tenemos sangre suficiente como para levantar peso con nuestros brazos o mover las piernas después de comer, aunque sí es cierto que parte de la sangre se concentra en el trabajo digestivo. ¡No te vas a ahogar por falta de fuerza en los brazos!

9. El microondas no provoca cáncer

¡Y tampoco hace radioactivos a los alimentos! La cantidad de radiación que puede filtrar un microondas está muy por debajo de la cantidad que puede afectar a los humanos. Los ordenadores, el wifi o tu propio móvil emiten más radiación que el microondas.

10. Orinar sobre la picadura de una medusa no ayuda para nada

Este mito del que todos han oído hablar es completamente falso. Para empezar, las medusas no “pican” ni “muerden”. Ese picor que sentimos se produce porque los tentáculos de la medusa han entrado en contacto con nuestra piel, dejándonos de regalo un poco de su veneno que, de hecho, puede empeorar si le vertemos ácido úrico. ¡Lo mejor es limpiar la herida y aplicarle frío con hielo!

Queda demostrado que no debemos tomar por bueno todo lo que creemos saber de toda la vida. Allí donde tradicionalmente los rumores se han convertido en verdades, la ciencia ha acudido para arrojar luz y desmentir los mitos.

Fuente: muhimu.es