Conoce el Síndrome del juego inacabado y cómo afecta a los niños

El juego es parte esencial en el crecimiento infantil, pero el exceso de estímulos puede provocar lo contrario.

Todos los niños adoran recibir juguetes y jugar, pero cuando esto ya es un exceso, lo que es muy común actualmente, ya no resulta tan provechoso. Cada vez más niños reciben regalos, los abren, juegan un rato y después terminan junto con muchos juguetes más ¡arrumbados!

El síndrome del juego inacabado se da cuando los niños son incapaces de disfrutar y jugar con un juguete o centrarse en una sóla tarea. Demasiados juguetes pone en peligro la capacidad de asombro e ilusión que tanto necesitan los niños para aprender.

Este síndrome se da por varias razones como tener demasiados juguetes, tener juguetes que lo hacen todo y no tener un área de juegos.

Para evitarlo los expertos recomiendan no comprarles todo lo que nos pidan,organizar el lugar de juegos, jugar más con nuestros hijos, guardar los juguetes que sobran, seleccionar los mejores según su edad.

Fuente: padresehijos.com.mx

3 pautas para crear un buen hábito de estudio en los niños

“Lo que más me cuesta es ponerme a estudiar, después, cuando empiezo, ya no me resulta difícil hacerlo” Esta es una de las frases que he escuchado a menudo a los niños y adolescentes, cuando hablamos de la importancia de estudiar cada día.  Y es que crear un hábito de estudio en los niños supone establecer una garantía de éxito en la formación de nuestros hijos.

Un éxito que debe contener dos aspectos igualmente importantes: por un lado, el progreso en el aprendizaje y por el otro, unos buenos resultados en las calificaciones, siendo ambos imprescindibles para considerar que nuestro hijo progresa en su formación.

Por qué debemos crear un buen hábito de estudio en los niños

¿Cuál es la base que sustenta este progreso? Por una parte es el trabajo diario, que incluye el esfuerzo del niño, y por otro, el gusto por el aprendizaje que debe estar presente en toda su formación. En el fomento de ambos aspectos, los padres tenemos un importante papel.

Nuestra función educativa en el estudio incluye: animarle cuando lo necesite, establecer límites sobre lo que es beneficioso (por ejemplo, estudiar en silencio) y aquello que no lo es (por ejemplo, no es recomendable estudiar de noche); y también incluirá ayudarle a solucionar las dificultades. A todos estos aspectos suele enfrentarse cada padre y madre, cuando trata los aspectos formativos de su hijo o hija.

El recurso básico que garantiza el éxito al abordar toda esta labor educativa en el estudio es precisamente establecer una disciplina de trabajo, un hábito de estudio que nuestro hijo lleve a cabo con gusto y motivación. Este hábito le va a evitar los “atracones finales” para estudiar un examen o los despistes, así como le permitirá fijar los conocimientos del curso como un aprendizaje de base para su vida académica.

3 claves para lograr el éxito en el estudio de los niños

Estas tres pautas nos ayudarán a crear un buen hábito de estudio en los niños:

  1. Crear una rutina diaria 

Consiste en establecer una inercia de trabajo que el niño llevará a cabo durante la semana y que vamos a incorporar a la dinámica habitual familiar.

Decidimos con él o ella lo que haremos por la tarde. Dependiendo de su edad, a partir de los 6 años en que empieza la Educación Primaria, establecemos el tiempo que va a dedicar al estudio. Cuanto más fijo sea este tiempo, mucho mejor para que el niño cree el hábito. Así, por ejemplo, como pauta estándar, podemos establecer que empieza a estudiar después de merendar. Cuando el niño llegue al colegio cada día con sus deberes realizados y vea la forma en que su profesor aprecia su trabajo con una buena nota o con un comentario favorable, irá viendo el valor de esta pauta y él mismo se animará a seguir manteniéndola.

Generalmente una rutina realizada durante tres semanas suele establecerse como hábito de manera natural en el niño.  Por tanto, es importante que nosotros facilitemos en la medida de lo posible que esa rutina no se vea alterada a menudo.

  1. Establecer un lugar fijo para estudiar

Con su acuerdo, preparamos un lugar en el que nuestro hijo se sienta a gusto y libre de distracciones: un espacio en su habitación o un espacio de la casa que será destinado para este fin. En cualquier caso, será un lugar donde pueda colocar y organizar sus libros junto con el material escolar para tenerlo todo a mano. Saber que tiene este lugar fijo, le facilita ponerse a estudiar y a la vez le genera una sensación agradable de organización.

  1. Valorar el trabajo de nuestro hijo 

La valoración y aprecio del esfuerzo continuado que nosotros le demos por el trabajo que ha hecho, va a facilitar que él continúe llevándolo a cabo. Una sencilla y sincera frase como “Has hecho todas las tareas y el repaso, ahora puedes irte a jugar” acompañado de una expresión de satisfacción, ayudará a que al día siguiente nuestro hijo se siente de nuevo a la hora establecida para hacerlos.

Por último, recordemos que facilitar que el niño desarrolle este hábito está generando a largo plazo que establezca la capacidad de concentración y de constancia que va a necesitar a lo largo de todo su vida para conseguir cualquier meta que merezca la pena.

Fuente: GuiaInfantil.com

La literatura en el fomento de valores

Minerva González Germosén

Para desarrollar valores a través de la literatura se requiere amar la lectura y para tal cosa, fomentar su hábito es lo principal. Especialistas, sugieren que lo idóneo es iniciar los primeros estímulos durante la etapa prenatal.

La literatura como arte de la expresión que se vale del uso estético de la palabra para provocar placer, despertar emociones, hacer volar la imaginación y transportar a otros mundos inimaginables (Díaz Pimentel, 2012), puede ser el medio para fomentar valores en las personas. Sin embargo, para esto, se requiere estimular la lectura desde la primera etapa de concepción del bebé.

Leer permite la construcción de mundos imaginarios que posibilitan la cimentación de peldaños hacia moradas ideales. La fabricación de héroes para alcanzar utopías y destruir villanos que impiden llegar a metas anheladas.  Asimismo, la lectura es como  un volcán en erupción en el fortalecimiento de la imaginación del lector.

En el mundo real, la literatura construye la trayectoria de la madurez lingüística, fomentando el acervo cultural del lector. Del mismo modo, desarrolla la creatividad e imaginación, siendo esta última, la materia prima en todo proyecto ideado, “un puente que conduce hacia la representación metafórica y ficcional que comunica a otros mundos, donde se viven aventuras con personajes que se convierten en sus mejores amigos o sus más temidos enemigos” (Guerrero Guadarrama, 2003). Por lo que, es oportuno cimentar valores a través de la lectura para permear la personalidad del novel lector y sea una mejor persona.

Pero ¿cómo desarrollar valores a través de la literatura? ¿conviene a la sociedad el fomento de valores? ¿dónde deben ser fomentados los valores en casa o en la escuela?

Para desarrollar valores a través de la literatura se requiere amar la lectura y para tal cosa, fomentar su hábito es lo principal. Especialistas, sugieren que lo idóneo es iniciar los primeros estímulos durante la etapa prenatal, ya que según el científico Thomas R. Verny autor del libro “la vida secreta del niño antes de nacer “el bebé que se expone a estímulos tiene mayor capacidad de aprendizaje, desarrolla mejor la capacidad para calmarse y alcanza a escuchar con mayor claridad los sonidos que le resultan familiar. Esto último, podría ser aprovechado durante el embarazo escuchando audiolibros y leyendo cuentos infantiles donde se perciban los valores que se pretende alimentar en el niño.

Por otro lado, durante el embarazo, los padres deben preparar la habitación elegida para el bebé, ambientar un espacio para su biblioteca personal, colocar alfombras con personajes de cuentos clásicos que indudablemente llamaran su atención. Dicho espacio tiene que resultar confortable tanto para los padres como para el niño, hasta se pueden colocar fragancias aromáticas en el espacio dedicado a la biblioteca del niño. Asimismo, adquirir libros de acuerdo a las etapas por las que atravesará, estos podrían ser cuentos, leyendas, poesías.

Los textos elegidos tienen que ser apropiados en el vocabulario, la temática, contexto y hasta la trama abordada así, el niño comprenderá con más facilidad lo leído. Por otra parte, después del nacimiento del bebé las prácticas de lecturas continuarán y hasta podrían resultar estratégicas al momento de calmar al bebé en momentos de llanto. Los noveles padres elegirán las horas de lectura del bebé cuando lo estimen oportuno durante sus etapas de desarrollo. Y, llegada la época de escolaridad, los maestros de los distintos grados por los que deba pasar el infante compartirán con los padres la responsabilidad de leerle, mientras él adquiere la lectoescritura.

Adquirida la lectoescritura, el niño tendrá libertad de elegir sus libros de manera espontánea. Es importante no hacer de la lectura una tarea obligada, sino una actividad recreativa, divertida y placentera para no producir rechazo, afirma la cuentista Emma Lucía Ardilla. De esta manera, en cada etapa se forjará un potencial lector, puesto que, la niñez es el momento ideal para adquirir los mejores aprendizajes sin dificultad y, por ende, la apropiada para que la lectura sea el recurso para forjar valores, viajando por los senderos trazados por los personajes que forman las historietas que lee.

En la medida que el nuevo lector va alcanzando su madurez y adquiere la lectoescritura desarrollará destrezas que le permitirán discernir y criticar todo en su entorno. Mientras, los padres deben reajustar sus actividades para que sean comunes con las de sus hijos y así, frecuentar lugares donde los libros son los protagonistas como, puesta en circulación de obras, asistir al cine a ver películas realizadas a partir de historias de libros, visitar bibliotecas públicas y privadas, acudir a ferias, organizar intercambios de libros entre los amigos del niño que comparte su interés, colaborar en la organización del rincón de lectura del grado que cursa su hijo, entre otras.

Por otro lado, como resultado de investigaciones en contextos pedagógicos, especialistas de diversas áreas proponen múltiples maneras de iniciar los infantes en la lectura como María Montessori que ideó un método donde se recrearon rincones en las diversas disciplinas entre ellas, la lectura en el aula de la escuela o del hogar.  El método anterior no requiere ser un especialista para aplicarlo en cualquier niño, sin embargo, métodos como el global, mistos exigen para su aplicación especialidad en docencia. Lo cierto, que cualquier método que sea empleado para inducir al niño en la lectura servirá como estrategia para evitar los momentos de ocio y buscar la alegría que produce volar a lugares recónditos.

El lector infante puede identificarse con uno de los personajes, asumiendo sus valores y antivalores, en ocasiones hasta difiriendo con decisiones tomadas por el autor y que probablemente perjudiquen sus personajes. Por otro lado, la madurez alcanzada permite que las actividades de lectoescritura sean completamente sensoriales y que se conecten sus emociones con su realidad contextual. La planeación y adecuación de las actividades por parte de los padres deben resultar recreativas, para que el momento de lectura no se perciba como algo impuesto, todo lo contrario, como una actividad divertida, relajada y entretenida (González, 2017). Estas, podrían ser asistir a puesta en circulación de obras, ver películas realizadas a partir de historias de libros, visitar bibliotecas públicas y privadas, acudir a ferias, organizar intercambios de libros entre los amigos del niño que comparte sus intereses, colaborar en la organización del rincón de lectura del grado que cursa su hijo, entre otras.

Quienes crecen haciendo de la lectura su mejor pasatiempo desarrollan destrezas que le beneficia en los diferentes contextos en que convivirá. Según Ana Romero Franco coordinadora del Taller Literario Pedro Mir, los niños apasionados de la literatura mostrarán seguridad en sus habilidades comunicativas orales y escritas, elevarán su autoestima, mostrarán seguridad al momento de expresarse en público y desarrollarán una elevada criticidad en los diversos planos en que se relacionen.

Finalmente, la literatura puede ser el recurso ideal para fomentar valores de manera imperceptible, convertirlos en personas sensibles, solidarias, honestas, respetuosas del entorno y de las leyes que rigen cualquier sociedad. Su práctica desarrolla destrezas y habilidades de discernimiento que permite una comunicación efectiva. Del mismo modo, su práctica asidua transforma el interior del lector, transportándolo a espacios donde se alcanza la felicidad, es la materia prima al momento de construir mundos donde mora la equidad desterrada de la realidad de los humanos. Derriba las barreras que impiden alcanzar las utopías soñadas. Es el alba que marca el sendero hacia fuentes de elixir que aletargan momentos de ocio, compañera fiel en viajes por espacios infinitos donde convergen diferentes puntos de vista.

Entonces, siendo la literatura el medio para transformar al ser humano ¿por qué no emplearla como herramienta principal? Para que baje el nivel de violencia, se administre con honestidad el erario, se fortalezca nuestro nivel educativo, nuestros hombres no asesinen sus parejas, nuestros jóvenes no vean el consumo de drogas como una salida del momento, para construir un mejor país.

 

 

 

¿Por qué en Japón los niños obedecen a sus padres y no suelen tener rabietas?

Japón es un país maravilloso. Todo el mundo admira la determinación de los japoneses, su temperamento reservado y el deseo de vivir en armonía con la naturaleza y con la gente. Y no es la lista completa de las peculiaridades de su carácter que podríamos asimilar. Nosotros respetamos profundamente a esa nación y queremos compartir contigo el enfoque japonés para educar a los hijos.

Lo primero que llama la atención en el país del sol naciente es que las generaciones se entienden de forma extraordinaria. Parece que los hijos jamás tienen rabietas. Una de las razones de tal armonía es una tradición del pasado que consiste en pasar tiempo de calidad con sus hijos.

Desde hace mucho tiempo, las madres combinaban la crianza de sus hijos con el trabajo. Con una tela, la mamá amarraba al bebé a su cuerpo y así siempre permanecían juntos. Al mismo tiempo, la mamá siempre narraba todo lo que hacía y hablaba con su hijo, lo cual le permitía sentirse involucrado en todos los procesos y desarrollarse constantemente. Antes era bastante común que los bebés primero empezaran a hablar y luego a caminar.

Hoy en día, vayan a donde vayan y hagan lo que hagan, las mamás japonesas siempre tienen a sus bebés con ellas usando mochilas portabebé.

Por lo general, la mamá se queda en casa hasta que el bebé cumpla 3 años, después de eso lo empiezan a llevar al kínder. También hay grupos para niños menores de 3 años pero esa opción no les parece tan buena a los japoneses, así como dejar al bebé con los abuelos es totalmente inaceptable.

Desde muy pequeño, al niño se le enseña a prestar atención a los sentimientos, tanto los suyos, como de las demás personas e, incluso, a los objetos. Si un bebé travieso rompe su juguete favorito, su mamá no tomará ninguna medida drástica, solamente le dirá: «Lo lastimaste».

No solo las mujeres se ocupan de los niños. También los hombres los cuidan con gusto. A los niños literalmente no les falta ni la atención ni los abrazos de sus padres. No se acostumbra levantar la voz, dar sermones ni mucho menos castigar físicamente. Los hijos, a su vez, por lo general sienten culpa y remordimiento si les causan a sus padres algunos inconvenientes.

Desde temprana edad se les enseña que deben respetar a los demás, que hay que ser amable con todo el mundo. Los japoneses muestran su inconformidad con la mirada y las entonaciones de la voz. Los hijos saben percibir cuando los padres no aprueban su conducta, e intentan corregir su comportamiento.

Para resumir, podemos decir que en Japón los niños reciben una gran cantidad de amor y cariño de sus padres, y también desde pequeños asimilan los principios de la sociedad. Por supuesto, este sistema de educación es distinto al de algunas familias de occidente, y a algunos incluso les puede parecer parodójico. Sin embargo, ha estado comprobado durante siglos y ayuda a educar cuidadanos disciplinados y respetuosos.

Fuente: logicaecologica.es

12 frases de Schopenhauer que te harán aprovechar mejor la vida

El 21 de septiembre de 1860 moría en el reino de Prusia Arthur Schopenhauer, el filósofo y pensador más importante en lengua alemana del siglo XX. En 1819 se publicó su obra magna El mundo como voluntad y representación, en la que se explora la ética, la estética, la ontología y la teoría del conocimiento con un tema central: El mundo.

Estudiante excelente: cursó Filología Clásica, Historia y Ciencias Naturales, pues consideraba que le ayudarían a ampliar sus conocimientos de filosofía. Su filosofía tardía bebe del budismo, el taoísmo y el hinduismo, así como de Kant, Platón y Spinoza. Todo el hace de su filosofía una de las más elaboradas de su siglo, con una evolución hacia la metafísica que influenciará posteriormente a escritores como Borges, Beckett o Unamuno, así como a científicos del calibre de Einstein.

Aun siguiendo siempre un pensamientos pesimista respecto a los seres humanos —tanto a nivel individual como a nivel social (en este campo más pesimista)—, la literatura de Schopenhauer refleja constantemente un punto de reflexión que nos hace llegar a un final más optimista. Esto lo podemos ver en la magnífica frase: “Bajo el imperio de un interés amoroso, desaparece todo peligro y hasta el ser más pusilánime encuentra valor”.

12 frases que dejan una pequeña pincelada de Schopenhauer, una persona que ayuda a reflexionar sobre las cosas más trascendentales de la vida.

  1. “A la filosofía nada mejor podría ocurrirle que esto: que se suprimieran todas las cátedras universitarias de filosofía. Con ello se eliminarían el mayor de todos los inconvenientes, a saber: que quienes buscan la verdad colisionen con quienes solo buscan un pedazo de pan y cuyas disputas y políticas perturban de múltiples modos a aquellos, pero nunca los ayudan”.
  2. “La especie más barata de orgullo es el orgullo nacional. Pues denota en el que adolece de él la falta de cualidades individuales de las que pudiera estar orgulloso, ya que si no, no se aferraría a lo que comparte con tantos millones.”
  3. “Cuanto más vulgar e ignorante es el hombre, menos enigmático le parece el mundo; todo lo que existe y tal como existe le parece que se explica por sí solo, porque su inteligencia no ha rebasado aún la misión primitiva de servir a la voluntad en calidad de mediadora de motivos”.
  4. “El medio más seguro para no llegar a ser muy infeliz es no pretender ser muy feliz”.
  5. “Hay que pensar como la minoría y hablar como la mayoría”.
  6. “La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter; de tal manera que se puede afirmar, de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona”.
  7. “La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes”.
  8. “Solo se puede ser totalmente uno mismo mientras se está solo: quien, por tanto, no ama la soledad, tampoco ama la libertad; pues únicamente si se está solo se es libre”.
  9. “Los hombres vulgares solo piensan en cómo pasar el tiempo. Un hombre inteligente procura aprovecharlo”.
  10. “No hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige”.
  11. “Pocas veces pensamos en lo que tenemos; pero siempre en lo que nos falta”.
  12. “Tanto prevalece la salud por sobre todos los bienes exteriores que probablemente un mendigo sano sea más feliz que un rey enfermo”.

Fuente: muhimu.es