El increíble, inexplorado y minimizado mundo de los océanos ¡Urgen compromisos!

Jonathan Delance -Proyecto Biodiversidad Costera y Turismo
Santo Domingo

 Desde los inicios de la humanidad, los océanos han sido vistos con fascinación, pero también con el temor que provoca lo desconocido. Las primeras formas de vida en el planeta se iniciaron en los océanos hace cientos de millones de años y todavía hoy comprendemos apenas una pequeña parte de la vida submarina.

Existe de hecho más investigación orientada a conocer el espacio que los océanos. Por ejemplo, los Estados Unidos destinan anualmente a la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio fondos que podrían financiar 1,600 años de presupuesto a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica[1].

¿Cuál es la importancia

de los océanos para la vida en el planeta? Los océanos generan la mitad del oxígeno que respiramos. Más de 3 mil millones de personas dependen de la diversidad biológica marina y costera para sus medios de vida; y los océanos ocupan tres cuartas partes de la superficie de la tierra y contienen el 97% del agua de nuestro planeta. Los océanos son vitales para el desarrollo de la vida humana: más del 90% de la biomasa viviente está en los océanos[2] y tres de cada cuatro mega ciudades están ubicadas junto al mar[3].

Cortesía Proyecto Biodiversidad Costera y Turismo

Actividades humanas están afectando a los océanos, como el depósito de enormes cantidades de plástico que amenazan la vida marina; la  sobreexplotación de la pesca, que disminuye la seguridad alimentaria; el uso inconsciente del espacio costero con actividades no compatibles o incorrectamente manejadas, haciéndonos más vulnerables ante desastres; el arrojo  diario de grandes cantidades de dióxido de carbono, provocando la desaparición de ecosistemas biodiversos como los arrecifes de coral.

Otra importante amenaza para los océanos, debido al cambio climático, es la continua acidificación causada por el aumento de los niveles de dióxido de carbono, lo que impacta la capacidad de desarrollo del plancton, siendo éste la base de casi todos los ecosistemas marinos, las especies claves que dependen de este organismo pueden verse afectadas disminuyendo su población, esta disminución provocaría una crisis económica y alimentaria considerable debido a la baja producción de peces y servicios ecosistémicos claves.

Estos datos reflejan la importancia de cuidar nuestros océanos e indican que urge la acción con compromisos serios y perdurables.

En este sentido, la República Dominicana está dando un paso al frente, y bajo un proceso amplio y bien estructurado ha logrado hacer una Consulta Nacional sobre Océanos que intenta recoger todos los compromisos voluntarios, que varias organizaciones han manifestado desde distintos sectores y regiones a favor de los mismos para ser presentados en la Conferencia Mundial sobre los Océanos.

La reunión de todos los países miembros en esta conferencia que se está realizando esta primera semana de junio, en la sede de las Naciones Unidas, despierta mucha expectativa en que los líderes y las lideresas del mundo, la sociedad civil, empresas y comunidad científica expresen los compromisos voluntarios que implementarán, de tal manera  que podamos contar con los servicios que nos ofrecen los océanos a perpetuidad.

[1] Robert Ballard, 2008, The astonishing hidden world of the deep ocean.

[2] Miguel Serrano, Junio 2012, Documento Informativo Día Mundial de los Océanos, IEEE.

[3] Mark Pellin, Sophie Blackburn, 2014, Megacities and the Coast: Risk, resilience and transformation.

 

Por qué hay acertijos que sólo pueden resolver los niños

Estefanía Esteban
Redactora de GuiaInfantil.com

Lo niños son capaces de ver cosas que los adultos no consiguen ver. De hecho, existen muchos acertijos que sólo niños de cinco y seis años son capaces de resolver en tiempo récord. ¿Sabes por qué sucede esto? El cerebro de los niños funciona de forma diferente al de un adulto. Mientras que ellos tienden a sintetizar y fijarse en cosas obvias y concretas, al ojo del adulto, se le escapa porque tiende a acumular información.

Aquí tienes algunos ejemplos que demuestran que hay acertijos que sólo pueden resolver los niños y te explicamos por qué sucede esto.

El caso extraño de esta imagen que sólo pueden resolver los niños

Fíjate en esta imagen, no más de 20 o 30 segundos. Al cabo de ese tiempo, cierra los ojos y responde a esta pregunta: ¿qué hay de extraño en ella? Un adulto intentará contestar… ‘¿las chicas están demasiado separadas?’… ‘¿Algo que tienen detrás?’…

El problema es que el cerebro de un adulto tiende a acumular información e incluso a añadir cosas donde no las hay. Lo ve todo a nivel global e intenta asimilar más y más información en el menor tiempo posible. De esta forma, no puede centrarse en detalles básicos y elementales. El cerebro de un niño, sin embargo, es capaz de sintetizar y centrarse en una única cosa, aquello que les llama poderosamente la atención porque no ‘le encaja’. En este caso, ¿sabes qué contestaría rápidamente un niño?

¡El banco no tiene la parte donde las chicas deben sentarse! Ellas han posado para crear el efecto óptico de que están sentadas pero en realidad no lo están.

¿Acertaste?

Acertijos que sólo resuelven los niños de primaria

Sea como sea, los niños nos sorprenden, y con sólo cinco o seis años son capaces de resolver acertijos que se escapan a nuestro entendimiento. Otra vez se debe a que tendemos a buscar la ‘complejidad’ de un problema frente a la imposición del sentido común. El cerebro de un niño de primaria simplifica todo y se centra en detalles obvios. Este acertijo, por ejemplo, dio la vuelta al mundo. Lo utilizaron en colegios de China como prueba de acceso a primaria… La pregunta era: ¿en qué plaza ha aparcado el coche?

La respuesta es… ¡87!  Los niños se dieron cuenta de que la imagen había que mirarla al revés, tal y como lo vería el conductor del coche que acaba de aparcar. Utilizaron para resolver este problema lo que el psicólogo Edward de Bono llamó ‘pensamiento lateral’, y que usan los niños para resolver problemas que precisan un enfoque creativo. Es decir, se necesita de forma indirecta algo de imaginación, ya que se crean patrones de pensamiento diferente al pensamiento común. Ahora te parece obvio, ¿verdad? Pero… ¿cuánto tardaste en darte cuenta?

¿Resolverías este otro acertijo? De nuevo una pista: son capaces de acertarlo niños de cinco años. La pregunta es… ¿Cuánto es ‘x’?

8809 = 6

7111 = 0

2172 = 0

6666 = 4

1111 = 0

3213 = 0

7662 = 2

9312 = 1

0000 = 4

2222 = 0

3333 = 0

5555 = 0

8193 = 3

8096 = 5

7777 = 0

9999 = 4

7756 = 1

6855 = 3

9881 = 5

2581 = X

Un niño de cinco años no es capaz de hacer ecuaciones numéricas. Él se fija en el dibujo. Entonces le llama poderosamente la atención una cosa: los círculos. Cada cifra tiene una serie de círculos. Por ejemplo, para un niño de cinco años, el 8 tiene dos círculos. El resultado de cada cifra es el número de círculos que tiene la cifra completa. Por eso 7777 es 0. ¡No tiene ningún círculo! Mientras que 8193 es igual a 3, ya que tiene tres círculos. El resultado de ‘x’ por lo tanto es… ¡2!

¡Increíble!

El estudiante español de 16 años elegido por la NASA para explorar Marte

JESSICA MOUZO QUINTÁNS
Barcelona

Unos metros de hilo de pescar, unos sensores de tres euros y un guante del Decathlon. Poco más necesitó Joel Romero Hernández, de 16 años, para desarrollar un prototipo robótico manipulado por control remoto para llegar a Marte. Su investigación ha ganado el segundo premio de la NASA en Ingeniería Mecánica durante la Feria Internacional de Ciencia y Tecnología de Intel (Intel ISEF), una de las más importantes del mundo para estudiantes no universitarios.

Joel dice que el interés por la astrofísica le viene “de serie”: “Yo era de los que veían los documentales de La 2”. La ropa lo delata. Viste una camiseta de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) con unas letras estampadas, ilegibles para el ojo ignorante en física cuántica: “Es el modelo estándar de la física de partículas”, explica. Se la compró en una visita escolar que hizo al CERN con María José Hellín, tutora de su aventura científica.

El joven llegó este año al Instituto Francesc Xavier Lluch i Rafecas (Vilanova i la Geltrú, Barcelona) con una mano biónica bajo el brazo. La diseñó el curso pasado con unos amigos y le sirvió de fuente de inspiración para lo que estaba por venir. El verano pasado ganó una beca para entrar en el programa Joves i Ciencia de la Fundación Catalunya-La Pedrera, donde le ofrecían estancias en el extranjero si desarrollaba un artículo científico. “Había un programa en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), cuna de la tecnología. Era mi sueño ir allí”, apostilla. La película Avatar acabó de configurar su idea. “La vi y pensé: ¿por qué no aplicar esta tecnología para —igual que en Avatar se controlan cuerpos biológicos— poner cuerpos robóticos en Marte y controlarlos por láser como hace la Estación Espacial Internacional? Así los astronautas pueden empezar a hacer cosas sin estar en la superficie de Marte”, dice con entusiasmo.

Robó muchas horas al sueño para entregar el proyecto a tiempo. Una estancia en el MIT bien lo merecía. “Desde la Tierra, para controlar un robot tardas 20 minutos porque la distancia entre la Tierra y Marte da un retardo de 20 minutos. La clave era poner una nave espacial en órbita para que la señal tardase menos de un segundo en llegar. Así, si muevo el robot desde la nave, se mueve en la superficie”, señala.

María José también tuvo que alargar las horas de la noche para calcular mecánicas orbitales y ubicar la nave espacial en el lugar correcto. “Yo no soy una agencia espacial. No tengo los medios ni el conocimiento para hacer el sistema entero, pero sí puedo demostrar que son posibles todos los principios físicos que están detrás de ese plan”, dice con humildad. Con la teoría zanjada, Joel montó el prototipo: primero los circuitos básicos, los sensores y ya, con una impresora 3D, imprimir las piezas y montar el robot.

Tal fue su éxito que no solo fue seleccionado para irse al MIT este verano, sino que fue elegido para participar en la feria estatal Exporecerca Jove, donde ganó varios premios. Entre ellos, el que lo lanzó directo a Los Ángeles, a la feria de Intel ISEF.

Allí, la organización entrega un galardón propio, el Grand Award, aparte de los que conceden compañías y organizaciones de todo el mundo —Special Awards— que, como la NASA, visitan la feria para tomar ideas. Joel recibió el segundo premio otorgado por la NASA y se convirtió en el primer español en recibir un Special Award. “Yo, que iba con un prototipo low cost, con motores de tres euros cuando había gente con proyectos de laboratorio, no me esperaba ganar nada. Vinieron los de la NASA a hablar conmigo y eso para mí fue suficiente”, admite emocionado.

Pero esto es solo el principio. Joel sigue empecinado en cuadrar los cálculos de María José para lograr que el robot extraiga agua de Marte que permita convertirse en energía y retroalimentarse sin necesidad de pesadas baterías. María José calma las ansias del chaval. “Los cálculos aún no nos salen, pero, a ver, a la NASA tampoco”, sonríe.

Fuente: El País

¿Se debe hacer regalos a los niños por las buenas notas?

MARÍA G. RODRÍGUEZ – @ABC_familia Madrid

Después de que los niños hayan superado el curso con éxito a muchos padres les surgen dudas sobre cómo deben actuar. ¿Deben obsequiarles con algún regalo o intentar que todo entre dentro de la normalidad? ¿Se merecen sus hijos alguna sorpresa o no deben acostumbrarles a obtener recompensas por sus méritos?

«Los padres deben saber lo que se ha esforzado su hijo durante el curso, y considerar si es el momento adecuado o si se lo merece, pero no hacerlo por costumbre y mucho menos porque los demás compañeros sí que obtienen un regalo», afirma Virginia Carrera Ramírez, psicopedagoga de la consulta de psicopedagogía Virginia Carrera.

Óscar González Vázquez, profesor y director de la Escuela de padres con talento, se decanta por ofrecer más atención a los pequeños día a día y gestos que refuercen su confianza, los cuales considera mucho más necesarios para la educación y autoestima de los jóvenes. Como apunta Virginia Carrera, «es un tema complicado y no tiene una respuesta tajante». Todo depende de si se parte de la base de que estudiar es solo una obligación o, si por el contrario, se pretende otorgar un presente como algo merecido por el esfuerzo diario.

En lo que ambos coinciden es en que las cosas materiales no son la mejor forma de premiar el esfuerzo de los hijos. Se trata de enseñarles a que trabajen, lo que a largo plazo les hará más felices que conseguir todo lo que quieren sin esfuerzo ninguno.

Estos son los argumentos de ambos expertos tanto a favor como en contra de los regalos por las buenas notas.

En contra

— El niño debe entender que estudiar es su responsabilidad y que sacar buenas notas es imprescindible para labrarse un buen futuro. No se puede acostumbrar al estudiante a obtener siempre una recompensa por sus logros y muchos menos a diario. Hay que evitar frases como: «si terminas los deberes te doy la paga» o «si apruebas el curso te compro un juego». Eso jamás.

— Los regalos pueden ser contraproducentes, ya que el joven puede entender las cosas al revés y llegar a pensar que más que tener la obligación de trabajar, son sus padres los que deben obsequiarlos al finalizar el curso. Además, esto hará que cada vez pidan más y mejores regalos.

— No puede ser utilizado como un fin en sí mismo. El niño puede interpretar que la única razón por la que debe estudiar es para recibir algo a cambio. Existe el riesgo de que se perciba como algo intrínseco al final de cada trimestre o curso. Dejará de ser efectivo porque esperarán el obsequio incluso cuando bajen las calificaciones en sus notas.

— Prometerle un presente por aprobar todo también puede ser perjudicial en el caso de que no lo consiga, pues no haremos sino aumentar su sensación de fracaso.

— Es mejor el refuerzo cotidiano, con palabras positivas y consecuencias directas en los hábitos del día a día. Que después de terminar los deberes puedan jugar, ir al parque, utilizar la videoconsola, etc.

— Resulta más efectivo dedicarles tiempo y afecto, pues con ello construirán su personalidad y se fortalecerán los vínculos familiares. Hay que tener en cuenta que lo más valioso que se puede dejar a los hijos son los valores y una base para su futura vida adulta. Lo material es momentáneo.

A favor

— Un regalo puede ser una buena manera de que el crío aprenda que el esfuerzo y la constancia dan sus frutos. De la misma forma que los adultos agradecen recibir un detalle en su trabajo y les ayuda a motivarse.

— En caso de que se opte por regalar algo por los aprobados, hay que valorar si, en vez de objetos materiales, no le puede hacer más falta una felicitación, un abrazo, un beso o algo de atención. Son gestos sencillos pero muy poderosos, que llenan al adolescente de satisfacción. Un buen regalo puede ser un elogio: «¡Qué bien lo has hecho! Eso es porque te has esforzado durante todo el curso». El niño estará encantado de que se le reconozca su trabajo y esfuerzo.

— No es malo recompensar el esfuerzo continuado pero lo ideal es que el niño no se lo espere, así lo entenderá como el resultado de su trabajo y no como algo que debe recibir sí o sí. Así, valorará y será consciente de su propia constancia y dedicación.

— Dependiendo de las circunstancias, un regalo puede utilizarse como incentivo cuando el niño empieza a desviarse del rumbo y siempre que no contribuya a su indisciplina. Se puede intentar que lo tome como una meta, como una motivación. En cualquier caso, no suele ser efectivo, ya que se convierte en un objetivo a largo plazo que el niño no es capaz de mantener, y al no ser algo inmediato pierde el interés. Por ello, siempre es mejor llevar a cabo un refuerzo diario y sin premios que tengan un valor económico.

— Algo material que se les puede regalar es un libro. Pero no uno cualquiera: un libro que él elija y le guste. Así, al mismo tiempo se fomenta el placer de la lectura.

Los porqués del adolescente

MAYTE RIUS, Barcelona
¿Por qué quieren dormir hasta tarde?

Una queja frecuente de los padres sobre sus hijos adolescentes es que siempre les parece pronto para acostarse y pronto para levantarse. “Se queda despierto hasta las tantas y por la mañana no hay quien le levante”, se lamentan. Núria Curell, pediatra y responsable de la unidad de adolescentes de USP Dexeus, explica que el reloj del sueño se retrasa en la adolescencia. Hay estudios que prueban que la melatonina, la hormona que induce el sueño, se segrega cada vez más tarde a partir de la pubertad y por eso muchos jóvenes tienen problemas para conciliar el sueño si se van pronto a la cama.

También influyen factores medioambientales. Es frecuente que los adolescentes pasen muchas horas ante el ordenador y las videoconsolas, con luz artificial, y eso disminuye la cantidad de melatonina segregada, así que no sienten la necesidad de ir a dormir.

¿Por qué comen de forma impulsiva o a deshoras?

“Puede tomarse un paquete entero de galletas sin pestañear”. “Se acaba la caja de cereales en dos meriendas”. “No puede pasar por la cocina sin abrir la despensa o la nevera en busca de algo para picotear, aunque acabemos de comer”. “Come más que su padre”. “Se bebe dos litros de refresco de una sentada”. Estas frases dan muestra de algunos de los anárquicos y con frecuencia impulsivos hábitos alimentarios que caracterizan a muchos adolescentes. El apetito desmesurado y la ingesta de alimentos de preparación sencilla, consumo fácil y saciedad inmediata es un rasgo muy típico de esta etapa. La doctora Curell explica que en la adolescencia se realiza aproximadamente el 25% del crecimiento total –con estirones de 8-12 centímetros al año en la etapa puberal– y se gana el 40% o 50% del peso definitivo.

También es frecuente que los adolescentes estén faltos de hierro debido al aumento de su masa muscular y de su volumen sanguíneo, por lo que necesitan tomar alimentos ricos en este micromineral (verduras verdes, carne magra, frutos secos…) para evitar problemas de cansancio, de bajo rendimiento escolar o mareos, más frecuentes en las chicas debido a la menstruación pero que también afectan a los varones.

Además están más expuestos a modas alimenticias pasajeras, suelen saltarse algunas comidas (muchos el desayuno, porque se levantan dormidos y con la hora justa para ir al instituto) y desarrollan hábitos alimenticios irregulares, ya que comienzan a salir más con amigos y comen snacks, fast food y refrescos con mayor frecuencia. Y como también empiezan a quedarse solos en casa, eligen comidas de preparación sencilla y consumo fácil, como hamburguesas o bocadillos, y abusan de chuches y precocinados, perjudiciales por su alto contenido en colorantes y aditivos.

¿Por qué son destartalados?

“Uno diría que hasta le cuesta andar”; “está muy torpe, se le caen las cosas de las manos”. La transformación física que viven los adolescentes es tremenda: crecen mucho (y no siempre de forma armónica), a las chicas les crecen las mamas, ellos se vuelven peludos, se ensanchan las caderas, la cara se llena de granos… “Son muchos cambios y muy rápidos; crecen a estirones, primero las piernas y al cabo de un tiempo el tronco, y no es fácil acostumbrarse al nuevo tamaño ni la nueva fuerza; es como cuando cambias de coche, de ordenador o de cubiertos, que no los manejas igual, que los movimientos han de ser controlados y reajustados por las neuronas y se necesita un periodo de adaptación”, justifica Manuel J. Castillo, catedrático de Fisiología Médica en la Universidad de Granada.

¿Por qué pasan tantas horas en el baño o ante el espejo?

Además de acostumbrarse a su nuevo aspecto físico, el adolescente necesita aceptarlo, asumir su nueva talla, su nuevo peso, sus nuevas facciones. Y en esa opinión pesa mucho la aceptación y valoración que recibe de sus amigos y las parejas potenciales. “El niño se valora por reflejo de quienes le quieren, se mira en el espejo de los padres y de los profesores, que son un entorno poco crítico; en cambio, el adolescente se mira en el espejo de sus compañeros y compañeras, que le pueden ver con aprecio o sin él, así que le importa mucho su aspecto y se esfuerza por cuidarlo para ser aceptado y admirado”, explica Castillo. Y añade que, para conseguirlo, pone en marcha un proceso de ensayo y error sobre su peinado, su ropa, su forma de moverse, su agilidad, su musculatura… que a menudo se traduce en horas de pose ante el espejo.

¿Por qué se aíslan en su habitación?

“Se pasa el día encerrado en su cuarto, en su mundo, y no quiere saber nada del resto”. “Se pone los cascos con su música y olvídate de que existe”. El aislamiento del resto de la familia es uno de los rasgos comunes de los adolescentes. “El día que encuentras la puerta de la habitación de tu hijo cerrada es que ha entrado en la adolescencia”, indica la psicóloga Susana Cañamares. Los pediatras Gloria Cabezuelo y Pedro Frontera, autores de El desarrollo psicomotor. Desde la infancia hasta la adolescencia (Narcea Ediciones), explican que “hay un periodo de introspección y timidez, sobre todo en la adolescencia temprana y media, en el que se ensimisman, pasan horas en su cuarto y reflexionan sobre sus cambios y experiencias para conocerse mejor; y pueden resultar hoscos e insociables si creen que los padres se meten en sus cosas”.

¿Por qué dan golpes y portazos?

“El adolescente tiene una gran energía vital, y la manifiesta dando saltos y portazos, gritando, bailando con la música a toda pastilla o haciendo deporte hasta la extenuación; siempre tiene prisa, horarios anárquicos, come rápidamente y se levanta antes de que los demás acaben porque ha quedado o tiene cosas que hacer…”. La descripción de los doctores Cabezuelo y Frontera resume bastante la experiencia de muchos padres de adolescentes, que con frecuencia se quejan de una convivencia “imposible”. El psicólogo y psicoanalista Mario Izcovich asegura que esta rebeldía, este negativismo hacia todo lo que tenga relación con los padres –sea ordenar la habitación, ducharse o hacer las tareas escolares–, es una forma de decir “aquí estoy yo”, porque construyen su personalidad por oposición y negación del otro.

Manuel J. Castillo cree que también hay causas físicas en este gritar y tratar de imponerse a los padres: “Se sienten grandes, más fuertes y con más argumentos, y su cerebro es más impulsivo, quieren conseguir lo que desean a cualquier precio y tienen menos desarrollado el freno a las respuestas inapropiadas”.

¿Por qué son tan impulsivos e impacientes?

El catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada vincula la impulsividad de los adolescentes con sus alteraciones hormonales, que les hacen más arriesgados, con menor capacidad para prever las consecuencias de sus acciones. Explica que los mayores niveles de testosterona y estrógenos favorecen la liberación de dopamina, un neurotransmisor implicado en la pulsión por la recompensa que provoca que el adolescente se decante por la ganancia inmediata y no esté dispuesto a esperar para conseguir lo que desea aunque esperando que la recompensa fuera mayor. “A esa edad, lo que quieren lo quieren ahora mismo, y luchan por ello, por eso discuten tanto con los padres”, comenta Castillo. Y añade que en las resonancias se observa que las áreas cerebrales que modulan los impulsos y permiten no hacer lo que apetece en cada momento en los adolescentes se activan más si hay recompensa. “Tú le dices a un chico de 14 años ‘ordena tu cuarto’ y no se activan las áreas cerebrales para hacerlo, así que no lo hace porque se le olvida; en cambio, si le dices ‘si ordenas tu cuarto puede venir tu amigo a casa’, como hay recompensa no se le olvida y lo hace”, ejemplifica.

¿Por qué tienen tantos altibajos?

Los altibajos emocionales y las contradicciones son otro de los rasgos que observan los padres. Gloria Cabezuelo y Pedro Frontera aseguran que son el precio que pagan los adolescentes para edificar su propia personalidad diferenciada y convertirse en adultos: “Buscan su propia identidad personal, sexual y hasta moral, y en ese proceso indagador, como aún no tienen una estructura psíquica estable, son muy vulnerables y muy sensibles a influencias y acontecimientos externos, que pueden herirles si son desfavorables”.

El psicólogo y psicoanalista Mario Izcovich vincula estos cambios de humor con el duelo que hace el adolescente por la pérdida de su infancia: “La adolescencia es el proceso para pasar de niño a adulto; el mundo del adulto atrae, resulta interesante, y por eso piden ser tratados como mayores; pero también tienen momentos de reivindicación infantil en los que echan de menos su infancia, su cuerpo de niños, sus juegos o su relación con los padres, y hacerse adultos les da miedo o les incomoda; de ahí sus contradicciones”.

Susana Cañamares asegura que estos altibajos tienen que ver con que el cerebro no madura de forma armónica ni al unísono. “Primero se desarrolla el sistema límbico, que es el que tiene que ver con las emociones, y después la corteza prefrontal, responsable del funcionamiento ejecutivo, el control, la autorregulación y la toma de decisiones; ese desequilibrio provoca que en los primeros años de la adolescencia los chavales tengan una emotividad muy alta, que vivan los problemas con mucha intensidad y tengan muy desarrollada la búsqueda de sensaciones, y que sean poco capaces de controlarlas o de planificarse y a veces incurran en conductas de riesgo”, explica.

¿Por qué cuestionan todo?

“¿Quién decidió que no se puede silbar en la mesa? ¿Y qué hay de malo en poner los codos?”. Un día son los modales en las comidas y otro las decisiones políticas. La cosa es cuestionar. “Los adolescentes lo cuestionan todo porque en esa etapa se desarrolla su pensamiento abstracto y eso les da mucha más habilidad para argumentar y para pensar simbólicamente, y tienen una expresión verbal perfeccionada, así que se ven con argumentos para todo”, explica Susana Cañamares. Cabezuelo y Frontera subrayan que “la intensa activación cerebral hormonal hace que muchos adolescentes experimenten un aumento espectacular de su capacidad de aprendizaje, de crear, de tener ideas brillantes; pero su capacidad intelectual está muy influenciada por sus emociones, para bien y para mal, y sólo les interesa lo que les motiva o les gusta”.

¿Por qué influyen tanto sus amigos?

Mario Izcovich explica que la adolescencia es el proceso por el que los hijos abandonan el grupo familiar, ese núcleo de protección y cuidado, para salir a la sociedad, para situarse en el mundo, y en ese trayecto la pandilla de amigos supone una transición, una especie de colchón para atenuar el miedo que provoca el mundo exterior. “Los cambios que viven, el hacerse mayores, les provoca temor e incertidumbre sobre su identidad, y por eso identificarse con un grupo, experimentar con iguales, hace que se sientan acompañados en el proceso de ganar autonomía”, dice.

Manuel J. Castillo opina que la influencia que ejercen los amigos tiene que ver con que deja de percibirse sólo por cómo se ve él o quienes le quieren y se mira en el espejo de sus compañeros, y pasa a ser muy importante ser socialmente aceptado, apreciado y admirado por el grupo. “Lo que más motiva al adolescente, lo que más disfruta, es estar con los amigos, y la valoración de estos le influye mucho, así que busca su aprobación, que es su principal recompensa y estímulo, y uno de los factores que favorecen la liberación de dopamina, el neurotrans­misor que eleva la pulsión por la recompensa, la búsqueda de novedades, y el comportamiento consumatorio: quiero algo, voy a por ello, lo tengo y lo agoto, se den o no las circunstancias para ello”, resume.

Fuente: La Vanguardia

Una nueva adicción entre los adolescentes: entérate y protege a tu hijo

Hay una nueva adicción entre los adolescentes. La manera de vencerla está en los padres, más que en los jóvenes. No dejes que se hunda tu hijo. Lee y actúa a tiempo.

Marta Martínez Aguirre

Gastón tiene trece años y no se siente feliz, en sus propias palabras: “Este mundo es una porquería y nada me hace feliz”. Se pasa horas dándole vueltas a cualquier problema por pequeño que sea. Ha perdido el sentido del humor, vive amargado y se enoja por todo. Es muy autoexigente todo el tiempo.

Si falla en algo no se lo perdona y cada frustración es una fuente de estrés inagotable. Ante cualquier problema se paraliza. No tiene fuerzas para ponerse a estudiar. Vive desesperanzado, nada lo satisface y no tiene metas de ningún tipo. Vive en una tensión constante y con múltiples contracturas musculares.

Tiene una baja tolerancia a la frustración y, si algo lo frustra, se siente triste todo el día. Su vida se ha tornado como un viejo tango, donde el tiempo pasado fue mejor y vivir en el presente es una agonía. Vive encendido, el celular se ha vuelto un miembro más de su cuerpo y su mundo ha dejado de ser real para tornarse virtual.

Sí, Gastón está desmotivado. En él, como con muchos otros adolescentes, la desmotivación se ha tornado una adicción, porque sus familias, para no verlos de ese modo, optan por darles lo que piden a cambio de estar menos tristes o más motivados. El problema es que esto no soluciona las cosas de fondo por lo que, a la larga, terminan nuevamente desmotivados y así el ciclo continúa. ¿Qué les sucede?

Estos adolescentes tienen algunas características en común: carecen de reglas, no tienen límites claros, no tienen responsabilidades y pasan solos mucho tiempo, tienen de todo. Si reconoces a tu hijo en Gastón, por favor sigue leyendo, a continuación te doy algunos consejos para aplicar en tu relación con tu hijo adolescente.

  • Abre el diálogo

A Gastón y a tantos adolescentes les falta conocer su motivación, qué es lo que los hace felices y no limitarse a ver pasar la vida por la puerta de su dormitorio. Es muy importante que tu hijo tenga la necesidad de sentirse satisfecho consigo mismo, sólo de ese modo la motivación se dirigirá hacia algo, ya sea el aprendizaje, el trabajo, los vínculos. Para lograr esto crea un entorno de confianza donde él pueda expresar sin miedo sus sentimientos y emociones. No te apresures a decirle que “esas son ideas disparatadas”. Escucha con empatía y sin prejuicios.

  • “¿Sabes dónde te gustaría verte dentro de unos años?”

Esta pregunta anima a la reflexión, no limites sus respuestas, ni coartes su forma de expresarse, permite que tu hijo exprese lo que tiene dentro de su corazón y te cuente aquello que lo hace vibrar. Anímalo a ponerse metas para lograrlo. Incluso cuando tu hijo tenga un sueño que para ti no es factible, no lo desmotives, ni le desanimes, lo importante es que hay algo por lo cual él se apasiona.

  • “¿Para qué quieres eso que quieres?”

La motivación no se puede imponer pero sí se puede descubrir. Quizás tu hijo no tenga muy claro qué es lo que quiere en un par de años para su vida, pero estoy segura que ante la pregunta ¿para qué quieres eso? en su respuesta demostrará qué es lo que necesita para ser feliz: “Para ayudar a otros”, demuestra mucho de sí y de lo que le da significado a su vida.

  • Ajusta el uso del tiempo y los espacios

En la adolescencia es fundamental que tengan tiempo para socializar, divertirse y distenderse, pero es importante que el permiso para salir fuera de casa, las horas frente al televisor, videos juegos, celular y Tablet sean pautados. Como regla promedio no debe superar las dos horas diarias. Del mismo modo fija normas sobre las salidas en tiempo de clases. Muchas veces la desmotivación surge por tener mucho tiempo libre.

  • Cumple con las consecuencias

En vez de hablar de “castigos”, dile que por no cumplir con las reglas del hogar, o con sus rutinas diarias habrá consecuencias de sus faltas: si no estudió a la mañana, deberá hacerlo luego de almorzar, sin importar si a esa misma hora dan su programa favorito y es el último capítulo; si no ordenó su cuarto el jueves, lo deberá hacer antes que lleguen sus amigos el fin de semana, aunque eso reduzca sus horas para divertirse. Este tipo de acciones generará en tu hijo el deseo de cumplir con sus obligaciones diarias.

  • Muestra interés por su vida

Difícilmente tu hijo se sentirá motivado si tú no estás presente en su vida. Cada día mantente involucrada en sus cosas, sus estudios, nuevas amistades, lugares donde fue y aunque el sueño te venza busca un tiempo para estar a solas con él y hacer algo juntos.

La desmotivación puede hundir a tu hijo, si tú no intervienes a tiempo. Que tu amor por tu hijo y tus ganas de ayudarlo sean el motor para reforzar en él las ganas de darle sentido a su vida.

Fuente: familias.com

Página LEA martes 06 de junio de 2017

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El juego como estrategia de aprendizaje

Minerva González Germosén
San Pedro de Macorís

Es un entretenimiento al que todo infante tiene derecho, según la Convención sobre los Derechos del Niño. Su práctica puede ser educativa.

El juego es una actividad intrínseca del ser humano. Su práctica involucra cualquier nivel social y a través de él se puede formar la personalidad del niño. En primer lugar, por ser una práctica espontánea, relajada, entre personas con los mismos intereses, casi siempre, es idónea para aprender por medio de ella.

Kathy Hirsh-Pasek, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Temple, Estados Unidos, asegura que el juego a temprana edad es un elemento relevante para el desarrollo cognitivo, ya que según evidencias científicas, cuando se combinan algunas estrategias con el juego como protagonista se acelera el aprendizaje en los niños.

En el juego intervienen elementos que deben ser tomados en cuenta como son la creatividad, las normas que lo regirán y lo divertido que puede resultar para evitar el aburrimiento de los participantes.

Fomenta creatividad

El interés de quienes intervienen no lo determina el instrumento con que se juega, puesto que lo económico no asegura la diversión, sino lo novedosa y entretenida que pueda resultar su práctica. Lo económico no es una barrera que limite a quienes no cuentan con los recursos para adquirir un juego costoso, puesto que la creatividad e imaginación son herramientas para desarrollar destreza y habilidad que faciliten construir juegos con material reciclado, con recursos propios del entorno. El juego podría ser la motivación para fomentar la creatividad y adquirir nuevos aprendizajes.

Explora nuevos saberes

En segundo lugar, la diversión como actividad lúdica facilita la inserción de los niños en contextos socioculturales nuevos, su práctica permite alcanzar sus fantasías e inventar para conocer todo lo que le rodea. Es cierto que jugar no es exclusivo de los infantes, pero su práctica posibilita la exploración de mundos desconocidos, y alcanzar nuevos saberes. Sin embargo, el propósito central del juego es la diversión, también se desarrollan a través de su práctica competencias interpersonales. Pero, ¿es el juego el medio para fomentar emociones que conviertan al niño en una mejor persona? ¿Podrá  moldear la personalidad del niño?

El juego es un entretenimiento al que todo infante tiene derecho según la Convención sobre los Derechos del Niño, su práctica puede ser educativa, aunque sugieren los expertos que se debe regular el tiempo que se dedique a este, ya que existen otras competencias igual de importantes que el juego y que no necesariamente se desarrollan jugando, por lo tanto, los padres o tutores deben velar porque sus vástagos hagan una distribución apropiada de su tiempo y puedan fortalecer todas las competencias requeridas en su entorno y que no se desarrollan a través del juego.

El entretenimiento es una tarea en la que pueden involucrarse todos los miembros de una familia, convertirla en una ocasión propicia para compartir de una manera grata, donde se mezclen en diversas actividades los miembros de las diferentes edades. Para conseguir tal propósito se conjugan varios elementos como: la originalidad, la inventiva y el deseo de compartir en familia.

En realidad, lo que se requiere para pasar un buen momento de esparcimiento, es el interés de los participantes, ya que algunos juegos resultan más atractivos cuando son practicados de manera grupal, esto así, por la adrenalina que genera vencer al opositor y por las alianzas que se forman dentro del mismo juego. Además, al realizar actividades familiares se tiene la oportunidad de que adultos, jóvenes y niños compartan en un mismo plano y fortalezcan el amor entre los miembros que componen esa familia.

Múltiples propósitos

Una actividad lúdica puede ser planeada por la familia con múltiples propósitos: fortalecer la inteligencia emocional, la honestidad, cuidado del medioambiente, la equidad de género, etc. En definitiva, es una manera agradable de fomentar valores en los más jóvenes.

El juego es una tarea en la que pueden involucrarse todos los miembros de una familia, convertirla en una ocasión propicia para compartir de una manera grata.

En resumidas cuentas

En una época en la que se han invertido los valores, la violencia le gana la batalla a la tolerancia ¿valdrá la pena emplear el juego como estrategia? ¿Jugar podría contribuir a formar mejores seres en todas las esferas socioeconómicas? ¿Retomar los valores desde la familia solucionaría parte de nuestros males sociales?  ¿Es el juego el camino idóneo para educar a través de su práctica?

 

Síndrome del emperador o del niño tirano: cómo detectarlo

El síndrome del emperador, del niño tirano o del niño rey son los distintos nombres con que se conoce a un fenómeno cada vez más común: el de los niños que acaban por dominar a sus padres, e incluso, en los casos más extremos, por maltratarles. ¿Pero cómo son esos niños? ¿Cuáles son sus características? ¿Es posible la prevención?

Características de los niños con el síndrome del emperador

Nos referimos con este nombre a niños que presentan determinadas características como:

  • Sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan que los que están a su alrededor se lo proporcionen.
  • Baja tolerancia a la incomodidad, especialmente si es causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento, o la negación de lo que han pedido; entonces, la expresan con rabietas, ataques de ira, insultos y/o violencia.
  • Presentan escasos recursos para la solución de problemas o afrontar experiencias negativas.
  • Están muy centrados en sí mismos y creen que son el centro del mundo.
  • Buscan las justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, por tanto, esperan que sean los otros quienes les solucionen sus problemas.
  • No pueden, o no quieren, ver la manera en que sus conductas afectan a los demás por lo que se dice que, muchos de ellos, carecen de empatía.
  • Piden hasta el extremo de la exigencia. Una vez conseguido, muestran su insatisfacción y vuelven a querer más cosas.
  • Les cuesta sentir culpa o remordimiento por sus conductas.
  • Discuten las normas y/o los castigos con sus padres a quienes consideran injustos, malos, etc. Pero comportarse así, les compensa ya que ante el sentimiento de culpa inducido, los padres ceden y otorgan más privilegios.
  • Exigen atención, no sólo de sus padres, sino de todo su entorno. Y cuanta más se les da, más reclaman.
  • Les cuesta adaptarse a las demandas de las situaciones extra familiares, especialmente en la escuela, porque no responden bien a las estructuras sociales establecidas ni a las figuras de autoridad.
  • Se siente tristes, enfadados, y/o ansiosos, y suelen tener una autoestima baja.

Se tiende a culpar a los padres de este tipo de conductas por ser demasiado permisivos y protectores con sus hijos; aunque, también, influye el ambiente porque hoy los niños viven en una sociedad consumista, individualista y que prima el éxito fácil y rápido por encima de todo.

Además, puede existir una predisposición genética de carácter que explicaría por qué dentro de la misma familia, y en las mismas condiciones, sólo se ve afectado un miembro.

Señales de alerta ante el Síndrome del Emperador

Las señales que nos deberían poner en alerta son las siguientes:

  • Hay que estar atentos a los niños que imponen de manera sistemática su voluntad o tienen rabietas en lugares públicos delante de toda la familia.
  • Asimismo, nos debemos fijar en el niño que siempre se sale con la suya puesto que, muchas veces, hacen girar a la familia siempre en torno a él. Debemos pensar que, si se les deja hacer lo que quieren, acabaremos en las redes del chantaje emocional.

Obviamente, llegados a este punto, cualquier lector podría objetar que casi todos los niños pequeños tienen muchas rabietas. Y, es cierto; todos tienen rabietas, pero hay que intentar que no se salgan con la suya. En general, por encima del primer año de edad, ya hay que marcar límites y el menor debe saber hasta dónde puede llegar.

Posibles causas del Síndrome del Emperador

Son los padres quienes deben ejercer su función. Así, los padres  protectores y permisivos, que claudican ante los caprichos de sus hijos, porque creen que así “no sufren”, pueden establecer el caldo adecuado para un niño tirano.

Otro factor de riesgo es que exista una discrepancia educativa entre los progenitores. Aunque ello pudiera ocurrir, los padres deben intentar unificar sus personalidades y mantener una actitud educativa firme que permita que no haya roturas entre ambos en la imposición de normas.

La estructura familiar ha cambiado mucho, con divorcios y nuevas parejas frecuentes, los hijos únicos aumentan y, además, los tenemos a una edad cada vez más tardía o los adoptamos. Entonces, es fácil que un niño se convierta en un bien precioso cuyos deseos siempre hay que satisfacer, que no puede sufrir ni conocer disciplina alguna.

Hasta el año, todo el entorno sólo está para satisfacer sus necesidades. A partir de ahí, va aprendiendo estrategias para salirse con la suya, como las rabietas, por ejemplo, una manifestación de descontento normal, pero que hay que saber atajar.

Hacia los cuatro años, lo habitual es que el niño ya sea capaz de verbalizar su rabia y, a los cinco, de controlarse. A excepción de los niños tiranos, que intentan imponer de manera sistemática su voluntad, son agresivos, sufren constantes rabietas en lugares públicos y convierten el día a día de toda la familia en un calvario.

Los padres acaban por rendirse con sucesivas renuncias con tal de lograr paz. Y el niño mimado pasa a ser el rey de la casa, de ahí a niño tirano, y por último, si la agresividad persiste, se trasforman en adolescentes descontrolados y maltratadores de sus padres.

La frustración es un sentimiento normal durante el desarrollo infantil: el niño necesita, desde que tiene más o menos un año, rutinas, reglas y límites claros sobre lo que puede y no puede hacer.

Pero a partir de los seis años hay niños que se muestran muy impulsivos, mienten, tienen actitudes vengativas, no conectan con los demás,  son insensibles, se sienten poderosos, carecen de empatía… Estas son actitudes tiránicas, que a los once años se pueden agudizar y a los 15 años ya son difíciles de encauzar.

Y es que educar no es fácil, y debe implicar ciertas dosis de frustración, para equilibrar el amor. El problema se presenta si no hay reacción por parte de los padres, que, en su afán de buscar una excusa a todo –“el niño tiene mucho carácter”, “lo que hace es normal a su edad”…- no se atreven a imponer límites, tal y como decíamos anteriormente.

Así, el problema se va agrandando hasta que la familia tiene la sensación de que se le ha ido de las manos. ¿Qué hacer entonces? Se trata de actuar con sentido común, sin exasperarse y sin violencia.

¿Qué hacer si mi hijo tiene el Síndrome del Emperador?

Algunas pautas eficaces pueden ser las siguientes:

  1. Establecer reglas claras y explicar las razones de esas reglas.
  2. Ser coherentes. El padre y la madre deben tener la misma opinión respecto a un mismo problema.
  3. Mostrarse firmes respecto a lo que el padre y la madre hayan decidido, de forma conjunta
  4. No imponer un castigo que luego no se cumpla. No olvidemos que existen castigos negativos y positivos
  5. Supervisar las actividades de los hijos.
  6. Procurar gratificar en vez de castigar. De igual modo, si nuestro hijo ha hecho algo de forma adecuada es preciso el refuerzo positivo que, obviamente, no tiene porqué ser nada material
  7. En el caso de los niños más caprichosos, se debe intentar hacer lo posible para mejorar nuestra relación con ellos.
  8. Otorgar a los hijos responsabilidades acordes a su edad, como recoger la mesa o ponerla, sacar la basura, hacerse la cama, sin importar el sexo.
  9. No apartarles ni sobre protegerles, ambas cosas podrían configurar un niño tirano

Fuente: siquia.com