Cuando la adolescencia y la depresión van de la mano

Clara Cerezo

Los dolores de cabeza, la mala digestión o la pérdida de memoria pueden ser los síntomas físicos de una depresión. Es bien conocida la áspera transición entre la niñez y la etapa adulta: un lapso de tiempo, caracterizado, a menudo, por una búsqueda constante de la identidad. Un hecho que convierte la adolescencia en una etapa problemática, inestable y emocionalmente frágil. Pero, ¿cómo es posible saber si un adolescente está sufriendo algo más que un cambio ‘típico’ de la edad?

Según Jerónimo Saiz, jefe de la unidad de psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), “cuando los jóvenes tratan de encerrarse en sí mismos en exceso, manifiestan dificultad para dormir, bajan el rendimiento académico, comen peor o se inician en el consumo de alcohol y drogas, hay que valorar la presencia de una depresión y a partir de ahí tratar de localizar su base, situada en el sentimiento de pérdida del ánimo”. Además y según el experto, este trastorno puede desencadenar problemas físicos como dolores de cabeza, mala digestión o pérdida de memoria por falta de concentración.

Es el caso de Gonzalo, un joven madrileño de 22 años que hoy tiene la fortaleza suficiente para enfrentarse a una adolescencia marcada por una depresión no diagnosticada en su totalidad. A los 16 años comenzó a manifestar cambios emocionales a su juicio “inexplicables”: no había un único factor que los desencadenara. “De un curso a otro disminuyó mi rendimiento académico, perdí el apetito y me resguardaba en mi habitación jugando a los videojuegos durante noches enteras. Sentía que nada malo podría sucederme allí”.

En su caso, sufrir un Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad le obligó a seguir un tratamiento farmacológico respaldado por psicoterapia, un hecho que según afirma, pudo desviar la atención de la familia y los profesionales sanitarios que le trataban. “Quizá el TDAH que padecía disipó lo que además estaba sucediéndome”, subraya.

Sin embargo, aunque los expertos relacionan el consumo de alcohol y drogas como uno de los síntomas más frecuentes de la depresión durante la adolescencia, el caso de Gonzalo fue particular: “Yo me inicié en el ‘consumo’ de videojuegos. Mi vida comenzó a girar en torno a ellos: era la única vía de escape a mis problemas”.

Familia y entorno, pilares fundamentales

Durante los años más grises, la familia de Gonzalo vivió de cerca una situación que sumió al adolescente en un bucle incesante. “Mis padres acabaron muy fatigados. Su apoyo me ayudó, pero quizá no supieron tratar mi problema de la forma más adecuada”.

La familia y el entorno son los pilares más básicos para la mejora de las personas con depresión. Según afirma la doctora Dolores Moreno, coordinadora de la unidad de psiquiatría del Adolescente del Hospital Universitario Gregorio Marañón (Madrid), y presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente, “es fundamental que el paciente depresivo se desarrolle en un medio constructivo donde los padres sepan poner límites precisos y contundentes, sin llegar a ser autoritarios”.

Y es que, los progenitores, según subraya Jerónimo Saiz, “deben hacer frente al problema de su hijo con sensibilidad y delicadeza”. El adolescente, añade Saiz, debe percibir que su entorno se involucra, pero sin caer en el exceso. “Una excesiva preocupación puede hacer que el joven sienta que su familia tiene la intención de fastidiarle o controlarle”, añade.

Asimismo, en lo que al papel de la familia se refiere, el psicopedagogo especialista en psicología infantil, Jorge López Vallejo, recomienda a las familias evitar una serie de conductas que, a su juicio, “conducirían al adolescente a un empeoramiento o incluso, a la cronicidad de su trastorno”. De esta manera, el especialista aboga por no proporcionar ayuda en exceso, “porque crea beneficio secundario a la patología que puede provocar que la depresión perdure en el tiempo”. Tampoco es aconsejable hablar demasiado del problema, porque “cuanto más se hable de su depresión, más se extenderá”. De esta manera y según subraya este último experto, “los mensajes de condescendencia o lástima pueden ser muy perjudiciales por provocar que el adolescente se sienta más cómodo en continuar en la posición de enfermo”.

Pero si bien Gonzalo recibió apoyo de padres y amigos, la depresión le despertó un miedo irrefrenable a decepcionar a aquellos que le rodeaban. Ante la imposibilidad de afrontar un problema que no comprendía, solventó el temor refugiándose en la mentira. “Mentía impulsiva y constantemente por la sobrecarga y la presión externa a las que estaba expuesto. Tenía miedo de decepcionar a los que más me querían, aquellos que esperaban algo de mí que yo no podía dar”.

Gonzalo posa en “Elite Gamer Center”, su lugar de trabajo. ANTONIO HEREDIA

Crear una imagen de sí mismo, ajena y lejana a la realidad, le llevó a adoptar un papel, un disfraz y un rostro diferente al que tenía. “Cada vez que conocía a gente nueva tenía la sensación de que la vida me brindaba la oportunidad de empezar de cero. La mentira me facilitaba las cosas.” Sin embargo, siente que sus amistades nunca dejaron de creer en él. “A pesar de todo, confiaron mucho en mí. Quizá por eso salí adelante”.

La psicoterapia, muy importante

Dada la individualidad de cada caso, los profesionales sanitarios toman un camino u otro en el tratamiento de un paciente depresivo. En el caso de que un adolescente presente todos los síntomas de la depresión, afirma el doctor Saiz, hay que evaluar el contexto en el que se produce el problema para averiguar qué puede haber ocurrido. “Según sean los factores desencadenantes de la enfermedad, se han de intervenir sobre ellos de una forma u otra”.

Por su parte, Eduardo García-Camba, responsable de la unidad de psiquiatría del Hospital Universitario La Princesa (Madrid), señala la importancia de un abordaje psicoterapéutico apoyado con psicofármacos(ante casos extremos de ideas suicidas). Terapias como la cognitiva-conductual, que trabaja con los errores de pensamiento del paciente depresivo, afirma, “ayudan a reorientar, fortalecer y modificar las emociones negativas y pesimistas del paciente depresivo hacia otras de carácter constructivo”.

Otras como las interpersonales, “se fundamentan en la expresa relación médico-paciente. En estas últimas, señala, el psicoterapeuta se implica severamente con la situación del adolescente. Una terapia que, además, trabaja con la dinámica interna de la persona y su modo de afrontar las cosas.

Por su parte, José Félix Rodríguez Rego, especialista en psicoterapia y coordinador de la Sección de Psicología Clínica y de la Salud del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, afirma que “por encima de las psicoterapias reconocidas y operantes en la actualidad (de orientación psicodinámica, humanista, sistémica y de familia, entre otras) está el vínculo entre paciente y terapeuta.

En términos de tratamiento psicoterapéutico, añade, es muy relativo y subjetivo señalar qué psicoterapia es más efectiva, debido a que los estudios de las mismas suelen estar sesgados de acuerdo con la orientación de las personas que los realizan. “No hay psicoterapia de la depresión, sino psicoterapia del paciente deprimido”.

Prejuicios, tabúes y asistencia de la enfermedad mental

La depresión es una enfermedad mental compleja y rodeada de prejuicios, tabúes y estigmas. En ese tiempo pasado, los prejuicios sociales impidieron a Gonzalo ser quien realmente era.

“En general, existe un fuerte prejuicio social que suele definir al deprimido como una persona débil que no es capaz de afrontar y superar las adversidades de la vida. Es por eso que aún queda mucho por hacer para lograr cambiar la sensibilidad social y los estigmas que rodean a la salud mental en su conjunto”, subraya Jerónimo Saiz.

En términos de cobertura sanitaria, José Félix Rodríguez Rego destaca la necesidad de mejorar la asistencia psicoterapéutica de los pacientes deprimidos. “Hoy en día la asistencia global es totalmente mejorable. Es necesario aumentar las plazas de psicólogos en los hospitales y centros de salud”. Asimismo, Rodríguez Saiz recuerda que los pacientes depresivos que reciben tratamiento no llegan a la mitad del total de casos registrados. De esta manera, hace hincapié en la necesidad de aumentar el reconocimiento global de la psiquiatría infantil, en un tiempo que, según afirma, la depresión sufrida por niños y adolescentes está aumentando por encima de la sufrida por la población adulta.

Años después, Gonzalo es monitor y encargado de un centro de alto rendimiento para jugadores de videojuegos en el madrileño barrio de Salamanca. También practica la meditación con el objetivo de controlar sus emociones.

“Meditar me ayuda. A día de hoy estoy contento con ello y me siento emocionalmente estable: el trabajo, la meditación y la rutina me han hecho entender la necesidad de gozar de cierta estabilidad en la vida”, añade. De esta manera, trabajar en un mundo que años atrás alimentó su pésimo estado emocional, le ha ayudado a transmitir a los más pequeños aquellos valores que tiempo atrás no supo transmitirse a sí mismo.

Fuente: elmundo.es

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