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Día del Síndrome de Down: la cara amable en Instagram

María Jesús Martín

Estas tres familias luchan por dejar a un lado los prejuicios y utilizan las nuevas tecnologías para dar a conocer una realidad que afecta en España a unas 34.000 personas.

Todas las historias comienzan igual. Con la noticia de un cromosoma más en el par 21, el que indica que un bebé tiene síndrome de Down. A partir de ahí, las dudas, la culpa, la preocupación y al final, la calma.

“En las primeras ecografías todo parecía ir bien, Loreto tenía pliegue nucal y hueso nasal, sin embargo sus huesos largos medían más cortos de lo normal. Al principio simplemente nos decían que era pequeñita, pero a las 30 semanas, en una ecografía en alta definición, se confirmó la sospecha. El perfil de cara, su dedo sandalia, sus huesos largos cortos alertaron al médico que pronunció esas palabras que aún resuenan: es el 21”.

Es el testimonio de Mar, mamá de Loreto, un bebé con síndrome de Down que con un año intenta mostrar cada día que su vida no difiere mucho de la del resto de bebés de su edad, y que la belleza en Instagram no está reñida con el número de cromosomas de nuestro ADN.

“Las semanas que siguieron a la noticia nos parecen ahora un terremoto que parecía poner nuestra vida patas arriba, parecía derrumbar nuestros sueños de familia perfecta, de matrimonio feliz. Pasados los meses, y ya en calma, sentimos que lejos de aquello, nos ha fortalecido como matrimonio y enriquecido como familia”, añade la madre de Loreto para quien sus creencias religiosas han sido fundamentales a la hora de asumir la noticia.

@missloreto tiene más de 8000 seguidores en Instagram.

Mar y Sebastián tienen otro hijo de cuatro años y cuando nació Loreto sintieron la necesidad de ayudar a otros padres que estaban pasando por su misma situación. Y eligieron las redes sociales para hacerlo, en concreto Instagram dónde se cuelgan miles de fotografías cada día y dónde estamos acostumbrados a una clase de belleza y a una perfección sobrevalorada.

“Me sentía y me siento obligada a cambiar la ideas preconcebidas que existen, de poner mi granito de arena para que mi hija se sienta querida e integrada en la familia más cercana, amigos, vecinos y en la sociedad en general. Así es como nació @missloreto. En definitiva, tenía la necesidad de mostrar al mundo lo maravillosos que son estos niños, lo felices que nos hacen con su sonrisa y con su capacidad de amar. Son diferentes, por supuesto, ¿pero acaso no somos todos diferentes, con nuestras cualidades y defectos?”

Todos somos diferentes pero Agustín Matía, gerente de Down España reconoce que “durante años ha sido normal encontrarse a personas con síndrome de Down apartadas, ocultas o encerradas en casa, sobre todo si eran mujeres. El que las familias utilicen la dimensión de las redes sociales es una forma de expresar que aceptan que la vida de sus hijos con síndrome de Down debe ser inclusiva y eso es una buena noticia. Refleja un estimable avance en la asunción de la identidad del síndrome, la superación de lo que podía ser considerado como un estigma social, y un ejemplo de autoestima y normalidad”.

Jose vive en Valencia y muestra sus avances en @growupwithdown.

Romper todas estas barreras también ha sido el objetivo de los padres de Jose. Su cuenta en Instagram, @growupwithdown, tiene casi 3600 seguidores. “El objetivo era y sigue siendo el de dar normalidad a este síndrome, siempre hemos pensado que la visibilidad ayuda muchísimo a la integración. Queríamos también que las familias vieran que la vida con una persona con síndrome de Down no es tan diferente a la de cada uno de vosotros, es fácil, solo hay que dejarse llevar y vivir”, reconoce Susana, valenciana que también asegura que su cuenta de Instagram sirve de ayuda a muchos padres que está en su misma situación.

“En estos momentos, gracias a la cuenta de Instagram hay algunas mamás que se están poniendo en contacto conmigo para expresarme sus dudas, sus miedos, para que lloremos y para que riamos juntas. Si son de Valencia, nos tomamos un café o un té en algún lugar bonito y cuando son de fuera de Valencia, nos hablamos por las redes y compartimos esos mismos momentos por el mundo 2.0”.

Además, Susana y Enrique, han abierto otra cuenta,@tengoundownextraordinario, “desde la que ayudamos al estudio que se lleva a cabo en el Centro genómico de Barcelona, al frente del cual está la Dra Mara Dierssen con la estamos en contacto continuo, con la venta de camisetas, sudaderas y tazas cuyo beneficio íntegro se destina al Estudio TESDAD que se ha demostrado que en jóvenes adultos con síndrome de Down mejora la capacidad cognitiva. Se necesitan fondos para realizar este mismo estudio con niños de edades comprendidas entre los 2 y 12 años”.

Para otra madre, Alejandra, su vida en Instagram comenzó cuando Pablo tenía pocos meses. “Queremos evitar que se caiga en las etiquetas de “son muy cariñosos”, “son unos angelitos”. Los niños con Síndrome de Down son niños como todos, con su carácter, sus habilidades y sus capacidades. No por tener síndrome de Down todos son iguales”. Su cuenta, @pablomolondown, tiene más de 3000 seguidores y recoge fotos de sus avances, sus aficiones, y el amor que siente por sus dos hermanas mayores. “En Pablo, aunque a muchos aún les sorprenda, no vemos nada difícil. Todos los sentimientos que nos provoca son buenos. Es un niño que nos ha dado mucho más de lo que nosotros le podemos entregar. Ya el mismo embarazo fue muy especial y todo lo que ha venido desde entonces también”.

@pablomolondown posa con su hermana en Instagram.

Son sólo tres historias de familias que luchan por dejar a un lado los prejuicios y utilizan las nuevas tecnologías para dar a conocer una realidad que afecta en nuestro país a unas 34.000 personas de 6 o más años, el 41% de ellas son mujeres según cifras de la Asociación Down España.

AMANDA BOOTH

Fuera de nuestro país, una de las pioneras en hacerlo fue Amanda Both, modelo que trabaja en Los Angeles y que ha hecho famoso a su bebé Micah, que posa en Instagram al lado de su madre con naturalidad y mucho estilo.

Y la vuelta al mundo han dado las fotografías de Alan Lawrence, papá de un niño que nació en 2013 con síndrome de Down y que ha sido retratado volando en escenarios variopintos, gracias a Photosop, en su cuenta de Instagram,@thatdadblog.

ALAN LAWRENCE

Una metáfora de la magia y la fuente de inspiración en la que se puede convertir la diferencia cuando rompemos todas las barreras, incluida la que nos liga a nuestro ADN.

Fuente: elmundo.es

América Latina: una región rica en biodiversidad

Jorge A. Brea

América Latina, incluyendo al Caribe, es una de las regiones más ricas del mundo en biodiversidad. De acuerdo a un informe publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2010), la región tiene casi la mitad de todos los bosques tropicales del mundo, más del 30 por ciento de toda el agua dulce disponible, un tercio de los mamíferos, 35 % de las especies de reptiles, el 41 % de las aves y el 50 % de los anfibios.

Los arrecifes coralinos mesoamericanos son los más extensos del hemisferio occidental. El 50 % de la flora del Caribe no existe en ninguna otra región del mundo.

Esta biodiversidad representa una enorme fuente de recursos que es imprescindible conservar con el fin de promover las economías nacionales y regionales, mejorar la calidad de vida de la población y garantizar un desarrollo económico y social sostenible.

El modelo de desarrollo adoptado por muchos países latinoamericanos no conduce a la sostenibilidad ambiental. La explotación descontrolada  de recursos naturales genera ganancias a los sectores privados o públicos involucrados en dicha explotación. Estas ganancias son a veces a corto plazo. Pero el costo provocado por el deterioro del medio ambiente es a largo plazo y cae sobre la mayor parte de la población. Ese costo a largo plazo muchas veces se ignora cuando se toman decisiones acerca del uso de los recursos naturales.

Malas prácticas

El informe de PNUMA (2010) enumera varios tipos de impactos negativos generados por el uso destructivo del medio ambiente. Entre los años 1981 y 2005 se perdieron aproximadamente 142 millones de hectáreas de bosques en América Latina.

  • La expansión de la agricultura comercial y de la ganadería es la principal causa de la pérdida de bosques.
  • La deforestación genera erosión del suelo y empeora la calidad del agua.
Buenas nuevas

Los bosques y el agua están vinculados, ya que la vegetación filtra el agua e incrementa el nivel de humedad en la atmósfera. La buena novedad es que de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la tasa de deforestación en América Latina ha disminuido.

Mientras que entre 1990 y 2000 se perdían 4,45 millones de hectáreas de bosques al año, entre 2010 y 2015 esa cifra se redujo a 2,18 millones. La disminución se ha observado principalmente en Brasil, Mesoamérica y el Cono Sur. Un aumento en las áreas de bosques se logró en Chile, Uruguay, Costa Rica y en varios países del Caribe incluyendo a Cuba, República Dominicana y Puerto Rico (FAO, 2016).

Sin embargo, la tasa de deforestación en América Latina todavía es mayor que la tasa global.

La deforestación aumenta la erosión del suelo que, a su vez, reduce su fertilidad y la productividad agrícola. El informe de PNUMA (2010) indica que en Ecuador un 37,6% de la tierra agrícola tiene un alto riesgo de degradación. La pérdida de fertilidad del suelo se recompensa con el uso de fertilizantes químicos  que contaminan el medio ambiente y perjudican la salud de la población. Este proceso regresivo es acelerado por la rápida expansión de la agricultura comercial y la ganadería.

Impacto sobre el clima
  • La destrucción de los bosques tiene un gran impacto sobre el clima. La cubierta forestal bloquea los rayos solares durante el día, regula la evaporación manteniendo así la humedad del suelo.
  • Sin la capa vegetal, la temperatura y la evaporación aumentan, el suelo se seca y el clima se vuelve más árido.
  • La vegetación filtra el agua y devuelve el vapor de agua a la atmósfera manteniendo de esta manera el ciclo hidrológico.
  • Los bosques también regulan el ciclo de carbono mediante la absorción y almacenamiento de una gran cantidad de dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero, reduciendo así el calentamiento global.
  • La cubierta vegetal mitiga el impacto de desastres naturales, protege las costas y reduce la frecuencia e intensidad de las inundaciones y deslizamientos de tierra (PNUMA, 2010).
  • La pérdida de biodiversidad conjuntamente con el cambio climático empeora el nivel nutricional y la salud de la población, particularmente la de menos recursos.
  • La deforestación contribuye a la propagación de ciertas enfermedades como la malaria y el dengue.
  • La biodiversidad provee una mayor cantidad y variedad de alimentos y detiene la difusión de enfermedades.
  • La pérdida de biodiversidad, el cambio climático y el aumento de la frecuencia e intensidad de los desastres naturales también producen grandes desplazamientos humanos con graves consecuencias para las personas que deben desplazarse y para sus familias.
Promoviendo vida

En el estado de Amazonas, Brasil, una iniciativa llamada Zona Franca Verde se estableció en 2003 con el fin de reducir la deforestación y promover un desarrollo sostenible a largo plazo. El Estado invierte en ciencia, tecnología e innovaciones. Una de las innovaciones de la Zona Franca Verde fue la creación del Programa Bolsa Floresta en el año 2007.

El Programa, implementado y manejado por la ONG privada Fundación Amazonas Sostenible, es una iniciativa pública-privada subvencionada por el Estado de Amazonas y empresas privadas. El autor pertenece al Departamento de Geografía de la Central Michigan University, Mount Pleasant, Michigan.

Hoy es el equinoccio de primavera ¿Qué es y en qué te afectará?

El equinoccio de primavera marca el inicio de esta estación. En el 2017 empezó este lunes 20 de marzo a las 11.29 horas y durará hasta el próximo 21 de junio a las 6.24 horas. Un total de 92 días y 18 horas primaverales.

¿Qué es el equinoccio?

Equinoccio es una palabra proveniente del latín que significa “noche igual”. Es el tiempo en el que, por hallarse el Sol justo sobre el ecuador, la duración del día y de la noche es la misma en toda la Tierra. En el equinoccio los rayos de sol son perpendiculares, es decir, a 90 grados de inclinación respecto al eje de rotación del planeta.

¿Cuántas veces ocurre y cuándo?

Este fenómeno ocurre dos veces al año, una (equinoccio de primavera) entre el 19 y el 21 de marzo y la otra (equinoccio de otoño), el 22 o 23 de septiembre. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que encaja la secuencia de años según el calendario (unos bisiestos, otros no) con la duración de cada órbita de la Tierra alrededor del Sol (duración conocida como año trópico). En estas fechas se cambia de estación, primero, de invierno a primavera, y la segunda, de verano a otoño en el hemisferio norte.

Hemisferio norte y hemisferio sur

En el hemisferio sur sucede el cambio de estación contraria (ahora empieza el otoño). Además, desde este lunes, el polo norte tiene 6 meses de sol ininterrumpido, no se hace de noche. Al revés pasa con el equinoccio de otoño y el hemisferio sur.

¿A qué se debe el cambio de estaciones?

El cambio de estaciones se debe a la inclinación del eje terrestre, cosa que afecta a la intensidad con la que llegan los rayos del sol al planeta.

¿En qué te va a afectar?

Así pues, la primavera ha llegado este lunes a las 11.29 horas y durará hasta el próximo 21 de junio. A partir del 20 de marzo las horas de luz del día se alargarán más rápidamente (en España, el Solirá saliendo por las mañanas casi dos minutos antes que el día anterior y por la tarde se pondrá un minuto más tarde). En consecuencia, el tiempo en que el Sol está por encima del horizonte es de casi tres minutos más cada día.

La primera luna llena de la primavera será el 11 de abril, siendo el domingo siguiente (16 de abril) el Domingo de Pascua. En esta primavera se darán otras dos Lunas llenas: el 10 de mayo y 9 de junio. Durante esta estación no habrá ningún eclipse lunar.

Malos tiempos para los alérgicos al polen

La primavera es la estación más temida para los alérgicos al polen. En nuestra zona geográfica la mayoría de plantas y árboles polinizan en esta estación.

Fuente: elperiodico.com

Cuidado, peligro de muerte

Virginia Hernández/Cristina G. Lucio

Defina anorexia. Diga lo primero que se le pase por la cabeza. ¿Qué es para usted la bulimia? Con toda seguridad habrá pensado en comida, en niñas extremadamente delgadas, siempre atentas a las portadas de las revistas y que se miden cada centímetro y controlan cada caloría. O en chicas que se provocan el vómito para compensar atracones de pocos minutos. Aunque la percepción social de las enfermedades agrupadas en los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) ha evolucionado desde que en los años 80 se empezara a hablar de esta enfermedad en nuestro país, lo cierto es que aún hay mucho desconocimiento. Ignorancia que puede hacer mucho daño.

Ahí el dato más escalofriante: los TCA es la enfermedad mental con mayor número de muertes. Por los importantes daños en todos los órganos que produce la malnutrición y por las altas tasas de suicidio, aunque no siempre estén identificados como consecuencia de la dolencia. ¿La buena noticia? “Que el diagnóstico se hace de forma más precoz y que se ha reducido el número de hospitalizaciones, porque los pacientes acuden al tratamiento con menor gravedad”. La afirmación es de la doctora Montserrat Graell, jefa de Psiquiatría del Hospital infantil Niño Jesús de Madrid, cuya unidad es la de referencia en España sobre este tipo de dolencias para los menores de 18 años.

Así funciona la Unidad de TCA del Hospital Niño JesúsLa unidad de trastornos alimentarios del Hospital infantil Niño Jesús de Madrid comenzó en el año 1992, bajo la dirección del doctor Morandé. Es la unidad de referencia en España. Trabajan cuatro psiquiatras, dos psicólogos clínicos, además del personal de enfermería, en colaboración con médicos de otras especialidades, como cardiólogos o nutricionistas. Se compone de tres áreas: hospitalización, para los casos más graves, hospital de día y asistencia ambulatoria. El tratamiento es continuado e intensivo. Los psiquiatras Montse Graell, Mar Faya y Ricardo Camarneira, el psicólogo clínico Ángel Villaseñor y la responsable de Enfermería, Victoria Cabellos, nos cuentan su funcionamiento.

Gráfico: Maite Vaquero

Graell lleva trabajando desde el año 1997 en esta unidad, fundada por el doctor Gonzalo Morandé hace justo 25 años. En este tiempo la doctora ha visto los avances en la formación de los médicos de atención primaria y cómo las familias acuden antes a las consultas. Hay una mayor difusión de esta enfermedad y mejor información, aunque todavía esté estigmatizada y permanezca oculta. Por ejemplo, en la asignatura de Ciencias de 3º de la ESO hay una parte específica sobre estos trastornos. Pero, más allá de medidas y cánones, la doctora describe el TCA como “una alteración de las emociones y de los pensamientos que conduce a una conducta de restricción alimentaria o/y de compensación de lo ingerido a través del vómito y del ejercicio excesivo. Hay una falta de percepción de las señales corporales de alerta”.

Paula Gonzalo, psicóloga de la clínica Adalmed, especialista en estos trastornos, compara la enfermedad con un iceberg que, por cierto, es la forma del colgante que regalan en su centro a las pacientes que reciben el alta. En la parte que se ve, está la obsesión por el físico, el peso, los atracones, el espejo, las comparaciones… Abajo: ahí está el verdadero problema. “Es lo que realmente hay que atacar con las pautas psicoterapéuticas, una vez que están controladas esas vías de escape: los miedos, las inseguridades, la baja autoestima o los problemas de comunicación y de relaciones sociales”. Paula habla como experta y como ex enferma, estuvo en tratamiento de anorexia restrictiva durante seis años.

“Me molesta que se crea que esta enfermedad es de niñas tontas y superficiales. Es una vía de escape, a unos les da por el alcoholismo, a otros por las drogas o por la ludopatía. A mí y a los pacientes a los que trato nos dio por el cuerpo y la comida. Con eso crees que tienes el control sobre algo, un falso control por supuesto. Hay demasiados prejuicios sobre la enfermedad mental en general”, explica sobre una realidad que conoce desde los dos lados de la barrera.

Ese es un punto que a veces cuesta reconocer, al menos en esa primera idea que pedíamos al principio. ¿Qué son la anorexia o la bulimia? Son enfermedades mentales de las que, con tratamiento continuado, cuesta una media de cuatro o cinco años recibir el alta, en el caso de que se consiga (la remisión total en el inicio adolescente es de un 60%. Hay un 20% de cronicidad y enfermos que se quedan con algunos de los síntomas). Un alta requiere mucho trabajo de los pacientes, que si no colaboran no avanzarán en la recuperación. También de las familias. “Hay una vulnerabilidad genética en la aparición de estos trastornos. La herabilidad se sitúa en torno al 40%”, cifra la doctora Graell, que añade los factores temperamentales (“perfeccionismo, insatisfacción, pensamiento rígido y obsesivo…”), también transmitidos por los padres; y los sociales y culturales, sobre los que tantas veces se advierte.

“Especialmente quiero señalar la poca tolerancia que en la sociedad tenemos a las diferencias, entre ellas a la diversidad corporal. Hay niños que están criados en ambientes donde el cuerpo perfecto, con una serie de características, sería valorado por encima de cualquier otra cosa. Yo las llamo familias pesistas. O algunos que tienen a sus hijos como prolongaciones narcisistas, como los que quieren que sean estrellas del deporte a toda costa”, continúa la doctora.

Su colega, el psiquiatra de la misma unidad Ricardo Camarneiro, añade que la vulnerabilidad de estas personas (todavía se diagnostica a nueve mujeres por cada hombre, a partir de edades adolescentes) “puede activarse por estrés -situaciones traumáticas como rupturas sentimentales o bullying, por ejemplo- y por presiones externas”. Pero el doctor deja muy claro que, aunque es importante tener en cuenta que estas presiones influyen, “nunca hay que establecer una relación causal entre estos factores y la enfermedad. Eso le quita la gravedad que tiene”.

“Nunca hay que establecer una relación causal entre estos factores y la enfermedad. Eso le quita la gravedad que tiene”.

Los TCA ponen patas arriba una casa. A la hija de Eva le diagnosticaron bulimia el pasado mes de octubre. Ingrid (se ha cambiado el nombre) se provocaba el vómito a diario, pero nadie se había percatado, hasta que la madre vio restos que indicaban que algo no marchaba. Sabía que los compañeros se habían metido con la niña desde pequeña por su sobrepeso, pero Ingrid había desarrollado herramientas que parecía que le hacían sobrellevarlo. Cumplió 15 años en febrero. “El pronóstico fue bueno porque ella lo reconoció y al principio pudo seguir con su vida normal. Pero cuando empezó el tratamiento -Ingrid tiene que tener acompañamiento 24 horas-comenzaron a aflorar otros síntomas, empezó a autolesionarse y llegó un momento que le tuvieron que dar la baja médica”.

Gráfico: Maite Vaquero

“La enfermedad lo llena todo e implica a toda la familia, incluido su hermano mayor, de 17 años”, cuenta Eva. “Yo conocía la vertiente de la restricción, pero no sabía la gravedad que supone la bulimia ni los síntomas como las autolesiones -los padres siempre deben reaccionar con calma y sin darle excesiva importancia- ni los ataques incontrolados de ira que han aparecido con posterioridad”.

Reacciones de rechazo a que les saquen de una zona de confort maldita. “Te da mucho miedo salir”, explica Marta, a punto de cumplir 16 años y con más de un año de terapia a sus espaldas. “Te acostumbras a ella y estás muy cómodo. Si la enfermedad te dice que saltes por un precipicio, lo haces antes de escuchar a la gente que te dice que no saltes. Te tienes que enfrentar a ello si quieres curarte, pero si no pones de tu parte no vas a llegar a ninguna parte”.

Gráfico: Maite Vaquero

“Lo pasamos tan mal que la gente no llega a entenderlo. Tenemos tanto dolor dentro”, cuenta Ana, de 25 años, que recibió el alta el pasado diciembre. “Al tener la autoestima tan baja, no confiamos en nadie. Además, al ocultar tantas cosas, generas una relación de mentiras no solo en tu casa, con tus amigos también”.

Esa confianza es vital que se establezca entre médico y paciente. Ángel Villaseñor, psicólogo del Niño Jesús, dice que no es tan difícil conectar con los enfermos. “Ellas detectan con suma facilidad si el que se acerca tiene la sensibilidad para saber lo que está pasando y si tratas de entender su sufrimiento. Hay que enseñarlas a dirigir su comportamiento, a que adquieran nuevas rutinas. El miedo no puede ser paralizante”.

Mar Faya, psiquiatra de la misma unidad del Niño Jesús, describe su trabajo como de puerta de entrada y de salida. Es la responsable del tratamiento ambulatorio de la unidad y ve a las pacientes al principio, para asignarles el programa adecuado a su estado de salud, y al final, cuando reciben el alta pero hay que continuar con el seguimiento para evitar recaídas. “A los padres siempre les digo que es una carrera de fondo y que aquí no hay sprint. Que hay que organizarse, confiar y seguir, aunque haya contratiempos. Pero si médicos, pacientes y padres remamos en la misma dirección, conseguiremos que salgan adelante. El índice de curaciones va aumentando”. Lleva 15 años y ha visto muchos casos.

¿Niñas caprichosas y perfeccionistas? Responde Ana, desde la experiencia de saberse curada: “Los estereotipos marcan. Piensa en cómo me va afectar tu comentario”.

Paula, psicóloga y ex anoréxica: “Hacen trampas que yo hacía”Tenía 14 años y un año por delante de intercambio en Irlanda. Paula no pudo más y confesó. Le contó a sus padres por lo que pasaba y pidió ayuda, aunque los primeros dos años no colaboró demasiado. Recibió el alta seis años después. Paula ahora es psicóloga clínica en el mismo centro donde recibió tratamiento, en Adalmed, en Madrid. Cuando terminó sus estudios no pensó que derivaría su carrera hacia esta especialidad: “Soy rápida detectando síntomas, supongo que al final eran muchos años de entrenamiento”, explica. Sus pacientes saben que ella pasó por lo mismo y se sienten identificadas. Paula está ahí y pudo curarse. La terapeuta juega con la experiencia en primera persona: “Hay algunas cosas para las que puedo tener más vista, algo que te cuenten que no te suene bien o estrategias que yo utilicé y que a mí me funcionaron para parar pensamientos”.

Fuente: elmundo.es

¿Por qué todos opinan sobre cómo criar a los hijos de los demás?

Catherine L’Ecuyer

Hace 12 años. Eran las dos de la mañana y llevaba apenas unas horas estrenando, con sentimientos encontrados, esa maravilla que llamamos maternidad. Asombro, euforia, pero también culpabilidad, dolor y miedo.

Nadie me había dicho que la lactancia iba a ser un calvario. Mientras luchaba en la penumbra, se me acercó una señora vestida con bata y, con un trato muy poco delicado, empezó a aleccionarme sobre la lactancia, introduciéndose en la recién estrenada intimidad madre-hija, sin que le hubiese pedido su ayuda.

Me dijo que lo estaba haciendo muy mal y me hundió de consejos para ser una madre aceptable. “Muchas gracias”, le dije, esperando que nos dejara a solas. Qué sorpresa me llevé al verla dar media vuelta para seguir con su trabajo, cogiendo el suape. Pertenecía al turno nocturno del equipo de limpieza del hospital.

Es curiosa la alegría, el desparpajo con que la gente opina. ¿Por qué existirá esa especie de inercia irresistible en el ámbito educativo y de la crianza para opinar de todo lo que uno piensa, y a veces ni sabe? Las suegras, las cuñadas, las amigas, los expertos educativos, las redes, las empresas que venden productos, las revistas educativas. Todos opinan con una alegría, una contundencia y una seguridad que dan miedo. Menos mal que sabemos que la veracidad de un juicio no depende de la fuerza con la que se emite. Pero cuando uno va sin experiencia, cuánto se traga…

¿Qué mueve a dar consejos a todos y a todas horas? Sin duda, está el bienintencionado, el que por empatía auténtica quiere ayudar a toda costa, pero que no mide su propia fuerza. Prefiere soltar cualquier cosa que quedarse callado ante un problema. Intuyo que fue el caso de la señora que hace 12 años se me acercó en la penumbra mientras limpiaba.

Luego está el resabido, el que lo sabe todo porque se conoce de memoria lo que predica la industria del consejo empaquetado y siempre tiene la respuesta a punto a todos los problemas. El resabido no es consciente de lo pesado que es, sobre todo cuando alecciona en público. Pero sin duda, la peor clase de consejo que podemos recibir, es la del oportunista. El mercado está repleto de consejos oportunistas, ajenos a la mentalidad científica, basados en modas educativas de turno y que intentan sintonizar con un sentimiento general afín para crear simpatía entre sus lectores.

Me atrevo a decir que los consejos oportunistas son los primeros enemigos de la educación con sentido. ¿Por qué? Si nos fijamos bien, usan un lenguaje tan general que, además de no decir nada concreto, acaban sembrando una confusión absoluta. Por ejemplo, ahora se ha puesto de moda advertir de la sobreprotección. Se leen artículos en numerosas revistas educativas “prohibiendo” tener una “preocupación excesiva por satisfacer al momento las necesidades de nuestro hijo y prevenirles o evitarles cualquier mal o sufrimiento”.

Para darnos cuenta del sinsentido del consejo oportunista, un ejercicio interesante puede consistir en analizar esa cita, procurando interpretarla.

¿Se considera una “preocupación excesiva por satisfacer al momento las necesidades de nuestros hijos” el calmarles con la tableta para dormirles o el comprarles chucherías cuando nos las reclaman con una pataleta con 3 años?

¿Se consideran las tabletas y las chucherías “necesidades”? ¿Se considera una “preocupación excesiva por satisfacer al momento las necesidades de nuestros hijos” el dar el pecho a demanda, o el tener seis cámaras pendientes de sus movimientos nocturnos? ¿Y el tomar la temperatura del baño con 6 meses? ¿Y con 10 años? ¿Y el atenderlos cuando tienen frío al día de nacer, o cuando piden brazos llorando porque les duele el estómago o porque les asusta la vista de un extraño con 6 meses, o cuando lloran desconsolados al entrar al colegio con 18 meses?

¿Se considera una “preocupación excesiva por prevenirles o evitarles cualquier mal o sufrimiento” el impedir que abran el cajón de cuchillos con 4 años, el llevarles al cole el bocadillo que se olvidaron en casa con 15 años o el impedirles que suban un árbol de cuatro metros de altura? ¿Y de 40 metros?

Con esos consejos genéricos, la confusión está servida. Quizás por eso, algunas madres llaman “histéricas” a otras que no se atreven a dejar a sus bebés en manos de canguros desconocidos. Consideran hacerlo una proeza para inculcar “madurez” y autonomía cuanto antes al retoño. Y llaman “enmadrados” a niños que lloran al entrar por primera vez en el colegio.

Es curioso que exista una palabra en castellano, “mamitis”, que haga sonar a trastorno la natural y sana manifestación de la necesidad afectiva de un niño. No sorprende, dada la facilidad que tenemos en ponerle etiquetas de trastorno a absolutamente todo lo que consideramos fuera de la “normalidad”. Una vez definida la normalidad como lo que se sale de la norma, habría que ver quién marca la norma, si es la naturaleza misma, la dictadura de la mayoría, o un oportunista y seudocientífico interés en ella.

Lo que dice la literatura científica, que se ubica en las antípodas de la industria del consejo empaquetado, es que el vínculo del apego es clave para un buen desarrollo de la persona. Coinciden miles de estudios en que el vínculo del apego seguro se establece a base de atender a tiempo las necesidades básicas (biológicas, afectivas) del niño durante sus primeros dos años de vida. Y la literatura científica nos da pautas concretas de lo que significa eso. Sin embargo, hoy por hoy, suena bien decir que “no hay que tener una preocupación excesiva por satisfacer las necesidades de nuestros hijos”, sin matizar ni siquiera por edad. Porque es lo que se lleva. Y se considera que lo que se lleva manda. Es curioso eso. Las modas están sujetas a gustos y cambian, pero curiosamente, obligan.

Y nosotros, por buscar lo mejor para nuestros hijos, porque andamos sin experiencia y no quisiéramos equivocarnos, aceptamos con resignación la dictadura de las modas. En la educación, si no sabemos y no tenemos medios de saber lo que conviene hacer, es mejor seguir la intuición y equivocarse cien veces para finalmente encontrar el punto, que seguir ciegamente un consejo oportunista y seudocientífico.

Lo que no va a ser nunca objeto de moda es lo que reclama la naturaleza de nuestros hijos, en función de cada edad. La dificultad de educar, y también paradójicamente el éxito en hacerlo, reside precisamente en eso: en la capacidad de discernir entre lo que reclama el niño y lo que reclama su naturaleza, que no siempre coinciden. Eso no lo puede hacer un manual de crianza escrito por personas que no conocen a nuestros hijos, no lo puede hacer una aplicación informática, por muy sofisticados que sean sus algoritmos, ni nos lo pueden resolver consejos, por muy bienintencionados que sean, y menos si son oportunistas y seudocientíficos. Esa capacidad de discernir nos la facilita la literatura académica. Pero no nos engañemos. Al fin y al cabo, lo hace una piel fina, y esa piel fina es la sensibilidad que desarrolla un padre, una madre, a base de estar tiempo con su hijo observándolo. Es “sentir con”, que se resume en una palabra: la empatía. No es casualidad que la literatura científica haya encontrado que el principal indicador para el buen desarrollo de un niño sea la sensibilidad de su principal cuidador, y que los niños con apego seguro sean más empáticos.

Y si alguien vuelve a hundirnos con consejos, bienintencionados o no, y a asegurarnos que lo estamos haciendo muy mal, deberíamos recordarle que antes de opinar sobre el estilo de crianza de otro, es mejor esperar a que nuestros hijos tengan por lo menos 90 años.

Catherine L’Ecuyer es autora de Educar en el asombro y Educar en la realidad.

Fuente: elpais.com/

 

Descubre cuántos libros podrías leer si salieras de algunas redes

¿Te has parado a pensar en que quizás estás desperdiciando tu tiempo con esos pequeños hábitos que no construyen nada bueno en tu vida?

Si tomas conciencia de tu tiempo y le das el valor que realmente se merece, te darás cuenta de que tú y sólo tú eres el que decides cómo quieres que te afecten las cosas y de qué manera les harás frente. Dejarás de desperdiciar tu tiempo o dejarás de ponerlo al servicio de actividades vacías de sentido para ti.

Sírvete, por tanto, de la determinación, pasa a la acción, sé optimista, creativo, plantéate nuevas metas y nuevos desafíos, sé asertivo en tus planteamientos y no le temas a los cambios. Así y sólo así es cuando la gestión de tu tiempo te llevará a cumplir todos y cada unos de tus sueños.

Warren Buffett, considerado uno de los más grandes inversores y empresarios del mundo, decía: «si quieres tener éxito, lee 500 páginas de buenos libros al día».

Seguramente estés pensando, resignadamente, que es imposible encontrar tiempo para poder leer 500 páginas diarias. Pero el periodista Charles Chu, en un artículo para la innovadora revista Quarz, ha llegado a la conclusión de que no es tan difícil ni alcanzar esas 500 páginas diarias ni devorar 200 libros al año.

El motivo es que un estadounidense medio invierte unas 608 horas al año en las redes sociales y 1642 en ver la televisión. Con una comprensión lectora normalita (400 palabras por minuto), solo con el tiempo que inviertes en divagar por redes sociales podrías leer unos 200 libros al año (o mil resúmenes). ¿Necesitas más argumentos?

«No he conocido a ninguna persona sabia que no leyese todo el tiempo», Charlie Munger.

¿Qué distingue a aquellas personas que destacan por su inteligencia? En muchos casos, dedicar una hora al día a la lectura puede marcar la diferencia. A pesar de ello,  tres de cuatro españoles no ha pisado nunca una librería y cerca de la mitad no lee absolutamente nada que no sean frases sueltas. En nuestro país, entre Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y WhatsApp, por citar sólo las más conocidas, nos dejamos 96 minutos del día (según los datos de la agencia We Are Social). También podríamos, por tanto, leer todos esos libros.

Ésta es la razón por la que algunos ríos no llegan al mar

Celeste Gomez Wagner

Hay un dicho que dice que “todo río llega al mar”, pero no es así; y la causa de que no lo sea hay que buscarla en nosotros, los hombres y mujeres del mundo.

Las grandes obras hidraúlicas como las represas, construidas para producir energía a partir del movimiento del agua, destruyen los ecosistemas y traen graves consecuencias en las comunidades en las que se instalan. Por eso, para dar a conocer esto, el 14 de marzo se ha establecido desde 1997 como el “Día Internacional de Acción por los Ríos”, organizado por International Rivers.

Algo que afecta a un río, también incide sobre los demás con los que se conecta, así como sobre la fauna, el ambiente y las comunidades que se asientan cerca de ellos. Por eso no es un problema local, sino que se extiende mucho más allá del área en el cual se instala.

Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) existen alrededor de 45 mil represas en actividad en el mundo. ¿Qué es una represa? Básicamente es un lago artificial que se forma cuando se construye un muro que actúa como barrera interrumpiendo el curso de un río y, de esa manera, se usa para controlar o almacenar el agua; y producir energía, especialmente.

Sin embargo, las represas se encuentran en los primeros de la lista de infraestructuras peligrosas para el ambiente por el impacto que generan en el ecosistema y en las comunidades.

Si bien con la energía del agua se produce energía eléctrica sin recurrir al uso de combustibles fósiles como el petróleo, el impacto de su instalación no la vuelve una alternativa favorable.

Una represa modifica el volumen y cauce de los ríos, haciendo que el agua se desplace; puede provocar inundaciones, hacer que la vegetación quede bajo el agua, favoreciendo la pérdida de bosques, de peces nativos, y generando pérdidas histórico- culturales e incluso económicas de la comunidad. En algunos casos, incluso, las represas han desplazado a las personas de sus lugares de vida, y han empobrecido a los pueblos al mismo tiempo que han enriquecido a las compañías internacionales que suelen desarrollarlas.

Por eso, las represas son una de las principales causas por las que la mayoría de los ríos más grandes del mundo están perdiendo su conexión con el mar.

La muerte de la activista Berta Cáceres en Honduras por luchar en representación del pueblo lenca en contra de la instalación del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca en el río Gualcarque, considerado sagrado y vital para su comunidad, es un ejemplo del volumen de intereses que están en juego en los grandes proyectos como éstos, que buscan enriquecerse a costa de nuestros recursos, y dejar a nuestras comunidades vulneradas en sus derechos.

Fuente: Labioguia.com