Homenaje Radhamés Mejía

La Asociación Dominicana de  Rectores de Universidad tuvo el acierto de dedicar un homenaje  a don Radhamés Mejía, en justo reconocimiento a su dedicación a la vida universitaria. Rector de UNAPEC hasta hace unos meses y durante casi tres décadas Vicerrector  de  la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra,  el profesor Mejía, es un reconocido intelectual cuya competencia científica viene refrendada por su formación en Harvard, entre otras universidades.

Manuel Maceiras Fafián, Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, aludió en su discurso a lo que de su trayectoria se conoce directa y personalmente. En primer lugar, abordó sobre  la  subsistencia  de sus empeños para colaborar con todas las iniciativas oficiales y privadas, encaminadas a mejorar, académica y  científicamente, la vida universitaria.

Consideró que Radhames no ha sido ajeno a ningún ámbito de discusión y propuesta sobre la enseñanza superior y el fomento de la investigación. Su vigor intelectual no se limitó a la República Dominicana, ni a otros países  americanos, incluida  Norteamérica, sino que alcanzó a Europa, a España en particular  y a la  UNESCO,  en donde su voz se ha hecho presente, no para asuntos de trámite,  sino empeñada con  inteligencia en los problemas actuales  de las instituciones  universitarias y sus implicaciones en el  progreso científico.

Con encomiable competencia, sobrepasando las disposiciones puramente mecánicas,  ha sabido poner al servicio de los propósitos académicos su dominio de la informática, de la comunicación y la documentación, sobrepasando las funciones de mera utilidad y demostrando, con la seriedad y vigor de su estilo,  que  la inteligencia preexiste y sobrepuja a la tecnología.

Radhamés Mejía es ejemplo del intelectual de nuestro tiempo, consciente de que la inteligencia no es ornato sobreañadido, sino gracia para ser transplantada al mundo por obra y obligación de quienes tienen la fortuna de poseerla.

Biografía de Salomé Ureña de Henríquez

Salomé Ureña de Henríquez

(Nombre de nacimiento Salomé Ureña Díaz; 21 de octubre de 1850 – 6 de marzo de 1897) fue una reverenciada poetisa y educadora dominicana, siendo una de las figuras centrales de la poesía lírica del siglo XIX e innovadora de la educación femenina en su país.

Alumna aventajada de Eugenio María de Hostos, sus obras se centran en el amor a la patria y en su entorno familiar. Aunque no escribía muy a menudo, logró llamar la atención de gran parte de Latinoamérica por la profundidad de sus obras. Entre sus trabajos más notables se encuentran: A La PatriaEl Ave y El Nido, Sombras, entre otros.

BIOGRAFIA

Ureña nació en Santo Domingo, República Dominicana el 21 de octubre de 1850. Era hija del abogado y también escritor Nicolás Ureña de Mendoza y Gregoria Díaz de León, quien dio a su hija sus primeras lecciones educativas. A temprana edad, Salomé fue influenciada también por la literatura. Su padre le enseñó las obras clásicas de autores españoles y franceses que ayudaron a la joven Salomé a desarrollar su propia carrera.

Comenzó a escribir sus versos a los quince años de edad, publicando posteriormente sus primeras obras a la edad de diecisiete años y haciéndose conocida por su espontaneidad y ternura. En 1867 publicó sus primeras obras bajo el seudónimo «Herminia», nombre que usó hasta 1874. Mientras iba pasando el tiempo se volvía más trágica y triste con poemas como En horas de angustia o muy patriótica y fuerte en poemas como A La Patria y Ruinas. En los años posteriores incluiría temas de su propia vida en sus poesías, como se puede ver en Mi Pedro (dedicada a su hijo, tal vez su poema más cariñoso), La llegada del invierno, y un libro que se hizo muy popular llamado Esteban, donde habla de su país, su familia, las plantas y flores, y de la propia isla.

INSTITUTO DE SEÑORITAS

Alrededor de 1881, Salomé fue animada por su marido para abrir el primer centro de educación superior para mujeres jóvenes en la República Dominicana, lo cual hizo el 3 de noviembre de ese año bajo el nombre de «Instituto de Señoritas». En los próximos cinco años, las primeras seis mujeres se graduaron de maestras en el Instituto, algo poco común en ese momento. Años después de su muerte, el instituto fue bautizado con su nombre.

VIDA PERSONAL

El 11 de febrero de 1880, a la edad de veintinueve años, se casó con el doctor Francisco Henríquez y Carvajal (más tarde presidente de la República Dominicana), quien también fue escritor, y una figura importante en la política.1 Tuvo cuatro hijos con él: Francisco, Pedro, Max y Camila. Sus hijos más tarde se convertirían en figuras altamente respetadas de la literatura contemporánea de mediados y finales del siglo XX como escritores, filósofos, poetas, humanistas y críticos de arte.

MUERTE Y LEGADO

Ureña murió debido a complicaciones de tuberculosis en 1897, a la edad de 46 años. Fue enterrada en la iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes y trasladada en 1972 al Panteón de la Patria.

Es considerada por muchos como la escritora más excelsa de la República Dominicana; inyectaba profundos sentimientos en cada uno de sus poemas. Salomé no fue solo una prominente escritora y educadora dominicana, sino también una gran luchadora por la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Su lucha la convirtió en una mártir en su país y es recordada por su arduo trabajo en favor de la educación femenina.

Acerca de ella se ha escrito mucho y sus poemas forman parte del patrimonio literario dominicano.

OBRAS

Sus obras poéticas, cerca de sesenta composiciones, incluyen la épica y la lírica, entre las que se encuentran:

1873 – La gloria del progreso

1876 – Ruinas

1877 – La llegada del invierno

1878 – La fe en el porvenir

1880 – Anacaona

1880 – Poesía de Salomé Ureña de Henríquez

1881 – Sombras

1897 – Mi Pedro

 

Hallan a mamá de la edad de piedra acunando a un bebé

Nadia Drake

Hace unos 4,800 años, una joven madre murió cerca de la costa taiwanesa. Cuando fue retirada de su tumba como parte de una excavación científica, los arqueólogos descubrieron que fue sepultada con un infante de seis meses acunado en sus brazos. Enterrados cerca de una vivienda de piedra, parecían haber sido enviados al más allá en un abrazo amoroso.

Nadie sabe qué causó la muerte de la mujer y el bebé, pero es muy raro encontrar este tipo de enterramiento conjunto en las culturas de la Edad de Piedra de la isla de Taiwán.

“Lo que más nos sorprendió fue la joven madre abrazando al bebé –dice Chu Whei-Lee, del Museo Nacional de Ciencias de Taiwán-. Imagino que sus seres queridos los sepultaron bajo la casa”, agrega, aunque se necesitan más evidencias para sustentar esa teoría.

Tiburones y granjas

Chu y sus colaboradores desenterraron al dúo durante las excavaciones realizadas en 2014 y 2015, en An-ho, sitio neolítico de Ciudad Taichung. Dicho sitio, que al parecer se utilizó durante al menos 800 años, se localiza en la región central de la costa occidental de Taiwán, y actualmente yace a unos 10 kilómetros tierra adentro.

Sin embargo, los litorales de la antigüedad eran distintos, y es muy posible que An-ho fuera un asentamiento costero. De hecho, encontraron más de 200 dientes de tiburones en las viviendas, los depósitos de cenizas, y las tumbas del sitio, lo que sugiere que el mar era importante para los pobladores, dice Chu.

Si bien no es la evidencia más antigua de habitación humana en Taiwán, se piensa que el sitio de An-ho es el primer ejemplo de una cultura conocida como dabenkeng en esa región de la isla. Los sitios dabenkeng aparecieron repentinamente en la costa taiwanesa hace unos 5,000 años, y los arqueólogos sospechan que los dabenkeng llegaron a la isla, en vez de surgir de las culturas que ya existían allí.

“Los dabenkeng fueron los primeros agricultores de Taiwán, y es posible que hayan venido de las costas sur y sureste de China, hace unos 5,000 años –informa Chengwha Tsang, de la Academia Sinica, Taiwán-. Es la cultura neolítica más antigua que se ha encontrado hasta ahora en Taiwán”.

Los dabenkeng pudieron haberse diseminado de Taiwán a toda Oceanía y el sureste de Asia, llevando consigo su lengua y cultura.

“Es probable que fueran los primeros antepasados de los pueblos de habla austronesia que viven actualmente en Taiwán y en otras islas del Pacífico”, especula Tsang.

Ritos funerarios

Este hallazgo podría ayudar a los arqueólogos a esclarecer no solo cómo vivían los dabenkeng, sino también cómo disponían de sus muertos.

Además de la madre y el bebé, fueron desenterradas al menos 48 tumbas, incluidas las de otros cinco niños pequeños. Los enterramientos contenían bienes mortuorios, como objetos de cerámica; mientras que los cuerpos estaban enterrados en dirección norte-sur, y fueron colocados sobre la espalda, lo cual contrastaba con la postura boca abajo encontrada, usualmente, en otros sitios de enterramiento humano de Taichung.

Chu agrega que el equipo extrajo ADN de los restos y lo ha enviado para su análisis, el cual podría permitir que los científicos estudien la relación entre los dabenkeng, los taiwaneses indígenas, y las culturas de toda Oceanía.

Fuente: National Geographic en Español