ADN de una tumba hallada en Londres podría revelar misterios de la Gran Peste

Roff Smith

Se ha identificado la cepa bacteriana que causó la Gran Plaga de Londres de 1665. Los científicos obtuvieron el ADN de Yersinia pestis –responsable de la Muerte Negra en el siglo XIV- de esqueletos hallados el año pasado durante la construcción de la nueva estación subterránea Crossrail de Londres.

La excavación en la calle Liverpool expuso los restos del antiguo Cementerio de Bedlam, que se utilizó entre 1569 y principios del siglo XVIII. En total, recuperaron más de 3,300 esqueletos, incluida una tumba masiva con 42 individuos que, según los arqueólogos, pudieron ser víctimas de la peste.

La presencia del ADN de Yersinia pestis en los dientes de cinco de esos individuos confirma que murieron de peste bubónica, y este hallazgo podría arrojar nueva información acerca de la Gran Plaga de 1665, incluso resolver algunos misterios sobre la rapidez y violencia de su diseminación. Aquel fue el último brote de peste bubónica en Gran Bretaña, y en solo 18 meses aniquiló a 100,000 londinenses, casi un cuarto de la población de la ciudad.

“Hoy no se comporta así. Es mucho más lenta y se disemina de forma mucho menos drástica. ¿Pudo ocurrir algún tipo de mutación? –cuestiona Don Walker, osteólogo principal del Museo Arqueológico de Londres (MOLA), quien intervino en la toma de muestras-. ¿O tuvo que ver con la susceptibilidad y la respuesta del huésped? ¿Acaso los humanos de aquellos tiempos tenían mayores cargas de desnutrición y enfermedad (por ejemplo, tuberculosis) que les volvían más vulnerables?”.

Don Walker, principal arqueólogo de MOLA, examina los restos de una víctima de la Gran Plaga de 1665.Foto: Crossrail Ltd

Equipos de científicos del MOLA y del Instituto Max Planck de Alemania identificaron el ADN de la bacteria. Para ello, estudiaron los dientes de los esqueletos, pues el esmalte actúa como una cápsula de tiempo que conserva la información genética de cualquier bacteria circulante en el torrente sanguíneo del individuo al momento de su muerte. Y como la propia bacteria murió poco después que el huésped, hace 351 años, los restos ya no representan un peligro.

Los científicos pretenden secuenciar el ADN del brote de 1665 para compararlo con el ADN deYersinia pestis recuperado de otra fosa de un brote de peste ocurrido en el siglo XIV en otra zona de Londres.

“Queremos saber si se trató de un foco de peste local/europeo; es decir, un reservorio de enfermedad en una población de roedores. O bien, si fueron brotes de peste independientes procedentes de Asia –explica Don Walker, de MOLA-. Hasta ahora, las evidencias sugieren lo primero”.

También esperan averiguar más sobre los cinco individuos de los que se obtuvo el ADN bacteriano. Por lo pronto, saben que todos eran jóvenes; uno contaba entre seis y 11 años, y los cuatro restantes eran adultos menores de 25 años. Así mismo, han podido determinar el género de tres esqueletos: dos masculinos y uno femenino.

El análisis dental de isótopos estables de estroncio y oxígeno permitirá determinar si eran londinenses nativos o migraron a la ciudad. Los isótopos de carbono y nitrógeno pueden revelar la cantidad de carne, verdura, y mariscos que había en su dieta. Y el ADN del microbioma de los dientes puede establecer cuáles partículas y contaminantes ingirieron mientras vivían.

Los científicos del Instituto Max Planck de Alemania identifican el ADN de la Gran Plaga de Londres de 1665.Foto: Crossrail Ltd

El hallazgo coincide con el 350 aniversario del Gran Incendio de Londres, cuyas llamas purificadoras siempre han recibido el crédito popular de acabar con la peste, si bien las evidencias aún son cuestionadas. “Hoy se cree que la peste comenzaba a disminuir cuando ocurrió el incendio –comenta Walker-. Para entonces, la mayoría de las muertes ocurría en los suburbios, fuera del área del incendio, de modo que el propio fuego no debió tener gran impacto”.

Sin embargo, una cosa es indiscutible: después del incendio, la peste desapareció y jamás regresó, excepto como rastros fantasmales de ADN.

Fuente: National Geographic en Español.

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