Evaluación formativa. Utilidad de la rúbrica

 “La evaluación no es ni puede ser apéndice de la enseñanza. Es parte de la enseñanza y del aprendizaje.

 Por eso la evaluación debe privilegiar los aprendizajes logrados por el estudiante y los procesos de “aprender a aprender”.

Acevedo, P.

Sara Güílamo Jiménez

La evaluación formativa es el proceso de obtener, sintetizar e interpretar información para facilitar la toma de decisiones que lleven a mejorar el aprendizaje de los estudiantes; permite   retroalimentar al alumno durante el proceso de enseñanza aprendizaje. Nos indica el nivel de logro y las dificultades que presentan los niños y las niñas para desarrollar las competencias que se encuentran agrupadas en los campos formativos, procedimientos y actitudes, los cuales son los componentes básicos de los propósitos generales del programa.

En el nivel iniciar o preescolar ya se está familiarizados con este sistema. Los padres hablan del librito que le entregaron sobre los logros de sus hijos, lo que está en proceso y lo por lograr. En este nivel el alumno aún no sabe leer, por lo que debemos atender de manera individual a esos logros que exhibe en su ejecución diaria. No es posible evaluarlo solo de los contenidos que recuerda y escribe en un examen. Es necesario llevar un registro diario para cada estudiante, el cual ocupa la atención del docente que debe   anotar permanentemente sus observaciones durante todo el año escolar. Es un diario donde se evidencian las competencias trabajadas, dificultades, necesidades, posibilidades, etc. Se seleccionan y se incluyen trabajos y producciones realizados por los niños que la maestra considera pertinentes y que reflejen un nivel mayor de dominio de la competencia.

La evaluación formativa requiere que el docente lleve un diario de su clase en el cual recaba la información referente a la jornada diaria; esto le permite revisar esos registros y reflexionar sobre su práctica haciendo los ajustes  pertinentes para mejorar cada vez más los aprendizajes de los estudiantes.

Desde el enfoque por competencias se está proponiendo este tipo de evaluación, ya que es la única manera de medir los indicadores de logros aquí planteados; con el interés de incluir la evaluación de los indicadores de logros que dejan de evaluarse cuando se hace un examen de recuerdo de contenidos. Específicamente me quiero referir a  las rubricas, que son nuevas en el sistema y le producen choque a la mayoría de los docentes de los niveles primarios, secundarios y terciario.  Veamos en que consiste.

Rúbrica significa minuta o borrador. Es una matriz de valoración con los parámetros de evaluación detallados. Esta nos permite aunar criterios de evaluación, niveles de logro y descriptores. Podemos ir ajustando en la práctica hasta encontrar lo que más se acerca a lo que deseamos. Lo importante es que esta es acordada y socializada con los alumnos antes de aplicarla. Se considera una herramienta de evaluación formativa. Se puede preparar de forma general o analítica. La general es útil para juzgar tareas creativas y que requieren un juicio global, holístico, cualitativo, como es el caso de ensayos y proyectos. La segunda forma de preparar la matriz (analítica) implica desglosar los aprendizajes en tareas específicas que puedan evaluarse con criterios cuantitativos; le asigna un puntaje a cada uno por separado, para luego sumar y asignar el puntaje total. En ella se establece una gradación (niveles) de la calidad de los diferentes criterios con los que se puede desarrollar un objetivo, una competencia, un contenido o cualquier otro tipo de tarea que se lleve a cabo en el proceso de aprendizaje.

 Capote (2006) dice que para preparar una rúbrica se deben seguir los siguientes pasos:

  1. Seleccionar los objetivos que fundamentan la tarea o trabajo a realizar.
  2. Identificar los criterios que fundamentan los comportamientos o ejecuciones esperadas por los estudiantes y organizarlos por niveles de efectividad.
  3. Asignar un valor numérico de acuerdo al nivel de ejecución; cada nivel debe tener descrito los comportamientos o ejecuciones esperadas por los estudiantes.
  4. El estudiante debe conocer con antelación los criterios con los cuales será evaluado.
  5. Hacer la escala de calificación de los diferentes aspectos a evaluar. La escala se coloca en la fila horizontal superior, con una gradación que vaya de mejor a peor.
  6. Los aspectos a evaluar se colocan en la primera columna vertical, detallando las características de cada nivel de desempeño.
  7. En las celdas centrales se describen de la forma más clara u concisa posible los criterios que se van a utilizar para evaluar esos aspectos.

Pero ¿Por qué no son tan frecuentes en el sistema educativo? ¿Por qué siguen predominando los exámenes “objetivos” o de preguntas cerradas?

En primer lugar, como ya hemos visto, la utilización de rúbricas implica un proceso riguroso que inicia con la programación de la clase con todos los elementos bien pensados y detallados, utilizando los recursos a disposición del docente. Es un proceso laborioso, que toma mucho tiempo, pero que facilita el poder seguir los pasos sugeridos para la elaboración de la rúbrica, centrándose en los indicadores de logros.

Segundo, es un requisito, como ya hemos dicho, el llevar un registro individual de los aprendizajes de los alumnos, además del diario del docente, a los cuales nos hemos referido anteriormente.

Por último, la sistematización o tabulación masiva de estos datos de nuevo requiere mucho tiempo. Es esta última etapa la que ha llevado a protestas de muchos docentes que se han resistido al cambio; lo cual, desde mi punto de vista está relacionado con la deficiencia de lo planeado en el primero y segundo acápite.

Sin embargo, no debemos temer ni renunciar a su uso, sino buscar una manera de facilitar la sistematización de esos datos, quizás automatizando parte de los registros y diarios que tiene que preparar el docente. Ya la mayoría de nuestros docentes están capacitados en el manejo tecnológico que les permita dar seguimiento a un programa que se elabore para los fines; sí es necesario crearles las condiciones para que puedan hacer este proceso desde sus centros educativos y en su jornada  laboral.

Sara Güílamo Jiménez

Doctora en Educación

Directora del Consorcio de Educación Cívica PUCMM

[email protected]

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