Encuentran el primer cáncer humano en un hueso de 1.7 millones de años

Mark Strauss

Mientras trabajaban en la Cuna de la Humanidad, región de Sudáfrica donde abundan los fósiles, unos científicos descubrieron el primer caso conocido de una de las enfermedades más mortíferas del mundo: el cáncer.

A partir de imágenes 3-D, los investigadores diagnosticaron un tipo de cáncer muy agresivo llamado osteosarcoma en un dedo del pie que perteneció a un antepasado humano fallecido en la cueva Swartkrans, hace 1.6 a 1.8 millones de años.

El hallazgo –recién publicado en South African Journal of Science- apunta a que, si bien el estilo de vida moderno ha incrementado la incidencia del cáncer, sobre todo en países industrializados, los disparadores de la enfermedad están profundamente arraigados en el pasado evolutivo de la humanidad.

“Puedes elegir una dieta paleolítica, puedes vivir en un ambiente tan limpio como quieras, pero la capacidad para desarrollar estas enfermedades es muy antigua, y la llevamos dentro, no obstante lo que hagamos”, dice Edward Odes, coautor del estudio de la Universidad de Witwatersrand.

La amenaza fantasma

El origen preciso del cáncer ha sido muy debatido, en parte, por la escasez de evidencias históricas. La referencia más antigua del cáncer puede atribuirse al gran médico egipcio Imhotep, quien vivió hacia 2600 a.C. En sus escritos, Imhotep describe un padecimiento caracterizado por una “masa abultada en el seno”, la cual era resistente a todas las terapias conocidas.

Sin embargo, casi todos los textos antiguos ofrecían poca información sobre el cáncer, y no fue sino hasta fines del siglo XVIII que surgieron las primeras descripciones de tumores malignos anatómicamente precisas.

La razón más probable de que el cáncer sea un recién llegado del registro histórico es que, en general, afecta a individuos de 65 años o más, y durante mucho tiempo, la expectativa de vida no fue tan larga para que el cáncer causara inquietudes.

“La civilización no causó el cáncer –escribe el oncólogo Siddhartha Mukherjee en su libro, El emperador de todos los males – pero al extenderse la expectativa de vida humana, la civilización lo desveló”.

Por otro lado, tampoco había evidencias del cáncer en el registro fósil, el cual solo conserva una fracción minúscula de los individuos que vivieron en un periodo determinado. De modo que algunos investigadores buscaron respuestas en cuerpos momificados, donde podían estudiar tejidos blandos preservados.

Por ejemplo, en 1990, las autopsias practicadas a momias milenarias de Perú revelaron al menos un caso de una mujer treintañera con un tumor maligno en el brazo izquierdo. La neoplasia había crecido tanto que posiblemente rompió la piel cuando aún vivía.

Evidencia contundente

La práctica de la momificación data de solo unos pocos milenios, mientras que el registro fósil se remonta a millones de años. Y Odes y sus colegas están confiados en que el hueso de homínino que hallaron en el sitio de Swartkrans, cerca de Johannesburgo, es el caso de cáncer más antiguo conocido hasta ahora.

Una vista distinta del hueso canceroso. Foto: Patrick Randolph-Quinney, UCLAN.

Una vista distinta del hueso canceroso. Foto: Patrick Randolph-Quinney, UCLAN

Mediante un método conocido como microtomografía computarizada (micro-CT), el equipo estudió imágenes detalladas en 2-D y 3-D del interior del fósil. Dichas imágenes registraron diferencias de densidad ósea, y generaron vistas del fragmento de hueso en todas direcciones.

El patrón de desarrollo anormal del tejido óseo –que incluye el aspecto característico exterior, semejante a una coliflor- llevó al equipo al diagnóstico de osteosarcoma, un tipo de cáncer que actualmente afecta sobre todo a niños y adultos jóvenes.

“Comparamos las imágenes –explica Odes, refiriéndose al fósil y una biopsia moderna-. Fueron exactas”.

El fósil –un fragmento de dedo del pie izquierdo- es la única parte del esqueleto que pudieron encontrar. Contenía muy poca información para determinar el tipo de homínino al que pertenecía, establecer si era un adulto o un niño, o incluso si el cáncer fue la causa de muerte.

Pero los científicos están seguros de algo: debió causar mucho dolor, y afectó la capacidad del individuo para caminar o correr.

Un blanco móvil

Además del dedo del pie canceroso, el equipo analizó otro fósil más antiguo con una tumoración, pero benigna.

En otro estudio publicado en la misma revista, el equipo describe un tumor en una vértebra de un esqueleto juvenil de Australopithecus sediba de 1.98 millones de años, el cual fue descubierto por el explorador residente de National Geographic, Lee Berger, en un sitio llamado Malapa, localizado a pocos kilómetros de Swartkrans. Antes de este hallazgo, el tumor benigno más antiguo que se conocía fue detectado en una costilla de un neandertal de 120,000 años, excavado en Croacia.

Los científicos consideran que el tumor benigno encontrado en Malapa es otra evidencia que confirma la existencia de cánceres en nuestros parientes antiguos.

“Un tumor es un crecimiento nuevo de hueso o tejido, donde tenemos una balanza móvil que oscila de benigno a maligno”, explica el paleoantropólogo Patrick S. Randolph-Quinney, uno de los científicos investigadores.

“En el lado benigno, existen mecanismos que controlan los tumores, para que se autolimiten, o alcancen cierto tamaño y permanezcan así. Mientras que el cáncer extiende ese proceso de crecimiento sin mecanismos de control”.

El equipo opina que sus hallazgos son un recordatorio importante de que el cáncer es un blanco móvil. Nuestro linaje ancestral nos dotó de genes que contienen la capacidad para desarrollar cáncer, pero la enfermedad se manifiesta de muchas maneras cuando quedamos expuestos a los cambios de nuestro ambiente.

Por ejemplo, hubo una mayor incidencia de cáncer gástrico hasta fines del siglo XIX, quizás por los carcinógenos presentes en los conservadores de alimentos. Hoy día, está aumentando el cáncer de colon, posiblemente por las dietas ricas en grasas saturadas.

“El ambiente externo moderno hace cosas en nuestro ambiente interno histórico que jamás habíamos enfrentado en nuestra historia evolutiva”, concluye Odes.

Fuente: National Geographic en Español

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